La Deuda Que No Terminé De Pagar: La BRUJA Del Manglar - Historias De Terror - REDE
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0:05 Regresé a mi pueblo, después de casi veinte años de no pisar esa tierra. HabÃa crecido entre el olor a sal y lodo del manglar, pero la ciudad me habÃa ido borrando de a poco. La costumbre del calor pegajoso y los zancudos que se metÃan hasta por las costuras de la ropa. Volvà porque tenÃa que vender la casa de mi tÃa Celia, una construcción vieja de techo de lámina, levantada sobre pilotes a orillas del canal. Ella habÃa muerto hacÃa ya cuatro años, y nadie del pueblo quiso hacerse cargo de su casa, pues decÃan que ahà se sentÃan cosas.
0:46 El camino que llevaba hasta allá estaba cubierto de maleza, con el agua estancada en los costados y las raÃces de los mangles sobresaliendo como huesos. El aire tenÃa ese olor espeso a humedad, mezclada con podredumbre. un olor que no se olvida aunque pasen los años. Al fondo, entre los troncos retorcidos, se alcanzaba a ver el reflejo verdoso del agua del canal. La casa de mi tÃa seguÃa igual. Las paredes manchadas, el techo hundido por el salitre y las ventanas cubiertas con trapos oscuros. Siempre habÃa escuchado que la gente le tenÃa miedo. DecÃan que curaba con hierbas, pero también que hacÃa trabajos. Algunos aseguraban que enterraba cosas en el patio para enfermar a la gente que le debÃa dinero. o para callar a quienes hablaban de más a mà me crió unos meses cuando mi madre enfermó y aunque era dura nunca le vi hacer nada raro sólo recuerdo que por las noches se sentaba frente al altar y murmuraba oraciones que no estaban en ningún catecismo Cuando empujé la puerta, el aire adentro era más caliente que afuera. Todo seguÃa en su sitio. Los frascos de alcohol en una repisa, las botellas de vidrio con lÃquidos oscuros, los ramos secos de plantas colgados del techo. En la mesa habÃa una libreta gruesa cubierta de polvo. La abrà y encontré nombres escritos con lápiz, algunos tachados, otros con
2:18 fechas al lado. Mi madre estaba entre ellos y junto a su nombre decÃa« Pagado». Recordé que mi tÃa siempre repetÃa lo mismo, todo lo que se hace se paga en la misma tierra. Al caer la tarde, me senté en la galerÃa a revisar papeles. El cielo se habÃa vuelto rojo y el zumbido de los insectos era tan fuerte que parecÃa venir de todos lados. No habÃa electricidad, asà que encendà una lámpara de pilas y seguà leyendo la libreta. Entre las páginas, una hoja doblada tenÃa mi nombre, escrito con la misma letra. No habÃa fecha ni palabra alguna al lado, solo mi nombre. Guardé la libreta y salà al patio a tomar aire. La luna apenas iluminaba el canal, pero el reflejo alcanzaba para ver el lodo brillar entre las raÃces del mangle. Fue entonces cuando escuché un sonido, como si alguien arrastrara algo pesado por el suelo, una bolsa o un costal húmedo. Pensé que podÃa ser un animal y avancé despacio hacia el ruido. El suelo estaba blando y se me hundÃan los zapatos. El arrastre se detuvo y solo quedó el sonido de las ranas y el agua moviéndose a lo lejos. Alumbré con la lámpara y vi unas huellas frescas sobre el barro, pequeñas, más chicas que las de un adulto, con los dedos hundidos hasta el fondo. No eran de perro ni de cerdo, y estaban tan marcadas que se notaba el borde de
3:49 las uñas. SeguÃan hacia el manglar en lÃnea recta hasta perderse entre las raÃces. me quedé quieto varios segundos escuchando en el aire se mezclaba el olor de lodo con algo más un olor agrio como carne guardada mucho tiempo di unos pasos más y el agua del canal se movió sola haciendo ondas lentas aunque no soplaba el viento sentà que me observaban desde adentro detrás de los troncos regresé a la casa sin mirar atrás cerré la puerta y me senté en la silla de la cocina con la lámpara alumbrando el suelo el ruido del arrastre volvió pero más lejos como si se alejara entre el manglar aún asà el aire seguÃa igual de pesado y cada tanto se escuchaba un chapoteo corto como si algo saliera o entrara al agua esa noche no dormà me quedé observando la libreta sobre la mesa con la hoja donde estaba mi nombre abierta afuera los zancudos seguÃan zumbando y el calor no bajó ni un grado De madrugada, cuando el gallo del vecino cantó, salà otra vez al patio.
