CRUCES De Patas De Gallo De Una BRUJA Historias De Terror - REDE
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0:03 Yo tenÃa 26 años cuando decidà salirme de la casa de mis papás. No compré, solo renté. Encontré una casa en las afueras, rumbo a la zona de los cañaverales. TenÃa buen terreno, estaba lejos del ruido y el precio era ridÃculamente bajo. Desde que pregunté por ella, la gente me decÃa que esa casa siempre estaba sola. El dueño era un señor mayor que vivÃa en otro estado. Solo me pidió el pago del primer mes y que no le causara problemas. Ni contrato firmamos. Me mandó las llaves por paqueterÃa. Cuando llegué por primera vez, me sorprendió que la casa, aunque vieja, estaba en condiciones aceptables. Era de una sola planta.
0:44 Las ventanas eran amplias y las puertas pesadas. No habÃa muebles, solo un ropero viejo en el cuarto del fondo y una estufa oxidada en la cocina. Se notaba que tenÃa años sin habitarse, pero no estaba vandalizada ni saqueada, solo olvidada. Los primeros dÃas me dediqué a limpiarla. Quité telarañas, tallé el fregadero, barrà los pasillos. podé unas ramas que tapaban la entrada y conecté el refrigerador que habÃa llevado en la camioneta. No tenÃa internet todavÃa, pero me bastaba con la tele vieja y algunos discos que me llevé de casa de mis papás. Una tarde, mientras barrÃa el cuarto trasero, vi algo raro detrás del ropero. Me agaché para sacar bien la basura acumulada y noté que en la pared, justo en una esquina baja, habÃa una cruz. Era una cruz hecha con dos patas de gallo secas, amarradas con alambre oxidado. En el centro tenÃa una pluma negra atravesada.
1:45 Estaba clavada directamente al muro con un clavo. Cuando me acerqué, noté que tenÃa un olor fuerte, como a carne podrida. No sabÃa qué pensar, no me asusté. Supuse que era una de esas supersticiones viejas, de gente que cree en limpias o cosas asÃ. Tal vez algún antiguo inquilino la puso por protección o como amuleto. La arranqué, la envolvà en periódico y la tiré en la bolsa negra que ya tenÃa llena con basura del dÃa. No le di más vueltas. Terminé de barrer y me fui a bañar. Esa noche me preparé una quesadilla y me senté en la sala con la tele encendida. Fue entonces cuando escuché un vidrio quebrándose. VenÃa del cuarto trasero. Me levanté, apagué la tele y tomé una lámpara. Revisé por dentro primero.
2:34 No habÃa nada fuera de lugar, pero al llegar a la ventana del cuarto, vi una pequeña grieta en uno de los vidrios. No estaba rota por completo, pero sà dañada. Salà con la lámpara al patio. Revisé la calle, el monte, los alrededores. No habÃa nadie. Tampoco encontré piedras ni señales de que alguien hubiera lanzado algo. Volvà a entrar. Me senté otra vez, pero ya no con la misma tranquilidad. Dejé encendida la lámpara hasta que me dio sueño. A la noche siguiente, mientras me bañaba, se fue la luz. Pensé que era un apagón, pero al asomarme por la ventana, todas las demás casas tenÃan luz. Salà a la mufa.
3:17 Vi que la palanca de la caja de fusibles estaba abajo. La subà y volvió la luz. No entendÃa por qué se bajó sola, pero sé que debió haber sido alguien, ya que eso no se baja solo. En los dÃas siguientes empecé a notar cosas que antes no estaban, pequeños ruidos, como pasos, a veces crujidos en el techo, otras veces el rechinido de una puerta que no habÃa abierto. Pensaba que podÃa ser el aire, pero no siempre hacÃa viento. Algunas mañanas encontraba ventanas abiertas que estaba seguro de haber dejado cerradas. Revisaba los pestillos, los aseguraba con alambre. Aún asÃ, amanecÃan entreabiertas. DormÃa ligero. Me despertaba con facilidad. SentÃa que habÃa alguien más en la casa, aunque no viera a nadie.
