Dec. 20, 2025

Brujería Real: Así La Dejaron En Mi Casa Y Enfermaron A Mi Familia - Historias De Terror - REDE

Brujería Real:  Así La Dejaron En Mi Casa Y Enfermaron A Mi Familia - Historias De Terror - REDE
Brujería Real:  Así La Dejaron En Mi Casa Y Enfermaron A Mi Familia - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
Brujería Real: Así La Dejaron En Mi Casa Y Enfermaron A Mi Familia - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Esa semana se me quedó grabada porque todo empezó con el patio encharcado y terminó con mi hija despertándose asustada, señalando la puerta del cuarto. En mi casa el patio es chico. Está el lavadero, una pared con un pasillo angosto que da a la puerta. Y en el piso está la coladera, donde se va el agua cuando lavo o cuando cae lluvia. No es una coladera que dé a la calle. Está adentro, en el patio. Y para llegar ahí, alguien tiene que pasar la puerta. Un día noté que el agua ya no se iba como siempre. Se quedaba estancada y se hacía una capa sucia, como cuando el drenaje se tapa con hojas y lodo. Agarré un gancho de alambre que uso para destapar, me agaché y empecé a sacar lo normal. Basura húmeda, hojas, tierra, un pedazo de plástico. Cuando el gancho bajó más, pegó con algo duro. No era una piedra suelta porque estaba trabado.

1:04 Moví el alambre de lado a lado y sentí que aquello cedía, como si estuviera amarrado a algo. Jalé despacio porque pensé en vidrio o en metal y salió una bolsa negra amarrada con hilo. No salió flotando, salió atorada, apretada, como si la hubieran empujado a propósito para que se quedara ahí. La bolsa estaba húmeda por fuera. pero el nudo seguía firme la dejé en el piso del patio y me quedé viéndola un rato no me dio curiosidad de a ver qué es me dio coraje porque eso no es basura que se te vaya por accidente pues nadie tira una bolsa amarrada dentro de una coladera de patio esa bolsa la metió alguien no metí la mano usé la punta del gancho para abrirla apenas se abrió salió un olor pesado no fue un olor leve Fue un golpe que se te queda en la nariz. Adentro venía un manojo de cabello, uñas recortadas y un pedazo de tela con manchas oscuras. También traía sal y tierra, pero no revuelto, como cuando algo cae al suelo. Venía acomodado, como preparado. Eso era un trabajo. Lo reconocí, porque yo crecí escuchando esas cosas de brujería y brujas, y siempre pensé que la mayoría eran cuentos. Hasta que tuve esa bolsa frente a mí, adentro de mi casa. Cerré la bolsa como pude, sin tocar el contenido. La metí en

2:34 otra bolsa y la dejé aparte, lejos de la cocina y lejos de los cuartos. Me lavé las manos varias veces, aunque no había metido los dedos. Aún así, sentí que el olor se me había pegado. Ese mismo día, empecé a repasar qué pudo pasar, para que alguien tuviera acceso. Me acordé de un descuido simple. Mi hija había salido al patio por una pelota y la puerta se quedó mal cerrada un rato. Yo no estaba y mi esposa estaba ocupada. Con esa puerta así, cualquiera que se asomara desde afuera podía empujarla y entrar sin hacer ruido. Me quedé con ese pensamiento un buen rato. Revisé cerraduras, revisé ventanas y la puerta. Cerraba, pero no quedaba apretada, tenía juego.

3:22 Ese detalle me molestó porque yo siempre me confío en que está cerrada, y ahí estaba la prueba de que no siempre era así. En la noche fue cuando el cuerpo empezó a fallar. Me dio un dolor de cabeza fuerte. Me acosté y a los minutos me levanté con el estómago revuelto. Volví a acostarme y otra vez sentí náuseas. Mi esposa amaneció con un ojo hinchado como por desvelo, pero se había dormido temprano. mi hija se quejó de dolor en las piernas y no quiso desayunar la revisé y vi dos marcas rojas cerca de la rodilla como raspón pero no traía tierra ni rasguño reciente solo la marca yo traté de mantener la cabeza fría pensé en algo que comimos en cansancio o en un virus eso es lo primero que piensa uno pero lo que me rompió ese intento fue lo que pasó en la madrugada Mi hija se despertó llorando y llamó a su mamá.

