Aug. 10, 2025

BRUJA ATACA A Animales Del RANCHO Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Yo había estado buscando un terreno más grande desde hacía meses, algo donde pudiera sembrar y meter en corrales a mis animales sin estar tan apretado como en el lugar donde vivía. Cuando por fin encontré uno a buen precio, no dudé en comprarlo. Estaba algo retirado del pueblo, rodeado de monte bajo y con unas pocas zonas limpias donde, antes, según me dijo el vendedor, había sembradíos que ya tenían años abandonados. Los primeros días me dediqué a limpiar lo más necesario. Quité ramas secas, rellené hoyos y marqué el lugar donde pensaba hacer los corrales. El terreno tenía una parte plana que me gustó mucho para sembrar y otra más alta como una pequeña loma con varias piedras grandes. Allí casi no crecían plantas, solo unos matorrales dispersos. Un día, mientras revisaba esa parte alta, me encontré un montón de huesos de animales apilados. Estaban secos, amarillentos, y algunos todavía tenían restos de piel pegada. Alrededor, varias piedras más pequeñas estaban acomodadas formando un círculo, y en ellas se veían figuras y líneas talladas. No eran marcas hechas por el tiempo, se notaba que alguien las había grabado con intención. Me quedé un momento mirando aquello, tratando de entender qué podía ser.

1:25 No olía mal, así que pensé que no era reciente. Me dio la impresión de que llevaba ahí bastante tiempo, tal vez años. Lo primero que pensé fue que sería basura de alguien que había usado ese lugar para matar animales, o algún viejo intento de altar improvisado para cosas raras. No me gusta tener ese tipo de cosas cerca de mi casa, así que bajé a buscar una pala y regresé. Empecé a desarmar el círculo de piedras tirando cada una lejos. Los huesos los metí en un costal y los llevé hasta el borde del terreno, donde los eché a un hueco que había usado antes para quemar basura. Las piedras grandes, las que tenían los grabados, las empujé con fuerza hasta que rodaron cuesta abajo. Me tomó buena parte de la mañana dejar esa esquina limpia. Mientras trabajaba, no dejaba de pensar en lo extraño que era encontrar algo así, y más en un terreno que se suponía llevaba años sin que nadie lo usara. Y seguí con mis planes para el terreno. El resto del día lo dediqué a acomodar unas maderas que había traído para empezar a armar los corrales.

2:35 Marqué el espacio donde irían las puertas y el área para el bebedero. De vez en cuando levantaba la vista hacia la loma, recordando cómo se veía antes de que quitara todo. Ahora estaba vacía, con la tierra descubierta y algunos huecos donde habían estado las piedras. Al llegar la tarde decidí llevar unos animales pequeños. Metí unas gallinas en un corral provisional que hice con malla y amarré unas cabras cerca para que pastaran. Todo parecía ir bien. Me fui a mi casa. Mientras cerraba la puerta del terreno, todavía pensaba en lo curioso que había sido encontrar ese altar hecho con huesos y piedras talladas. Esa noche me acosté cansado, con la mente todavía ocupada en todo lo que me quedaba por hacer en el terreno. No recuerdo a qué hora me quedé dormido, pero sí recuerdo muy bien que me despertaron golpes en el techo, golpes fuertes que sonaban como si alguien estuviera caminando arriba con paso rápido y sin cuidado. Me quedé quieto escuchando, pensando primero que podía ser una rama movida por el viento o algún animal grande, pero los golpes seguían, cada vez más marcados, como si algo estuviera dando vueltas justo encima de mi cuarto.

3:52 Me levanté sin encender la luz y fui por una lámpara de mano que siempre dejo en la mesa de la sala. Desde abajo no se veía nada extraño, pero el ruido continuaba. Fui hasta la escalera que subía a la azotea y empecé a subir con cuidado, tratando de no hacer ruido. Al llegar arriba, lo primero que sentí, un olor a rancio, de carne que llevaba horas muerta. Cuando apunté la lámpara hacia el centro del techo, había varias gallinas muertas acomodadas en círculo, con las alas extendidas y las cabezas hacia adentro. No parecían heridas por algún animal salvaje. Tenían el cuello torcido, como si alguien las hubiera matado con las manos. La sangre estaba seca y oscura alrededor de sus cuerpos, y entre ellas, en el centro, había un montoncito de paja mezclada con plumas arrancadas. Me quedé un momento sin saber qué hacer. El techo estaba limpio la tarde anterior y ahora, a medianoche, tenía eso encima.

