Aug. 8, 2025

BRUJERÍA En MUÑECA De Trapo Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:03 Cuando era niña, vivía con mis padres y mi hermana menor en una casa vieja y amplia, con varias habitaciones y techos altos. Estaba en una colonia tranquila, donde casi siempre se escuchaban solo los ruidos de los vecinos o el motor de algún carro que pasaba. El patio trasero tenía piso de cemento en la parte más cercana a la casa y después un pequeño espacio de tierra con plantas secas que mi mamá ya no cuidaba. Una tarde estaba jugando sola en el patio, moviendo unas ramas secas que habían caído de un árbol cercano. Entre las ramas vi algo que brilló. Me acerqué pensando que era un pedazo de vidrio o algún juguete viejo. Aparté con cuidado las ramas y encontré una muñeca pequeña, de unos 15 centímetros.

0:50 Estaba hecha completamente de tela, con un pequeño espejito en el pecho. Tenía una cabeza grande, brazos cortos y un cuerpo delgado, pero sin detalles claros en el rostro. La observé unos segundos más y pensé en guardarla. Me parecía extraña y diferente a cualquier muñeca que hubiera visto. Entré a la casa y la llevé a mi cuarto. La puse sobre el escritorio junto a mis otros juguetes y unas libretas. Esa noche no pensé más en la muñeca. Me dormí como siempre con la ventana cerrada y la cortina corrida. Al día siguiente me desperté temprano para ir a la escuela. Cuando me estaba vistiendo vi que junto a la ventana había una araña grande. tenía las patas largas y delgadas de color oscuro y estaba quieta sobre el vidrio me quedé observándola un momento pero no se movió no le di importancia y bajé a la cocina para desayunar cuando regresé a mi cuarto vi otra araña en el marco de la puerta Era más pequeña que la primera, pero se movía rápido de un lado a otro.

1:57 Caminó por la pared y desapareció detrás de un cuadro. Me acerqué para buscarla, pero ya no la vi. En la tarde, mientras hacía la tarea en el escritorio, algo me llamó la atención por el rabillo del ojo. Una tercera araña estaba caminando sobre la repisa, a pocos centímetros de donde había dejado la muñeca. Esta era de tamaño mediano y tenía el abdomen más redondo que las anteriores. La vi bajar por un hilo de telaraña y perderse detrás de unos libros. Me di cuenta de que en un solo día ya había visto varias arañas en mi cuarto. Algunas estaban quietas en las esquinas, otras caminaban sobre mis cosas.

2:40 Miré hacia el techo y noté pequeños hilos que antes no estaban. Era raro, porque hasta ese momento no recordaba haber visto tantas arañas en mi habitación. pensé que tal vez venían de afuera por el clima, o porque la ventana tenía un pequeño hueco en la parte inferior. Esa noche, antes de acostarme, miré otra vez hacia el escritorio. La muñeca seguía en el mismo lugar, sin cambios aparentes, pero alrededor de ella había un par de hilos nuevos. Pasé el dedo sobre uno, lo hubieran hecho hacía poco. guardé la libreta con la que estaba trabajando y apagué la luz. Mientras me acomodaba en la cama, me quedé pensando en si las arañas habrían llegado por casualidad, o si de alguna forma estaban relacionadas con la muñeca que encontré en el patio. No sentía miedo, quería descubrir de dónde salían y por qué parecían multiplicarse tan rápido. La otra noche, antes de acostarme, me tomé un momento para revisar las esquinas de mi cuarto. Encendí la luz y observé con cuidado cada pared. Había más arañas que en la mañana, de distintos tamaños. Algunas permanecían inmóviles en los rincones, otras se movían lentamente por la pared, subiendo y bajando con pasos pausados. Me acerqué a una esquina y vi que habían empezado a formar hilos que unían el techo con el respaldo de mi cama. Cerré la puerta con seguro y apagué la luz, intentando dormir, pero en la oscuridad seguía escuchando un golpeteo leve y repetido, como si las

4:13 patas tocaran el techo y luego la pared. Me tapé con la sábana y cerré los ojos, aunque tardé en quedarme dormida por estar pendiente de cualquier movimiento. En la mañana, lo primero que vi fue un hilo grueso de telaraña que iba desde el escritorio hasta la pata de mi cama. Me levanté para seguirlo con la vista y noté que la muñeca tenía encima una capa de hilos de telaraña que el día anterior no estaban. Decidí que lo mejor sería guardarla para que las arañas no la rodearan más. Busqué una caja de zapatos vacía que tenía en el clóset y la llevé al escritorio. Cuando la levanté, sentí que de la cabeza salían hilos muy finos que se quedaron pegados a mis dedos. Traté de sacudirlos, pero seguían enganchados, así que los retiré con cuidado antes de colocar la muñeca dentro de la caja. La cerré y la puse en la parte alta de la repisa, pensando que ahí estaría aislada. Más tarde, mientras estaba en mi cuarto, mi hermana apareció en la puerta. Dijo que había visto una araña grande bajando por el pasillo. Le señalé que revisara bien, pero en cuanto entró a mi habitación se detuvo y abrió mucho los ojos al ver varias arañas cerca de mis cosas. Contó unas cinco a simple vista, cada una en un lugar diferente. Ella llamó a mi mamá. Escuché que hablaban desde el pasillo y luego mi mamá entró rápido.

