Oct. 26, 2025

Informe Confidencial: Pruebas Biológicas En Túneles Del Ferrocarril - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Trabajo desde hace años digitalizando documentos antiguos para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. El proyecto consiste en rescatar archivos deteriorados, escanearlos y subirlos a la base de datos nacional. A mediados del año pasado me asignaron temporalmente a León, Guanajuato, para revisar una bodega que llevaba décadas cerrada. El lugar se encontraba cerca de las antiguas vías del tren, en una zona industrial abandonada. Me dieron una llave oxidada y una orden de acceso. Según el documento, ahí se almacenaban registros del antiguo sistema ferroviario nacional, principalmente planos de locomotoras, inventarios y reportes de mantenimiento de los años 30 y 40. El edificio tenía dos pisos, aunque el segundo estaba inutilizado. Al entrar, lo primero que sentí fue el olor a humedad y aceite viejo. El piso de cemento estaba cubierto con polvo grueso y cada paso levantaba una nube gris. Las paredes tenían manchas oscuras y restos de pintura descascarada. Había estanterías metálicas deformadas por el óxido, muebles de madera apolillados y cajas apiladas sin orden. En una esquina, un ventilador colgaba del techo como si lo hubieran dejado a medio reparar.

1:27 El silencio era tan denso que se escuchaban los roedores moviéndose entre los montones de papeles. Me instalé con una lámpara portátil y empecé a revisar los lotes. La mayoría de las carpetas estaban rotas, atadas con cordones de tela o sujetadas con ligas desechas. Las etiquetas estaban escritas con letra de máquina o tinta azul desvanecida. Algunas decían control de calderas, reparaciones de 1938, sueldos y nóminas 1940. En los primeros días no encontré nada fuera de lo común, solo reportes de maquinaria, listados de piezas y diagramas técnicos. Todo cambió cuando en el fondo de una estantería apareció una caja de madera cubierta con una capa gruesa de polvo. Tenía una placa con letras grabadas. Departamento de Obras Especiales, 1936. Dentro había varias carpetas en mejor estado que las demás. Entre ellas, una llamó mi atención por el título escrito a máquina.

2:32 Proyecto Subterráneo, de León a Silao, 1936. La hoja de identificación llevaba el sello de la Dirección de Infraestructura Nacional y la firma ilegible de un ingeniero jefe. El contenido no se parecía a los demás archivos. En lugar de simples planos de mantenimiento, había croquis de túneles con medidas precisas y anotaciones en lápiz rojo. Lo extraño era que esos túneles no figuraban en ningún mapa actual. Las hojas mencionaban lugares intermedios entre León y Silao y había algunas coordenadas, pero el trazado pasaba bajo zonas que hoy están urbanizadas por completo. Saqué varias hojas para examinarlas con cuidado. Algunos dibujos mostraban cámaras circulares conectadas entre sí por conductos angostos.

3:23 Al pie de cada uno se leía, Planta Experimental, Nivel 3. En los márgenes se repetían algunas abreviaturas que no reconocí. Pensé que tal vez eran referencias a válvulas o cámaras de presión. En el fondo de la caja encontré una bolsa pequeña de tela gris. Adentro había tres placas metálicas, cada una con un número grabado, 11, 14 y 17. Estaban cubiertas con una capa de grasa seca. También había un cuaderno de hojas amarillentas, escrito a máquina y con el sello del mismo departamento. El cuaderno estaba dañado por la humedad. Las primeras páginas eran ilegibles, pero al pasar a la mitad logré descifrar un párrafo claro que decía Prueba número 7, resultado negativo, pues el sujeto no resistió la exposición al vapor comprimido.

4:20 Me quedé leyendo la línea varias veces tratando de entender su contexto. En ningún momento mencionaba locomotoras o calderas industriales. El tono del documento parecía más clínico que técnico. En otras páginas se hablaba de voluntarios, sesiones de calibración y reubicación de cuerpos. No había nombres, solo números de registro y fechas entre febrero y mayo de 1936. Pensé que podía tratarse de una prueba de resistencia al calor para trabajadores del ferrocarril, pero las palabras sujeto y resultado negativo me parecieron impropias para ese tipo de informe. Seguí ojeando el cuaderno y, en la parte final, se mencionaban niveles de presión medidos en atmósferas y una nota marginal. Evitar sobreexposición.

