La Brujería De Mi Ex: Me trabajó Con Comida - Historias De Terror - Voces De La Noche
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0:05 Antes de que todo empezara, mi vida era sencilla. VivÃa solo en un departamento chico, en una zona ruidosa de la ciudad, pero cómoda para mÃ. Trabajaba de lunes a sábado en una oficina. Me consideraba una persona tranquila. Nunca fui fiestero, ni de andar en la calle toda la noche. Con mi exnovia estuve varios años. Al principio todo fue normal, como cualquier relación. Salidas sencillas, mensajes diarios y llamadas por la noche. el problema empezó cuando se volvió celosa se molestaba por cada persona nueva que me seguÃa en redes sociales me pedÃa que borrara fotos que dejara de reaccionar a publicaciones de amigas y que le explicara quién era cada contacto revisaba mis historias y me marcaba la hora exacta en la que subÃa cada cosa si veÃa que estaba en algún lado y no se lo habÃa dicho se armaba una discusión esos pleitos se volvieron costumbre Yo llegaba del trabajo cansado y en lugar de descansar tenÃa que responder interrogatorios por mensajes. Me reclamaba por los comentarios que me dejaban, por los que yo hacÃa y hasta por los estados que ponÃa. Si salÃa con amigos, querÃa fotos en el momento para comprobar con quién estaba. Aún asÃ, seguà con ella por costumbre, por cariño viejo y porque me daba flojera empezar de cero con alguien más. La pelea final fue distinta. Esa tarde nos vimos en mi departamento.
1:35 Ella tomó mi teléfono sin preguntar y se puso a revisar conversaciones. Encontró un chat con una amiga del trabajo donde hablábamos de cosas normales, pero para ella fue suficiente. Me dijo que yo la engañaba, que llevaba tiempo haciéndolo y que solo esperaba la oportunidad para atraparme. Me aventó el teléfono en la cama y empezó a señalar cada notificación, cada reacción en redes sociales, como si fueran pruebas de un delito. Yo me cansé y le dije que ya no soportaba sus celos y que ahà se terminaba todo. Discutimos fuerte. Me dijo que yo le habÃa hecho perder años de su vida y que no iba a quedarse con los brazos cruzados. Entre insultos soltó que me iba a hacer pagar por todo. No lo dijo en broma ni en tono de coraje pasajero, lo dijo en serio, con los ojos clavados en mÃ. Después se fue dando un portazo. Ese mismo dÃa la bloqueé de todas partes, llamadas, mensajes, redes sociales. Pensé que con eso se cortaba cualquier contacto y que poco a poco se le pasarÃa el coraje.
2:48 Los primeros dÃas después de la ruptura me sentà raro, pero creà que era normal. DormÃa un poco inquieto, pensaba en las discusiones y repasaba lo que se habÃa dicho. A la semana empecé a notar algo distinto. Llegaba del trabajo con un cansancio que no correspondÃa a lo que hacÃa. Me dolÃa la cabeza casi todo el tiempo y en la oficina me costaba concentrarme. LeÃa correos dos veces porque se me iba la vista. Fui al médico. Me tomó la presión, revisó mi garganta, mis pulmones y me mandó a unos análisis de sangre. Cuando regresé con los resultados, me dijo que todo salÃa bien. Comentó que podÃa hacer estrés por la ruptura, que tomara vitaminas, comiera mejor y tratara de descansar. Compré las vitaminas y regresé a mi rutina, convencido de que en unos dÃas me sentirÃa igual que antes.
3:46 Pero los sÃntomas siguieron. La comida empezó a cambiar de sabor. El pollo que siempre preparaba con verduras me sabÃa amargo, como si estuviera pasado, aunque lo acabara de hacer. El café me dejaba un gusto raro en la lengua. y el agua que tomaba en el departamento a veces me sabÃa a metal. Pensé que era la tuberÃa, asà que empecé a comprar garrafones nuevos, pero la sensación regresaba de vez en cuando. Lo curioso era que cuando comÃa algo en la calle me sabÃa normal. En ese tiempo comenzaron los sueños. No eran pesadillas llenas de gritos ni persecuciones. Eran más simples, pero me dejaban inquieto. En uno de ellos ella estaba parada en la puerta de mi cuarto, viéndome dormir sin hablar. En otro estaba en mi cocina, de espaldas, moviendo una cuchara dentro de una olla, como si preparara algo. yo no podÃa acercarme ni moverme sólo la veÃa siempre despertaba con el corazón acelerado la espalda sudada y una sensación de que todavÃa estaba ahà aunque al abrir los ojos el cuarto estuviera vacÃo dentro del departamento también empezaron a pasar cosas concretas una mañana al tender la cama vi cabellos largos en la almohada eran varios enredados yo llevaba el pelo corto asà que no eran mÃos pensé que habÃan quedado de alguna visita anterior
5:19 pero ya llevaba tiempo sin que nadie se quedara a dormir Otro dÃa, mientras limpiaba la pared junto a la cama, noté manchas alargadas como si algo se hubiera escurrido desde arriba hacia abajo y se hubiera secado. Las tallé con un trapo húmedo, pero dejaron una sombra rara en la pintura. En la cocina apareció un olor complicado de describir. No era comida echada a perder porque revisé el refrigerador, el bote de basura y la despensa. era un olor pegajoso que se quedaba en la nariz aunque abriera la ventana encendÃa el ventilador tiraba la basura tallaba la estufa y aún asà al rato el olor regresaba no era constante pero aparecÃa sobre todo en las noches cuando ya iba a dormir cada semana me sentÃa más débil la ropa me quedaba floja y el cinturón me quedaba en otro agujero subir las escaleras del edificio me costaba más trabajo sentÃa las piernas pesadas como si hubiera corrido todo el dÃa aunque sólo hubiera ido de la oficina a la casa Las vitaminas no hacÃan la diferencia. Empecé a faltar algunos dÃas al trabajo porque me despertaba sin fuerza y con la cabeza dando vueltas. Llegó un punto en el que ya no pude convencerme de que todo era estrés.
6:43 Miraba mi cara en el espejo y veÃa los ojos hundidos, ojeras marcadas y la piel pálida. Ahà es que recordaba las palabras de mi ex, las veces que prometió que me iba a hacer pagar por lo que según ella le habÃa hecho. Pensaba en los cabellos, en la almohada, en las manchas de la pared, en el olor de la cocina y en el sabor metálico del agua. Entre todo eso y el cansancio que me estaba consumiendo, la idea se clavó en la mente. Alguien me estaba haciendo daño, y la única persona que encajaba en esa historia era ella. El dÃa que encontré la bolsa no estaba buscando nada raro.
