July 31, 2025

Desenterramos Un ATAUD Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Tenía 38 años y desde los 18 andaba en obras, así que cuando me hablaron para esa construcción nueva en las afueras de la ciudad, acepté sin dudarlo. Era una plaza comercial, grande, con cines, locales, todo eso. Nos citaron desde temprano el primer lunes, con los planos y la maquinaria lista. La zona era puro terreno baldío, con monte seco, basura vieja y tramos de tierra dura como piedra. Los primeros dos días fueron normales. Aplanamos, marcamos. Y empezó el trabajo con la retroexcavadora para abrir las zanjas donde irían los cimientos. Éramos nueve en total. Uno manejaba la máquina y los demás andábamos alrededor sacando piedras, limpiando, preparando varillas. Yo andaba con la pala al lado de donde la cuchara empezaba a escarbar el tercer hoyo. El operador gritó que había golpeado algo. Paró la máquina y bajamos todos. Al principio pensamos que era un tronco viejo, pero era más largo, más recto. Y cuando quitamos la tierra con cuidado, vimos que era de madera. Mojada, podrida, casi se deshacía con los dedos. Tenía la forma de un ataúd, aunque sin barniz, sin agarraderas, sin nada escrito. La tapa estaba medio abierta por el golpe de la máquina. Uno de los muchachos la levantó con una varilla. Adentro estaba el cuerpo, resequísimo, como cuero viejo. No tenía ropa. El cráneo no estaba

1:36 por completo descubierto. Todavía tenía parte del cuero cabelludo pegado. Y lo más raro eran las manos. Las tenía en la cara como tapándose los ojos. Ninguno dijo nada por varios segundos. Solo veíamos. No era una tumba registrada ni nada de eso. Nadie dijo nada al patrón, sabíamos que si le contábamos se paraba la obra, metían a la policía, al gobierno y quién sabe cuánto tiempo nos quedábamos sin trabajo, así que entre varios lo sacamos con cuidado, lo envolvimos en un plástico viejo que teníamos y lo llevamos a la parte trasera del terreno, cerca de una barda que daba a un lote abandonado. Cavamos otro hoyo ahí mismo y lo enterramos como pudimos. Algunos decían que mejor lo dejáramos donde estaba, pero la mayoría solo quería acabar y seguir trabajando. Le echamos tierra, piedras encima y nos fuimos como si nada. Ese día no se habló más del asunto, ni en la hora de comida ni al salir. Cada quien se fue derecho a su casa, más callados de lo normal. Yo llegué ya de noche. Mi esposa me había guardado comida. pero no tenía hambre. Me bañé, cené un poco y me acosté temprano. Estaba cansado, pero el sueño no me agarraba. Me quedé viendo el techo, escuchando a mis hijos moverse en su cuarto, los perros del vecino ladrando. no recuerdo en qué momento me quedé dormido pero desperté sin poder moverme estaba de lado con la

3:07 cara hacia la pared sentí el cuerpo como si pesara mucho intentaba mover un dedo levantar la cabeza lo que fuera pero no podía Al principio pensé que era un sueño. Me ha pasado una o dos veces antes, pero esta fue diferente. Escuché los pasos, claritos, uno tras otro, entrando desde la puerta del cuarto, pasando por detrás de mí. No eran pasos fuertes, eran lentos, casi como si arrastraran los pies. Y no era un sueño. Yo tenía los ojos abiertos, veía la pared, la cortina, todo igual. Los pasos se detuvieron justo atrás de mi cabeza. Sentí que alguien estaba ahí parado. No podía voltear, ni gritar. Sentí como me sudaban las manos, el pecho, la cara. La respiración me empezó a fallar. Estaba seguro de que, si eso seguía un poco más, me iba a dar un infarto.

