Nov. 1, 2026

¿Qué pasa si se reduce el Estado?

¿Qué pasa si se reduce el Estado?
¿Qué pasa si se reduce el Estado?
Mis Preguntas con Roberto Pombo
¿Qué pasa si se reduce el Estado?

Recortar el Estado se volvió bandera de gobiernos y en Colombia el gobierno prometió recortar hasta en un 40%. ¿Qué gana y qué pierde un país cuando le quita tamaño al Estado?, ¿quién termina pagando ese recorte?

Para este capítulo hablamos con la economista y ex directora del Departamento Nacional de Planeación, Cecilia López; con el doctor en economía y docente de la Universidad del Rosario, Andrés García-Suaza; con el economista y ex director de Integración Social, Roberto Angulo; con Andrés Sampayo, doctor en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario; y con Esteban Nina, docente del departamento de ciencias políticas de la Universidad Javeriana.

0:07 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Qué pasa si se reduce el Estado? Recortar el Estado se volvió bandera de gobiernos y en Colombia el gobierno prometió recortarlo hasta en un 40%.¿ Qué gana y qué pierde un país cuando le quita tamaño al Estado?¿ Quién termina pagando ese recorte? Para este capítulo hablamos con la economista y exdirectora del Departamento Nacional de Planeación, Cecilia López. Con el doctor en Economía y docente de la Universidad del Rosario, Andrés García Suaza. Con el economista y exdirector de Integración Social, Roberto Angulo. con Andrés Zampallo, doctor en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, y con Esteban Nina, docente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana.

1:10 Soy Roberto Pombo y este es el capítulo 214 de Mis Preguntas. Bienvenidos. Hay varias promesas que siempre suenan muy bien en campaña, como reducir impuestos, crear más empleo o acabar con el crimen. Y hay otra que también entra en ese grupo. la de reducir el Estado. A todos les gusta. Casi nadie sale a defender la burocracia ni los puestos que se reparten como favores políticos, pero cada recorte termina anotándose en alguna parte, en un salón de clase con más alumnos o en una fila más larga en una oficina pública. Hace 100 años, en Inglaterra, un comité de empresarios recibió el encargo de recortar el Estado y salió de donde podía recortar. fue en agosto de 1921.

1:57 El gobierno británico de David Lloyd George le pidió a ese comité, presidido por Sir Eric Geddes, revisar todo el gasto público y encontrar 100 millones de libras de ahorro. A comienzos de 1922, el comité entregó tres informes que pedían recortar casi 87 millones de libras de un presupuesto de unos 528 millones, cerca del 16% de todo el gasto. El resultado pasó a la historia como el hacha de Guedes. El hacha apuntaba sobre todo a las Fuerzas Armadas, pero alcanzaba casi todo. El comité proponía suprimir puestos públicos y hasta ministerios enteros, entre ellos el de transporte, el mismo que Guedes había dirigido, y bajarles el sueldo a policías y maestros. Del ejército pedía sacar unos 50.000 hombres y al final se disolvieron 22 batallones de infantería. En los colegios planteaba subir de 32 a 50 el promedio de alumnos por salón y dejar sin escuela a los menores de 6 años, unos 600 mil. El informe causó indignación y el gobierno rechazó parte de las propuestas y terminó recortando 64 millones de los 87. Aún así, acabaron los planes de vivienda y se abandonaron las escuelas de continuación que iban a obligar a los jóvenes a seguir estudiando después de los 14 años. Los archivos nacionales británicos señalan que los recortes de Guedes empeoraron las posibilidades de crecimiento económico del país. En Colombia, reducir el Estado fue una

3:28 de las banderas de campaña del presidente Abelardo de la Espriella. Prometió recortarlo hasta un 40% en cuatro años, eliminar o fusionar por lo menos nueve ministerios, cerrar embajadas y suprimir unos 700.000 puestos entre funcionarios y contratistas, con un ahorro de entre 25 y 30 billones de pesos al año. Cuando hablamos del Estado, hablamos, entre otras cosas, de los ministerios, los jueces, los hospitales, los bomberos y colegios, la policía y las personas que trabajan en ellos. Reducirlo, según un artículo de investigadores en Geografía y Economía de la Universidad Estatal de Ohio y la Universidad de Cambridge, se nota en tres frentes, menos plata, menos servicios y menos personal.