4:51 No había escuchado cómo subieron ni cómo las colocaron, solo los golpes cuando ya estaban ahí. Di una vuelta rápida con la lámpara para asegurarme de que no hubiera nadie escondido. Pero no vi movimiento. Fui hasta el círculo y me agaché para mirarlo mejor. Todas las gallinas eran mías. Las había visto vivas en el corral esa misma tarde. Eso me hizo pensar que alguien había entrado al terreno. Se las había llevado sin que yo lo notara. Y luego las había puesto en mi techo de esa manera. Sentí una incomodidad extraña, como si me estuvieran observando desde algún punto oscuro. me quedé de pie girando la lámpara lentamente buscando un movimiento pero no encontré nada terminé por levantar las gallinas y meterlas en un costal con la idea de enterrarlas en la mañana no quise quedarme ahí más tiempo Cuando bajé y cerré la puerta de la casa, el silencio era completo. Ya no había golpes ni ruidos en ninguna parte de la casa. Me senté en una silla de la cocina y traté de pensar quién podría querer molestarme así. No se me ocurría a nadie. No tenía problemas con vecinos ni con gente del pueblo, y el terreno lo había comprado de forma limpia, sin discusiones ni deudas. Esa noche dormí poco. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba la forma exacta en que estaban acomodadas las gallinas, todas mirando hacia el centro como si formaran parte de un ritual. No podía entender cómo lo habían

6:24 hecho tan rápido y sin que yo escuchara nada hasta el final. Cuando amaneció, salí a enterrar las gallinas en un hueco que hice lejos de la casa. El olor era más fuerte con la luz del día y pude ver que a algunas les habían arrancado plumas de las alas y el cuello antes de matarlas. Tapé bien el hoyo y me quedé mirando un rato el techo. Ese día seguí con mi rutina pero con la mente inquieta. No quería pensar en supersticiones ni en cosas raras, pero lo que había pasado no me cuadraba. Por mucho que buscara una explicación lógica, ninguna me convencía del todo. Los días que siguieron no fueron tranquilos. La primera señal de que algo no estaba bien fue una de mis cabras, que amaneció echada y sin fuerzas. Tenía los ojos vidriosos y respiraba con dificultad. Pensé que podía ser por la comida o por algún cambio de clima, así que le di agua y traté de alimentarla, pero no quiso probar nada.

7:26 Esa tarde murió. Al día siguiente, otra cabra empezó con los mismos síntomas. Luego fue una vaca y después varias gallinas. Ninguno mostraba heridas ni señales de ataque. Simplemente se debilitaban hasta no poder levantarse. Empecé a revisar todo lo que usaban para comer y beber. Cambié el agua de los bebederos. Limpié los comederos. Revisé el pasto para ver si había plantas venenosas. Todo estaba en orden. Ni siquiera había rastros de que algún animal salvaje estuviera merodeando. Aún así, cada día perdía uno o dos animales. El terreno que había comprado para ampliar y mejorar mi trabajo se estaba convirtiendo en una pérdida constante. La tercera mañana, después de la muerte de la primera cabra, salí temprano a revisar y me encontré en la tierra húmeda alrededor del corral. Había huellas humanas descalzas. No eran muchas, pero se notaban claras, con todos los dedos marcados y el talón bien hundido en el lodo. Estaban frescas, como si las hubieran dejado durante la madrugada. No había huellas de entrada ni de salida, solo un recorrido alrededor del corral, dando la vuelta completa, como si alguien hubiera estado caminando lento mientras miraba hacia adentro.

8:48 Me agaché para verlas de cerca y comparé con mi propio pie. Eran más pequeñas, quizá de una mujer o de un joven. El barro todavía estaba húmedo y suave dentro de las marcas, así que debían tener pocas horas de haberse hecho. Busqué más allá del corral en dirección a la entrada del terreno, pero el rastro desaparecía a unos metros, como si la persona hubiera dado las vueltas y después se hubiera detenido ahí mismo. Ese día reforcé la entrada y cerré mejor las cercas. Puse candados en los portones y aseguré las mallas con alambre. No podía entender cómo alguien había entrado sin que los perros ladraran. Para colmo, por la tarde encontré a uno de mis perros echado como adormilado y no reaccionaba ni con mi voz.

9:35 Lo revisé y no tenía heridas, pero sus ojos estaban como opacos, como si se estuviera quedando ciego, una cosa muy rara. La mañana siguiente las huellas volvieron a aparecer. Esta vez eran más, como si la persona hubiera dado varias vueltas. El patrón era extraño, con pasos cortos y a veces casi sobre el mismo lugar. Lo peor fue que al final del recorrido, justo frente a la puerta del corral, encontré una mancha oscura en la tierra, húmeda y pegajosa, que no supe identificar. Cada amanecer parecía repetirse lo mismo. Huellas frescas, animales más débiles, incluso los gallos empezaron a cantar más tarde de lo habitual, y los perros dormían profundamente durante la noche sin reaccionar. Empecé a despertar antes del amanecer para ver si alcanzaba a encontrar a quien hacía eso, pero siempre llegaba tarde. En una de esas madrugadas, apenas estaba aclarando, vi que el barro alrededor del corral estaba revuelto, como si alguien acabara de pasar.

