¿Por qué no hemos sido capaces de solucionar el problema del hambre?

Hambre desbordada en el mundo, hambre desbordada en Colombia. En la era en la que la ciencia y la tecnología han resuelto prácticamente todo, ¿Por qué no hemos sido capaces de solucionar el que sea tal vez el problema más antiguo de la humanidad?
Para este capítulo hablamos con el periodista Martín Caparrós; con el historiador Juan Esteban Constaín; con Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia; con el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Jorge Bedoya. También hablamos con el padre Daniel Saldarriaga, director del Banco de Alimentos de Bogotá; y con la Directora Ejecutiva de la Cámara Industria de Alimentos Balanceados de la ANDI, Laura Pasculli.
Soy Roberto Pombo, y estas son mis preguntas. Un programa de prisa media hecho posible por cafam inspirando. Sonrisas hambre desbordada en el mundo, hambre desbordada en Colombia. En la era en la que la ciencia y la tecnologÃa han resuelto prácticamente todo, en la que los carros se manejan solos, por qué no hemos sido capaces de solucionar el que sea tal vez el problema más antiguo de la humanidad. Para este capÃtulo hablamos con el periodista MartÃn Caparrós, con el historiador Juan Esteban, con SaÃn, con Juan Carlos Buitrago, director Ejecutivo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, con el Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Jorge Bedoya. También hablamos con el padre Daniel Saldarriega, director del Banco de Alimentos us de Bogotá, y con la directora Ejecutiva de la Cámara, de la Industria de alimentos Balanceados, de la Andy Laura Pasculi. Buscamos a la Ministra de Agricultura, Jennifer Mojica, pero no fue posible tener una respuesta. Soy Roberto Pombo, bienvenidos a mis preguntas. Estamos en un punto de la historia en el que el mundo de los siguientes diez años o muchÃsimo menos, será muy distinto al de los diez años anteriores. Estamos en una era en la que las transformaciones y los avances se ven con muchÃsima nitidez. Hoy es muy normal, o bastante normal, abrir el celular, tocar la pantalla y navegar en Internet. Es normal que la pantalla del celular siga las instrucciones del dedo. Vimos de hacer esa tecnologÃa. Un señor de gins y cuello de tortuga bajito sostenÃa un celular y le mostraba al mundo cómo un teléfono lo contenÃa todo y él sabÃa que estaba cambiando el mundo. Or Wons Willson progralle n vimos como otro de esos señores de la tecnologÃa, anunciaba una nueva carrera al espacio con la promesa aparentemente absurda de que los cohetes volverÃan a la tierra y aterrizarÃan de manera automatizada un invento no menor. Hacer que los cohetes sean reutilizables significa un ahorro de entre dieciséis y veinte millones de dólares por aparato. Sabes fue cany Reeus the Rockett Rock fil Monge Vimos como el Centro Europeo para la Investigación Nuclear, anunció que habÃa logrado aislar una partÃcula conocido como la partÃcula de Dios y esta generó materia a partir de energÃa. Es decir, hoy está más viva que nunca. La hipótesis de que la creación del universo se dio a partir de la nada. Los saltos son cuánticos y los hemos vivido en vivo y en directo. Yo que soy ya un señor llegando a los setenta años, siento que veo la historia pasar por mis ojos y por mis manos de una manera muy distinta a la que pasaron los sucesos en mi juventud. Todo pasa tan rápido que le vamos perdiendo el ritmo a la vida con inteligencia artificial. Pasa tan rápido que pasamos de la emoción a la alerta. Un señor llamado John free Hinton renunció hace un par de semanas a Google. Hinton fue pionero con su trabajo sobre redes neuronales, un sistema matemático que aprende habilidades analizando datos nada más y nada menos que la semilla de la inteligencia artificial. Este genio dejó su trabajo para advertir con libertad de los riesgos de su creación. Qué miedo, y no me quiero llenar de miedos. Pero al mismo tiempo que se avanza frenéticamente, surgen boses que dicen par en paren entendamos para dónde vamos. En marzo de este año, por ejemplo, se conoce una carta publicada por el Future of Life in SCES que anunciaba profundos riesgos para la ociosidad y la humanidad y pedÃa a los laboratorios