Aug. 21, 2026

La Marca De Catemaco: El Templo Del Diablo - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamó Esteban y fui a Catemaco cuando tenía 24 años. En ese tiempo había perdido mi trabajo, debía dinero y necesitaba una salida. No buscaba hacerme rico de inmediato. Quería pagar lo que debía y volver a empezar. Un conocido me habló de un brujo de Catemaco que preparaba amuletos para atraer dinero y favorecer los negocios. Me dijo que varias personas habían ido con él. y después habían mejorado su situación. No sabía cuánto había desierto, pero decidí viajar. Llegué a Catemaco por la tarde y pregunté por alguien que hiciera trabajos relacionados con dinero. Después de preguntar varias veces, escuché el nombre de Nicasio. Me dijeron que vivía en las afueras, cobraba caro y hacía trabajos fuertes. Encontré su casa antes de que oscureciera. Nicasio tendría unos 60 años.

1:02 Me dejó pasar y me preguntó qué buscaba. Le expliqué que necesitaba un amuleto para mejorar mi situación económica, pagar mis deudas y empezar de nuevo. Me escuchó sin interrumpirme. Luego dijo que podía prepararme algo sencillo, aunque su efecto sería limitado. También me habló de un trabajo que podía asegurar dinero durante años, si la persona cumplía ciertas condiciones. Le pregunté cuáles eran y respondió que esos trabajos no se pagaban solo con efectivo. Mencionó sangre, animales y otras cosas que no quiso explicar. Pensé que hablaba de sacrificios de animales. Nicasio tenía algunos en su propiedad y me dijo que los usaba para renovar ciertos trabajos. Según él, entregaba ganado y aves para conservar lo que había obtenido tiempo atrás. Eso me incomodó. Pero seguí escuchando. Le pregunté cuánto costaría el amuleto y respondió que primero necesitaba saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar. Después me propuso acompañarlo esa misma noche a un lugar en el monte, donde podía mostrarme cómo se hacía un trabajo para atraer riqueza.

2:18 Dudé y le pregunté si había algún riesgo. Dijo que no, siempre que siguiera sus instrucciones y aseguró que el ritual no era para mí. Solo quería enseñarme el lugar antes de decidir qué podía prepararme. Así que acepté. Dejé algunas cosas en su casa y salimos cuando ya estaba oscuro. Nicasio llevaba una mochila, una lámpara, una cuerda y un cuchillo envuelto en tela. Cuando vi la cuerda, le pregunté para qué era. Me dijo que había preparado una ofrenda y que quizá tendría que sujetarla. Pensé otra vez en un animal y no insistí. Entramos al monte y caminamos durante bastante tiempo. El suelo estaba húmedo y en algunos tramos costaba avanzar, pero Nicasio conocía el camino. Intenté recordar la ruta, aunque pronto dejé de reconocer la dirección. Le pregunté cuánto faltaba y respondió que poco. Seguimos hasta llegar a un claro donde había un altar de piedra con restos de trabajos anteriores, velas consumidas, manchas secas y algunos huesos de animales. Nicasio dejó la mochila junto al altar, sacó varias cosas y empezó a preparar el lugar sin hablar conmigo. Esperé un momento y le pregunté dónde estaba la ofrenda. No respondió de inmediato. Colocó unas velas, un recipiente, una botella y el cuchillo sobre la piedra, y después

3:49 me pidió que me acercara. Volví a preguntarle por el animal, y entonces dijo que esa noche no había llevado ninguno. Me aparté del altar y le recordé que había hablado de una ofrenda y que llevaba una cuerda para sujetarla. Nicasio levantó la vista y me explicó que los animales servían para mantener parte del pacto. pero había ocasiones en las que se pedía algo diferente. Le pregunté qué quería decir y respondió que cada cierto número de años tenía que entregar una vida. Entendía a qué se refería. Retrocedí. Le dije que no quería participar y que regresaría al pueblo. Nicasio trató de detenerme con palabras. Dijo que ya estábamos ahí, que irme podía causarle problemas y que debía esperar hasta que terminara. Le respondí que no iba a quedarme y caminé hacia el sendero, pero no llegué lejos. Escuché pasos detrás de mí y cuando intenté voltear, Nicasio me golpeó.

