Brujería Real: Así La Dejaron En Mi Casa Y Enfermaron A Mi Familia - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Esa semana se me quedó grabada porque todo empezó con el patio encharcado y terminó con mi hija despertándose asustada, señalando la puerta del cuarto. En mi casa el patio es chico. Está el lavadero, una pared con un pasillo angosto que da a la puerta. Y en el piso está la coladera, donde se va el agua cuando lavo o cuando cae lluvia. No es una coladera que dé a la calle. Está adentro, en el patio. Y para llegar ahÃ, alguien tiene que pasar la puerta. Un dÃa noté que el agua ya no se iba como siempre. Se quedaba estancada y se hacÃa una capa sucia, como cuando el drenaje se tapa con hojas y lodo. Agarré un gancho de alambre que uso para destapar, me agaché y empecé a sacar lo normal. Basura húmeda, hojas, tierra, un pedazo de plástico. Cuando el gancho bajó más, pegó con algo duro. No era una piedra suelta porque estaba trabado.
1:04 Movà el alambre de lado a lado y sentà que aquello cedÃa, como si estuviera amarrado a algo. Jalé despacio porque pensé en vidrio o en metal y salió una bolsa negra amarrada con hilo. No salió flotando, salió atorada, apretada, como si la hubieran empujado a propósito para que se quedara ahÃ. La bolsa estaba húmeda por fuera. pero el nudo seguÃa firme la dejé en el piso del patio y me quedé viéndola un rato no me dio curiosidad de a ver qué es me dio coraje porque eso no es basura que se te vaya por accidente pues nadie tira una bolsa amarrada dentro de una coladera de patio esa bolsa la metió alguien no metà la mano usé la punta del gancho para abrirla apenas se abrió salió un olor pesado no fue un olor leve Fue un golpe que se te queda en la nariz. Adentro venÃa un manojo de cabello, uñas recortadas y un pedazo de tela con manchas oscuras. También traÃa sal y tierra, pero no revuelto, como cuando algo cae al suelo. VenÃa acomodado, como preparado. Eso era un trabajo. Lo reconocÃ, porque yo crecà escuchando esas cosas de brujerÃa y brujas, y siempre pensé que la mayorÃa eran cuentos. Hasta que tuve esa bolsa frente a mÃ, adentro de mi casa. Cerré la bolsa como pude, sin tocar el contenido. La metà en
2:34 otra bolsa y la dejé aparte, lejos de la cocina y lejos de los cuartos. Me lavé las manos varias veces, aunque no habÃa metido los dedos. Aún asÃ, sentà que el olor se me habÃa pegado. Ese mismo dÃa, empecé a repasar qué pudo pasar, para que alguien tuviera acceso. Me acordé de un descuido simple. Mi hija habÃa salido al patio por una pelota y la puerta se quedó mal cerrada un rato. Yo no estaba y mi esposa estaba ocupada. Con esa puerta asÃ, cualquiera que se asomara desde afuera podÃa empujarla y entrar sin hacer ruido. Me quedé con ese pensamiento un buen rato. Revisé cerraduras, revisé ventanas y la puerta. Cerraba, pero no quedaba apretada, tenÃa juego.
3:22 Ese detalle me molestó porque yo siempre me confÃo en que está cerrada, y ahà estaba la prueba de que no siempre era asÃ. En la noche fue cuando el cuerpo empezó a fallar. Me dio un dolor de cabeza fuerte. Me acosté y a los minutos me levanté con el estómago revuelto. Volvà a acostarme y otra vez sentà náuseas. Mi esposa amaneció con un ojo hinchado como por desvelo, pero se habÃa dormido temprano. mi hija se quejó de dolor en las piernas y no quiso desayunar la revisé y vi dos marcas rojas cerca de la rodilla como raspón pero no traÃa tierra ni rasguño reciente solo la marca yo traté de mantener la cabeza frÃa pensé en algo que comimos en cansancio o en un virus eso es lo primero que piensa uno pero lo que me rompió ese intento fue lo que pasó en la madrugada Mi hija se despertó llorando y llamó a su mamá.
4:22 Yo me levanté y entré al cuarto. Mi hija estaba sentada en la cama, sudada y temblando. Me dijo que habÃa una figura parada en la puerta, quieta. Me dijo que era una persona, pero sin cara, como si la cara estuviera lisa, y que se quedó ahà mirando. También dijo que sintió que le jalaron la sábana, no fuerte, sino como un tirón corto que te despierta. No le dije que estaba imaginando. Me fui directo a revisar. Revisé el pasillo, revisé la sala y el patio, pero todo estaba cerrado. Me volteé a ver el patio y la coladera estaba ahÃ, oscura, con la tapa medio manchada de lodo.
