Brujería Hecha Con Mi Sangre: Brujería Tradicional - Historias De Terror - REDE
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0:05 todo empezó con cansancio pero no un cansancio normal de desvelada o de una semana pesada sino uno que se me pegó al cuerpo y ya no se quitó al principio pensé que era por el trabajo porque llevaba varios dÃas haciendo pendientes atrasados contestando mensajes hasta tarde y tratando de acomodar cuentas me acostaba a una hora decente cenaba ligero dejaba el teléfono a un lado pero al despertar sentÃa el cuerpo más pesado que cuando me habÃa dormido. Las primeras semanas fueron dolores de cuerpo y una especie de falta de aire al hacer cosas que siempre hacÃa sin pensar. Subir las escaleras me costaba, barrer la casa me cansaba como si hubiera corrido. TenÃa que sentarme a cada rato, no por flojera, sino porque sentÃa una presión en el pecho y un zumbido constante en la cabeza.
1:01 Me veÃa al espejo y tenÃa ojeras marcadas, la piel más pálida y la mirada apagada, como enfermo griposo pero sin gripa. Decidà ir al doctor porque ya no me parecÃa normal. Me revisó, me tomó la presión, escuchó el corazón y me mandó a hacer estudios de sangre. Fui al laboratorio, me sacaron sangre, esperé los resultados y cuando regresé con él, me dijo que todo estaba en rangos aceptables, que no veÃa nada grave. Comentó que podÃa ser estrés, que tal vez andaba ansioso, que durmiera más, que tomara agua y que bajara el ritmo. Salà de ahà con la hoja de resultados en la mano, sin una explicación real de por qué sentÃa el cuerpo tan apagado. Mientras eso pasaba, las cosas empezaron a salirme mal en cadena.
1:51 Un cliente que ya me habÃa confirmado un pago grande, me avisó que iba a posponerlo hasta nuevo aviso. Otro trabajo que tenÃa casi amarrado se cayó por un detalle mÃnimo. Dos personas a las que les debÃa cobrar me empezaron a dar vueltas. En la casa se quemó el cargador del celular, el ventilador dejó de funcionar de la nada y una extensión empezó a fallar hasta que mejor la tiré. Cada dÃa aparecÃa un pendiente nuevo sin resolver y yo tenÃa menos energÃa para moverlo. Al principio no pensé en brujerÃa. Me repetÃa que eran cosas normales, que todo mundo pasa por rachas malas, que el cuerpo resiente los años y el estrés. Trataba de explicármelo con lógica, me obligaba a seguir con la rutina, levantarme temprano, hacer desayuno sencillo, revisar mensajes e intentar avanzar en lo que se pudiera. Pero por más que me organizaba, sentÃa que el dÃa se me escapaba, entre el sueño pegado a la cabeza y el peso constante en la espalda. Un dÃa, ya harto de esa sensación de desorden, decidà hacer una limpieza a fondo en la casa. Pensé que tal vez el ambiente cargado tenÃa que ver con el tiradero. Saqué ropa del closet, acomodé cajones y limpié los rincones del cuarto. En la sala movà muebles, sacudà debajo del sillón, revisé detrás del mueble de la tele, levanté cajas viejas donde tenÃa papeles y cosas guardadas desde hacÃa años. En la cocina saqué
3:24 todo de la alacena, limpié repisas, revisé botes, bolsas y frascos. Luego seguà con el patio. Barrà bien, quité hojas secas, me agaché a ver entre las grietas, pero nada. No encontré algo que pudiera atribuir a trabajos o brujerÃa. Terminé sudado, con la playera pegada al cuerpo y el corazón agitado, pero con una idea clara. En la casa no habÃa ningún objeto raro, ninguna bolsa con cosas extrañas, ninguna figura escondida, ni nada que me hiciera pensar en trabajos enterrados. Eso me dejó igual de cansado y ahora tan bien frustrado, porque ya tenÃa mal el cuerpo y encima no encontraba una causa que pudiera señalar con el dedo. Conforme pasaban los dÃas, el desgaste seguÃa. Empecé a bajar de peso sin proponérmelo. El pantalón me quedaba más flojo, la playera me colgaba un poco más. La gente que me veÃa seguido comenzó a notarlo. Una vecina que siempre se sentaba en la banqueta por las tardes. Una señora mayor que conocÃa a mi familia desde hace años. Me miró una vez que salÃa a tirar la basura y me dijo que me veÃa enfermo. Me lo dijo directo y creo que era lo que necesitaba. Aunque al principio me incomodé, sabÃa que podrÃa ser real y no le ponÃa la suficiente atención. Me preguntó qué traÃa y en lugar de inventar pretextos, le conté lo que habÃa estado sintiendo en