de inteligencia artificial una gavela de seis meses en el que pararan el entrenamiento de estos sistemas. La carta firmada por Elon Musk, financiador original de Open Ai, fue una bola de heno al tiempo en el que se presentaba el GPT cuatro, que ya podÃa redactar demandas, aprobar exámenes estandarizados y hasta crear un sitio web en segundos con solo un boceto dibujado a mano. Tengo mi aburro, tengo miedo en este momento, este momento el mismo musk ha hablado en varias oportunidades sobre la necesidad de una renta básica para las personas por cuenta de los trabajos que se perderán por los robots, la automatización y la inteligencia artificial. Lo we tener afens ros origin bardenas o bordas. Es la exima hop s jabs. Gracias, chasp oboe festein este geforthanas. Pero bueno, este eritn r s o e y todo este drama introductorio tiene que ver con una paradoja que se me viene a la cabeza con cada avance que leo. Cómo es que estamos en el momento de la historia en el que se resuelve lo más complejo, en el que prácticamente descubrimos el origen del universo, pero no logramos una solución definitiva al problema más antiguo y básico de resolver en la historia de la humanidad, el hambre. Cómo creer que la idea de una renta básica global se puede dar si no somos capaces de garantizar a cada persona el derecho básico a la alimentación. Qué pregunta tan existencial. Pero la vida está cada dÃa rozando en el absurdo y, de alguna manera, en la grandeza, la megalomanÃa. Las ganas de conquistar el universo hacen que nos olvidemos de los temas menores, de los problemas de verdad, en una era en la que, como lo dijo Hinton al New York Times, los humanos ya no serán capaces de saber qué es verdad. Hablo con el padre de Daniel salda Arriaga, director del Banco de Alimentos de Bogotá y una de las personas que más sabe sobre el hambre. Eso me dice, el problema del hambre es un problema que nos tienen que preocupar a todos los colombianos. Estamos en un paÃs donde hay hambre, no porque falte comida, y estamos en un paÃs donde muchos de los que pasan hambre están viendo sin esperanza el tiempo que les está tocando vivir. Nuestro ampliemento de Bogotá ya viene hace veintidós años trabajando en la lucha contra el hambre y sentimos que somos un paÃs donde la solidaridad y el deseo de ayudar está en el corazón de mucha mucha gente. Pero en nuestro paÃs, con cincuenta y cuatro universidades, el año pasado y mil novecientos cinco estudiantes estuvimos acompañando a novecientos noventa y tres organizaciones para socorrer acerca de quinientos setenta y cuatro cero personas que ayudamos. Movimos más de dieciocho millones de kilos de producto. Pero todo esto es muy poquito cuando pensamos que la realidad del hambre está siendo que para cerca de veinte millones de personas no sea seguro el alimento cada dÃa. Necesitamos ante el tema del hambre socorrer a los campesinos y salvar comida que en nuestros campos no alcanza ni a cosecharse ni a transportarse. Necesitamos ver cómo las industrias pueden tener un estÃmulo mejor para que de verdad no se vuelva comida de animales, el alimento que no puede ser entregado para que llegue a tantos que no lo pueden comprar. Recuerdo un libro del periodista argentino MartÃn Caparrós, publicado en el dos mil trece, llamado El hambre, Es tal vez uno de los mejores documentos en español sobre el tema que cualquier persona deberÃa leer y después de una década de leÃdo, en mi caso, releer es impactante, sobre todo en materia descriptiva. Caparros se tomó dos años de su vida para conocer testimonios y contar las historias de personas de la India, bangladeshe Njerqueña, Sudán del Sur, Madagascar, Argentina, Estados Unidos y España, que por diversas razones, han sufrido de verdadera hambre. Para Caparrós, el hambre es sin duda la mayor vergüenza de la humanidad, opinión que comparto en sus palabras. Auro Comillas, la muerte es lo que menos importa. Lo que importa es vivir asÃ, tener hambre todos los dÃas, no saber si se va a conseguir un pedazo de pan, no saber si se va a tener con qué alimentar a los hijos, vivir en la incertidumbre constante. Eso es lo que desgasta, Eso es lo que mata. Cierlo Comillas, le escribo al periodista. Le pido una