Lo Que Descubrí Mientras Fingía Estar Dormida
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Hace tres meses mi novio empezó a sufrir una resequedad extrema en los ojos. Ayer descubrà por qué nunca lo veo parpadear, cuando cree que estoy dormida. Rodrigo y yo llevábamos casi dos años viviendo juntos. Trabajaba desde casa y pasaba muchas horas frente a la computadora, asà que sus ojos rojos no me preocuparon al principio. Compró gotas lubricantes y puso un humidificador junto a su escritorio. DecÃa que al despertar sentÃa los párpados pegados y que durante el dÃa tenÃa irritación. Le sugerà ir con un oftalmólogo y dÃas después me contó que le habÃan diagnosticado sÃndrome de ojo seco. La explicación encajaba, pantallas, poco descanso y ambiente seco.
0:52 No sospeché nada entonces. Luego cambió otras cosas. Rodrigo siempre habÃa preferido el frÃo. pero comenzó a mantener el departamento cerca de los 28 grados, incluso en dÃas calurosos. Una tarde lo encontré trabajando con la calefacción encendida. Le toqué la frente y tenÃa la piel muy caliente. Apartó mi mano y dijo que tenÃa frÃo. Discutimos varias veces por la temperatura hasta que acordamos que calentarÃa solo el cuarto donde trabajaba. Poco después cambió su manera de comer. Antes cocinábamos de todo, Pero dejó las verduras, el arroz y la pasta, y empezó a comprar mucha carne. No la cocinaba enseguida. La dejaba varios dÃas en el refrigerador, incluso después de que empezaba a oler mal. Una vez tiré un paquete y Rodrigo lo sacó de la basura. Revisó que siguiera cerrado y volvió a guardarlo. Dijo que todavÃa servÃa y que la preferÃa asÃ. También comenzó a ducharse con agua demasiado caliente. y a usar crema varias veces al dÃa. La piel se le abrió alrededor de los nudillos, y después aparecieron grietas detrás de las orejas y cerca del cuello. Yo relacionaba esos cambios con el calor, la resequedad y el estrés, pero no entendÃa por qué habÃan empezado juntos. Yo solÃa acostarme antes que él. Algunas noches despertaba y encontraba su lado de la cama vacÃo, porque seguÃa trabajando. Otras lo escuchaba entrar cuando yo ya estaba
2:26 medio dormida. Fue entonces cuando noté un sonido breve y húmedo que al principio atribuÃa al humidificador. Una noche lo escuché detrás de mà después de que Rodrigo se acostara. Sonó dos veces. Le pregunté qué estaba haciendo. Tardó en responder y dijo que nada. Me giré y estaba boca arriba con los ojos abiertos. En cuanto me vio despierta, parpadeó varias veces. Desde entonces, empecé a fijarme en sus ojos. Cuando hablaba conmigo, parpadeaba con normalidad, pero cuando trabajaba y creÃa estar solo, pasaba demasiado tiempo sin cerrar los párpados. Una tarde, me quedé detrás de él mientras miraba la pantalla.
3:10 Sus ojos siguieron abiertos. Me movÃ, y al verme reflejada en el monitor, parpadeó de inmediato. Repetà la prueba durante varios dÃas. Si sabÃa que lo observaban, parpadeaba. sino dejaba de hacerlo durante largos intervalos. Una noche se lo mencioné y dijo que yo estaba prestando demasiada atención, porque ya sabÃa que tenÃa los ojos irritados. Parpadeó dos veces y cambió de tema. Me sentà absurda, pues vivÃamos juntos desde hacÃa casi dos años. Entonces ocurrió lo de la carne. Una madrugada desperté y Rodrigo no estaba en la cama, Fui por agua y lo encontré frente al refrigerador a oscuras con un paquete abierto entre las manos. Dijo que tenÃa hambre. Encendà la luz y reconocà la carne que llevaba dÃas guardada. Le pregunté si pensaba cocinarla. Respondió que sà y regresé al dormitorio. Por la mañana el paquete estaba vacÃo, pero no habÃa platos ni sartenes sucios y la cocina seguÃa tal como la habÃa dejado. No le pregunté nada, pero empecé a observar otros detalles. Rodrigo se aplicaba gotas cuando yo estaba cerca, pero algunos frascos duraban demasiado.
