March 22, 2026

¿Por qué sigue existiendo una brecha de género tan grande?

¿Por qué sigue existiendo una brecha de género tan grande?
¿Por qué sigue existiendo una brecha de género tan grande?
Mis Preguntas con Roberto Pombo
¿Por qué sigue existiendo una brecha de género tan grande?

Más de la mitad del mundo son mujeres, y sin embargo son las que más carga laboral tienen, menos se les paga y son las mayores víctimas de violencia. ¿Qué tan lejos estamos realmente de la igualdad y la justicia de género?

Para este episodio hablamos con Gigi Borré Solano, politóloga y directora de la Fundación Dos Latinas; con María Inés Salamanca, representante ONU Mujeres Colombia; con la exdirectora de Asocapitales y candidata vicepresidencia, Luz María Zapata; con la economista y ex ministra de agricultura, Cecilia López; y con la periodista Jineth Bedoya.

0:06 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Por qué sigue existiendo una brecha de género tan grande? Más de la mitad del mundo son mujeres y, sin embargo, son las que más carga laboral tienen. menos se les paga y son las mayores víctimas de violencia.¿ Qué tan lejos estamos realmente de la igualdad y la justicia de género? Para este capítulo hablamos con Gigi Borré Solano, politóloga y directora de la Fundación Dos Latinas, con María Inés Salamanca, representante de ONU Mujeres Colombia, con la exdirectora de Asocapitales y candidata a la vicepresidencia Luz María Zapata, con la economista y exministra de Agricultura Cecilia López y con la periodista Ginette Bedoya. Soy Roberto Pombo y este es el capítulo 184 de Mis Preguntas. Bienvenidos.¿ Usted se tomaría un medicamento que no está hecho para usted? Bueno, eso pasó durante mucho tiempo. En buena parte del siglo XX, los laboratorios que probaban medicamentos en el mundo trabajaban con una regla para evitar complicaciones biológicas, muchos ensayos clínicos y se realizaban principalmente con hombres los investigadores temían que las variaciones hormonales femeninas alteraran los resultados de los experimentos desde el escándalo

1:40 de la talidomía en los años 60 un medicamento que provocó malformaciones en miles de bebés las autoridades sanitarias en Estados Unidos adoptaron en 1977 una recomendación que en la práctica terminó excluyendo de los ensayos a muchas mujeres en edad fértil Este fue el modelo con el que se avanzó en la medicina y la ciencia por muchos años. Se probaron medicamentos, se definieron dosis, se establecieron protocolos. Un informe del gobierno estadounidense encontró que, aunque algunas mujeres aparecían en ensayos clínicos, su participación era con frecuencia demasiado baja para detectar diferencias reales entre hombres y mujeres en la respuesta a los medicamentos.

2:25 Y esas diferencias existen. Por mucho tiempo, Una parte importante de la medicina moderna se desarrolló con medio mapa del cuerpo humano. Por décadas, muchos ensayos clínicos tomaron como referencia principal el cuerpo masculino y trataron esa experiencia como si representara a toda la población. Con el tiempo, los investigadores empezaron a observar diferencias importantes. Las mujeres pueden metabolizar ciertos medicamentos de manera distinta, experimentar síntomas diferentes frente a algunas enfermedades y presentar tasas distintas de efectos adversos. Cuando estas diferencias comenzaron a estudiarse con mayor atención, el panorama se volvió más complejo. Aquello que parecía conocimiento universal resultó ser en parte conocimiento construido a partir de una muestra limitada. Entonces, en 1993, Estados Unidos aprobó una ley conocida como la Ley de Revitalización de los Institutos Nacionales de Salud, que obligó a incluir mujeres y minorías en los ensayos clínicos financiados con fondos públicos. Desde ese momento, la ciencia empezó a descubrir algo que siempre había estado allí. Cuando se mira la realidad con más variables, el mapa del conocimiento cambia. Les cuento esta historia porque dice mucho sobre cómo funcionan las desigualdades, que no siempre aparecen como una prohibición explícita o como una ley injusta. Y es una de las tantas que existen en el mundo para las mujeres, como en el trabajo,