5:05 Cuando me acerqué, salió un burbujeo leve, constante, como cuando el drenaje suelta aire por abajo. No era un ruido grande, pero se escuchaba. porque en la madrugada todo se oye más. Regresé al cuarto y mi hija no querÃa quedarse sola, asà que la pasamos con nosotros. Mi esposa trató de calmarla y yo me quedé alerta, escuchando cualquier movimiento, revisando otra vez la puerta del patio y pensando en la bolsa que habÃa sacado. No dormà bien, me quedé con la sensación de que la casa estaba ocupada, por algo que no tenÃa forma de agarrar con la mano, pero que se notaba en lo más directo. El sueño de mi hija, el olor metido adentro y los cuerpos fallando sin explicación clara. Antes de que amaneciera, fui al patio y vi la bolsa doble, donde habÃa guardado lo que saqué de la coladera. Estaba intacta, amarrada como la dejé, pero aún asÃ, el olor salÃa fuerte. En ese momento entendà que no podÃa tratarlo como una cosa cualquiera. Esa bolsa no era una casualidad, era brujerÃa. Al dÃa siguiente amanecimos cansados, como si hubiéramos pasado la noche trabajando. Yo traÃa la cabeza pesada desde que abrà los ojos. Mi esposa tenÃa la garganta apretada y hablaba poco, porque le dolÃa tragar. Mi hija se levantó sin ganas, se quedó sentada en la orilla de la cama y me pidió
6:37 que no la mandara a la escuela. La revisé otra vez por las marcas de la rodilla. SeguÃan rojas, sin costra y sin piel levantada, pero al tocarla se quejaba no por ardor, sino por dolor como de golpe. Antes de hacer cualquier cosa con lo del patio, decidà hacer lo que se hace primero cuando hay un niño con molestias. llevarla a revisión y ver si era algo común. La doctora la revisó completa. Le tomó temperatura, le revisó garganta, oÃdos, pecho, le palpó el abdomen y le vio la piel con buena luz. Dijo que no veÃa infección fuerte, que podÃa ser cansancio por un cuadro leve y que las marcas podÃan salir por rascarse dormida o por presión al dormir.
7:26 dijo que estuviera atento a fiebre, vómito o falta de aire. Yo salà de ahà con la sensación de que estaba oyendo algo correcto para una consulta normal, pero no para lo que yo estaba viendo en mi casa, porque mi hija no se rasca asà y porque las marcas estaban en lugares donde no se llega fácil con la uña sin despertarse. Regresamos y la casa seguÃa con ese olor pegado en el pasillo, el mismo que salió de la bolsa, Abrà ventanas, prendà el ventilador, lavé el patio con agua y jabón, y la coladera volvió a tragar mejor, pero el olor no se iba del todo. Guardé la bolsa doble en una cubeta con tapa y la dejé arrinconada, lejos de la cocina. Me puse a revisar la puerta del patio, la bisagra y el marco. Ahà vi el problema real. El pestillo no alcanzaba a quedar firme si uno no empujaba bien la puerta. Ese detalle explicaba cómo alguien pudo entrar en un rato sin hacer ruido. Mi hija se quedó con su mamá en la sala, pero varias veces la vi voltear hacia el pasillo. No era juego, se quedaba viendo un punto fijo y seguÃa algo con los ojos. Le pregunté qué veÃa y me dijo que alguien pasaba rápido, pegado a la pared, como si no quisiera que lo vieran. Me lo dijo con la cara seria, sin exagerar. Me quedé viendo el pasillo desde el mismo ángulo de mi hija. No vi a nadie, pero en
8:57 ese momento entendà que el problema no era solo la bolsa. Era que, desde que la saqué, mi hija empezó a notar cosas dentro de la casa, y eso me puso tenso, porque yo no podÃa revisar sus sueños ni lo que veÃa, y eso la estaba afectando. En la tarde, mientras mi esposa limpiaba la cocina, me habló desde el fregadero. Me dijo que habÃa encontrado un paquete donde no debÃa haber nada. Fui y vi que estaba debajo del fregadero, metido atrás de los productos de limpieza, pegado a la pared. Era pequeño, envuelto en papel café y amarrado con hilo. Ese paquete no podÃa venir del patio por accidente. Estaba acomodado. Lo tomé con una servilleta, lo puse sobre el lavadero y lo abrà con cuidado usando el gancho, sin meter los dedos.
