Nov. 8, 2025

Brujería En El Techo De Mi Casa - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Vivía en una casa de una sola planta, con patio de tierra dura y un árbol de limón pegado a la barda norte. Éramos mi mamá, mi hermana menor y yo. Llevaba semanas despertando con la espalda entumida y un zumbido fijo en los oídos. Cambié la cama del lugar, dormí con la ventana abierta, pero nada se quitó. Aquella mañana salí a lavar el patio. Olía a la llovizna de la noche anterior y, al pasar la manguera por la base del limón, vi asomar un borde de plástico negro entre la raíz y la tierra. quité una piedra plana y la tierra se dio un poco saqué una bolsa de plástico negro amarrada con listón rojo estaba húmeda y apretada como recién enterrada la abrí con la navaja y la vacía sobre una charola cayeron tierra mojada plumas cortas pegadas con cera oscura dos agujas largas un mechón de cabello amarrado con hilo de cáñamo y un papel doblado con mi nombre en marcador grueso la letra se veía firme el cabello olía a fijador y las plumas grises estaban cortadas de punta volví a reunir todo y lo metí de nuevo en la bolsa la llevé al fondo del patio lejos de la puerta en ese momento sonó mi teléfono era un número local sin nombre contesté pero no dijeron nada se escuchó la respiración pegada al micrófono y colgaron Guardé el teléfono y seguí con lo mío.

1:38 Barrí hacia afuera, moví dos macetas y despejé la base del árbol. Para el mediodía, el nivel del tinaco había bajado más de lo normal. Revisé llaves y regadera. Todo estaba cerrado. La tarde corrió pareja, pero, al oscurecer, los perros del vecino se quedaron mirando el techo de mi cuarto y ladraron hacia la misma esquina. Desde dentro se oyeron pasos cortos sobre la teja, medidos, siempre hacia el punto junto a la barda del limón. Luego vino un arrastre suave como si empujaran peso con cuidado. No subí. Me quedé atento hasta que el ruido se repitió dos veces, con el mismo recorrido y se detuvo. Me acosté tarde.

2:23 Al quedarme dormido sentí un peso fijo en el pecho, como si me hubieran dejado una carga encima. respiraba normal pero el descanso no llegaba dormía a ratos y antes del amanecer me vi dos moretones redondos en el antebrazo izquierdo del tamaño de una moneda grande eran limpios y no dolían fuerte al tocarlos los dejé así pero mi mamá dijo que parecían marcas hechas al vacío no discutimos el día siguiente siguió con su ritmo mi hermana se alistó para la escuela mi mamá tendió ropa y yo hice pendientes en la mesa de la sala El poste de luz volvió a parpadear y el zumbido de mis oídos no cambió. Al anochecer, los perros otra vez se quedaron con el hocico hacia el techo, pero esta vez me mantuve cerca de la puerta del patio con la lámpara en la mano. A medianoche se oyó un golpe opaco sobre la teja y después el mismo arrastre lento, como de costales que raspaban. Abrí la puerta y salí.

3:27 La lámpara alumbró el árbol y la línea de tierra en su base. La tierra estaba removida de nuevo, húmeda, con el borde claro. Ahí había otra bolsa, esta vez transparente, amarrada con un nudo doble muy tenso. Adentro se veía tierra, una cinta con la fecha del día, escrita con pluma y una foto mía, recortada de una publicación vieja. Era una imagen de cumpleaños. Se alcanzaba a ver el borde de un globo y un pedazo de pastel. El plástico estaba terso y sin aire. no lo tomé como casualidad con la lámpara fija en la raíz revisé alrededor la barda no tenía marcas nuevas pero el borde de tierra mostraba dedos que habían apretado al colocar la bolsa no olía a basura ni a animal olía a cera y humedad reciente metí la bolsa transparente dentro de otra más gruesa y la llevé al fondo junto a la primera Cerré bien y me quedé un momento en el patio, con la lámpara sobre el árbol. El poste de la calle parpadeó y la cuadra quedó pálida un instante. Regresé a la cocina, me lavé las manos, enjuagué la navaja y apagué la luz. El zumbido en los oídos siguió igual.

4:46 Intenté dormir, pero cada tanto oía ese arrastre arriba, corto, como si confirmaran la misma esquina del techo. No hubo voces, solo ese movimiento y luego todo quedó quieto. Me quedé despierto más tiempo de lo habitual, con la sensación pareja en el pecho, contando los minutos sin mirar el reloj. Al amanecer salí de nuevo al patio. El árbol estaba quieto, la tierra se había asentado, pero el borde cercano a la raíz conservaba la marca fresca. Revisé la base, la unión con la barda y el tramo de teja que daba sombra a esa esquina, pero no encontré cera nueva, ni hilos. Entré a cambiarme y vi los moretones del brazo, que siguieron del mismo tamaño, y el zumbido se mantuvo parejo.

