El NAHUAL Que Vive En El Monte Historias De Terror - REDE
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0:02 TenÃa 19 años cuando fuimos a acampar al rancho de los Coronado. Ãramos cuatro, Memo, Adrián, Sergio y yo. En ese tiempo todo era más fácil. Alguien decÃa que fuéramos al monte y los demás armábamos mochilas sin pensarlo mucho. Era Semana Santa. No tenÃamos clases ni trabajo. Solo querÃamos alejarnos un rato, dormir bajo el cielo y desconectarnos del ruido. La idea del rancho fue de Memo. Dijo que conocÃa un lugar mejor que cualquier arroyo o cerro. Un rancho abandonado donde antes vivÃa una familia con terrenos grandes. Después de un derrumbe se fueron y dejaron todo. Según él, nadie habÃa vuelto a pisar esa tierra desde los años 70. Dijo que era perfecto para fumar, poner música y contar historias raras.
0:52 Nos juntamos temprano ese viernes. Caminamos casi dos horas por veredas sin sombra. Cruzamos unos potreros y bajamos por una cañada hasta que llegamos. El terreno se abrÃa entre el monte. No habÃa pasto ni cercas, solo piedras, ramas secas y un mezquite enorme en el centro. Estaba lleno de espinas con las ramas torcidas hacia abajo. La casa principal ya no existÃa. Solo quedaban unas paredes caÃdas y los restos del techo tirados sobre columnas partidas. Me acordé que mi abuela contaba cosas de ese rancho. DecÃa que ahà vivÃa un hombre raro, que robaba animales y se metÃa desnudo a los patios, que lo colgaron del mezquite como escarmiento.
1:37 DecÃan que era un nahual, que se convertÃa en animal para hacer daño. Yo pensaba que eran cuentos para espantar niños. Armamos las dos casas de campaña cerca de las ruinas. Encendimos una fogata con ramas secas y pusimos música en una bocina recargable que traÃa Sergio. Sacamos unas latas de cerveza y unos churritos. La noche estaba tranquila, sin viento, sin nubes. Se escuchaban grillos y el crujido del monte a lo lejos. Cuando oscureció por completo, el mezquite cambió. La sombra del árbol se alargaba sobre el suelo y alcanzaba hasta donde estábamos sentados. Nadie dijo nada, pero todos lo notaron. Memo se quedó mirando el tronco un buen rato.
2:23 Murmuró que sà parecÃa uno de esos árboles donde pasaban cosas. Yo quise reÃrme, pero el ambiente ya se sentÃa raro. No era miedo. Era la forma en que todo se habÃa quedado demasiado callado. Adrián preguntó si ese era el árbol donde habÃan colgado al supuesto Nahual. Nadie respondió. Solo volteamos a verlo. Era más alto y más grueso que cualquier otro mezquite que yo hubiera visto. TenÃa las ramas torcidas, largas, con espinas secas que parecÃan uñas. No tenÃa flores ni hojas verdes. Todo el tronco estaba gris. ParecÃa seco, pero seguÃa en pie. Memo seguÃa convencido de que era el mejor lugar para acampar. Dijo que eso lo hacÃa más emocionante.
3:08 Sergio no decÃa mucho. Solo prendÃa su lámpara cada rato y apuntaba alrededor. Adrián empezó a decir que tal vez era mejor quedarse solo una noche. Yo también lo pensé, pero no dije nada. Cuando me metà a la casa de campaña, me costó trabajo quedarme quieto. Estaba pegada a un árbol chico, pero desde la entrada se alcanzaba a ver parte del mezquite grande. Me tapé hasta la cabeza, pero aún asà escuchaba todo. Ramas tronando, insectos moviéndose por la tierra, y otra cosa, algo más suave, respiraciones lentas cerca de la lona. pensé que podÃa ser uno de los otros caminando por ahà pero después sentà que venÃa justo de mi lado junto a mi cabeza y ahà supe que no era ninguno de ellos me quedé quieto con el pecho apretado no escuchaba pasos sólo ese aliento que iba y venÃa como si alguien estuviera parado ahà esperando a que yo me moviera no me atrevÃa a asomarme cerré los ojos y respire despacio no sé cuánto tiempo me quedé asà tal vez fueron minutos tal vez horas en algún momento el sonido se fue apagando los grillos volvieron a escucharse Cuando amaneció, me levanté con los hombros tensos. Afuera ya estaban los demás. Nadie mencionó lo de la noche. Solo Sergio preguntó si alguien habÃa caminado cerca de su tienda. Todos negamos. Aún no sabÃamos en
4:42 qué nos estábamos metiendo, pero yo ya traÃa un presentimiento. Amaneció sin que nadie dijera cómo habÃa dormido. Solo vi a Adrián con los ojos hinchados y la cara marcada. Se sentó en una piedra y se quedó mirando hacia el árbol sin decir nada. Sergio sacó su celular y empezó a tomar fotos, primero de las ruinas y luego del mezquite. Tomaba varias desde distintos ángulos, acercándose más con cada paso. Mientras comÃamos pan con frijoles frÃos, Memo nos llamó desde el árbol. Nos acercamos y nos señaló algo en el tronco. HabÃa marcas. No parecÃan recientes, pero se notaban.
