Dec. 4, 2025

Brujería Hecha Con Mi Sangre: Brujería Tradicional - Historias De Terror - REDE

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0:05 todo empezó con cansancio pero no un cansancio normal de desvelada o de una semana pesada sino uno que se me pegó al cuerpo y ya no se quitó al principio pensé que era por el trabajo porque llevaba varios días haciendo pendientes atrasados contestando mensajes hasta tarde y tratando de acomodar cuentas me acostaba a una hora decente cenaba ligero dejaba el teléfono a un lado pero al despertar sentía el cuerpo más pesado que cuando me había dormido. Las primeras semanas fueron dolores de cuerpo y una especie de falta de aire al hacer cosas que siempre hacía sin pensar. Subir las escaleras me costaba, barrer la casa me cansaba como si hubiera corrido. Tenía que sentarme a cada rato, no por flojera, sino porque sentía una presión en el pecho y un zumbido constante en la cabeza.

1:01 Me veía al espejo y tenía ojeras marcadas, la piel más pálida y la mirada apagada, como enfermo griposo pero sin gripa. Decidí ir al doctor porque ya no me parecía normal. Me revisó, me tomó la presión, escuchó el corazón y me mandó a hacer estudios de sangre. Fui al laboratorio, me sacaron sangre, esperé los resultados y cuando regresé con él, me dijo que todo estaba en rangos aceptables, que no veía nada grave. Comentó que podía ser estrés, que tal vez andaba ansioso, que durmiera más, que tomara agua y que bajara el ritmo. Salí de ahí con la hoja de resultados en la mano, sin una explicación real de por qué sentía el cuerpo tan apagado. Mientras eso pasaba, las cosas empezaron a salirme mal en cadena.

1:51 Un cliente que ya me había confirmado un pago grande, me avisó que iba a posponerlo hasta nuevo aviso. Otro trabajo que tenía casi amarrado se cayó por un detalle mínimo. Dos personas a las que les debía cobrar me empezaron a dar vueltas. En la casa se quemó el cargador del celular, el ventilador dejó de funcionar de la nada y una extensión empezó a fallar hasta que mejor la tiré. Cada día aparecía un pendiente nuevo sin resolver y yo tenía menos energía para moverlo. Al principio no pensé en brujería. Me repetía que eran cosas normales, que todo mundo pasa por rachas malas, que el cuerpo resiente los años y el estrés. Trataba de explicármelo con lógica, me obligaba a seguir con la rutina, levantarme temprano, hacer desayuno sencillo, revisar mensajes e intentar avanzar en lo que se pudiera. Pero por más que me organizaba, sentía que el día se me escapaba, entre el sueño pegado a la cabeza y el peso constante en la espalda. Un día, ya harto de esa sensación de desorden, decidí hacer una limpieza a fondo en la casa. Pensé que tal vez el ambiente cargado tenía que ver con el tiradero. Saqué ropa del closet, acomodé cajones y limpié los rincones del cuarto. En la sala moví muebles, sacudí debajo del sillón, revisé detrás del mueble de la tele, levanté cajas viejas donde tenía papeles y cosas guardadas desde hacía años. En la cocina saqué

3:24 todo de la alacena, limpié repisas, revisé botes, bolsas y frascos. Luego seguí con el patio. Barrí bien, quité hojas secas, me agaché a ver entre las grietas, pero nada. No encontré algo que pudiera atribuir a trabajos o brujería. Terminé sudado, con la playera pegada al cuerpo y el corazón agitado, pero con una idea clara. En la casa no había ningún objeto raro, ninguna bolsa con cosas extrañas, ninguna figura escondida, ni nada que me hiciera pensar en trabajos enterrados. Eso me dejó igual de cansado y ahora tan bien frustrado, porque ya tenía mal el cuerpo y encima no encontraba una causa que pudiera señalar con el dedo. Conforme pasaban los días, el desgaste seguía. Empecé a bajar de peso sin proponérmelo. El pantalón me quedaba más flojo, la playera me colgaba un poco más. La gente que me veía seguido comenzó a notarlo. Una vecina que siempre se sentaba en la banqueta por las tardes. Una señora mayor que conocía a mi familia desde hace años. Me miró una vez que salía a tirar la basura y me dijo que me veía enfermo. Me lo dijo directo y creo que era lo que necesitaba. Aunque al principio me incomodé, sabía que podría ser real y no le ponía la suficiente atención. Me preguntó qué traía y en lugar de inventar pretextos, le conté lo que había estado sintiendo en