5:13 Riesgo de disgregación tisular. No entendía a qué se referían, pero no sonaba a un simple ensayo mecánico. Saqué mi libreta personal y anoté los datos que me parecieron relevantes. Número del proyecto, año, nombres de los ingenieros, las coordenadas que aparecían y el número de identificación de las placas metálicas. También copié la dirección que se mencionaba en la primera hoja. Depósito 4, en kilómetro 12, en tramo de León a Silao. Nunca había escuchado de un depósito en esa zona, y los mapas digitales actuales no mostraban nada en ese punto, solo un terreno baldío a las afueras de la ciudad. Continué explorando el resto del archivo, esperando encontrar alguna referencia cruzada que explicara el propósito del proyecto, pero la información era escasa.

6:07 En otra carpeta marcada como correspondencia confidencial, encontré un memorándum interno donde se solicitaban más sujetos de prueba y se agradecía al comandante del cuartel ferroviario por el suministro oportuno del personal voluntario. La firma al pie era extranjera, posiblemente alemana o estadounidense. Decidí tomar fotografías de todo antes de devolver las carpetas a su lugar. No era la primera vez que encontraba documentos con información sensible, pero este caso me generó una curiosidad distinta. Me preguntaba qué tipo de experimento requería túneles subterráneos y personal humano. revisé el cuaderno una vez más y noté que en la última página a lápiz alguien había escrito una frase cierre definitivo no abrir después del 15 de agosto y la fecha coincidía con el año de 1936 cuando guardé mis cosas para salir vi que la luz de la tarde se filtraba por los ventanales rotos iluminando el polvo en el aire El lugar daba la impresión de haber sido clausurado deprisa, como si alguien hubiera querido borrar su existencia. Cerré la caja con cuidado, pero me quedé con la bolsa de tela y una de las placas metálicas, la número 17. Sentí que tenía que saber más, que no podía dejar esos papeles olvidados otra vez.

7:37 Esa noche, en el hotel donde me hospedaba, extendí los documentos sobre la cama y los observé con detenimiento. Los croquis parecían seguir un patrón circular, como si las cámaras del túnel estuvieran dispuestas alrededor de una sala central. Calculé las distancias usando las escalas marcadas y me di cuenta de que, si el mapa era correcto, la entrada principal debía estar justo en un terreno abandonado, junto a la vía vieja del tren. Anoté todo con precisión, pues la verdad planeaba visitarlo el fin de semana, antes de que los supervisores llegaran a inspeccionar el avance del trabajo. No informé a nadie, pues sabía que si mencionaba el hallazgo, probablemente retirarían las carpetas y sellarían el acceso. Guardé la placa metálica en mi mochila y programé el despertador para salir temprano. No tenía idea de lo que iba a encontrar, pero algo me decía que aquel proyecto no había sido cancelado por motivos técnicos, sino por algo que nunca se registró en los informes oficiales. Esa fue la noche en que comencé a escribir todo lo que ahora relato, convencido de que lo que se hizo bajo esas vías no era parte de la historia pública del ferrocarril. sino de un secreto que alguien quiso enterrar junto con los túneles.

8:57 Salí temprano rumbo al punto que había anotado en mi libreta. El mapa indicaba que el lugar quedaba a las afueras de la ciudad, detrás de una planta abandonada de materiales de construcción. Al llegar, lo primero que noté fue que el terreno estaba cubierto de pasto seco y basura. A un costado aún se alcanzaban a ver los restos, de lo que alguna vez fueron las vías del tren, apenas visibles entre la tierra y la maleza. Algunas piezas de riel seguían alineadas, oxidadas por el tiempo. Caminé con cuidado, siguiendo el trazo que coincidía con los croquis del archivo. hasta que vi una estructura semicircular de concreto medio enterrada.

