Nov. 17, 2025

La Brujería De Mi Ex: Me trabajó Con Comida - Historias De Terror - Voces De La Noche

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0:05 Antes de que todo empezara, mi vida era sencilla. Vivía solo en un departamento chico, en una zona ruidosa de la ciudad, pero cómoda para mí. Trabajaba de lunes a sábado en una oficina. Me consideraba una persona tranquila. Nunca fui fiestero, ni de andar en la calle toda la noche. Con mi exnovia estuve varios años. Al principio todo fue normal, como cualquier relación. Salidas sencillas, mensajes diarios y llamadas por la noche. el problema empezó cuando se volvió celosa se molestaba por cada persona nueva que me seguía en redes sociales me pedía que borrara fotos que dejara de reaccionar a publicaciones de amigas y que le explicara quién era cada contacto revisaba mis historias y me marcaba la hora exacta en la que subía cada cosa si veía que estaba en algún lado y no se lo había dicho se armaba una discusión esos pleitos se volvieron costumbre Yo llegaba del trabajo cansado y en lugar de descansar tenía que responder interrogatorios por mensajes. Me reclamaba por los comentarios que me dejaban, por los que yo hacía y hasta por los estados que ponía. Si salía con amigos, quería fotos en el momento para comprobar con quién estaba. Aún así, seguí con ella por costumbre, por cariño viejo y porque me daba flojera empezar de cero con alguien más. La pelea final fue distinta. Esa tarde nos vimos en mi departamento.

1:35 Ella tomó mi teléfono sin preguntar y se puso a revisar conversaciones. Encontró un chat con una amiga del trabajo donde hablábamos de cosas normales, pero para ella fue suficiente. Me dijo que yo la engañaba, que llevaba tiempo haciéndolo y que solo esperaba la oportunidad para atraparme. Me aventó el teléfono en la cama y empezó a señalar cada notificación, cada reacción en redes sociales, como si fueran pruebas de un delito. Yo me cansé y le dije que ya no soportaba sus celos y que ahí se terminaba todo. Discutimos fuerte. Me dijo que yo le había hecho perder años de su vida y que no iba a quedarse con los brazos cruzados. Entre insultos soltó que me iba a hacer pagar por todo. No lo dijo en broma ni en tono de coraje pasajero, lo dijo en serio, con los ojos clavados en mí. Después se fue dando un portazo. Ese mismo día la bloqueé de todas partes, llamadas, mensajes, redes sociales. Pensé que con eso se cortaba cualquier contacto y que poco a poco se le pasaría el coraje.

2:48 Los primeros días después de la ruptura me sentí raro, pero creí que era normal. Dormía un poco inquieto, pensaba en las discusiones y repasaba lo que se había dicho. A la semana empecé a notar algo distinto. Llegaba del trabajo con un cansancio que no correspondía a lo que hacía. Me dolía la cabeza casi todo el tiempo y en la oficina me costaba concentrarme. Leía correos dos veces porque se me iba la vista. Fui al médico. Me tomó la presión, revisó mi garganta, mis pulmones y me mandó a unos análisis de sangre. Cuando regresé con los resultados, me dijo que todo salía bien. Comentó que podía hacer estrés por la ruptura, que tomara vitaminas, comiera mejor y tratara de descansar. Compré las vitaminas y regresé a mi rutina, convencido de que en unos días me sentiría igual que antes.

3:46 Pero los síntomas siguieron. La comida empezó a cambiar de sabor. El pollo que siempre preparaba con verduras me sabía amargo, como si estuviera pasado, aunque lo acabara de hacer. El café me dejaba un gusto raro en la lengua. y el agua que tomaba en el departamento a veces me sabía a metal. Pensé que era la tubería, así que empecé a comprar garrafones nuevos, pero la sensación regresaba de vez en cuando. Lo curioso era que cuando comía algo en la calle me sabía normal. En ese tiempo comenzaron los sueños. No eran pesadillas llenas de gritos ni persecuciones. Eran más simples, pero me dejaban inquieto. En uno de ellos ella estaba parada en la puerta de mi cuarto, viéndome dormir sin hablar. En otro estaba en mi cocina, de espaldas, moviendo una cuchara dentro de una olla, como si preparara algo. yo no podía acercarme ni moverme sólo la veía siempre despertaba con el corazón acelerado la espalda sudada y una sensación de que todavía estaba ahí aunque al abrir los ojos el cuarto estuviera vacío dentro del departamento también empezaron a pasar cosas concretas una mañana al tender la cama vi cabellos largos en la almohada eran varios enredados yo llevaba el pelo corto así que no eran míos pensé que habían quedado de alguna visita anterior

5:19 pero ya llevaba tiempo sin que nadie se quedara a dormir Otro día, mientras limpiaba la pared junto a la cama, noté manchas alargadas como si algo se hubiera escurrido desde arriba hacia abajo y se hubiera secado. Las tallé con un trapo húmedo, pero dejaron una sombra rara en la pintura. En la cocina apareció un olor complicado de describir. No era comida echada a perder porque revisé el refrigerador, el bote de basura y la despensa. era un olor pegajoso que se quedaba en la nariz aunque abriera la ventana encendía el ventilador tiraba la basura tallaba la estufa y aún así al rato el olor regresaba no era constante pero aparecía sobre todo en las noches cuando ya iba a dormir cada semana me sentía más débil la ropa me quedaba floja y el cinturón me quedaba en otro agujero subir las escaleras del edificio me costaba más trabajo sentía las piernas pesadas como si hubiera corrido todo el día aunque sólo hubiera ido de la oficina a la casa Las vitaminas no hacían la diferencia. Empecé a faltar algunos días al trabajo porque me despertaba sin fuerza y con la cabeza dando vueltas. Llegó un punto en el que ya no pude convencerme de que todo era estrés.

6:43 Miraba mi cara en el espejo y veía los ojos hundidos, ojeras marcadas y la piel pálida. Ahí es que recordaba las palabras de mi ex, las veces que prometió que me iba a hacer pagar por lo que según ella le había hecho. Pensaba en los cabellos, en la almohada, en las manchas de la pared, en el olor de la cocina y en el sabor metálico del agua. Entre todo eso y el cansancio que me estaba consumiendo, la idea se clavó en la mente. Alguien me estaba haciendo daño, y la única persona que encajaba en esa historia era ella. El día que encontré la bolsa no estaba buscando nada raro.