4:10 Y en uno más difícil de ver, que el Estado deje de crecer al ritmo de lo que la gente necesita.¿ Qué gana y qué pierde un país cuando le quita tamaño al Estado? Escuchemos lo que respondió el economista y exdirector de Integración Social, Roberto Angulo Creo que la discusión de fondo, más allá de decir que el Estado debe ser cada vez más pequeño, debería ser la de la búsqueda de la eficiencia del gasto público como un objetivo superior, continuo, del Estado y de cada uno de sus funcionarios. Es una obligación ética de cada funcionario buscar siempre un mayor impacto social... los recursos que se tienen. Buscar siempre una asignación que permita el mayor impacto social posible. A veces el Estado tiene que cumplir otros objetivos y tiene que entrar en ocasiones a sacrificar cierto grado de eficiencia. Pero para eso tenemos nosotros la constitución política, la que nos dice qué es lo que se espera del Estado y cuáles son sus funciones.

5:06 Con estas dos cosas, las funciones y las obligaciones del Estado y la búsqueda incansable de la eficiencia, podemos llegar a tener un sector público del tamaño que necesita el país. Por eso, no es tan fácil como decir que siempre se necesita un Estado más pequeño. En algunas zonas del país el Estado es ausente. Ahí el Estado va a tener que crecer para cumplir sus objetivos. En otros procesos y en otras áreas el Estado puede ser muy grande e incluso sobrar. Ahí tiene que desmontarse. Por eso, hay que perseguir el objetivo de la eficiencia y no entrar en discusiones reduccionistas en las que siempre un Estado más pequeño es mejor. Hay una idea bastante popular y es que el Estado colombiano es enorme. En 2022, Nerio José Alvis, entonces director de Función Pública, la entidad que lleva la cuenta de quienes trabajan para el Estado, escribió un texto en el que mostraba algunas cifras para mostrar que eso no es tan cierto. Colombia tenía entonces cerca de 1,3 millones de servidores públicos y de cada 10 que trabajaban en la rama ejecutiva nacional, 8 eran maestros, soldados o policías. Alvis citaba datos de la OCDEM, el club de países al que Colombia ingresó en 2020, según los cuales en 2018 apenas 3,7 de cada 100 trabajadores colombianos trabajaban para el Estado, la proporción más baja entre los países de la región que medía el informe. El promedio en América Latina era de 12 y en la OCDE de 21. A esa planta hay que sumarle los contratistas. En 2024 las entidades nacionales tenían casi 162 mil personas vinculadas por prestación de

6:42 servicios y las que más tenían era el SENA y el DANE. Medido por la plata que maneja, el panorama cambia. Según datos de la OCDE, en 2023 la Nación, los departamentos y los municipios gastaron, sumados, el equivalente al 49,1% de todo lo que produjo la economía colombiana. Es como si de cada 100 pesos que se produjeron en el país, 49 hubieran pasado por las manos del Estado. El promedio de los países de la organización fue de 42,6%. El economista Juan José Chavarría, exgerente del Banco de la República, recuerda que a comienzos del siglo XX el gobierno central gastaba menos del 10% de la economía y que hoy gasta más del 20%. Según el FMI, desde 2019 el gasto corriente del gobierno nacional, todo el que no es inversión, creció más de cuatro puntos del PIB. Cerca de la mitad de ese aumento se fue en intereses de la deuda y la otra mitad en transferencias. La plata del gobierno gira para subsidios, pensiones o recursos de las regiones.

7:47 Ese gasto, además, ya tiene dueño. Según un análisis del Banco de la República, en 2024 el 89% del gasto del gobierno nacional era inflexible porque estaba amarrado por la Constitución, las leyes, las pensiones y la deuda. Los gastos más difíciles de mover son las transferencias a las regiones los intereses, las pensiones, la salud y los salarios. El más fácil de tocar es la inversión, que son las carreteras, los colegios y los hospitales por construir. Por eso, dice el Banco de la República, la inversión es lo primero que se sacrifica cuando hay que apretarse el cinturón. Y Colombia ya invierte poco. En las últimas dos décadas, la inversión pública promedió cerca del 3% del PIB, mientras que en América Latina y el Caribe pasó del 5%. En su análisis, un Estado grande... Ineficiente e insostenible, pero distribuye. El economista Juan José Chavarría explica que antes de impuestos y subsidios, Colombia es el país más desigual de América Latina y la intervención del Estado le baja la desigualdad más que en cualquier otro país de la región. Programas como Familias en Acción o Colombia Mayor llegan a los hogares pobres, mientras que las pensiones benefician sobre todo a quienes no lo son.¿ Cómo saber de verdad si un Estado es demasiado grande? Esto me contó Esteban Nina, docente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana Si el objetivo es evaluar si un estado es demasiado grande o demasiado pequeño, no basta con mirar una sola cifra.