3:56 en la economía, en la política, en el cuidado de las personas. Sí, el mundo ha cambiado, pero el machismo y la misoginia siguen siendo un problema serio.¿ Qué tan lejos estamos realmente de la igualdad y la justicia de género? Esto me contó Gigi Borré Solano, politóloga y directora de la Fundación Dos Latinas. Es una pregunta bastante compleja y amplia porque nosotros cuando estamos hablando de desigualdad de género no es un error puntual que se corrige fácilmente, es una estructura histórica sobre la que se organiza la economía, la política, la vida íntima, la vida cotidiana. Entonces cuando intentamos cerrar esta brecha no estamos solamente ajustando como un tema de cifras, estamos tocando intereses, redistribución de poder, cuestionando privilegios y por supuesto esto es un trabajo complejo y genera resistencia. Entonces es un tema lento porque es un cambio estructural que hay que tocar lo económico, lo cultural y lo institucional. En el combina no solamente creación de leyes sino un cambio de mindset y un cambio cultural y por supuesto también voluntad política que en muchos momentos falta.

5:02 El pasado 8 de marzo se celebró como se hace cada año el Día Internacional de la Mujer. La fecha pasó un poco por debajo del radar porque ese mismo día se celebraban las elecciones de Congreso en Colombia. Con el paso de las décadas, las mujeres han recuperado terreno y derechos que les han sido negados antes, como el voto, la independencia económica, el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y más. Cada año, el Foro Económico Mundial publica uno de los estudios más completos sobre desigualdad entre hombres y mujeres, el Global Gender Gap Report. Este informe analiza cuatro áreas claves en casi todos los países del mundo, participación económica, educación, salud y poder político. Según el reporte de 2025, comparado con años anteriores, la brecha de género global se redujo en 0,3% en 2025 y pasando de 68,4% a 68,8%.

5:59 Estas cifras muestran un avance importante, pero a pesar de los avances, la desigualdad y las brechas de género siguen siendo un problema serio en el mundo. De acuerdo con el mismo reporte del Foro Económico Mundial, a ese ritmo, cerrarla completamente va a tomar unos 123 años. El progreso existe, pero es lento y es frágil. O sea que incluso si este progreso sigue como va, varias generaciones van a tener que vivir todavía en un mundo donde hombres y mujeres no tienen las mismas oportunidades. Y como con casi todo en el mundo, hay países que han cerrado más del 80% de su brecha y otros que apenas superan el 50%. La distancia entre los primeros y los últimos muestra que esto no es inevitable. Los que avanzan más rápido tienen algo en común, políticas públicas concretas, no solo buenas intenciones. Por ejemplo, países como Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia aparecen siempre en los primeros lugares del ranking. En estos países, la brecha de género está cerrada en más del 80 o el 90 por ciento gracias a políticas públicas sostenidas durante décadas, licencias parentales igualitarias y redes con cuidado infantil, participación laboral femenina alta y sistemas políticos con representación paritaria.

7:20 La Organización Internacional del Trabajo publicó en marzo de 2025 un informe que revela algo todavía más preocupante. Si se ajusta la medición considerando el nivel educativo, el tipo de empleo y las horas trabajadas, la brecha salarial de género en América Latina fue del 19.8% en ingresos mensuales en 2023, o sea, que la desigualdad real es casi el doble de lo que la mayoría de los indicadores convencionales muestran. Otros datos del Foro Económico Mundial muestran que la brecha en salud está cerrada en un 96,2% y la educación en un 95,1%. En cambio, la brecha económica solo está cerrada en un 61% y la política en apenas un 22,9%. Si se mantiene el ritmo actual, cerrar la brecha política tomará 162 años.