7:25 Solo quería limpiar bien el cuarto, porque sentía el departamento cargado, pesado. Había dejado pasar varios días sin barrer debajo de la cama ni mover los muebles, y pensé que a lo mejor el polvo me estaba empeorando el malestar. Corrí la cama hacia un lado, arrastrándola con esfuerzo, porque ya para entonces cualquier movimiento me dejaba sin aire. cuando por fin la separé de la pared vi algo metido hasta el fondo era una bolsa aplastada contra el muro casi pegada al rodapié me agaché despacio porque la cabeza me zumbaba la tomé con la mano y sentí la textura del plástico arrugado no era bolsa de tienda sino una bolsa simple de esas que se usan para guardar cosas sueltas estaba cerrada con cinta enredada varias veces tenía polvo encima pero no tanta como para decir que llevaba años ahí lo primero que pensé fue que alguien la había puesto a propósito Me senté en la orilla de la cama con la bolsa en las manos. El corazón me latía rápido, no solo por el esfuerzo. Dudé un momento si tirarla directo a la basura o abrirla, pero al final quise saber qué traía. Quité la cinta con cuidado, despegándola por partes y la abrí. Adentro había tierra oscura, húmeda en algunas zonas, pegada a las paredes del plástico. Mezclados con la tierra había granos de sal gruesa. Se sentían duros

8:57 entre los dedos. También vi papeles doblados. Los saqué uno por uno. Los abrí y vi mi nombre completo escrito varias veces con letra apretada, repetido en distintas direcciones. Entre la tierra salió una foto. era una foto mía doblada por la mitad me reconocí al instante era una que habíamos compartido en su momento de una salida cualquiera la imagen estaba manchada con una parte oscura justo sobre mi cara seguí revisando y encontré clavos pequeños oxidados clavados en trozos de cartón había hilos negros y rojos enredados y atados en nudos firmes al fondo de la bolsa apareció un pedazo de tela cuando lo limpie con los dedos supe que era de una playera mía que se me había perdido meses antes tenía una esquina quemada y varias manchas secas en el centro en ese momento sentí que el estómago se me cerraba pues nadie tiene llaves de mi casa y nadie entra cuando no estoy yo no puse eso ahí sabía perfectamente qué cosas guardaba debajo de la cama cajas viejas unos zapatos y nada más esa bolsa no pertenecía a ese lugar pues no era basura olvidada al entender eso se me vino su imagen a la mente recordé cada vez que me dijo que conocía gente que arreglaba problemas las amenazas de la última pelea y la forma en que me dijo que me iba

10:27 a hacer pagar todo ya no sonaba a rabieta sonaba a un plan desde ese día todo se fue más abajo subir las escaleras del edificio se convirtió en un reto Vivía en un tercer piso y tenía que detenerme en el descanso del segundo, agarrarme del barandal y respirar hondo, porque sentía que el pecho no se abría, las piernas se me aflojaban, el corazón se me aceleraba como si hubiera corrido. Los mareos aumentaron. A veces se me nublaba la vista solo con levantarme del sillón y las náuseas aparecían sin aviso, aunque no hubiera comido nada. El peso se me fue a una velocidad que me asustaba y los pantalones me quedaban flojos. Empecé a faltar seguido al trabajo.

11:16 Mandaba mensajes diciendo que seguía enfermo. Había días en que ni siquiera tenía fuerza para bañarme temprano. Me levantaba, daba unos pasos y tenía que sentarme de nuevo en la cama, con el pulso en los oídos. El desmayo me llegó en el baño. Me estaba lavando la cara porque sentía calor, sudor frío y un cosquilleo raro en la nuca. Me miré en el espejo y casi no me reconocí. Tenía los ojos hundidos, las mejillas chupadas, la piel sin color. Me apoyé un segundo en el lavabo y después ya no supe más. Desperté en el piso con la camisa mojada y la toalla tirada al lado. No supe cuántos minutos estuve ahí. Me levanté como pude, con las manos temblando.

12:03 Esa escena me terminó de convencer de que así no podía seguir. Le hablé a mi madre. No le quise dar todos los detalles en una sola frase, pero le conté lo principal, que llevaba días sintiéndome muy mal. que los médicos no encontraban nada grave y que había bajado mucho de peso y que me había desmayado luego le mencioné la bolsa que había encontrado y lo que traía dentro le expliqué todo guardó silencio unos segundos y luego me dijo directo que eso era brujería que si no movíamos algo me iba a ir apagando poco a poco vino al día siguiente cuando me vio en la puerta se le notó el impacto aunque trató de verse tranquila Entró, le enseñé la bolsa sobre la mesa y volvimos a revisar el contenido. Dijo que eso no era ninguna broma, que alguien había trabajado con mis cosas para hacerme daño.

12:59 Me comentó que esto ya no era asunto de pastillas ni vitaminas y que me iba a llevar con una bruja que se dedicaba a quitar trabajos así. yo ya estaba tan gastado que acepté sin discutir tomamos un taxi hasta una colonia vieja la casa quedaba al fondo de una calle angosta por fuera parecía una casa cualquiera con una puerta sencilla y unas pocas macetas adentro olía a jabón café recién hecho y un poco a humo de hierbas no había adornos exagerados frente a la entrada había una mesa unas sillas y un pequeño altar La mujer salió de un cuarto, saludó a mi madre y luego me miró con atención, como si me estudiara. Me pidió que me sentara y me preguntó cómo me sentía. Le expliqué lo básico y antes de que yo le mencionara la bolsa, ella me dijo que no traía una simple enfermedad, que veía un trabajo encima hecho con cosas personales. Entonces mi madre sacó la bolsa de la mochila, la bruja la abrió, sacó las cosas y los acomodó sobre la mesa.

14:08 y dijo que eso era para secar a una persona por dentro que no era para un susto de unos días que quien había mandado hacer eso quería verme consumido sin fuerza hasta dejarme en la cama me colocó en una silla en medio del cuarto encendió una vela blanca y empezó a pasarla alrededor de mi cuerpo de la cabeza a los pies hizo unas oraciones y prendió unas hierbas que tenían un olor bastante fuerte sacó un mazo de hierbas y me las pasó por todo el cuerpo ahí en ese punto me empezaron las náuseas me lloraban los ojos sentía escalofríos en la espalda me acercaron una cubeta y terminé vomitando un líquido espeso de olor agrio que me dejó temblando la mujer me dijo que eso era parte del trabajo me afirmó que ya se estaba moviendo el trabajo en mí pero que todavía quedaba por limpiar Luego me preguntó si sospechaba de alguien. Le dije el nombre de mi ex y le conté cómo había sido la relación, los celos, la pelea final y las amenazas.

15:15 Ella asintió y confirmó que el trabajo venía de una mujer cercana con la que compartí cama y comida. Dijo que podía limpiarme y cortar el daño, o limpiarme y regresarle todo a la persona que lo mandó. Yo, cansado y lleno de coraje, acepté que lo quitara de mí y se lo regresara a ella, aunque en el fondo supiera que eso podía terminar muy mal para mi ex. La bruja no hizo el ritual de regreso ese mismo día. Dijo que primero necesitaba que yo descansara un poco. que comiera algo ligero y que durmiera, porque el cuerpo estaba muy débil. Volvimos dos días después. Para entonces seguía mareado, pero ya no tan mal como la primera vez. El simple hecho de haber vomitado y de haber soltado algo aquella tarde me había dado un pequeño respiro. Cuando llegamos, la casa estaba en silencio. La mujer nos hizo pasar directo al cuarto donde tenía la mesa. Sobre la superficie había velas nuevas, un recipiente de barro vacío y a un lado, la bolsa con la tierra y los objetos que habíamos llevado la primera vez. Me pidió una foto reciente de mi ex. La había conseguido en redes sociales y la imprimí en una papelería. La puse sobre la mesa.