4:27 Las grietas de sus manos se extendÃan hacia las muñecas, asà que le sugerà volver al médico. Dijo que lo harÃa, aunque nunca volvió a hablarme de otra consulta. Una noche decidà fingir que dormÃa. QuerÃa comprobar cuánto tiempo mantenÃa los ojos abiertos cuando creÃa que yo dormÃa. Me acosté de lado y esperé. Rodrigo siguió trabajando un rato. Luego entró al dormitorio, cerró la puerta y se acostó. Pasaron varios minutos y después sentà ceder el colchón. Se habÃa incorporado, pero no abrà los ojos. Lo sentà acercarse hasta que su respiración llegó a mi cara y el aire que expulsaba estaba muy caliente. Permanecà inmóvil. Ãl no hablaba ni me tocaba. Abrà el ojo derecho apenas lo suficiente para verlo.
5:20 Su cara estaba a pocos centÃmetros y ambos ojos seguÃan abiertos. Esperé a que parpadeara, pero no lo hizo. Entonces, escuché el mismo sonido húmedo de las otras noches. Algo transparente apareció en la esquina interna de su ojo derecho y se deslizó horizontalmente sobre el globo ocular. Cubrió el ojo durante un instante y desapareció al otro lado. Sus párpados normales no se movieron. Me quedé quieta hasta que ocurrió lo mismo en el ojo izquierdo. Cerré el ojo y controlé la respiración. Rodrigo siguió frente a mà durante un rato y luego volvió a acostarse, pero la verdad no dormÃ.
6:02 A la mañana siguiente preparó café y me preguntó si habÃa descansado bien. Le dije que sÃ. En el trabajo busqué información y encontré la membrana nictitante, un tercer párpado presente en algunos animales, que se desplaza lateralmente para proteger y humedecer el ojo. Los humanos no tenemos una estructura funcional de ese tipo. Al volver a casa, encontré a Rodrigo frente a la computadora, pero no me oyó entrar. Sus ojos estaban fijos en la pantalla. Me quedé detrás de él y no parpadeó. Di un paso y me vio reflejada en el monitor. Cerró los ojos de inmediato. Luego se giró y me saludó. Esa noche no dije nada.
6:46 Al dÃa siguiente tuvo que salir. Esperé hasta estar segura de que se habÃa ido y entré en su oficina, pues necesitaba saber qué estaba ocultando. En uno de los cajones encontré frascos de gotas, agua destilada y un cuaderno. Lo abrÃ. HabÃa registros de temperatura, humedad y agua, mezclados con palabras que no correspondÃan a notas de trabajo. Cubierta, elasticidad, deterioro, lubricación. Algunas páginas contenÃan sÃmbolos que no reconocÃa, otras estaban escritas en español. Una anotación hablaba de mantener húmeda la superficie ocular durante periodos de baja humedad. Otra registraba pérdida de elasticidad en manos y cuello. Le tomé fotografÃas y cuando iba a guardar el cuaderno vi una bolsa transparente debajo.
7:40 Dentro habÃa un fragmento fino de tejido con poros y pequeños vellos. No lo toqué, cerré el cajón y salÃ. Cuando Rodrigo regresó, durante la cena noté una grieta en su cuello, pero no sangraba. Vio que la observaba, se acomodó la camiseta y me preguntó si habÃa entrado en su oficina. Le dije que habÃa buscado un cargador. Me sostuvo la mirada unos segundos, preguntó si lo habÃa encontrado y respondà que no. Esa noche dejé mi teléfono grabando junto a la cama. Cuando Rodrigo creyó que dormÃa, volvió a incorporarse. Se acercó, puso dos dedos debajo de mi mandÃbula y recorrió mi hombro y brazo. No me acariciaba.
8:24 Comprobaba zonas concretas y regresaba al cuello. Escuché otra vez el sonido húmedo de sus ojos. Cuando salió del dormitorio, tomé el teléfono y revisé la grabación. La imagen era oscura, pero suficiente. Vi la membrana desplazarse sobre sus ojos. También vi que una de las grietas de su cuello se abrió al girar la cabeza. Debajo no habÃa sangre, sino una superficie más oscura. Pero la abertura se cerró al mover el cuello. Detuve el video, pues la verdad, ya no querÃa preguntarle qué estaba pasando, solo querÃa salir de ahÃ. Preparé una mochila con documentos, dinero, cargador y algo de ropa, la escondà dentro del closet y esperé a que amaneciera.