8:13 América Latina y el Caribe ocupan el tercer lugar regional con un puntaje de 74,5% y es la región que avanza más rápido. Ha ganado 8,6% desde 2006. La región tiene un historial sólido de liderazgo político femenino. 15 países han tenido una mujer como jefa de Estado en los últimos 50 años.¿ Por qué el cierre de la brecha de género ha sido tan lento?¿ Es un problema económico, cultural o institucional? Escuchemos la respuesta de María Inés Salamanca, representante de ONU Mujeres Colombia. Sí, los avances han sido lentos y es un problema tanto económico, cultural y también institucional. Es un tema estructural de la sociedad. Hoy contamos... Por ejemplo, hoy contamos con leyes y marcos mucho más sólidos. Tenemos países en América Latina, incluyendo Colombia, que cuentan con leyes robustas. Tenemos el mapa, por así decirlo. Tenemos el mapa de las rutas, de las autopistas, pero tenemos que pavimentar el camino. El reto es convertirlos en realidad, con recursos, voluntad política, presencia en los territorios, pero cada avance se debe traducir en cambios concretos en la vida de las mujeres. Por ejemplo, en Colombia cuenta más con 20 disposiciones constitucionales, legales, sobre acceso a la justicia, destacando, por ejemplo, la tipificación del feminicidio. Más reciente,

9:45 por ejemplo, la aprobación de la ley de prevención de la violencia contra las mujeres en la política y la prohibición del matrimonio infantil. Son, sin duda, avances muy importantes, pero hay que pasar de las leyes a la acción. Es decir, si no traducimos esas leyes en presupuestos reales, en rutas de atención funcionales, en los territorios, en una justicia que realmente escuche y proteja a las mujeres, el mapa se queda en un papel que no lleva a ninguna parte. Esto significa traducir la teoría en protección efectiva. Por ejemplo, a las defensoras de derechos humanos, a las defensoras ambientales, a las mujeres en política, a las mujeres lideresas sociales. Tener presupuesto para que la justicia llegue a los territorios y el trabajo conjunto, por supuesto, con las organizaciones de la sociedad civil.

10:34 Cuando se habla de brechas de género, quizás una de las más mencionadas es la brecha laboral o la de ingresos. Según un análisis reciente sobre la situación de las mujeres en el mercado laboral colombiano, hecho por el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, en desempleo la brecha entre hombres y mujeres es casi del doble. La tasa de desempleo en mujeres es de un 11.44% frente al 6.99% en hombres. Y en participación laboral general, las mujeres están 24 puntos porcentuales por debajo de los hombres. lo que refleja que muchas ni siquiera están buscando trabajo activamente. El 35% de las mujeres que quisieran trabajar pero no han salido a buscar empleo señala como razón las responsabilidades familiares y cerca del 32% de las que sí trabajan lo hacen en el sector servicios, venta, cuidados, servicios personales, precisamente los trabajos más vulnerables, más inestables y más mal pagados. Los sectores donde más trabajan las mujeres son, con una regularidad que no es accidental, son los sectores con peores condiciones laborales.

11:42 Los economistas llaman a esto segregación ocupacional y responde a la misma lógica. Los trabajos asociados al cuidado, a los servicios, a las personas, han sido históricamente menos valorados porque los han hecho las mujeres. Pero a este punto vamos a volver un poco más adelante. En salarios, la brecha depende del nivel educativo, pero en ningún caso desaparece. Las mujeres con universidad ganan 82 centavos por cada peso que ganamos los hombres. Y en mujeres que apenas lograron terminar el bachillerato, la cifra cae a apenas 70 centavos. El hallazgo más llamativo es que las mujeres empleadas tienen en promedio más educación que los hombres. El 18,41% tiene título universitario frente al 12,72%.

12:30 Esto muestra que aunque están más preparadas, tienen peores condiciones. El documento del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, señala que ese mayor nivel educativo no se traduce en igualdad laboral ni salarial. Un estudio técnico publicado por el Banco de la República analizó cuántos colombianos y colombianas han participado en el mercado laboral entre 1984 y 2024.¿ Por qué eso ha cambiado y qué pasaría con la economía si más mujeres pudieran trabajar? El estudio encontró que en esas tres décadas Colombia creció laboralmente sobre todo gracias a que más mujeres entraron a trabajar. La participación femenina pasó de ser la segunda más baja de América Latina en 1980 a la más alta del continente en 2024. En 1984, la diferencia entre la tasa de participación laboral de hombres y mujeres era de 42%, mientras que en 2024 esa brecha se redujo a 18%. El principal motor de esa reducción fue la educación. En 1984, las diferencias educativas entre hombres y mujeres explicaban más de 10 puntos de esa brecha, pero en 2024 su contribución es prácticamente cero.

