July 24, 2025

Lo Dejamos Entras A Casa Podcast Paranormal - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 En ese tiempo vivía con mis papás en una colonia pequeña, de esas donde todos los vecinos se conocían. La calle donde vivíamos era cerrada, sin salida, con casas sencillas. La mayoría de un solo piso. Había árboles grandes y casi no pasaban coches. Era tranquila, por eso mis papás me dejaban caminar solo de la escuela a la casa. No estaba lejos. Salía a las doce, me iba despacio. Y llegaba cerca de la una porque a veces me detenía en una tiendita o me encontraba con algún amigo del rumbo. Siempre hacía el mismo camino. Había una esquina que tenía que doblar para llegar a mi calle. Era una esquina cualquiera con un poste de luz, un árbol medio seco y una banqueta un poco levantada por las raíces. un día al llegar ahí vi a un hombre parado junto al poste era delgado de piel muy blanca el pelo ya se le estaba cayendo llevaba lentes oscuros un pantalón café claro y una camisa blanca apoyaba un bastón largo sobre la banqueta estaba completamente quieto, con el rostro al frente, no se movía, tampoco parecía perdido, solo estaba ahí, de pie, seguí mi camino sin mirarlo mucho, no dijo nada, ni siquiera volteó, pero al día siguiente estaba otra vez en el mismo lugar, a la misma hora, igual de callado, igual de inmóvil, al principio pensé que podía ser ciego,

1:34 El bastón se parecía a los que usan las personas con discapacidad visual, aunque era más largo. Pero había algo raro. Siempre estaba ahí justo cuando yo llegaba. Aunque no hacía movimientos, me daba la impresión de que sabía que venía. como si me estuviera esperando. Me empecé a fijar más en su postura, en cómo apretaba el bastón, en cómo parecía escuchar cada uno de mis pasos. Pasaron varios días y el hombre seguía apareciendo. No caminaba, no saludaba, no se acercaba, pero siempre estaba. Cada vez que llegaba a esa esquina, lo encontraba. Empecé a caminar más rápido, bajaba la cabeza, evitaba verlo directamente. Me daba miedo, pero también una especie de vergüenza decirlo. Al final, solo estaba parado ahí, sin hacer nada. Una tarde, cuando entré a casa, me animé a contárselo a mi mamá. Le dije que había un señor parado en la esquina todos los días, que no hablaba y que me daba miedo. Ella lo tomó con calma, dijo que seguro era alguien que vivía por ahí, tal vez un abuelo que esperaba a un nieto o a un taxi. Me preguntó si alguna vez me había dicho algo, le dije que no, que solo se quedaba quieto. Entonces me dijo que si volvía a verlo, le avisara para que ella saliera a verlo también. Al día siguiente, mientras caminaba de regreso, venía más nervioso. Desde media cuadra antes

3:05 ya estaba buscando con la mirada, y ahí estaba el hombre como siempre, en la esquina. No se había movido ni un centímetro. Sentí el estómago apretado y las manos frías. Di la vuelta rápido y corrí hasta la casa. Apenas entré, llamé a mi mamá. Le grité que ya estaba el señor. Ella salió conmigo de inmediato. Caminamos hasta la banqueta. pero al llegar a la esquina no había nadie ni en la banqueta ni del otro lado de la calle ni cerca del poste todo estaba vacío no se escuchaban pasos ni se veía a alguien alejándose mi mamá me miró seria me preguntó si estaba seguro de que ahí estaba le dije que sí que acababa de verlo que por eso le grité no dijo nada más miró a todos lados y me dijo que regresáramos a la casa Justo cuando íbamos entrando, vimos que una vecina barría el frente de su casa. Mi mamá le preguntó si había visto a alguien parado en la esquina hacía unos minutos. La señora negó con la cabeza. Dijo que había estado afuera desde hacía rato y que no había pasado nadie. ni a pie ni en coche mi mamá no insistió le dio las gracias y entramos esa noche no dormí tranquilo me quedé pensando en cómo se había ido tan rápido si se había escondido si se fue apenas entré pero no tenía sentido el poste estaba a media calle no había árboles grandes donde ocultarse Y además no escuché pasos,