9:40 Parecía una antigua entrada de drenaje, pero al acercarme noté que estaba tapeada con bloques grises y una capa gruesa de cemento. Me quedé un momento frente a la entrada, tratando de imaginar cómo habría sido ese lugar cuando estaba activo. La construcción tenía alrededor de dos metros de alto, con el arco superior ennegrecido por hollín. En el concreto aún se distinguían las marcas de los moldes de madera, y al tocarlo sentí la superficie rugosa y fría. Tomé algunas fotos con el celular y seguí caminando alrededor. El terreno estaba delimitado por una cerca de malla vieja que separaba el baldío de un conjunto de casas. En la banqueta, un hombre mayor estaba sentado afuera de su vivienda, afilando una herramienta. Me acerqué a preguntarle si sabía algo del túnel.

10:33 Dijo que llevaba más de 30 años viviendo ahí y que siempre había estado así, cerrado. Me contó que en las noches cuando el suelo se enfría, a veces se oyen golpes como si algo metálico se moviera por debajo. como si arrastraran cadenas o tuberías. También dijo que, en tiempos de lluvia, el agua desaparece rápido en esa parte, como si el subsuelo tuviera huecos o un drenaje oculto. Me agradeció el interés y me advirtió que por ahí se metían personas a buscar chatarra, pero que nadie duraba mucho. Según él, varios jóvenes del barrio habían intentado abrir la entrada hace años y uno terminó hospitalizado por intoxicación. Regresé al hotel con esa información y pasé la noche planificando cómo entrar sin llamar la atención. No podía pedir permisos ni llevar a nadie del trabajo y, si lo hacía por mi cuenta, debía ir preparado. Al día siguiente compré una linterna potente, una mascarilla, guantes y un par de baterías extra. También llevé una cámara compacta y un tripié pequeño.

11:44 Esperé a que anocheciera para evitar curiosos y regresé al terreno, por un costado donde la cerca estaba caída. El aire olía a tierra húmeda y óxido. La luna apenas alcanzaba a iluminar el arco tapeado, que se veía más grande de lo que recordaba. Me arrodillé frente al muro y golpeé con una varilla que encontré ahí mismo. El sonido era hueco, y busqué una zona donde el cemento se veía más débil, justo en una esquina, y comencé a romper con cuidado. Tardé más de una hora en abrir un hueco lo suficientemente amplio para pasar la linterna. Dentro solo se veía oscuridad y polvo en suspensión. Me quité la mochila, encendí la lámpara y empecé a sacar trozos de bloque. hasta dejar una rendija para entrar agachado. El interior olía a metal viejo y humedad. El piso estaba cubierto con una capa de lodo que se pegaba a las botas. A cada paso se escuchaban crujidos de madera podrida y el eco leve de mis movimientos. caminé unos metros y vi un casco de obrero en el suelo golpeado y oxidado con el número 17 grabado en relieve sentí un escalofrío lo levanté y lo guardé en la mochila a un lado había pedazos de madera calcinada como si hubieran hecho fogatas o intentado quemar algo avancé unos metros más hasta que el túnel se bifurcó en dos pasillos ambos estaban cubiertos de moho y trozos de concreto caído

13:17 En el suelo había marcas circulares como si alguna vez hubieran existido plataformas giratorias. Una de ellas todavía conservaba el borde metálico, oxidado y deformado. Me agaché a observarlo y noté que alrededor había manchas oscuras, tal vez aceite o algo más que no quise identificar. A la derecha vi una pequeña habitación sin puerta. Dentro había restos de herramientas, cadenas y un banco de hierro. En un rincón, medio cubierto por escombros, estaba una bolsa de lona endurecida por el tiempo. La abrí con cuidado y adentro encontré fragmentos de tela de uniforme, un anillo y una placa metálica, idéntica a la que había encontrado en el archivo. La limpié con la manga de la camisa y vi que tenía grabado el número 14. Guardé todo en la mochila sintiendo que había hallado una parte perdida del proyecto. El aire comenzó a ponerse más pesado y respirar se volvió difícil y la linterna empezó a parpadear. Sentí mareo y decidí regresar antes de quedarme sin luz. Caminé rápido hacia la salida.

14:27 Me guié por el reflejo del cemento que había roto. Al salir, me quedé sentado un rato recuperando el aliento, con las manos cubiertas de polvo y el cuerpo empapado en sudor frío. Sellé el hueco con los mismos bloques para no dejar evidencia y me fui del lugar antes de que amaneciera. en el hotel me lavé las manos y descargué las fotos en la computadora revisé una por una aumentando el brillo para distinguir los detalles en una de las imágenes del túnel justo antes de la bifurcación noté una forma borrosa detrás del muro A simple vista parecía una sombra, pero al ampliar la imagen se veía claramente la figura de una cabeza humana asomada entre los bloques.