9:18 En el caso de Colombia, dos indicadores son fundamentales, el presupuesto general de la nación y el gasto público social. En este contexto, existe una pregunta más concreta y desafiante.¿ Cuánto dinero necesitaría el país para que ninguna persona sea pobre? Para responder, voy a tomar datos actualizados de un trabajo de investigación que realizamos y está publicado en la revista Papel Político sobre el ingreso mínimo vital en la línea de pobreza. Según los datos del DANE, para el año 2025, el 28% de los colombianos, cerca de 14,4 millones de personas, vive por debajo de la línea de pobreza. Esta línea es estimada en 482 mil pesos mensuales por persona. Para cerrar completamente esa brecha de ingresos, el país tendría que destinar un subsidio aproximado de 6,9 billones de pesos cada mes, equivalentes a 83,6 billones de pesos al año. Esta cifra representaría alrededor de 14,5% del presupuesto general de la nación en de 2027 igual a $ 634 billones de pesos. Si se toma como referencia otro indicador como el déficit promedio de ingresos de las personas en pobreza, que es equivalente a $ 184 mil pesos por persona al mes, la deuda social anual sería de $ 31, 9 billones de pesos, equivalentes al 5,6% del presupuesto nacional. Más que una cifra económica, considero que el gobierno y la sociedad de contribuyentes debemos reflexionar sobre nuestras prioridades colectivas. La pobreza tiene un costo humano, pero también conocemos el costo monetario de superarla. Entonces surge otra pregunta.¿ Como sociedad estamos dispuestos a asumir esa inversión social para

10:51 construir una economía más equitativa? Pero la defensa o la idea de un Estado pequeño tiene una historia larga. En 1944, el economista austríaco Friedrich Hayek publicó Camino de Servidumbre, un libro en el que advertía que un Estado que se encargaba de planificar la economía termina quitándole libertades a las personas. En 1962, el estadounidense Milton Friedman defendió en Capitalismo y Libertad que el gobierno debía encargarse de pocas cosas como hacer cumplir la ley y los contratos y dejar el resto al mercado. En Chile, esas ideas llegaron al poder de la mano del régimen de Pinochet. Los llamados Chicago Boys, economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago, aplicaron después del golpe de 1973 un modelo basado en la confianza en los mercados y la apertura del comercio exterior. En marzo de 1975, Friedman viajó a Santiago, se reunió con Augusto Pinochet y recomendó un tratamiento de choque que incluía recortar el gasto público entre un 20 y un 25%. Después vino Margaret Thatcher, primera ministra británica, desde 1979, que aceleró el paso de la economía de su país del estatismo al liberalismo. Y en enero de 1981, Ronald Reagan dijo en su discurso de posesión una frase que se volvió bandera, que en medio de la crisis que vivía Estados Unidos, el problema era el gobierno.

12:20 Al resto de América Latina, esas ideas llegaron con la crisis de la deuda de los años ochenta En 1989, el economista John Williamson resumió en 10 puntos las reformas que respaldaban el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Tesoro de Estados Unidos. Entre ellas, reducir el déficit, privatizar las empresas del Estado y quitar regulaciones. La lista se conoció como el Consenso de Washington. Ese conjunto de ideas, un Estado reducido, con intervención limitada en los mercados internacionales y en la provisión de bienes y servicios es lo que se conoce como neoliberalismo. Por su parte, los críticos del Estado reducido hacen otro balance. Según el economista y profesor Jorge Coronel López, las reformas que se hicieron en América Latina desde finales de los 80 dieron resultados mixtos, que convivieron con desigualdad alta, ingresos concentrados e instituciones débiles. Otros críticos ponen el ejemplo de la crisis.