10:41 Me acerqué rápido, pero solo encontré las marcas frescas y el mismo recorrido. La tierra estaba tan blanda que podía distinguir hasta pequeñas grietas entre los dedos en las huellas. En ese momento supe que no iba a poder seguir esperando a ver qué pasaba. Tenía que quedarme despierto toda la noche para atraparlo. La situación empezaba a afectarme más de lo que quería admitir. El trabajo en el terreno se retrasaba, los animales se enfermaban y yo apenas dormía unas horas. Sentía que cada amanecer me encontraba con algo nuevo que no podía explicar. Las huellas aunque siempre eran del mismo tamaño variaban un poco en la forma como si a veces los dedos estuvieran más abiertos o el arco del pie fuera distinto. No sabía si era por la forma en que pisaba esa persona o por el tipo de suelo, pero me incomodaba verlo. Esa noche me preparé para quedarme en vela. Antes de que oscureciera, revisé las cercas, aseguré los candados y me llevé una silla al rincón del corral desde donde podía ver la mayor parte del terreno. Tenía el machete afilado y una lámpara que preferí mantener apagada para no delatarme. Los perros estaban echados cerca. El viento era poco. Desde donde estaba podía escuchar a los animales acomodándose para dormir. El ganado rumiaba despacio.

12:07 Las cabras se agrupaban en un rincón y las gallinas se acomodaban en sus perchas. Me quedé quieto, atento a cualquier sonido distinto. Las horas pasaron lentas, no llevaba reloj, pero calculaba que ya era madrugada porque el aire estaba más frío y el cielo se había puesto más oscuro que en cualquier otro momento. Me empezaban a pesar los párpados cuando escuché un movimiento suave, casi imperceptible, entre los animales. Abrí los ojos de golpe y fijé la vista hacia el centro del corral. Había una figura caminando despacio entre las vacas. Era más baja que yo y llevaba una especie de capa o manto con capucha que le cubría todo el cuerpo. No hacía ruido al moverse. Pasaba la mano por el lomo de los animales, acariciándolos como si los conociera. Vi como una de las vacas, al sentir el contacto, dejó de masticar y se quedó inmóvil con la cabeza baja. La figura siguió su recorrido, acariciando una a una a las cabras, y luego se detuvo frente a una de mis borregas más jóvenes. Se inclinó sobre ella, le pasó la mano por la cabeza y el cuello, y sin apartar la vista de lo que hacía, sacó algo que no alcancé a ver con claridad. La borrega cayó al suelo en silencio, con las patas recogidas. como si le hubieran quitado toda la fuerza de golpe. Sentí un calor subirme por el pecho. Me levanté despacio, apreté

13:38 el machete con fuerza y empecé a caminar hacia ella, cuidando de que no me escuchara. Cuando estuve lo suficientemente cerca, encendí la lámpara y apunté directo a su rostro, aunque la capucha impedía ver sus facciones. Se quedó inmóvil por un instante con la luz sobre ella y luego giró la cabeza lentamente hacia mí. No dijo nada. Yo avancé con el machete levantado, dispuesto a alcanzarla antes de que pudiera escapar. En cuanto di el primer paso rápido, se giró y comenzó a alejarse con un movimiento fluido, como si flotara sobre el suelo. El corral era pequeño y pensé que no tendría donde ir. Aceleré el paso y levanté el machete con la intención de darle un golpe directo.

14:24 En ese momento todo pasó muy rápido. Sentí el impacto, pero en lugar de cortar carne o hueso, el machete se hundió en algo blando que se desvaneció al instante. Cuando bajé la vista, lo único que tenía colgando de la hoja era un velo negro, del mismo color que la capa que llevaba puesta. La figura ya no estaba, no escuché pasos ni vi sombra alguna alejándose. La borrega seguía en el suelo sin moverse y los demás animales permanecían inmóviles, como si nada hubiera ocurrido. Me quedé ahí, con la lámpara en una mano y el machete en la otra, respirando agitado y mirando a mi alrededor sin entender cómo se había desvanecido tan rápido. Guardé el velo en un costal, sin atreverme a tocarlo directamente, y arrastré el cuerpo de la borrega hasta la orilla para revisarlo después.