4:57 Las huellas seguÃan ahÃ, marcadas con precisión, pero algo habÃa cambiado. Ya no terminaban en el manglar, venÃan de regreso y se detenÃan justo frente a la puerta de la casa. Decidà quedarme unos dÃas más para limpiar la casa antes de ponerla en venta. habÃa humedad en todas partes los cajones hinchados me parecÃa injusto dejarla asà como si nadie la hubiera habitado además necesitaba revisar bien los papeles y asegurarme de que no quedaran documentos de valor el pueblo estaba casi vacÃo los pocos vecinos que seguÃan ahà sólo salÃan temprano y regresaban antes de que oscureciera una tarde mientras barrÃa la galerÃa se acercó un hombre con sombrero de palma tenÃa la piel curtida por el sol y las manos llenas de manchas Dijo llamarse don Eliseo, que vivÃa más arriba del otro lado del camino. Se detuvo a cierta distancia sin atreverse a cruzarla cerca. Me preguntó si pensaba quedarme mucho tiempo, y cuando le dije que tres o cuatro dÃas me miró con seriedad, dijo que nadie debÃa dormir en esa casa más de tres noches seguidas.
6:11 No me explicó por qué, solo dijo que mi tÃa nunca se fue del todo y que el aire del lugar se cargaba después del tercer dÃa. No le creÃ, pero su forma de hablar me dejó intranquilo. Me limité a agradecerle y seguà barriendo. Esa noche el calor se volvió insoportable, no era el mismo bochorno del dÃa. sino un calor que subÃa desde el suelo. Me costaba respirar pues el aire estaba espeso. OlÃa a sal y a tierra mojada. Entré al baño para lavarme la cara y noté que del drenaje salÃa una espuma oscura. El agua no corrÃa. Se formaba un charco con un olor ácido, pesado, que me obligó a cubrirme la boca. Intenté limpiar con una varilla y sentà que algo duro se atoraba en el tubo. Quité la tapa del registro y entre el agua negra encontré una bolsa amarrada con hilo rojo. Era del tamaño de una mano, pero el nudo estaba tan apretado que tuve que cortarlo con una navaja. Adentro habÃa cabello enredado, una uña y un pedazo de papel doblado muchas veces. Lo abrà con cuidado y vi mi nombre completo que estaba escrito ahÃ, con la misma letra que en la libreta. El papel estaba manchado como si lo hubieran guardado húmedo. En ese momento me mareé. Sentà una presión en el pecho y un temblor leve en los brazos.
7:39 El aire dentro del baño se volvió más caliente y tuve que salir para no vomitar. Me senté en el suelo de la cocina. El dolor en el pecho iba y venÃa, y cada vez que respiraba profundo sentÃa un pinchazo. Pensé que era por el calor o por los años de cigarro. Pero algo en mi cabeza no dejaba de dar vueltas. La bolsa, mi nombre y el drenaje tapado. Tomé la libreta de la tÃa y la revisé de nuevo. En una de las últimas páginas estaba mi nombre, junto al de mi madre. Al lado del suyo decÃa« pagado», pero al lado del mÃo, con letra firme, decÃa« pendiente».