primera opinión, por qué cree que con este exceso de avances, el problema más básico del hambre no ha sido posible de resolver. Me envÃa este audio. Hay muchas razones por las cuales no hemos podido solucionar. La mayor vergüenza de nuestro tiempo el hecho de que, en un mundo preparado para alimentar a todos sus habitantes, todavÃa hay como mil millones de personas que no comen lo suficiente. Pero básicamente esto tiene que ver con que la industria alimentaria, el global, no está enfocada en alimentar a todos. Está enfocada en que cada uno gane la mayor cantidad de dinero posible y, por lo tanto, lo que se produce es aquello que van a comprar los mercados más ricos y eso no necesariamente es lo que necesitan las personas más pobres. Se produce para ganar dinero para alimentar y, por otro lado, el hambre. Finalmente, siempre es un problema de otros. La gente que decide nunca está quejada por eso, como si puede sentirse aquejada quizás por el cambio climático u otras cuestiones. Entonces siempre es fácil hablar y no hacer nada, porque, de todas maneras los que lo sufrirán para ser otros. El registro histórico del hambre se remonta a la antigüedad y en este caso no se puede decir por ahora que todo tiempo pasado fue mejor. Las hambrunas eran una amenaza constante para las sociedades agrarias y eran salvajes. Los muertos se contaban por millones en la Edad Media. Las hambrunas eran comunes en Europa y se producÃan con frecuencia después de desastres naturales como sequias y malas cosechas. En el siglo XVIII se produjeron grandes hambrunas, como la de la China, que mató más de quince millones de personas, mientras que en el siglo XIX, Irlanda sufrió una hambruna que mató a un millón de personas y obs a otros dos millones a migrar. Busco al historiador Juan Esteban ConssaÃn y le pregunto nuevamente por qué, con tantos avances, aún no hay solución definitiva para el hambre. Esta vez, por supuesto, busco una perspectiva histórica. Esto nos dice Roberto ya en el siglo V fabio fulgencio hacia un juego de palabras en latÃn, entre la fama y la fames, entre la fama o la abundancia y el hambre. Ese parece ser el destino de la especie humana y en nuestra época no deja de ser muy doloroso que, a pesar de todos los avances materiales, tecnológicos y económicos. Haya tanta gente que siga sufriendo millones de personas el flagelo del hambre. Por qué la pregunta no es fácil y la respuesta no es sólo una máximo montanari un gran historiador italiano apuntan a lo obvio. El problema del hambre es el problema de la injusticia en la distribución de los recursos. El problema del hambre es el problema de la guerra y, sobre todo, el problema de la desigualdad social. Y cuanto más avanza y se desarrolla nuestra especie, más se ahonda ese drama. Volvamos al presente. Por supuesto que hay un gran avance con una perspectiva de siglos. No cualquier plaga ni cualquier evento natural desabastece el mundo los logros en materia de producción, que también entraron nuevos problemas. Pero ese es otro capÃtulo. Prácticamente cerraron la brecha con respecto a la demanda mundial de alimentos, pero el acceso universal a los alimentos de forma plena y balanceada aún se ve distante. El último informe de Naciones Unidas, publicado en dos mil veintidós con cifras a dos mil veintiuno, elaborado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agóricola FIDA, la Organización Mundial para la Salud OMS, el Programa Mundial para Alimentos PM y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF arrojó cifras alarmantes trans crÃulos destacados del informe uno. Hasta ochocientos veintiocho millones de personas padecieron hambre. En dos mil veintiuno, cuarenta y seis millones de personas más que del año anterior y ciento cincuenta millones más que en dos mil diecinueve. Dos Tras permanecer relativamente sin cambios desde dos mil quince, el porcentaje de personas afectadas por el hambre se disparó en dos mil veinte y siguió aumentando en dos mil veintiuno hasta alcanzar el nueve coma ocho por ciento de la población mundial, frente a los porcentajes del ocho por ciento registrado en dos mil diecinueve y el nueve coma tres por ciento en dos mil veinte tres, alrededor de dos mil trescientos