4:39 no pasó ningún auto, no me lo imaginé, estaba ahí, como siempre, y al día siguiente volvió a estar, en el mismo lugar, con el mismo bastón, quieto, sin hablar, como si nada hubiera pasado, como si me estuviera esperando. Después de aquella vez en que salí con mi mamá y no encontramos a nadie, algo cambió en mi forma de caminar de regreso. Ya no lo hacía despreocupado, ni me detenía a ver las casas o los perros tras las rejas. Venía tenso desde una cuadra antes, con la mochila apretada en la espalda, la mirada fija al frente buscando si el hombre estaba ahí. Cada paso lo daba más rápido conforme me acercaba a la esquina. si lo veía evitaba mirarlo directo pasaba con la cabeza baja los dientes apretados sintiendo que me observaban empezó a aparecer en distintos puntos a veces seguía en la esquina junto al árbol seco otras veces más cerca del poste de luz siempre estaba de pie con el bastón en la mano sin moverse no hablaba no me seguía no hacía ningún gesto pero sentía que estaba ahí por mí como si supiera la hora exacta en la que iba a pasar, no se parecía a ningún vecino, tampoco lo había visto en la tienda ni en las calles del rumbo, solo aparecía en esos momentos y luego desaparecía, mi mamá empezó a acompañarme algunas veces, salía de la casa antes de

6:09 la una y me esperaba a media cuadra, A veces caminaba conmigo desde más lejos para ver si lograba encontrar al hombre, pero cada vez que ella venía, él no estaba. La calle se sentía normal, sin nadie en las banquetas, sin nada raro. Un fin de semana hablamos con algunos vecinos. Preguntaron si alguien había notado a un señor con bastón parado en la esquina justo a la hora de la salida. Nadie dijo haber visto nada. Una señora comentó que a esa hora estaba en la cocina. Otro vecino dijo que llegaba más tarde del trabajo. Nadie conocía a alguien con esa descripción. Ni delgado, ni calvo, ni con bastón. Yo no dije nada, solo escuchaba. A esas alturas ya había perdido la esperanza de que alguien más lo viera. Pero una semana después volvió a aparecer. Esta vez fue diferente.

7:07 No fue en la esquina de mi calle, sino en otro lugar. Ese día había salido con mi papá a comprar leche y pan en una tienda a unas cuadras. Era una tienda cercada con reja, de las que tienen vitrinas metálicas y estantes con dulces. Al llegar, mi papá me dijo que lo esperara afuera mientras entraba a pagar. Me quedé junto al portón, viendo los autos pasar. Fue ahí cuando lo vi otra vez. Estaba del otro lado de la calle, junto a una barda de bloc. Era el mismo hombre. Tenía la misma postura. El cuerpo recto, el bastón firme, la cara al frente. Como si no me mirara, pero sí. Como si supiera que yo estaba ahí.

7:50 Sentí un nudo en el estómago. No supe si correr o gritar. Me quedé quieto con los ojos fijos. No pude moverme hasta que mi papá salió con las bolsas en la mano. Cuando volteé otra vez, el hombre ya no estaba. No le conté nada a mi papá. No en ese momento. Caminé callado todo el camino de regreso. En cuanto llegamos, subí a mi cuarto y me quedé ahí. No quise jugar ni encender la tele. Cuando llegó la noche, le dije a mi mamá que ya no lo veía solo en la esquina. que ahora lo encontraba en otros lugares, que me estaba siguiendo. Ella me abrazó, me preguntó si me había dicho algo, si había intentado tocarme. Le dije que no, que nunca se movía, que solo estaba ahí viéndome o esperando. Mi papá nos escuchó desde el comedor y se metió a la conversación. Dijo que era muy probable que yo estuviera sugestionado. que tal vez había tenido una pesadilla y se me había quedado en la cabeza, que por eso sentía que me seguían, que era mejor distraerme, dejar de hablar del tema y que se me iba a pasar solo, pero yo no estaba confundido, ni inventando, sabía lo que había visto, y lo había sentido muy cerca, no me tocaba, no decía nada, pero su presencia se sentía pesada. Empecé a evitar mirar a las esquinas, ya no caminaba relajado. Me detenía antes de cada cruce, esperaba

