BRUJA LOCA: Vivía Con Animales MUERTOS Historias De Terror - REDE
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0:05 En mi pueblo todos conocÃan a una mujer a la que le decÃan la loca de la casa rosa. No recuerdo haber escuchado su nombre verdadero, porque desde niño ya la identificábamos asÃ. Su casa estaba en una esquina cerca de la plaza, y era imposible no fijarse en ella porque estaba pintada de un color rosa chillante que resaltaba entre las demás casas de adobe y cemento. No era un rosa elegante ni fresco, era un tono viejo, descascarado en algunas partes, pero aún asà llamaba la atención. Lo que más marcaba su aspecto eran las ventanas. No tenÃan vidrios ni cortinas, sino tablas clavadas en forma de X que las sellaban como si quisieran impedir que alguien mirara hacia adentro o que algo pudiera salir. Cada vez que pasaba por ahà me parecÃa que la casa estaba tapada a propósito, como si escondiera algo que no debÃa verse.
1:03 La señora vivÃa sola, nadie recordaba haberle visto familia ni visitas. Lo único que siempre estaba con ella era un perro flaco, de esos que dan lástima de tan descuidados. Era un animal de color gris sucio, con las costillas marcadas y el pelo lleno de parches. Se echaba en la entrada de la casa y pasaba horas sin moverse, o caminaba despacio por el patio arrastrando las patas como si no tuviera fuerzas. Ese perro era casi tan conocido como su dueña, porque parecÃa ser su única compañÃa. Los adultos del pueblo no hablaban mucho de ella. Si la veÃan en la tienda o en el camino, apenas la saludaban con un gesto, sin pararse a conversar. No se metÃan con ella ni le daban importancia, como si prefirieran no tener trato. Pero para nosotros, los niños, la señora era motivo de miedo.
1:58 DecÃan que tenÃa un carácter insoportable y muchos aprovechaban eso para provocarla. habÃa grupos de chamacos que se paraban frente a la casa y le gritaban insultos se burlaban de su perro flaco o de las tablas en las ventanas ella salÃa de inmediato casi siempre con un vestido largo y descolorido y comenzaba a corretear los levantando los brazos y gritando maldiciones nunca lograba alcanzarlos porque ya estaba mayor y caminaba con dificultad Pero aún asÃ, los niños corrÃan riendo por la calle, satisfechos de hacerla enojar. Yo no me atrevÃa a insultarla, pero confieso que también le sacaba la vuelta. Cuando me tocaba pasar por esa esquina, preferÃa cruzar a la otra acera o dar rodeos. Algo en esa casa rosa me incomodaba, como si mirarla demasiado tiempo fuera peligroso. Recuerdo que habÃa noches en que mientras jugábamos en la calle, alguien decÃa que la loca hablaba sola, otros aseguraban que se escuchaban ruidos extraños desde dentro, golpes o arrastres que nadie podÃa explicar. También corrÃan rumores de que sacaba bolsas de basura con olores fuertes y que en ocasiones las dejaba en la esquina para que el camión se las llevara. Los más atrevidos decÃan que habÃan visto cosas raras dentro de esas bolsas, aunque nunca mostraron pruebas.
3:23 Con el tiempo, el apodo de la loca de la Casa Rosa se volvió normal. Nadie la llamaba de otra forma, ni siquiera los adultos. Si alguien decÃa, voy a pasar por la esquina de la Casa Rosa, todos sabÃan de quién hablaba. Yo crecà escuchando esas historias y aprendà a evitar esa parte del pueblo en las noches. En el dÃa todavÃa era posible pasar rápido, pero en la oscuridad, con las ventanas tapadas y el perro inmóvil en la entrada... La casa se volvÃa más intimidante. Todo siguió igual durante años, hasta que ocurrió algo que marcó al pueblo entero. Fue un dÃa cualquiera por la tarde cuando un grupo de niños se juntó en la esquina. Entre ellos habÃa uno más atrevido, que empezó a gritar insultos más fuertes de lo habitual. Los demás se reÃan alentándolo a seguir. La señora salió como siempre, con el mismo vestido largo, gritando que se largaran. pero esta vez no se quedó en la puerta. Corrió hacia ellos con una rapidez que nadie esperaba.