15:14 El rostro no tenía proporciones normales, los ojos eran demasiado separados y la boca se estiraba hacia un costado. pensé que podía ser una mancha un reflejo del flash pero en la siguiente foto tomada desde otro ángulo la forma seguía ahí un poco más atrás como si se hubiera movido apague la pantalla y me quedé sentado sin saber qué hacer afuera el ruido del tráfico comenzaba a aparecer Pero en mi cabeza seguía viendo la imagen del rostro distorsionado. No era posible que alguien hubiera estado ahí dentro, porque el hueco por donde entré apenas daba paso a una persona de mi tamaño. Revisé el archivo original del cuaderno para buscar alguna referencia a eso. En la parte que no había leído con atención, encontré un párrafo nuevo casi borrado por la humedad que decía. Algunas estructuras mantienen actividad térmica incluso después del cierre. Evitar contacto directo con los conductos.

16:16 Esa frase me hizo pensar en el calor que sentí cuando toqué la placa del túnel. Tal vez aún había vapor atrapado bajo tierra o algo que seguía produciendo calor después de tantos años. No dormí esa noche. Me quedé revisando las fotografías hasta el amanecer, ampliando, comparando, intentando encontrar una explicación. Pero mientras más las miraba, más me convencía de que lo que vi en esas imágenes no era un reflejo, sino la huella de lo que quedó ahí dentro desde 1936. Pasé el día entero sin poder concentrarme en el trabajo. Las imágenes del túnel y el rostro deformado no salían de mi cabeza. Esa noche, ya en el hotel, abrí nuevamente el cuaderno del archivo. Las últimas páginas estaban tan deterioradas que tuve que colocarlas bajo la luz directa de la lámpara y usar una lupa para leerlas. Las letras de máquina eran irregulares, algunas impresiones incompletas, como si la cinta de tinta se hubiera secado a la mitad del informe. aun así logré reconstruir casi todo el texto el encabezado decía proyecto experimental prototipo de locomotora de presión humana el título me pareció absurdo al principio pero cuanto más leía menos parecía una metáfora Los reportes describían mediciones, procedimientos y resultados con una frialdad que solo se ve

17:48 en documentos técnicos. Se hablaba de un sistema de calderas controladas por presión biológica y del uso de voluntarios industriales para registrar los efectos de la exposición al vapor comprimido en tejidos vivos. En una de las páginas, el texto cambiaba parcialmente al inglés y decía,« Los sujetos serán expuestos a compresión interna para estudiar la resistencia del tejido bajo calor». Esa línea me hizo entender de inmediato que no se trataba de pruebas con máquinas, sino con personas. En los márgenes se mencionaba el uso de cápsulas metálicas selladas, alimentadas por válvulas de vapor, conectadas a un compresor central. Según el informe, el objetivo era aprovechar la resistencia humana como modelo para calibrar motores de alta presión. Lo que más me perturbó fue la descripción del procedimiento. Los sujetos eran colocados dentro de cámaras de acero y los ingenieros medían cuánto tiempo soportaban la presión antes de que los tejidos colapsaran.

18:54 Al pie del documento aparecía una firma extranjera, Friedrich Wassermann, identificada como consultor técnico, contratado bajo convenio con la Dirección General de Obras Ferroviarias. El nombre me llamó la atención, porque en los años 30, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, México había recibido varios técnicos alemanes para proyectos de infraestructura. Busqué el apellido en línea, pero no encontré nada. Ni una referencia, ni una publicación científica, ni un registro de ingreso al país. Era como si nunca hubiera existido. Seguí leyendo. En un anexo se enumeraban los resultados de 11 pruebas. De la número 1 a la 6 se registraban fallos estructurales por exceso de temperatura. A partir de la séptima, las notas se volvieron más breves, casi mecánicas. Resultado negativo, material biológico disgregado.