7:25 Solo querÃa limpiar bien el cuarto, porque sentÃa el departamento cargado, pesado. HabÃa dejado pasar varios dÃas sin barrer debajo de la cama ni mover los muebles, y pensé que a lo mejor el polvo me estaba empeorando el malestar. Corrà la cama hacia un lado, arrastrándola con esfuerzo, porque ya para entonces cualquier movimiento me dejaba sin aire. cuando por fin la separé de la pared vi algo metido hasta el fondo era una bolsa aplastada contra el muro casi pegada al rodapié me agaché despacio porque la cabeza me zumbaba la tomé con la mano y sentà la textura del plástico arrugado no era bolsa de tienda sino una bolsa simple de esas que se usan para guardar cosas sueltas estaba cerrada con cinta enredada varias veces tenÃa polvo encima pero no tanta como para decir que llevaba años ahà lo primero que pensé fue que alguien la habÃa puesto a propósito Me senté en la orilla de la cama con la bolsa en las manos. El corazón me latÃa rápido, no solo por el esfuerzo. Dudé un momento si tirarla directo a la basura o abrirla, pero al final quise saber qué traÃa. Quité la cinta con cuidado, despegándola por partes y la abrÃ. Adentro habÃa tierra oscura, húmeda en algunas zonas, pegada a las paredes del plástico. Mezclados con la tierra habÃa granos de sal gruesa. Se sentÃan duros
8:57 entre los dedos. También vi papeles doblados. Los saqué uno por uno. Los abrà y vi mi nombre completo escrito varias veces con letra apretada, repetido en distintas direcciones. Entre la tierra salió una foto. era una foto mÃa doblada por la mitad me reconocà al instante era una que habÃamos compartido en su momento de una salida cualquiera la imagen estaba manchada con una parte oscura justo sobre mi cara seguà revisando y encontré clavos pequeños oxidados clavados en trozos de cartón habÃa hilos negros y rojos enredados y atados en nudos firmes al fondo de la bolsa apareció un pedazo de tela cuando lo limpie con los dedos supe que era de una playera mÃa que se me habÃa perdido meses antes tenÃa una esquina quemada y varias manchas secas en el centro en ese momento sentà que el estómago se me cerraba pues nadie tiene llaves de mi casa y nadie entra cuando no estoy yo no puse eso ahà sabÃa perfectamente qué cosas guardaba debajo de la cama cajas viejas unos zapatos y nada más esa bolsa no pertenecÃa a ese lugar pues no era basura olvidada al entender eso se me vino su imagen a la mente recordé cada vez que me dijo que conocÃa gente que arreglaba problemas las amenazas de la última pelea y la forma en que me dijo que me iba
10:27 a hacer pagar todo ya no sonaba a rabieta sonaba a un plan desde ese dÃa todo se fue más abajo subir las escaleras del edificio se convirtió en un reto VivÃa en un tercer piso y tenÃa que detenerme en el descanso del segundo, agarrarme del barandal y respirar hondo, porque sentÃa que el pecho no se abrÃa, las piernas se me aflojaban, el corazón se me aceleraba como si hubiera corrido. Los mareos aumentaron. A veces se me nublaba la vista solo con levantarme del sillón y las náuseas aparecÃan sin aviso, aunque no hubiera comido nada. El peso se me fue a una velocidad que me asustaba y los pantalones me quedaban flojos. Empecé a faltar seguido al trabajo.
11:16 Mandaba mensajes diciendo que seguÃa enfermo. HabÃa dÃas en que ni siquiera tenÃa fuerza para bañarme temprano. Me levantaba, daba unos pasos y tenÃa que sentarme de nuevo en la cama, con el pulso en los oÃdos. El desmayo me llegó en el baño. Me estaba lavando la cara porque sentÃa calor, sudor frÃo y un cosquilleo raro en la nuca. Me miré en el espejo y casi no me reconocÃ. TenÃa los ojos hundidos, las mejillas chupadas, la piel sin color. Me apoyé un segundo en el lavabo y después ya no supe más. Desperté en el piso con la camisa mojada y la toalla tirada al lado. No supe cuántos minutos estuve ahÃ. Me levanté como pude, con las manos temblando.
12:03 Esa escena me terminó de convencer de que asà no podÃa seguir. Le hablé a mi madre. No le quise dar todos los detalles en una sola frase, pero le conté lo principal, que llevaba dÃas sintiéndome muy mal. que los médicos no encontraban nada grave y que habÃa bajado mucho de peso y que me habÃa desmayado luego le mencioné la bolsa que habÃa encontrado y lo que traÃa dentro le expliqué todo guardó silencio unos segundos y luego me dijo directo que eso era brujerÃa que si no movÃamos algo me iba a ir apagando poco a poco vino al dÃa siguiente cuando me vio en la puerta se le notó el impacto aunque trató de verse tranquila Entró, le enseñé la bolsa sobre la mesa y volvimos a revisar el contenido. Dijo que eso no era ninguna broma, que alguien habÃa trabajado con mis cosas para hacerme daño.
12:59 Me comentó que esto ya no era asunto de pastillas ni vitaminas y que me iba a llevar con una bruja que se dedicaba a quitar trabajos asÃ. yo ya estaba tan gastado que acepté sin discutir tomamos un taxi hasta una colonia vieja la casa quedaba al fondo de una calle angosta por fuera parecÃa una casa cualquiera con una puerta sencilla y unas pocas macetas adentro olÃa a jabón café recién hecho y un poco a humo de hierbas no habÃa adornos exagerados frente a la entrada habÃa una mesa unas sillas y un pequeño altar La mujer salió de un cuarto, saludó a mi madre y luego me miró con atención, como si me estudiara. Me pidió que me sentara y me preguntó cómo me sentÃa. Le expliqué lo básico y antes de que yo le mencionara la bolsa, ella me dijo que no traÃa una simple enfermedad, que veÃa un trabajo encima hecho con cosas personales. Entonces mi madre sacó la bolsa de la mochila, la bruja la abrió, sacó las cosas y los acomodó sobre la mesa.
14:08 y dijo que eso era para secar a una persona por dentro que no era para un susto de unos dÃas que quien habÃa mandado hacer eso querÃa verme consumido sin fuerza hasta dejarme en la cama me colocó en una silla en medio del cuarto encendió una vela blanca y empezó a pasarla alrededor de mi cuerpo de la cabeza a los pies hizo unas oraciones y prendió unas hierbas que tenÃan un olor bastante fuerte sacó un mazo de hierbas y me las pasó por todo el cuerpo ahà en ese punto me empezaron las náuseas me lloraban los ojos sentÃa escalofrÃos en la espalda me acercaron una cubeta y terminé vomitando un lÃquido espeso de olor agrio que me dejó temblando la mujer me dijo que eso era parte del trabajo me afirmó que ya se estaba moviendo el trabajo en mà pero que todavÃa quedaba por limpiar Luego me preguntó si sospechaba de alguien. Le dije el nombre de mi ex y le conté cómo habÃa sido la relación, los celos, la pelea final y las amenazas.
15:15 Ella asintió y confirmó que el trabajo venÃa de una mujer cercana con la que compartà cama y comida. Dijo que podÃa limpiarme y cortar el daño, o limpiarme y regresarle todo a la persona que lo mandó. Yo, cansado y lleno de coraje, acepté que lo quitara de mà y se lo regresara a ella, aunque en el fondo supiera que eso podÃa terminar muy mal para mi ex. La bruja no hizo el ritual de regreso ese mismo dÃa. Dijo que primero necesitaba que yo descansara un poco. que comiera algo ligero y que durmiera, porque el cuerpo estaba muy débil. Volvimos dos dÃas después. Para entonces seguÃa mareado, pero ya no tan mal como la primera vez. El simple hecho de haber vomitado y de haber soltado algo aquella tarde me habÃa dado un pequeño respiro. Cuando llegamos, la casa estaba en silencio. La mujer nos hizo pasar directo al cuarto donde tenÃa la mesa. Sobre la superficie habÃa velas nuevas, un recipiente de barro vacÃo y a un lado, la bolsa con la tierra y los objetos que habÃamos llevado la primera vez. Me pidió una foto reciente de mi ex. La habÃa conseguido en redes sociales y la imprimà en una papelerÃa. La puse sobre la mesa.
