La Noche De Terror: El Demonio Del Espejo Y La Muñeca Que Traía Brujería -Historias De Terror - REDE
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0:05 Recuerdo que la muñeca llegó un sábado. Estaba en la entrada de la casa envuelta en papel de regalo con una tarjeta pequeña sin firma. Mi esposa la encontró al salir a barrer y la metió porque pensó que alguien de la familia la habÃa dejado para nuestra hija. Era una muñeca grande, de vestido blanco, con ojos de vidrio. Mi esposa me la enseñó en la sala, revisamos la tarjeta juntos, decÃa que era un detalle para la casa, nada más. No tenÃa nombre, número ni explicación. Llamamos a mi suegra, a mi cuñada y a una vecina cercana, pero nadie sabÃa nada. Mi esposa quiso tirarla en ese momento, pero nuestra hija la vio, la pidió, y yo no quise hacer un problema por un regalo. Pensé que después sabrÃamos quién la habÃa dejado. No la metimos al cuarto de la niña. Mi esposa no quiso porque le incomodaban sus ojos. La dejamos en un sillón de la sala.
1:06 Esa noche cerramos la casa, apagamos las luces y dejamos la cocina limpia. Sobre la mesa quedaron unos platos recién lavados, secándose sobre una toalla. En la madrugada escuché una risa corta, aguda, dentro de la casa. Abrà los ojos y vi a mi esposa despierta. Ella también la habÃa escuchado. Me levanté y fui al cuarto de mi hija y estaba dormida. Revisé el baño, el pasillo y la sala, pero no habÃa nadie. La muñeca seguÃa sentada en el sillón. Regresé al cuarto, pero ya no pude dormir. Un rato después sonaron los trastes. No fue un golpe fuerte, fue el ruido de platos arrastrándose sobre la mesa. Mi esposa se levantó detrás de mÃ. Fuimos a la cocina y vimos los platos acomodados en fila, al centro, y las tazas estaban volteadas junto a ellos. Nadie los habÃa dejado asÃ.
2:04 Mi esposa tomó una foto con el celular. Yo revisé la puerta principal y las ventanas, y todo seguÃa cerrado. Al dÃa siguiente, metà la muñeca en una bolsa negra y la guardé en el closet de la lavanderÃa. Mi esposa me pidió que la tirara. Pero yo todavÃa querÃa saber de dónde habÃa salido. No querÃa tirar algo que alguien cercano podÃa haber dejado sin avisar. Y esa decisión nos costó otra noche de miedo. Durante el dÃa, la casa se sintió distinta. Mi esposa lo notó primero y después lo noté yo. Mi hija empezó a evitar la sala. Cuando le preguntamos qué pasaba, solo dijo que ahà se sentÃa feo. La casa estaba limpia, pero olÃa a humedad.
2:52 Revisé el baño, la cocina y las paredes, pero no encontré fuga ni agua tirada. Abrimos las ventanas y el olor siguió. Fuimos a comer con mi suegra y le contamos lo ocurrido. Ella escuchó seria sin interrumpir. Preguntó si la muñeca tenÃa firma. Y al decirle que no, nos pidió sacarla de la casa. Dijo que un regalo sin nombre, dejado en la entrada, no debÃa quedarse adentro. Mi esposa me miró porque eso mismo habÃa dicho desde el principio. Cuando regresamos, fui directo al clóset. La bolsa negra estaba rota por un costado. Era un corte limpio, pero la muñeca seguÃa adentro, con la cara hacia arriba. La puerta del clóset estaba cerrada, igual que antes. No encontré nada que explicara ese corte. no discutà más la metà en otra bolsa la llevé al carro y la tiré en un contenedor lejos de la casa regresé y le dije a mi esposa que la muñeca ya no estaba y no le dijimos nada a mi hija esa noche intentamos dormir temprano la casa estuvo quieta al principio pero más tarde volvió la risa esta vez salió de la cocina mi esposa me tomó del brazo y me pidió que no fuera solo encendà la luz del cuarto y salà al pasillo La cocina estaba limpia, no habÃa platos sobre la mesa. Entonces, escuchamos un golpe en la sala. Caminé hasta la entrada y la vi otra vez en el sillón.