4:51 Caí al suelo y antes de que pudiera levantarme se lanzó sobre mí. Forcejeamos, yo era más joven, pero estaba aturdido por el golpe y consiguió inmovilizarme. Me sujetó las manos con la cuerda y apretó los nudos hasta que dejé de poder moverlas. Le grité que me soltara, le ofrecí todo el dinero que llevaba y le dije que podía conseguir más, pero respondió que mi dinero ya no le servía. Su deuda era otra y yo había llegado cuando necesitaba a alguien. Ahí entendí que nunca había pensado enseñarme un ritual, ni prepararme un amuleto. Me había llevado al monte porque necesitaba una persona. Nicasio me arrastró hasta el altar y terminó de sujetarme. Yo tiraba de las cuerdas mientras le preguntaba cuántas veces había hecho aquello. No contestó.

5:45 Dijo que llevaba muchos años cumpliendo con un acuerdo y que no iba a perder lo que tenía por dejar pasar una fecha. Le pregunté qué iba a hacer conmigo y respondió que esa noche tenía que entregar una persona. Sentí miedo y rabia. Le dije que yo nunca había aceptado ningún pacto. que había ido buscando un amuleto y que él me había engañado desde el principio. Nicasio respondió que eso ya no importaba. Sacó un cuaderno viejo de la mochila, lo abrió sobre el altar y empezó a leer en voz baja. Luego se hizo un corte en la mano y dejó caer sangre dentro del recipiente. Agregó parte del contenido de una botella y continuó leyendo. Yo seguía tirando de las cuerdas. La piel de mis muñecas empezó a abrirse. y sentí la sangre correr hacia las manos.

6:38 Nicacio se acercó con el cuchillo y me hizo un corte pequeño en el brazo. Intenté apartarme, pero no tenía espacio para moverme. Recogió mi sangre con un pedazo de tela y la dejó caer dentro del recipiente. Le pregunté para qué la necesitaba y dijo que servía para señalar a la persona que estaba ofreciendo. Le repetí que yo no había aceptado nada, pero no respondió. Volvió frente al altar, puso las manos sobre la piedra y siguió con el ritual. Durante unos minutos no ocurrió nada. Yo trataba de mover las muñecas, buscaba un punto flojo en la cuerda y miraba el cuchillo que había quedado fuera de mi alcance.

7:21 Nicasio seguía leyendo. A veces levantaba la cabeza, esperaba unos segundos y continuaba. Entonces el suelo vibró. Al principio pensé en un temblor, pero el movimiento se sentía alrededor del altar. Las velas se apagaron y Nicasio dejó de leer. Hasta ese momento había actuado con seguridad, pero en cuanto comenzó el movimiento, retrocedió. El aire se volvió caliente y apareció un olor fuerte a azufre. Me ardieron la nariz y la garganta. Frente al altar se abrió una grieta y la tierra empezó a separarse. Nicasio cayó de rodillas y le grité que me soltara, pero no me miró. La abertura siguió creciendo. De ella salió aire caliente y el olor aumentó hasta obligarme a girar la cara para respirar.

8:10 Después vi una mano apoyarse en el borde. Tenía dedos largos y uñas oscuras. Segundos más tarde salió un hombre. Era alto, vestía de negro y llevaba el cabello peinado hacia atrás. Tenía dos cuernos pequeños en la frente. los ojos rojos y uñas largas que sobresalían de los dedos. Se incorporó, miró el lugar y fijó la vista en Nicasio, pero no gritó ni hizo movimientos bruscos. Nicasio bajó la cabeza y se quedó de rodillas frente a él. Yo seguía atado al altar, con el brazo sangrando y las muñecas abiertas por la cuerda. Entonces entendí que Nicasio conocía a ese hombre y había esperado su llegada desde que entramos al monte. Yo no sabía qué iba a hacer conmigo, pero ya sabía que la ofrenda de esa noche era yo.