16:38 Ella la miró con atención, sin hacer ningún comentario. Me explicó con pocas palabras lo que iba a hacer. UsarÃa mi nombre completo y el de ella, la bolsa que encontramos en mi casa, la foto, mi fecha de nacimiento y la suya. dijo que el trabajo que me habÃan hecho no se iba a perder que sólo iba a cambiar de dirección aclaró que yo tenÃa que estar seguro de lo que estaba pidiendo porque una vez que empezara no iba a haber marcha atrás yo asentà la verdad no tenÃa nada más que decir en mi cabeza sólo estaban los dÃas tirado en la cama los desmayos el peso que habÃa perdido y la sensación de que me estaba apagando la bruja colocó primero mi foto sobre la mesa boca arriba encima colocó un papel con mi nombre completo y mi fecha de nacimiento a un lado puso la foto de mi ex también boca arriba con su nombre y sus datos escritos en otro papel Luego las acercó hasta dejarlas frente a frente, casi pegadas. Encendió varias velas alrededor, solo las suficientes para dar luz directa a las fotos y al recipiente de barro. Tomó la bolsa y vació el contenido en el recipiente. La tierra cayó primero, luego los granos de sal, los papeles con mi nombre, los clavos, los hilos y el pedazo de tela. Lo mezcló con las manos sin miedo hasta que todo quedó revuelto.
18:07 Mientras lo hacÃa decÃa en voz clara que todo lo que estaba ahà habÃa sido usado para dañarme a mÃ, pero que ahora regresaba a la persona que lo pidió y lo pagó. No gritaba, no hacÃa gestos raros. Solo hablaba firme, como alguien que está dando una orden. Mientras la escuchaba, empecé a sentir una presión en el pecho, como si algo pesado se acomodara adentro. Me faltó el aire unos segundos. Tuve que enderezar la espalda para respirar mejor. Después, poco a poco, la presión se fue aflojando. El aire entró más fácil y y sentà un escalofrÃo que me recorrió la espalda como si me hubieran tirado agua frÃa las manos se me enfriaron me sudaban las palmas el cansancio se hizo más grande pero distinto como el que llega después de terminar una tarea pesada la bruja siguió moviendo la mezcla en el recipiente y repitió el nombre de mi ex varias veces dejando claro que todo regresaba a ella yo solo la escuchaba con la vista fija en la mesa me pesaban los párpados el cuerpo se me aflojaba poco a poco era una mezcla rara de alivio y agotamiento me dieron ganas de cerrar los ojos ahà mismo cuando terminó recogió un poco de aquella tierra y la apretó con fuerza entre las manos mientras seguÃa hablando luego la dejó caer de nuevo dentro del recipiente me dijo que a partir de ese momento el trabajo
19:39 salÃa de mi cuerpo y se dirigÃa hacia la persona que lo habÃa mandado me advirtió que yo no iba a sanar de un dÃa para otro pero que los sÃntomas iban a ir bajando poco a poco También me dejó claro que mi ex iba a empezar a sentir lo que yo habÃa sentido. En la misma lÃnea, solo que más rápido, porque el trabajo ya estaba despierto. Al final apagó algunas velas, dejó otras encendidas en el altar y me dijo que me levantara despacio. Me temblaban las piernas, me sentÃa como si hubiera trabajado todo el dÃa bajo el sol. TenÃa sueño, pero un sueño pesado. nos recomendó irnos a casa no salir a ningún otro lado y dejar que el cuerpo hiciera su parte dijo que la mezcla que habÃa preparado no se quedarÃa ahà que tenÃa su forma de concluir pero de eso ya no me dio detalles sólo recalcó que no hablara con mi ex que no intentara buscarla ni escribirle que lo nuestro ya estaba cerrado al menos en el plano donde ella se movÃa los dÃas siguientes fueron extraños pero distintos a las semanas anteriores el primer cambio fue en el sueño esa noche dormà de corrido no tuve sueños con mi ex parada en mi cuarto ni caminando en mi cocina me desperté cansado pero no con la sensación de muerte encima comà un poco más pues la comida ya no me supo tan amarga el agua ya no tenÃa el sabor
21:12 tan marcado a metal los mareos seguÃan pero menos intensos podÃa caminar por la casa sin que todo se moviera como antes fui de nuevo al médico para un control me revisó la presión el corazón los pulmones Notó que aunque seguÃa bajo de peso, al menos ya no iba en caÃda libre. Dijo que fÃsicamente me veÃa un poco más estable que la última vez. No tenÃa cómo explicarlo, pero yo sÃ. SabÃa que algo se habÃa desplazado. Por otro lado, me empezaron a llegar noticias de mi ex. Primero, fueron comentarios sueltos. Un conocido me escribió para decirme que la habÃa visto muy cambiada, demasiado flaca, con la cara hundida y que parecÃa enferma. Luego supe que habÃa dejado de ir al trabajo, que se sentÃa sin fuerzas y que no comÃa. Me dijeron que se mareaba, que se desmayaba de repente, que la llevaban a hospitales y que los médicos no encontraban una causa clara. Cada sÃntoma que escuchaba era una copia de lo que yo habÃa vivido. Náuseas, dolor de cabeza, falta de aire y caÃda de peso rápida.
22:22 No intenté verla y no la busqué en persona ni por teléfono, pues me limité a escuchar lo que otros contaban. Cada nueva noticia la comparaba con mis dÃas en el departamento, tirado en la cama sin fuerzas. No era alegrÃa lo que sentÃa, tampoco lástima pura. Era una mezcla complicada. por un lado entendÃa que estaba recibiendo lo que habÃa mandado pero por otro sabÃa que una cosa era querer que dejara de dañarme y otra muy distinta aceptar que lo que le estaba pasando la estaba llevando al lÃmite Pasó un tiempo y un dÃa recibà el aviso que cerró todo. Me dijeron que habÃa muerto, que los médicos habÃan registrado fallas en varios órganos, deshidratación, desnutrición, pero sin una causa clara, que al final su cuerpo ya no aguantó. Me quedé con el teléfono en la mano varios minutos. Sentà alivio, porque con su muerte se cortaba cualquier intento de seguirme trabajando.
23:24 También sentà miedo real, porque yo habÃa aceptado que le regresaran todo. Y en medio de eso, una culpa que no desaparece del todo aunque yo sepa que no fui el que hizo la bolsa ni el que colocó nada en su casa. Volvà con la bruja una última vez. Le conté que mi ex habÃa muerto y que yo ya me sentÃa mucho mejor. HabÃa recuperado algo de peso, comÃa normal, podÃa subir escaleras sin quedarme sin aire, dormÃa completo y ya no me desmayaba. Ella me dijo que ese era el cierre natural de un trabajo de ese tipo. Me hizo otra limpia rápida con vela y un huevo, solo para asegurarse de que no quedaran restos pegados. Dijo que ya estaba libre pero que eso no querÃa decir, que debÃa confiarme. Me recomendó cuidarme de la gente que guarda rencor y que se obsesiona con el control. Me dijo que tuviera cuidado con lo que acepto de comer o tomar, que no abriera la puerta a cualquiera y que aprendiera a decir que no. Decidà cambiar de vida.