4:22 La muñeca estaba ahÃ, sin bolsa, con el vestido sucio abajo y el cabello revuelto. Nadie habÃa abierto la puerta y las ventanas seguÃan cerradas. La casa no tenÃa otra entrada. Revisé el patio, la puerta, la reja y las ventanas, pero no habÃa huellas ni señales de que alguien hubiera entrado. Mi esposa empezó a llorar y me pidió que no la tocara, y la verdad, yo tampoco querÃa tocarla. Llamamos a mi suegra y le dijimos que la muñeca habÃa regresado. Mi esposa le mandó fotos y después de verlas, ella dijo que iba para la casa. Cuando llegó, pidió que prendiéramos todas las luces antes de entrar. traÃa un rosario en la mano y se fue directo a la sala vio la muñeca y se persignó no gritó pero se le notó el miedo en la cara mi hija seguÃa dormida en nuestro cuarto no querÃamos que viera a todos en la sala ni que escuchara lo que estábamos hablando mi suegra roció agua bendita sobre la muñeca y la muñeca no se movió no hizo ruido y no cambió de posición Lo único distinto fue el olor. Se volvió más fuerte y mi esposa salió al patio con náuseas.
5:39 Mi suegra dijo que necesitábamos buscar a un padre. Habló de la casa, de la muñeca y de lo que ya habÃamos visto. Dijo que si alguien habÃa hecho brujerÃa con eso, no debÃamos seguir tocándola ni moviéndola sin ayuda. Esa noche nadie durmió bien. Mi hija despertó una vez y preguntó por qué habÃa luces prendidas. le dijimos que estábamos limpiando. No insistió, pero se quedó pegada a mi esposa. Yo me quedé en la sala, sentado frente a la muñeca hasta que amaneció. La miré muchas veces, habÃa entrado a mi casa por mis propias manos. Al otro dÃa fuimos a la parroquia, llevamos las fotos en el celular, cerramos la casa con la muñeca adentro y salimos con algo claro. La casa seguÃa siendo nuestra, pero desde ese sábado ya no se sentÃa segura. Recuerdo que el padre nos recibió después de misa, no llevamos la muñeca, la dejamos encerrada en una caja dentro del baño de servicio, con una silla atravesada en la puerta. No era una solución, solo era la forma de no tenerla otra vez en la sala, mientras buscábamos ayuda. Le contamos lo que habÃa pasado desde el sábado, Mi esposa le mostró las fotos de los platos, de la bolsa rota y de la muñeca sentada en el sillón. Yo le expliqué que la habÃa tirado lejos de la casa, en un contenedor, y que esa misma noche volvió a aparecer adentro. Mi suegra
7:13 aclaró que nadie de la familia la habÃa mandado. El padre escuchó con calma y no prometió arreglar nada. Nos pidió revisar puertas, ventanas y cualquier forma de entrada. porque antes de hablar de algo espiritual, habÃa que descartar que una persona estuviera metiéndose a la casa. Acepté hacerlo porque también necesitaba una prueba más clara. Antes de que él llegara, compré dos cámaras pequeñas. Puse una en la sala, dirigida al sillón donde aparecÃa la muñeca, y otra en la cocina, dirigida a la mesa. También puse cinta en la puerta principal y en una ventana. Tomé fotos de todo para saber si algo se movÃa o si alguien abrÃa la casa.
7:56 El padre llegó esa tarde. Entró serio, saludó a mi esposa y a mi suegra y pidió ver la muñeca. Lo llevamos al baño de servicio. La silla seguÃa contra la puerta. La caja seguÃa cerrada. Pero cuando la abrimos, la muñeca estaba sentada dentro y yo la habÃa dejado acostada. Mi esposa empezó a llorar. Y el padre le pidió que se quedara atrás. No levantó la voz, no hizo gestos raros y no tocó la muñeca. Solo la miró unos segundos y nos pidió abrir las ventanas. Después rezamos con él en la sala. Caminó por los cuartos, por la cocina y por el pasillo. Al llegar frente al cuarto de mi hija, se detuvo y preguntó si la niña habÃa dicho algo raro. Le respondimos que solo evitaba la sala. y que decÃa que ahà se sentÃa feo.
