Asechado En El Bosque Por Unas BRUJAS - Historias De Terror - REDE
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0:05 Durante mis años en el servicio militar, siempre me habÃa jactado de mi impecable sentido de la orientación. No importaba cuán perdidos se sintieran el resto de mis compañeros, de alguna manera yo siempre lograba encontrar el camino de regreso. Era algo que me enorgullecÃa, un don que habÃa perfeccionado a lo largo de los años y que, sin duda, me habÃa sacado de más de un aprieto. Pero hubo una ocasión, una única vez, en la que ese don me falló. Y lo que sucedió en aquella misión es algo que todavÃa me cuesta entender, algo que me persigue cada vez que cierro los ojos. Todo comenzó durante una operación de reconocimiento en una zona montañosa y boscosa. Era un terreno difÃcil, pero nada fuera de lo común para nosotros.
0:54 La misión era simple, asegurarnos de que el área estuviera despejada y no hubiera actividad enemiga. Entramos en el bosque en equipos, avanzando a buen ritmo, cubriendo el terreno sin demasiadas complicaciones. Todo parecÃa ir según lo planeado, hasta que, por alguna razón que aún no puedo explicarme, me separé del grupo. HabÃa sido algo tan simple como alejarme unos metros para inspeccionar una zona que me parecÃa sospechosa. Lo siguiente que supe es que ya no veÃa a nadie de mi equipo. Llamé por radio, pero no hubo respuesta. La señal en esa área era intermitente, algo a lo que ya estábamos acostumbrados. No me preocupé demasiado al principio.
1:38 Como ya mencioné, siempre habÃa tenido un excelente sentido de la orientación. SabÃa que si seguÃa el rumbo correcto, pronto volverÃa a encontrarme con ellos. Pero no fue asÃ. Mientras caminaba en la dirección que creÃa correcta, algo comenzó a inquietarme. El paisaje a mi alrededor parecÃa cambiar sutilmente, pero lo suficiente como para hacerme dudar. Era como si el bosque estuviera jugando conmigo. Los árboles, altos y retorcidos, parecÃan más cerrados y amenazantes, como si estuvieran vigilándome. El suelo estaba cubierto de hojas secas que crujÃan bajo mis botas, pero el sonido parecÃa amortiguado, extraño. Era como si el propio bosque absorbiera el ruido. Pasó un tiempo, aunque no puedo decir cuánto, cuando me di cuenta de que estaba perdido.
2:32 Cada paso que daba parecÃa alejarme más de donde debÃa estar. Intenté mantener la calma, orientarme con el sol, pero la luz apenas penetraba entre las copas de los árboles. Me movÃa entre los mismos, intentando recordar algún punto de referencia, algo que me indicara que estaba en el camino correcto, pero nada me resultaba familiar. Mientras avanzaba, comencé a notar una presencia. No podÃa verla, pero podÃa sentirla. Era como si alguien o algo me estuviera siguiendo, manteniéndose a una distancia segura pero siempre vigilante. El sonido del bosque comenzó a cambiar. Ya no era solo el ruido habitual de los animales pequeños moviéndose por el suelo. Era algo más grande, algo que parecÃa moverse en paralelo a mÃ, siempre al mismo ritmo. Me detuve varias veces esperando que el sonido cesara, pero cuando yo me detenÃa también lo hacÃa. Cuando avanzaba, el sonido volvÃa. Algo en todo eso me hacÃa saber que no estaba solo. HabÃa enfrentado situaciones difÃciles antes y sabÃa que mantener la calma era lo más importante. Aceleré el paso, intentando llegar a un claro o a una zona más abierta donde pudiera tener mejor visibilidad. Pero cuanto más rápido avanzaba, más notaba esa presencia siguiéndome. Era como si aquello que me perseguÃa estuviera jugando conmigo. manteniéndose lo
4:03 suficientemente cerca para que lo notara, pero sin mostrarse. Fue entonces cuando lo vi. En uno de los giros que hice entre los árboles, capté un movimiento a lo lejos, algo que se movÃa rápido entre la maleza. Mi primer pensamiento fue que se trataba de un animal, tal vez un lobo o un puma. Lo que vi no se parecÃa a ningún animal que hubiera visto antes. Era una figura alta, humanoide, pero con algo antinatural en su forma. Solo pude vislumbrarlo entre las sombras, moviéndose de forma errática. Se desplazaba sobre dos patas, pero su postura era extraña.