millones de personas en el mundo, veintinueve coma tres por ciento se encontraban en situación de inseguridad alimentaria moderada grave en dos mil veintiuno. Esto es trescientos cincuenta millones de personas más que antes del brote de la pandemia de la covid diecinueve, cerca de novecientos veinticuatro millones de personas el once coma siete por ciento de la población mundial afrontaron niveles graves de inseguridad alimentaria, lo que supone un aumento de doscientos siete millones en un intervalo de dos años. Pero las advertencias se fueron agudizando por condiciones como la guerra entre Rusia y Ucrania, el calentamiento global y el coletazo de la pandemia abro comillas. El año dos mil veintitrés era recordado por una hambruna mundial. A finales de dos mil veintiuno habÃa doscientos ochenta y dos millones de personas en situación de inseguridad alimentaria extrema. A finales de dos mil veintidós rondaba los trescientos cuarenta y cinco millones. Cincuenta millones de personas podrÃan morir de hambre a principios de dos mil veintitrés si se sigue la trayectoria actual cierro comillas. Asà se lee en un informe reciente del PMA al programa de la on que se encarga de la asistencia alimentaria global de Angustia. Volvemos a hablar de millones de muertos por hambre después de tantos siglos, superar el hambre mundial es un problema evidentemente polÃtico. Busco a Jorge Bedoya, Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia. Esto me dice no es un problema eminentemente polÃtico. Por supuesto que hay que tomar decisiones polÃticas en materia de lo que hay que hacer para incrementar la producción rentable de alimentos, pero también para mejorar la condicción económica de aquellos ciudadanos que no pueden acceder a una alimentación o una base nutricional mÃnima y suficiente para el desarrollo de sus capacidades, en particularmente los niños, las niñas y en los adolescentes, pero también resolver el tema del hambre. Pasa por el tema de cambio climático y frente a eso, más allá de posibles decisiones polÃticas, eso pareciera ser irreversible. Y si bien hay medidas de mitigación, pues desafortunadamente parecieran no ser suficientes. Y un punto que no hay que dejar de mencionar es que sà pasa por la polÃtica. Pero a veces la polÃtica es irracional, como es la invasión de Rusia a Ucrania y todo lo que esto ha generado en el mercado mundial de insumos, en el mercado mundial de alimentos, al punto que se ha puesto en alto riesgo la seguridad alimentaria de millones de ciudadanos, particularmente en paÃses africanos, de tal manera que no se limita a la polÃtica. Pero claro que involucra en gran medida las decisiones de los polÃticos, pero también de todos quienes actuamos en los sectores agroalimentarios, tanto desde la oferta, pero también desde el lado del beneficio de los consumidores. De cualquier manera, resulta un contrasentido que, en la época de las soluciones y la tecnologÃa y la productividad, los números sean los que acabamos de leer y aún no hemos tocado el tema del desperdicio. Según la fau cifra de dos mil diecinueve en todo el mundo, un catorce por ciento de los alimentos, con un valor estimado de cuatrocientos mil millones de dólares se pierde entre la cosecha y la distribución. Otro diecisiete por ciento se desperdicia en la distribución y entre los consumidores finales. Según el programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente numa cifra del dos mil veintiuno poquito más reciente. Asà pues, el desperdicio total se calcula en mil tres cientos millones de toleradas cada año, equivalente a un caso de la producción alimentaria mundial, y es el responsable del siete por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y si ya el hambre la segunda década del siglo veintiuno es una paradoja, un problema que es imperdonable que no tenga solución. El hambre en los niños, la desnutrición infantil es exponencialmente más imperdonable. El informe más reciente del estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, publicado en dos mil veintiuno por varias organizaciones de Naciones Unidas, encontró que el dieciocho coma seis por ciento de los niños menores de cinco años en el mundo sufre un retraso en el