16:38 Ella la miró con atención, sin hacer ningún comentario. Me explicó con pocas palabras lo que iba a hacer. Usaría mi nombre completo y el de ella, la bolsa que encontramos en mi casa, la foto, mi fecha de nacimiento y la suya. dijo que el trabajo que me habían hecho no se iba a perder que sólo iba a cambiar de dirección aclaró que yo tenía que estar seguro de lo que estaba pidiendo porque una vez que empezara no iba a haber marcha atrás yo asentí la verdad no tenía nada más que decir en mi cabeza sólo estaban los días tirado en la cama los desmayos el peso que había perdido y la sensación de que me estaba apagando la bruja colocó primero mi foto sobre la mesa boca arriba encima colocó un papel con mi nombre completo y mi fecha de nacimiento a un lado puso la foto de mi ex también boca arriba con su nombre y sus datos escritos en otro papel Luego las acercó hasta dejarlas frente a frente, casi pegadas. Encendió varias velas alrededor, solo las suficientes para dar luz directa a las fotos y al recipiente de barro. Tomó la bolsa y vació el contenido en el recipiente. La tierra cayó primero, luego los granos de sal, los papeles con mi nombre, los clavos, los hilos y el pedazo de tela. Lo mezcló con las manos sin miedo hasta que todo quedó revuelto.

18:07 Mientras lo hacía decía en voz clara que todo lo que estaba ahí había sido usado para dañarme a mí, pero que ahora regresaba a la persona que lo pidió y lo pagó. No gritaba, no hacía gestos raros. Solo hablaba firme, como alguien que está dando una orden. Mientras la escuchaba, empecé a sentir una presión en el pecho, como si algo pesado se acomodara adentro. Me faltó el aire unos segundos. Tuve que enderezar la espalda para respirar mejor. Después, poco a poco, la presión se fue aflojando. El aire entró más fácil y y sentí un escalofrío que me recorrió la espalda como si me hubieran tirado agua fría las manos se me enfriaron me sudaban las palmas el cansancio se hizo más grande pero distinto como el que llega después de terminar una tarea pesada la bruja siguió moviendo la mezcla en el recipiente y repitió el nombre de mi ex varias veces dejando claro que todo regresaba a ella yo solo la escuchaba con la vista fija en la mesa me pesaban los párpados el cuerpo se me aflojaba poco a poco era una mezcla rara de alivio y agotamiento me dieron ganas de cerrar los ojos ahí mismo cuando terminó recogió un poco de aquella tierra y la apretó con fuerza entre las manos mientras seguía hablando luego la dejó caer de nuevo dentro del recipiente me dijo que a partir de ese momento el trabajo

19:39 salía de mi cuerpo y se dirigía hacia la persona que lo había mandado me advirtió que yo no iba a sanar de un día para otro pero que los síntomas iban a ir bajando poco a poco También me dejó claro que mi ex iba a empezar a sentir lo que yo había sentido. En la misma línea, solo que más rápido, porque el trabajo ya estaba despierto. Al final apagó algunas velas, dejó otras encendidas en el altar y me dijo que me levantara despacio. Me temblaban las piernas, me sentía como si hubiera trabajado todo el día bajo el sol. Tenía sueño, pero un sueño pesado. nos recomendó irnos a casa no salir a ningún otro lado y dejar que el cuerpo hiciera su parte dijo que la mezcla que había preparado no se quedaría ahí que tenía su forma de concluir pero de eso ya no me dio detalles sólo recalcó que no hablara con mi ex que no intentara buscarla ni escribirle que lo nuestro ya estaba cerrado al menos en el plano donde ella se movía los días siguientes fueron extraños pero distintos a las semanas anteriores el primer cambio fue en el sueño esa noche dormí de corrido no tuve sueños con mi ex parada en mi cuarto ni caminando en mi cocina me desperté cansado pero no con la sensación de muerte encima comí un poco más pues la comida ya no me supo tan amarga el agua ya no tenía el sabor

21:12 tan marcado a metal los mareos seguían pero menos intensos podía caminar por la casa sin que todo se moviera como antes fui de nuevo al médico para un control me revisó la presión el corazón los pulmones Notó que aunque seguía bajo de peso, al menos ya no iba en caída libre. Dijo que físicamente me veía un poco más estable que la última vez. No tenía cómo explicarlo, pero yo sí. Sabía que algo se había desplazado. Por otro lado, me empezaron a llegar noticias de mi ex. Primero, fueron comentarios sueltos. Un conocido me escribió para decirme que la había visto muy cambiada, demasiado flaca, con la cara hundida y que parecía enferma. Luego supe que había dejado de ir al trabajo, que se sentía sin fuerzas y que no comía. Me dijeron que se mareaba, que se desmayaba de repente, que la llevaban a hospitales y que los médicos no encontraban una causa clara. Cada síntoma que escuchaba era una copia de lo que yo había vivido. Náuseas, dolor de cabeza, falta de aire y caída de peso rápida.

22:22 No intenté verla y no la busqué en persona ni por teléfono, pues me limité a escuchar lo que otros contaban. Cada nueva noticia la comparaba con mis días en el departamento, tirado en la cama sin fuerzas. No era alegría lo que sentía, tampoco lástima pura. Era una mezcla complicada. por un lado entendía que estaba recibiendo lo que había mandado pero por otro sabía que una cosa era querer que dejara de dañarme y otra muy distinta aceptar que lo que le estaba pasando la estaba llevando al límite Pasó un tiempo y un día recibí el aviso que cerró todo. Me dijeron que había muerto, que los médicos habían registrado fallas en varios órganos, deshidratación, desnutrición, pero sin una causa clara, que al final su cuerpo ya no aguantó. Me quedé con el teléfono en la mano varios minutos. Sentí alivio, porque con su muerte se cortaba cualquier intento de seguirme trabajando.

23:24 También sentí miedo real, porque yo había aceptado que le regresaran todo. Y en medio de eso, una culpa que no desaparece del todo aunque yo sepa que no fui el que hizo la bolsa ni el que colocó nada en su casa. Volví con la bruja una última vez. Le conté que mi ex había muerto y que yo ya me sentía mucho mejor. Había recuperado algo de peso, comía normal, podía subir escaleras sin quedarme sin aire, dormía completo y ya no me desmayaba. Ella me dijo que ese era el cierre natural de un trabajo de ese tipo. Me hizo otra limpia rápida con vela y un huevo, solo para asegurarse de que no quedaran restos pegados. Dijo que ya estaba libre pero que eso no quería decir, que debía confiarme. Me recomendó cuidarme de la gente que guarda rencor y que se obsesiona con el control. Me dijo que tuviera cuidado con lo que acepto de comer o tomar, que no abriera la puerta a cualquiera y que aprendiera a decir que no. Decidí cambiar de vida.