5:36 Para entonces ya no pensé en accidentes ni en coincidencias. Dos bolsas en el mismo punto, y los pasos sobre la teja marcaban una intención repetida. Decidí no abrir nada más ni tocar el contenido de nuevo. Guardé el cubo lejos de la puerta, cerré con calma y salí a la calle, con la idea clara de buscar a doña Aurelia en cuanto estuviera libre. Ella sabía reconocer estos trabajos y daba pasos concretos para limpiar la casa y el patio. Lo dejé así y me preparé para hablar con ella en el transcurso del día. De verdad necesitaba ayuda con eso, ya no podía ni dormir bien y ella podría ayudarme, pero no estaba en su casa. Me dijeron que volviera al día siguiente antes del amanecer. Al amanecer llevé las bolsas dentro de una cubeta con tapa a la casa de doña Aurelia. Vivía a media cuadra, en una construcción con portón oxidado, pasillo estrecho y un patio al fondo con piso de cemento. Había sombra de un laurel y una mesa rectangular de madera marcada por manchas de café.

6:47 Las macetas se alineaban contra la barda y junto a la tarja tenía una pila de plástico. Le conté de corrido lo del golpe en el techo, la primera bolsa negra y la segunda transparente, que se encontraba en la base del limón. Me indicó que pusiera las dos bolsas sobre la mesa y que no las tocara con las manos. Acercó un trapo limpio y me pidió separarlo sólido, sin mezclar tierra con cera, para dejarlo todo a la vista. Abrí la primera bolsa. La tierra olía húmeda. No era polvo viejo. Las plumas cortas tenían cera oscura pegada y los bordes aparecían recortados. Las agujas largas seguían rectas y limpias.

7:30 El mechón de cabello conservaba el hilo de cáñamo, con un olor claro a fijador. El papel con mi nombre estaba entero, con tinta de marcador grueso sin correrse. Ella se inclinó sin tocar nada, y me dijo con calma que ese conjunto tenía intención completa de quitarme la vida. Luego abrí la bolsa transparente. Traía tierra maseca, la cinta con la fecha del día anterior, escrita con pluma negra y la foto recortada. Esa tierra olía a cera fría y a cajón. La cinta mostraba tinta pareja y la foto tenía el corte recto sin mordidas de tijera. Doña Aurelia afirmó sin vueltas que repetían el mismo punto de ataque y que el techo servía de refuerzo para cansancio, peso en el pecho y pleitos dentro de la casa.

8:22 Lo nombró como amarre con nombre y foto, reforzado desde arriba, para trabajar a cualquier hora. Le enumeré lo que ya traía encima, sueño pesado, discusiones por cosas pequeñas, mareo corto al mediodía, llaves y recibos que desaparecían y luego aparecían donde todos los veíamos. Me dijo que acabaríamos con eso, y acordamos hacerlo ese mismo día. Empezamos por aislar el material. Metí el contenido de ambas bolsas dentro de una tercera bolsa gruesa, le hice un nudo fuerte, la sellé con cinta y la metí en otra bolsa exterior. La cubeta quedó con tapa, lista para sacarla de la colonia al terminar.

9:07 Me indicó que al volver a casa me diera una ducha completa y cambiara sábanas y fundas por otras limpias, sin perfumes. También pidió revisar el techo y la barda, no para buscar símbolos, sino entradas, huecos, ramas que sirvieran de escalera o tablones recargados. Regresé y seguí la secuencia. Retiré macetas y despejé la base del limón. Apilé baldes y cajas lejos de la barda. Barrí desde la puerta hacia afuera con una escoba de ixtle, sin dejar rincones sin barrer. Preparé una cubeta con agua y detergente y lavé los soclos, la base del árbol y la franja de cemento junto a la barda. La primera pasada salió oscura, pero seguí hasta que el agua corrió clara. El patio quedó con olor a jabón y tierra mojada. Subí al techo por la escalera de aluminio. El sol pegaba parejo y la teja estaba tibia. En el tramo sobre mi cuarto, hacia la esquina del limón, vi una línea de tierra seca, formando un camino fino. Sobre una teja había restos de cera pegados como borde mordido y en un clavo, un hilo rojo atorado. No lo jalé con la mano, corté un pedazo de cartón, levanté el hilo con ese borde y lo dejé en un bote vacío de pintura. Hice lo mismo con la cera. No imaginé figuras, eran restos claros de manipulación, con tierra suelta donde antes no había nada.