24:28 Dejé ese departamento. Busqué otra zona, otro edificio, otro ambiente. Me llevé solo lo necesario, lo demás lo regalé o lo tiré. Fui varias veces al médico para confirmar que mi cuerpo estaba bien. Poco a poco volvà a una rutina normal. Trabajo, comida y descanso. Ya no era el mismo, aunque por fuera pareciera que sÃ. Aprendà a no aceptar comida ni detalles de personas extrañas. Entendà que la brujerÃa no es un juego ni un chisme de barrio, pues casi pierdo la vida por algo que empezó con celos y terminó en una bolsa escondida debajo de mi cama. Hoy, cada vez que alguien toca mi puerta con algo para que me sienta mejor, recuerdo esa bolsa sobre la mesa y las noticias de mi ex en la cama del hospital.
25:21 Y prefiero decir que no, cerrar la puerta y quedarme en paz, porque ya sé hasta dónde puede llegar el daño cuando alguien decide usarlo de verdad. Antes de que todo empezara, mi vida era sencilla. Trabajaba en una oficina en la ciudad, en un área llena de escritorios, computadoras y ruido de teclados todo el dÃa. Mi lugar estaba junto a una ventana que daba a otro edificio. Entraba, encendÃa la computadora, revisaba correos, contestaba pendientes y asà se me iba la jornada. TenÃa años en ese trabajo. ConocÃa el sistema, conocÃa a los compañeros, conocÃa las temporadas pesadas y las flojas. Era una rutina clara y en cierto modo cómoda. VivÃa solo en un departamento chico a unos minutos de la oficina, un cuarto, sala y cocina juntos, baño pequeño, pero suficiente para mÃ. Me levantaba, me bañaba, me vestÃa, y pasaba por un café de máquina y llegaba a tiempo. ComÃa lo que se podÃa, a veces algo del comedor de la empresa, a veces comida corrida.
26:35 Regresaba a casa, calentaba algo sencillo, revisaba un rato el celular y me acostaba a dormir. Antes de todo esto no tenÃa problemas de salud, no tomaba medicinas, casi no me enfermaba y no padecÃa dolores raros. Me consideraba una persona estable, sin pleitos fuertes con nadie. Las cosas cambiaron cuando llegó la compañera nueva. La contrataron para el área donde estaba yo. Era una joven de unos veintitantos años, de estatura media, cabello oscuro y lacio. Siempre recogido en una coleta o en un chongo sencillo. Se vestÃa con ropa formal, blusas lisas, pantalones negros, zapatos cómodos. SerÃa de apariencia, pero desde el primer dÃa fue muy amable conmigo. Me saludó con una sonrisa, se presentó, me dijo que todavÃa no entendÃa bien el sistema y que si podÃa le explicara algunas cosas. Al principio se acercaba con pretextos de trabajo, se paraba junto a mi escritorio con una hoja en la mano y me preguntaba cómo llenar cierta parte de algún documento, pero siempre pláticas rápidas. Después los acercamientos cambiaron.
27:48 una mañana llegó con dos cafés desechables y dejó uno en mi escritorio dijo que se habÃa confundido al pedir y que le sobraba otro dÃa fue un pan dulce luego un chocolate comentaba que habÃa comprado de más o que le habÃan regalado varios y no querÃa que se echaran a perder Con el tiempo empezó a llevar comida hecha en su casa. Un dÃa llegó con un recipiente de plástico lleno de arroz con pollo. Me dijo que su mamá cocinaba mucho y que le habÃa mandado de sobra. Luego llegó con postres. Me comentaba que a ella le gustaba cocinar, que se relajaba preparando cosas y que le parecÃa mala idea que yo comiera cualquier cosa en la calle.
28:33 Yo lo tomé como una atención y me convenÃa. Cuando coincidÃamos en el horario, comÃamos juntos en la zona de descanso. Ahà empezó a preguntarme más cosas, ya no solo de trabajo. Me preguntó si vivÃa solo o con alguien más. Le dije que vivÃa solo y quiso saber si tenÃa pareja, si mi familia vivÃa en la misma ciudad o en otra. y en qué colonia vivÃa o cuánto tiempo tenÃa en ese departamento de paso me preguntó mi fecha de nacimiento según ella para saber mi signo también querÃa saber qué me gustaba hacer en mis ratos libres si salÃa mucho si tomaba o si me gustaban las fiestas lo hizo con naturalidad como si fueran pláticas comunes Yo respondà sin desconfianza, pues la verdad no vi problema en eso. Me llamó la atención que casi siempre traÃa una libreta pequeña. La usaba para apuntar cosas del trabajo, pero varias veces noté que escribÃa algo mientras hablábamos de temas personales. No me detuve a preguntar qué anotaba. Lo registré en mi mente como un detalle curioso y lo dejé pasar. Con el tiempo empecé a notar otras cosas en su escritorio. Un dÃa, al buscar una engrapadora que me pidió prestada, vi que en uno de sus cajones tenÃa velas guardadas, envueltas en papel.
29:56 A un lado habÃa un frasco con sal y unos papeles doblados. Pensé que serÃan cosas de su casa, que no querÃa dejar tiradas en la bolsa. Cerré el cajón y seguà con lo mÃo. varias veces la escuché hablar por teléfono en voz baja decÃa que tenÃa reunión con las chicas o que ya casi estaba listo lo que le encargaron no mencionaba nombres ni lugares conocidos yo escuchaba eso de fondo pero sin darle mayor peso los cambios en mi cuerpo empezaron después de varias semanas de estar comiendo lo que ella me llevaba primero fue el cansancio terminaba la jornada con una pesadez extra como si el dÃa hubiera sido más largo luego el sueño dormÃa muchas horas pero me despertaba como si no hubiera descansado el dolor de cabeza se hizo constante no era un dolor agudo sino una presión como si trajera una banda ajustada alrededor del cráneo después llegó una sensación rara en el cuerpo sobre todo después de comer pesadez náuseas leves y una especie de malestar general me di cuenta de que eso se repetÃa más los dÃas en que aceptaba su comida los dÃas en que comÃa algo comprado fuera me sentÃa un poco mejor no hice la conexión de inmediato pero la coincidencia estaba ahà las noches también cambiaron empecé
31:27 a tener sueños donde ella aparecÃa en uno de ellos estaba sentado frente a una mesa que no reconocÃa frente a mà estaba ella con la misma ropa de oficina pero a su alrededor habÃa otras mujeres. No las veÃa con claridad, pero sabÃa que estaban ahÃ, sentadas, mirando. En otro sueño estaba en la oficina, pero todos los escritorios estaban vacÃos menos el de ella. Sobre el mÃo habÃa platos, recipientes, servilletas con manchas, como si hubieran servido comida ahÃ. Me despertaba sudando con el corazón acelerado y la sensación de haber estado metido en algo que no entendÃa. En la oficina empezó a haber detalles más concretos. Un dÃa, al acomodar mis cosas, encontré una servilleta en mi cubÃculo con mi nombre escrito varias veces en distintas direcciones. La letra parecÃa la de ella. Me pareció un juego raro, pero no dije nada. Otro dÃa, al pasar por su lugar, vi que en la superficie de su escritorio tenÃa una foto mÃa impresa. Era una foto que yo habÃa subido a mis redes sociales. Le pregunté qué hacÃa con esa foto.