4:55 los últimos días. Le dije que me sentía con el cuerpo agotado desde hacía semanas, que me faltaba aire para hacer cosas sencillas, que ya había ido con un doctor, pero que los estudios no mostraron nada grave y que aún así... Cada día me despertaba peor. Le hablé de los trabajos que se habían caído, de los pagos atrasados y de los aparatos que se habían descompuesto, uno tras otro. Ella escuchó todo en silencio, con los brazos cruzados, mirando cada detalle de mi cara. Cuando terminé, me dijo que esa forma de desgaste no le sonaba a simple estrés. Me comentó que había visto casos parecidos en la colonia y que muchas veces cuando alguien se consume así sin explicación médica clara y al mismo tiempo se le vienen encima problemas de dinero y de trabajo uno tras otro, no es solo mala suerte. Me dijo que eso le olía a brujería hecha sobre mí. Me lo dijo con esas palabras que me cayeron como agua fría porque no quería llegar a ese punto en mi vida. No me habló de malas vibras ni de cosas suaves, sino de un trabajo de brujería directo. Me explicó que cuando hacen esos trabajos con nombre completo, fecha de nacimiento y algo del cuerpo, como uñas, cabello o sangre, no siempre dejan objetos en la casa de la persona. Me comentó que a veces lo preparan, lo amarran bien y lo llevan

6:25 a otro lugar, un monte, un panteón, un cruce de caminos o una acequia. Me recalcó que por más que yo revisara mi patio, mis cuartos y mis muebles, no iba a encontrar nada, si el trabajo estaba hecho lejos. Luego me dijo que conocía a una bruja seria. No la presentó como una señora que hace limpias ligeras, sino como alguien que se dedica a cortar trabajos fuertes. Aclaró que esa bruja no se encarga de hacer daño, sino de deshacer lo que otros ya hicieron. y que su forma de trabajar requiere la sangre de la persona embrujada para romper el vínculo. Me explicó que con eso la bruja junta lo que traigo pegado y lo corta, sin necesidad de encontrar el objeto original. Mientras la escuchaba, sentí una mezcla de miedo y alivio. Miedo porque escuchar la palabra brujería, aplicada directamente a mi caso, me hizo entender que no era solo una mala etapa. Y alivio porque, por primera vez en semanas, alguien me estaba dando una explicación concreta y una posible salida. Pensé en todo lo malo que me había pasado y en cómo me sentía.

7:39 Con el cuerpo cansado, que parecía que mi energía vital salía de mi cuerpo. Todo encajaba de una forma que no me gustaba, pero que tenía sentido. Esa misma tarde, sin darle más vueltas, le dije a la vecina que quería ir con esa bruja. Sentí que si seguía esperando el cuerpo se me iba a apagar más y las cosas se iban a seguir desacomodando. Ya había hecho mi parte con los doctores, medicamentos y limpieza en la casa. No tenía más opciones. En ese momento entendí y acepté que traía brujería encima, aunque en mi casa no hubiera nada enterrado. Y decidí que lo siguiente sería sentarme frente a la persona y capaz de romper eso, aunque para lograrlo tuviera que usar mi propia sangre. La vecina no me dio tiempo de arrepentirme. Apenas le dije que quería ir con la bruja, me dijo que arreglara todo para el día siguiente en la tarde. Me pidió que comiera algo ligero, que no tomara alcohol y que tratara de descansar un poco antes de salir. Esa noche casi no dormí, pero no por drama, sino porque la cabeza se me llenó con la idea de de que alguien se había tomado el tiempo de buscar mis datos hacerme un trabajo y dejarlo tirado en algún lugar solo para verme caer al día siguiente la vecina pasó por mí llegó con su bolsa de siempre y un suéter sobre el brazo me dijo que la bruja vivía del otro lado de

9:09 la ciudad en una colonia sencilla y que tendríamos que tomar dos camiones yo ya iba cansado desde la puerta Subir al primer camión me dejó sin aire. Me agarré del tubo, sentí las piernas flojas y el pecho apretado. Durante el trayecto me quedé viendo por la ventana, dejando que el movimiento del camión me arrullara, pero sin dormirme. Solo pensaba en que ese cansancio no podía ser normal a mi edad. Cuando bajamos del segundo camión, caminamos unas cuantas calles. La colonia era tranquila, con casas pequeñas, bardas bajas y rejas sencillas. Ni una sola casa llamaba la atención.