4:55 los últimos dÃas. Le dije que me sentÃa con el cuerpo agotado desde hacÃa semanas, que me faltaba aire para hacer cosas sencillas, que ya habÃa ido con un doctor, pero que los estudios no mostraron nada grave y que aún asÃ... Cada dÃa me despertaba peor. Le hablé de los trabajos que se habÃan caÃdo, de los pagos atrasados y de los aparatos que se habÃan descompuesto, uno tras otro. Ella escuchó todo en silencio, con los brazos cruzados, mirando cada detalle de mi cara. Cuando terminé, me dijo que esa forma de desgaste no le sonaba a simple estrés. Me comentó que habÃa visto casos parecidos en la colonia y que muchas veces cuando alguien se consume asà sin explicación médica clara y al mismo tiempo se le vienen encima problemas de dinero y de trabajo uno tras otro, no es solo mala suerte. Me dijo que eso le olÃa a brujerÃa hecha sobre mÃ. Me lo dijo con esas palabras que me cayeron como agua frÃa porque no querÃa llegar a ese punto en mi vida. No me habló de malas vibras ni de cosas suaves, sino de un trabajo de brujerÃa directo. Me explicó que cuando hacen esos trabajos con nombre completo, fecha de nacimiento y algo del cuerpo, como uñas, cabello o sangre, no siempre dejan objetos en la casa de la persona. Me comentó que a veces lo preparan, lo amarran bien y lo llevan
6:25 a otro lugar, un monte, un panteón, un cruce de caminos o una acequia. Me recalcó que por más que yo revisara mi patio, mis cuartos y mis muebles, no iba a encontrar nada, si el trabajo estaba hecho lejos. Luego me dijo que conocÃa a una bruja seria. No la presentó como una señora que hace limpias ligeras, sino como alguien que se dedica a cortar trabajos fuertes. Aclaró que esa bruja no se encarga de hacer daño, sino de deshacer lo que otros ya hicieron. y que su forma de trabajar requiere la sangre de la persona embrujada para romper el vÃnculo. Me explicó que con eso la bruja junta lo que traigo pegado y lo corta, sin necesidad de encontrar el objeto original. Mientras la escuchaba, sentà una mezcla de miedo y alivio. Miedo porque escuchar la palabra brujerÃa, aplicada directamente a mi caso, me hizo entender que no era solo una mala etapa. Y alivio porque, por primera vez en semanas, alguien me estaba dando una explicación concreta y una posible salida. Pensé en todo lo malo que me habÃa pasado y en cómo me sentÃa.
7:39 Con el cuerpo cansado, que parecÃa que mi energÃa vital salÃa de mi cuerpo. Todo encajaba de una forma que no me gustaba, pero que tenÃa sentido. Esa misma tarde, sin darle más vueltas, le dije a la vecina que querÃa ir con esa bruja. Sentà que si seguÃa esperando el cuerpo se me iba a apagar más y las cosas se iban a seguir desacomodando. Ya habÃa hecho mi parte con los doctores, medicamentos y limpieza en la casa. No tenÃa más opciones. En ese momento entendà y acepté que traÃa brujerÃa encima, aunque en mi casa no hubiera nada enterrado. Y decidà que lo siguiente serÃa sentarme frente a la persona y capaz de romper eso, aunque para lograrlo tuviera que usar mi propia sangre. La vecina no me dio tiempo de arrepentirme. Apenas le dije que querÃa ir con la bruja, me dijo que arreglara todo para el dÃa siguiente en la tarde. Me pidió que comiera algo ligero, que no tomara alcohol y que tratara de descansar un poco antes de salir. Esa noche casi no dormÃ, pero no por drama, sino porque la cabeza se me llenó con la idea de de que alguien se habÃa tomado el tiempo de buscar mis datos hacerme un trabajo y dejarlo tirado en algún lugar solo para verme caer al dÃa siguiente la vecina pasó por mà llegó con su bolsa de siempre y un suéter sobre el brazo me dijo que la bruja vivÃa del otro lado de
9:09 la ciudad en una colonia sencilla y que tendrÃamos que tomar dos camiones yo ya iba cansado desde la puerta Subir al primer camión me dejó sin aire. Me agarré del tubo, sentà las piernas flojas y el pecho apretado. Durante el trayecto me quedé viendo por la ventana, dejando que el movimiento del camión me arrullara, pero sin dormirme. Solo pensaba en que ese cansancio no podÃa ser normal a mi edad. Cuando bajamos del segundo camión, caminamos unas cuantas calles. La colonia era tranquila, con casas pequeñas, bardas bajas y rejas sencillas. Ni una sola casa llamaba la atención.