13:28 En abril de 2020, en plena cuarentena por el COVID-19, Alejandro Rodríguez Llach, investigador del Centro de Estudios de Justicia, argumentó que décadas de defender un Estado con pocos recursos había dejado al país mal parado para las emergencias. El país contaba con 1,7 camas de hospital por cada mil habitantes y las ayudas en efectivo que empezaban a girarse se quedaban cortas para los millones de hogares que viven de la economía informal. Su conclusión era que el Estado hace falta justo donde el mercado no alcanza a llegar, como la salud, la educación o la alimentación. Entre los dos bandos, algunos economistas proponen mirar algo distinto del tamaño.

14:10 Un estudio del FMI sobre 108 países en desarrollo encontró que los Estados más capaces, los que logran lo que se proponen, se derrumban menos en la crisis, aunque el efecto es modesto. Tres economistas del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Universidad de San Andrés mostraron que en América Latina el tamaño y la eficiencia no van de la mano. Guatemala tiene un estado pequeño e ineficiente que redistribuye poco. Argentina, uno más grande e ineficiente que redistribuye mucho. Y el FMI calcula que los países podrían sacar entre un 30 y un 40% más a la misma plata si gastaran como los más eficientes.¿ se puede tener un Estado más pequeño y que al mismo tiempo no abandone las necesidades de las poblaciones más vulnerables? Detrás de la inquietud a Andrés García Suaza, doctor en Economía y docente de la Universidad del Rosario.

15:07 Sí, uno podría decir que efectivamente podría tener un Estado más pequeño, pero igualmente efectivo para atender las necesidades de la población vulnerable. Para esto es muy importante, por ejemplo, analizar la efectividad que tienen las transferencias, entender qué tan bien focalizados son todas las ayudas que está dando el gobierno y desde el punto de vista operativo, qué duplicidades se pueden encontrar dentro de las instituciones que hacen trabajo sobre grupos poblacionales similares para tratar de eliminar de alguna forma este tipo de duplicidades.

15:51 En los últimos años, varios gobiernos han puesto a prueba la idea del Estado pequeño y el caso más cercano es el de la Argentina. Javier Milei hizo campaña blandiendo una motosierra y en sus primeros cuatro meses de gobierno anunció 15.000 despidos en el Estado, recortó los subsidios a la energía y al transporte, frenó obras públicas y bajó los giros a las provincias. Bueno, lo primero que tenemos que entender es que el Estado no es la solución. El Estado es el problema. Ustedes, si se fijan acá, tienen la gran rabiolada que es el Estado, el gran curro y la fuente de la decadencia argentina que es el Estado.

16:36 El gobierno presenta como sus grandes logros el recorte del gasto y la caída de la inflación. Cuando mi ley llegó en diciembre de 2023, los precios subían más de 25% al mes. En septiembre de ese año subieron 1,9%, aunque la inflación anual sigue en 33,4%, lejos del 0% que había prometido. Cada miércoles, los jubilados protestan frente al Congreso y en agosto de 2025, Milei vetó un aumento de 7,2% en sus pensiones para no poner en riesgo el déficit cero. Según el INDEC, la versión argentina del DANE, la pobreza llegó a 52,9% en el primer semestre del de 2024, bajó a 28,2% a finales de 2025 y volvió a subir a 32,3% este año. Entre los niños menores de 14 años, la pobreza llega al 44,5%. En Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump también aplicó la reducción del Estado a su manera. El Departamento de Eficiencia Gubernamental, conocido como DOCH, redujo en 2025 el número de empleados federales en unos 271 mil, según el Instituto Cato. Aún así, el gasto federal siguió subiendo porque lo grueso se va en pensiones y programas de salud que solo puede tocar el Congreso. En Chile, donde esas ideas llegaron primero al poder, el presidente José Antonio Kast asumió en marzo, con su propia motosierra, recortó un 3% del presupuesto de todos los

