Jan. 8, 2026

Cuidando A Un Demonio: El Encargo Que Salió Mal - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Han pasado años desde eso y no he vuelto a trabajar cuidando niños. No fue una decisión tomada de golpe. Fue algo que se fue cerrando solo después de aquella noche. En ese tiempo aceptaba trabajos temporales. A veces no se trataba de cuidar activamente a un niño, sino de permanecer en la casa mientras los padres salían. Había familias que solo querían que hubiera alguien dentro, alguien que respondiera si pasaba algo. Yo aceptaba porque era dinero rápido y no implicaba esfuerzo físico ni horarios largos. Ese encargo llegó de esa forma. Me contactó una mujer que desde el primer mensaje dejó claro que no buscaba a alguien para jugar, dar de comer o dormir a su hija. Solo necesitaba que hubiera una persona en la casa. El pago era alto para tan pocas horas, y eso fue lo primero que me llamó la atención. Aún así, acepté. No era la primera vez que una familia con dinero hacía solicitudes raras sin dar explicaciones. La conocí en persona el mismo día.

1:11 Era una mujer bien arreglada, con ropa cara y peinado cuidado. No se veía cansada ni alterada. Hablaba con calma y medía bien sus palabras. Desde el inicio puso una regla muy clara. No debía molestar a su hija. Me lo dijo de forma directa. Sin rodeos, como si fuera una norma básica de la casa. No me lo explicó como una petición emocional, ni como una advertencia. Solo me dejó claro que quería eso. Me explicó la razón de mi presencia. La casa no podía quedarse sola y eso fue todo. No mencionó miedo, no habló de robos ni de alarmas. Simplemente dijo que no quería la casa vacía. Cuando pregunté por la niña, solo repitió que no debía ser molestada y que estaría bien. No levantó la voz ni mostró incomodidad por la pregunta. Me respondió como si fuera algo obvio.

2:06 Me pareció extraño, porque mi trabajo siempre había sido cuidar niños, no casas. Aún así, no vi una razón concreta para negarme. No percibí peligro en ese momento, pues la mujer no parecía nerviosa ni desesperada. No hubo advertencias exageradas ni instrucciones largas, solo esa regla de no molestar a su hija. Antes de irse, me dejó recorrer la casa. La planta baja era amplia y limpia, pero no había juguetes, dibujos ni objetos infantiles a la vista. La sala estaba ordenada, los muebles bien acomodados y la televisión frente al sillón principal era muy grande. La cocina estaba impecable, sin trastes ni restos de comida. Todo daba la impresión de una casa bien mantenida, más parecida a un espacio de exhibición que a un lugar habitado por una niña. Subí un poco las escaleras y vi el piso superior. Había un pasillo corto y una sola puerta cerrada. No había más cuartos visibles y esa puerta estaba al fondo. No tenía ningún adorno, ni colores infantiles, ni señales de ser un dormitorio común.

3:19 Era una puerta normal, de madera clara, cerrada. La mujer no se detuvo ahí, solo señaló que ese era el cuarto de su hija y repitió la regla. Y después de eso se fue. No hubo despedidas largas ni recomendaciones adicionales. Me quedé sola en una casa grande y silenciosa. Al principio todo fue normal. Me senté en la sala y prendí la televisión sin ponerle atención real. Mi trabajo consistía en estar ahí, El silencio era constante, pesado. No se escuchaban vecinos ni tráfico. Era una zona tranquila, de casas separadas y calles limpias. Fue después de un rato cuando escuché el primer ruido arriba. No fue un golpe fuerte ni algo que me pusiera en alerta inmediata. Fue un sonido apagado, lento, como si algo se moviera con dificultad.