10:38 Bajé y seguí adentro, quité las sábanas, cambié las fundas y ventilé el colchón. Abrí las ventanas del cuarto y de la sala para que corriera aire. La casa quedó ordenada, sin cosas junto a la barda ni objetos que funcionaran como peldaños. La base del limón se veía limpia y por primera vez en días el zumbido de los oídos aflojó un poco. No se fue, solo bajó. Al caer la tarde apareció otra señal. Sobre la tapa de la cisterna junto al pasillo que lleva a la cocina había un círculo mal formado con polvo blanco y ceniza. No era cal tirada al azar, la línea quedaba cerrada y dentro se notaban dos marcas de dedos. Llamé a doña Aurelia, me indicó que no lo pisara y que lo disolviera con agua y detergente. Preparé la mezcla, la rocié y pasé la escoba de plástico y empujé la pasta hacia la coladera. Enjuagué tres veces hasta que no quedó rastro blanco ni gris. La tapa se quedó húmeda y limpia.

11:43 la luz bajó y los perros del vecino miraron hacia el techo pero el arrastre de las otras noches no llegó con el patio despejado tomé la cubeta sellada y los restos del techo doña aurelia me acompañó hasta la esquina y un vecino nos acercó en la camioneta Llevamos todo a un contenedor municipal fuera de la colonia. No fue lejos, pero sí lo suficiente para que nadie lo encontrara en nuestra cuadra. Dejamos el paquete bien adentro, cubierto por bolsas de obra. De regreso, doña Aurelia mencionó dos nombres de mujeres con roces recientes en la cuadra y horarios en los que varios las habían visto moverse entre los patios. Señaló los puntos de acceso que compartíamos. Una rama de guayaba del vecino que caía hacia mi techo y un tablón viejo, recargado junto al pasillo del otro lado.

12:39 Quedó claro en dónde vigilar. Esa noche no dejé nada junto a la barda. Cortamos la rama de guayaba hasta donde alcanzó la sierra pequeña y el tablón lo guardé en la cochera. la sala quedó con una lámpara de mesa encendida apuntando al patio para que la sombra del árbol marcara cualquier movimiento dormimos con las puertas interiores cerradas y la del patio con seguro no habíamos resuelto todo pero la casa ya no estaba abierta como antes quedamos en hacer una guardia corta a la madrugada sin escándalo desde mi ventana y desde el patio de doña Aurelia atentos al techo y a la barda No lo tomé como reto, era una comprobación directa. Ver quién usaba el techo o la barda, por qué lado entraba y a qué hora lo intentaba. Con eso, al día siguiente, se podía cortar de raíz. Volví a mi cuarto con esa idea fija. Cerré los ojos con la guardia en mente y un plan simple. Si el techo sonaba, prender la luz del patio y señalar el punto. Si todo quedaba quieto, esperar la madrugada y pasar a lo que seguía. esa madrugada apagué la casa y dejé encendida sólo la lámpara de la sala apuntando al patio me quedé junto a la ventana con vista al limón y a la barda Doña Aurelia estaba en su patio del otro lado, con alcance al techo de mi cuarto. El lugar estaba como

14:09 lo habíamos dejado desde la tarde. La base del árbol limpia, las macetas lejos del muro y la rama de guayaba cortada. El tablón estaba guardado. Pasó un rato sin cambios. El zumbido de los oídos se quedó abajo, ya no taladraba. pero cuando la calle parecía dormida algo se movió en la orilla de la barda se asomó una figura delgada apoyó el pie en el tronco y tanteó con la punta como probando el escalón llevaba una bolsa de plástico blanco y una cuerda corta enrollada en la muñeca bajó el cuerpo para cubrirse con el tronco y llegó a la raíz principal ahí con la mano extendida palpó la tierra limpia buscando el hueco de días atrás encendí el foco del patio la luz cayó directo al tronco toqué el silbato tres veces y enseguida se encendieron dos patios más y se oyó un portón abrirse la bruja quiso quedar detrás del árbol pero ya estaba de frente a la luz era una señora encorvada con unas uñas largas y dientes afilados la verdad me dio miedo pero me armé de valor y le hablé claro para que se oyera que se fuera de ese techo y de esa barda del lado de doña aurelia sonó un golpe firme en la reja la bruja dio un giro hacia el pasillo tropezó con la manguera enrollada junto a la pila y soltó la bolsa blanca alcanzó a equilibrarse se lanzó al pasillo y corrió hacia la esquina no la seguí