4:02 Después de un rato, no sé cuánto, pude mover los dedos. Me giré de golpe después de salir de ese estado. No había nadie. La puerta seguía cerrada. Me levanté, fui a revisar a los niños. Dormían tranquilos. Mi esposa también. Me lavé la cara, tomé agua y me senté en el sillón sin querer volver a acostarme. Pensé que el cuerpo aquel no debía haberse tocado. que aunque hubiera sido por trabajo, no era algo normal. No era como excavar piedras ni sacar raíces. No sabíamos quién era ni por qué estaba ahí. Yo traté de convencerme de que era el cansancio, de que uno se sugestionaba, pero por dentro ya sabía que ese día habíamos hecho algo mal. Llegué a la obra como siempre, antes de las siete. Me sorprendió ver que ya había dos compañeros ahí, sentados en el suelo, sin hablar mucho. Uno era César, el más joven, y el otro era Filiberto. No estaban platicando, solo miraban al suelo. Me acerqué, les saludé. César apenas levantó la mirada y dijo que no había dormido nada. Cuando le pregunté por qué, me contó que soñó con golpes en la pared de su cuarto, que eran constantes, como si alguien golpeara desde adentro. Le pregunté si había visto algo, pero solo negó con la cabeza. Filiberto dijo que él también había soñado. Dijo que se despertó en la madrugada

5:32 y vio a alguien parado junto a la ventana de su sala. que no se movía, que no tenía cara, pero no quiso decir más. Se levantó y se fue directo al área donde andábamos trabajando el día anterior. Faltaban más de dos para completar el grupo. El operador de la retroexcavadora llegó tarde con los ojos hinchados. Dijo que no había podido dormir y uno, el que todos le decíamos el gordo, no apareció. Preguntamos por él y uno de sus primos, que trabajaba en otra obra, nos avisó que lo habían llevado a una clínica. Parecía que se había enfermado. Ese día nadie hizo bromas. Nadie sacó el radio para poner música. Solo trabajamos en silencio, sin acercarnos a la zona de la barda. Yo sentía el cuerpo cortado, como si no hubiera descansado nada. Aunque había dormido más que la noche anterior, me sentía peor. En ratos me dolía la cabeza y no podía dejar de pensar en el cuerpo, en esa forma en que tenía las manos.

6:36 Esa noche me acosté temprano, Pero no logré dormir seguido. Cada tanto me despertaba sin razón. Y cuando lo hacía, en dos ocasiones vi algo que no supe explicar. Primero fue en la cocina. Me levanté por agua y al pasar por el comedor alcancé a ver algo en el rincón. cerca del mueble viejo donde guardamos los trastes. Era una figura, alta, no se movía. La vi por un segundo y parpadeé. Ya no estaba. Me quedé un momento ahí, pero no quise buscar más. Tomé el vaso de agua y regresé a la cama. La segunda vez fue más tarde. Escuché a mi hijo toser y me levanté a verlo. Caminé por el pasillo y al pasar frente al baño, volví a ver esa cosa. Otra vez en el rincón. No se acercaba. Solo estaba parada ahí. Solo la silueta. Parpadé y otra vez desapareció rápido. Me metí al cuarto del niño, dormía tranquilo, lo arropé y regresé a mi habitación. Lo raro fue que mi esposa me dijo que me había levantado a la medianoche, que me había quedado de pie junto a la pared del cuarto, mirando fijamente. Que no le respondía, que intentó moverme, pero no reaccioné hasta que me jaló fuerte del brazo. Yo no recordaba nada. Ella decía que no estaba dormido, que tenía los ojos abiertos, que estaba respirando normal, pero no hablaba, que solo miraba

8:06 la pared. No supe qué decirle. Me fui al trabajo confundido. Ese día casi no hablé con nadie, y lo peor fue en la noche siguiente. Me dormí cansado, apenas puse la cabeza en la almohada. Pero no fue un sueño común, volví a tener parálisis. Esta vez fue más fuerte, no podía mover ni la lengua. escuchaba los mismos pasos del otro día pero ahora más lentos sentí que algo se sentaba a mi lado que el colchón se hundía empecé a sudar frío y entonces los escuché rezaban pero no como en la iglesia era como un rezo deformado acelerado al revés no entendía nada pero era claro que eran palabras El rezo venía de cerca, como si alguien estuviera pegado a mi oído, y luego sentí un aliento, como si alguien me soplara con la boca abierta. Se le notaba un feo aroma. Intenté gritar. No pude. Lo único que logré fue cerrar los ojos y esperar. Sentía que, si los abría, iba a verlo ahí, a un centímetro de mi cara. Cuando logré moverme, salté de la cama.