18:08 ministerios y recortó o cerró programas que consideró ineficientes. El déficit bajó, pero la economía se contrajo y el desempleo llegó a 9,6%, el más alto en más de cinco años. Pesaron el alza del petróleo y la caída de la minería, aunque, según el economista Nicolás Saldías, el menor gasto público también está frenando el crecimiento. Los defensores de la reducción del Estado tienen su caso favorito en Canadá. En 1995, con un déficit de 42 mil millones de dólares canadienses, el gobierno recortó el gasto de sus ministerios hasta dejarlo en tres años casi en un 19% por debajo de lo previsto y privatizó la Compañía Nacional de Ferrocarriles. En 1998 cerró las cuentas con Superávit por primera vez en casi 30 años. Los economistas Alberto Alesina, Carlos Favero y Francesco Givasi Estudiaron unos 200 planes de ajuste en 16 países ricos y encontraron que lo que recortan los gastos le cuesta a la economía mucho menos que lo que suben impuestos. Reconocen, eso sí, que no midieron cómo se repartió ese costo entre ricos y pobres y otros economistas del FMI sostienen que los beneficios de esos ajustes se han exagerado. Varios estudios han tratado de medir quién paga los recortes Un equipo de investigadores en salud pública encabezado por Marco Antonio Palma Solís, no relacionado con el vocalista de los buquis

19:39 de la Universidad Autónoma de Yucatán, comparó 161 países entre 1978 y 2002. En 50 de ellos, el estadounidense. redujo lo que gastaba por cada habitante en su funcionamiento, sueldos, compras y servicios, y en los otros 111 lo aumentó, en los que recortaron la mortalidad infantil bajo más despacio. Los investigadores le atribuyen a este recorte unos 4,5 millones de muertes de bebés entre 1990 y 2002, aunque el estudio muestra una asociación y no prueba por sí solo la causa. La politóloga Lauren McLean estudió qué pasó en África subsahariana después de las reformas que achicaron el Estado.

20:24 A medida que la calidad de escuelas y centros de salud caía, Los ciudadanos urbanos con más dinero se pasaron a lo privado y en lo público se quedaron los pobres del campo que se quejaban de largas esperas, falta de insumos y médicos ausentes. Otros estudios recogidos por el Fondo Carnegie por la Paz Internacional muestran que quitar los apoyos sociales de golpe debilita la confianza en las instituciones.¿ Por qué los recortes del Estado suelen terminar afectando más a los más pobres? Eso me explicó la economista y exdirectora del Departamento Nacional de Planeación, Cecilia López.

21:05 En parte este efecto de cuando se reduce o cuando se quiere reducir el gasto se termina perjudicando a los sectores más vulnerables. Obedece a la falta de compromiso de esta sociedad con la desigualdad. Aquí nos acostumbramos a ser uno de los países más desiguales de América Latina e inclusive del mundo sin que eso llevara a plantear seriamente cómo más que reducir pobreza habría que distribuir mejor los beneficios del desarrollo. Entonces, este efecto de afectar a los más pobres cuando se reduce el gasto es porque se limitan el subsidio y allí, como no hay esta sensibilidad, se cree que es lo más rápido sin pensar en las consecuencias sociales o, lo más grave aún, sin presentar alternativas que ya se están empezando a discutir. No es solo con subsidios como se reduce la desigualdad, ni mucho menos.

21:53 La desigualdad en Colombia sigue siendo muy alta. Es insertando productivamente a esta población, y eso es un proceso muy complejo, de reeducar fuerzas de trabajo, de convencer al sector privado de un nuevo rol. Colombia ya ha intentado achicar el Estado. En 2003, el Consejo Nacional de Política Económica y Social advertía que las entidades nacionales habían pasado de 204 en 1990 a 302 en 2002, con facultades extraordinarias que le dio el Congreso al entonces presidente Álvaro Uribe Firmó en febrero de 2003 18 decretos que funcionaron 6 ministerios, pasaron de 16 a 13 carteras y suprimieron unos 700 cargos. En 2011, ya con Juan Manuel Santos, una ley volvió a separar interior de justicia, salud de trabajo y ambiente de vivienda. Ni siquiera Nueva Zelanda, famosa por achecar el Estado en los 80, lo logró. Un estudio de 2025 encontró que su Estado no se encogió de forma sostenida y que sus leyes duplicaron su extensión desde 1988. Mientras tanto, el Estado encontró otra forma de crecer. Un estudio de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, dirigido por el profesor Pablo Zanabria, encontró que en 2007 uno de cada cinco nuevos trabajadores del sector público entraba por contrato de prestación de servicios y en 2017 subió a siete de cada diez. Los investigadores advierten que la alta rotación de