32:40 Se rió y dijo que la habÃa impreso por juego, que le parecÃa curiosa mi cara. No la tiró en ese momento, solo la puso debajo de unos papeles. Eso me incomodó de verdad. Lo disimulé, pero me quedó dando vueltas en la cabeza. Un compañero de Aria me dio burlón. Me dijo que a ella se le notaba el interés, que parecÃa que querÃa algo más conmigo. El comentario me hizo ruido porque encajaba con los detalles, pero en ese momento yo estaba más pendiente de cómo me sentÃa fÃsicamente. Cada vez que comÃa algo preparado por ella, terminaba la tarde con la cabeza doliendo y con ganas de recostarme sobre el teclado. me miraba en el espejo del baño y veÃa ojeras marcadas el semblante apagado como si hubiera pasado varias noches en vela empecé a rechazarle algunos platillos le decÃa que ya habÃa comido o que tenÃa algo pendiente ella insistÃa me decÃa que era una lástima tirar la comida que al menos me la llevara a mi casa para más tarde La tarde que lo entendà un poco más, estaba buscando un documento en mi escritorio. Abrà un cajón que casi no usaba, donde tenÃa papeles viejos y cosas que rara vez tocaba. Entre todo eso, vi una bolsa escondida, metida al fondo. No era algo mÃo.
34:02 La tomé y sentà que estaba cerrada, con algo de tierra y objetos duros dentro. En ese instante, se me hizo un nudo en el estómago. no la abrà ahà en medio de la oficina la guardé en mi mochila cerré el cajón y terminé el dÃa como pude mientras apagaba la computadora y me ponÃa la chamarra supe que todo lo que habÃa sentido y visto alrededor de esa compañera ya no entraba en la categorÃa de simple interés y comida por amabilidad Algo más se estaba moviendo y la prueba la llevaba guardada conmigo. Esa bolsa se quedó en mi mente todo el camino de la oficina a mi departamento. Casi no recuerdo el trayecto. Llegué, cerré la puerta con seguro y me fui directo a la mesa del comedor. Saqué la bolsa de la mochila y la puse frente a mÃ. Me quedé viéndola unos segundos, pensando si querÃa de verdad saber qué tenÃa. Al final, la curiosidad y el miedo fueron iguales, asà que la abrà con cuidado. Era una bolsa simple, de plástico, cerrada con cinta.
35:08 La abrà despacio y vacié el contenido sobre la mesa. lo primero que cayó fue tierra oscura seca en unas partes y pegada en otras entre la tierra salieron granos de sal gruesos que hicieron ruido al chocar con la mesa luego vi papeles doblados los fui abriendo uno por uno y en todos estaba escrito mi nombre completo repetido varias veces con la misma letra apretada algunos tenÃan partes manchadas como si los hubieran mojado y secado después entre esos papeles apareció un recorte de una foto mÃa Era la misma foto que habÃa visto en su escritorio, esa que sacó de mis redes sociales. La habÃan recortado alrededor de mi cara y el borde estaba sucio, con tierra pegada.
35:59 Seguà revisando y encontré pedazos de hilo negro y rojo atados en nudos duros. Al final salió un trozo pequeño de tela. Lo tomé y lo miré de cerca. Reconocà la tela al instante, pues era de una camisa mÃa, que un dÃa vi con una parte cortada en la parte de abajo. Pensé que la habÃa atorado con algo, o que se habÃa rasgado en la lavadora, pero ahora tenÃa ese pedazo delante de mÃ, suelto y manchado. Me quedé viendo todo eso extendido en la mesa. De verdad que nada de eso debÃa existir fuera de mi casa, y mucho menos en una bolsa escondida en un cajón de la oficina. Yo no armé eso, yo no lo puse ahÃ, y nadie más tenÃa por qué meter mano en mis cosas. En ese momento todo se juntó en la cabeza. La comida que me llevaba, las preguntas sobre mi vida, el cansancio que no se quitaba, los mareos y los sueños. Ahà se me vino a la mente, eso era brujerÃa. no me lo tomé como chiste ni como exageración de pueblo ahà estaba sobre mi mesa no me sentà capaz de manejar eso solo pensé en mi familia y se me vino a la mente una tÃa que siempre ha hablado de esos temas con seriedad sin burlarse pero sin hacer teatro Le marqué y le conté lo que me estaba pasando desde que comencé a aceptar la comida de la compañera, de cómo me sentÃa cansado,
37:30 los dolores de cabeza y los sueños raros. Luego le describà la bolsa que encontré en mi cajón del escritorio, la tierra, la sal y todo eso. Me escuchó en silencio y luego me dijo directo que eso era un trabajo de brujerÃa, usó esa palabra. Dijo que no sonaba a un simple intento de enamorarme, sino a algo más fuerte. Me comentó que era muy probable que esa muchacha no trabajara sola, que perteneciera a un grupo de mujeres que se juntan para eso. Me dijo que no me quedara solo con esa información y me propuso llevarme con una bruja o curandera, que ella conocÃa desde hacÃa años. Aclaró que no era de las que se anuncian en todos lados, que solo atendÃa a quien llegaba por recomendación. Acepté y al dÃa siguiente fuimos a verla. su casa estaba en una colonia sencilla al entrar vi en una esquina un altar pequeño con velas consumidas un vaso con agua y unas cuantas imágenes religiosas la mujer me miró desde que crucé la puerta era de edad avanzada de piel marcada con el cabello recogido Me indicó una silla frente a la mesa. Me preguntó cómo me sentÃa, desde cuándo estaba asà y qué me habÃan dicho los médicos. Le conté lo básico, cansancio, mareos, dolores y estudios normales. Después saqué la bolsa y le mostré el contenido. Ella no se
39:02 sorprendió y fue sacando las cosas que habÃa en ella. y las fue acomodando sobre la mesa como si armara un esquema. Dijo que eso estaba muy claro, y me afirmó que no se trataba de que la compañera quisiera solo tener mi atención, sino de prepararme para algo. Me explicó que ese tipo de trabajos los hacen cuando necesitan a alguien debilitado, aislado, sin mucha gente encima de él, fácil de controlar y de mover. Me preguntó si vivÃa solo. Le dije que sÃ. Me preguntó si mi familia estaba en la misma ciudad. Y le dije que no. Me preguntó si alguien pasaba a verme a la oficina. Le dije que nadie. Y ella sintió y dijo que justo por eso era el candidato perfecto. Luego vino la limpia, se levantó, encendió una vela y pasó la flama alrededor de mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Después tomó un huevo, lo giró entre sus manos y lo pasó por mi frente, y asà por todo el cuerpo completo.