4:44 casi como si no supiera caminar correctamente. Su piel, o lo que fuera que cubrÃa su cuerpo, era oscura, con un brillo aceitoso que parecÃa absorber la poca luz que habÃa. No pude distinguir su rostro. TenÃa una cabeza desproporcionada, con ojos demasiado grandes y brillantes que parecÃan reflejar la luz de una manera antinatural. Me dio mucho miedo. No era humano, de eso estaba seguro. Pero tampoco era un animal. Por unos segundos, la criatura se quedó quieta, observándome desde la distancia. Sentà su mirada clavada en mÃ, como si me estuviera evaluando, decidiendo si debÃa acercarse o no. Mis instintos me decÃan que corriera, que me alejara lo más rápido posible, pero mis piernas no respondÃan. Era como si el miedo me hubiera paralizado, como si mi cuerpo supiera que, sin importar lo rápido que corriera, aquello me alcanzarÃa si asà lo decidÃa.
5:42 La criatura se movió de nuevo, más cerca esta vez. Su movimiento era antinatural, como si sus articulaciones no funcionaran del todo bien. No podÃa apartar la vista de ella. HabÃa oÃdo historias de soldados que aseguraban haber visto cosas inexplicables en el campo, criaturas que no pertenecÃan a este mundo. pero siempre las habÃa desechado como exageraciones, como cuentos para pasar el tiempo en las largas noches de guardia. Pero era real, lo tenÃa frente a mà y no habÃa manera de negarlo. Recuperé el control de mi cuerpo y comencé a retroceder, sin apartar la vista de la criatura.
6:23 No querÃa darle la espalda, sabÃa que si lo hacÃa serÃa mi fin. La criatura seguÃa avanzando, lenta pero constante. PodÃa escuchar su respiración pesada y cada vez más amenazante. Me di cuenta de que no podÃa quedarme ahÃ. Si querÃa sobrevivir, tenÃa que moverme. Me giré bruscamente y comencé a correr, sintiendo el latido de mi corazón en mis oÃdos. PodÃa escuchar a la criatura detrás de mÃ, moviéndose a una velocidad que no deberÃa ser posible para algo de su tamaño. Corrà hasta que mis pulmones ardÃan y mis piernas amenazaban con fallar. El terreno se volvió más difÃcil, con raÃces que sobresalÃan y piedras que parecÃan surgir de la nada. Caà varias veces, raspándome las manos y las rodillas, pero no me detuve. Cada vez que caÃa, me levantaba, sabiendo que detenerme significaba la muerte. En algún momento, mientras corrÃa sin mirar atrás, el sonido de la criatura comenzó a desvanecerse. Mi respiración era pesada y sentÃa que mis pulmones estaban a punto de estallar. Pero seguà avanzando hasta que todo quedó en silencio. El bosque parecÃa haber tragado todos los ruidos, incluso los mÃos. Dejé de escuchar a la criatura detrás de mà y por un breve momento pensé que quizás la habÃa perdido. Fue entonces cuando me permità detenerme, con el cuerpo temblando del esfuerzo y el miedo.
7:52 Me desplomé en el suelo, sintiendo cómo mis piernas cedÃan bajo el peso de la adrenalina. No escuchaba nada a mi alrededor. ningún crujido ni susurro. Esa presencia constante que habÃa sentido durante tanto tiempo se habÃa desvanecido. Respiré con algo de alivio. Y pensé que por fin estaba a salvo. Después de unos minutos, mientras intentaba recomponerme y pensar en cómo regresar, escuché una voz. Pero entonces la escuché de nuevo. Era la voz de uno de mis compañeros llamándome por mi nombre. Me detuve en seco, escuchando con atención. No podÃa estar seguro de quién era, pero parecÃa que venÃa de algún lugar entre los árboles. Lo único que podÃa pensar era que se habÃan dado cuenta de que no estaba, y me habÃan buscado y encontrado. Me puse de pie, olvidando por un momento todo lo que acababa de suceder.