9:48 Adentro traÃa tierra fina, sal y un listón viejo enrollado, como de prenda o de amarre. También traÃa un polvo oscuro que se pegaba a la servilleta. No era algo de cocina. Era un polvo sin olor agradable. Más bien con un olor seco. Pero nada de eso era nuestro. Asà que cerré el paquete y lo metà en otra bolsa. En ese punto ya no se trataba de una idea. Alguien entró a mi casa y dejó dos cosas, una en drenaje y otra en la cocina, y eso no lo hace alguien por equivocación. Me puse a revisar lo demás con calma, sin hacer escándalo frente a mi hija.
10:30 Revisé cajones, el patio, macetas, el closet donde guardamos trapos, y revisé atrás del tinaco, en el rincón donde guardo cubetas. Pero no encontré otro paquete ese dÃa, pero vi tierra movida en una maceta vieja que casi no usamos. No la toqué y la dejé para revisarla con guantes y con luz al dÃa siguiente, porque ya traÃa el coraje encima y no querÃa meterme al patio asÃ. Esa noche fue peor por las marcas. Mi hija se durmió con nosotros porque no quiso volver a su cuarto. despierto un buen rato cuidando que respirara bien revisando que no se calentara en la madrugada se movió mucho como si no encontrara descanso y cuando ya amanecÃa le vi la espalda tenÃa tres marcas nuevas redondas con el centro morado como pellizcos fuertes no estaban abiertas no sangraban pero se veÃan recientes las vi y sentà una rabia directa de esas que te ponen caliente la cara porque ahà ya no cabe la duda, era brujerÃa y alguien estaba entrando a nuestra casa. Mi esposa también las vio y se le quebró la voz. Yo me quedé con la decisión tomada de hacer dos cosas, proteger la casa y buscar a alguien que supiera retirar eso. No me servÃa discutir con vecinos sin pruebas, ni servÃa quedarme esperando a ver si se quitaba solo. Fui con una vecina mayor que vive cerca.
12:01 una señora que conoce a todos y que habla sin adornar. Le conté lo de la coladera, lo que traÃa la bolsa, lo del paquete del fregadero y las marcas. Me dijo que eso era un trabajo de enfermedad y desgaste, que lo habÃan metido por el drenaje para que agarrara la casa y que cuando ya aparecen dos cosas casi siempre hay un entierro cerca o algo escondido en tierra, porque asà lo aseguran. Me dijo que no lo dejara dentro de la casa y que no lo abriera otra vez y que evitara tocarlo directo. También me dijo que ese tipo de trabajo busca lo mismo siempre, enfermar, quitar el sueño y meter pleitos, porque cuando la gente discute, se descuida y se rompe por dentro. Me recomendó a una mujer que ayudaba con limpias y retiro de trabajos. Me dio la dirección y me dijo que fuera temprano. con la familia y que no fuera a buscar pelea ese dÃa, porque el coraje mal llevado también juega en contra. Yo regresé a mi casa y empecé con lo básico. Puse seguro y traba, ajusté la puerta del patio para que cerrara firme y dejé luz prendida en el pasillo para no dejar rincones oscuros. Guardé los dos paquetes en doble bolsa, los amarré bien y los dejé afuera, en una parte donde mi hija no se acercara. Esa noche volvà a escuchar el burbujeo en la coladera. No fue fuerte, pero fue constante, como si el drenaje soltara aire en intervalos.
13:33 El patio olÃa a tierra mojada, aunque no habÃa llovido. Mi hija traÃa la frente sudada y frÃa, y se movÃa como si algo la despertara por dentro. Cada vez que yo entraba a verla, abrÃa los ojos y volteaba hacia la puerta, con la misma idea fija de la noche anterior. Yo ya tenÃa claro el paso siguiente, porque la casa ya estaba marcada por dos puntos, mi hija ya estaba marcada en el cuerpo, y lo que fuera que habÃan dejado no se iba a ir con ventilador ni con jabón. Fuimos con la mujer al dÃa siguiente temprano, porque yo ya traÃa la idea fija de que mientras esas cosas siguieran en mi casa, mi hija iba a seguir amaneciendo marcada. Era una casa sencilla, con reja y patio limpio, y olÃa a copal. En una mesa tenÃa veladoras de colores, hierbas amarradas, sal y un vaso de vidrio con agua turbia. Me pidió que me sentara y que le contara todo. Le conté lo de la coladera, la bolsa negra amarrada con hilo, lo que traÃa adentro, el paquete debajo del fregadero y las marcas en la espalda de mi hija. Le conté el sueño. la figura parada en la puerta y el tirón de la sábana.