9:03 El hombre permaneció frente al altar. Nicacio seguía de rodillas y yo continuaba sujeto a la piedra, con las muñecas lastimadas por la cuerda y el brazo cortado. El olor a azufre llenaba el lugar y el aire seguía caliente. Aquel hombre miró primero a Nicacio, después volvió la vista hacia mí. Nicasio empezó a hablar sin levantarse y dijo que había cumplido durante años, que había entregado animales, sangre y todo lo que se le había pedido. Luego me señaló y explicó que esa noche había llevado la ofrenda que faltaba. Yo lo interrumpí y dije que estaba mintiendo, que había ido a Catemaco buscando un amuleto y que él nunca me habló de entregar mi vida. El hombre me escuchó y después miró a Nicasio. Le preguntó si yo sabía para qué estaba ahí. Nicasio tardó en responder, pero al final admitió que no. Pero... dijo que había tenido que engañarme porque nadie aceptaría acompañarlo si conocía el verdadero propósito nicasio siguió hablando dijo que su plazo estaba por terminar que había cumplido con otras entregas y que no podía perder lo que había conseguido durante años Aquel hombre se acercó y le preguntó por qué había intentado entregarle a una persona conseguida mediante engaño. Nicasio respondió que antes había hecho lo mismo y que no había tenido problemas.

10:30 Entendí que otros habían llegado al mismo lugar antes que yo. El hombre volvió a mirarme y le dije que no tenía ningún trato con Nicasio, que no había aceptado nada y que podía marcharme de Catemaco sin volver. No respondió. se acercó al altar puso una mano sobre mi brazo izquierdo y me sujetó por debajo del codo intenté retirar el brazo pero la cuerda me mantenía pegado a la piedra el brazo me ardía bajo su mano el hombre levantó la otra mano y pasó una de sus uñas por mi antebrazo sentí el corte desde el primer contacto la uña abrió la piel y dejó tres líneas profundas grité y traté de moverme pero él no soltó mi brazo hasta terminar La sangre empezó a correr hacia la muñeca.

11:20 Miró la herida unos segundos y después me dijo que mi vida ya no era mía, que desde ese momento yo solo guardaba su lugar. Le pregunté qué quería decir, pero no me explicó nada. Dijo que volvería por mí cuando llegara el momento y soltó mi brazo. Nicasio levantó la cabeza y preguntó por su trato. Empezó a ofrecer más animales. Dijo que podía entregar el doble. conseguir más ganado y cumplir cualquier otra condición. El hombre no aceptó y le recordó que había intentado engañarlo. Nicasio insistió, habló de los años que llevaba cumpliendo, de lo que había entregado y de todo lo que estaba dispuesto a dar para conservar su riqueza. El hombre le pidió que se levantara.

12:07 Nicasio obedeció y quedó de pie frente a él. Entonces el hombre acercó una mano a su pecho. No vi un golpe ni una herida, pero Nicacio dejó de hablar. Su cuerpo se tensó y cayó al suelo. Quedó inmóvil. Yo seguía atado. Llamé a Nicacio varias veces, pero no respondió. El hombre volvió hacia mí y tomó otra vez mi brazo marcado. Pasó una uña junto a las tres heridas sin tocarme y dijo que la marca no iba a cerrar. También dijo que empezaría a latir cuando se acercara el día en que regresaría por mí. Después soltó mi brazo, caminó hacia la grieta y descendió. La tierra empezó a cerrarse detrás de él. Cuando el movimiento terminó, el suelo quedó cubierto de tierra suelta y el olor a azufre permaneció un rato. Intenté soltarme, pero las manos me dolían y apenas podía mover los dedos. Tiré de una de las cuerdas hasta que el nudo cedió un poco. Giré la muñeca y seguí forzando la mano. La piel ya estaba abierta, pero conseguí sacar una mano y después desaté la otra. Me liberé las piernas, me levanté y tuve que apoyarme en el altar para no caer. El brazo seguía sangrando. Me acerqué a Nicacio y le toqué el cuello.