4:08 No tenÃa miedo todavÃa, pero sà estaba incómodo. Empecé a dejar una luz prendida en el pasillo. Me tranquilizaba un poco, aunque no resolvÃa nada. Cada dÃa limpiaba más rincones, barrÃa más hondo. Desde la tarde en que encontré aquella cruz de patas de gallo, todo comenzó a sentirse distinto. no fue inmediato pero sà progresivo las primeras noches los ruidos eran leves luego eran pasos me levantaba con la lámpara en la mano revisaba cuarto por cuarto pero no encontraba nada al principio pensé que era el eco de los sonidos de afuera o animales pasando cerca del terreno pero era imposible el sonido venÃa de adentro me costaba trabajo quedarme dormido me daba vueltas el estómago sin razón habÃa noches en las que escuchaba golpes en la pared del fondo otros dÃas parecÃa que alguien abrÃa los cajones de la cocina me levantaba y los encontraba igual pero yo sabÃa que habÃa escuchado cómo se deslizaban una madrugada me despertaron unos golpes suaves en la puerta principal Me levanté en silencio, caminé con cuidado. Apagué la luz del pasillo antes de asomarme por la cortina. No habÃa nadie. Salà con la lámpara, rodé el terreno. Todo estaba en silencio.
5:31 Volvà al cuarto y al entrar, frente a la cama, en el suelo, habÃa tierra húmeda. Como si alguien con los pies mojados se hubiera quedado parado ahà un rato. El lodo todavÃa brillaba con la luz de la lámpara. No habÃa huellas marcadas, solo la tierra extendida. La limpie con el trapeador. Revisé toda la casa con mucho cuidado. Eso ya era un indicio de que alguien se habÃa metido a mi casa. Al dÃa siguiente, aseguré todo. Reforcé las cerraduras con tornillos nuevos. Puse trancas en la puerta trasera. Amarré varillas en las ventanas. Me sentà mejor por un rato. Pensé que con eso bastarÃa. Pero al amanecer, encontré una de las ventanas del fondo abierta otra vez. El pestillo roto, la tranca torcida. Y en el suelo, justo debajo, una piedra.
6:23 No grande, pero con una marca en el suelo, como si la hubieran lanzado con fuerza. pero no habÃa escuchado nada mientras revisaba el baño movà un tapanco de madera que cubrÃa una esquina al levantarlo vi otra cruz más vieja y podrida tenÃa una pluma enredada con lo que parecÃa un mechón de cabello todo cubierto con cera derretida que se habÃa secado en gotas gruesas Solo de verla, sentà que algo me recorrÃa la espalda. No la toqué directamente. Fui por una bolsa, la metà ahà y la tiré a la basura. Fui a hablar con los vecinos más cercanos. No me conocÃan mucho, pero me atendieron bien. Les pregunté si alguien se habÃa metido a mi terreno o si habÃan visto algo raro. Solo me dijeron que no habÃan visto nada y en dado caso de que vieran a alguien, me avisarÃan. Desde esa noche dormà mal. Me desperté varias veces, a veces con la sensación de que alguien me observaba desde la puerta. Otras sentÃa que habÃa algo en el techo, justo encima del cuarto. Me tapaba con la cobija, cerraba los ojos con fuerza, pero la incomodidad no se iba.
7:33 Una madrugada desperté de golpe. Por esa sensación que me apretaba el pecho, abrà los ojos y vi una silueta. Estaba agachada, muy cerca de la cama. No se movÃa. No podÃa distinguir la cara, solo la forma. Era delgada. Quise gritar, pero no pude. Me levanté de golpe y encendà la lámpara. Ya no habÃa nada. Revisé cada rincón. Todo estaba como siempre, pero no me calmé hasta que amaneció. Me quedé sentado en la cama esperando la luz del dÃa, y por primera vez me pregunté si no estaba cometiendo un error al quedarme ahÃ. Después de ver aquella silueta agachada junto a mi cama, ya no me quedó duda de que algo no querÃa que yo estuviera ahÃ. Me costaba dormir, comÃa poco y todo el dÃa andaba con el estómago revuelto. Una mañana me armé de valor y decidà revisar bien la casa. HabÃa limpiado al principio, pero no a fondo. Esta vez quise buscar en cada rincón, detrás de los muebles, bajo los estantes, entre las grietas.
