June 4, 2023

La pandemia después de la pandemia

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En este capítulo les cuento la historia del semestre más difícil de una niña de 9 años y su familia por un problema que parece estar pasando por debajo del radar, ¿cómo está la situación de salud mental de los niños, niñas y adolescentes después de la pandemia por COVID-19?

Para este capítulo hablamos con Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red PaPaz; con la psicóloga clínica infantil Cecilia Zuleta; con Mauricio De La Espriella, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría y con el exministro de educación y de salud, Alejandro Gaviria.

Soy Roberto Pombo, y estas son mis preguntas. Un programa de prisa media hecho posible por caffam inspirando sonrisas, la pandemia después de la pandemia. Estamos ante una pandemia sin precedentes, una pandemia después de la pandemia. En este capítulo les cuento la historia del semestre más difícil de una niña de nueve años y su familia por un problema que parece estar pasando por debajo del radar. Cómo está la situación de salud mental de los niños, niñas de adolescentes después de la pandemia por covid diecinueve. Para este capítulo hablamos con Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red Papás, con la psicóloga clínica infantil Cecilia Azuleta, con Mauricio de la Espría y a presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, y con el Exministro de Educación y de Salud. Alejandro Gaviria soy Roberto Pombo. Bienvenidos a mis preguntas. Una y treinta de la madrugada comienza un intenso forsejeo por las cobijas. La niña de nueve años se las quitaba con desespero la mamá y el papá luchaban por meterla debajo de ellas y recuperar algo de calor. Lo lograban por unos minutos, pero al poco tiempo el episodio se repetía algo andaba mal, pero aún no imaginaban lo que vendría. Igual. Los niños sufren de calor y se destapan pensaron en voz alta y lo comentaron mientras la hija se movía dormida con algo de desespero. Una hora más tarde, la niña aprieta el brazo de su madre con todas sus fuerzas y le empieza a decir con desespero. Me duele Me duele? Me duele, La mamá se despierta, se voltea y la ve con sus manos en la cabeza. El papá se despierta y cree que es un dolor de cabeza que se controla con dólex, pero pasa un tiempo prudente y la hija no se duerme y el dolor van a aumento y van a ser las cuatro de la mañana y la niña no puede del dolor y no deja de llorar tratando de controlarlo, guiada por su mamá que le dice que respiren, se miran el papá y la mamá y saben que tienen que ir a urgencias. Al llegar la clínica está llena de niños con diversas dolencias como es un dolor de cabeza en el trias la catalogan como una urgencia menor y advierten que puede ser atendida dentro de tres y cuatro horas por la poca disponibilidad de médicos para la gran cantidad de niños que había esa madrugada. La advertencia me cuenta. El papá venía con un tono distinto. El tono de esto se va a demorar mejor, váyase para la casa. Pero decidieron esperar la niña que a partir de ese momento yama María. Isabel miraba a su papá y le pedía ayuda. Le decía que su cabeza estaba a punto de estallar. No era una mentira. Si algo tenían claro los papás es que el dolor era insoportable y o PNR para ellos. También pedía que la canalizaran. Se acordaba de una vez que había tenido un pequeño accidente y con drogas intravenosas habían calmado su dolor. Una niña de nueve años nunca quiere que era chusets, pero María imploraba la vida más miedosa para salir de ese estado. Su papá orbitaba entre la impotencia y la rabia. Cómo es que el dolor de su hija era una urgencia menor. Cómo se le puede pedir a una niña de nueve años que aguante un dolor constante visible y en semejante grado de intensidad. No aguantó y fue a reclamar con firmeza, pero con mucha decencia y lo devolvieron. Fue un intercambio de roles extraño en su familia, porque es un tipo temperamental que no tiene problema con armar un escándalo. En cambio, a la mamá siempre dulce de buenas maneras. Parece que sacó su furia protectora y armó un problema que el cuerpo médico tuvo que resolver. A esas alturas, María Isabel daba alaridos y la pedía otra de urgencias. Apenas la vio agarrándose desconsolada a su cabeza. Decidió darle prioridad al caso. Después de casi ocho años de rogar que hicieran algo. La paciente fue canalizada en el acto y puesta en manos de la dipirona un potente analgésico, antipirético, espasmolítico y antiinflamatorio. Pasaron unas cuantas horas y el pulso de la sangre en la cabeza le martillaba sin tregua. Los papás ya no sabían qué hacer. Algo grave estaba pasando. Pensaron y pensaron, por supuesto, lo peor el amor de un padre o una madre y se convierte en angustia y una creatividad extrema para imaginarse el peor escenario. Pensaron en un tumor cerebral. Pensaron en una secuela de esa caída por la cual María Isabel se acordaba de que la vida intravenosa era la mejor. Tres años atrás, jugando en el colegio en un muro, la niña perdió el equilibrio cayó sobre su oreja. En su momento requirió de una pequeña cirugía, pero un totazo de esa magnitud en la cabeza podía hacer la respuesta. Pasaron hasta por las consecuencias del covid que le había dado como una pequeña