9:49 La vecina se detuvo frente a una puerta de lámina pintada de café, con un timbre viejo al lado. No habÃa letrero, ni anuncio de limpias, ni nada que indicara el tipo de trabajo que se hacÃa ahÃ. Tocó dos veces y esperó. Abrió una mujer de edad indefinida, quizá de unos 60 años, con collares llamativos, rosarios y pulseras con ojos en ellas. TenÃa la mirada firme y me miró de pies a cabeza desde que entré. La vecina la saludó por su nombre y le dijo que yo era el que traÃa el problema. La bruja me hizo a un lado con la mano, sin brusquedad pero con decisión, y dijo que pasáramos. Adentro olÃa a hierbas secas y a cera. El cuarto donde trabajaba estaba al fondo. Pasamos por una sala común, con sillones viejos y una tele apagada, y luego entramos a ese cuarto. Ahà sà se notaba a lo que se dedicaba. HabÃa una mesa de madera en el centro, marcada por cortes y quemaduras pequeñas. Encima habÃa platos de barro, velas gastadas, frascos con hierbas secas, un vaso con sal, otro con lo que parecÃa carbón molido.
11:02 En una repisa se veÃan más frascos con lÃquidos de distintos tonos. En la pared colgaban algunas imágenes fuertes. de santos y figuras demonÃacas que no eran de iglesia, junto con fotografÃas clavadas con alfileres y papeles doblados. Si les soy sincero, tenÃa más miedo que nada en ese momento. El mirar todas esas cosas y las imágenes del diablo me hacÃa temblar las rodillas, más de lo que ya las traÃa temblando por el cansancio. La bruja me indicó que me sentara en una silla frente a la mesa. La vecina se quedó apoyada en la pared, La mujer se paró frente a mÃ, cruzó los brazos y me dijo que hablara, y me preguntó qué traÃa. Yo le conté todo lo que me habÃa pasado, desde el cansancio extremo hasta los problemas laborales y personales. Le expliqué también que habÃa revisado mi casa a fondo, que no habÃa visto bolsas ni figuras ni nada raro. Cuando terminé, me soltó un solo comentario. Dijo que sÃ, que sonaba a trabajo.
12:07 No preguntó si yo creÃa o no. y no quiso convencerme de nada, solo afirmó. Después se acercó más, me tomó las manos y se quedó unos segundos en silencio mirando mis dedos y el color de mis uñas. Me levantó las manos a la altura del pecho, me pidió que respirara hondo, y luego soltó mis manos y se movió detrás de mÃ. Me levantó la camisa sin cuidado especial, como si me buscara una herida. Pasó su mano por mi espalda, presionó algunos puntos y el cuello sentà sus dedos frÃos regresó al frente se agachó un poco para verme la cara de cerca me sostuvo la barbilla se fijó en mis ojos en las ojeras en el color de la piel alrededor de los párpados luego me tomó la muñeca y contó algunos segundos mientras sentÃa el pulso me dijo claro que traÃa un trabajo encima me dijo que alguien habÃa usado mis datos y algo de mi cuerpo probablemente cabello o algo personal, y que lo habÃan preparado para que el desgaste fuera lento, sin tumbarme de golpe, pero sin dejarme levantar. Comentó que ese trabajo, por la forma en que me sentÃa y por el tiempo que llevaba asÃ, no debÃa estar en mi casa sino en otro lugar. Afirmó que, por más que yo buscara en el patio o en los cuartos, no iba a encontrar nada.
13:32 Me explicó que lo que se podÃa hacer era cortar eso desde mi propio cuerpo, usar mi sangre para romper lo que me amarraron. Dijo que necesitaba una muestra pequeña, que no me iba a desmayar ni nada, pero que lo tomara en serio, porque con esa sangre iba a arrastrar lo que traÃa pegado. La verdad, escuchar esas palabras me llenó aún más de miedo. Yo no sabÃa a qué se referÃa, sobre eso de arrastrar lo que traÃa pegado. Es como si me hubiera hablado en otro idioma, porque no comprendà de inmediato, solo acepté. Pues al final de cuentas,¿ qué otra opción tenÃa? Abrió un cajón y sacó una aguja nueva envuelta en plástico. La abrió frente a mà y me tomó la mano derecha. Me pinchó la yema del dedo anular con un solo movimiento y la sangre salió en una gota gruesa. La dejó caer sobre un plato de barro donde ya habÃa sal, hierba seca triturada y carbón molido. Esperó a que salieran dos gotas más y las dejó caer igual. Luego se acercó a un bracero pequeño que tenÃa en un rincón del cuarto. Encendió el carbón con un pedazo de papel y sopló hasta que se formó una brasa firme. Colocó el plato sobre una rejilla encima del bracero. El calor empezó a subir, el olor cambió. Ya no era solo hierba seca, sino algo más fuerte. Una mezcla entre carbón quemado y sal tostada.