24:28 Dejé ese departamento. Busqué otra zona, otro edificio, otro ambiente. Me llevé solo lo necesario, lo demás lo regalé o lo tiré. Fui varias veces al médico para confirmar que mi cuerpo estaba bien. Poco a poco volví a una rutina normal. Trabajo, comida y descanso. Ya no era el mismo, aunque por fuera pareciera que sí. Aprendí a no aceptar comida ni detalles de personas extrañas. Entendí que la brujería no es un juego ni un chisme de barrio, pues casi pierdo la vida por algo que empezó con celos y terminó en una bolsa escondida debajo de mi cama. Hoy, cada vez que alguien toca mi puerta con algo para que me sienta mejor, recuerdo esa bolsa sobre la mesa y las noticias de mi ex en la cama del hospital.

25:21 Y prefiero decir que no, cerrar la puerta y quedarme en paz, porque ya sé hasta dónde puede llegar el daño cuando alguien decide usarlo de verdad. Antes de que todo empezara, mi vida era sencilla. Trabajaba en una oficina en la ciudad, en un área llena de escritorios, computadoras y ruido de teclados todo el día. Mi lugar estaba junto a una ventana que daba a otro edificio. Entraba, encendía la computadora, revisaba correos, contestaba pendientes y así se me iba la jornada. Tenía años en ese trabajo. Conocía el sistema, conocía a los compañeros, conocía las temporadas pesadas y las flojas. Era una rutina clara y en cierto modo cómoda. Vivía solo en un departamento chico a unos minutos de la oficina, un cuarto, sala y cocina juntos, baño pequeño, pero suficiente para mí. Me levantaba, me bañaba, me vestía, y pasaba por un café de máquina y llegaba a tiempo. Comía lo que se podía, a veces algo del comedor de la empresa, a veces comida corrida.

26:35 Regresaba a casa, calentaba algo sencillo, revisaba un rato el celular y me acostaba a dormir. Antes de todo esto no tenía problemas de salud, no tomaba medicinas, casi no me enfermaba y no padecía dolores raros. Me consideraba una persona estable, sin pleitos fuertes con nadie. Las cosas cambiaron cuando llegó la compañera nueva. La contrataron para el área donde estaba yo. Era una joven de unos veintitantos años, de estatura media, cabello oscuro y lacio. Siempre recogido en una coleta o en un chongo sencillo. Se vestía con ropa formal, blusas lisas, pantalones negros, zapatos cómodos. Sería de apariencia, pero desde el primer día fue muy amable conmigo. Me saludó con una sonrisa, se presentó, me dijo que todavía no entendía bien el sistema y que si podía le explicara algunas cosas. Al principio se acercaba con pretextos de trabajo, se paraba junto a mi escritorio con una hoja en la mano y me preguntaba cómo llenar cierta parte de algún documento, pero siempre pláticas rápidas. Después los acercamientos cambiaron.

27:48 una mañana llegó con dos cafés desechables y dejó uno en mi escritorio dijo que se había confundido al pedir y que le sobraba otro día fue un pan dulce luego un chocolate comentaba que había comprado de más o que le habían regalado varios y no quería que se echaran a perder Con el tiempo empezó a llevar comida hecha en su casa. Un día llegó con un recipiente de plástico lleno de arroz con pollo. Me dijo que su mamá cocinaba mucho y que le había mandado de sobra. Luego llegó con postres. Me comentaba que a ella le gustaba cocinar, que se relajaba preparando cosas y que le parecía mala idea que yo comiera cualquier cosa en la calle.

28:33 Yo lo tomé como una atención y me convenía. Cuando coincidíamos en el horario, comíamos juntos en la zona de descanso. Ahí empezó a preguntarme más cosas, ya no solo de trabajo. Me preguntó si vivía solo o con alguien más. Le dije que vivía solo y quiso saber si tenía pareja, si mi familia vivía en la misma ciudad o en otra. y en qué colonia vivía o cuánto tiempo tenía en ese departamento de paso me preguntó mi fecha de nacimiento según ella para saber mi signo también quería saber qué me gustaba hacer en mis ratos libres si salía mucho si tomaba o si me gustaban las fiestas lo hizo con naturalidad como si fueran pláticas comunes Yo respondí sin desconfianza, pues la verdad no vi problema en eso. Me llamó la atención que casi siempre traía una libreta pequeña. La usaba para apuntar cosas del trabajo, pero varias veces noté que escribía algo mientras hablábamos de temas personales. No me detuve a preguntar qué anotaba. Lo registré en mi mente como un detalle curioso y lo dejé pasar. Con el tiempo empecé a notar otras cosas en su escritorio. Un día, al buscar una engrapadora que me pidió prestada, vi que en uno de sus cajones tenía velas guardadas, envueltas en papel.

29:56 A un lado había un frasco con sal y unos papeles doblados. Pensé que serían cosas de su casa, que no quería dejar tiradas en la bolsa. Cerré el cajón y seguí con lo mío. varias veces la escuché hablar por teléfono en voz baja decía que tenía reunión con las chicas o que ya casi estaba listo lo que le encargaron no mencionaba nombres ni lugares conocidos yo escuchaba eso de fondo pero sin darle mayor peso los cambios en mi cuerpo empezaron después de varias semanas de estar comiendo lo que ella me llevaba primero fue el cansancio terminaba la jornada con una pesadez extra como si el día hubiera sido más largo luego el sueño dormía muchas horas pero me despertaba como si no hubiera descansado el dolor de cabeza se hizo constante no era un dolor agudo sino una presión como si trajera una banda ajustada alrededor del cráneo después llegó una sensación rara en el cuerpo sobre todo después de comer pesadez náuseas leves y una especie de malestar general me di cuenta de que eso se repetía más los días en que aceptaba su comida los días en que comía algo comprado fuera me sentía un poco mejor no hice la conexión de inmediato pero la coincidencia estaba ahí las noches también cambiaron empecé

31:27 a tener sueños donde ella aparecía en uno de ellos estaba sentado frente a una mesa que no reconocía frente a mí estaba ella con la misma ropa de oficina pero a su alrededor había otras mujeres. No las veía con claridad, pero sabía que estaban ahí, sentadas, mirando. En otro sueño estaba en la oficina, pero todos los escritorios estaban vacíos menos el de ella. Sobre el mío había platos, recipientes, servilletas con manchas, como si hubieran servido comida ahí. Me despertaba sudando con el corazón acelerado y la sensación de haber estado metido en algo que no entendía. En la oficina empezó a haber detalles más concretos. Un día, al acomodar mis cosas, encontré una servilleta en mi cubículo con mi nombre escrito varias veces en distintas direcciones. La letra parecía la de ella. Me pareció un juego raro, pero no dije nada. Otro día, al pasar por su lugar, vi que en la superficie de su escritorio tenía una foto mía impresa. Era una foto que yo había subido a mis redes sociales. Le pregunté qué hacía con esa foto.