13:29 No sentí pulso. Su cuerpo no reaccionó cuando lo moví por el hombro. Tomé la lámpara, el cuaderno y el cuchillo. Luego busqué el sendero por donde habíamos llegado. No recordaba bien el camino y avancé sin saber si iba en la dirección correcta. En algunos árboles reconocí marcas que había visto durante la ida y las seguí. Varias veces tuve que regresar porque el sendero desaparecía entre la vegetación. Seguí caminando hasta que empezó a amanecer y salí del monte. Llegué a una zona habitada y pedí ayuda. Un hombre me llevó a una clínica. Dije que me habían atacado y no conté lo ocurrido en el altar. Me limpiaron las heridas, atendieron las muñecas y cerraron el corte que Nicacio había hecho con el cuchillo. Cuando revisaron las tres líneas del antebrazo, me preguntaron con qué me habían herido.

14:24 Respondí que no lo sabía. Regresé a mi casa unos días después. Las heridas de las muñecas cerraron y el corte del cuchillo también, pero las tres líneas quedaron abiertas. Fui a consulta varias veces, me limpiaban la zona, me daban tratamiento y me pedían mantenerla cubierta. Se secaba, luego volvía a ponerse roja y a soltar sangre. Ninguno de los tratamientos consiguió cerrarla por completo, así que empecé a cubrir el brazo para que nadie preguntara. Con los meses apareció otro problema. Cerca de medianoche la marca empezó a latir. Al principio creí que sentía el pulso de una vena, pero la sensación estaba concentrada en las tres líneas. Durante el día no ocurría, por la noche comenzaba y aumentaba durante varios minutos. La primera vez recordé lo que aquel hombre me había dicho antes de entrar en la grieta.

15:22 La herida seguía abierta y hacía exactamente lo que él había anunciado. Guardé el cuaderno de Nicasio durante meses, y cuando por fin lo revisé, encontré nombres, fechas, cantidades de animales y anotaciones breves. En varias aparecía la palabra forastero junto a un nombre. Conté siete. No sabía quiénes eran ni qué había ocurrido con ellos. Seguí revisando hasta encontrar mi nombre. Nicasio lo había escrito antes de llevarme al monte. Junto a mi nombre había una sola palabra, pendiente. Cerré el cuaderno y lo guardé otra vez. Desde entonces seguí trabajando y pagando mis deudas. No regresé a Catemaco ni busqué a otra persona para quitarme la marca, y tampoco volví a preguntar por amuletos. La herida permaneció en mi brazo y durante mucho tiempo latió solamente cerca de medianoche, pero en los últimos días empezó a hacerlo antes y con más fuerza. Una mañana encontré sangre seca en la manga, y al día siguiente volvió a abrirse más de lo normal.

16:30 Dejé de ir al médico porque siempre terminaba escuchando lo mismo, limpiar la herida, cubrirla y esperar. Esta noche me quedé en casa, cerré las puertas, revisé las ventanas y dejé las luces encendidas. La marca empezó a latir antes de lo habitual. El dolor subió desde la muñeca hasta el codo y las tres líneas volvieron a sangrar. Después apareció un olor dentro de la casa. Fui a la cocina, revisé el calentador y recorrí los cuartos, pero no encontré nada que lo explicara. El olor siguió aumentando hasta que lo reconocí. Era el mismo que había sentido aquella noche en el monte. Era azufre. La marca sigue latiendo mientras escribo esto. El olor no se ha ido y cada vez entra más aire caliente por el pasillo. No sé cuánto falta ni qué va a ocurrir cuando llegue. Solo sé que la herida nunca cerró y que aquel hombre dijo que volvería por mí. Ahora estoy seguro de que ya viene.