8:52 En ese momento, mi hija salió del cuarto y le preguntó al padre si él también escuchaba a la muñeca reÃrse por las noches. Nadie le habÃa contado eso completo. Mi esposa le preguntó cuándo la habÃa escuchado. Mi hija respondió que varias veces, pero pensaba que éramos nosotros. Luego vio nuestras caras y volvió al cuarto sin decir más. El padre terminó el rezo Guardó sus cosas y se acercó a la puerta. Mi suegra le pidió llevarse la muñeca, pero él se negó. Nos pidió no moverla sin preparación, no dejar sola a la niña y seguir rezando. También dijo que hablarÃa con otro sacerdote con más experiencia. Se fue rápido y no aceptó café ni agua. Esa noche dormimos los tres en el mismo cuarto. Dejamos las cámaras grabando, cerramos la casa y no dejamos trastes sobre la mesa.
9:47 Mi esposa querÃa irse con su mamá, pero yo insistà en quedarnos porque querÃa ver que quedaba grabado. Esa decisión fue un error. Durante la madrugada, el celular marcó movimiento en la cocina. Abrà la aplicación y vi la mesa vacÃa. No habÃa nadie. Primero sonaron golpes secos. Después, una silla se separó de la mesa y luego otra giró. En ese mismo momento, la cámara de la sala dejó de transmitir. Me levanté con un palo de escoba. Mi esposa me pidió que no saliera, pero salÃ. La cocina estaba frÃa, las sillas ya estaban movidas, la mesa tenÃa marcas húmedas y no habÃa agua cerca. Fui a la sala y encontré la cámara desconectada y el cable estaba fuera del enchufe.
10:35 La muñeca estaba otra vez en el sillón. Después de la visita del padre, la habÃamos puesto en la caja y la caja estaba en el baño de servicio. Aún asÃ, la muñeca estaba ahÃ, sentada en el mismo lugar del primer dÃa. Revisé la cinta de la puerta y la ventana. SeguÃan pegadas, nadie habÃa abierto por ahÃ. Fui al cuarto para decirle a mi esposa que nos Ãbamos, pero al pasar por el pasillo vi el espejo. TenÃa una marca en el centro. Me acerqué con la luz del celular y vi un pentagrama trazado en el vidrio. Pasé la mano por encima, pero la marca no se borró. Mi esposa salió detrás de mÃ, vio el sÃmbolo y me preguntó quién lo habÃa hecho, pero no pude responderle. Miré otra vez el espejo y vi una figura detrás de mi reflejo. Era alta, estaba al fondo del pasillo, tenÃa la boca abierta, dientes deformes y ojos rojos. Volté al pasillo, pero no habÃa nadie. Miré de nuevo el espejo y la figura seguÃa ahÃ. Mi esposa también la vio, gritó el nombre de nuestra hija y corrió al cuarto. Yo golpeé el espejo con el palo y no se rompió, pero la figura desapareció y el pentagrama quedó marcado. Nuestra hija estaba despierta, sentada en la cama con las manos sobre los oÃdos. Nos contó que una mujer le habÃa hablado desde la sala y le habÃa pedido ir a jugar.
12:05 Le pregunté si la vio, respondió que no, solo escuchó la voz. Mi esposa la abrazó y empezó a rezar. Salimos de la casa esa misma noche. Metimos documentos, algo de ropa y los celulares en una mochila. Dejamos la muñeca adentro, cerré la puerta y nos fuimos con mi suegra. En su casa revisamos los videos varias veces. La cocina mostraba las sillas moviéndose. La sala solo mostraba el corte de la grabación. Pero la cámara no grabó a nadie desconectándola. Al dÃa siguiente regresé con mi cuñado. Mi esposa no quiso entrar y mi hija se quedó con mi suegra.