9:17 Me dolía el pecho, como si hubiera estado apretado. Desperté a mi esposa sin querer. Le dije que tuve un sueño raro, pero no le conté todo. Revisé la casa. Todo estaba cerrado. No había señales de nada, pero sabía que algo andaba adentro. No volví a dormir bien desde aquella noche. Mi esposa lo notó desde el primer día, pero no decía nada. Solo me miraba más seguido, como esperando que le dijera algo. Yo prefería callarme. Pensaba que con no hablarlo se iba a ir, pero no se fue. Empeoró. Una madrugada desperté por un ruido raro. Era como un suspiro largo, entrecortado. Pensé que era el niño, así que fui a revisar. Él dormía tranquilo, sin moverse. Regresé al cuarto y encontré a mi esposa rígida, con los ojos medio abiertos y la boca apretada. Me acerqué y la llamé.

10:12 No reaccionaba. Le toqué el brazo y lo tenía helado. Tardó en moverse y cuando por fin se despertó, se puso a llorar. Me dijo que no podía moverse, que sentía a alguien en la cama, que escuchaba un murmullo bajito, como rezos. Pero no entendía nada. Me quedé sentado junto a ella hasta que amaneció. No se volvió a dormir. En el desayuno, ninguno de los dos habló de eso frente a los niños. Yo apenas probé el café. Sentía que no estábamos solos, que lo que habíamos traído del suelo se nos había metido a la casa. A los pocos días, el niño menor empezó a hacer cosas que nunca había hecho. Una madrugada lo oímos hablando. Pensamos que soñaba.

10:58 Mi esposa fue a verlo y lo encontró sentado en la cama, con los ojos cerrados, hablando en voz baja. No se le entendía. Solo murmuraba como si respondiera a alguien. Ella lo sacudió, lo abrazó. Él se despertó confundido. no recordaba nada eso pasó dos noches seguidas y luego durante el día se quedaba viendo los rincones no jugaba como antes sólo se sentaba veía hacia la esquina de la sala o hacia el marco de la puerta y se quedaba callado le preguntábamos que miraba y decía que ahí estaba un señor yo no sabía qué hacer no era normal era como si lo estuvieran buscando a él Una mañana llegaron solo cinco de los nueve. Dos habían renunciado sin decir por qué. Uno mandó un mensaje diciendo que no quería meterse en cosas raras. Otro no contestó. Y ese mismo día, cerca del mediodía, uno de los nuevos se cayó de un andamio. No estaba alto, pero se golpeó feo. Dijo que sintió que alguien lo empujó. Nadie estaba cerca. Todos lo vimos caer sin razón. El ambiente se volvió pesado. Ya nadie hablaba del ataúd, pero todos sabíamos que había empezado desde ahí. Me acerqué a César, que era de los que habían estado cuando lo enterramos la primera vez, y le pregunté si él también había tenido cosas raras en su casa. Primero lo negó. Luego, bajando la voz, me confesó que su hermana también había

12:31 sufrido una parálisis, que su perro no dejaba de ladrar por las noches, y que su mamá ya no quería que trabajara ahí. Esa noche me dormí tarde. Me acosté con el estómago revuelto sin poder dejar de pensar en todo. Me desperté de golpe sin saber cuánto tiempo había pasado. Estaba empapado en sudor. La luz del poste entraba apenas por la ventana. Me moví un poco y sentí algo húmedo en la espalda. Me levanté. Vi el colchón hundido, como si alguien se hubiera sentado junto a mí. estaba mojado lo toque sin querer por reflejo estaba fría encendí la luz mi esposa dormía me fui al baño me lavé las manos me vi en el espejo tenía la cara pálida no sabía si estaba soñando o si de verdad había pasado al regresar quite la sábana para no estar en esa parte mojada mi esposa se despertó pero le dije que había tirado agua sin querer y me acosté sin apagar la luz A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, mi esposa me dijo que había soñado algo raro, que sentía que alguien se metía entre nosotros dos en la cama, que era una figura sin cara, delgada, que lloraba bajito, no la dejaba moverse, solo lloraba, con la cabeza agachada, como un niño regañado. Decía que ya le estaban dando miedo esos sueños raros. No quise decirle lo de la tierra.