8:47 Respondà con un grito, diciéndolo mucho que me alegraba escucharlos, que creÃa que me habÃa perdido. Sin pensarlo dos veces, comencé a caminar hacia la dirección de la voz. No me detuve a pensar en lo extraño que sonaba. Mi compañero repetÃa las mismas tres frases una y otra vez. Por aquÃ, estamos aquÃ, ven con nosotros. No habÃa variación en su voz, ni urgencia, ni emoción, como si solo estuviera interesado en hacerme acercar. Pero yo, cegado por el alivio de no estar solo, no me di cuenta. Mientras seguÃa la voz, empecé a hablar, diciendo cuánto me alegraba de que me hubieran encontrado. Pero cada vez que hablaba, la voz de mi compañero no respondÃa a lo que yo decÃa. Solo seguÃa repitiendo las mismas tres oraciones. Solo querÃa encontrar a mi equipo y salir de ese maldito bosque.
9:43 Avancé entre los árboles siguiendo la voz cada vez más de cerca. ParecÃa provenir de detrás de un grupo de arbustos densos, y mis pasos me llevaron hasta ellos. Mi corazón latÃa con fuerza, no de miedo esta vez, sino de emoción al pensar que pronto estarÃa de regreso con mis compañeros. Pero cuando me acerqué a esos arbustos, lo que vi no fue a mi compañero. Entre las sombras de las ramas algo se movÃa. Pensé que se trataba de un animal, tal vez un venado, pues podÃa ver una forma con cuernos que sobresalÃan de la maleza, pero cuando me acerqué un poco más, mi cuerpo se congeló. Lo que estaba viendo no era un venado normal. La criatura que se asomaba entre los arbustos tenÃa la apariencia de un ciervo, pero su piel parecÃa estar desgarrándose, colgando de su cuerpo como si se estuviera pudriendo. Sus ojos eran lo más perturbador. No eran los ojos de un animal, o al menos no vivo. Se veÃan blanquiscos, como si estuvieran muertos. Me eché hacia atrás, aterrorizado, Mis pensamientos se desordenaron y por un segundo no supe si debÃa correr o quedarme quieto, pero fue lo que sucedió después lo que terminó de romper cualquier lógica que intentaba mantener. El venado, o lo que fuera esa cosa, se puso de pie, pero no lo hizo como un animal lo harÃa. Se levantó sobre dos patas imitando una postura humana, aunque su cuerpo no estaba hecho para moverse de esa manera. Sus
11:15 extremidades se doblaban de forma grotesca, como si sus huesos estuvieran mal colocados. Sus cuernos largos y retorcidos parecÃan sobresalir más, haciendo ver aún más alto y amenazante. Supe que lo que estaba viendo no era de este mundo. Retrocedà varios pasos sin apartar la vista de esa abominación. No sabÃa qué hacer. Correr parecÃa inútil, pero quedarme ahà era una condena segura. La criatura se movió hacia mÃ, su mirada nunca se apartaba de la mÃa, y su cuerpo temblaba con cada paso que daba. Sentà una oleada de náuseas al darme cuenta de que habÃa estado siguiendo su voz.
11:57 Aquello no solo me habÃa acechado, sino que habÃa usado la voz de uno de mis compañeros para atraerme hacia él. Es que yo era lo que sin duda más me aterraba. La criatura dio un paso más, y el crujir de las ramas bajo sus pies resonó en mis oÃdos como una advertencia. Fue entonces cuando mi cuerpo reaccionó. Sin pensarlo, me giré y corrà como nunca antes lo habÃa hecho. Las ramas y las hojas me golpeaban el rostro, pero no me importaba. Solo querÃa alejarme de esa cosa, poner la mayor distancia posible entre nosotros. Corrà hasta que mis piernas no pudieron más, hasta que el aire en mis pulmones era insuficiente y mis pies se enredaban con las raÃces del suelo. Pero nunca me detuve. SabÃa que si lo hacÃa, esa cosa me atraparÃa. Y no querÃa saber qué sucederÃa si lo hacÃa. No sé cuánto tiempo estuve corriendo.