9:10 Apenas dormÃ. Rodrigo se levantó, se preparó para salir y me dijo que tenÃa una reunión fuera del departamento. No hice preguntas, solo esperé a escuchar la puerta y comprobé desde la ventana que realmente se habÃa ido. Mi intención era recoger el cuaderno, tomar la bolsa con el fragmento de piel y marcharme. Hasta ese momento tenÃa el video de la noche anterior y algunas fotografÃas, pero necesitaba llevarme algo que no pudiera explicarse con una falla de cámara o una mala interpretación. El cajón de la oficina estaba cerrado. Busqué la llave entre sus cosas y la encontré dentro de un estuche. AbrÃ, saqué el cuaderno y guardé también la bolsa. Ya iba hacia la puerta cuando recordé una frase que habÃa quedado cortada en una de las fotografÃas, mantenimiento de la cubierta humana, volvà al escritorio, abrà el cuaderno y busqué esa sección, Las páginas siguientes contenÃan dibujos anatómicos.
10:13 Varios mostraban cuerpos humanos y otros incluÃan una figura estrecha dentro del torso, con brazos y piernas más largos de lo normal. HabÃa también diagramas de ojos. En uno aparecÃa un ojo humano, debajo, otro con una membrana lateral que cruzaba el globo ocular. Seguà leyendo. Las lágrimas artificiales figuraban como una medida temporal. para conservar la superficie húmeda durante el deterioro. Más abajo explicaba que el parpadeo vertical debÃa aprenderse y repetirse frente a otras personas. No mencionaba ningún tratamiento ni enfermedad. Eran instrucciones para mantener una apariencia humana.
10:55 La sección siguiente indicaba que la cubierta necesitaba calor para conservar elasticidad y que la falta de humedad aceleraba las grietas. También especificaba la alimentación, tejido animal, preferentemente después de varios dÃas de degradación. No tuve que detenerme para entender a qué se referÃa. La calefacción, las duchas, la carne guardada y las grietas de la piel estaban descritas en esas páginas. HabÃa instrucciones sobre conducta. El sueño prolongado no era necesario. La respiración debÃa controlarse en reposo y las expresiones faciales se aprendÃan mediante observación. También recomendaba limitar la convivencia con familiares, visitas frecuentes o grupos grandes, porque aumentaba el riesgo de cometer errores. Rodrigo trabajaba desde casa, dormÃa poco, nunca recibÃa familiares y evitaba reuniones largas. Yo habÃa aceptado todo eso durante casi dos años. pero en el cuaderno aparecÃa organizado como un protocolo. Busqué la definición de cubierta. Varias páginas después, encontré un esquema de un cuerpo humano acostado y debajo, la misma figura alargada de los dibujos anteriores. El siguiente mostraba esa figura dentro del cuerpo, y la palabra escrita junto al dibujo era huésped. No habÃa una explicación completa del procedimiento, pero sà suficientes detalles para entender que la
12:27 cubierta no era ropa, prótesis ni tejido añadido. Era el cuerpo humano entero. Continué revisando y encontré una lista de nombres, edades, alturas, pesos y fechas. Abrà otra vez el cajón y debajo de unos papeles aparecieron varias identificaciones. PertenecÃan a hombres distintos. Una estaba a nombre de Rodrigo Herrera, otra coincidÃa con uno de los nombres anotados en el cuaderno. Busqué ese nombre en el teléfono. Era un hombre desaparecido años atrás y nunca habÃan encontrado su cuerpo. Probé con otro de la lista y encontré lo mismo, otra persona desaparecida, otro caso sin resolver. Debajo de las identificaciones habÃa sobres pequeños con fechas escritas a mano. Abrà uno y encontré una fotografÃa de un hombre sentado frente a una mesa. Al reverso aparecÃan su nombre, peso y tipo de sangre, los mismos datos que figuraban en el cuaderno. Otro sobre contenÃa una licencia vencida y una fotografÃa distinta del mismo hombre.
13:33 No seguà abriendo más, pues aquello ya no era una colección de documentos ajenos, era un registro de personas elegidas y vigiladas antes de desaparecer. Tomé fotografÃas de todo, sin mover más papeles de los necesarios. También fotografié la página de Rodrigo, la lista de nombres y los datos que aparecÃan junto a cada fecha. QuerÃa salir con pruebas suficientes para que nadie redujera mi denuncia a una historia sobre un video extraño. Volvà al cuaderno y busqué a Rodrigo. Su nombre estaba registrado junto con su edad, estatura, peso y tipo de sangre. La fecha de adquisición era anterior a nuestra primera cita. Debajo aparecÃan controles sobre el estado de la cubierta, adaptación estable, temperatura correcta y deterioro mÃnimo.