5:22 Rasguños distribuidos sin orden, unos más hondos que otros. Eran muchos, todos a la altura de una persona parada. A un lado, justo en el centro del tronco, habÃa una lÃnea vertical más profunda que el resto. Alguien habÃa cortado ahà muchas veces, como si lo hubiera hecho con desesperación. No parecÃa un tajo cualquiera, parecÃa hecho con coraje. Más arriba, en una rama curva, colgaba una cuerda delgada, negra, casi deshecha por el sol. Estaba enredada como si hubiera sostenido algo. Intentamos bajarla con una rama larga, pero al tocarla se deshizo en pedazos. Cayó al suelo hecha polvo. Nadie lo dijo, pero todos pensamos lo mismo. Ninguno quiso mencionarlo. Adrián fue el primero en hablar. Dijo que ya no querÃa quedarse otra noche. Se le notaba incómodo. Dijo que no se sentÃa bien ahÃ. Memo se burló. Dijo que estaba exagerando, que todo era por estar sugestionado. Yo solo escuché. También sentÃa raro el lugar. No se oÃan pájaros, ni zumbidos, ni ese fondo de monte que siempre acompaña. Todo estaba demasiado callado. Ni siquiera el rÃo que pasaba lejos se alcanzaba a oÃr. Después del desayuno, fuimos a buscar leña.
6:41 Nos alejamos unos 30 minutos, subiendo una loma para cortar ramas secas. Al regresar, una de las mochilas estaba abierta. Era la de Sergio. TenÃa la cremallera bajada y las cosas revueltas. faltaba su encendedor y una navaja pequeña nadie las habÃa tocado memo dijo que tal vez se habÃan caÃdo cuando movimos las mochilas pero todos estábamos seguros de que nadie se habÃa acercado sergio buscó por los alrededores sólo encontró piedras y ramas cuando volvió se acercó al árbol con su celular dijo que querÃa tomar otra foto esta vez lo hizo desde más lejos Después de unos segundos se quedó viendo la pantalla. No dijo nada. Nos acercamos. En la imagen se veÃa una figura. Estaba detrás del tronco, justo en la parte más oscura. Era alargada, con forma de persona. No tenÃa cara ni detalles, pero se notaba, como si alguien estuviera parado ahÃ. Sergio agrandó la imagen varias veces. El contorno era borroso, pero tenÃa forma de cabeza y brazos. En persona no habÃa nada. Miramos ese mismo punto, rodeamos el tronco, revisamos el terreno, no habÃa nadie.
7:57 Memo dijo que podÃa ser una sombra, que a veces las ramas se cruzaban y daban formas raras, pero él también se quedó viendo la foto más tiempo de lo normal. Decidimos mover las casas de campaña, no muy lejos, solo unos metros más hacia la pendiente, donde habÃa árboles más delgados. Nadie lo dijo, pero fue por el mesquite. Sergio lo miraba seguido, como esperando que algo se moviera ahÃ. Adrián casi no hablaba. Se sentaba a afilar su cuchillo con la orilla de su camiseta, una y otra vez. Esa noche encendimos la fogata. Comimos atún con tortillas y tomamos lo que quedaba de cerveza. No hablamos de la foto.