crecimiento debido a la desnutrición crónica, mientras que el cinco coma siete por ciento de los niños menores de cinco años tienen emaciación o de desnutrición aguda y como si esos números no fueran suficientemente perturbadores. Según los datos más recientes publicados por la OMS en dos mil veintiuno, se estima que la desnutrición subyacente está presente en el cuarenta y cinco por ciento de todas las muertes de niños menores de cinco años, lo que equivale a casi tres millones de muertes de niños cada año abro comillas. El niño quederó cero a los cinco años no recibió los nutrientes imprescindibles. No sólo tendrá tallas más bajas sino que aprenderá más lento y nunca desarrollará todo el potencial cognitivo, afectivo y personal. Probablemente llevarán esta marca en todo su ciclo vital y en su genética. Están prácticamente condenados a la réplica en sus hijos cierro comillas. Asà le dijo Daniela Sarmiento, experta de nutrición de sef de Children en Colombia, al diario El paÃs el futuro. Entonces no pinta bien. Una de las conclusiones del estudio potencial de desarrollo en los primeros cinco años para niños en paÃses en desarrollo publicado en la revista prestigiosa del LANCE es que muchos niños en los paÃses en desarrollo están expuestos a múltiples riesgos de desarrollo deficiente, incluida la pobreza de la mala salud y nutrición, y según una estimación conservadora es que más de doscientos millones de niños menores de cinco años en los paÃses de economÃas emergentes no se están desarrollando al máximo de su potencial. Este estudio también muestra que la malnutrición durante los primeros años de vida puede afectar el desarrollo cognitivo y fÃsico, lo que puede tener consecuencias duraderas en la capacidad de aprendizaje y en la calidad de vida. Estamos hablando de doscientos millones de personas de una generación que afrontar problemas cognitivos. No es un dato menor y, como sospechábamos, Colombia no es la excepción ni mucho menos un modelo a seguir. Juan Carlos Buitrago, director Ejecutivo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia Medio. Este dato en el paÃs. A dÃa de hoy hay aproximadamente diecinueve millones de personas usando estrategias de afrontamiento un nombre bastante elegante para hablar de recursos, como disminuir las porciones de los alimentos, saltarse comidas, pedir elementos prestados o endeudarse para poder comer. Además, más de catorce millones de personas en Colombia presentan consumo insuficiente de alimentos, es decir, que no todos los dÃas pueden consumir alimentos ricos en nutrientes como frutas y verduras y muy Esporádicamente pueden comer alimentos ricos en proteÃnas, o sea carne, lácteos o huevos. Le pregunto a ultrago cuál puede ser el efecto futuro de una sociedad con hambre. Actualmente, en Colombia tenemos un poco más de quinientos mil niños menores de cinco años con una enfermedad que se llama desnutrición crónica. Está demostrado que estos niños van a tener catorce puntos menos de coeficiente intelectual, cinco años menos de escolaridad y cincuenta y cuatro por ciento menos ingresos en su vida adulta. Un estudio que hicimos los bancos de alimentos de Colombia determina que hoy en Colombia tenemos un poquito más de cinco millones de colombianos que tuvieron esta enfermedad en su primera infancia, y esta es una enfermeda irreversible. Es el diez por ciento del paÃs. Cinco millones de colombianos hoy son menos inteligentes por culpa del hambre. El efecto de una Colombia con hambre es el efecto de niños menos inteligentes, mil niños menos saludables, niños menos felices. Es un futuro con personas menos inteligentes y menos productivas, un futuro menos próspero para el paÃs. Y por eso la apuesta que tenemos los bancos de alimentos de Colombia en la lucha contra el hambre, de acabar con el hambre del paÃs, de acabar con las muertes por desnutrición y de acabar con la nutrición crónica que está haciendo que nuestros niños no puedan desarrollar el pleno de sus potencialidades y de sus capacidades como si todo esto no fuera poco. El problema del hambre en Colombia se ha agudizado por factores como la migración. Colombia es el paÃs de Latinoamérica que ha recibido más migrantes venezolanos, el