8:22 El dolor en el pecho volvió más fuerte. me levanté para tomar agua pero las manos me temblaban tanto que derramé el vaso afuera los insectos zumbaban sin parar esa noche intenté dormir en una hamaca del corredor pero el sueño no me llegó pues cada tanto se escuchaba el arrastre otra vez igual que la primera noche sólo que más cerca No era un ruido constante, sino intervalos largos, como si algo pesado se moviera por el lodo y luego se detuvieran a escuchar. Me quedé inmóvil, con la lámpara apuntando al patio. A eso de las dos de la madrugada, vi movimiento entre los mangles. Eran figuras delgadas, oscuras, que se deslizaban entre el agua y la tierra, sin hacer ruido. No tenÃan forma definida, pero se distinguÃan por el brillo del lodo en sus cuerpos. ParecÃan avanzar a la par, doblándose y levantándose como si respiraran. Me levanté para acercarme un poco, pero al dar el primer paso se escuchó un chapoteo seco en el canal, y las figuras desaparecieron. Regresé al interior y cerré la puerta con tranca.
9:33 El calor no bajaba y el zumbido seguÃa en los oÃdos como un silbido constante. Cuando amaneció, bajé al canal con intención de revisar el agua. La superficie estaba llena de hojas y ramas y un olor a podrido salÃa desde la orilla. Noté algo flotando más lejos, un bulto alargado que se movÃa lento con la corriente. tomé una rama para acercarlo era un costal viejo amarrado en las puntas estaba hinchado y de adentro salÃa un lÃquido oscuro que se mezclaba con el agua con esfuerzo logré arrastrarlo hasta la orilla y el nudo se dio y el costal se abrió de lado dentro habÃa trapos húmedos y huesos pequeños que la verdad no parecÃan de animal algunos tenÃan forma de falanges otros eran planos como los de una costilla pero el olor me revolvió el estómago al tocar uno de los trapos noté que tenÃa cosido un pedazo de tela blanca con letras escritas a mano alcancé a leer sólo una palabra deuda lo solté de inmediato y retrocedà hasta tropezar con las raÃces el costal se hundió despacio como si algo lo jalara desde abajo y en cuestión de segundos desapareció me quedé mirando el agua hasta que dejó de moverse El sol apenas salÃa y ya se sentÃa el calor subiendo desde el suelo. Quise pensar que todo tenÃa una explicación, pero el pecho me dolÃa más y la piel me ardÃa, como si me
11:04 hubieran raspado. Subà al porche y vi en la pared junto a la puerta una marca reciente, tres lÃneas cruzadas con algo oscuro, como si las hubieran hecho con carbón o con sangre seca. ahà entendà que no debÃa haber pasado la tercera noche en esa casa no dormà el resto de la noche el dolor en el pecho seguÃa aunque más leve y la marca en la pared parecÃa más oscura que antes apenas amaneció empecé a empacar lo poco que habÃa traÃdo querÃa largarme de ahà antes de que el sol subiera afuera el aire era espeso y una neblina baja cubrÃa el canal Caminé hacia la camioneta, pero el motor no encendió. Giré la llave una y otra vez hasta que el sonido se apagó por completo.