12:55 El bosque parecÃa interminable, como si me envolviera en un laberinto sin salida. No importaba cuánto me esforzara. Siempre parecÃa estar rodeado por los mismos árboles. Caà al suelo, exhausto. Todo quedó callado otra vez, pero esta vez era diferente. No sentà la misma vigilancia. Era como si la criatura hubiera desaparecido, o al menos se hubiera cansado de jugar conmigo, pero incluso no me atrevÃa a relajarme. Me quedé inmóvil, con la respiración entrecortada, esperando el sonido de sus pasos detrás de mÃ, pero nunca llegaron. Me quedé ahÃ, tendido en el suelo, intentando regular mi respiración y convencerme de que, al menos por ahora, estaba a salvo. La noche habÃa caÃdo completamente. Después de unos minutos, aún con los músculos temblando, supe que no podÃa quedarme allÃ. Si me quedaba quieto, no solo estarÃa a merced del bosque, sino que aquella cosa podrÃa volver. SabÃa que si la criatura me encontraba de nuevo, no tendrÃa la misma suerte de escapar. TenÃa que encontrar la salida de ese maldito lugar, pero no tenÃa idea de dónde estaba ni de cómo regresar. Me puse de pie con dificultad, comencé a caminar. Cada paso me parecÃa más pesado que el anterior. En mi cabeza solo repetÃa una oración, que alguien me encontrara, que me sacaran de allÃ. Intenté mantener la calma y enfocarme en algo,
14:27 cualquier cosa que me ayudara a orientarme. Pero no importaba cuánto me esforzara, cada paso me llevaba más lejos de cualquier referencia reconocible. El silencio era lo que más me aterrorizaba. Lo escuché, una respiración pesada, Forzada, como si alguien estuviera muy agitado. Me detuve en seco mirando a mi alrededor, pero no veÃa nada. SentÃa mucho miedo. SabÃa que aquella cosa estaba cerca. Y entonces, antes de que pudiera reaccionar, algo salió disparado de entre los árboles. La criatura me embistió con una fuerza brutal, lanzándome al suelo. Sentà el impacto del suelo en mi espalda, sacándome el aire. Intenté gritar, pero no salió ningún sonido. Estaba paralizado por el miedo.
15:16 Aquella cosa no era como la recordaba de antes. Ahora, en lugar de pezuñas, tenÃa manos grotescamente humanas, aunque deformes, que se aferraban a mà con fuerza. Su rostro, una mezcla perversa entre humano y venado, estaba justo encima del mÃo. Pude ver su piel colgando en jirones. Su carne podrida emitÃa un hedor nauseabundo que casi me hizo vomitar. Sus cuernos, viejos y astillados, parecÃan aún más amenazantes de cerca. En un acto desesperado logré sacar el cuchillo que llevaba en el cinturón. Con un movimiento rápido y sin pensar, lo hundà en la espalda de la criatura. El grito que soltó no fue humano. Era un sonido que resonaba en lo más profundo de mis huesos, un aullido de pura rabia y dolor. La criatura se tambaleó lo suficiente como para que yo pudiera liberarme de su agarre. No perdà tiempo, me levanté y corrÃ. No me importaba el dolor en mis piernas, no me importaba la falta de aliento, solo sabÃa que tenÃa que escapar. Corrà hasta que mis pulmones no pudieron más, hasta que mis piernas se negaron a seguir.
16:27 Cuando sentà que ya no podÃa seguir, que tal vez era mejor dejar que aquella cosa me atrapara, escuché una voz. No le presté atención, pensé que era la criatura imitando a alguien para atraerme como habÃa hecho antes. La ignoré, pero la voz seguÃa insistente llamando mi nombre, esta vez con urgencia. Y fue entonces cuando entre la maleza vi a alguien salir. Era mi superior. Esta vez no era una ilusión ni un truco de esa cosa. Era él. Mi corazón casi se detuvo por el alivio. No podÃa creer que al fin me hubieran encontrado. Me llevaron de vuelta al campamento, aunque en mi estado de shock apenas pude recordar cómo llegué allÃ. pensar en lo que habÃa visto, en lo que habÃa sentido. No hablé con nadie durante dÃas, nadie hizo muchas preguntas, pero todos sabÃan que algo habÃa pasado.
17:25 Poco después, me di de baja del ejército. No podÃa imaginarme volver a entrar en un bosque, no podÃa soportar la idea de enfrentar de nuevo a lo que fuera que estuviera acechando allÃ.
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