4:26 El perro se levantó tambaleando, pero no la siguió, solo se quedó mirando. Los niños corrieron en distintas direcciones como tantas veces lo habÃan hecho antes, pero el que habÃa insultado más no fue tan rápido. Ella lo alcanzó de un brazo y lo jaló con una fuerza que parecÃa imposible para alguien de su edad. El niño gritó de inmediato, pidiendo ayuda, pero la señora lo arrastró hacia la puerta de la Casa Rosa. Ese momento quedó grabado en la memoria de todos los que lo vimos. Porque por primera vez la loca de la casa rosa habÃa logrado atrapar a uno de los que se burlaban de ella. Y lo que pasó después fue lo que convirtió aquellos rumores en algo mucho más oscuro. La señora sujetó al niño de un brazo con una fuerza que no parecÃa normal para alguien de su edad. El muchacho se retorcÃa, pataleaba y trataba de zafarse. pero ella lo jalaba con tal determinación que parecÃa arrastrar a un muñeco. Lo metió a empujones dentro de la casa rosa mientras él lloraba y gritaba pidiendo ayuda. La escena fue tan rápida que los demás niños no supieron qué hacer. Algunos dieron unos pasos hacia la entrada, pero al escuchar los alaridos de su amigo, sintieron un miedo que los paralizó. Al final, todos corrieron a buscar a los adultos, gritando por las calles que la loca se habÃa llevado a un niño. El pequeño estuvo apenas unos minutos dentro, pero lo que contó después dejó al pueblo entero perturbado. Dijo que al cruzar la
6:00 puerta se encontró con montones de basura acumulada por todas partes. habÃa bolsas negras abiertas con restos podridos trapos viejos y recipientes oxidados amontonados en los rincones el olor era insoportable tan penetrante que le hizo llorar los ojos y le revolvió el estómago entre la basura alcanzó a ver cuartos cerrados con candados y a través de rendijas notó sombras de objetos que no supo describir pero que le parecieron cosas extrañas raras como si no fueran pertenencias normales de una casa la señora lo arrastró hasta la sala y lo tiró al suelo con brusquedad El niño intentó levantarse, pero ella tomó un frasco de vidrio que estaba sobre una mesa llena de botes y papeles. Sin pensarlo, le arrojó encima el contenido. Era un lÃquido que desprendÃa un olor penetrante, fuerte, como quÃmico. Apenas le cayó en la piel, el niño sintió un ardor insoportable. Gritó con todas sus fuerzas, retorciéndose mientras veÃa cómo su brazo se enrojecÃa de inmediato.
7:06 El dolor le dio una desesperación que le permitió correr. Logró ponerse de pie y se lanzó hacia la puerta, esquivando a la mujer que trató de detenerlo. Salió tambaleándose por la entrada de la Casa Rosa y corrió con lágrimas en la cara. Llegó a su casa directo al patio, llorando y con la piel marcada por las quemaduras. Sus padres, alarmados, lo recibieron y, apenas escucharon lo que decÃa, supieron que tenÃan que actuar rápido. Lo subieron a un vehÃculo y lo llevaron al hospital del pueblo. Los doctores lo revisaron y confirmaron lo que ya se sospechaba. Las heridas eran provocadas por un lÃquido corrosivo. No era agua caliente ni aceite, sino una sustancia con quÃmicos que provocaba quemaduras graves. Esa noticia encendió la rabia de la familia y en cuestión de horas, también la de todo el pueblo. Los padres del niño salieron del hospital furiosos contando lo que habÃa pasado y las palabras corrieron de boca en boca. No tardó en reunirse una multitud frente a la Casa Rosa.
8:11 Decenas de vecinos se congregaron en la esquina, algunos con piedras en la mano, otros con palos y machetes. Todos gritaban que la señora saliera, que diera la cara, que explicara lo que habÃa hecho. Algunos insultaban, otros pedÃan justicia. La calle se llenó de voces y hasta quienes nunca habÃan prestado atención a la mujer ahora estaban indignados. Durante largos minutos no hubo respuesta desde el interior. La puerta estaba cerrada y las ventanas seguÃan bloqueadas con las tablas en forma de X. La gente comenzó a empujar la reja del patio, golpeando la entrada con los hombros y los pies. Primero se tambaleó, luego se dio un poco, hasta que entre varios hombres lograron tirar la puerta de la casa el estruendo se escuchó en toda la cuadra la multitud se asomó con cautela sin atreverse a entrar de inmediato desde afuera salÃa un olor tan fuerte que varios se taparon la nariz y la boca Lo que se alcanzaba a ver desde la entrada confirmaba el relato del niño. Montones de basura, muebles cubiertos de polvo y un desorden que no parecÃa simple descuido, sino abandono total.