8:40 Sergio la revisó varias veces. SeguÃa en su galerÃa. Nadie quiso tomar más. Memo intentó contar un chiste, pero nadie se rió. El ambiente habÃa cambiado. Ya no era una salida de amigos. Se sentÃa como si estuviéramos metidos en un lugar que no nos querÃa ahÃ. Cuando llegó la hora de dormir, nos metimos rápido a las casas. Dejamos las linternas encendidas por dentro. Yo me acosté mirando hacia la tela de la entrada. Escuchaba los ruidos del monte, pero eran distintos. No tronaban ramas, no se oÃan grillos. Solo un silencio cortado por ráfagas de viento, como si pasara entre cosas que no estaban antes. me despertó un crujido raro como si una rama se hubiera partido muy cerca no fue fuerte pero lo sentà justo al lado de mi cabeza me levanté despacio sin hacer ruido afuera estaba oscuro solo entraba una lÃnea débil de luz por la tela de la tienda tomé la linterna y abrà con cuidado el cierre Adrián ya estaba afuera agachado mirando hacia el mezquite no volteó cuando salà me acerqué sin hablar él levantó un dedo como pidiendo silencio y señaló con la cabeza miré hacia el árbol entre las ramas a media altura habÃa algo colgado no se balanceaba mucho sólo se movÃa un poco como empujado por un aire que no sentÃamos tenÃa forma de persona delgada larga no
10:11 colgaba floja como una prenda ni parecÃa una rama caÃda estaba suspendida con rigidez como si pesara nos quedamos mirando sin hablar no se oÃan grillos ni viento ni pasos sólo esa figura quieta temblando leve adrián dijo en voz baja que eso no estaba ahà anoche yo también lo sabÃa habÃamos visto ese árbol desde todos los ángulos no habÃa nada colgado eso era nuevo se escuchó un tronido detrás de nosotros volteamos al mismo tiempo algo piso ramas secas a pocos metros No vimos nada, pero los pasos se alejaron entre los arbustos, lentos, sin apuro. Sentà la piel helada. Regresé la vista al árbol. La figura seguÃa ahÃ, quietecita.
11:00 Despertamos a Memo, lo empujamos del hombro hasta que abrió los ojos. Sergio ya estaba levantado. Asomaba medio cuerpo desde su tienda, con la linterna en la mano. Cuando iluminó el árbol, la figura ya no estaba. No colgaba ni habÃa caÃdo al suelo. Solo se veÃan ramas. Nadie se quiso acercar. Sergio dijo que podÃa haber sido una rama grande trabada entre otras. Memo se rió, pero nervioso. Adrián no dijo nada. TenÃa la linterna apuntando al suelo. Me temblaban las manos, pero traté de mantenerlas quietas. Regresamos a las tiendas y cerramos bien. Yo dejé la linterna encendida. No pude dormir. Me acosté mirando la tela, escuchando todo.
11:45 Ramas moviéndose, pisadas lentas, como si alguien caminara entre hojas. En un momento se oyó algo más cerca, como una exhalación pegada a la lona. Me quedé quieto, ni pestañee. Quise pensar que era el viento, pero no habÃa viento, y ningún animal respira asÃ, con pulmones que suenan como los de una persona. Apenas clareó, salà de la tienda. Memo ya estaba junto a la fogata apagada. Dijo que no habÃa dormido nada. Sergio revisaba su celular. Buscaba la foto que habÃa tomado el dÃa anterior, la de la figura detrás del tronco. Ya no estaba. Revisó galerÃa, carpetas, papelera, incluso archivos ocultos. No la encontró. Probó con una aplicación para recuperar archivos, pero tampoco funcionó. Lo dijo como broma, pero se notó que lo decÃa en serio. Algo no querÃa que se supiera. Nadie se rió. Memo chasqueó la lengua y se alejó. Adrián seguÃa mirando al árbol. No dijo nada, pero se le notaba la tensión. Decidimos irnos.
12:49 Ya no querÃamos otra noche ahÃ. No importaba la comida ni la baterÃa de la bocina. Empacamos todo sin perder tiempo. Mientras doblábamos las casas de campaña, Adrián se agachó cerca del mezquite. Sacó su encendedor de la tierra. Estaba justo al pie del tronco, con la mitad afuera. Lo levantó con dos dedos. Lo reconoció. Era suyo. Nadie lo puso ahÃ. Nadie habÃa escarbado. Debajo del encendedor, la tierra estaba removida. HabÃa marcas, zarpazos profundos con lÃneas paralelas como si algo con dedos largos hubiera escarbado hacia abajo. Sergio se acercó, las vio y se echó un paso atrás sin decir nada.
13:32 No lo dije, pero lo pensé. Lo que habÃa en ese lugar no era un animal ni una persona escondida. Era otra cosa, algo que usaba el árbol, algo que aparecÃa cuando oscurecÃa y no querÃa que lo viéramos. Salimos del terreno sin voltear. Dejamos la fogata apagada y las piedras como estaban. Caminamos en fila por la vereda sin hablar. Yo sentÃa que algo nos seguÃa entre el monte, esperando que uno se quedara atrás. No pasó nada durante el camino. Salimos de ahà antes del mediodÃa. Nadie desayunó. Solo empacamos lo que quedaba, echamos todo en las mochilas y nos fuimos.