4:22 Yo me levanté y entré al cuarto. Mi hija estaba sentada en la cama, sudada y temblando. Me dijo que había una figura parada en la puerta, quieta. Me dijo que era una persona, pero sin cara, como si la cara estuviera lisa, y que se quedó ahí mirando. También dijo que sintió que le jalaron la sábana, no fuerte, sino como un tirón corto que te despierta. No le dije que estaba imaginando. Me fui directo a revisar. Revisé el pasillo, revisé la sala y el patio, pero todo estaba cerrado. Me volteé a ver el patio y la coladera estaba ahí, oscura, con la tapa medio manchada de lodo.

5:05 Cuando me acerqué, salió un burbujeo leve, constante, como cuando el drenaje suelta aire por abajo. No era un ruido grande, pero se escuchaba. porque en la madrugada todo se oye más. Regresé al cuarto y mi hija no quería quedarse sola, así que la pasamos con nosotros. Mi esposa trató de calmarla y yo me quedé alerta, escuchando cualquier movimiento, revisando otra vez la puerta del patio y pensando en la bolsa que había sacado. No dormí bien, me quedé con la sensación de que la casa estaba ocupada, por algo que no tenía forma de agarrar con la mano, pero que se notaba en lo más directo. El sueño de mi hija, el olor metido adentro y los cuerpos fallando sin explicación clara. Antes de que amaneciera, fui al patio y vi la bolsa doble, donde había guardado lo que saqué de la coladera. Estaba intacta, amarrada como la dejé, pero aún así, el olor salía fuerte. En ese momento entendí que no podía tratarlo como una cosa cualquiera. Esa bolsa no era una casualidad, era brujería. Al día siguiente amanecimos cansados, como si hubiéramos pasado la noche trabajando. Yo traía la cabeza pesada desde que abrí los ojos. Mi esposa tenía la garganta apretada y hablaba poco, porque le dolía tragar. Mi hija se levantó sin ganas, se quedó sentada en la orilla de la cama y me pidió

6:37 que no la mandara a la escuela. La revisé otra vez por las marcas de la rodilla. Seguían rojas, sin costra y sin piel levantada, pero al tocarla se quejaba no por ardor, sino por dolor como de golpe. Antes de hacer cualquier cosa con lo del patio, decidí hacer lo que se hace primero cuando hay un niño con molestias. llevarla a revisión y ver si era algo común. La doctora la revisó completa. Le tomó temperatura, le revisó garganta, oídos, pecho, le palpó el abdomen y le vio la piel con buena luz. Dijo que no veía infección fuerte, que podía ser cansancio por un cuadro leve y que las marcas podían salir por rascarse dormida o por presión al dormir.

7:26 dijo que estuviera atento a fiebre, vómito o falta de aire. Yo salí de ahí con la sensación de que estaba oyendo algo correcto para una consulta normal, pero no para lo que yo estaba viendo en mi casa, porque mi hija no se rasca así y porque las marcas estaban en lugares donde no se llega fácil con la uña sin despertarse. Regresamos y la casa seguía con ese olor pegado en el pasillo, el mismo que salió de la bolsa, Abrí ventanas, prendí el ventilador, lavé el patio con agua y jabón, y la coladera volvió a tragar mejor, pero el olor no se iba del todo. Guardé la bolsa doble en una cubeta con tapa y la dejé arrinconada, lejos de la cocina. Me puse a revisar la puerta del patio, la bisagra y el marco. Ahí vi el problema real. El pestillo no alcanzaba a quedar firme si uno no empujaba bien la puerta. Ese detalle explicaba cómo alguien pudo entrar en un rato sin hacer ruido. Mi hija se quedó con su mamá en la sala, pero varias veces la vi voltear hacia el pasillo. No era juego, se quedaba viendo un punto fijo y seguía algo con los ojos. Le pregunté qué veía y me dijo que alguien pasaba rápido, pegado a la pared, como si no quisiera que lo vieran. Me lo dijo con la cara seria, sin exagerar. Me quedé viendo el pasillo desde el mismo ángulo de mi hija. No vi a nadie, pero en

8:57 ese momento entendí que el problema no era solo la bolsa. Era que, desde que la saqué, mi hija empezó a notar cosas dentro de la casa, y eso me puso tenso, porque yo no podía revisar sus sueños ni lo que veía, y eso la estaba afectando. En la tarde, mientras mi esposa limpiaba la cocina, me habló desde el fregadero. Me dijo que había encontrado un paquete donde no debía haber nada. Fui y vi que estaba debajo del fregadero, metido atrás de los productos de limpieza, pegado a la pared. Era pequeño, envuelto en papel café y amarrado con hilo. Ese paquete no podía venir del patio por accidente. Estaba acomodado. Lo tomé con una servilleta, lo puse sobre el lavadero y lo abrí con cuidado usando el gancho, sin meter los dedos.

9:48 Adentro traía tierra fina, sal y un listón viejo enrollado, como de prenda o de amarre. También traía un polvo oscuro que se pegaba a la servilleta. No era algo de cocina. Era un polvo sin olor agradable. Más bien con un olor seco. Pero nada de eso era nuestro. Así que cerré el paquete y lo metí en otra bolsa. En ese punto ya no se trataba de una idea. Alguien entró a mi casa y dejó dos cosas, una en drenaje y otra en la cocina, y eso no lo hace alguien por equivocación. Me puse a revisar lo demás con calma, sin hacer escándalo frente a mi hija.

10:30 Revisé cajones, el patio, macetas, el closet donde guardamos trapos, y revisé atrás del tinaco, en el rincón donde guardo cubetas. Pero no encontré otro paquete ese día, pero vi tierra movida en una maceta vieja que casi no usamos. No la toqué y la dejé para revisarla con guantes y con luz al día siguiente, porque ya traía el coraje encima y no quería meterme al patio así. Esa noche fue peor por las marcas. Mi hija se durmió con nosotros porque no quiso volver a su cuarto. despierto un buen rato cuidando que respirara bien revisando que no se calentara en la madrugada se movió mucho como si no encontrara descanso y cuando ya amanecía le vi la espalda tenía tres marcas nuevas redondas con el centro morado como pellizcos fuertes no estaban abiertas no sangraban pero se veían recientes las vi y sentí una rabia directa de esas que te ponen caliente la cara porque ahí ya no cabe la duda, era brujería y alguien estaba entrando a nuestra casa. Mi esposa también las vio y se le quebró la voz. Yo me quedé con la decisión tomada de hacer dos cosas, proteger la casa y buscar a alguien que supiera retirar eso. No me servía discutir con vecinos sin pruebas, ni servía quedarme esperando a ver si se quitaba solo. Fui con una vecina mayor que vive cerca.

12:01 una señora que conoce a todos y que habla sin adornar. Le conté lo de la coladera, lo que traía la bolsa, lo del paquete del fregadero y las marcas. Me dijo que eso era un trabajo de enfermedad y desgaste, que lo habían metido por el drenaje para que agarrara la casa y que cuando ya aparecen dos cosas casi siempre hay un entierro cerca o algo escondido en tierra, porque así lo aseguran. Me dijo que no lo dejara dentro de la casa y que no lo abriera otra vez y que evitara tocarlo directo. También me dijo que ese tipo de trabajo busca lo mismo siempre, enfermar, quitar el sueño y meter pleitos, porque cuando la gente discute, se descuida y se rompe por dentro. Me recomendó a una mujer que ayudaba con limpias y retiro de trabajos. Me dio la dirección y me dijo que fuera temprano. con la familia y que no fuera a buscar pelea ese día, porque el coraje mal llevado también juega en contra. Yo regresé a mi casa y empecé con lo básico. Puse seguro y traba, ajusté la puerta del patio para que cerrara firme y dejé luz prendida en el pasillo para no dejar rincones oscuros. Guardé los dos paquetes en doble bolsa, los amarré bien y los dejé afuera, en una parte donde mi hija no se acercara. Esa noche volví a escuchar el burbujeo en la coladera. No fue fuerte, pero fue constante, como si el drenaje soltara aire en intervalos.

13:33 El patio olía a tierra mojada, aunque no había llovido. Mi hija traía la frente sudada y fría, y se movía como si algo la despertara por dentro. Cada vez que yo entraba a verla, abría los ojos y volteaba hacia la puerta, con la misma idea fija de la noche anterior. Yo ya tenía claro el paso siguiente, porque la casa ya estaba marcada por dos puntos, mi hija ya estaba marcada en el cuerpo, y lo que fuera que habían dejado no se iba a ir con ventilador ni con jabón. Fuimos con la mujer al día siguiente temprano, porque yo ya traía la idea fija de que mientras esas cosas siguieran en mi casa, mi hija iba a seguir amaneciendo marcada. Era una casa sencilla, con reja y patio limpio, y olía a copal. En una mesa tenía veladoras de colores, hierbas amarradas, sal y un vaso de vidrio con agua turbia. Me pidió que me sentara y que le contara todo. Le conté lo de la coladera, la bolsa negra amarrada con hilo, lo que traía adentro, el paquete debajo del fregadero y las marcas en la espalda de mi hija. Le conté el sueño. la figura parada en la puerta y el tirón de la sábana.

14:49 Me dijo que eso no era para asustarnos, era para enfermarnos y drenarnos la vida. Dijo que un trabajo metido por drenaje busca cansancio, malestar y sueño cortado. Dijo que en casas con niños el golpe se va sobre ellos porque duermen profundo y porque el cuerpo se marca fácil. Nos pidió que pasáramos de uno por uno, Empezó con mi esposa. Le pasó ruda y romero de la cabeza a los pies, como barriendo. Le pasó alcohol por la nuca y las manos. Rezó bajito, seguido, y encendió una veladora. Acercó la flama a la espalda de mi esposa y la flama brincó raro, aún con el cuarto cerrado. La mujer siguió sin comentarios. Después me tocó a mí. Me pidió que soltara el aire y me pasó las hierbas por el pecho y la espalda. Sentí la garganta seca y una sed de golpe. Me dio agua y siguió.

15:48 Al final le tocó a mi hija, la sentó, le habló directo y le pasó las hierbas suave en espalda, hombros y piernas, donde estaban las marcas. Luego hizo la lectura del huevo, lo quebró en el vaso con agua frente a nosotros. Se formaron hilos largos y manchas densas en el fondo. Había burbujas pequeñas arriba. Me dijo que eso era carga puesta y que la limpia ayuda, pero no alcanza si el amarre principal seguía enterrado o escondido en la casa. Me dijo que ya habían aparecido dos puntos, drenaje y cocina, y que faltaba el punto que lo asegura casi siempre en tierra. Me dio instrucciones claras, limpiar coladera y patio con agua caliente y sal, barrer hacia afuera y revisar macetas y rincones donde la tierra se vea movida. También me dijo que lo que encontrara no lo abriera, que lo sacara con guantes, lo metiera en doble bolsa y se lo llevara. Regresé a la casa y me fui directo al patio. Me puse los guantes y revisé las macetas una por una. En una maceta vieja arrinconada atrás de un bote de pintura, vi la tierra suelta, como recién puesta. Metí la mano con cuidado y sentí plástico. Lo jalé despacio y salió una bolsa apretada, envuelta en plástico y amarrada con hilo. Venía dura. No la abrí. La metí en otra bolsa y la amarré.

17:19 Me pegó el mismo olor de la primera bolsa, pero más fuerte. Me fui con la mujer. Cuando la vio, dijo que ese era el amarre principal. La sacó al patio, puso un recipiente metálico, echó sal alrededor, prendió una veladora y rezó. Abrió la bolsa con una herramienta y adentro venía tierra negra húmeda, cabello, un pedazo de tela y fotos de nosotros. Lo quemó con cuidado hasta que se consumió. Me dijo que el cuerpo tardaría en soltar, pero ya sin ir subiendo. Esa noche mi hija durmió corrido. Al día siguiente no salió ninguna marca nueva. Mi esposa volvió a comer normal en pocos días y yo dejé de traer el dolor de cabeza. Visé mis cámaras y vi el error real. Tenía cámara en la puerta principal, pero el patio quedaba con un punto ciego por la pared.

18:14 Compré otra cámara, la puse apuntando al patio y cambié candados. Ajusté la puerta para que cerrara bien. La vecina con la que yo ya había tenido roces por el estacionamiento fue la única que me vino a la mente por lógica, porque sabía mis horarios y porque buscó discusión afuera. Me acerqué y le dije directo que alguien había entrado a mi casa, que ya había cámara nueva, y que si volvía a aparecer una bolsa o un paquete, yo iba a denunciar por allanamiento. Ella se puso tensa y se metió. En mi casa ya no apareció nada, mi hija no volvió a hablar de la figura. Esa semana se quedó como un recuerdo feo, pero cerrado. Empezó con una bolsa en la coladera, siguió con marcas en el cuerpo de mi hija, y terminó el día que saqué lo enterrado y cerré el acceso al patio.