8:39 En la cocina abrà una alacena vieja que siempre habÃa estado cerrada con alambre. Corté el amarre con unas pinzas y saqué todo lo que tenÃa adentro. Al fondo, tapado con trapos húmedos y llenos de polvo, encontré un frasco de vidrio. No era muy grande, pero pesaba bastante. Estaba mal cerrado. Cuando lo abrÃ, tuve que aguantar la respiración. Adentro habÃa tierra negra, uñas humanas, hojas secas y una figura pequeña de cera, mal formada. No tenÃa rostro. Solo tenÃa una especie de cuerpo derretido con brazos cortos y una especie de cabeza sin forma. Estaba llena de pelusa como si la hubieran dejado ahà mucho tiempo. No lo toqué más. Cerré el frasco como pude y lo envolvà de nuevo. Me quedé un rato con la cabeza apoyada en la mesa, tratando de entender por qué habÃa tantas cosas raras en esa casa. Ya no parecÃa casualidad, todo parecÃa hecho con intención. Mientras limpiaba el patio trasero, sentà que la pala topó algo duro. Escarbé con las manos y saqué un pedazo de madera, tallado con sÃmbolos que no reconocÃ. Estaba envuelto con un listón rojo podrido, casi deshecho.
9:57 TenÃa tierra pegada y olÃa a humedad. Lo llevé junto con el frasco al bote metálico donde solÃa quemar basura. Quise deshacerme de todo de una vez. Puse ramas secas, hojas, papeles. Coloqué el frasco en el centro y le prendà fuego. Al principio agarró bien. la flama se alzó rápido pero justo cuando empezó a alcanzar el vidrio se apagó de golpe no habÃa viento no habÃa forma de que se apagara tan rápido revisé el encendedor lo intenté otra vez pero el fuego no se sostenÃa el frasco parecÃa resistirlo Lo dejé ahÃ, cubierto de cenizas, pero sin quemarse. Esa noche empezó a fallar la luz. Primero fue en la cocina.
10:42 Se apagaban los focos aunque el interruptor estuviera arriba. Luego fue en el pasillo. Hasta que todo se quedó sin corriente, fui a revisar la caja de fusibles y encontré la palanca de bajada. La subÃ, caminé de regreso. Minutos después volvió a bajarse sola. Asà pasó varias veces. A la tercera dejé de subirlas, ya me estaba dando miedo. Busqué unas velas que tenÃa guardadas y las usé para alumbrarme. Las siguientes noches fueron más pesadas. DormÃa con la lámpara a un lado, pero la luz nunca me hacÃa sentir tranquilo. Todo se escuchaba más fuerte en la oscuridad. Los pasos en el techo, los golpecitos en la pared. Y una noche, justo cuando estaba por quedarme dormido, escuché algo caer. Un golpe fuerte, como si algo hubiera saltado desde el techo hasta el patio. Me levanté con la lámpara, salà por la puerta trasera y revisé. Todo parecÃa en orden, pero junto al árbol que está en la esquina del terreno, vi una figura delgada, hecha con ramas amarradas con tiras de tela. TenÃa dos patas de gallo atadas a los lados y una cabeza pequeña de trapo, colgando. No se movÃa, pero daba la impresión de que me estaba mirando. No me acerqué más. Volvà a entrar, cerré con tranca y puse una silla contra la puerta. Ya no sabÃa si alguien me estaba jugando una broma, si era una especie de amenaza o si habÃa algo más. Todo lo que
12:14 encontraba tenÃa el mismo patrón, ramas, hilo rojo, patas de gallo, tierra negra. Me harté, asà que al dÃa siguiente fui al centro del pueblo. Caminé hasta la esquina donde vende hierbas y veladoras la señora más vieja del lugar. Nunca habÃa hablado con ella, pero la conocÃa de vista desde niño. Le pregunté si conocÃa algo sobre la casa donde yo vivÃa. Ella me miró y me dijo que antes ahà vivÃa la que desapareció. Me pidió que le contara qué habÃa encontrado. Le hablé del frasco, de las cruces, de la figura en el árbol. Me dijo que esa casa habÃa sido de una mujer que hacÃa trabajos, que la gente del pueblo sabÃa que no era buena, que ayudaba a unos y maldecÃa a otros, que un dÃa intentaron sacarla, entre varios, pero que nadie la vio irse, que desde entonces la casa quedó vacÃa, pero no sola. Me dijo que lo que fuera que ella hacÃa, Lo habÃa dejado enterrado ahÃ, y que nadie duraba mucho porque ella seguÃa en ese terreno, cuidando lo que era suyo. Esa noche volvà a casa.