5:42 Miró alrededor y se asustó. Me tomó del brazo y me llevó fuera del cuarto, diciendo que podía ser peligroso si alguna me picaba. Yo no me sentía asustada, pero entendía que la cantidad de arañas era demasiada para un solo cuarto. Me quedé en la sala mientras mi mamá cerraba la puerta y se aseguraba de que no volviera a entrar. Pensé en la muñeca dentro de la caja y en cómo todo había empezado después de que la encontré en el patio. Aunque no quería admitirlo, me parecía extraño que las arañas se concentraran tanto en mi habitación. Mi mamá cerró con seguro la puerta de mi cuarto y dijo que más tarde, cuando llegara mi papá, revisarían juntos para encontrar de dónde salían tantas arañas. Esa noche me acosté en la cama de mi hermana. Dormí, pero en la mañana vi una araña negra en el marco de la puerta. era más grande que cualquiera de las que había visto antes con el cuerpo abultado y las patas gruesas cuando mi papá llegó fue directo a mi cuarto al rato salió y comentó que había telarañas en casi todas las esquinas incluso detrás de algunos muebles dijo que la caja donde había guardado la muñeca estaba completamente cubierta por hilos como si la hubieran envuelto durante horas Me pidió que no la tocara pero yo quería ver cómo estaba. Fui a la repisa, tomé la caja y la abrí con cuidado. La muñeca parecía más ancha como si su cuerpo se hubiera rellenado y de las piernas salían arañitas diminutas que corrían rápido hacia los bordes. Mi

7:16 mamá decidió que había que deshacerse de ella. Tomó una bolsa para meterla, pero apenas la sostuvo, sintió un movimiento y la dejó caer al suelo, asustada. Mi papá tomó la bolsa, la cerró sin abrirla y se la llevó a la cocina. Ahí sacó un frasco de vidrio con tapa, metió la muñeca y lo cerró bien. Luego lo dejó en el patio, sobre la mesa donde solíamos poner las macetas. Llenó un vaso con agua y jabón, lo vertió dentro del frasco y lo agitó un poco para que las arañitas que estaban pegadas se ahogaran. Después regresó a mi cuarto con el insecticida en la mano. Revisó desde las esquinas del techo hasta debajo de la cama. Levantó cajas, movió sillas y roció todo lo que encontraba. El olor del insecticida llegó hasta la sala donde yo esperaba. Esa tarde, antes de que anocheciera, salí al patio. El frasco seguía sobre la mesa, pero la muñeca tenía hilos. Las arañas que habían muerto dentro flotaban entre las telarañas y el agua jabonosa. Pero lo que más me llamó la atención fue que varias arañas vivas estaban sobre la mesa y en la pared de atrás, moviéndose en círculos, como si buscaran una manera de entrar al frasco. Me quedé observando cómo se acercaban unas a otras hasta formar grupos alrededor.

8:38 Yo nunca les había tenido miedo, pero en ese momento sentí que la muñeca estaba atrayéndolas. No parecía casualidad que todas aparecieran desde que la encontré en el patio. Le dije a mi mamá que pensaba que la muñeca estaba atrayendo a todas las arañas. ella comentó que tal vez estaban llegando por otra razón y siguió revisando el frasco lo levantó y lo miró con cuidado dentro la muñeca estaba cubierta por hilos gruesos y entre ellos había varios cuerpos de arañas muertas todas de distintos tamaños algunas flotaban en el agua con jabón que mi papá había echado mientras mi papá seguía rociando las paredes y el techo de mi cuarto mi mamá me pidió que me quedara afuera Desde la sala escuchaba cómo movían las cosas, el sonido de los muebles arrastrándose y las pisadas rápidas cuando veían alguna araña. Pasaron un buen rato ahí, revisando cada esquina y hueco. Entre los dos iban matando todo lo que se movía. Yo estaba sentada en el sillón mirando hacia el pasillo cuando escuché un grito. Me levanté y vi a mi hermana parada a mitad del pasillo, con la mano cerrada contra el pecho. Lloraba y apretaba los labios por el dolor. Mi mamá salió corriendo desde mi cuarto y la abrazó para revisarla. En el dorso de su mano tenía una marca roja que empezaba a hincharse, como si le hubieran picado con algo. Mi papá apareció

10:08 detrás de ellas y alcanzó a ver una araña negra moviéndose cerca de la pared. La pisó con fuerza y luego miró la mano de mi hermana. Ella estaba temblando y respiraba rápido. No esperaron más. Mi papá la cargó y mi mamá le abrió la puerta. Salieron casi corriendo hacia el carro mientras yo me quedaba parada en la sala. Mi mamá dijo que me quedara con mis abuelos que vivían a dos calles. Tomé mis zapatos y fui con ellos mientras mis papás se iban al hospital. Mi abuelo me recibió en la puerta y preguntó qué había pasado. Le conté lo de las arañas y que mi hermana había sido picada. Mi abuela salió de la cocina y también empezó a hacer preguntas, queriendo saber si todavía había arañas en la casa. Me quedé en la sala de ellos, mirando la televisión sin ponerle mucha atención, pensando en mi hermana.