gripe. Un año antes. De repente, María cayó por pro funda. Me cuenta su papá, que fue uno de los momentos más felices de su vida. Nunca había visto a su hija en ese nivel de sufrimiento. Nunca había visto la cara de su hermosa hija completamente deformada por el dolor, ni las venas tan marcadas en su cien ni sus ojos en los que suplicaba por una ayuda que nadie podía dar. Por eso, cuando el dolor se dio, cuando su hija nuevamente recuperó su cara relajada, aún no sonriente y le dijo que tenía mucho sueño y que dormiría un rato. Sintió tanta felicidad y literalmente fue un momento. Una vez la niña cerró los ojos, se atacaron a llorar, los miedos volvieron al mismo tiempo que la pediatra de turno durmió seguido varias horas, se despertó inmediatamente. Ordenaron todo tipo de exámenes de sangre, scánners de ojos. No encontraron nada. Todos los valores estaban en orden. A pocos minutos de darle de alta, los dolores regresaron los mismos síntomas, los mismos gritos descorazonadores, pero ahora con unos extraños espasmos en el estómago. Lo único que les daba tranquilidad era que estaban en una buena clínica, pero la angustia estaba llegando a niveles de pánico. Esta vez, ladipirona no servía. Esta vez la niña miraba muy asustada con sus manos en una barriga que se movía sin control. La pediatra de urgencias decidió internar a María Isabel y dejarla en observación hasta que entendieran qué estaba sucediendo y hasta que llegara un neuropediatra. Dos días después, en este episodio, el instinto de madre volvió a operar, se montó en su cama, la abrazó con fuerza y empezó a guiar su respiración. Le cantaba una canción inventada que le canta desde que nació. Entre el yoga improvisado y el canto pasaron veinte minutos hasta que el dolor volvió a ceder. Volvió a caer dormida. Así pasaron las primeras cuarenta y ocho horas, dos horas de tranquilidad por veinte minutos de intensa angustia. Llegó el día del neuropediatra, que ordenó más exámenes, pero ningún hallazgo claro del origen de estos episodios. Solo se podía asegurar que eran migrañas, un caso extraño de una niña de nueve años y un cambio de droga que tuvo mejor efecto. Pasaron cuatro días más hasta que los dolores desaparecieron por completo hasta el siguiente ataque de migrañas. Durante estos días leyeron, investigaron, pidieron, segundas, terceras y hasta cuartas opiniones. No encontraron nada. Su cerebro. Su fisiología general funcionaba. La perfección. María Isabel volvía a sus clases de gimnasia, sus papás, a su vida entre comillas normal. Así pasaron varios meses y cada tanto empezaba el ciclo, pero ya lo sabían manejar mejor. Eso creía María Isabel ahora cargaba con medio naproxeno en su maleta del colegio Eso ayudaba a que los episodios no fueran tan largos, pero igual terminaban en urgencias hospitalizados y salían a los dos días desgastante, pero asumieron la verdad de que así viviría su vida, hasta que empezaron a pasar por otras dolencias físicas que mencionaré Rápidamente Terminaron internados porque una mañana la niña no podía caminar. Sus músculos de las piernas no funcionaban y los dolores también eran infames. Fue impactante a verla arrastrarse para moverse de un punto a otro. Me dice su mamá. Terminaron hospitalizados por un intenso dolor de barriga, que pensaron inicialmente que era pendicitis, pero finalmente se supo que era un episodio de estreñimiento también atípico en una niña de nueve años y terminaron hospitalizados por un dolor en el pecho que no la dejaba respirar. No tenía flemas, ni fiebre ni gripe, sólo un dolor en el pecho, en la mitad del pecho de donde salen las costillas. En esa oportunidad los atendió una pediatra muy pila, que inmediatamente detectó que se trataba de una costocondritis, una enfermedad que redireccionaría la mirada de los padres sobre las constantes afecciones de su hija. Se trata de una inflamación del cartílago que conecta una costilla al esternón. El dolor causado por la costocondritis es tan violento que en ocasiones la confunden con un paro cardíaco. Una vez entró a urgencias, la médica no dudó en lanzar una primera pregunta que a sus papás de sol ex extraña, María Isabel Te está pasando algo en el colegio. Hay algo que no te deja estar tranquila. La niña miró a sus papás miró a la médica y le dijo con claridad que algo estaba pasando. Quedaron fríos. La pediatra ordenó que la dejaran en la clínica hasta que pasara el dolor. Esta vez todo fue exacto. Les advirtió que no había nada para controlar el dolor más que dólix y que a los cuatro días de la nada desaparecería. Una vez le dieron habitación y la niña logró conciliar el sueño. La pediatra los llamó al pasillo y les explicó que ese mes había tenido más de veinte casos similares costocondritis por ansiedad era el diagnóstico. El papá no podía creer que la ansiedad pudiera llevar a un dolor físico tan intenso. Su mamá así, pero rápidamente abrieron la puerta a que el peor semestre de sus vidas, al menos el más estresante por cuenta de la incertidumbre. Podría estar relacionado con la cabeza, pero en otra dimensión, la médica les recomendó que buscaran un psicólogo y su alarma fue muy clara. Estábamos ante una nueva pandemia, una nueva pandemia de enfermedades de salud mental. Después de esta frase, muchas cosas empezaron