13:24 Lo que me habÃa dicho la señora no se me quitaba de encima, que la mujer seguÃa ahÃ, que no iba a dejar que nadie habitara esa casa. Cerré bien las puertas, puse trancas, y me acosté con la intención de descansar un poco, aunque fuera una hora. Pero en cuanto cerré los ojos, me quedé dormido y tuve un sueño muy raro. Estaba parado en medio del patio. Todo estaba oscuro. salvo por una luz rojiza que salÃa desde el interior de la casa. Frente a mÃ, junto al árbol, habÃa una mujer flaca, con la cara sucia y el cabello enredado cubriéndole medio rostro. No se movÃa, pero me hablaba, no con la boca, sino directo en la cabeza. me decÃa que esa casa era suya que yo no tenÃa derecho a estar ahà que me fuera que ella seguÃa cuidando su terreno me desperté de golpe empapado en sudor con la respiración trabada me ardÃa el pecho al levantarme sentà como si me hubieran aplastado las costillas fui al baño prendà la luz y me miré en el espejo tenÃa marcas moradas en el pecho como dedos largos delgados bien marcados Cinco de un lado, cinco del otro, como si alguien me hubiera agarrado con fuerza mientras dormÃa. Me enjuagué la cara con agua helada. Me senté en el borde de la cama y traté de calmarme. Todo estaba en silencio. Esa madrugada intenté distraerme. Puse música bajita. Me senté en la sala con la lámpara encendida, tratando de
14:55 pensar en otra cosa, hasta que escuché un golpe fuerte, seguido del sonido del vidrio estrellado. Me paré de inmediato, salà con la lámpara, al frente uno de los vidrios grandes de la sala estaba roto. No del todo, pero sà estrellado, como si le hubieran lanzado una piedra o golpeado con algo. Salà al patio, corrà hasta la entrada. Escuché pasos rápidos que se alejaban por la terracerÃa. No logré ver a nadie, solo la calle vacÃa, la luz del poste y el aire callado. Volvà a entrar con el corazón acelerado. Revisé la puerta trasera. Cerré de nuevo todo. Me senté un rato, mirando el suelo. Ya de madrugada, mientras trataba de dormitar en el sillón, se escuchó otro golpe.
15:43 Esta vez, en la parte trasera, como si algo pesado hubiera caÃdo contra la pared. Salà al patio con la lámpara. No habÃa nadie. Pero, sobre el bloque que uso como mesa, habÃa una cruz nueva. Era igual a las otras, patas de gallo, hilo rojo, y esta vez tenÃa manchas oscuras. La acerqué un poco y confirmé que era sangre seca. No tenÃa idea de cómo habÃa llegado ahÃ. La agarré con unas pinzas, la metà en una bolsa negra, le di varias vueltas y salà en la madrugada rumbo al baldÃo que está del otro lado del arroyo. La tiré ahÃ, lo más lejos que pude, sin abrir la bolsa. regresé caminando rápido, mirando para todos lados. Ese dÃa no trabajé, me quedé encerrado, empecé a pensar en irme, puse música más fuerte, prendà todas las luces, busqué formas de no quedarme a oscuras, pero de noche todo volvÃa, se escuchaban pasos, golpes suaves, como si alguien tocara con los nudillos desde adentro de las paredes. Otras veces era un arrastre lento por el techo, ya no dormÃa, solo me acostaba esperando el amanecer. Una noche, lo peor fue la luz. Los focos comenzaron a parpadear. Luego, se apagaron todos. Uno tronó.