11:53 Revisé el teléfono, pero estaba sin señal. Era como si el aire mismo bloqueara todo lo que venÃa de afuera. Decidà irme a pie. La carretera quedaba a unos tres kilómetros, y conocÃa bien el camino. tomé una mochila y cerré la casa sin mirar adentro el suelo estaba húmedo las huellas de los dÃas anteriores seguÃan marcadas y más profundas como si algo las hubiera hundido con fuerza durante la noche caminé por la vereda de lodo y ramas secas avanzando entre el zumbido de los insectos pero a cada paso el olor del manglar se volvÃa más fuerte Cuando pasé junto al canal, noté movimiento entre las raÃces. Pensé que era un animal, pero el ruido era diferente, más pausado, como el de alguien respirando despacio. Me detuve y miré con atención. Entre los mangles, sentada sobre el barro, habÃa una mujer. TenÃa el cabello cubierto de lodo, caÃdo sobre la cara, y los brazos descansando sobre las rodillas. Llevaba un vestido que parecÃa hecho con trapos viejos y el agua le llegaba hasta la cintura. Sentà un escalofrÃo cuando levantó la cabeza. La lámpara que traÃa en la mochila alcanzó a iluminarle el rostro y me quedé helado. era igual a mi tÃa celia la piel húmeda los ojos abiertos el mismo lunar junto a la nariz todo idéntico
13:23 salvo que su voz no sonaba como la recordaba dijo mi nombre sin moverse luego con un tono seco repitió nadie sale con deuda no supe qué responder quise convencerme de que era una alucinación pero el olor del barro y la forma en que el agua se movÃa a su alrededor eran demasiado reales y luego me volvió a hablar me dijo viniste a pagar lo que quedó pendiente retrocedà sin dejar de verla y cada paso se sentÃa pesado como si el lodo me tirara de los tobillos cuando di la vuelta para correr escuché como el agua del canal se agitaba detrás de mà salpicando con fuerza no quise mirar corrà hasta la casa jadeando con el corazón latiéndome en la garganta entré y tomé las llaves la mochila y la libreta afuera el aire habÃa cambiado todo estaba quieto no se oÃa ni los grillos ni las ranas y el calor seguÃa pero el ambiente se sentÃa vacÃo como si el mundo se hubiera detenido por un instante cuando bajé al camino sentà un zumbido agudo en los oÃdos era el mismo sonido que habÃa escuchado antes pero más fuerte como si viniera desde adentro de mi cabeza El suelo empezó a moverse bajo mis pies, la verdad. Me costaba mantener el equilibrio. El zumbido se mezclaba con un rumor, algo parecido a una respiración. Quise seguir avanzando, pero las piernas me fallaron, y sentà que
14:56 el pecho se apretaba y que el aire se me escapaba. En eso, alcancé a ver el manglar moverse, como si algo grande pasara por debajo del agua. después todo se volvió oscuro desperté al dÃa siguiente tirado en el porche cubierto de barro tenÃa las manos sucias hasta los codos y una marca roja en el pecho redonda del tamaño de una moneda grande Me dolÃa al tocarla como si me hubiera quemado. El sol ya estaba alto y la camioneta, sin explicación, encendió al primer intento. Subà sin revisar nada más y conduje hasta la carretera, sin voltear la vista hacia atrás. El pueblo quedó a mis espaldas y no regresé.
15:39 Vendà la casa por medio de un abogado unos meses después, sin volver a poner un pie en esa tierra. Con el tiempo supe por conocidos que la demolieron. DecÃan que, durante las obras, el agua del canal subÃa y se volvÃa espesa, como si hirviera. Los trabajadores no duraban más de un dÃa, y algunos aseguraban haber visto luces moviéndose entre los manglares al anochecer. Pasaron los años y nunca logré olvidar lo que vi aquella madrugada. a veces sueño con el mismo camino con la neblina cubriéndolo todo y el zumbido en los oÃdos pero en esos sueños siempre escucho la misma frase dicha con la voz de mi tÃa nadie sale con deuda una vez en una visita a veracruz platiqué con un pescador viejo que conocÃa bien la zona Me contó que todavÃa hay quienes ven una figura de mujer entre los manglares, sentada, con el cabello lleno de lodo. Dicen que por las noches, cuando baja la marea, se escuchan voces que repiten nombres, y uno de ellos es el mÃo. No sé si creerlo, pero desde entonces evito pasar cerca del mar. Me basta con sentir el olor del lodo para que el pecho me empiece a doler, justo donde quedó la marca. A veces pienso que la deuda nunca se pagó, que solo me dejaron ir un tiempo, y cuando el aire se vuelve caliente de golpe, como si subiera desde el suelo. Sé
17:10 que algo sigue moviéndose allá, entre las raÃces, esperando que alguien vuelva a esa casa que ya no existe. Fui con la esperanza de poder conseguir algo de dinero por la casa, como una herencia. Pero lo único que heredé de esa bruja fue una deuda con algo más terrible de lo que me puedo imaginar. Mi herencia fue una maldición, que yo ni culpa tengo, ni siquiera sé de qué se trata, pero ahora tengo que pagar.
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