9:49 La vecina se detuvo frente a una puerta de lámina pintada de café, con un timbre viejo al lado. No había letrero, ni anuncio de limpias, ni nada que indicara el tipo de trabajo que se hacía ahí. Tocó dos veces y esperó. Abrió una mujer de edad indefinida, quizá de unos 60 años, con collares llamativos, rosarios y pulseras con ojos en ellas. Tenía la mirada firme y me miró de pies a cabeza desde que entré. La vecina la saludó por su nombre y le dijo que yo era el que traía el problema. La bruja me hizo a un lado con la mano, sin brusquedad pero con decisión, y dijo que pasáramos. Adentro olía a hierbas secas y a cera. El cuarto donde trabajaba estaba al fondo. Pasamos por una sala común, con sillones viejos y una tele apagada, y luego entramos a ese cuarto. Ahí sí se notaba a lo que se dedicaba. Había una mesa de madera en el centro, marcada por cortes y quemaduras pequeñas. Encima había platos de barro, velas gastadas, frascos con hierbas secas, un vaso con sal, otro con lo que parecía carbón molido.

11:02 En una repisa se veían más frascos con líquidos de distintos tonos. En la pared colgaban algunas imágenes fuertes. de santos y figuras demoníacas que no eran de iglesia, junto con fotografías clavadas con alfileres y papeles doblados. Si les soy sincero, tenía más miedo que nada en ese momento. El mirar todas esas cosas y las imágenes del diablo me hacía temblar las rodillas, más de lo que ya las traía temblando por el cansancio. La bruja me indicó que me sentara en una silla frente a la mesa. La vecina se quedó apoyada en la pared, La mujer se paró frente a mí, cruzó los brazos y me dijo que hablara, y me preguntó qué traía. Yo le conté todo lo que me había pasado, desde el cansancio extremo hasta los problemas laborales y personales. Le expliqué también que había revisado mi casa a fondo, que no había visto bolsas ni figuras ni nada raro. Cuando terminé, me soltó un solo comentario. Dijo que sí, que sonaba a trabajo.

12:07 No preguntó si yo creía o no. y no quiso convencerme de nada, solo afirmó. Después se acercó más, me tomó las manos y se quedó unos segundos en silencio mirando mis dedos y el color de mis uñas. Me levantó las manos a la altura del pecho, me pidió que respirara hondo, y luego soltó mis manos y se movió detrás de mí. Me levantó la camisa sin cuidado especial, como si me buscara una herida. Pasó su mano por mi espalda, presionó algunos puntos y el cuello sentí sus dedos fríos regresó al frente se agachó un poco para verme la cara de cerca me sostuvo la barbilla se fijó en mis ojos en las ojeras en el color de la piel alrededor de los párpados luego me tomó la muñeca y contó algunos segundos mientras sentía el pulso me dijo claro que traía un trabajo encima me dijo que alguien había usado mis datos y algo de mi cuerpo probablemente cabello o algo personal, y que lo habían preparado para que el desgaste fuera lento, sin tumbarme de golpe, pero sin dejarme levantar. Comentó que ese trabajo, por la forma en que me sentía y por el tiempo que llevaba así, no debía estar en mi casa sino en otro lugar. Afirmó que, por más que yo buscara en el patio o en los cuartos, no iba a encontrar nada.

13:32 Me explicó que lo que se podía hacer era cortar eso desde mi propio cuerpo, usar mi sangre para romper lo que me amarraron. Dijo que necesitaba una muestra pequeña, que no me iba a desmayar ni nada, pero que lo tomara en serio, porque con esa sangre iba a arrastrar lo que traía pegado. La verdad, escuchar esas palabras me llenó aún más de miedo. Yo no sabía a qué se refería, sobre eso de arrastrar lo que traía pegado. Es como si me hubiera hablado en otro idioma, porque no comprendí de inmediato, solo acepté. Pues al final de cuentas,¿ qué otra opción tenía? Abrió un cajón y sacó una aguja nueva envuelta en plástico. La abrió frente a mí y me tomó la mano derecha. Me pinchó la yema del dedo anular con un solo movimiento y la sangre salió en una gota gruesa. La dejó caer sobre un plato de barro donde ya había sal, hierba seca triturada y carbón molido. Esperó a que salieran dos gotas más y las dejó caer igual. Luego se acercó a un bracero pequeño que tenía en un rincón del cuarto. Encendió el carbón con un pedazo de papel y sopló hasta que se formó una brasa firme. Colocó el plato sobre una rejilla encima del bracero. El calor empezó a subir, el olor cambió. Ya no era solo hierba seca, sino algo más fuerte. Una mezcla entre carbón quemado y sal tostada.