15:18 La idea de que aquella mujer hubiera estado tantas noches entrando y saliendo a su antojo me revolvía el estómago. Esa noche ya no me senté a vigilar. Me quedé de pie hasta que amaneció, esperando que, en cualquier momento, volviera a aparecer. Cuando amaneció, lo primero que hice fue revisar el cuerpo de la borrega. No tenía heridas visibles ni rastro de sangre. La piel estaba intacta, pero el cuerpo estaba rígido, como si hubiera muerto horas antes. No encontré marcas de mordida ni de corte, solo una ligera hinchazón en el cuello, en el mismo lugar donde aquella mujer le había pasado la mano. La llevé lejos del corral y la enterré, sin saber si eso ayudaría en algo.

16:05 El velo lo dejé dentro del costal, amarrado y apartado del resto de mis cosas. A la luz del día parecía un trozo de tela corriente, pero al tocarlo con un palo sentí que era más ligero de lo normal, como si no tuviera peso. Pensé en quemarlo, aunque no me atrevía a manipularlo sin saber qué podía pasar. Lo dejé en un rincón del gallinero donde ningún animal pudiera alcanzarlo. Durante el día trabajé como de costumbre, pero no dejaba de sentir que alguien me observaba. Revisé las cercas y las huellas del barro. Las del día anterior seguían marcadas, y ahora se unían a otras más difusas que parecían mezclarse con pisadas de animales. Los perros, que antes siempre me seguían, se quedaban echados mirando hacia el corral con las orejas bajas. A media tarde vi que una de las cabras estaba recostada junto a la cerca. Al acercarme noté que respiraba con dificultad, igual que las primeras que habían enfermado. Su mirada estaba perdida y no reaccionaba aunque la moviera. Recordé la forma en que la mujer acariciaba a los animales. No quise dejarla ahí, así que la llevé al cobertizo y la separé del resto. Esa noche pensé en volver a quedarme de guardia, pero estaba muy cansado por el desvelo de la noche anterior. Sabía que si me dormía volvería a entrar. Encendí una lámpara en la parte alta del corral para iluminar al menos una zona.

17:37 No fue suficiente para calmarme. Me acosté en la silla junto al corral, con el machete al alcance de la mano y la lámpara lista. Cada tanto me levantaba para revisar. El tiempo pasaba sin que nada se moviera, hasta que escuché un leve roce en la malla, como si algo la empujara desde afuera. Me levanté de inmediato y apunté la luz, pero no vi a nadie. Me acerqué al punto del ruido y noté que había una huella reciente, hundida en la tierra húmeda. Era igual a las demás, pequeña y bien marcada. Me quedé ahí un rato, esperando que se repitiera el ruido. La lámpara iluminaba apenas unos metros y más allá solo se distinguía la silueta de los árboles. Empecé a sentir que algo estaba por entrar.

18:24 Los perros seguían dormidos, sin reaccionar, y los animales dentro del corral se mantenían en silencio. Volví a sentarme sin quitar los ojos de la entrada, pero en lugar de la figura con capucha, lo que apareció fue una sombra que cruzó entre las vacas y desapareció detrás del cobertizo. Fui rápido hasta allá, pero no encontré nada. Revisé detrás, entre los barriles y herramientas, y todo estaba bien. Regresé a mi silla y seguí vigilando, con la idea fija de que, si volvía a aparecer, no me detendría a encender la lámpara ni a observar. Iría directo a alcanzarla. No regresó. el resto de la noche pasó sin más ruidos la cabra que había separado amaneció muerta la enterré junto a la borrega y pensé en que aunque no la hubiera tocado la mujer seguía haciendo lo que quería esa mañana decidí que no iba a seguir esperando a que volviera fui por el costal con el velo y lo saqué del gallinero lo llevé hasta la loma donde había encontrado los huesos y las piedras grabadas el mismo lugar que había limpiado al principio Lo puse en el suelo y le eché encima toda la gasolina que tenía guardado para la bomba de agua. Cuando le acerqué el fuego, la tela ardió de inmediato, pero la llama no hacía ruido ni desprendía humo. Solo se encogía hasta quedar en un hilo oscuro que se deshizo en el aire. El resto del día no pasó nada, aunque sentía un vacío

19:55 extraño en el terreno. Esa noche dormí en mi cama, sin guardias ni lámparas encendidas. Me desperté varias veces, pero todo estaba en silencio. Al amanecer, revisé el corral y no había huellas. Los días siguientes fueron igual de tranquilos. Los animales se mantuvieron sanos y no volví a encontrar rastros de visitas.