Le Disparé A Un NAHUAL Historias De Terror - REDE
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0:01 salà una tarde a cazar llevaba la escopeta colgada al hombro y seguÃa un camino que conocÃa desde niño habÃa huellas recientes en la tierra húmeda asà que me movà con cuidado para no hacer ruido al llegar a un claro vi un venado enorme salir de entre los matorrales TenÃa el pelaje oscuro y los cuernos abiertos como ramas viejas. Me detuve, apunté y disparé. El tiro resonó por todo el cerro y lo que escuché después me asustó. Un grito fuerte, profundo, que parecÃa de un hombre. Me quedé quieto unos segundos, tratando de entender qué habÃa pasado. Seguà el rastro de sangre que se marcaba sobre las hojas secas y entre la hierba aplastada. Caminé varios metros, apartando ramas con el cañón de la escopeta, hasta que llegué a una zona más cerrada. AhÃ, tendido sobre el suelo, estaba el venado. TenÃa los ojos apagados y el cuerpo rÃgido, como si llevara dÃas muerto. La herida no sangraba y el olor que desprendÃa era de un animal que llevaba dÃas muerto. Me incliné para verlo mejor y escuché un crujido detrás de mÃ, y me volteé. Entre los árboles habÃa una figura alta, más de lo que me dirÃa un hombre, con el cuerpo cubierto de un pelaje irregular.
1:22 PermanecÃa de pie, estaba detrás de un árbol. Retrocedà un paso y luego otro, sin dejar de mirarlo. La figura comenzó a avanzar despacio, apartando ramas. Decidà darme la vuelta y seguir el camino de regreso. podÃa escuchar sus pisadas pesadas sobre las hojas siempre detrás de mà sin acelerar el camino se hizo más inclinado y llegué a un arroyo estrecho lo crucé de un salto y miré hacia atrás la figura ya no estaba aproveché para seguir corriendo hasta un potrero abierto donde el monte quedaba atrás el sudor me escurrÃa por la espalda y las manos me temblaban mientras cruzaba el terreno al acercarme a la casa al voltear vi que habÃa salido del monte y avanzaba hacia el potrero entré por la puerta trasera y la cerré de inmediato me asomé por la ventana y lo vi al borde del terreno parado entre la hierba alta mirando fijo hacia la casa me quedé quieto junto a la ventana con la respiración acelerada y la escopeta todavÃa en la mano Afuera la figura no se movÃa, parecÃa medir el terreno como si supiera que yo estaba viéndolo.
2:33 El viento apenas agitaba la hierba. Me aparté un poco para que no pudiera verme y avancé hacia la puerta principal, asegurándome de que quedara bien cerrada. Busqué más cartuchos en un cajón de la cocina y los guardé en el bolsillo. La idea de estar encerrado sin saber si se acercarÃa más me ponÃa tenso. Me asomé por otra ventana y ya no estaba en el mismo sitio. ahora lo veÃa más cerca a unos metros de la cerca de madera que rodeaba el patio caminaba despacio inclinando la cabeza de vez en cuando como si buscara algo en el suelo retrocedà y fui a la habitación del fondo desde donde podÃa ver el potrero y el monte La figura avanzó hasta llegar a la cerca y ahà se detuvo. La madera vieja crujió con el peso de sus manos al apoyarse.
3:22 Sentà un escalofrÃo al darme cuenta de que no era un animal que hubiera visto antes. Decidà no quedarme esperando. Salà por la puerta lateral y corrà hacia la bodega donde guardaba herramientas. desde ahà podÃa ver la parte trasera de la casa sin ser visto la criatura rodeó la cerca y comenzó a caminar hacia el lado donde yo habÃa pasado me agaché entre unas tarimas y observé cómo se detenÃa junto a la puerta trasera Pasó una mano sobre la madera, despacio, como tanteando. Escuché un golpe suave en el vidrio de la ventana más cercana. No era un intento por romperlo, más bien como si quisiera llamar mi atención. Permanecà inmóvil apretando la culata de la escopeta, hasta que se alejó unos pasos y miró hacia el monte.
4:10 Luego giró lentamente y volvió a caminar hacia el potrero. Aproveché para salir de la bodega y entrar de nuevo a la casa. Cerré con llave todas las puertas y bajé las cortinas. Encendà la lámpara de la sala pero la luz apenas me calmó. Me senté junto a la mesa. Un ruido afuera me hizo levantarme otra vez. Era como si alguien arrastrara algo pesado sobre la tierra. Me acerqué a la ventana y levanté apenas la cortina. La criatura estaba junto al cerco del corral, arrastrando el cuerpo del venado que yo habÃa visto muerto en el monte. Lo dejó tendido a unos metros de la puerta trasera y se quedó de pie mirándolo. Retrocedà sin dejar de observarlo, y cuando quise asomarme de nuevo ya no estaba, solo el venado ahÃ, con el cuello torcido y las patas rÃgidas.