4:14 Pensé en una niña inquieta, tal vez dando vueltas en la cama. pero no subí. No tenía un motivo para hacerlo y la regla era clara. Pasaron algunos minutos y el ruido se repitió, pero esta vez fue más largo. Sonó como un arrastre breve, seguido de un golpe seco contra algo sólido. Me quedé quieta, escuchando, pero eso no era un llanto ni una voz, y tampoco era un sonido agudo. Era grave y lento. Intenté justificarlo de forma racional. Pensé que tal vez la niña tenía algún problema para moverse o estaba enferma. No hice nada y seguí sentada.

4:55 Miré la televisión sin entender realmente lo que pasaba en la pantalla. Pero el sonido volvió, ahora con dos golpes seguidos. Eran irregulares, sin un patrón claro, y no parecían pasos. Ahí empecé a sentir incomodidad, no miedo todavía. Me levanté del sillón y caminé un poco por la planta baja, pero todo seguía igual. No había ningún otro ruido en la casa, solo venían de arriba. Recordé las palabras de la mujer, no debía molestar a su hija, y eso me hizo dudar, pues mi trabajo no era investigar, era estar presente. Me repetí eso varias veces. Los ruidos se detuvieron por un momento. Pensé que todo había terminado, así que me senté de nuevo. Pasaron unos minutos en completo silencio, pero justo cuando empecé a relajarme, el ruido regresó, más constante.

5:52 Ya no era solo un golpe ocasional. Eran varios, seguidos, como si algo se arrastrara contra la pared o el piso. Ahí supe que no podía seguir ignorándolo, no porque pensara que hubiera algo grave, sino porque el sonido ya no correspondía a una inquietud normal. Era demasiado insistente. Me levanté con la intención de subir, solo a verificar que todo estuviera bien, sin entrar, sin molestar. Solo quería confirmar que no pasaba nada fuera de lo común. Subí por responsabilidad, no por curiosidad. Esa es la única forma en que puedo explicarlo ahora. No pensaba descubrir nada extraño, ni enfrentar una situación fuera de control. Solo quería confirmar que todo estuviera en orden. Los ruidos ya no podían ignorarse. y yo estaba ahí para responder si algo pasaba dentro de esa casa. Subí las escaleras despacio. Cada paso sonaba más fuerte de lo normal por el silencio. El ruido venía claramente del cuarto del fondo. De eso no había duda.

6:59 Era un sonido bajo, irregular, como si algo se moviera con dificultad. Me detuve frente a la puerta. No estaba entreabierta. Estaba cerrada por completo. Abrí la puerta sin encender la luz. y no quería romper la regla que me habían dado. Desde la entrada solo se distinguía la forma de la cama. La cortina estaba cerrada y apenas entraba luz del exterior. Sobre la cama se veía un bulto grande, cubierto. No se movía en ese momento y no se escuchaba nada. Me quedé ahí unos segundos. El tamaño del cuerpo no correspondía del todo con el de una niña, pero lo atribuía a las cobijas. Pensé que quizá había varias capas o que la cama era más grande de lo normal.

7:47 No vi brazos ni piernas. No le vi el rostro. Solo una forma inmóvil bajo la tela. No sentí peligro en ese instante. Sentí incomodidad, pero nada más. Cerré la puerta con cuidado y bajé de nuevo a la planta baja. Me convencí de que no había nada que hacer. No había gritos, no había llanto, no había una emergencia clara. Así que me senté otra vez en la sala a ver la televisión, para ponerme cómoda, y me decía a mí misma que quizá estaba exagerando. Pasaron unos minutos, no sabría decir cuántos, pero fueron pocos. El ruido regresó, y esta vez fue distinto. Ya no eran golpes apagados ni arrastres lentos, eran raspones claros contra la pared. El sonido era seco, continuo, como uñas pasando una y otra vez por una superficie dura. no era un sonido accidental era repetitivo me quedé quieta escuchando y el ruido no se detenía se escuchaba como algo insistía como si intentara romper o desgastar la pared y sentí miedo real por primera vez no fue pánico inmediato fue una sensación clara de que algo no estaba bien recordé la regla otra vez pero ya no tenía sentido seguirla subí de nuevo pero esta vez no fui despacio subí con el corazón acelerado y la respiración pesada el ruido se escuchaba incluso desde la mitad de las escaleras era imposible fingir que no