9:20 a que pasara gente y entonces avanzaba. Mi cara ya no era la misma, tenía ojeras, estaba más callado, y en la escuela también lo notaron. Las maestras empezaron a decir que estaba distraído, que ya no ponía atención como antes, que me quedaba mirando por la ventana con la vista perdida. En las reuniones con mis papás comentaron que mi rendimiento había bajado, que algo me tenía preocupado. Mi mamá propuso llevarme con un psicólogo. Dijo que algo me estaba pasando y que no podían dejarlo así, pero mi papá no estaba de acuerdo. Decía que lo que necesitaba era descanso, que no tenía nada grave, que todo eso era por las películas o porque me sobreprotegían. La tensión creció en la casa y yo seguía viendo al hombre en más lugares, cada vez más cerca y cada vez más solo. Mi mamá no dejó pasar más tiempo, aunque mi papá seguía diciendo que todo era imaginación. Ella hizo una cita con una psicóloga infantil que atendía en el centro. me llevó una tarde después de clases al principio no quise hablar me senté en el sillón con los brazos cruzados mirando al suelo pero después de varias sesiones empecé a soltar palabras primero dije que a veces veía a alguien en la calle luego conté que era un hombre con bastón que se quedaba quieto frente a las esquinas mirándome sin moverse la psicóloga tomó nota Me preguntó si lo había

10:54 visto dentro de la casa. Le dije que no, que solo aparecía afuera casi siempre después de la escuela o en otros lugares donde iba con mis papás, a veces junto a un poste, otras frente a una tienda, siempre de pie, con la cara al frente. Nunca hablaba, nunca se iba corriendo, solo estaba ahí, como si me esperara. Después de escucharme con atención, la psicóloga habló con mis papás. Les dijo que no parecía estar mintiendo, que lo contaba con claridad, que el miedo era real. Recomendó hacerme estudios, dijo que era importante descartar cualquier problema físico antes de avanzar con la terapia. En las semanas siguientes me hicieron exámenes de vista, estudios de sueño, resonancias. También me revisaron neurólogos y pediatras. Todo salió dentro de lo normal. No tenía alucinaciones, ni lesiones, ni alteraciones en el cerebro. Comía bien, dormía bien. No había señales clínicas de ningún trastorno. Yo seguía viendo al hombre, ya no solo en el camino de regreso, también en lugares cerca de la escuela. Una tarde, mientras esperaba que sonara el timbre para salir, me quedé mirando por la ventana del salón. Lo vi entre los coches estacionados al otro lado de la calle. Estaba ahí, con el bastón apoyado, mirando hacia la escuela. Cuando crucé la reja para salir, lo busqué otra vez. Ya no estaba.

12:25 Una de las maestras notó que iba muy pálido. Se me acercó para preguntarme si me sentía mal. Le dije que solo quería irme. Caminé rápido hasta encontrarme con mi mamá sin decir más. No hablé en el trayecto. Llevaba la mochila agarrada contra el pecho, la cabeza baja. Solo miraba al frente. Esa noche, durante la cena, volví a mencionarlo. Le dije que el hombre me había estado esperando frente a la escuela, que no hizo nada, que no se acercó, pero que estaba ahí. Mi mamá me preguntó si estaba seguro. Asentí. Le dije que no lo estaba imaginando. que era el mismo de siempre, que no hablaba ni se movía, pero que sí me veía, que me veía desde antes de que cruzara la reja. Mi papá perdió la paciencia, me pidió que dejara de hablar del tema, dijo que si seguía inventando cosas no me iban a llevar más a ninguna parte, que nadie quería escucharme. Mi mamá se quedó callada.

13:25 Me miró, luego miró el plato. No dijo nada, pero se notaba que estaba preocupada. Sabía que algo me pasaba, que no lo hacía por llamar la atención, que no estaba fingiendo, pero no sabía cómo ayudarme. Esa misma noche, cuando intentaron que me fuera a dormir, me negué a entrar solo a mi cuarto. Les dije que no era por una pesadilla, que no soñaba con el hombre, que no era algo que aparecía mientras dormía. Lo veía de día, con los ojos abiertos, en la calle, a veces frente a la escuela, otras veces junto a los árboles. Pedí que dejaran la luz prendida. Mi mamá aceptó. Se quedó conmigo hasta que cerré los ojos. Pero a las pocas horas volví a despertar. No había pasado nada. No lo había visto, pero no quería estar solo. Así fueron varias noches seguidas. El cansancio empezó a notarse. Durante el día andaba desganado. Se me cerraban los ojos en clase. Las maestras avisaron que tenía problemas para concentrarme. Empecé a bajar en las calificaciones. Y los comentarios de mis compañeros también cambiaron.