40:09 Encendió unas hierbas sobre un carbón y el humo empezó a llenar la habitación. Me pidió que cerrara los ojos y respirara despacio. El cuerpo reaccionó. Me empezaron náuseas. El estómago se me revolvió y sentà escalofrÃos. me dieron una cubeta por si tenÃa que vomitar al poco rato saqué un lÃquido espeso que me dejó temblando me dolÃa la cabeza y sentÃa las piernas flojas pero la mujer me dijo que eso era parte de lo que habÃa entrado con la comida y con las cosas que habÃan puesto en mis pertenencias Puso el huevo en un vaso con agua y lo miró con atención. No entendà lo que vio, pero afirmó que el trabajo ya estaba avanzado, aunque no cerrado del todo. Dijo que estaba a tiempo de salir, pero que tenÃa que hacerlo bien. Me aclaró que esa bruja no estaba sola, que pertenecÃa a un cÃrculo de brujas que se juntan para trabajos más pesados. Dijo que por eso hablaba de reuniones, que por eso decÃa que ya casi lo tenÃa listo. Me aseguró que mientras yo siguiera comiendo lo que me daba y trabajando en el mismo lugar, ellas tendrÃan forma de seguir alimentando ese trabajo.
41:22 Regresé a la oficina unos dÃas después, pero con otra mirada. Ya no veÃa a la compañera solo como alguien amable, la veÃa como la bruja que era, y la persona que habÃa sentado delante de mi cubÃculo una bolsa con mi nombre, mi foto y mi ropa, mezcladas con tierra y sal. Empecé a escuchar con más atención lo que decÃa. Un dÃa la oà hablar por teléfono y decir que no faltaba mucho, que él ya estaba muy cansado y que solo tenÃan que esperar la siguiente reunión. No dijo mi nombre, pero en ese momento no me hizo falta escucharlo. Una tarde la vi salir de la oficina con una bolsa grande. La seguà a distancia. No quise acercarme demasiado para que no me viera. Tomó un transporte y bajó en una colonia que no conocÃa. Caminó hasta una casa de fachada simple. Desde la esquina vi cómo tocaba la puerta y cómo la abrÃan otras mujeres. Entró sin voltear atrás y poco después llegaron dos más, también con bolsas.
42:27 Pero no me quedé a ver más, con esa imagen me bastó. Volvà con la bruja y le conté lo que habÃa escuchado y visto. Ella no se sorprendió. Me dijo que lo peor que podÃa hacer era enfrentarla o decirle que sabÃa lo que estaba haciendo. Me afirmó que ellas viven de eso, que no van a aceptar un no asà de fácil. Me dijo que mi salida no estaba en pelear, sino en irme de ahÃ, cambiar de trabajo, de zona y de ciudad si era posible. En pocas palabras, cortar todo contacto. dijo que podÃa ayudarme a limpiar lo que ya estaba en mi cuerpo pero que mientras yo siguiera viéndola todos los dÃas siempre encontrarÃa la manera de seguir metiendo cosas en mi vida esa noche decidà irme preparé una renuncia con la excusa de una oferta en otra ciudad Hablé con un primo que vivÃa lejos y le pedà apoyo para llegar unos dÃas con él, en lo que encontraba un lugar. En el departamento empecé a separar lo que de verdad necesitaba. Ropa, documentos y algunas cosas personales. Lo demás lo guardé o lo dejé. No quise llevarme nada que hubiera estado demasiado tiempo en la oficina.
43:41 Entregué mi renuncia en recursos humanos, sin mencionar brujerÃa ni trabajos. Dije que era una oportunidad que no podÃa dejar pasar. Ese mismo dÃa cambié de número de teléfono y en mis redes sociales borré a la compañera y desaparecà cualquier forma de contacto. No pasé a despedirme a su lugar. Solo salà de ahà como cualquier otro dÃa, pero con la decisión tomada. En el camión que me llevó a la otra ciudad sentà una mezcla rara. Por momentos pensaba que estaba exagerando, que quizá todo tenÃa otra explicación. Luego recordaba lo que me habÃa hecho esa bruja que querÃa acabar con mi vida, los sÃntomas y los dolores y me repetà que preferÃa parecer exagerado y estar vivo, que seguir ahà hasta ver en qué acababa todo eso. En la nueva ciudad empecé de cero, conseguà un trabajo en otra oficina, con gente que no sabÃa nada de lo que me habÃa pasado. Renté un departamento sencillo y armé una rutina parecida a la que tenÃa antes, pero con otra cabeza. Mi cuerpo respondió. El cansancio empezó a bajar.
44:51 Los mareos casi desaparecieron y los dolores de cabeza se hicieron menos frecuentes. DormÃa sin ver mesas llenas de platos ni mujeres sentadas alrededor. Fui con médicos y me dijeron que estaba bien, que no veÃa nada grave. El miedo, en cambio, no se fue del todo. Cada vez que alguna compañera nueva se muestra demasiado amable y me ofrece comida, una parte de mà se tensa. Ya no acepto platos preparados por gente que apenas conozco. Ya no cuento mi vida a cualquiera. Y cada vez que abro un cajón en mi trabajo, en cualquier oficina, antes de buscar papeles, reviso que no haya una bolsa escondida entre mis cosas, con mi nombre escrito adentro. Porque sé, por experiencia propia, que a veces el peligro no llega con gritos ni golpes, sino con una sonrisa y un plato de comida caliente.
45:56 Estuve una temporada en una rancherÃa de Veracruz, trabajando en el campo para ganarme unos pesos. Apenas caÃa la tarde y el sol empezaba a esconderse tras los cerros. Les gritaban a los niños que no se acercaran al rÃo. Era algo que se repetÃa todos los dÃas, como si fuera una regla que nadie discutÃa. No decÃan exactamente qué pasaba en el agua, solo decÃan que a esas horas salÃa algo y que lo mejor era mantenerse lejos. Al escucharlos, pensé que se trataba de un animal. La región tiene cocodrilos en los rÃos y no me parecÃa raro que la gente se cuidara de ellos, sobre todo cuando oscurece, y es más difÃcil ver lo que se mueve entre el agua y la maleza. También pensé en culebras o en algún otro animal que pudiera atacar si alguien se confiaba demasiado. Durante el dÃa jugaban en la orilla, chapoteaban en las aguas bajas y hasta se echaban clavados desde una piedra grande que sobresalÃa del cauce. Pero apenas el sol comenzaba a pintarse de naranja, recogÃan sus cosas y se alejaban. Ninguno parecÃa atrevido a desafiar esa regla, y yo lo interpretaba como simple costumbre del lugar, un miedo que servÃa para cuidarlos de accidentes. Pasé varios dÃas en esa rutina, ayudando en la siembra y en las reparaciones del campo. El rÃo quedaba cerca de donde dormÃa, y aunque lo veÃa a diario, nunca se me hacÃa algo raro.
47:28 Para mà seguÃa siendo un cauce tranquilo, con agua tibia y corriente mansa, perfecto para refrescarse después del trabajo. Una tarde, mientras guardábamos unas herramientas en la bodega, escuché a un hombre hablar en voz alta con otro. DecÃa que un niño no habÃa hecho caso a la advertencia y se habÃa metido al rÃo cuando el sol ya bajaba. Contaba que lo vio de lejos, pero que apenas tuvo tiempo de entender lo que pasó. Algo salió del agua y lo sujetó. No supo cómo describirlo, solo dijo que se movió demasiado rápido para verlo bien. El niño no gritó. Apenas tuvo oportunidad, fue jalado con fuerza hacia la parte más honda y en un instante desapareció bajo la superficie.