9:18 pasaba nada llegué a la puerta y la abrí de golpe encendí el foco lo que vi no fue una niña el cuerpo sobre la cama era humano pero estaba deformado no por una postura rara sino por su estructura los brazos eran demasiado largos el torso ancho y la espalda arqueada Una de las manos estaba esposada al borde de la cama con una cadena corta y gruesa. La otra mano estaba libre, y esa mano era la que destrozaba la pared. Las uñas eran largas, duras y sucias. Cada movimiento arrancaba pedazos de yeso. La pared estaba marcada con surcos profundos. No eran raspones superficiales. Esos eran cortes profundos.

10:03 El rostro se giró hacia mí cuando prendí la luz. Tenía dientes largos y afilados, visibles incluso con la boca apenas abierta. Los ojos estaban completamente rojos, fijos en mí. No parpadeaban, no mostraban confusión ni sorpresa. Me estaban mirando desde el primer segundo. No gritó, no habló y no hizo ningún sonido humano. Solo se quedó mirándome mientras seguía moviendo la mano contra la pared. como si yo no fuera más que un obstáculo momentáneo entendí todo en ese instante no estaba cuidando a una niña no estaba ahí por una casualidad mi presencia no era para proteger a nadie era para vigilar que eso no quedara solo no me contrataron para cuidar me contrataron para estar ahí mientras lo mantenían encerrado el miedo me paralizó unos segundos no pude moverme y sentí que las piernas no me respondían La criatura reaccionó a mi presencia, dejó de raspar la pared y se incorporó un poco sobre la cama. La cadena de la esposa se tensó, y el sonido del metal contra el marco fue fuerte. Movió la mano libre hacia mí, pero eso no fue un movimiento rápido, fue calculado, y las garras cortaron el aire muy cerca de mí.

11:24 No me alcanzó, pero la intención era clara. dio otro manotazo y esta vez golpeó la pared cerca de la puerta el yeso se rompió con facilidad di un paso atrás sin dejar de mirarlo no podía apartar la vista no porque estuviera hipnotizada sino porque sabía que si me volteaba podría perder el tiempo necesario para huir el sonido de la cadena volviendo a tensarse fue lo único que me sacó del estado en el que estaba la criatura hizo fuerza Se escuchó como el metal resistía. La cama se movió unos centímetros y la pared cerca de la ventana ya estaba dañada y entendí que no iba a quedarse ahí mucho tiempo. Di media vuelta y salí del cuarto.

12:10 Bajé las escaleras corriendo. No pensé en mis cosas. No pensé en cerrar la puerta. No pensé en llamar a nadie. Solo bajé y crucé la casa lo más rápido que pude. Mientras corría, el sonido arriba se volvió más fuerte. La pared terminó de romperse, pues se escuchó el golpe seco de algo pesado atravesando el espacio. No miré atrás y salí de la casa sin detenerme. Seguí avanzando hasta que el cuerpo me obligó a detenerme. No fue una decisión consciente. Las piernas simplemente dejaron de responder. Me apoyé en una barda baja doblada hacia adelante tratando de recuperar el aire.

12:52 El temblor no se me quitaba. No sentía frío ni calor, solo una presión constante en el pecho que tardó en bajar. Cuando levanté la cabeza, miré hacia la casa por última vez. Desde esa distancia seguía viéndose normal. No había ruido, no había movimiento visible. Ninguna señal externa indicaba lo que había pasado dentro. Eso me hizo entender que, para cualquiera que pasara por ahí, esa casa seguiría siendo una casa más. lo ocurrido no había dejado una marca evidente hacia afuera no volví no di media vuelta y no me acerqué para confirmar nada me alejé caminando con pasos torpes hasta encontrar una calle con algo de tránsito tomé el primer transporte que pasó sin preguntar destino me senté junto a la ventana y me quedé mirando hacia afuera sin enfocar nada en particular y no crucé palabra con nadie durante el trayecto llegué a mi casa entrada la noche Cerré la puerta con seguro y encendí todas las luces. Me senté en la cama sin quitarme los zapatos. No lloré ni grité. Me quedé ahí, inmóvil, esperando que el cuerpo dejara de reaccionar. No intenté dormir, pues cada vez que cerraba los ojos, la imagen del cuarto volvía completa, sin fragmentarse.