32:40 Se rió y dijo que la había impreso por juego, que le parecía curiosa mi cara. No la tiró en ese momento, solo la puso debajo de unos papeles. Eso me incomodó de verdad. Lo disimulé, pero me quedó dando vueltas en la cabeza. Un compañero de Aria me dio burlón. Me dijo que a ella se le notaba el interés, que parecía que quería algo más conmigo. El comentario me hizo ruido porque encajaba con los detalles, pero en ese momento yo estaba más pendiente de cómo me sentía físicamente. Cada vez que comía algo preparado por ella, terminaba la tarde con la cabeza doliendo y con ganas de recostarme sobre el teclado. me miraba en el espejo del baño y veía ojeras marcadas el semblante apagado como si hubiera pasado varias noches en vela empecé a rechazarle algunos platillos le decía que ya había comido o que tenía algo pendiente ella insistía me decía que era una lástima tirar la comida que al menos me la llevara a mi casa para más tarde La tarde que lo entendí un poco más, estaba buscando un documento en mi escritorio. Abrí un cajón que casi no usaba, donde tenía papeles viejos y cosas que rara vez tocaba. Entre todo eso, vi una bolsa escondida, metida al fondo. No era algo mío.

34:02 La tomé y sentí que estaba cerrada, con algo de tierra y objetos duros dentro. En ese instante, se me hizo un nudo en el estómago. no la abrí ahí en medio de la oficina la guardé en mi mochila cerré el cajón y terminé el día como pude mientras apagaba la computadora y me ponía la chamarra supe que todo lo que había sentido y visto alrededor de esa compañera ya no entraba en la categoría de simple interés y comida por amabilidad Algo más se estaba moviendo y la prueba la llevaba guardada conmigo. Esa bolsa se quedó en mi mente todo el camino de la oficina a mi departamento. Casi no recuerdo el trayecto. Llegué, cerré la puerta con seguro y me fui directo a la mesa del comedor. Saqué la bolsa de la mochila y la puse frente a mí. Me quedé viéndola unos segundos, pensando si quería de verdad saber qué tenía. Al final, la curiosidad y el miedo fueron iguales, así que la abrí con cuidado. Era una bolsa simple, de plástico, cerrada con cinta.

35:08 La abrí despacio y vacié el contenido sobre la mesa. lo primero que cayó fue tierra oscura seca en unas partes y pegada en otras entre la tierra salieron granos de sal gruesos que hicieron ruido al chocar con la mesa luego vi papeles doblados los fui abriendo uno por uno y en todos estaba escrito mi nombre completo repetido varias veces con la misma letra apretada algunos tenían partes manchadas como si los hubieran mojado y secado después entre esos papeles apareció un recorte de una foto mía Era la misma foto que había visto en su escritorio, esa que sacó de mis redes sociales. La habían recortado alrededor de mi cara y el borde estaba sucio, con tierra pegada.

35:59 Seguí revisando y encontré pedazos de hilo negro y rojo atados en nudos duros. Al final salió un trozo pequeño de tela. Lo tomé y lo miré de cerca. Reconocí la tela al instante, pues era de una camisa mía, que un día vi con una parte cortada en la parte de abajo. Pensé que la había atorado con algo, o que se había rasgado en la lavadora, pero ahora tenía ese pedazo delante de mí, suelto y manchado. Me quedé viendo todo eso extendido en la mesa. De verdad que nada de eso debía existir fuera de mi casa, y mucho menos en una bolsa escondida en un cajón de la oficina. Yo no armé eso, yo no lo puse ahí, y nadie más tenía por qué meter mano en mis cosas. En ese momento todo se juntó en la cabeza. La comida que me llevaba, las preguntas sobre mi vida, el cansancio que no se quitaba, los mareos y los sueños. Ahí se me vino a la mente, eso era brujería. no me lo tomé como chiste ni como exageración de pueblo ahí estaba sobre mi mesa no me sentí capaz de manejar eso solo pensé en mi familia y se me vino a la mente una tía que siempre ha hablado de esos temas con seriedad sin burlarse pero sin hacer teatro Le marqué y le conté lo que me estaba pasando desde que comencé a aceptar la comida de la compañera, de cómo me sentía cansado,

37:30 los dolores de cabeza y los sueños raros. Luego le describí la bolsa que encontré en mi cajón del escritorio, la tierra, la sal y todo eso. Me escuchó en silencio y luego me dijo directo que eso era un trabajo de brujería, usó esa palabra. Dijo que no sonaba a un simple intento de enamorarme, sino a algo más fuerte. Me comentó que era muy probable que esa muchacha no trabajara sola, que perteneciera a un grupo de mujeres que se juntan para eso. Me dijo que no me quedara solo con esa información y me propuso llevarme con una bruja o curandera, que ella conocía desde hacía años. Aclaró que no era de las que se anuncian en todos lados, que solo atendía a quien llegaba por recomendación. Acepté y al día siguiente fuimos a verla. su casa estaba en una colonia sencilla al entrar vi en una esquina un altar pequeño con velas consumidas un vaso con agua y unas cuantas imágenes religiosas la mujer me miró desde que crucé la puerta era de edad avanzada de piel marcada con el cabello recogido Me indicó una silla frente a la mesa. Me preguntó cómo me sentía, desde cuándo estaba así y qué me habían dicho los médicos. Le conté lo básico, cansancio, mareos, dolores y estudios normales. Después saqué la bolsa y le mostré el contenido. Ella no se

39:02 sorprendió y fue sacando las cosas que había en ella. y las fue acomodando sobre la mesa como si armara un esquema. Dijo que eso estaba muy claro, y me afirmó que no se trataba de que la compañera quisiera solo tener mi atención, sino de prepararme para algo. Me explicó que ese tipo de trabajos los hacen cuando necesitan a alguien debilitado, aislado, sin mucha gente encima de él, fácil de controlar y de mover. Me preguntó si vivía solo. Le dije que sí. Me preguntó si mi familia estaba en la misma ciudad. Y le dije que no. Me preguntó si alguien pasaba a verme a la oficina. Le dije que nadie. Y ella sintió y dijo que justo por eso era el candidato perfecto. Luego vino la limpia, se levantó, encendió una vela y pasó la flama alrededor de mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Después tomó un huevo, lo giró entre sus manos y lo pasó por mi frente, y así por todo el cuerpo completo.