15:42 cerré el seguro y me acerqué a la bolsa caída era de supermercado anudada fuerte por el plástico se veía un frasco chico de vidrio con tierra húmeda y cera pegada un papel doblado con mi nombre un puñado de sal gruesa y dos alfileres con óxido le hice un nudo doble encima y la metí en otra bolsa limpia que ya tenía a la mano el patio quedó encendido los perros del vecino dejaron de ladrar al techo y se quedaron mirando hacia la reja inquietos pero callados doña Aurelia cruzó por la puerta lateral vio la bolsa por fuera y dijo sin darle vueltas que era lo mismo de antes y que había que cerrar de una vez señaló la esquina del techo sobre la barda del limón el punto de siempre subí con la escalera y la teja estaba húmeda en la orilla se notaban surcos finos de tierra y el espacio donde días atrás había restos de cera No había nada fresco y bajé. Barrí otra vez la base del árbol y lavé con agua y detergente hasta que el piso quedó claro. La tapa de la cisterna seguía limpia desde la tarde. Con la bolsa sellada, salimos a la esquina y nos subimos a la camioneta del vecino. Llevamos el paquete al contenedor municipal fuera de la colonia. Lo metimos al fondo, cubierto por bolsas de obra.

17:06 De regreso, la calle estaba casi vacía y el poste de luz de enfrente dejó de parpadear. No hablamos de símbolos ni de interpretaciones. Teníamos hechos. Las dos noches previas y esta. La bruja con la bolsa y la cuerda. buscando el mismo punto creo que bastaba con eso volví a casa antes del amanecer revisé el patio completo y el techo una última vez todo quedó en su lugar las macetas lejos de la barda el pasillo despejado y la base del limón limpia cerré la puerta con seguro y me acosté esa vez el pecho se aflojó por completo dormí seguido un buen tramo y al despertar el zumbido se había quedado atrás como ruido lejano y no traía marcas nuevas en los brazos a media mañana fui con el encargado de la colonia le conté lo ocurrido también le mencioné que dos vecinos más la vieron señale el punto de entrada la esquina del techo que cae a la barda del limón Dijo que harían recorridos nocturnos y que avisarían a todos para mantener las bardas libres de objetos que sirvieran de escalera. Regresé y repetí la limpieza de la base del árbol y la casa. Cambié las sábanas, abrí las ventanas en los cuartos y el patio quedó simple y claro. Ese día desayunamos a la hora de siempre. El agua del tinaco no bajó de forma rara y los perros del vecino se quedaron tranquilos.

18:39 Guardé el silbato en un cajón y dejé la lámpara de la sala en su sitio sin apuntarla al patio. Por la noche dormí sin peso en el pecho. Al siguiente día también no hubo pasos sobre la teja ni bolsas nuevas y la barda se mantuvo seca y pareja. Pasaron varios días y el patrón siguió igual. Doña Aurelia se asomó dos veces para mirar la esquina del techo desde su lado. No encontró tierra movida ni restos. En la cuadra volvieron los ruidos de diario, el gas con su bocina, la pipa del agua, una moto cruzando a media tarde y la casa recuperó su ritmo. me quedó claro que funcionó despejar el patio cortar accesos reales sacar todo fuera de la colonia y avisar a tiempo nada más no hubo soluciones raras cerramos el punto por donde entraban y se acabó la visita doña Aurelia dijo que si alguien probaba subir otra vez ya habría luces encendidas en dos patios y un encargado enterado con eso bastaba el zumbido de los oídos se fue del todo una semana después la espalda ya no me amaneció entumida dormí normal y ya no aparecieron círculos ni frascos ni bolsas el árbol de limón siguió en su línea con la base limpia y la barda sin marcas cuando regaba cada tercer día el agua corría parejo hacia la coladera sin arrastrar tierra suelta miraba esa esquina por costumbre y ya

20:12 no hallaba señales pues no me quedé esperando otra cosa me siento tranquilo de saber que pude salvarme de esa o esas brujas que doña Aurelia pudo ayudarme a tiempo gracias a que le avise rápido sin esperar a que la bruja siguiera haciendo más brujería para quitarme la energía y mi vida Jamás supe el por qué me eligieron a mí. Quizá fui escogido al azar, o algo en mí les gustó para hacerme daño. Si alguien de ustedes tiene una idea del por qué, o les ha pasado, comenten cómo saber para estar preparado en caso de otro ataque de brujería.