23:25 estos contratistas hace que se pierda el conocimiento y la continuidad de las políticas. El investigador Diego Fernando Rodríguez Casallas, de la Universidad de Boyacá, sostiene que después de los recortes de los años 80 y 90, estos contratos reemplazaron a los cargos públicos como moneda de clientelismo. Como duran máximo un año, el contratista depende de que su padrino político se lo renueve. Es lo que se conoce como nómina paralela. Esa nómina de contratistas es la que el gobierno del presidente de la Espriella dice querer recortar. El 30 de agosto, el presidente se declaró en contra de los contratistas eternos del Estado y siete días después firmó una directiva que ordena revisar esos contratos. Entre el 7 de agosto y el 7 de octubre, los contratistas de las entidades nacionales pasaron de 102.338 a 97.765. mientras que en el mismo periodo Iván Duque los había aumentado en 2% y Gustavo Petro en 4%. El ahorro por ahora es de 54 mil millones de pesos, cerca del presupuesto anual de la defensa civil. Para los críticos de la medida, más que un recorte, eso supone una masacre laboral. La silla vacía advierte que el 30% de quienes salieron llevaba cuatro años o más en el Estado y que con ellos se va el conocimiento de cómo funcionan las entidades.

24:47 Falta el recorte de los ministerios. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, quiere pasar de 18 a 13, pero según la Constitución, eso solo lo puede decidir el Congreso. Y aún cerrando ministerios, la mayor parte del gasto seguiría amarrada a pensiones, deuda y transferencias en las regiones. Según la OCDE, 20 de sus 35 países, con datos, revisan cada año programa por programa en qué se gasta para decidir dónde ahorrar. Colombia apenas ha hecho pruebas piloto. Busqué a Andrés Zampallo, doctor en estudios políticos e internacionales de la Universidad del Rosario, y le pregunté¿ Cuál es el límite para recortar ministerios y contratistas antes de que lo sientan los ciudadanos?

25:34 Lo primero que hay que tener claro es que el presidente no puede acabar ministerios por decreto. Eso lo decide el Congreso. Uribe, Santos, Duque y Petro tuvieron que sacar adelante un proyecto de ley y convencer a los congresistas de por qué hacía falta funcionar o crear ministerios y entidades. Lo que sí puede hacer solo es recortar presupuesto y sacar contratistas. Y ahí es donde está metiendo la tijera la gente. El gobierno ha puesto a los contratistas en el centro de su discurso. Si ahí estuviera el problema del país, algunos cumplen funciones esenciales y otros no. Y aunque nadie lo tiene sistematizado, Dentro de las entidades todo el mundo sabe quién es quién. Tanto es así que el mismo gobierno dejó por fuera de su recorte a los que hacen labores indispensables. O sea, que hasta ellos saben que sin gente el Estado no funciona. Aún así el gobierno insiste en recortar y recortar. Ese camino ya se ha recorrido en otros países, donde la economía se frenó y la cuenta la pagaron los ciudadanos. La prioridad tiene que ser mantener el crecimiento y para eso el consumo interno es clave. porque es uno de los motores más importantes de la economía colombiana. Ese consumo depende de que la gente tenga que comprar y por eso el Estado no se puede manejar como una empresa que solo mira la caja. Los ciudadanos no somos clientes del Estado, somos ciudadanos. Y el trabajo de un presidente es resolver las dinámicas sociales del país. Un recorte que ahorra tan poco y desordena tanto, le sale al país más caro que lo que se ahorró. El hacha

27:05 de Guedes Buscaba ahorrar 100 millones de libras y terminó llevándose los planes de vivienda y las escuelas de continuación para los jóvenes británicos. Un hacha corta donde alcanza y suele alcanzar primero a quienes no tienen a dónde más ir, como el niño de la escuela pública, el jubilado argentino o el campesino africano que espera a un médico que no llega. En Colombia, donde casi todo el gasto ya tiene dueño, El hacha alcanza lo poco que se puede mover la inversión y los contratistas que conocen las entidades. Un estado más pequeño puede ser mejor si antes de cortar revisa que funciona y protege a quienes atienden a la gente. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo 214 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capítulo.

27:55 A partir de este momento, este capítulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40.000 empresas en Colombia. Dirección, Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.