12:46 Llevé guantes, bolsas negras y una caja nueva. Aunque el padre me habÃa pedido no mover la muñeca, no iba a dejarla libre dentro de la casa. Entramos juntos. La casa olÃa mal, no habÃa basura ni comida echada a perder, pero el olor salÃa de la sala y del pasillo. La muñeca ya no estaba en el sillón. La encontramos en el cuarto de mi hija, sentada sobre su almohada, pero la puerta estaba cerrada cuando entramos. Mi cuñado me pidió irnos. Tomé fotos, empujé la muñeca con una escoba hasta meterla en la caja y la sellamos con cinta, y la sacamos al patio. Mientras revisaba las cámaras, mi cuñado me llamó. La cinta de la caja estaba levantada en una esquina, pero él no la habÃa tocado. Cerramos la casa y volvimos con mi suegra. Ella ya habÃa llamado a un brujo que le habÃan recomendado. Yo no querÃa meter a más gente en esto, pero mi esposa estaba agotada. Mi hija tenÃa miedo de quedarse sola, y la muñeca seguÃa moviéndose dentro de la casa. Acepté, porque en ese punto ya no tenÃamos otra salida. Recuerdo que el brujo llegó esa misma tarde. Se llamaba Eusebio, era un hombre mayor, y desde que entró no prometió nada.
14:07 Pidió ver las fotos, los videos y la caja donde tenÃamos la muñeca. Le enseñamos primero las grabaciones, sobre todo la de la cocina, donde se veÃan las sillas moviéndose, sin que hubiera nadie cerca. Las miró varias veces, sin hacer comentarios largos, y después dijo que necesitaba verla en persona. Entramos con él a la casa. Mi esposa se quedó cerca de la sala. Mi hija estaba con una vecina de confianza. y mi suegra venÃa detrás de nosotros rezando en voz baja. Eusebio pidió que nadie tocara la caja. Se acercó al patio, la observó unos segundos y preguntó quién habÃa metido la muñeca por primera vez. Mi esposa respondió que ella la levantó de la entrada y la puso en la sala. Nos dijo que ese habÃa sido el error, porque al recibirla y meterla a la casa, también habÃamos dejado entrar el trabajo que traÃa encima. Pidió permiso para revisarla, se puso guantes, abrió la caja y sacó la muñeca con cuidado. El vestido estaba sucio, el cabello revuelto, y el cuerpo se sentÃa duro cuando lo puso sobre la mesa del patio. Levantó la tela de la espalda y encontró una costura abierta. No dijo nada al principio, solo abrió más la tela y empezó a sacar lo que habÃa adentro. La muñeca tenÃa algodón, cabello, tierra negra, alfileres oxidados y un papel doblado. En el
15:38 papel estaban nuestros apellidos, el nombre de mi hija y la fecha en que la muñeca llegó a la casa. Mi esposa se sentó porque se mareó. Mi suegra empezó a rezar más fuerte. Yo tomé una foto porque necesitaba guardar una prueba de lo que estábamos viendo. Eusebio me dijo que esa foto no iba a traerme paz, pero no me pidió borrarla. Nos preguntó si habÃamos tenido problemas recientes con alguien. Le hablamos de un vecino con quien discutà por ruido, de una ex compañera de trabajo de mi esposa y de algunos problemas familiares. Nada alcanzaba para señalar a una persona con seguridad. Eusebio dijo que no necesitábamos saber quién lo habÃa hecho para cortar el daño.
16:24 Pero sà debÃamos cuidar qué aceptábamos, quién entraba a la casa y qué regalos recibÃa nuestra hija. El trabajo lo hizo en el patio. No dejó que mi hija regresara. Tampoco permitió que mi esposa se acercara demasiado a la mesa. Usó alcohol, sal y hierbas. Rezó en voz baja mientras separaba los alfileres, el cabello, la tierra y el papel. No gritó. bajó con cuidado y todos nos quedamos atentos sin movernos mucho porque cualquier sonido dentro de la casa nos ponÃa nerviosos, mientras seguÃa tocaron la puerta principal, fueron tres golpes claros, todos estábamos en el patio, nadie esperaba visitas y mi cuñado se asomó por una ventana para revisar, dijo que afuera no habÃa nadie, Eusebio levantó la mano para pedir silencio, y los golpes se repitieron una vez más, con la misma fuerza, y después pararon. Mi esposa quiso salir de la casa, pero Eusebio le pidió quedarse donde estaba.