19:52 Recolectar residuos y limpiar cámara. En la décima prueba se escribió a mano. Cierre temporal del proyecto por pérdidas humanas. Solicitar reemplazo de personal. La última hoja, fechada en agosto de 1936, que decía, siete sujetos desaparecidos, cámaras selladas y proyecto suspendido por orden superior. Cerré el cuaderno y me quedé inmóvil varios minutos. Las piezas encajaban, los túneles del proyecto subterráneo. No eran simples conductos de mantenimiento, sino parte de esas cámaras experimentales. Lo que encontré en el túnel, las marcas circulares, los restos quemados, las placas numeradas, eran pruebas físicas de lo que habían hecho ahí. Cada número en las placas debía corresponder a uno de los trabajadores, utilizados como sujeto de prueba. Las placas 14 y 17 coincidían con las que yo había recuperado, y probablemente las otras estaban enterradas con los cuerpos.

20:58 Pasé el resto de la noche escribiendo un informe detallado. Incluí las fotos del túnel, las transcripciones del cuaderno y una copia escaneada de cada página legible. A la mañana siguiente envié todo por correo interno a mi supervisor, acompañado de una nota donde pedía orientación sobre cómo proceder. también una copia a la oficina central de archivos históricos pero no recibí respuesta ese día ni el siguiente pensé que como era fin de semana revisarían los documentos el lunes pero el lunes en lugar de un acuse formal recibí un mensaje breve del área de control documental No existe ningún registro del archivo que menciona. Absténgase de continuar revisando material fuera de la base oficial. Cierre inmediato de la sesión de digitalización. Intenté responder, pero el sistema no me permitió reenviar correos. Minutos después, la carpeta compartida donde había subido los archivos desapareció del servidor. Fui hasta la bodega ese mismo día, pero al llegar encontré la puerta principal sellada con cinta amarilla y un letrero metálico nuevo.« Acceso restringido.

22:14 Seguridad federal». En el suelo, las huellas de neumáticos recientes indicaban que habían estado ahí por la mañana. Golpeé la lámina, pero todo estaba cerrado y no se escuchaba nada dentro. Esa noche regresé al hotel sin entender cómo podían haber actuado tan rápido, pues no habían pasado ni tres días desde que envié la información. Pensé en volver al túnel, pero me contuve. si habían sellado el archivo también estarían vigilando el área encendí mi computadora personal para revisar las copias locales de los documentos y descubrí que varios archivos estaban corruptos sólo quedaron intactas las fotos y el escaneo parcial de la última página del cuaderno lo demás mostraba error de lectura Abrí la mochila y saqué la placa metálica con el número 17. La había guardado en una bolsa de plástico, pero al tocarla noté que estaba tibia. La dejé sobre la mesa y observé cómo se empañaba el cristal del vaso que tenía al lado. No podía ser el calor de mis manos. La habitación estaba fría. La sostuve unos segundos más y sentí que vibraba muy levemente, como si un flujo de aire o presión interna se moviera dentro del metal. La coloqué de nuevo en la bolsa y apagué la luz. Durante los días siguientes recibí dos llamadas sin identificador. nadie hablaba pero al fondo se oía un ruido constante parecido al escape de una válvula

23:47 o a un silbido de vapor cambié de hotel y no volví al terreno entregué mi renuncia por correo electrónico y regresé a la ciudad de méxico antes de que el contrato terminara Han pasado varios meses desde entonces. Nunca volví a saber nada del proyecto ni de los documentos. Busqué el nombre del Dr. Wasserman en archivos internacionales y lo único que encontré fue una referencia. A un ingeniero alemán desaparecido en Veracruz en 1939. Pero ninguna mención oficial lo relaciona con el ferrocarril. He intentado convencerme de que lo que encontré fueron simples registros técnicos, mal interpretados. Pero cada vez que veo la placa en mi escritorio, recuerdo el calor que emanaba del túnel. A veces la saco para comprobar si sigue igual, pero casi siempre está fría, pero de vez en cuando se calienta sola sin razón aparente.

24:47 Dura unos segundos, apenas lo suficiente para que el metal queme la piel. Luego vuelve a enfriarse como si guardara dentro de sí la presión de un vapor que aún no ha terminado de liberarse, el mismo que en 1936 intentaron contener dentro de los túneles y que jamás debió usarse en personas.