9:25 Los vecinos se miraban entre sÃ, algunos dudando de continuar, otros exigiendo avanzar de una vez. Ese momento marcó un cambio en el pueblo, porque todos sabÃan que lo que estaba por descubrirse dentro de esa casa rosa... iba a ser más perturbador que los rumores que durante años habÃan circulado. Cuando por fin la gente se decidió a entrar, el olor los golpeó de inmediato. Era insoportable. Una mezcla de basura acumulada, comida podrida y humedad encerrada durante años. Algunos vecinos retrocedieron al instante, cubriéndose la boca con la camisa. Otros siguieron adelante con linternas y lámparas en la mano, decididos a revisar cada rincón. La sala estaba cubierta de bolsas negras amontonadas contra las paredes. Muchas estaban rotas y dejaban ver restos de comida descompuesta, huesos pequeños y trapos enmohecidos.
10:19 El suelo estaba pegajoso, lleno de manchas oscuras que nadie quiso pisar. El aire se sentÃa espeso. como si al respirar uno tragara el mismo polvo y putrefacción que llevaba tanto tiempo encerrado. Avanzaron hacia los cuartos, apartando con palos y machetes lo que bloqueaba las entradas. En la primera habitación encontraron montones de ropa vieja, apilada sin orden. con olor a humedad y ratas habÃa botellas de plástico con lÃquidos amarillentos frascos de vidrio con sedimentos en el fondo y cajas llenas de papeles sucios todo estaba tan revuelto que parecÃa que durante años sólo habÃa acumulado sin desechar nada en una de las habitaciones del fondo hallaron lo que más impresionó a todos sobre el suelo estaba un gato muerto ya en descomposición avanzada El hedor era tan fuerte que algunos tuvieron que salir a vomitar. El animal estaba rÃgido, con manchas verdes en el pelaje, rodeado de moscas y larvas. Nadie pudo entender por qué la mujer lo habÃa dejado ahÃ. Algunos dijeron que tal vez habÃa muerto por descuido, otros pensaron que lo habÃa guardado a propósito.
11:34 El recorrido continuó entre murmullos y caras de asco. Descubrieron más botellas con lÃquidos sospechosos, algunos con olores quÃmicos que ardÃan en la nariz. HabÃa frascos de medicina usados, otros con restos que parecÃan órganos pequeños de animales, y montones de basura apilada hasta el techo. La impresión era que la casa estaba más cerca de un basurero que de una vivienda. Lo más perturbador de todo fue que no habÃa rastro de la mujer. Nadie la vio salir durante el alboroto y al registrar cada habitación confirmaron que no estaba. El perro, que siempre se echaba en la entrada, también habÃa desaparecido. Revisaron los patios, el techo, incluso las rendijas bajo las camas viejas, pero no encontraron señal de ella.
12:23 Era como si se hubiera desvanecido en el mismo momento en que tiraron la puerta. La noticia corrió rápido. Se avisó a familiares lejanos que aún vivÃan en otro estado. pero cuando llegaron tampoco supieron dar explicaciones. Apenas reconocieron lo que habÃa pasado por lo que contaban los vecinos y el testimonio del niño. Dijeron que hacÃa muchos años habÃan perdido contacto con ella y que nunca imaginaron que viviera de esa manera. Después de la revisión inicial, la policÃa acordonó la casa por un tiempo. Tomaron fotos, revisaron algunos frascos y levantaron un informe. Pero, con el paso de los dÃas, el interés se desvaneció. Con los años, la casa pasó a manos de un pariente lejano. Al poco tiempo, fue vendida a otra familia que decidió pintarla de otro color.
13:13 Trataron de borrar la imagen que el pueblo tenÃa de esa vivienda, pero no lo lograron del todo. La fachada volvió a cambiar con los nuevos dueños. Los patios se limpiaron y la basura fue retirada en carretillas. Aún asÃ, el recuerdo quedó impregnado. Nadie dejó de llamarla la Casa Rosa, aunque ya no tuviera ese color. Los niños crecimos, y nuevas familias llegaron al barrio, pero la historia se seguÃa contando. La mujer que un dÃa corrió detrás de un niño y lo arrastró hasta su casa, la misma que desapareció sin dejar rastro, se convirtió en un fantasma del pueblo. Aunque la vivienda volvió a ser habitada,
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