14:23 Los registros continuaban durante meses, luego cambiaban. Resequedad persistente, pérdida de elasticidad, fisuras en manos y cuello, lubricación ocular insuficiente, uso frecuente de membrana interna. El problema de sus ojos no habÃa iniciado por las pantallas. Su cuerpo estaba fallando y ya no podÃa ocultarlo con la misma facilidad. Las anotaciones más recientes repetÃan una frase. Sustitución necesaria. Encontré una sección sobre compatibilidad. El siguiente huésped debÃa tener una edad adecuada, buena salud, proporciones similares y un tipo de sangre compatible.
15:04 Seguà avanzando hasta que encontré mi nombre completo. Debajo estaban mi edad, altura, peso aproximado y tipo de sangre. También habÃa datos sobre mis horarios de trabajo, cuánto dormÃa, de qué lado me acostaba, qué medicamentos habÃa tomado y con qué frecuencia bebÃa alcohol. Las primeras notas tenÃan meses de antigüedad. Rodrigo habÃa empezado a registrarme mucho antes de que aparecieran las grietas. En la página siguiente habÃa medidas de mis hombros, brazos, piernas y cuello. Recordé sus dedos debajo de mi mandÃbula, la mano sobre mi hombro y el recorrido por mi brazo. Ya no tuve ninguna duda sobre lo que hacÃa durante esas noches. Me estaba midiendo. Cerré el cuaderno, lo guardé en la mochila y me levanté. Pensaba salir del departamento y llamar a la policÃa desde otro lugar, pero antes de cerrar el cajón vi una hoja doblada debajo de las identificaciones. La abrà y era una lista de nombres y fechas. Varios estaban tachados, pero reconocà los de las personas que acababa de buscar. Y el último nombre tachado era Rodrigo Herrera. Debajo estaba el mÃo, todavÃa intacto. Guardé la hoja, tomé la mochila y caminé hacia la puerta de la oficina. Entonces recordé que no habÃa revisado la última página del cuaderno. Volvà al escritorio porque necesitaba saber si habÃa una fecha para lo que pensaba hacer conmigo.
16:36 La última anotación era reciente y decÃa, la piel de este huésped se está agrietando, y debajo decÃa que el deterioro ya era irreversible. La lÃnea siguiente decÃa, necesito mudar antes del viernes. Miré la fecha del teléfono y era viernes. TodavÃa quedaba una frase, mi pareja actual tiene el tipo de sangre y el tamaño perfecto para el siguiente tejido. Guardé el cuaderno y me colgué la mochila. Pero en ese momento escuché un automóvil detenerse afuera. Me acerqué a la ventana y vi a Rodrigo bajar. HabÃa regresado mucho antes de lo esperado. Caminó hacia la entrada del edificio sin llevar computadora, carpeta ni nada que indicara que solo venÃa por algo. Fui hacia la puerta del departamento calculando que todavÃa podÃa salir antes de que subiera. No llegué a tocar la cerradura. Escuché unas llaves al otro lado.
17:34 y Rodrigo ya estaba frente a la puerta. Retrocedà hacia la oficina mientras la llave giraba, la puerta se abrió y volvió a cerrarse. Ãl no dijo mi nombre, no preguntó si yo estaba dentro y tampoco fue al dormitorio ni a la cocina. Sus pasos cruzaron el departamento y avanzaron directamente hacia donde yo estaba. Apreté la mochila contra el cuerpo, entonces escuché el sonido húmedo, una vez y luego otra. los pasos se detuvieron frente a la puerta de la oficina y la manija empezó a bajar saqué el teléfono y llamé a emergencias antes de que Rodrigo entrara cuando abrió la puerta de la oficina le dije que la policÃa ya venÃa y empecé a gritar un vecino salió al pasillo y después otro Rodrigo se quedó quieto me miró unos segundos y se apartó de la puerta salà con la mochila sin acercarme a él y esa fue la última vez que lo vi La policÃa encontró las identificaciones y el cuaderno, pero Rodrigo desapareció antes de que llegaran. No sé qué hicieron con todo lo que habÃa en el departamento y tampoco sé si alguien creyó la parte de sus ojos. Estoy escribiendo esto desde casa de una amiga y hace unos dÃas recibà un mensaje de un número que no conozco. Solo decÃa, te llevaste mi cuaderno. Si te gustó este video te recomiendo
19:05 ir a ver La autopsia de una bruja y también El hospital embrujado.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed