July 25, 2025

BRUJERÍA OSCURA Con Un Medallón Podcast Paranormal - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Ese día me tocó deshiervar el patio trasero. Mi mamá me lo pidió desde la mañana. No era una zona que limpiáramos seguido. Solo íbamos cuando había que mover algo, o cuando el pasto ya se salía por la puerta. Agarré una bolsa negra, los guantes viejos de jardinería, y salí con la idea de terminar rápido. Hacía calor. el sol pegaba directo sobre el cemento y el polvo se levantaba en cada jalón de raíz fui avanzando hasta una esquina donde siempre crecían ramas más gruesas el suelo estaba seco pero las raíces salían de entre las grietas mientras arrancaba una con fuerza sentí que algo duro me detuvo el jalón Era como si la pala hubiera chocado con una tapa metálica. Me agaché, aparté la tierra con los dedos y encontré algo redondo. Era un medallón, del tamaño de una moneda grande. Estaba cubierto de tierra seca, pero se notaban algunos grabados. Me lo limpié con la camiseta.

1:02 Era pesado, más de lo que imaginé al verlo. El material parecía bronce, pero estaba opaco, viejo. En el centro tenía un ojo grabado. Alrededor, unas líneas curvas que parecían serpientes o ganchos. Abajo del ojo, una palabra rara. Breknasu. Nunca la había escuchado. Del otro lado también tenía un grabado. El mismo ojo, pero dentro de un círculo con puntos. A los lados, marcas más gruesas como garabatos, pero hechos con intención. Lo observé un buen rato sin entender qué era. Pensé que podía ser algo artesanal o un adorno religioso. Lo metí al bolsillo y seguí limpiando. Cuando terminé, me metí a bañar. Ya dentro del cuarto, dejé el medallón sobre la mesa junto al celular y las llaves. Más tarde, mientras veía el celular, me acordé y le tomé unas fotos.

1:56 Las subí a la computadora y las busqué con Google Imágenes. No salió nada. Ni símbolos parecidos, ni imágenes relacionadas. Solo encontré el símbolo del« ojo que todo lo ve». Pero no era igual. Escribí Breknasu tal cual en el buscador. No hubo resultados. Probé en traductores, en otras páginas. Nada. Empecé a pensar que tal vez era solo una pieza inventada. Algo sin valor real. Lo dejé otra vez sobre la mesa y apagué la luz. Pasaron unos días sin novedad. El medallón seguía ahí, como parte de las cosas que uno deja olvidadas junto a la cama. No lo había vuelto a revisar, hasta que una noche, regresando de casa de unos amigos, ya muy noche, vi algo raro. Eran como las dos de la mañana, me bajé del coche y caminé hacia la puerta trasera. Iba mirando el suelo con las llaves en la mano, cuando algo me hizo alzar la vista. Algo se movía en la pared del lado izquierdo de la casa. era una figura alargada que subía hacia el techo tenía patas delgadas y se deslizaba sin ruido no trepaba como un gato ni como un insecto su movimiento era más fluido más recto se pegaba completamente a la pared me quedé quieto tratando de enfocar La silueta era negra, pero no brillaba. Era más como una sombra densa. No distinguí cabeza ni cola, solo una forma alargada que se perdió en la parte alta. Miré

3:29 hacia los lados, levanté la vista, esperé unos segundos. Nada. Abrí la puerta y me metí. Cerré con seguro y me fui directo al cuarto. Me acosté con la sensación rara, como si me hubiera encontrado algo que no debía ver. Unos días después, mientras me acostaba, agarré el medallón. Lo tenía aún en la mesa. Me puse a hacerlo girar sobre la madera solo por jugar. En una de esas, giró más rápido y se fue al borde. Cayó al suelo y rodó hacia debajo de la cama. Me incliné, agarré el celular y encendí la linterna. Alumbré el piso buscando el reflejo metálico. Lo vi, pero había algo más.

4:12 Debajo del medallón, justo donde se había detenido, algo se movía. Era una especie de gusano delgado, muy largo, negro, como una culebrita. Se retorcía lentamente como si acabara de despertarse. Me eché para atrás. No supe qué era. No tenía patas ni antenas. Solo un cuerpo alargado que se curvaba en silencio. Sin pensarlo, agarré una chancla que tenía cerca y la usé para aplastarlo. Escuché cómo reventó contra el suelo. Lo recogí con papel y lo tiré al bote. Luego volví a alumbrar, asegurándome de que no hubiera más. Recogí el medallón y lo puse de nuevo en la mesa.

4:53 Esta vez lo dejé más lejos, junto a la lámpara. Me acosté, pero me costó dormir. No era solo por el bicho, era por la coincidencia. El medallón había caído justo encima de esa cosa. Pasaron unos días desde que vi aquella figura trepando por la pared, y desde que el medallón cayó justo sobre ese bicho extraño. No le conté a nadie, ni a mi mamá, ni a mis amigos, pero no dejaba de pensar en eso. A veces me acostaba mirando la mesa, viendo el medallón como si estuviera esperando algo. Una noche, ya por dormirme, empecé a jugar otra vez con él. lo hacía girar en círculo sobre la mesa como si fuera un trompo me relajaba escuchar ese golpeteo suave de metal sobre madera pero en uno de esos giros se fue de lado y cayó al suelo rodó hasta perderse debajo de la cama me levanté agarré el celular y encendí la linterna me tiré al suelo para buscarlo alumbré entre las cajas viejas y los zapatos que guardaba ahí lo vi casi de inmediato pero había algo más Justo debajo del medallón algo se movía despacio.

6:04 Era otra vez esa especie de gusano delgado, igual al que había aplastado la vez anterior. Medía como cuatro centímetros. Negro, opaco, casi pegado al piso. Se retorcía lentamente, como si la luz lo molestara. No se parecía a ningún insecto que hubiera visto antes. No tenía brillo ni patas. Solo era una línea oscura que se ondulaba en silencio. Me eché hacia atrás. Tomé la chancla y lo aplasté. No pensé mucho. Solo quería que desapareciera. Lo recogí con un pedazo de papel y lo tiré directo al bote de basura. Revisé el suelo por si había más. No encontré nada. Luego recogí el medallón y lo dejé sobre la mesa. Esta vez lo puse más alejado, junto a la pared. Esa noche dormí mal. Me despertaba a ratos. Tenía la sensación de que alguien me observaba, aunque todo estaba en silencio.

7:02 Soñé con el símbolo del ojo. Lo veía en las paredes de la casa, en mi brazo, en el cielo. No era un sueño cualquiera. No tenía historia ni caras, solo símbolos. Solo ese ojo en todas partes, como si estuviera marcado en cada superficie. Me levanté con dolor de cabeza y sin ganas de hacer nada. Durante el día traté de ocuparme. Salía a hacer unos pagos, fui por mandado, pero el sueño me seguía dando vueltas. Me decía a mí mismo que no pasaba nada. que era una simple coincidencia. Pero esa noche, mientras cenaba en la sala, el foco del techo comenzó a parpadear. Lo hacía de forma intermitente, sin patrón, como si alguien moviera el apagador, aunque no había nadie más ahí. Lo cambié por uno nuevo. Me subí en una silla y lo puse con cuidado. Al rato volvió a parpadear. Lo desconecté por completo. Al día siguiente probé ese foco en el cuarto de mi mamá.

8:03 Funcionaba normal. No tenía nada. Lo volví a dejar en su lugar y me quedé con la duda. Tal vez era la instalación. Tal vez no. Una madrugada me despertó un golpe. Venía de la pared del baño, al lado de mi cuarto. No fue un sonido leve. Fue como si alguien hubiera azotado la palma de la mano contra el muro. Me levanté de inmediato, agarré el celular y fui a revisar. No encontré nada caído. El espejo estaba entero, las cosas en su lugar. Me acerqué al lavabo, alumbrando con el celular. Mientras veía el espejo, noté algo detrás de mí. Era una figura quieta, apenas visible en el reflejo.

8:44 Me giré de inmediato, pero no había nadie. Salí al pasillo, revisé la cocina, la sala, el patio. Todos dormían. La reja estaba cerrada, las puertas con seguro. Regresé a mi cuarto, aún con el celular en la mano. Al entrar, vi el medallón en el suelo. Estaba a un metro de la mesa, como si alguien lo hubiera aventado. Yo no lo había tocado desde que lo dejé ahí. Nadie más había entrado. Lo levanté con cuidado, sin mirarlo mucho, y lo dejé dentro del cajón. Esa misma noche, ya sin poder dormir, abrí Facebook. Me metí a un grupo donde hablaban de temas paranormales. Ahí publicaban fotos, teorías, historias raras.