17:35 Dijo que nadie debÃa abrir la puerta hasta que terminara. Yo tenÃa el celular en la mano, pero no llamé a la policÃa. La cámara de la entrada no mostraba a nadie, la puerta no tenÃa daños. Y yo sabÃa que lo que estaba pasando dentro de la casa no iba a sonar creÃble por teléfono. Después Eusebio prendió fuego a la muñeca. El vestido se quemó primero y el cuerpo tardó más. El humo salió espeso y con un olor fuerte. Mi esposa vomitó en una cubeta y mi suegra la sostuvo. Yo me quedé mirando hasta que la muñeca perdió la forma. Necesitaba ver que se acabara frente a mÃ. porque ya la habÃa tirado una vez y habÃa regresado. Eusebio juntó las cenizas, los alfileres, la tierra y el papel quemado en una bolsa de tela. Dijo que él se llevarÃa todo. Le pregunté dónde lo iba a dejar y me respondió que era mejor no saberlo.
18:34 No insistÃ. Le pagamos lo que pidió sin discutir porque en ese momento solo querÃamos que eso saliera de nuestra casa. antes de irse revisó el espejo del pasillo el pentagrama seguÃa marcado aunque lo habÃamos limpiado con cloro, alcohol y jabón Eusebio pasó una mezcla sobre el vidrio y rezó otra vez la marca empezó a borrarse pero no desapareció por completo si uno mira de lado todavÃa se alcanzan dos lÃneas débiles en el centro del espejo esa noche dormimos en casa de mi suegra dejamos las cámaras grabando y revisé el celular varias veces No se movieron sillas, no se escucharon risas y la cámara de la sala no se apagó. La casa estuvo quieta, pero eso no nos tranquilizó de inmediato. Regresamos dos dÃas después, entramos juntos, abrimos ventanas, limpiamos la sala y sacamos el sillón donde siempre aparecÃa la muñeca. Mi esposa no querÃa verlo más.
19:36 Lo dejamos afuera y después lo tiramos. Cambié chapas, puse cámaras nuevas y coloqué una lámpara en la entrada. Mi hija durmió con nosotros varias semanas, pues no querÃa pasar sola por el pasillo ni entrar a su cuarto con la puerta cerrada. Mi esposa empezó a revisar la reja antes de abrir y dejó de aceptar paquetes sin nombre. Yo pregunté a los vecinos si alguien habÃa visto quién dejó la muñeca. Una vecina dijo que ese sábado vio a una mujer con gorra cerca de la entrada, pero no pudo decir más. No hubo nombre ni manera de probarlo. El padre llamó una vez y preguntó cómo seguÃamos. Mi esposa le dijo que un brujo habÃa ido a la casa y que la muñeca ya no estaba. Guardó silencio.
20:24 Luego recomendó que siguiéramos rezando y asistiendo a misa. No pidió ver los videos y no volvió a la casa. La actividad fuerte se detuvo. Ya no escuchamos risas. Los trastes no volvieron a moverse. La muñeca no regresó y el olor se fue. La casa volvió a estar habitable, pero nosotros cambiamos. Seguimos viviendo ahà porque no tenemos dinero para mudarnos. Revisamos puertas antes de dormir. Dejamos una luz encendida en el pasillo y nadie se queda mirando mucho tiempo el espejo. Hace poco, la lámpara de la entrada se encendió sola en la madrugada. Revisé la cámara, pero no habÃa nadie afuera. La reja estaba cerrada y la calle estaba vacÃa. El video no prueba nada más, pero esa noche no dormÃ. Fui al pasillo y miré el espejo desde lejos. Las lÃneas del pentagrama seguÃan ahÃ, débiles, marcadas en el vidrio. No hemos recibido otra muñeca. No hemos vuelto a escuchar esa risa. Pero cada vez que alguien toca la puerta sin avisar, mi esposa y yo nos miramos antes de abrir. Eusebio destruyó la muñeca y se llevó los restos, pero el miedo se quedó con nosotros.
21:42 La casa sigue siendo nuestra casa, vivimos ahÃ, pero ya no vivimos igual. Ahora todo se revisa, todo se escucha, y aunque la brujerÃa terminó, el miedo no se fue con ella.
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