14:14 El camino de regreso se sintió más largo. El monte se veÃa diferente, más cerrado. Ãbamos callados, escuchando solo nuestras pisadas sobre la tierra y las hojas. Pero hasta ese sonido parecÃa incompleto. No se oÃan pájaros, ni grillos, ni el aire entre los árboles. Solo nosotros. Adrián iba adelante, volteando cada tanto. Al principio lo hacÃa con calma. Después con más insistencia. Le pregunté qué tenÃa. Dijo que sentÃa que algo venÃa detrás. Que no sabÃa cómo explicarlo, pero lo sentÃa. Yo también notaba el ambiente más pesado. A medio camino se oyó un tronido entre los matorrales cerca del sendero. Todos nos detuvimos. Sergio prendió la linterna, aunque ya era de dÃa. Apuntó hacia los árboles, pero no se veÃa nada. Todo se veÃa quieto, pero no tranquilo.
15:06 Seguimos caminando, esta vez más rápido. Memo empezó a respirar agitado, dijo que escuchaba pasos detrás de él como si alguien imitara su ritmo, pero con un segundo de retraso. Se detenÃa y los pasos también. Caminaba de nuevo y los pasos igual, lo miramos pero nadie bromeó. Sergio se quedó a su lado el resto del camino. Cuando por fin llegamos a donde habÃamos dejado la troca, solté el aire. SentÃa las piernas tensas. Me acerqué al cofre para dejar la mochila, pero me detuve. HabÃa una marca sobre el polvo del cofre, clara, como si una mano se hubiera apoyado ahÃ. Pero no era una mano normal. Era más larga, con los dedos torcidos y demasiado separados. No parecÃa de persona ni de animal. Llamé a los demás. Se acercaron.
15:58 Nadie dijo nada. Adrián se tocó la nuca. Memo dio un paso atrás. Sergio le tomó una foto, pero no comentó nada. Subimos de inmediato. Cerramos las puertas sin hablar. Cuando arranqué, Adrián gritó. Dijo que al fondo, entre los árboles, junto al mezquite, habÃa alguien parado. Volteé por reflejo. Alcancé a ver una figura. Estaba lejos, pero era imposible no notarla. Alta, delgada, con algo encima. No supe si era piel o ramas, pero no parecÃa ropa. Estaba recta, quieta, mirando hacia nosotros. Aceleré sin mirar atrás. Nadie habló durante el camino. Sergio solo murmuró que no debimos ir, que ese lugar no era para nosotros. Adrián iba callado, viendo por la ventana.
16:47 Memo no soltó la mochila. Al llegar a mi casa, guardé las cosas y me acosté sin cenar. Estaba agotado, pero no dormà bien. Me desperté como a las tres, sin razón. Estaba boca arriba, con los brazos entumidos y el pecho apretado, como si alguien se hubiera sentado encima. Me costaba respirar. Abrà los ojos. Todo estaba oscuro, pero entraba algo de luz por la ventana. Volteé hacia allá, lo juro. Vi un ojo, solo uno, reflejado desde afuera. Era más grande, como si alguien estuviera pegado al vidrio, viéndome desde muy cerca. Salté de la cama y fui directo a la ventana. No habÃa nadie. Pero el zacate justo abajo estaba aplastado. No estaba revuelto ni pisado al pasar. Aplastado, como cuando alguien se queda mucho rato en el mismo lugar.
17:42 Cerré la cortina, apagué la lámpara y me volvà a acostar, sin apagar la linterna. Al dÃa siguiente, Adrián me mandó mensaje. Dijo que, esa madrugada, alguien habÃa tocado su ventana. Una sola vez, un solo golpe. Que se despertó al instante, pero no pudo moverse. Que sentÃa que algo lo miraba desde afuera. Se lo conté a Memo. Me dijo que soñó que alguien lo llamaba por su nombre desde el patio. que no podÃa moverse pero escuchaba la voz no supo si fue sueño o si de verdad lo escuchó Sergio no contestó ni ese dÃa ni el siguiente hasta la tarde del segundo dÃa escribió al grupo diciendo que se iba al rancho de su tÃo que necesitaba espacio no explicó nada esa noche ninguno del grupo durmió bien nos mandamos mensajes a distintas horas preguntando si los demás también estaban sintiendo cosas cada quien con su versión pero todos coincidimos en lo mismo desde que fuimos al rancho de los coronado algo se nos pegó y no parecÃa tener prisa por irse intenté seguir con mi vida normal hacÃa lo de siempre iba al campo ayudaba en la parcela barrÃa el patio pero en las noches no dormÃa bien me despertaba casi siempre a la misma hora ya no necesitaba ver el reloj SabÃa que era poco después de las tres. AbrÃa los ojos sin razón, con el cuerpo entumido.