desplazamiento por el conflicto armado, el confinamiento de varias regiones del paÃs también por el conflicto armado y donde no llegan alimentos, la inflación que el año pasado subió el precio de los alimentos en un promedio de veintisiete por ciento y la pobreza uno de los principales motivos de desnutrición en todo el mundo. En Colombia, diecinueve seis millones de personas viven por debajo de la lÃnea de pobreza, con un ingreso percapio de trescientos cincuenta y cuatro mil pesos y, según un estudio realizado por la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia y que se actualiza cada tres meses, comer de manera adecuada con todos los nutrientes requeridos, cuesta seiscientos cuarenta y tres mil pesos mensuales por persona. Los cálculos no cuadran de acuerdo con el mapa mundial del hambre del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. El ochenta por ciento de la población del departamento de huaynÃa presenta consumo insuficiente de alimentos. Tan sólo un niño una persona que muera por desnutrición ya es mucho. Por eso el siguiente dato me arruga todavÃa más el corazón en lo que va ocurrido de este año. En Colombia se han reportado ochenta y cuatro muertes de menores de cinco años por desnutrición, de las cuales solamente en la Guajira han sido veinticuatro. Nos rajamos en lo más básico, no dejar que los niños mueran de hambre y yo sé que se les ocurre la misma pregunta que a mà no somos acaso un paÃs rico en producción de alimentos como para que muera gente de hambre. Poco hablamos del tema, pero con la apertura económica, con la implementación del TLC con Estados Unidos, llegaron grandes beneficios, como por ejemplo, el acceso a tecnologÃas que difÃcilmente podÃamos producir en el paÃs. Nos modernizamos por simplificar el asunto, pero también vimos cómo en materia agropecuaria nos fuimos quedando rezagados y con una abalanza comercial negativa, una brecha en constante crecimiento. Hay quienes dudan que el origen de esto sea el TLC. Pero bueno, si en el ochenta y seis exportamos uno ocho millones de toneladas e importamos uno dos. Para el dos mil diecinueve, la exportación creció a cinco millones, pero la importación se disparó a trece ocho millones de toneladas. Claro que aumentaron nuestras ventas, pero un costo muy alto. Importando en exceso, perdiendo tiempo para la habilitación de nuevas tierras, perdiendo terreno en el desarrollo de semillas, frenando la implementación de nuevas tecnologÃas. Nos volvimos codependientes de la importación, sobre de todo, de maÃz, trigo y tortas de soya, que pesa en el setenta por ciento del total de la importación de alimentos. El problema viene por cuenta de que gran cantidad de esos insumos son alimentos para animales como gallinas, cerdos y peces. Es decir, importamos los alimentos de nuestros propios alimentos y, si afuera sube el precio internamente, nuestras proteÃnas animales también lo harán. Quedamos expuestos a la volatilidad de los precios y la producción internacional, la devaluación de nuestra moneda y la presión de otros paÃses que también pujan por estos insumos. En un mundo ideal, Colombia deberÃa producir sus propios granos, pero va más allá de darle tierra a los campesinos y toma mucho más tiempo de lo que la paciencia de un pueblo con expectativas tan altas aguanta qué va a ser lo primero donde usted pisa esa casa de Narino, va a vivir allá o va a vivir en Santa Ana. TodavÃa el mundo decreto para acabar el hambre en Colombia, que no se acaba por decretos, sino con más medidas muy especiales. En esta búsqueda de sobrarÃa y seguridad alimentaria, la empresa, esa privada, juega un papel importante, sobre todo para darle la escala necesaria del proyecto. Para empezar, se necesita habilitar cerca de uno dos millones de hectáreas. Esa es la parte más fácil. Luego viene un desarrollo y una maduración de más o menos una década y para poder trabajar en un horizonte de diez años hay que resolver temas de seguridad jurÃdica para quienes inviertan. En la preparación de tierras y compra de maquinarias, hay que incorporar semillas de alta tecnologÃa que mejoren el rendimiento de los cultivos. No podemos competir, por ejemplo, si nuestras semillas de maÃz producen