40:09 Encendió unas hierbas sobre un carbón y el humo empezó a llenar la habitación. Me pidió que cerrara los ojos y respirara despacio. El cuerpo reaccionó. Me empezaron náuseas. El estómago se me revolvió y sentí escalofríos. me dieron una cubeta por si tenía que vomitar al poco rato saqué un líquido espeso que me dejó temblando me dolía la cabeza y sentía las piernas flojas pero la mujer me dijo que eso era parte de lo que había entrado con la comida y con las cosas que habían puesto en mis pertenencias Puso el huevo en un vaso con agua y lo miró con atención. No entendí lo que vio, pero afirmó que el trabajo ya estaba avanzado, aunque no cerrado del todo. Dijo que estaba a tiempo de salir, pero que tenía que hacerlo bien. Me aclaró que esa bruja no estaba sola, que pertenecía a un círculo de brujas que se juntan para trabajos más pesados. Dijo que por eso hablaba de reuniones, que por eso decía que ya casi lo tenía listo. Me aseguró que mientras yo siguiera comiendo lo que me daba y trabajando en el mismo lugar, ellas tendrían forma de seguir alimentando ese trabajo.

41:22 Regresé a la oficina unos días después, pero con otra mirada. Ya no veía a la compañera solo como alguien amable, la veía como la bruja que era, y la persona que había sentado delante de mi cubículo una bolsa con mi nombre, mi foto y mi ropa, mezcladas con tierra y sal. Empecé a escuchar con más atención lo que decía. Un día la oí hablar por teléfono y decir que no faltaba mucho, que él ya estaba muy cansado y que solo tenían que esperar la siguiente reunión. No dijo mi nombre, pero en ese momento no me hizo falta escucharlo. Una tarde la vi salir de la oficina con una bolsa grande. La seguí a distancia. No quise acercarme demasiado para que no me viera. Tomó un transporte y bajó en una colonia que no conocía. Caminó hasta una casa de fachada simple. Desde la esquina vi cómo tocaba la puerta y cómo la abrían otras mujeres. Entró sin voltear atrás y poco después llegaron dos más, también con bolsas.

42:27 Pero no me quedé a ver más, con esa imagen me bastó. Volví con la bruja y le conté lo que había escuchado y visto. Ella no se sorprendió. Me dijo que lo peor que podía hacer era enfrentarla o decirle que sabía lo que estaba haciendo. Me afirmó que ellas viven de eso, que no van a aceptar un no así de fácil. Me dijo que mi salida no estaba en pelear, sino en irme de ahí, cambiar de trabajo, de zona y de ciudad si era posible. En pocas palabras, cortar todo contacto. dijo que podía ayudarme a limpiar lo que ya estaba en mi cuerpo pero que mientras yo siguiera viéndola todos los días siempre encontraría la manera de seguir metiendo cosas en mi vida esa noche decidí irme preparé una renuncia con la excusa de una oferta en otra ciudad Hablé con un primo que vivía lejos y le pedí apoyo para llegar unos días con él, en lo que encontraba un lugar. En el departamento empecé a separar lo que de verdad necesitaba. Ropa, documentos y algunas cosas personales. Lo demás lo guardé o lo dejé. No quise llevarme nada que hubiera estado demasiado tiempo en la oficina.

43:41 Entregué mi renuncia en recursos humanos, sin mencionar brujería ni trabajos. Dije que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Ese mismo día cambié de número de teléfono y en mis redes sociales borré a la compañera y desaparecí cualquier forma de contacto. No pasé a despedirme a su lugar. Solo salí de ahí como cualquier otro día, pero con la decisión tomada. En el camión que me llevó a la otra ciudad sentí una mezcla rara. Por momentos pensaba que estaba exagerando, que quizá todo tenía otra explicación. Luego recordaba lo que me había hecho esa bruja que quería acabar con mi vida, los síntomas y los dolores y me repetí que prefería parecer exagerado y estar vivo, que seguir ahí hasta ver en qué acababa todo eso. En la nueva ciudad empecé de cero, conseguí un trabajo en otra oficina, con gente que no sabía nada de lo que me había pasado. Renté un departamento sencillo y armé una rutina parecida a la que tenía antes, pero con otra cabeza. Mi cuerpo respondió. El cansancio empezó a bajar.

44:51 Los mareos casi desaparecieron y los dolores de cabeza se hicieron menos frecuentes. Dormía sin ver mesas llenas de platos ni mujeres sentadas alrededor. Fui con médicos y me dijeron que estaba bien, que no veía nada grave. El miedo, en cambio, no se fue del todo. Cada vez que alguna compañera nueva se muestra demasiado amable y me ofrece comida, una parte de mí se tensa. Ya no acepto platos preparados por gente que apenas conozco. Ya no cuento mi vida a cualquiera. Y cada vez que abro un cajón en mi trabajo, en cualquier oficina, antes de buscar papeles, reviso que no haya una bolsa escondida entre mis cosas, con mi nombre escrito adentro. Porque sé, por experiencia propia, que a veces el peligro no llega con gritos ni golpes, sino con una sonrisa y un plato de comida caliente.

45:56 Estuve una temporada en una ranchería de Veracruz, trabajando en el campo para ganarme unos pesos. Apenas caía la tarde y el sol empezaba a esconderse tras los cerros. Les gritaban a los niños que no se acercaran al río. Era algo que se repetía todos los días, como si fuera una regla que nadie discutía. No decían exactamente qué pasaba en el agua, solo decían que a esas horas salía algo y que lo mejor era mantenerse lejos. Al escucharlos, pensé que se trataba de un animal. La región tiene cocodrilos en los ríos y no me parecía raro que la gente se cuidara de ellos, sobre todo cuando oscurece, y es más difícil ver lo que se mueve entre el agua y la maleza. También pensé en culebras o en algún otro animal que pudiera atacar si alguien se confiaba demasiado. Durante el día jugaban en la orilla, chapoteaban en las aguas bajas y hasta se echaban clavados desde una piedra grande que sobresalía del cauce. Pero apenas el sol comenzaba a pintarse de naranja, recogían sus cosas y se alejaban. Ninguno parecía atrevido a desafiar esa regla, y yo lo interpretaba como simple costumbre del lugar, un miedo que servía para cuidarlos de accidentes. Pasé varios días en esa rutina, ayudando en la siembra y en las reparaciones del campo. El río quedaba cerca de donde dormía, y aunque lo veía a diario, nunca se me hacía algo raro.

47:28 Para mí seguía siendo un cauce tranquilo, con agua tibia y corriente mansa, perfecto para refrescarse después del trabajo. Una tarde, mientras guardábamos unas herramientas en la bodega, escuché a un hombre hablar en voz alta con otro. Decía que un niño no había hecho caso a la advertencia y se había metido al río cuando el sol ya bajaba. Contaba que lo vio de lejos, pero que apenas tuvo tiempo de entender lo que pasó. Algo salió del agua y lo sujetó. No supo cómo describirlo, solo dijo que se movió demasiado rápido para verlo bien. El niño no gritó. Apenas tuvo oportunidad, fue jalado con fuerza hacia la parte más honda y en un instante desapareció bajo la superficie.