19:09 A veces me costaba mover los brazos, como si los tuviera amarrados por dentro, y cada vez que pasaba, escuchaba algo en la casa. Eran pasos, a veces arrastrados, como si alguien caminara sin prisa por el pasillo. Llegaban hasta cerca de mi cuarto y se detenÃan. No escuchaba que se alejaran, solo dejaban de sonar. Dejé una lámpara pequeña encendida junto a mi cama. Me tranquilizaba ver aunque fuera un poco de luz, pero una madrugada me desperté y estaba todo oscuro. Me levanté y vi que la lámpara estaba desconectada, no solo apagada. El enchufe estaba en el suelo, como si alguien lo hubiera jalado. Le conté a Memo.
19:54 Me dijo que a él le pasó lo mismo. Que una noche sintió que alguien se sentaba en su cama. Sintió el colchón hundirse. Quiso moverse, pero no pudo. Se le durmieron los brazos, las piernas, todo el cuerpo. Se le pasó hasta que se quedó dormido otra vez sin saber en qué momento. Sergio ya no respondÃa en el grupo. Al principio pensamos que estaba ocupado, pero pasaron varios dÃas sin que dijera nada. Fue Memo el que se enteró por un conocido que se habÃa ido con su familia a un rancho, que tenÃa problemas personales. Nadie quiso preguntar más. Una noche Adrián me llamó por videollamada. Le temblaba la voz.
20:36 Dijo que algo lo habÃa atacado. Me enseñó el brazo. TenÃa tres marcas profundas, rojas, como si algo lo hubiera arañado con fuerza. Pero no eran marcas de animal. Eran lÃneas derechas, paralelas, sin cruzarse. Me contó que minutos antes habÃa visto algo en su techo. una figura negra, agachada, con patas largas. Dijo que la cabeza era muy alargada, que parecÃa que olÃa el aire. Se asomaba sobre la orilla del techo, como si buscara algo. Cuando salió al patio con la linterna, algo lo empujó. No alcanzó a ver qué era, solo sintió el golpe y cayó. Cuando se levantó, ya no habÃa nada. Yo no supe qué decirle.
21:19 Le dije que fuera al médico, que no se quedara solo, que cerrara bien con llave, pero no le di ninguna explicación. No la tenÃa. Esa madrugada yo tampoco dormÃ. Me quedé despierto y volvió a pasar. Escuché que algo se movÃa afuera de mi ventana. Esta vez no me acerqué, no quise mirar. Solo me quedé quieto, con la cobija hasta el cuello y los ojos abiertos. Pasaron varios minutos en silencio. Ni los perros ladraban. Todo estaba muerto, hasta que se escuchó un golpe contra la pared, como si algo hubiera caÃdo desde el techo. No me levanté. Esperé a que amaneciera.
22:01 Cuando salió el sol, agarré una escalera y subà al techo. Estaba lleno de polvo, ramas secas y hojas del árbol del patio. Pero en medio del techo vi algo. Era un montón de ramas secas puestas como en cÃrculo. Y en el centro, una figura, como una muñeca hecha con hilos, cabellos enredados, tierra y algo que parecÃa piel reseca. TenÃa forma de cuerpo, cabeza alargada, patas delgadas, brazos que colgaban. Estaba amarrada del cuello con un hilo rojo, no quise tocarla, fui por una pala, la recogà entera y la metà en una bolsa negra, caminé hasta el arroyo que queda lejos del rancho, ahà la tiré con todo y piedras.
22:44 Me quedé viendo cómo se iba, flotando lento hasta que se hundió. Me regresé sin mirar atrás. Desde entonces, la casa se sintió más tranquila. Ya no escuché pasos, ya no desperté entumido, pero nunca volvà a pasar por el camino del rancho de los Coronado. Si alguien me pedÃa ir al monte por esa zona, me negaba. Buscaba otra ruta, aunque fuera más larga. Con el tiempo, casi nadie del grupo hablaba del tema. A veces nos veÃamos y platicábamos de otras cosas. Pero nunca del mezquite, nunca del árbol, ni del colgado. Y hasta hoy, cada vez que escucho que alguien quiere acampar en el monte... Me acuerdo de todo, me quedo callado, pero por dentro sé que hay lugares a los que no se debe ir, porque hay árboles donde cuelgan cosas que no son de este mundo, y si uno se acerca demasiado algo lo sigue, aunque no se vea, aunque no se entienda.
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