13:47 Las mujeres igualaron y superaron a los hombres en escolaridad, pero a pesar de esos avances, la brecha persiste a todas las edades. Esta brecha laboral de salarios y Como todas las desigualdades, es un hecho injusto y perjudicial para las mujeres. Sin embargo, también tiene un efecto económico en toda la sociedad. Según el estudio del Banco de la República, si Colombia logra reducir la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres a la mitad para 2035, el crecimiento anual del PIB potencial aumentaría en 0,41 puntos porcentuales, lo que equivale a un PIB acumulado de 4,5 puntos porcentuales mayor que en el escenario sin cambios. Si las mujeres hoy tienen niveles educativos iguales o superiores a los hombres de muchos países,¿ por qué las diferencias de ingreso y participación laboral siguen siendo tan persistentes? Le trasladé la pregunta a la exdirectora de Azocapitales y candidata a la vicepresidencia, Luz María Zapata Sin duda alguna, la educación ha reducido de manera importante la desigualdad entre hombres y mujeres, pero no la elimina automáticamente, aún persiste. Todas esas barreras estructurales del mercado laboral. Las brechas persisten porque sigue habiendo factores indiscutibles como la discriminación, diría el machismo, que yo por ejemplo como mujer lo he llegado a vivir, he llegado a vivir el respaldo,

15:19 el apoyo total, rotundo de muchos hombres cuando he trabajado con ellos, lo que me he desenvuelto en un ambiente laboral principalmente masculino, pero también he sido víctima del machismo, de la discriminación, de llegarse a cuestionar por qué mi nivel es salarial por parte de estos hombres poderosos. También existe y sigue existiendo esa distribución desigual del cuidado. Las mujeres que somos como las cuidadoras de los hogares, seguimos asumiendo esas responsabilidades, entonces tenemos no solamente que competir en el mercado laboral, cumplir laboralmente, sino también asumir esos roles de cuidadoras que también hacen que estemos un poco en desventaja con los hombres. La segregación ocupacional, los sesgos institucionales y las trayectorias profesionales interrumpidas por la maternidad Ese también se ha vuelto un gran obstáculo para que las mujeres seamos contratadas y tengamos igualdad en igualdades laborales e igualdades en los ingresos de las mujeres.

16:45 Hace varios meses dediqué un capítulo a un problema específico, la economía del cuidado y la desigualdad. Es el 161, se lo recomiendo mucho. En ese capítulo me preguntaba por qué no se valora el trabajo doméstico y de cuidado. La economía del cuidado son todas esas labores poco tenidas en cuenta, pero que hacen parte fundamental para que la sociedad funcione, como las tareas domésticas y el cuidado de niños o adultos mayores, entre muchos otros. Pero sucede que es un trabajo que no recibe ningún tipo de remuneración. Pasa también que la gran mayoría de personas que hacen estos trabajos son mujeres. Según datos de ONU Mujeres, las mujeres dedican 2,8 horas más al día que los hombres al trabajo de cuidado no remunerado. Si la tendencia sigue, para 2050 las mujeres en todo el mundo van a seguir dedicando 9,5% más tiempo adicional por día al trabajo de cuidado no remunerado comparado con los hombres. Las mujeres no se dedican a estas labores de manera exclusiva, sino que deben cumplir con ellas sin retribución económica y además trabajar para ayudar a sostener un hogar. De acuerdo con la encuesta nacional del uso del tiempo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, el DANE, de 1924, en Bogotá nueve de cada diez mujeres hacen trabajo de cuidado, mientras que solo seis de cada diez hombres hacen esos trabajos.

18:10 Según la Organización Internacional del Trabajo, en todo el mundo, en 2023, 748 millones de personas de 15 años o más estaban fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidado, de las cuales 708 millones eran mujeres y 40 millones hombres. Y, según la cuenta satélite de economía de cuidado hecha por el DANE, que muestra el promedio nacional de de horas anuales trabajadas entre 2022 y 2023, en el total de horas trabajadas, es decir, entre el trabajo remunerado y trabajo de cuidado doméstico, las mujeres sumaron 54.902 millones de horas anuales, mientras que los hombres solo 41.245 millones. Es decir, las mujeres trabajan un 33% más que los hombres.