48:13 Mientras el hombre contaba eso, la hermana del niño llegó corriendo, pidiendo ayuda con desesperación, y rápido toda la familia salió de su vivienda rumbo al río. yo dejé las herramientas tiradas y me uní al grupo sin pensarlo demasiado aunque no era de la familia el simple hecho de escuchar lo que había pasado me impulsó a correr tras ellos como lo hicieron también varios vecinos que habían escuchado el escándalo aquello que decían que salía del río al atardecer no era un cuento para espantar a los niños acababa de suceder frente a alguien y ahora un menor estaba desaparecido bajo el agua cruzamos la vereda que llevaba directo al cauce. La hermana lloraba tropezando en el camino, mientras el padre y los tíos iban al frente con machetes en la mano. La gente del pueblo se unía conforme escuchaba los gritos, y pronto éramos más de una docena acercándonos con la esperanza de encontrar al niño todavía con vida.

49:15 el agua reflejaba los últimos tonos del atardecer y en apariencia estaba igual de tranquila que siempre yo me quedé de pie mirando la superficie quieta sin saber exactamente qué buscar a lo lejos alguien gritó que había visto burbujas y otro se metió hasta las rodillas con la intención de buscar algo cuando llegué al río ya había mucha gente reunida en la orilla algunos hablaban entre sí los padres del niño estaban al frente gritando su nombre una y otra vez como si esperaran escucharlo desde el monte o que saliera de pronto a la superficie varios hombres del pueblo ya se habían metido al agua avanzando con dificultad con el agua subiéndoles hasta el pecho Llevaban palos largos que hundían en el fondo, palpando a ciegas con la esperanza de encontrar un cuerpo atrapado entre las piedras.

50:06 Otros directamente usaban las manos, tanteando el fango. Yo me quedé primero en la orilla, recogiendo ramas y moviendo piedras cercanas para revisar cualquier rincón donde pudiera haberse atorado el muchacho. El río parecía tranquilo, demasiado para que alguien pudiera desaparecer tan rápido. La corriente no era fuerte, apenas se deslizaba con suavidad, y eso hacía aún más extraño que no hubiera dejado rastro. Nadie había escuchado chapoteos ni gritos de auxilio, ni el golpeteo de alguien luchando contra el agua. Era como si simplemente se lo hubieran llevado en silencio. El abuelo del niño se metió también al agua ignorando los intentos de sus hijos por detenerlo. Caminó diciendo que no saldría hasta encontrar a su nieto. Verlo allí con el agua cubriéndole casi hasta los hombros le dio un peso mayor al momento. Los más jóvenes lo rodeaban para cuidarlo, pero él se apartaba, hundiendo sus manos en el fondo como si con solo tocarlas pudiera traer de vuelta al niño.

51:11 las horas pasaron de ese modo con los hombres entrando y saliendo del agua turnándose para revisar cada rincón las mujeres mantenían encendidas las lámparas de aceite en la orilla iluminando la corriente que ya se había vuelto oscura por la noche Yo tomé una de esas lámparas y ayudé a dirigir la luz hacia donde se movían los buscadores, mientras otros se internaban un poco más río arriba, aunque todos sabíamos que la corriente no era suficiente para arrastrar un cuerpo tan lejos. Algunos buscaban también río abajo, revisando raíces y ramas que sobresalían, convencidos de que, en algún punto, tendría que aparecer ropa o un cuerpo atrapado. pero no hallaron nada ni una tela flotando ni un zapato ni siquiera burbujas que señalaran dónde buscar era como si el agua se lo hubiera tragado sin dejar señal alguna la familia se miraba muy desesperada la madre no dejaba de llorar el padre seguía gritando el nombre del niño con la voz quebrada como si aún esperara que apareciera caminando desde algún rincón del monte. El abuelo, ya exhausto, seguía adentro del agua, temblando por el frío, pero negándose a salir.

52:25 Tenía la mirada en la corriente, como si en cualquier momento fuera a asomar algo. Yo sentía la piel erizada mientras movía piedras cerca de la orilla. Pensaba en lo que había contado aquel hombre, en la figura que había visto sujetar al niño. Cuando la noche cayó por completo, nadie quiso retirarse. Los vecinos se turnaban para seguir dentro del agua, relevándose entre ellos mientras otros descansaban un poco en la orilla. La familia se negó a dejar el lugar. Se sentaron en la arena húmeda. La hermana, que había dado la alarma, se quedó abrazada a la madre. Yo permanecí allí junto a ellos, iluminando con la lámpara y ayudando a revisar donde hiciera falta, pero en el fondo ya sabía que no lo encontraríamos esa noche. Lo que fuera que había salido del agua se lo había llevado, y nosotros estábamos buscando en vano. La búsqueda se prolongó hasta la madrugada, pero no hubo señal del niño en todo el río ni en los alrededores. Cuando amaneció, los hombres que habían pasado la noche dentro del agua salieron con los cuerpos entumidos y los ojos cansados. Algunos se fueron directamente a sus casas a descansar, otros se quedaron en la orilla. La familia permaneció allí, como si abandonar el lugar significara perder lo último que quedaba de esperanza.

53:48 Con el paso de los días, los vecinos siguieron ayudando, aunque cada vez eran menos los que se animaban a meterse al agua. Al principio eran grupos grandes, con palos, redes improvisadas y lámparas de mano, pero poco a poco la cantidad fue reduciéndose. El rumor de lo ocurrido se había extendido, y muchos preferían no acercarse demasiado al río, menos en las horas en que el sol comenzaba a ocultarse. Se decía que algo habitaba allí. yo recuerdo claramente que la familia no se apartaba del lugar habían instalado una especie de campamento improvisado con sillas mantas y lámparas de aceite llevaban comida ahí mismo y pasaban las noches en vela turnándose para vigilar el agua la madre se quedaba siempre cerca de la orilla Al cuarto día, cuando ya muchos habían dejado de buscar, el abuelo seguía empeñado en recorrer la orilla con un machete en la mano. Caminaba lento, apoyándose en un bastón, pero no dejaba de moverse. Se detenía cada tanto, miraba el agua en silencio y volvía a caminar. Algunos intentaban convencerlo de que descansara, pero él respondía con la misma frase. que no se iría de allí sin su nieto. Esa noche, mientras un pequeño grupo revisaba con lámparas, se escucharon ladridos extraños provenientes del monte cercano.