9:27 Decidí subir las fotos del medallón. Escribí todo lo que me había pasado desde que lo encontré. El gusano, la figura que trepaba la pared, los focos, el golpe en el baño, el símbolo del ojo. Pregunté si alguien conocía algo similar o si había escuchado esa palabra. Breknasu. Tardé un rato en publicar. Lo escribí varias veces antes de mandarlo. Me sentía medio tonto compartiendo algo así, pero también tenía esa necesidad de entender qué estaba pasando. Lo primero que hice al despertar fue revisar los comentarios en la publicación que había subido al grupo de Facebook. Tenía más respuestas de las que esperaba. Algunos decían que el medallón parecía de brujería antigua. Otros aseguraban que nunca habían visto nada parecido, pero aún así me recomendaban deshacerme de él. Una persona cuyo nombre no me sonaba me escribió directamente. Me dijo que no lo tocara más con las manos, que lo metiera en una caja de cartón con sal de grano y que amarrara la caja por fuera con algo fuerte, un lazo o cinta gruesa. Que lo mantuviera cerrado y lo alejara de donde dormía. Le di las gracias por el consejo, aunque no sabía si tomarlo en serio. Cerré la app y me puse a limpiar el cuarto. Al momento de pasar un trapo por la mesa, noté que el medallón ya no estaba. Me detuve. Revisé entre los papeles en el piso, debajo de la cama. Nada. Me

10:58 puse de rodillas y busqué con calma, corriendo cajas, jalando una mochila vieja. Nada. Me levanté algo inquieto. Revisé los cajones, uno por uno. Fui al baño. Miré en el lavamanos, en el cesto, detrás de la puerta. Luego fui a la sala. Tampoco estaba. Le pregunté a mi mamá si había entrado a mi cuarto. me dijo que no le pregunté a mi hermano dijo que ni sabía que tenía algo ahí no me cuadraba que algo así desapareciera solo al anochecer decidí dejar de buscarlo me metí a bañar para relajarme un poco Cerré los ojos debajo del agua. Traté de pensar en otra cosa. Cuando salí del baño, con la toalla todavía en la cabeza, lo vi en el suelo. Estaba junto a la puerta de mi cuarto, como si alguien lo hubiera dejado ahí, exactamente donde tenía que verlo. Me quedé quieto un momento. No entendí cómo había llegado ahí. Nadie más lo conocía. Nadie sabía cómo era.

12:00 Nadie lo había visto. Me agaché despacio y lo levanté con la punta de la toalla. Estaba frío, más frío de lo que debería estar algo que estuvo en el suelo de un cuarto cerrado. No lo puse en la mesa. Esta vez lo metí al cajón de la cómoda. cerré con fuerza y me acosté sin prender la tele ni ver el celular a medianoche me despertó un zumbido no fue el típico ruido eléctrico era más agudo como un silbido constante que venía desde dentro del cuarto sentí un cosquilleo leve detrás del cuello como si me estuvieran observando desde muy cerca Miré hacia la cómoda. El zumbido parecía más fuerte de ese lado. Me acerqué y abrí el cajón lentamente. El medallón temblaba. No se movía bruscamente, pero vibraba.

12:48 Como si algo dentro de él estuviera presionando hacia afuera. No tenía explicación. No había motor ni pila. Solo era un pedazo de metal viejo con símbolos. No lo toqué con las manos. Fui por una camiseta del montón de ropa limpia y lo tomé con eso. Lo dejé sobre el buró, justo al lado de la lámpara. Me regresé a la cama y me quedé viendo hacia el techo. No quería apagar la luz. No tenía sueño. A las tres de la mañana escuché un nuevo sonido. Era como si alguien estuviera rascando debajo del piso, justo debajo de mi cama. Un raspón seco que duró unos segundos. Me incorporé, aguantando la respiración. Luego vino un golpe. No fue fuerte, pero sí claro. Algo había golpeado el buró. Mire, el medallón ya no estaba donde lo había dejado. Estaba en el suelo, a un metro del buró, como si lo hubieran lanzado desde arriba. Me levanté despacio, pero no lo toqué.

13:48 Lo empujé con el pie hacia una esquina del cuarto justo entre la cómoda y la pared. No quería verlo, no quería pensar en qué lo había movido. Me acosté otra vez, no pude dormir, me tapé hasta el pecho y me quedé inmóvil. Escuchaba cualquier sonido, por mínimo que fuera. Mi cuarto ya no se sentía igual, ya no era solo mío, y no tenía idea de lo que realmente había traído a esa casa desde el patio. Apenas amaneció, lo primero que hice fue buscar una caja de cartón chica. No quería tocar el medallón otra vez, ni siquiera con una camiseta. Lo empujé con una hoja de papel hasta meterlo dentro. Después llené la caja con sal de grano.

14:31 Me acordé del mensaje que me dejaron en Facebook y traté de seguirlo al pie de la letra. Cerré la caja con cinta. Le di varias vueltas con un lazo grueso que encontré en el cajón de herramientas. Y cuando estuve seguro de que no se abría, la metí dentro de una bolsa negra. La envolví con cuidado y la escondí en el closet, entre ropa que casi no usaba. No la volví a abrir. Ni siquiera la miré directo. Solo sabía que estaba ahí, que no se había movido. Cada vez que abría el closet, evitaba esa esquina. Si necesitaba algo de esa parte, mejor buscaba otra cosa. Pasaron los días y todo se mantuvo tranquilo. no volvió a sonar nada, no se cayó nada, no sentí esa sensación incómoda en el cuello mientras dormía, el foco de la sala ya no parpadeaba, el ambiente había cambiado, pero a pesar de eso no me sentía del todo bien, me empezó a incomodar tener esa cosa en la casa, por más que estuviera encerrada, tapada y enterrada entre ropa, Yo sabía que estaba ahí, que seguía adentro. Cada vez que pasaba por el closet sentía una presión leve en el pecho.

15:43 Nunca pasó nada grave, pero esa incomodidad no se iba. Una tarde, después de varios días de pensarlo, decidí que no podía seguir guardándolo. Pero tampoco quise tirarlo, no quería enterrarlo ni dejarlo en la basura. Algo me decía que eso podía ser peor, que si lo hacía mal, podía desatar algo. No sabía si eso era verdad o no, pero no quise arriesgarme. Le hablé a un primo, no uno muy cercano, pero sí de confianza. Era de esos que coleccionaban cosas raras, máscaras viejas, figuras de barro, monedas extranjeras. Le dije que tenía un medallón extraño, que ya no quería, que me daba mala espina, pero que no sabía si tenía valor o si era solo algo simbólico. Le conté lo que me había pasado, sin adornos, sin exagerar. Solo los hechos. Lo encontré en el patio. Pasaron cosas raras y ya no lo quería en mi cuarto. Él se interesó de inmediato. Me preguntó si podía verlo, pero le dije que ya lo tenía sellado en una caja. Me dijo que no había problema que se lo llevara así.

16:52 Cuando se lo di, ni siquiera la abrió ahí mismo. Solo la sostuvo un momento, la miró por fuera y luego la metió a su mochila. dijo que después lo revisaría con calma que si encontraba algo raro me avisaba pasaron varios días sin que supiera nada no me escribió ni me marcó así que una tarde aprovechando que nos vimos en casa de mi abuela le pregunté si había abierto la caja me encogió los hombros y me dijo que la había perdido que no sabía bien si la dejó en su carro o si la tiraron por accidente con otras cosas que sacó cuando limpió su cuarto que simplemente desapareció fue raro porque se notaba tranquilo como si no le diera importancia Pero yo me quedé pensando mucho en eso. No era una caja común. Estaba envuelta, sellada, con un lazo. No era algo que se pudiera perder tan fácil. Pero no dije nada. Solo asentí con la cabeza y dejé que cambiara de tema. A partir de ahí, no volví a tener problemas en mi casa. Dormía bien, no escuchaba ruidos. El ambiente era normal. Todo volvió a ser como antes. Me hubiera gustado no haberme deshecho del medallón tan pronto. Tal vez ahora, con más información, con más herramientas, habría podido investigar qué era, de dónde venía, o por qué tenía ese símbolo grabado. A lo mejor no tenía nada especial. Quizás todo fue casualidad y mi mente exageró lo que pasó. Pero hay una parte de

18:25 mí que no cree eso. No sé qué hubiera pasado si lo hubiera guardado más tiempo.