cinco o seis toneladas por hectaria y las de paÃses que sà le puede estar en la tecnologÃa logran dos o trece toneladas en el mismo espacio de tierra. Para ponerlo más claro, es un error la prohibición de semillas transgénicas si queremos competir y ser autosuficientes, y por supuesto, pasa por tener los mÃnimos En cuanto a maquinaria infraestructura que puedan ser utilizados por el pequeño, el mediano y el gran productor. Buscó a Laura pascul Y, Directora Ejecutiva de la Cámara de industria de alimentos balanceados de la ANDI y que viene trabajando en el proyecto soya maÃz, proyecto paÃs que busca en diez años habilitar al menos seiscientos cuarenta mil nuevas hectáreas para que en el dos mil treinta y tres, cerca del cuarenta y cinco por ciento del consumo de maÃz y solla sean locales. Esta apuesta implica inversiones cercanas a los diecisiete billones de pesos y la generación potencial de ciento sesenta mil nuevos empleos. Le pregunto cómo hacer viable este proyecto. Eso nos responde. Las palancas que hemos visto que son necesarias para mejorar la productividad y el desarrollo de la cadena son contarse con semilla de alta tecnologÃa y altamente productivas, garantizar la segura jurÃdica en el establecimiento de estos cultivos y de manera que sean sostenibles a lo largo del tiempo, y también trabajar en la incorporación de buenas prácticas de cultivo, el uso adecuado y eficiente fertilizantes bienes somos, y incorporar la agricultura de precisión y regenerativa, mientras del desarrollo de los cultivos, bien desarrollar la industria de la cale en Colombia, necesaria para cubrir la necesidad de los suelos, especialmente en la antillanura, que es una de las zonas más importantes del paÃs. Por otro lado, vemos necesitar un desarrollo de infraestructura productiva para el cultivo, como son los sistemas de drenaje de riego, las estaciones de monitoreo ambiental para mitigar impactos de cambio climático y la infraestructura de post cosecha, como son las plantas de secamiento y almacenamiento que nos permitan garantizar calidad del maÃz y la disponibilidad de oferta a lo largo del año, trabajar conjuntamente con el Gobierno en fortalecer los instrumentos de polÃtica pública, tales como el crédito y financiamiento, los seguros agropecuarios y la asistencia técnica especializada para todos los productores. Volvamos a lo de siempre. Los cambios necesitan tiempo y ningún problema profundo se solucionará de la noche a la mañana. Ser soberanos y garantizar nuestra producción de alimentos tomará tiempo y todos los actores campesinos e industriales tendrán que ser parte de este esfuerzo. Y mientras tanto, el hambre continúa crece y no podemos taparnos los ojos frente a un drama que se soluciona con comida asà de sencillo, sin tanta ciencia. Más ahora que el mundo verá millones de nuevos desempleados por cuenta de la inteligencia artificial, trescientos millones según el cálculo de Goldman SAX. Asà que por ahora sólo nos queda ser solidarios, donar, donar y donar. Hace poco, el Presidente Petro sacó pecho, como es costumbre, a través de su cuenta de Twitter, sobre los avances de su Gobierno en la lucha contra el hambre. En un trino publicado y luego borrado en la cuenta de Presidencia, dijo auro Comillas. Mientras en el mundo la inflación está desbordada, en Colombia logramos que esta sea negativa, lo cual significa que la lucha contra el hambre ya comenzó a dar sus frutos. Cierro Comillas. No sé si el Presidente tiene ono razón con esta afirmación, pero aunque el precio de los alimentos haya disminuido un cero coma cero siete por ciento. TodavÃa falta mucho para lograr acabar con el franjero del hambre en Colombia. Soy Roberto Pombo y este fue el capÃtulo número tres i cinco. Nos vemos en un próximo capÃtulo a partir de este momento. Este capÃtulo de mis preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a Kfam, inspirando sonrisas en la dirección Roberto Pombo, Producción General, Guiones, Juan Abel Gutiérrez, asesor editorial, Daniel Samperuspina, investigación y entrevistas, Johnny RodrÃguez, producción de campo, Marcela Salazar, dirección de sonido y postproducción, Daniel Murcia, edición de sonido, Juan David Sarmiento y Diego Canastero.