15:04 La bruja se paró frente al bracero con las manos ligeramente levantadas y empezó a decir oraciones en voz baja. No las repetà en la cabeza ni les puse atención a las palabras exactas, pero se entendÃa que eran para cortar, para romper y para soltar. Mientras el contenido del plato se secaba y se pegaba al fondo, el cuerpo se me sentÃa más flojo. No era desmayo ni mareo, sino un cansancio más pesado que el de siempre. Las piernas se me aflojaron y tuve que apoyar mejor la espalda en la silla. SentÃa el pecho raro, como cuando uno termina una carrera larga pero sin haber corrido. La bruja me dijo que no me levantara, que dejara que el cuerpo se quedara quieto. Cuando consideró que el plato ya estaba listo, lo retiró del bracero con un trapo y lo puso sobre la mesa. Tomó una hoja de papel en blanco, escribió mi nombre completo, mi fecha de nacimiento y al lado, una palabra que no alcancé a leer bien.
16:07 Dobló el papel, lo pasó por encima del plato tres veces y luego lo rompió en pedazos pequeños. Esos pedazos los dejó caer sobre lo que quedaba de la sangre seca, mezclada con sal hierba y carbón encendió una vela y acercó la flama al papel y los pedazos comenzaron a arder el humo subió en una columna recta con un olor fuerte que me hizo cerrar un poco los ojos la bruja dijo que con eso el trabajo ya no seguirÃa pegado como antes que lo que me habÃan hecho se habÃa cortado y que a partir de ahà los efectos irÃan bajando dÃa con dÃa No prometió milagros instantáneos ni cambios de la noche a la mañana. Me habló de tiempo y de recuperación. Después se dirigió a una repisa.
16:56 Tomó una botella de vidrio con un lÃquido transparente en el interior y me la puso frente a mÃ. Me explicó que era agua preparada con hierbas y alcohol y que debÃa usarla por las noches. Me dijo que antes de dormir me la pasara por el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, con la mano. como si me estuviera enjuagando, y que después me bañara o me enjuagara con agua normal. Salimos de la casa de la bruja cuando el sol ya estaba bajando. Yo sentÃa el cuerpo más pesado que cuando llegué, pero no era la misma sensación apagada. Era un cansancio parecido al de después de cargar cosas, pero sin dolor fuerte. Esa noche dormà de corrido, sin estar despertando a cada rato mirando el reloj. Los primeros dÃas seguà cansado, pero algo cambió. La presión en el pecho se fue haciendo menos constante. Las mañanas ya no empezaban con esa sensación de que no tenÃa caso levantarme.
17:56 Con el paso de las semanas empecé a recuperar el apetito y la ropa ya no me quedaba tan floja. Al trabajar me equivocaba menos y los clientes que quedaban activos cumplieron lo que habÃan dicho. No se arregló todo de golpe, pero dejó de caerse todo al mismo tiempo. Nunca apareció una bolsa enterrada, ni un muñeco, ni nada fÃsico en mi casa. Aún asÃ, yo sentà en el cuerpo el efecto de lo que me habÃan hecho, y también sentà cómo se fue aflojando después del trabajo con esa mujer. Desde entonces, cada vez que el cansancio se sale de lo normal y se junta con problemas sin explicación clara, ya no lo dejo pasar tanto tiempo. Sé que hay cosas que no se ven, pero que se sienten en el cuerpo y en la vida diaria. Lo que me corresponde ahora es no ignorar esas señales y pedir ayuda a tiempo, sin esperar a estar otra vez, al borde de quedarme sin fuerzas. Con eso terminó todo, el trabajo se cortó, la vida se acomodó poco a poco y lo demás se quedó en el recuerdo. Mi vida ahora es diferente, ya no confÃo tanto en las personas, y cuido mucho en donde tiro mis cosas, incluso mi basura, porque no quiero que algún dÃa me vuelva a pasar algo similar. Ya no quiero pensar en brujerÃa nunca más.
19:19 Esta fue mi historia y el cómo me cambió después de un trabajo de sangre.
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