18:59 Otro estudio publicado también por el Banco de la República examina cómo han cambiado los roles de género y el uso del tiempo en Colombia a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI, usando datos de los censos de 1964 a 2018 y de las encuestas nacionales de uso del tiempo de 2016 y 2017 y 2020 y 2021. El documento tiene tres hallazgos bastante elocuentes sobre el tema. El primero es que, aunque la fecundidad cayó De seis hijos en promedio a menos de dos entre las nacidas entre 1981 y 1996, la educación universitaria femenina pasó de menos del 1% a cerca del 24%. Estos avances no se tradujeron en una división más equitativa del trabajo doméstico. Entre quienes trabajan, las mujeres siguen dedicando casi el doble del tiempo a labores domésticas no remuneradas que los hombres. El segundo hallazgo es que incluso cuando las mujeres aportan más de la mitad del ingreso del hogar, su carga doméstica no disminuye. En algunos casos, más bien aumenta. El estudio explica esto con la hipótesis del gender deviance. Las mujeres que superan a sus parejas en ingresos tienden a compensar esta desviación asumiendo más tareas no remuneradas. El ingreso por sí solo no corrige las desigualdades porque las normas sociales frenan la redistribución del cuidado. Y el tercer hallazgo es que la pandemia borró años de avances en cuestión de meses, el cierre

20:31 de escuelas y de rutinas.¿ Cómo afecta la sobrecarga de cuidado, la autonomía económica y las trayectorias profesionales de las mujeres? Eso me explicó la economista y exministra de Agricultura, Cecilia López. La menor duda, la sobrecarga del cuidado frena la autonomía económica de las mujeres. Mientras se siga pensando, como lo hizo Adam Smith hace 200, 300 años, que las mujeres son las cuidadoras naturales y que no hay que pagar por ello, las mujeres estarán destinadas a no tener otra opción que cuidar. Pero hay una solución clara. Hoy las mujeres no son las de hace 300 años. Hoy las mujeres en Colombia están más educadas que los hombres y controlan su fecundidad. Entonces, la solución tiene dos elementos. Primero, reconocer el cuidado como una actividad productiva igual a la educación y la salud, pero no es ni educación ni salud. Y segundo, sacar el cuidado del hogar de varias formas. Primero, a través del Estado con políticas públicas que asuma el cuidado de los sectores más pobres, que son los sectores rurales, de políticas de cuidado que se están haciendo, pero eso no es suficiente. Se olvida que el 70% del tiempo de las mujeres es para el cuidado del hogar. Allí se necesita que el gobierno estimule la tecnología para reducir ese tiempo al cuidado del hogar y además ofrecer cuidado en sus distintas facetas para que el sector cuidado lo pueda hacer para aquellos que pueden pagar por el cuidado. Solo así, sin la carga del cuidado, hoy una mujer educada y con menos hijos puede ser parte del mercado laboral y

22:03 tener autonomía económica. Pero quizás una de las peores formas en las que se muestra la desigualdad entre hombres y mujeres es en la seguridad, en la posibilidad de vivir sin la amenaza y el miedo a ser abusadas, maltratadas o incluso asesinadas simplemente por ser mujeres. Hay una frase que leí alguna vez y que me quedó fijada en la memoria de lo terrible. La mayoría de las mujeres han visto genitales masculinos sin su consentimiento o ha sido acosada en algún momento de su vida. Los datos de organismos internacionales y entidades estatales muestran que estas agresiones ocurren en prácticamente todas las sociedades y afectan a millones de mujeres cada año.

22:44 Empecemos con una cifra global que debería sacudir a cualquier sociedad. Según un informe de la OMS publicado en noviembre de 2025, Casi una de cada tres mujeres, unos 840 millones en todo el mundo, ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja o de carácter sexual a lo largo de su vida, una cifra que apenas ha variado desde el año 2000. La reducción es prácticamente imperceptible. La violencia contra las mujeres solo ha disminuido un 0,2% anual en los últimos 20 años. La OMS describe esto como una emergencia de salud pública mundial. La violencia sexual también ocurre fuera de las relaciones de pareja. La OMS calcula que 263 millones de mujeres han sufrido agresiones sexuales cometidas por personas que no son su pareja desde los 15 años, aunque los especialistas creen que la cifra real es mayor porque en muchos casos nunca se denuncia debido al miedo, la estigmatización o la desconfianza en las instituciones. De acuerdo con la OMS, en 2024, unas 50.000 mujeres y niñas murieron a manos de sus parejas u otros familiares. Esto significa que el 60% de todas las mujeres asesinadas en el mundo este año murieron a manos de alguien cercano. un promedio de 137 mujeres y niñas cada día.