14:00 No sabía a quién acudir. Yo no quería ni cerrar los ojos esa noche. Me acosté junto a mi esposa y me quedé despierto hasta que el cuerpo no aguantó más, pero no dormí mucho. A eso de las cinco, mi esposa me despertó gritando. Fui corriendo al patio. Ahí estaba nuestro hijo, acostado de lado con el cuerpo cubierto de rocío y tierra. Tenía las uñas llenas de lodo, también la boca, como si hubiera estado cavando con las manos, como si se hubiera metido algo a la boca mientras dormía. Lo cargué de inmediato. Lo llevamos al baño. Lo lavamos. No despertaba. Solo respiraba hondo. Cuando por fin abrió los ojos, no decía nada. Solo nos miraba como si no supiera dónde estaba. Le temblaba la barbilla. No preguntamos. Lo abrazamos entre los dos y nos quedamos así por más de una hora. Ese día no fui a trabajar. Me encerré en la casa. En la tarde me acosté un rato, solo con el niño dormido a un lado. Me quedé mirando el techo. Cuando cerré los ojos, soñé que estaba adentro del ataúd. Era como estar ahí de verdad. Sentía la madera contra la espalda. Sentía el peso de la tierra encima. No podía mover los brazos. Quería gritar, pero la boca no me respondía. Lo único que se oía eran rezos, rápidos, torcidos, como si alguien los murmurara al revés dentro de mi cabeza. Empecé a buscar a los que estuvieron el día que los sacamos. Algunos ya no

15:31 querían saber nada. Otros me dijeron que estaba loco, pero logré juntar a cinco. Les hablé claro, les conté lo que había estado soñando, lo que le pasó a mi hijo y les dije que hiciéramos un entierro digno a ese cuerpo. Al principio nadie quería hacerlo, pero todos estábamos teniendo malas situaciones desde que había pasado lo del ataúd. Sabíamos que eso no era normal. Les pedí que me ayudaran a regresarlo, a dejarlo donde estaba. Me dijeron que si lo hacíamos tenía que ser con respeto, sin hablar de más. Quedamos en ir la madrugada siguiente. Llevamos palas, lámparas, una caja grande de madera que uno de ellos consiguió, y una bolsa negra para recoger lo que encontráramos. Llegamos al terreno antes de las tres. La retroexcavadora ya no estaba, pero recordábamos el lugar exacto donde lo habíamos enterrado. Empezamos a cavar en silencio. La tierra estaba dura, pero no tardamos mucho. A medio metro dimos con algo. Era el ataúd.

16:34 Mientras veíamos eso, uno de los muchachos, el más joven, se alejó del grupo. Empezó a toser fuerte, se inclinó y luego se puso a vomitar. Lo ayudamos a recostarse. No quiso hablar. Solo nos hizo una seña con la mano para que siguiéramos. Recogimos todo lo que pudimos. Los metimos con cuidado. Hicimos un hoyo ya más decente en ese terreno baldío. Uno de los albañiles sacó un pequeño crucifijo de su camisa y lo puso encima. Otro trajo sal y la esparció en cruz. Luego todos echamos tierra. Despacio, sin prisa. Encima de todo colocamos unas ramas en forma de círculo y uno de ellos dijo una oración. Al final uno clavó una cruz hecha con dos varillas amarradas con alambre. Nos fuimos sin mirar atrás. Esa noche dormí sin despertarme. Mi esposa también. El niño no habló dormido, ni se levantó, ni miró a los rincones. la casa se sintió limpia en la obra nadie volvió a tener accidentes ni pesadillas pero nadie quiso seguir trabajando ahí uno a uno fueron pidiendo cambio yo fui el último la plaza nunca se terminó el terreno quedó vacío por meses luego lo limpiaron echaron grava y acabaron construyendo un parque lo cercaron con rejas verdes pusieron juegos bancas hasta una fuente A la gente le gustaba llevar a sus hijos.

18:05 Se volvió un lugar tranquilo.