14:36 Algunos decían que estaba raro. que me la pasaba viendo por las ventanas, que hablaba poco. Mis papás recibieron otra llamada de la escuela. Les dijeron que yo estaba ausente, incluso cuando estaba presente, que parecía que algo me tenía en otro lugar, que ya no jugaba con los demás, que ya no me reía como antes. Mi mamá quiso retomar las sesiones con la psicóloga. Mi papá no quiso pagar más consultas. Dijo que no servían de nada, que lo que yo necesitaba era distraerme, dejar de pensar en tonterías y que se me iba a pasar solo. pero yo seguía viendo al hombre nunca dentro de la casa siempre afuera siempre en silencio y cada vez más cerca pasaron solo unos días tranquilos después de aquella tarde frente a la escuela seguía nervioso pero no había vuelto a decir que lo había visto Parecía más calmado. Mi papá ya había regresado a su turno nocturno, así que esa noche estábamos solos en casa. Yo veía la tele en la sala, tirado en un sillón, y mi mamá lavaba los trastes. Afuera ya estaba oscuro, todo estaba muy callado, como casi siempre en esa colonia. No se escuchaban carros, ni música, ni vecinos. De pronto tocaron. Primero fue un golpe fuerte en la puerta principal. Al mismo tiempo, otro golpe en la puerta trasera. Uno solo. No se repitió.

16:05 No fue insistente. Solo uno en cada puerta. Mi mamá soltó el trapo que tenía en las manos. Yo volteé hacia la entrada. No nos dijimos nada. Ella se asomó por la ventana. No había nadie en la banqueta. Caminó hacia la parte trasera de la casa. También miró por la ventana de la cocina. Nada, ni una sombra, ni pasos alejándose. Salimos al patio. Revisamos todo. El pasillo quedaba al frente, el lado donde estaba el lavadero, incluso detrás del tanque de gas. La reja seguía con seguro. Nadie había entrado, no había huellas, yo no decía palabra, solo giraba la cabeza a todos lados, con los ojos muy abiertos, como si esperara ver a alguien parado entre las paredes.

16:53 Volvimos a entrar, cerramos bien, apagamos la televisión, esa noche no dijimos más del tema, pero las cosas extrañas no pararon ahí. Al día siguiente, por la tarde, mi papá ya estaba en casa, fue al baño y encontró el grifo abierto. el agua corría no era goteo estaba completamente abierto nadie recordaba haberlo usado desde la mañana mi mamá negó con la cabeza yo solo los miraba nadie entendía por qué se había abierto solo esa misma noche mientras veíamos una película pasó algo más Estábamos los tres sentados en la sala. El control remoto estaba entre los cojines del sillón. De pronto salió disparado hacia el frente. Golpeó la pared. No se resbaló ni cayó por peso. Fue como si alguien lo hubiera lanzado con fuerza. Mi papá se levantó, lo recogió, lo revisó. No tenía nada roto.

17:51 Lo dejó sobre la mesa. No preguntó nada. Apagó la tele. Nos quedamos en silencio un rato. Nadie dijo una sola palabra. Empezamos a dormir con la puerta del cuarto abierta. Las luces del pasillo y de la cocina se quedaban prendidas. No hablábamos de lo que pasaba, pero todos sentíamos que algo no estaba bien. Ya no era solo mi miedo, algo más se había metido en la casa. Una noche escuchamos pasos en el techo. Eran rápidos, como si alguien caminara de un extremo al otro. Mi papá salió con una lámpara, dio la vuelta por fuera, subió a la escalera, revisó las láminas, los bordes, el tinaco. No había nada movido, ninguna pisada, ningún gato, nada. Otra madrugada, cerca de las cuatro, se escuchó un golpe en la cocina. Mi papá despertó primero.

18:47 Se puso la camisa y salió. Cuando llegó, encontró una de las sillas tirada. Estaba de lado. El cuchillo más grande del cajón estaba sobre el fregadero. Mi mamá también se levantó. Revisaron todas las puertas y ventanas. Todas estaban cerradas. No faltaba nada. No había señales de que alguien hubiera entrado. Pero el cuchillo no estaba donde debía. esa misma madrugada cuando intentábamos volver a dormir me levanté les dije que había visto una sombra pasar por el pasillo no se parecía al hombre del bastón era más alta caminaba más rápido cruzó de un lado al otro en silencio no se detuvo Mi mamá me abrazó y me llevó a su cama. Mi papá no dijo nada. Se quedó sentado en la orilla del colchón mirando la puerta abierta. Desde entonces el ambiente en la casa cambió. Ya no era solo el miedo a las calles, a las esquinas, a la salida de la escuela. Ahora algo estaba adentro. no sabíamos cómo había entrado no sabíamos si venía conmigo o si ya estaba ahí desde antes empezamos a escuchar crujidos en la noche las luces parpadeaban sin razón a veces se oía como si alguien caminara dentro de los cuartos aunque nadie se levantara ya no quería ir solo ni al baño pedía que me acompañaran a todas partes mi mamá encendía una vela en la cocina cada noche mi papá dormía con una lámpara pequeña junto a la cama