14:49 Me dijo que eso no era para asustarnos, era para enfermarnos y drenarnos la vida. Dijo que un trabajo metido por drenaje busca cansancio, malestar y sueño cortado. Dijo que en casas con niños el golpe se va sobre ellos porque duermen profundo y porque el cuerpo se marca fácil. Nos pidió que pasáramos de uno por uno, Empezó con mi esposa. Le pasó ruda y romero de la cabeza a los pies, como barriendo. Le pasó alcohol por la nuca y las manos. Rezó bajito, seguido, y encendió una veladora. Acercó la flama a la espalda de mi esposa y la flama brincó raro, aún con el cuarto cerrado. La mujer siguió sin comentarios. Después me tocó a mÃ. Me pidió que soltara el aire y me pasó las hierbas por el pecho y la espalda. Sentà la garganta seca y una sed de golpe. Me dio agua y siguió.
15:48 Al final le tocó a mi hija, la sentó, le habló directo y le pasó las hierbas suave en espalda, hombros y piernas, donde estaban las marcas. Luego hizo la lectura del huevo, lo quebró en el vaso con agua frente a nosotros. Se formaron hilos largos y manchas densas en el fondo. HabÃa burbujas pequeñas arriba. Me dijo que eso era carga puesta y que la limpia ayuda, pero no alcanza si el amarre principal seguÃa enterrado o escondido en la casa. Me dijo que ya habÃan aparecido dos puntos, drenaje y cocina, y que faltaba el punto que lo asegura casi siempre en tierra. Me dio instrucciones claras, limpiar coladera y patio con agua caliente y sal, barrer hacia afuera y revisar macetas y rincones donde la tierra se vea movida. También me dijo que lo que encontrara no lo abriera, que lo sacara con guantes, lo metiera en doble bolsa y se lo llevara. Regresé a la casa y me fui directo al patio. Me puse los guantes y revisé las macetas una por una. En una maceta vieja arrinconada atrás de un bote de pintura, vi la tierra suelta, como recién puesta. Metà la mano con cuidado y sentà plástico. Lo jalé despacio y salió una bolsa apretada, envuelta en plástico y amarrada con hilo. VenÃa dura. No la abrÃ. La metà en otra bolsa y la amarré.
17:19 Me pegó el mismo olor de la primera bolsa, pero más fuerte. Me fui con la mujer. Cuando la vio, dijo que ese era el amarre principal. La sacó al patio, puso un recipiente metálico, echó sal alrededor, prendió una veladora y rezó. Abrió la bolsa con una herramienta y adentro venÃa tierra negra húmeda, cabello, un pedazo de tela y fotos de nosotros. Lo quemó con cuidado hasta que se consumió. Me dijo que el cuerpo tardarÃa en soltar, pero ya sin ir subiendo. Esa noche mi hija durmió corrido. Al dÃa siguiente no salió ninguna marca nueva. Mi esposa volvió a comer normal en pocos dÃas y yo dejé de traer el dolor de cabeza. Visé mis cámaras y vi el error real. TenÃa cámara en la puerta principal, pero el patio quedaba con un punto ciego por la pared.
18:14 Compré otra cámara, la puse apuntando al patio y cambié candados. Ajusté la puerta para que cerrara bien. La vecina con la que yo ya habÃa tenido roces por el estacionamiento fue la única que me vino a la mente por lógica, porque sabÃa mis horarios y porque buscó discusión afuera. Me acerqué y le dije directo que alguien habÃa entrado a mi casa, que ya habÃa cámara nueva, y que si volvÃa a aparecer una bolsa o un paquete, yo iba a denunciar por allanamiento. Ella se puso tensa y se metió. En mi casa ya no apareció nada, mi hija no volvió a hablar de la figura. Esa semana se quedó como un recuerdo feo, pero cerrado. Empezó con una bolsa en la coladera, siguió con marcas en el cuerpo de mi hija, y terminó el dÃa que saqué lo enterrado y cerré el acceso al patio.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed