BRUJERÍA OSCURA Con Un Medallón Podcast Paranormal - REDE
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0:02 Ese dÃa me tocó deshiervar el patio trasero. Mi mamá me lo pidió desde la mañana. No era una zona que limpiáramos seguido. Solo Ãbamos cuando habÃa que mover algo, o cuando el pasto ya se salÃa por la puerta. Agarré una bolsa negra, los guantes viejos de jardinerÃa, y salà con la idea de terminar rápido. HacÃa calor. el sol pegaba directo sobre el cemento y el polvo se levantaba en cada jalón de raÃz fui avanzando hasta una esquina donde siempre crecÃan ramas más gruesas el suelo estaba seco pero las raÃces salÃan de entre las grietas mientras arrancaba una con fuerza sentà que algo duro me detuvo el jalón Era como si la pala hubiera chocado con una tapa metálica. Me agaché, aparté la tierra con los dedos y encontré algo redondo. Era un medallón, del tamaño de una moneda grande. Estaba cubierto de tierra seca, pero se notaban algunos grabados. Me lo limpié con la camiseta.
1:02 Era pesado, más de lo que imaginé al verlo. El material parecÃa bronce, pero estaba opaco, viejo. En el centro tenÃa un ojo grabado. Alrededor, unas lÃneas curvas que parecÃan serpientes o ganchos. Abajo del ojo, una palabra rara. Breknasu. Nunca la habÃa escuchado. Del otro lado también tenÃa un grabado. El mismo ojo, pero dentro de un cÃrculo con puntos. A los lados, marcas más gruesas como garabatos, pero hechos con intención. Lo observé un buen rato sin entender qué era. Pensé que podÃa ser algo artesanal o un adorno religioso. Lo metà al bolsillo y seguà limpiando. Cuando terminé, me metà a bañar. Ya dentro del cuarto, dejé el medallón sobre la mesa junto al celular y las llaves. Más tarde, mientras veÃa el celular, me acordé y le tomé unas fotos.
1:56 Las subà a la computadora y las busqué con Google Imágenes. No salió nada. Ni sÃmbolos parecidos, ni imágenes relacionadas. Solo encontré el sÃmbolo del« ojo que todo lo ve». Pero no era igual. Escribà Breknasu tal cual en el buscador. No hubo resultados. Probé en traductores, en otras páginas. Nada. Empecé a pensar que tal vez era solo una pieza inventada. Algo sin valor real. Lo dejé otra vez sobre la mesa y apagué la luz. Pasaron unos dÃas sin novedad. El medallón seguÃa ahÃ, como parte de las cosas que uno deja olvidadas junto a la cama. No lo habÃa vuelto a revisar, hasta que una noche, regresando de casa de unos amigos, ya muy noche, vi algo raro. Eran como las dos de la mañana, me bajé del coche y caminé hacia la puerta trasera. Iba mirando el suelo con las llaves en la mano, cuando algo me hizo alzar la vista. Algo se movÃa en la pared del lado izquierdo de la casa. era una figura alargada que subÃa hacia el techo tenÃa patas delgadas y se deslizaba sin ruido no trepaba como un gato ni como un insecto su movimiento era más fluido más recto se pegaba completamente a la pared me quedé quieto tratando de enfocar La silueta era negra, pero no brillaba. Era más como una sombra densa. No distinguà cabeza ni cola, solo una forma alargada que se perdió en la parte alta. Miré
3:29 hacia los lados, levanté la vista, esperé unos segundos. Nada. Abrà la puerta y me metÃ. Cerré con seguro y me fui directo al cuarto. Me acosté con la sensación rara, como si me hubiera encontrado algo que no debÃa ver. Unos dÃas después, mientras me acostaba, agarré el medallón. Lo tenÃa aún en la mesa. Me puse a hacerlo girar sobre la madera solo por jugar. En una de esas, giró más rápido y se fue al borde. Cayó al suelo y rodó hacia debajo de la cama. Me incliné, agarré el celular y encendà la linterna. Alumbré el piso buscando el reflejo metálico. Lo vi, pero habÃa algo más.
4:12 Debajo del medallón, justo donde se habÃa detenido, algo se movÃa. Era una especie de gusano delgado, muy largo, negro, como una culebrita. Se retorcÃa lentamente como si acabara de despertarse. Me eché para atrás. No supe qué era. No tenÃa patas ni antenas. Solo un cuerpo alargado que se curvaba en silencio. Sin pensarlo, agarré una chancla que tenÃa cerca y la usé para aplastarlo. Escuché cómo reventó contra el suelo. Lo recogà con papel y lo tiré al bote. Luego volvà a alumbrar, asegurándome de que no hubiera más. Recogà el medallón y lo puse de nuevo en la mesa.
4:53 Esta vez lo dejé más lejos, junto a la lámpara. Me acosté, pero me costó dormir. No era solo por el bicho, era por la coincidencia. El medallón habÃa caÃdo justo encima de esa cosa. Pasaron unos dÃas desde que vi aquella figura trepando por la pared, y desde que el medallón cayó justo sobre ese bicho extraño. No le conté a nadie, ni a mi mamá, ni a mis amigos, pero no dejaba de pensar en eso. A veces me acostaba mirando la mesa, viendo el medallón como si estuviera esperando algo. Una noche, ya por dormirme, empecé a jugar otra vez con él. lo hacÃa girar en cÃrculo sobre la mesa como si fuera un trompo me relajaba escuchar ese golpeteo suave de metal sobre madera pero en uno de esos giros se fue de lado y cayó al suelo rodó hasta perderse debajo de la cama me levanté agarré el celular y encendà la linterna me tiré al suelo para buscarlo alumbré entre las cajas viejas y los zapatos que guardaba ahà lo vi casi de inmediato pero habÃa algo más Justo debajo del medallón algo se movÃa despacio.
6:04 Era otra vez esa especie de gusano delgado, igual al que habÃa aplastado la vez anterior. MedÃa como cuatro centÃmetros. Negro, opaco, casi pegado al piso. Se retorcÃa lentamente, como si la luz lo molestara. No se parecÃa a ningún insecto que hubiera visto antes. No tenÃa brillo ni patas. Solo era una lÃnea oscura que se ondulaba en silencio. Me eché hacia atrás. Tomé la chancla y lo aplasté. No pensé mucho. Solo querÃa que desapareciera. Lo recogà con un pedazo de papel y lo tiré directo al bote de basura. Revisé el suelo por si habÃa más. No encontré nada. Luego recogà el medallón y lo dejé sobre la mesa. Esta vez lo puse más alejado, junto a la pared. Esa noche dormà mal. Me despertaba a ratos. TenÃa la sensación de que alguien me observaba, aunque todo estaba en silencio.
7:02 Soñé con el sÃmbolo del ojo. Lo veÃa en las paredes de la casa, en mi brazo, en el cielo. No era un sueño cualquiera. No tenÃa historia ni caras, solo sÃmbolos. Solo ese ojo en todas partes, como si estuviera marcado en cada superficie. Me levanté con dolor de cabeza y sin ganas de hacer nada. Durante el dÃa traté de ocuparme. SalÃa a hacer unos pagos, fui por mandado, pero el sueño me seguÃa dando vueltas. Me decÃa a mà mismo que no pasaba nada. que era una simple coincidencia. Pero esa noche, mientras cenaba en la sala, el foco del techo comenzó a parpadear. Lo hacÃa de forma intermitente, sin patrón, como si alguien moviera el apagador, aunque no habÃa nadie más ahÃ. Lo cambié por uno nuevo. Me subà en una silla y lo puse con cuidado. Al rato volvió a parpadear. Lo desconecté por completo. Al dÃa siguiente probé ese foco en el cuarto de mi mamá.
8:03 Funcionaba normal. No tenÃa nada. Lo volvà a dejar en su lugar y me quedé con la duda. Tal vez era la instalación. Tal vez no. Una madrugada me despertó un golpe. VenÃa de la pared del baño, al lado de mi cuarto. No fue un sonido leve. Fue como si alguien hubiera azotado la palma de la mano contra el muro. Me levanté de inmediato, agarré el celular y fui a revisar. No encontré nada caÃdo. El espejo estaba entero, las cosas en su lugar. Me acerqué al lavabo, alumbrando con el celular. Mientras veÃa el espejo, noté algo detrás de mÃ. Era una figura quieta, apenas visible en el reflejo.
8:44 Me giré de inmediato, pero no habÃa nadie. Salà al pasillo, revisé la cocina, la sala, el patio. Todos dormÃan. La reja estaba cerrada, las puertas con seguro. Regresé a mi cuarto, aún con el celular en la mano. Al entrar, vi el medallón en el suelo. Estaba a un metro de la mesa, como si alguien lo hubiera aventado. Yo no lo habÃa tocado desde que lo dejé ahÃ. Nadie más habÃa entrado. Lo levanté con cuidado, sin mirarlo mucho, y lo dejé dentro del cajón. Esa misma noche, ya sin poder dormir, abrà Facebook. Me metà a un grupo donde hablaban de temas paranormales. Ahà publicaban fotos, teorÃas, historias raras.
9:27 Decidà subir las fotos del medallón. Escribà todo lo que me habÃa pasado desde que lo encontré. El gusano, la figura que trepaba la pared, los focos, el golpe en el baño, el sÃmbolo del ojo. Pregunté si alguien conocÃa algo similar o si habÃa escuchado esa palabra. Breknasu. Tardé un rato en publicar. Lo escribà varias veces antes de mandarlo. Me sentÃa medio tonto compartiendo algo asÃ, pero también tenÃa esa necesidad de entender qué estaba pasando. Lo primero que hice al despertar fue revisar los comentarios en la publicación que habÃa subido al grupo de Facebook. TenÃa más respuestas de las que esperaba. Algunos decÃan que el medallón parecÃa de brujerÃa antigua. Otros aseguraban que nunca habÃan visto nada parecido, pero aún asà me recomendaban deshacerme de él. Una persona cuyo nombre no me sonaba me escribió directamente. Me dijo que no lo tocara más con las manos, que lo metiera en una caja de cartón con sal de grano y que amarrara la caja por fuera con algo fuerte, un lazo o cinta gruesa. Que lo mantuviera cerrado y lo alejara de donde dormÃa. Le di las gracias por el consejo, aunque no sabÃa si tomarlo en serio. Cerré la app y me puse a limpiar el cuarto. Al momento de pasar un trapo por la mesa, noté que el medallón ya no estaba. Me detuve. Revisé entre los papeles en el piso, debajo de la cama. Nada. Me
10:58 puse de rodillas y busqué con calma, corriendo cajas, jalando una mochila vieja. Nada. Me levanté algo inquieto. Revisé los cajones, uno por uno. Fui al baño. Miré en el lavamanos, en el cesto, detrás de la puerta. Luego fui a la sala. Tampoco estaba. Le pregunté a mi mamá si habÃa entrado a mi cuarto. me dijo que no le pregunté a mi hermano dijo que ni sabÃa que tenÃa algo ahà no me cuadraba que algo asà desapareciera solo al anochecer decidà dejar de buscarlo me metà a bañar para relajarme un poco Cerré los ojos debajo del agua. Traté de pensar en otra cosa. Cuando salà del baño, con la toalla todavÃa en la cabeza, lo vi en el suelo. Estaba junto a la puerta de mi cuarto, como si alguien lo hubiera dejado ahÃ, exactamente donde tenÃa que verlo. Me quedé quieto un momento. No entendà cómo habÃa llegado ahÃ. Nadie más lo conocÃa. Nadie sabÃa cómo era.
12:00 Nadie lo habÃa visto. Me agaché despacio y lo levanté con la punta de la toalla. Estaba frÃo, más frÃo de lo que deberÃa estar algo que estuvo en el suelo de un cuarto cerrado. No lo puse en la mesa. Esta vez lo metà al cajón de la cómoda. cerré con fuerza y me acosté sin prender la tele ni ver el celular a medianoche me despertó un zumbido no fue el tÃpico ruido eléctrico era más agudo como un silbido constante que venÃa desde dentro del cuarto sentà un cosquilleo leve detrás del cuello como si me estuvieran observando desde muy cerca Miré hacia la cómoda. El zumbido parecÃa más fuerte de ese lado. Me acerqué y abrà el cajón lentamente. El medallón temblaba. No se movÃa bruscamente, pero vibraba.
12:48 Como si algo dentro de él estuviera presionando hacia afuera. No tenÃa explicación. No habÃa motor ni pila. Solo era un pedazo de metal viejo con sÃmbolos. No lo toqué con las manos. Fui por una camiseta del montón de ropa limpia y lo tomé con eso. Lo dejé sobre el buró, justo al lado de la lámpara. Me regresé a la cama y me quedé viendo hacia el techo. No querÃa apagar la luz. No tenÃa sueño. A las tres de la mañana escuché un nuevo sonido. Era como si alguien estuviera rascando debajo del piso, justo debajo de mi cama. Un raspón seco que duró unos segundos. Me incorporé, aguantando la respiración. Luego vino un golpe. No fue fuerte, pero sà claro. Algo habÃa golpeado el buró. Mire, el medallón ya no estaba donde lo habÃa dejado. Estaba en el suelo, a un metro del buró, como si lo hubieran lanzado desde arriba. Me levanté despacio, pero no lo toqué.
13:48 Lo empujé con el pie hacia una esquina del cuarto justo entre la cómoda y la pared. No querÃa verlo, no querÃa pensar en qué lo habÃa movido. Me acosté otra vez, no pude dormir, me tapé hasta el pecho y me quedé inmóvil. Escuchaba cualquier sonido, por mÃnimo que fuera. Mi cuarto ya no se sentÃa igual, ya no era solo mÃo, y no tenÃa idea de lo que realmente habÃa traÃdo a esa casa desde el patio. Apenas amaneció, lo primero que hice fue buscar una caja de cartón chica. No querÃa tocar el medallón otra vez, ni siquiera con una camiseta. Lo empujé con una hoja de papel hasta meterlo dentro. Después llené la caja con sal de grano.
14:31 Me acordé del mensaje que me dejaron en Facebook y traté de seguirlo al pie de la letra. Cerré la caja con cinta. Le di varias vueltas con un lazo grueso que encontré en el cajón de herramientas. Y cuando estuve seguro de que no se abrÃa, la metà dentro de una bolsa negra. La envolvà con cuidado y la escondà en el closet, entre ropa que casi no usaba. No la volvà a abrir. Ni siquiera la miré directo. Solo sabÃa que estaba ahÃ, que no se habÃa movido. Cada vez que abrÃa el closet, evitaba esa esquina. Si necesitaba algo de esa parte, mejor buscaba otra cosa. Pasaron los dÃas y todo se mantuvo tranquilo. no volvió a sonar nada, no se cayó nada, no sentà esa sensación incómoda en el cuello mientras dormÃa, el foco de la sala ya no parpadeaba, el ambiente habÃa cambiado, pero a pesar de eso no me sentÃa del todo bien, me empezó a incomodar tener esa cosa en la casa, por más que estuviera encerrada, tapada y enterrada entre ropa, Yo sabÃa que estaba ahÃ, que seguÃa adentro. Cada vez que pasaba por el closet sentÃa una presión leve en el pecho.
15:43 Nunca pasó nada grave, pero esa incomodidad no se iba. Una tarde, después de varios dÃas de pensarlo, decidà que no podÃa seguir guardándolo. Pero tampoco quise tirarlo, no querÃa enterrarlo ni dejarlo en la basura. Algo me decÃa que eso podÃa ser peor, que si lo hacÃa mal, podÃa desatar algo. No sabÃa si eso era verdad o no, pero no quise arriesgarme. Le hablé a un primo, no uno muy cercano, pero sà de confianza. Era de esos que coleccionaban cosas raras, máscaras viejas, figuras de barro, monedas extranjeras. Le dije que tenÃa un medallón extraño, que ya no querÃa, que me daba mala espina, pero que no sabÃa si tenÃa valor o si era solo algo simbólico. Le conté lo que me habÃa pasado, sin adornos, sin exagerar. Solo los hechos. Lo encontré en el patio. Pasaron cosas raras y ya no lo querÃa en mi cuarto. Ãl se interesó de inmediato. Me preguntó si podÃa verlo, pero le dije que ya lo tenÃa sellado en una caja. Me dijo que no habÃa problema que se lo llevara asÃ.
16:52 Cuando se lo di, ni siquiera la abrió ahà mismo. Solo la sostuvo un momento, la miró por fuera y luego la metió a su mochila. dijo que después lo revisarÃa con calma que si encontraba algo raro me avisaba pasaron varios dÃas sin que supiera nada no me escribió ni me marcó asà que una tarde aprovechando que nos vimos en casa de mi abuela le pregunté si habÃa abierto la caja me encogió los hombros y me dijo que la habÃa perdido que no sabÃa bien si la dejó en su carro o si la tiraron por accidente con otras cosas que sacó cuando limpió su cuarto que simplemente desapareció fue raro porque se notaba tranquilo como si no le diera importancia Pero yo me quedé pensando mucho en eso. No era una caja común. Estaba envuelta, sellada, con un lazo. No era algo que se pudiera perder tan fácil. Pero no dije nada. Solo asentà con la cabeza y dejé que cambiara de tema. A partir de ahÃ, no volvà a tener problemas en mi casa. DormÃa bien, no escuchaba ruidos. El ambiente era normal. Todo volvió a ser como antes. Me hubiera gustado no haberme deshecho del medallón tan pronto. Tal vez ahora, con más información, con más herramientas, habrÃa podido investigar qué era, de dónde venÃa, o por qué tenÃa ese sÃmbolo grabado. A lo mejor no tenÃa nada especial. Quizás todo fue casualidad y mi mente exageró lo que pasó. Pero hay una parte de
18:25 mà que no cree eso. No sé qué hubiera pasado si lo hubiera guardado más tiempo.
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