17:03 Después otro. En segundos, todos los focos de la casa explotaron. No habÃa bajón de luz en la calle. La lámpara del poste seguÃa encendida. Solo mi casa quedó completamente a oscuras. Me quedé quieto, sentado con la espalda contra la pared, con una vela apagada en la mano. En el silencio escuché un golpe leve en la puerta, como si alguien solo hubiera puesto la mano. Me paré despacio, fui a asomarme por el mosquitero. Frente a la puerta, del otro lado, estaba una figura, muy delgada, con el cuerpo medio torcido. TenÃa algo en la cabeza, como un velo, o una tela negra que le cubrÃa la cara. No hablaba, no se movÃa. Me quedé mirándola sin parpadear. Cuando al fin lo hice, ya no estaba. Salà corriendo a prender la lámpara de mano. No habÃa nadie. Pero el mosquitero tenÃa marcas, lÃneas finas como si hubieran rascado con uñas largas desde afuera hacia adentro. Volvà a cerrar. Puse una silla contra la puerta. Me senté con la lámpara encendida. Esa noche no dormà ni un minuto. No aguanté más. Después de todo lo que habÃa pasado, decidà no dormir ahà por una noche. Agarré mi mochila, algunas mudas de ropa y me fui a casa de un amigo que vivÃa más cerca del centro. No le conté todo, solo le dije que la casa me tenÃa inquieto y que necesitaba despejarme.
18:32 Me prestó un cuarto y me acosté en un colchón en el suelo. Esa noche dormÃ, por fin, sin ningún problema. Al dÃa siguiente, en cuanto salió el sol, regresé a la casa. TenÃa la idea de recoger algunas cosas, ventilar y pensar con más calma si me iba o no. Apenas entré, la puerta estaba cerrada con el candado que yo mismo habÃa puesto, pero al abrirla noté que el ambiente dentro no era el mismo. OlÃa a humedad, pero más que eso, a tierra mojada. Entré despacio, fui directo al cuarto, y mi cama estaba cubierta de tierra húmeda. era tierra fresca pegajosa como si la hubieran traÃdo del monte también habÃa hojas secas ramas finas y hasta pedacitos de lo que parecÃan flores podridas no habÃa forma de que todo eso hubiera entrado solo las ventanas seguÃan cerradas las puertas con trancas sentà un nudo en el estómago Fui hasta la cocina para buscar bolsas y empezar a empacar, y vi sobre la mesa donde dejaba las llaves, estaba la cruz con las patas de gallo, la misma que habÃa tirado en el baldÃo. La reconocà por el corte chueco de una de las patas, pero ahora tenÃa un listón rojo nuevo, limpio, recién amarrado al centro. Me quedé mirándola un rato, ya tenÃa mucho miedo la verdad. Antes de salir, encendà una veladora blanca y la dejé en el patio. No soy creyente, pero recé un padre nuestro.
20:04 Lo dije completo, sin convicción, pero con respeto. Cerré todas las puertas, aseguré ventanas y puse el candado en la reja principal. Me alejé caminando despacio, sin voltear. ese mismo dÃa fui a entregar las llaves el dueño vivÃa en otro estado pero tenÃa un intermediario en el pueblo que le hacÃa los mandados al llegar a su local le expliqué que ya no seguirÃa que la casa no era para mà el hombre me miró extrañado Me dijo que las llaves ya las habÃan entregado, que esa madrugada las encontró colgadas en la reja, en el gancho donde siempre se ponÃan, que pensó que yo ya me habÃa ido.
20:46 No supe qué responderle, ya las llaves no las tenÃa. No regresé nunca más. Me mudé a una casa más cerca del centro, más chica, más cara, pero al menos dormÃa. Esa casa no está vacÃa, y el que entre tarde o temprano va a conocer a quien la habita.
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