55:15 No eran ladridos normales, eran cortados, como si los perros no terminaran de atreverse a hacerlo con fuerza. Al iluminar hacia el monte no vimos nada, pero el sonido se repetía, cada vez más cerca, hasta que de repente se calmó. Los perros del pueblo se quedaron quietos. No ladraban, apenas gruñían bajo, con las orejas pegadas al cuerpo. Ninguno quiso acercarse al agua, como si percibieran algo que nosotros no. Ese comportamiento empezó a levantar aún más sospechas entre los vecinos. Algunos comenzaron a decir abiertamente que lo que se había llevado al niño no era un animal común. Nadie daba detalles concretos, pero la coincidencia era clara. Todos hablaban de algo que salía del agua al caer la tarde. Yo mismo comencé a sentir un peso extraño al estar cerca de la orilla. No era solo cansancio, sino la sensación de que había ojos observándonos desde algún punto invisible. El agua seguía fluyendo tranquila, pero en las noches parecía más oscura, y cada chapoteo hacía que todos levantáramos la vista. En varias ocasiones, mientras buscábamos por la noche, escuchamos movimientos bruscos en el agua. No eran simples olas, eran chapoteos fuertes.

56:37 Iluminábamos lanzando la luz de las lámparas sobre el cauce, pero nunca había nada visible. La corriente se agitaba por unos segundos y luego volvía a quedar lisa, como si nada hubiera ocurrido. Algunos decían haber visto figuras en la orilla opuesta, sombras que se movían rápido entre los árboles. Otros aseguraban haber sentido que algo se rozaba contra sus piernas cuando estaban dentro del agua. aunque al mirar no encontraba nada. Yo no podía confirmar nada de eso. A pesar del miedo, todavía había quienes se negaban a dejar de buscar. La familia seguía allí, firme, y eso obligaba a los demás a mantenerse cerca, aunque fuera por solidaridad.

57:21 Cada noche encendían las lámparas y cada madrugada volvían a casa. Yo también permanecí. Así fue como los días pasaron sin resultado. Esa noche volví al río junto con varios vecinos que aún se mantenían en la búsqueda. Algunos ya habían desistido, pero quedaba un pequeño grupo que se resistía a abandonar, convencidos de que, tarde o temprano, habría alguna señal del niño. Obviamente que a ese punto... Ya solo estábamos buscando su cuerpo. Todos estábamos en silencio, cargando lámparas y cuerdas, revisando una y otra vez las mismas orillas que ya conocíamos de memoria.

58:02 Entre nosotros estaba un primo mayor del niño desaparecido. un muchacho de unos veinte años caminaba de un lado a otro respirando fuerte como si la desesperación lo empujara a hacer lo que los demás no se atrevían decía que si nadie se animaba a entrar al agua él mismo lo haría porque no soportaba la idea de quedarse quieto los hombres mayores lo detenían le repetían que era peligroso que en las noches las cosas se sentían más raras pero él no escuchaba encendió una lámpara de mano y bajó por la orilla hasta meterse al río primero avanzó despacio con el agua apenas rozándole las rodillas y luego se adentró más hasta quedar con el agua a la cintura se movía con la lámpara en alto iluminando hacia la superficie como si esperara encontrar algo flotando todos lo mirábamos de pronto gritó con fuerza primero se había sorprendido y luego gritó de dolor se inclinó hacia adelante agitando los brazos diciendo que algo lo estaba jalando de las piernas hacia el fondo el río comenzó a agitarse a su alrededor con una violencia El agua burbujeaba como si estuviera hirviendo, y el muchacho forcejeaba tratando de soltarse de lo que fuera que lo tenía atrapado. Los hombres corrieron hacia el borde, algunos arrojándose al agua para alcanzarlo, otros buscando palos y cuerdas. Yo estaba entre ellos, alumbrando con la lámpara y viendo con claridad cómo era arrastrado un

59:35 par de metros río adentro en cuestión de segundos. no había nada visible sujetándolo pero la manera en que su cuerpo se desplazaba era imposible de explicar era como si una fuerza invisible lo tuviera bien agarrado y lo arrastrara con toda intención de hundirlo los que se metieron alcanzaron a sujetarlo de los brazos Pero la corriente a su alrededor se volvía cada vez más fuerte. Se escuchaba el agua golpeando con furia, levantando olas pequeñas que chocaban contra las piernas de quienes intentaban ayudarlo. La lámpara del muchacho se apagó en medio del forcejeo y por un instante quedamos casi a oscuras, solo con las luces lejanas que llevábamos en la orilla. Alguien alcanzó a lanzar una cuerda y logramos rodearle el torso. Entre varios empezamos a jalar con todas nuestras fuerzas. No era como sacar a alguien que se hundía por accidente. Algo jalaba de él. El primo gritaba cada vez más alto, diciendo que algo lo apretaba por las piernas, que sentía como si cuchillas se clavaran en su piel. Después logramos sacarlo del agua. Lo arrastramos hasta la orilla, jadeando y empapados, mientras él temblaba.

1:00:49 Cuando encendimos de nuevo las lámparas y lo revisamos, vimos las marcas en sus piernas. Eran rasguños profundos, líneas largas que parecían hechas con garras, no con piedras ni ramas. La sangre le corría hasta los tobillos. Nadie dijo nada. Lo rodeamos en silencio, mirando aquellas heridas imposibles de justificar. El muchacho temblaba con los ojos desorbitados, repitiendo una y otra vez que no había visto nada, que solo había sentido como algo filoso lo apretaba y trataba de hundirlo. Lo acostamos sobre unas mantas y uno de los hombres intentó limpiar las heridas con agua, aunque el primo gritaba cada vez que lo tocaban. Nadie se atrevía a entrar de nuevo. Esa noche entendimos que lo del niño no había sido un accidente, ni tampoco obra de un animal cualquiera.

1:01:42 Había algo en el agua que se movía con fuerza propia, algo que podía arrastrar a una persona en cuestión de segundos. Ya no era una sospecha ni un rumor. Todos lo habíamos visto con nuestros propios ojos. El primo quedó tendido, temblando bajo las lámparas, mientras algunos improvisaban vendas para detener la sangre. Lo que había allí no era parte de la naturaleza como estábamos acostumbrados a conocerla. Después de lo que pasó con el primo, muchos vecinos decidieron no volver a meterse al agua. Algunos seguían yendo a la orilla a acompañar a la familia. Pero solo se quedaban de pie, mirando con desconfianza el río. El rumor de que estaba maldito se fue extendiendo, y ya nadie se atrevía a bañarse en él ni a cruzarlo cuando oscurecía. La familia del niño permaneció ahí varios días más, con fogatas encendidas y lámparas colgadas en los árboles, esperando que de alguna forma el muchacho apareciera. No aceptaban que lo hubieran perdido para siempre. El primo herido tampoco volvió a acercarse. Sus piernas quedaron marcadas con cicatrices largas y oscuras, y él las mostraba como prueba de lo que lo había jalado.

1:02:56 Decía que había sentido dedos afilados enterrándose en su carne. Los días pasaron y el río no devolvió nada. No hubo ropa flotando, ni cuerpo, ni rastro alguno. Era como si el niño se hubiera disuelto en el agua sin dejar señal. La familia al final regresó a su casa, agotada, con la mirada perdida. Nadie volvió a hablar del tema con ellos, pero todos sabíamos que habían quedado marcados.