11:03 El tiempo se hizo largo. Escuchaba el reloj de la pared y el ruido de los carros afuera, esperando que mis papás llamaran. Cuando el teléfono sonó, mi abuelo contestó y fue mi mamá quien habló con él. Le dijo que mi hermana estaba internada, que los doctores habían dicho que la picadura le había provocado que se le cerrara la garganta y que, por eso, tenían que dejarla en observación. Mi abuelo colgó y me explicó lo que le habían dicho. Me quedé pensando en cómo una sola picadura podía ponerla así. Recordaba las arañas que había visto en mi cuarto, las pequeñas corriendo sobre la muñeca y las grandes moviéndose por las paredes. No estaba segura si todas eran de la misma especie, pero desde que la muñeca llegó a la casa, no habíamos dejado de verlas. Esa noche me quedé con mis abuelos, pero no pude dormir bien. Me levantaba de vez en cuando para ir a la cocina por agua o para mirar por la ventana si el carro de mis papás aparecía. Cerca de la medianoche, escuché que el portón de la casa se abrió. Salí al pasillo y vi a mis papás entrando. Mi hermana estaba en brazos de mi papá, más tranquila, aunque todavía tenía la mano vendada.

12:18 Mi mamá dijo que ya estaba más estable y que los doctores le habían dado medicamento para la inflamación. También dijeron que no volveríamos esa noche a la casa porque no era seguro con tantas arañas sueltas. Mi papá explicó que al día siguiente tendría que ir a trabajar y que sería el único que regresaría a la casa. Dijo que revisaría todo con cuidado y que trataría de dormir tranquilo. pero que iba a asegurarse de cerrar bien su cuarto para que no entrara ninguna. Mientras lo escuchaba, seguía pensando que todo estaba relacionado con la muñeca y que, aunque ellos no lo dijeran, era lo que estaba causando todo.

13:00 A la mañana siguiente se levantó temprano, desayunó rápido y se fue. En la casa de mis abuelos todo siguió normal. Yo traté de distraerme, pero cada vez que pensaba en mi cuarto me imaginaba las telarañas cubriendo las paredes y la muñeca encerrada en el frasco del patio. Mi papá volvió por la tarde y contó que al llegar había encontrado algunas arañas dispersas por la sala y el pasillo. Dijo que las fue matando una por una, pero que no entendía de dónde podían salir tantas. Al anochecer, decidió que dormiría en su cuarto. Antes de acostarse, revisó las paredes y el techo, movió los muebles y tapó con una toalla la parte baja de la puerta para evitar que entrara algo. Después apagó la luz y se recostó.

13:48 Eran casi las dos de la mañana cuando despertó de golpe, sintió que algo se movía por su cuello, se levantó rápido y encendió la luz. Mientras miraba hacia el espejo de la pared, vio que una araña de color café oscuro bajaba por su hombro. La apartó de un manotazo y buscó con la vista si había más alrededor. Se quedó de pie un momento, respirando agitado, y luego salió del cuarto decidido a buscar el insecticida. Caminó por el pasillo y entró a mi habitación, pensando que ahí podría encontrar la fuente de donde estaban saliendo. Movió las cosas, revisó las paredes y fue matando todo lo que encontraba.

14:29 No logró ubicar un solo lugar de origen, pero en menos de una hora había eliminado unas 40 arañas. Cuando terminó de revisar, salió al patio. Cerca del bote de basura, vio el frasco con la muñeca dentro. Estaba cubierta de hilos y rodeada por arañas muertas. Tomó el frasco y lo vació dentro del bote junto con el agua y el jabón. Luego lo colocó afuera para que al día siguiente lo recogiera el camión de la basura. Cuando regresó a la casa, revisó otra vez el pasillo y las entradas de los cuartos. Se quedó un rato más despierto, con la luz encendida, escuchando y mirando a su alrededor. No volvió a ver ninguna araña esa noche. A la mañana siguiente me contó lo que había hecho y que estaba convencido de que todo había comenzado desde que la muñeca llegó. Pensaba que su ausencia podía haber detenido las apariciones.

15:24 Yo escuché en silencio, recordando el momento en que la encontré entre las ramas del patio. Pasaron los días y las arañas no volvieron a aparecer con la misma cantidad de antes. De vez en cuando salía alguna en el baño o en el jardín. pero nada como lo que vivimos en esas semanas. El frasco con la muñeca ya no estaba, y en el bote de basura no quedaban rastros de telarañas. Aunque todo parecía volver a la normalidad, yo seguía pensando en la forma en que las arañas se habían agrupado alrededor del frasco, como si todas fueran hacia el mismo punto. No se lo dije a nadie, pero estaba segura de que no fue coincidencia,