48:13 Mientras el hombre contaba eso, la hermana del niño llegó corriendo, pidiendo ayuda con desesperación, y rápido toda la familia salió de su vivienda rumbo al rÃo. yo dejé las herramientas tiradas y me unà al grupo sin pensarlo demasiado aunque no era de la familia el simple hecho de escuchar lo que habÃa pasado me impulsó a correr tras ellos como lo hicieron también varios vecinos que habÃan escuchado el escándalo aquello que decÃan que salÃa del rÃo al atardecer no era un cuento para espantar a los niños acababa de suceder frente a alguien y ahora un menor estaba desaparecido bajo el agua cruzamos la vereda que llevaba directo al cauce. La hermana lloraba tropezando en el camino, mientras el padre y los tÃos iban al frente con machetes en la mano. La gente del pueblo se unÃa conforme escuchaba los gritos, y pronto éramos más de una docena acercándonos con la esperanza de encontrar al niño todavÃa con vida.
49:15 el agua reflejaba los últimos tonos del atardecer y en apariencia estaba igual de tranquila que siempre yo me quedé de pie mirando la superficie quieta sin saber exactamente qué buscar a lo lejos alguien gritó que habÃa visto burbujas y otro se metió hasta las rodillas con la intención de buscar algo cuando llegué al rÃo ya habÃa mucha gente reunida en la orilla algunos hablaban entre sà los padres del niño estaban al frente gritando su nombre una y otra vez como si esperaran escucharlo desde el monte o que saliera de pronto a la superficie varios hombres del pueblo ya se habÃan metido al agua avanzando con dificultad con el agua subiéndoles hasta el pecho Llevaban palos largos que hundÃan en el fondo, palpando a ciegas con la esperanza de encontrar un cuerpo atrapado entre las piedras.
50:06 Otros directamente usaban las manos, tanteando el fango. Yo me quedé primero en la orilla, recogiendo ramas y moviendo piedras cercanas para revisar cualquier rincón donde pudiera haberse atorado el muchacho. El rÃo parecÃa tranquilo, demasiado para que alguien pudiera desaparecer tan rápido. La corriente no era fuerte, apenas se deslizaba con suavidad, y eso hacÃa aún más extraño que no hubiera dejado rastro. Nadie habÃa escuchado chapoteos ni gritos de auxilio, ni el golpeteo de alguien luchando contra el agua. Era como si simplemente se lo hubieran llevado en silencio. El abuelo del niño se metió también al agua ignorando los intentos de sus hijos por detenerlo. Caminó diciendo que no saldrÃa hasta encontrar a su nieto. Verlo allà con el agua cubriéndole casi hasta los hombros le dio un peso mayor al momento. Los más jóvenes lo rodeaban para cuidarlo, pero él se apartaba, hundiendo sus manos en el fondo como si con solo tocarlas pudiera traer de vuelta al niño.
51:11 las horas pasaron de ese modo con los hombres entrando y saliendo del agua turnándose para revisar cada rincón las mujeres mantenÃan encendidas las lámparas de aceite en la orilla iluminando la corriente que ya se habÃa vuelto oscura por la noche Yo tomé una de esas lámparas y ayudé a dirigir la luz hacia donde se movÃan los buscadores, mientras otros se internaban un poco más rÃo arriba, aunque todos sabÃamos que la corriente no era suficiente para arrastrar un cuerpo tan lejos. Algunos buscaban también rÃo abajo, revisando raÃces y ramas que sobresalÃan, convencidos de que, en algún punto, tendrÃa que aparecer ropa o un cuerpo atrapado. pero no hallaron nada ni una tela flotando ni un zapato ni siquiera burbujas que señalaran dónde buscar era como si el agua se lo hubiera tragado sin dejar señal alguna la familia se miraba muy desesperada la madre no dejaba de llorar el padre seguÃa gritando el nombre del niño con la voz quebrada como si aún esperara que apareciera caminando desde algún rincón del monte. El abuelo, ya exhausto, seguÃa adentro del agua, temblando por el frÃo, pero negándose a salir.
52:25 TenÃa la mirada en la corriente, como si en cualquier momento fuera a asomar algo. Yo sentÃa la piel erizada mientras movÃa piedras cerca de la orilla. Pensaba en lo que habÃa contado aquel hombre, en la figura que habÃa visto sujetar al niño. Cuando la noche cayó por completo, nadie quiso retirarse. Los vecinos se turnaban para seguir dentro del agua, relevándose entre ellos mientras otros descansaban un poco en la orilla. La familia se negó a dejar el lugar. Se sentaron en la arena húmeda. La hermana, que habÃa dado la alarma, se quedó abrazada a la madre. Yo permanecà allà junto a ellos, iluminando con la lámpara y ayudando a revisar donde hiciera falta, pero en el fondo ya sabÃa que no lo encontrarÃamos esa noche. Lo que fuera que habÃa salido del agua se lo habÃa llevado, y nosotros estábamos buscando en vano. La búsqueda se prolongó hasta la madrugada, pero no hubo señal del niño en todo el rÃo ni en los alrededores. Cuando amaneció, los hombres que habÃan pasado la noche dentro del agua salieron con los cuerpos entumidos y los ojos cansados. Algunos se fueron directamente a sus casas a descansar, otros se quedaron en la orilla. La familia permaneció allÃ, como si abandonar el lugar significara perder lo último que quedaba de esperanza.
53:48 Con el paso de los dÃas, los vecinos siguieron ayudando, aunque cada vez eran menos los que se animaban a meterse al agua. Al principio eran grupos grandes, con palos, redes improvisadas y lámparas de mano, pero poco a poco la cantidad fue reduciéndose. El rumor de lo ocurrido se habÃa extendido, y muchos preferÃan no acercarse demasiado al rÃo, menos en las horas en que el sol comenzaba a ocultarse. Se decÃa que algo habitaba allÃ. yo recuerdo claramente que la familia no se apartaba del lugar habÃan instalado una especie de campamento improvisado con sillas mantas y lámparas de aceite llevaban comida ahà mismo y pasaban las noches en vela turnándose para vigilar el agua la madre se quedaba siempre cerca de la orilla Al cuarto dÃa, cuando ya muchos habÃan dejado de buscar, el abuelo seguÃa empeñado en recorrer la orilla con un machete en la mano. Caminaba lento, apoyándose en un bastón, pero no dejaba de moverse. Se detenÃa cada tanto, miraba el agua en silencio y volvÃa a caminar. Algunos intentaban convencerlo de que descansara, pero él respondÃa con la misma frase. que no se irÃa de allà sin su nieto. Esa noche, mientras un pequeño grupo revisaba con lámparas, se escucharon ladridos extraños provenientes del monte cercano.