24:07 En contraste, solo el 11% de los homicidios de hombres ocurren en la esfera privada. En Colombia, el panorama no es mejor. Todo lo contrario, la cifra de feminicidios ha ido en aumento. Según los datos del Observatorio de Feminicidios en Colombia, pasamos de 357 feminicidios en el año 2017 a 1.578 en 2014, el año con mayor incidencia de ese delito. Estamos hablando de que la cifra casi se multiplicó por cinco en solo siete años. Y solamente entre el primero de enero y el 31 de mayo de 2025, la Defensoría del Pueblo había registrado 352 casos, números que deberían paralizar a cualquier país. Y sí, en Colombia hay legislación que se supone protege a las mujeres de la violencia. En 2015 se promulgó la Ley 1761, llamada la Ley Rosa Elvira Selly, en conmemoración de una de las miles de víctimas de feminicidio. La ley tiene como propósito tipificar de manera autónoma el homicidio de mujeres cuando éste se hace por razones de discriminación u odio en razón de su sexo o género. Con esta ley se reconoció que un número significativo de asesinatos de mujeres no son solo homicidios comunes, sino crímenes de odio basados en subvaloración social, femenina y en prejuicios sexistas. También existe un marco legal que sobre el papel protege la igualdad, la Constitución, la Ley 1496 de 2011 sobre Igualdad Salarial, Convenios de la OITA y la Sentencia T-014 de 2026, que reiteró la protección especial

25:37 a mujeres embarazadas y lactantes. Incluso en mayo de 2023 se declaró una emergencia nacional por violencias basadas en género y se incluyó en el plan de desarrollo para implementar nuevas medidas urgentes que garanticen a las mujeres una vida libre de violencias. Sin embargo, no parece ser suficiente. Una de las conclusiones del informe del Foro Económico Mundial es que las leyes existen pero la realidad no las refleja. Sin embargo, como lo reconoce el reporte del Foro Económico Mundial, una barrera crítica es la brecha de implementación, la desconexión que hay entre las leyes que promueven la igualdad y la infraestructura real para hacerlas cumplir. Casi todos los países que están en el índice tienen esa brecha. Adoptar nuevas leyes no es suficiente si no hay mecanismos sólidos para aplicarlas.

26:34 Busqué a la periodista Ginette Bedoya para que me contara. Más allá de las leyes,¿ qué cambios culturales deben darse para acabar con las violencias basadas en género? Colombia tiene un marco normativo robusto para defender los derechos de las mujeres y ha legislado frente a crímenes tan barbáricos como los ataques con agentes químicos, el feminicidio, la violencia sexual y sin embargo ocupamos un lugar muy deshonroso a nivel del hemisferio y también en comparación con otros países en esas cifras de víctimas. Y por eso nos preguntamos qué más hace falta. Las leyes no se aplican, pero tenemos las herramientas para poder prevenir las violencias. Y tal vez lo más importante aquí sería que el Ministerio de Educación entendiera que es necesario implementar un pensum académico de prevención. Es como resetear nuevamente a las personas frente a qué son las violencias basadas en género en la primera infancia, en la secundaria y en las universidades. No es hablar de políticas de género que han sido tan cuestionadas sino es rescatar más bien una palabra que no tiene ni orientación sexual, ni sexo, ni género, el respeto.

27:47 Si le enseñamos nuevamente a la ciudadanía que del respeto nace todo para poder prevenir la violencia, seguramente el panorama sería diferente. La humanidad no puede avanzar si la mitad está sometida a una desigualdad sistemática. Mientras las mujeres tengan que trabajar más ganen menos, sean violentadas y asesinadas, el mundo no será un lugar mejor. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo 184 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capítulo. A partir de este momento, este capítulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40.000 empresas en Colombia. Dirección, Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.