14:12 No revisé el teléfono. No quise saber si la mujer había llamado o enviado mensajes. y la verdad no me interesó el pago ni ninguna explicación posterior. En ese momento entendí que cualquier contacto sería una forma de volver a involucrarme, y eso era lo último que estaba dispuesta a hacer. Pasó la noche y llegó el día sin que yo me moviera del cuarto. Cuando amaneció, la luz entró por la ventana y me sorprendió seguir despierta. Me levanté solo para ir al baño y regresar. El cansancio era pesado. pero no lograba dormir, pues cada ruido del edificio me hacía levantar la cabeza. Nunca regresé a esa dirección, y no pasé por ahí por curiosidad ni por error. Evité la zona por completo. Tampoco intenté buscar información sobre la familia.

15:03 No quise saber si seguían viviendo ahí, ni si alguien más ocupó esa casa después. Preferí mantener una sola versión de los hechos, la que yo había vivido. No denuncié. No fue una decisión tomada por miedo, sino por lógica. No había una forma clara de explicar lo sucedido sin que todo se desfigurara. No podía reducirlo a un maltrato, ni a una enfermedad, ni a un accidente doméstico. Decir la verdad implicaba que nadie la entendiera o que la acomodaran en otra cosa, y no quise permitir eso. Con los días empecé a rechazar trabajos, Al principio solo cancelaba los que implicaban quedarme sola en casas grandes. Luego dejé de aceptar cualquiera relacionado con cuidado nocturno. No di explicaciones largas, solo.

15:54 Decía que ya no estaba disponible y nada más. Algunos insistieron y otros me ofrecieron más dinero, pero a todos les respondí lo mismo. Con el tiempo dejé ese trabajo por completo. No fue una decisión dramática ni repentina. Simplemente ocurrió, busqué otras cosas, otros espacios y otros horarios. Nunca volví a entrar a una casa ajena, con la instrucción de no hacer nada más que estar ahí. Nunca intenté ponerle un nombre a lo que vi, y no busqué respuestas ni versiones alternativas. No quise leer historias similares ni escuchar teorías. Para mí fue suficiente entender que no era una niña, que no estaba enfermo y que no se trataba de un animal. Era algo que habían decidido mantener encerrado con recursos domésticos, como si eso fuera suficiente. La verdad, si buscaba darle nombre o explicación lógica, pero no la había, parecía un demonio, parecía un agual a como había escuchado las historias, por eso mejor lo dejé así. A veces, con los años, he pensado en las decisiones que se tomaron antes de que yo llegara, Alguien compró esa cama, alguien le puso esas esposas y alguien le cerró esa puerta cada día. Y quien fue quien decidió que la solución era vigilarlo, no resolverlo. No sé cuántas personas participaron, ni cuántas noches duró eso antes de fallar. No pienso en lo que pasó después. No me interesa imaginar a

17:26 dónde se fue, ni qué ocurrió fuera de esa casa. Esa parte no me corresponde. Pues mi historia termina en el momento en que salí y decidí no volver. La memoria de esa noche no se ha modificado con el tiempo. No se volvió más suave ni más confusa. No ganó detalles nuevos ni perdió los que ya tenía. Sigue ahí, completa, sin adornos ni explicaciones añadidas. Sé exactamente lo que vi y sé exactamente por qué me fui. y sé que esa noche dejaron de vigilar algo que nunca debió estar ahí. No hay otra versión, y nadie me convenció de lo contrario.