55:15 No eran ladridos normales, eran cortados, como si los perros no terminaran de atreverse a hacerlo con fuerza. Al iluminar hacia el monte no vimos nada, pero el sonido se repetÃa, cada vez más cerca, hasta que de repente se calmó. Los perros del pueblo se quedaron quietos. No ladraban, apenas gruñÃan bajo, con las orejas pegadas al cuerpo. Ninguno quiso acercarse al agua, como si percibieran algo que nosotros no. Ese comportamiento empezó a levantar aún más sospechas entre los vecinos. Algunos comenzaron a decir abiertamente que lo que se habÃa llevado al niño no era un animal común. Nadie daba detalles concretos, pero la coincidencia era clara. Todos hablaban de algo que salÃa del agua al caer la tarde. Yo mismo comencé a sentir un peso extraño al estar cerca de la orilla. No era solo cansancio, sino la sensación de que habÃa ojos observándonos desde algún punto invisible. El agua seguÃa fluyendo tranquila, pero en las noches parecÃa más oscura, y cada chapoteo hacÃa que todos levantáramos la vista. En varias ocasiones, mientras buscábamos por la noche, escuchamos movimientos bruscos en el agua. No eran simples olas, eran chapoteos fuertes.
56:37 Iluminábamos lanzando la luz de las lámparas sobre el cauce, pero nunca habÃa nada visible. La corriente se agitaba por unos segundos y luego volvÃa a quedar lisa, como si nada hubiera ocurrido. Algunos decÃan haber visto figuras en la orilla opuesta, sombras que se movÃan rápido entre los árboles. Otros aseguraban haber sentido que algo se rozaba contra sus piernas cuando estaban dentro del agua. aunque al mirar no encontraba nada. Yo no podÃa confirmar nada de eso. A pesar del miedo, todavÃa habÃa quienes se negaban a dejar de buscar. La familia seguÃa allÃ, firme, y eso obligaba a los demás a mantenerse cerca, aunque fuera por solidaridad.
57:21 Cada noche encendÃan las lámparas y cada madrugada volvÃan a casa. Yo también permanecÃ. Asà fue como los dÃas pasaron sin resultado. Esa noche volvà al rÃo junto con varios vecinos que aún se mantenÃan en la búsqueda. Algunos ya habÃan desistido, pero quedaba un pequeño grupo que se resistÃa a abandonar, convencidos de que, tarde o temprano, habrÃa alguna señal del niño. Obviamente que a ese punto... Ya solo estábamos buscando su cuerpo. Todos estábamos en silencio, cargando lámparas y cuerdas, revisando una y otra vez las mismas orillas que ya conocÃamos de memoria.
58:02 Entre nosotros estaba un primo mayor del niño desaparecido. un muchacho de unos veinte años caminaba de un lado a otro respirando fuerte como si la desesperación lo empujara a hacer lo que los demás no se atrevÃan decÃa que si nadie se animaba a entrar al agua él mismo lo harÃa porque no soportaba la idea de quedarse quieto los hombres mayores lo detenÃan le repetÃan que era peligroso que en las noches las cosas se sentÃan más raras pero él no escuchaba encendió una lámpara de mano y bajó por la orilla hasta meterse al rÃo primero avanzó despacio con el agua apenas rozándole las rodillas y luego se adentró más hasta quedar con el agua a la cintura se movÃa con la lámpara en alto iluminando hacia la superficie como si esperara encontrar algo flotando todos lo mirábamos de pronto gritó con fuerza primero se habÃa sorprendido y luego gritó de dolor se inclinó hacia adelante agitando los brazos diciendo que algo lo estaba jalando de las piernas hacia el fondo el rÃo comenzó a agitarse a su alrededor con una violencia El agua burbujeaba como si estuviera hirviendo, y el muchacho forcejeaba tratando de soltarse de lo que fuera que lo tenÃa atrapado. Los hombres corrieron hacia el borde, algunos arrojándose al agua para alcanzarlo, otros buscando palos y cuerdas. Yo estaba entre ellos, alumbrando con la lámpara y viendo con claridad cómo era arrastrado un
59:35 par de metros rÃo adentro en cuestión de segundos. no habÃa nada visible sujetándolo pero la manera en que su cuerpo se desplazaba era imposible de explicar era como si una fuerza invisible lo tuviera bien agarrado y lo arrastrara con toda intención de hundirlo los que se metieron alcanzaron a sujetarlo de los brazos Pero la corriente a su alrededor se volvÃa cada vez más fuerte. Se escuchaba el agua golpeando con furia, levantando olas pequeñas que chocaban contra las piernas de quienes intentaban ayudarlo. La lámpara del muchacho se apagó en medio del forcejeo y por un instante quedamos casi a oscuras, solo con las luces lejanas que llevábamos en la orilla. Alguien alcanzó a lanzar una cuerda y logramos rodearle el torso. Entre varios empezamos a jalar con todas nuestras fuerzas. No era como sacar a alguien que se hundÃa por accidente. Algo jalaba de él. El primo gritaba cada vez más alto, diciendo que algo lo apretaba por las piernas, que sentÃa como si cuchillas se clavaran en su piel. Después logramos sacarlo del agua. Lo arrastramos hasta la orilla, jadeando y empapados, mientras él temblaba.
1:00:49 Cuando encendimos de nuevo las lámparas y lo revisamos, vimos las marcas en sus piernas. Eran rasguños profundos, lÃneas largas que parecÃan hechas con garras, no con piedras ni ramas. La sangre le corrÃa hasta los tobillos. Nadie dijo nada. Lo rodeamos en silencio, mirando aquellas heridas imposibles de justificar. El muchacho temblaba con los ojos desorbitados, repitiendo una y otra vez que no habÃa visto nada, que solo habÃa sentido como algo filoso lo apretaba y trataba de hundirlo. Lo acostamos sobre unas mantas y uno de los hombres intentó limpiar las heridas con agua, aunque el primo gritaba cada vez que lo tocaban. Nadie se atrevÃa a entrar de nuevo. Esa noche entendimos que lo del niño no habÃa sido un accidente, ni tampoco obra de un animal cualquiera.
1:01:42 HabÃa algo en el agua que se movÃa con fuerza propia, algo que podÃa arrastrar a una persona en cuestión de segundos. Ya no era una sospecha ni un rumor. Todos lo habÃamos visto con nuestros propios ojos. El primo quedó tendido, temblando bajo las lámparas, mientras algunos improvisaban vendas para detener la sangre. Lo que habÃa allà no era parte de la naturaleza como estábamos acostumbrados a conocerla. Después de lo que pasó con el primo, muchos vecinos decidieron no volver a meterse al agua. Algunos seguÃan yendo a la orilla a acompañar a la familia. Pero solo se quedaban de pie, mirando con desconfianza el rÃo. El rumor de que estaba maldito se fue extendiendo, y ya nadie se atrevÃa a bañarse en él ni a cruzarlo cuando oscurecÃa. La familia del niño permaneció ahà varios dÃas más, con fogatas encendidas y lámparas colgadas en los árboles, esperando que de alguna forma el muchacho apareciera. No aceptaban que lo hubieran perdido para siempre. El primo herido tampoco volvió a acercarse. Sus piernas quedaron marcadas con cicatrices largas y oscuras, y él las mostraba como prueba de lo que lo habÃa jalado.
1:02:56 DecÃa que habÃa sentido dedos afilados enterrándose en su carne. Los dÃas pasaron y el rÃo no devolvió nada. No hubo ropa flotando, ni cuerpo, ni rastro alguno. Era como si el niño se hubiera disuelto en el agua sin dejar señal. La familia al final regresó a su casa, agotada, con la mirada perdida. Nadie volvió a hablar del tema con ellos, pero todos sabÃamos que habÃan quedado marcados.
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