20:17 y yo Nadie dormía bien. Me despertaba con ojeras. No soñaba con nada, pero sentía que me observaban desde los rincones. Lo que antes me esperaba en la esquina, ahora también estaba en mi casa. Esa noche estábamos dormidos los tres, mi papá en el borde de la cama con la lámpara de mano sobre la mesa, mi mamá acostada de lado con la respiración tranquila, y yo en mi cuarto, con la puerta abierta y la luz del pasillo encendida. Todo estaba en silencio hasta que algo golpeó con fuerza la pared del pasillo. Fue un solo golpe, seco, que sacudió la casa entera, como si algo grande hubiera caído desde adentro. Me senté de inmediato, abrí los ojos y miré hacia la puerta de mi cuarto. No se escuchaban pasos, no se oían voces, solo el eco del golpe, que ya se había apagado. Mis papás también se despertaron. Mi papá se levantó sin decir nada, tomó la lámpara y caminó hacia la puerta. Abrió con cuidado y salió. El pasillo estaba completamente oscuro. La lámpara no alumbraba bien. Apenas alcanzaba a mostrar los marcos de las puertas. Cuando llegó a la entrada del baño, la luz del foco empezó a parpadear. Se apagaba y volvía a encenderse sola. El apagador no se había tocado. Mi mamá se levantó también, pero no salió del cuarto. Se quedó en el marco de la puerta, mirando hacia el pasillo. Yo seguía sentado

21:49 en la cama con los pies juntos, sin moverme. Veía a mi papá avanzar con pasos lentos, como si esperara encontrar algo en el camino. De pronto se escuchó un grito, corto pero fuerte. Mi papá lo había soltado desde la sala. Mi mamá corrió de inmediato. Yo también me levanté. Cuando llegamos, lo encontramos tirado boca arriba. Tenía la lámpara a un lado, rota. El brazo izquierdo lo tenía raspado y un hilo de sangre le bajaba por la ceja. Estaba respirando rápido. Dijo que algo lo había empujado. No se tropezó. No pisó mal. Iba caminando junto al comedor cuando sintió un golpe fuerte en la espalda, como si alguien lo hubiera empujado con las dos manos. Voló hacia el suelo sin poder detenerse.

22:38 Revisamos la casa completa. Puertas, ventanas, closets. La reja seguía cerrada con seguro. Nadie había entrado. No faltaba nada. Todo estaba en su lugar. Pero algo lo había tirado. Esa misma mañana, apenas salió el sol, mi mamá llamó al padre de la parroquia. No quiso esperar. Dijo que ya no podíamos dormir así, que algo estaba adentro y no sabíamos qué hacer. El padre llegó ese mismo día, poco después del mediodía. Traía una estola, agua bendita y un par de veladoras. Saludó con calma y pidió permiso para recorrer la casa. No hizo preguntas. Solo caminó con paso firme por cada cuarto. Mojaba sus dedos con el agua y hacía una cruz en las paredes. Oraba en voz baja.

23:27 No repetía oraciones completas, solo frases sueltas, como si estuviera pidiendo algo muy concreto. Se detuvo más tiempo en la sala, justo donde había caído mi papá, también frente a la puerta de mi cuarto. Ahí dejó una de las veladoras encendida. La otra la puso junto al fregadero. Dijo que esas eran las zonas más cargadas. No quiso hablar conmigo. Dijo que no era necesario por ahora que me llevaran después a la iglesia para una oración directa, una más fuerte, que ayudara a acortar lo que estuviera conectado. También nos pidió que consiguiéramos cruces bendecidas, una para cada puerta, y que mantuviéramos al menos una vela encendida durante las noches más pesadas. dijo que no era por miedo sino por protección esa noche no se escuchó nada raro ni pasos ni portazos ni objetos cayendo los días siguientes fueron tranquilos mi papá sano de las heridas yo ya no hablaba del hombre del bastón sentía que ya no me seguía que ya no estaba esperándome en la esquina que ya no lo veía frente a la escuela ni entre los carros mi mamá seguía encendiendo la vela cada noche dejábamos la luz del pasillo encendida. Nunca supimos qué fue lo que había entrado a la casa. No sabíamos si venía conmigo desde la escuela. Pero lo que fuera se fue después de que el padre hizo la oración.