5:01 Sentà que si salÃa a verlo, algo podÃa pasarme, asà que me quedé adentro, pendiente de cualquier ruido. esperé a que oscureciera pero el venado seguÃa tirado a unos metros de la puerta trasera no habÃa moscas ni olor a descomposición cerré todas las cortinas y encendà solo la luz de la cocina para no dejar la casa totalmente iluminada preparé café para mantenerme despierto no querÃa que me sorprendiera dormido A medianoche, los perros del vecino comenzaron a ladrar. Primero uno, luego varios más, hasta que parecÃan responderse entre sà en la distancia. Me quedé junto a la ventana del pasillo, mirando hacia el corral. No vi nada, pero escuché el crujir de las ramas en la parte del monte que quedaba frente a mi terreno. Cada paso parecÃa más pesado que el anterior. Un golpe metálico me hizo girar hacia la bodega. Era el sonido de la puerta de lámina al moverse. Agarré la escopeta y avancé despacio por el pasillo lateral. Me detuve a un par de metros de la puerta trasera y alcancé a escuchar una respiración profunda, pausada, como si alguien se estuviera recuperando después de correr. Abrà de golpe y apunté, pero lo único que vi fue el venado. Ya no estaba tendido. Ahora estaba de pie, sostenido por algo que no alcancé a distinguir en la oscuridad, como si lo mantuvieran erguido desde atrás.
6:29 El cuerpo se dejó caer de nuevo al suelo y escuché pasos alejándose hacia el monte. Me quedé en la puerta mirando la lÃnea oscura de los árboles hasta que los ruidos desaparecieron. Cerré con llave y puse una tranca extra. Regresé a la cocina y me servà otro café. A eso de las tres de la mañana el venado ya no estaba. En su lugar habÃa marcas profundas en la tierra, como si algo lo hubiera arrastrado. Decidà no seguirlas. Estaban frescas y no querÃa encontrarme con lo que fuera que las habÃa hecho. Me senté junto a la mesa de la sala, con la escopeta apoyada en las piernas, hasta que la luz del amanecer empezó a entrar por las rendijas de las cortinas. Con el dÃa claro, salà a revisar el patio. Las huellas rodeaban la casa. Eran largas y anchas, con cuatro marcas al frente y una más atrás, como una garra. Seguà el rastro unos metros hasta el inicio del monte, pero se perdÃan. Regresé y encontré junto a la bodega un mechón de pelo oscuro, grueso y áspero.
7:33 Lo guardé en un frasco de vidrio. Pasé el resto del dÃa sin apartarme mucho de la casa. No escuché nada extraño. Antes de que cayera la noche, reforcé las puertas con tablas y aseguré todas las ventanas. Me prometà que, si lo veÃa de nuevo, no iba a esperar a que se acercara tanto. Esa noche me acosté con la escopeta recargada contra la pared. Pero el sueño no me duró mucho. A las dos de la madrugada escuché un golpe fuerte contra la cerca del lado norte. Me levanté y caminé despacio hasta la ventana que daba al corral. La luna iluminaba apenas lo suficiente para distinguir que uno de los postes estaba ladeado, como si algo lo hubiera empujado desde fuera. Unos segundos después vi movimiento detrás del poste.
8:21 una figura oscura se asomó por un instante demasiado alta para ser una persona y luego se ocultó me quedé observando pero no volvió a moverse nada decidà salir por la puerta trasera avanzando despacio por el pasillo lateral de la casa cuando llegué al corral el poste estaba partido y la tierra removida a su alrededor Más allá, entre los matorrales, algo respiraba fuerte. Apunté y caminé dos pasos, pero los arbustos se agitaron y escuché cómo se alejaba hacia el monte. No disparé. No querÃa atraerlo más. Volvà a la casa y cerré con trancas. Me quedé en la cocina, mirando hacia la oscuridad por las rendijas de la puerta. Minutos después, una sombra se deslizó rápido frente a la bodega, seguida de un ruido. El candado de la bodega colgaba abierto. Abrà la puerta de la cocina y apunté hacia la bodega, pero ya no habÃa nada.
9:16 Entré a revisar y me encontré con varias cajas tiradas en el piso. Entre ellas estaba el frasco donde habÃa guardado el mechón de pelo. La tapa estaba en el suelo y el frasco vacÃo. Esa noche no intenté dormir más. Me quedé sentado junto a la mesa, esperando que amaneciera, escuchando cada crujido de la madera, cada golpe de viento. Al amanecer, caminé hasta el corral con la escopeta colgada del hombro. El poste que habÃa visto roto en la madrugada estaba tirado en el suelo, y junto a él habÃa huellas profundas, marcadas en la tierra húmeda, que se perdÃan en dirección al monte. No eran pisadas claras, pero silo bastante grandes como para que no fueran de ningún animal que yo conociera en la zona. Seguà las marcas unos metros, cuidando cada paso, hasta que un olor fuerte a carne podrida me hizo detenerme. Entre los matorrales encontré al venado que habÃa visto la primera vez. Estaba en el mismo lugar, pero su cuerpo estaba abierto como si algo lo hubiera revisado por dentro. Las costillas estaban partidas y la carne desgarrada en tiras. Un enjambre de moscas revoloteaba encima y un hilo de sangre seca marcaba un camino hacia adelante. Me quedé quieto escuchando. Al fondo, muy lejos, sonó un crujido de ramas. Lo seguà despacio sin apartar la escopeta de la mano. Avancé unos 20 metros hasta que entre dos encinos vi la figura. Estaba agachada sobre unas
10:50 ramas con la espalda arqueada y la piel cubierta de manchas oscuras. Se levantó lentamente, me di la vuelta y corrà de regreso a la casa. Cerré todas las puertas y ventanas y empecé a empacar mis cosas, no querÃa estar más ahÃ. Asà que el dÃa siguiente me fui. Dejé el terreno y la casa tal como estaban, era de renta, por eso no tuve mucho problema en dejarlo.
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