15:04 La bruja se paró frente al bracero con las manos ligeramente levantadas y empezó a decir oraciones en voz baja. No las repetí en la cabeza ni les puse atención a las palabras exactas, pero se entendía que eran para cortar, para romper y para soltar. Mientras el contenido del plato se secaba y se pegaba al fondo, el cuerpo se me sentía más flojo. No era desmayo ni mareo, sino un cansancio más pesado que el de siempre. Las piernas se me aflojaron y tuve que apoyar mejor la espalda en la silla. Sentía el pecho raro, como cuando uno termina una carrera larga pero sin haber corrido. La bruja me dijo que no me levantara, que dejara que el cuerpo se quedara quieto. Cuando consideró que el plato ya estaba listo, lo retiró del bracero con un trapo y lo puso sobre la mesa. Tomó una hoja de papel en blanco, escribió mi nombre completo, mi fecha de nacimiento y al lado, una palabra que no alcancé a leer bien.

16:07 Dobló el papel, lo pasó por encima del plato tres veces y luego lo rompió en pedazos pequeños. Esos pedazos los dejó caer sobre lo que quedaba de la sangre seca, mezclada con sal hierba y carbón encendió una vela y acercó la flama al papel y los pedazos comenzaron a arder el humo subió en una columna recta con un olor fuerte que me hizo cerrar un poco los ojos la bruja dijo que con eso el trabajo ya no seguiría pegado como antes que lo que me habían hecho se había cortado y que a partir de ahí los efectos irían bajando día con día No prometió milagros instantáneos ni cambios de la noche a la mañana. Me habló de tiempo y de recuperación. Después se dirigió a una repisa.

16:56 Tomó una botella de vidrio con un líquido transparente en el interior y me la puso frente a mí. Me explicó que era agua preparada con hierbas y alcohol y que debía usarla por las noches. Me dijo que antes de dormir me la pasara por el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, con la mano. como si me estuviera enjuagando, y que después me bañara o me enjuagara con agua normal. Salimos de la casa de la bruja cuando el sol ya estaba bajando. Yo sentía el cuerpo más pesado que cuando llegué, pero no era la misma sensación apagada. Era un cansancio parecido al de después de cargar cosas, pero sin dolor fuerte. Esa noche dormí de corrido, sin estar despertando a cada rato mirando el reloj. Los primeros días seguí cansado, pero algo cambió. La presión en el pecho se fue haciendo menos constante. Las mañanas ya no empezaban con esa sensación de que no tenía caso levantarme.

17:56 Con el paso de las semanas empecé a recuperar el apetito y la ropa ya no me quedaba tan floja. Al trabajar me equivocaba menos y los clientes que quedaban activos cumplieron lo que habían dicho. No se arregló todo de golpe, pero dejó de caerse todo al mismo tiempo. Nunca apareció una bolsa enterrada, ni un muñeco, ni nada físico en mi casa. Aún así, yo sentí en el cuerpo el efecto de lo que me habían hecho, y también sentí cómo se fue aflojando después del trabajo con esa mujer. Desde entonces, cada vez que el cansancio se sale de lo normal y se junta con problemas sin explicación clara, ya no lo dejo pasar tanto tiempo. Sé que hay cosas que no se ven, pero que se sienten en el cuerpo y en la vida diaria. Lo que me corresponde ahora es no ignorar esas señales y pedir ayuda a tiempo, sin esperar a estar otra vez, al borde de quedarme sin fuerzas. Con eso terminó todo, el trabajo se cortó, la vida se acomodó poco a poco y lo demás se quedó en el recuerdo. Mi vida ahora es diferente, ya no confío tanto en las personas, y cuido mucho en donde tiro mis cosas, incluso mi basura, porque no quiero que algún día me vuelva a pasar algo similar. Ya no quiero pensar en brujería nunca más.

19:19 Esta fue mi historia y el cómo me cambió después de un trabajo de sangre.