a tener sentido. Por ejemplo, los domingos por la noche, María Isabel estaba más irascible que de costumbre. Se convertía de un momento a otro en una hija hiriente, pero algunas mañanas le suplicaban a sus papás que la sacaran del colegio y que no la obligaran a ir. No era una simple pataleta, era ansiedad pura. Los pies y las manos le sudaban enfrentar. El colegio la hacía colapsar Y estamos hablando de una niña inteligente a la que le va bien en todo con mucha facilidad en otros momentos, cuando le tocaban el tema para entender qué le pasaba repetía. No quiero hablar. No quiero hablar las veces que fuera para abortar la conversación, perdía por momentos la cabeza y le costaba razonar por dónde se empieza, cómo se aborda esta situación, cómo es el proceso por la ps la prepagada cubra enfermedades de salud mental. Se hicieron mil preguntas y decidieron empezar por el colegio hablando con la rectora, una mujer con más de cuarenta años de experiencia que, en efecto, empezó a guiarlos. Pero en la conversación que sostuvieron también brotaron signos de que la cosa está muy mal en general y que aún no hemos dimensionado el problema en el que estamos con los niños. Lo primero que les recomendó fue tener paciencia y que no se sintieran solos con algo de exactitud. Dijo Estamos en una crisis general con los niños. Hemos tenido tantos casos relacionados con depresiones, ansiedad y tantas otras patologías que decidimos tener una psicóloga de planta para abordar la demanda. No era para menos. Había varios casos de niños que no querían volver al colegio, que sentían mejor refugio en sus casas. Una de las primeras tareas de esta psicóloga fue armar una red de psicólogos infantiles privados para remitir niños, por supuesto, consultas particulares que resultaron más expresas y, en principio, más rápidas a través de una ps El proceso pasa por un médico general que determina se ordena una terapia psicológica, una vuelta que fácilmente puede demorar dos o tres meses entre la cita, la valoración y la consecución de un psicólogo infantil, una práctica más bien escasa en el país. La mamá no demoró mucho en empezar a buscar este cupo. Le habían entregado siete teléfonos y la sorpresa fue apaullante. Ninguno ni uno solo de los siete tenía citas para los siguientes tres meses. Tres meses, imagínense lo que puede estar pasando si pagando un psicólogo particular no hay cupo. Ya buscaré cifras para que esta vivencia de una sola familia confirme lo que es obvio. En un momento de desesperación, la mamá le pide ayuda a todos los psicólogos con los que habló. Les dice que es grave lo que está pasando, que piensen en algún otro psicólogo a ver si hay algo de suerte. Les dice a los siete contactos que está desesperada que, por favor, la ayuden mutismo total. Solo uno se atrevió a recomendar un psiquiatra de niños que podría ayudar. En efecto, la cita salió para el día siguiente una sesión de valoración de doscientos veinte cero s solo para dos enseñar el plan. La primera conclusión del psiquiatra es que esto no sería un tema de pocas citas. La segunda, para fortuna de todos, es que no veía aún la necesidad de medicarla, sino de guiarla a través de una cantidad de miedos acumulados. En efecto, la niña estaba sufriendo de ataques de pánico. La siguiente tarea era encontrar de dónde venían después de diez sesiones y más de dos millones invertidos Atravesaron por posibles actos de matoneo en el colegio, pero en contexto, los problemas de María Isabel con un par de niñas se superaron y se consideraron dentro de las interacciones normales entre niñas de esa edad que se resuelven con diálogo y monitoreo. Atravesaron por la posibilidad de un trastorno alimenticio para encajar en su clase de gimnasia, que está por encima de la exigencia promedio de las responsabilidades a eseda, pero la falta de apetito no era general ni constante y, sobre todo, sus valores estaban en el rango normal. Pasaron por la posibilidad de una baja de atención de los padres o o s NS, de una temporada fuerte de trabajo sumado a ser hija única, pero la misma María Isabel argumentó que tenía unos papás muy presentes sin contar con abuelos y tíos para los que ella es el centro de todo hasta que llegaron al tema de la pandemia. Aparentemente, estos nefastos años de encierro eran tema superado, pero Marisabel comenzó a verbalizar el origen de todos sus temores. Durante la pandemia. Entendió que las mamás se morían y, por consiguiente, que su mamá se podía morir. Este sentimiento quedó anclado en su cabeza. Uno de los episodios más fuertes para ella fue a entender a sus seis o siete años que podría quedarse sola en el mundo. Cómo no iba a llegar a esa conclusión. Si las noticias contaban muertos diariamente durante más de dos años, un saldo de siete millones en total, todos los días martillaban con los cuidados para no ser intubados. Las conversaciones giraban en torno a los muertos cercanos. Los de los amigos y los de los conocidos en su casa. La muerte le pasó a pocos centímetros un tío de su papá con sobrepeso. Como su papá después de veinte días con respiración artificial, había fallecido. Después de una de estas sesiones, fue explícita con su mamá y le dijo que no quería estar lejos de ella, porque le daba miedo quedarse sola. Ni siquiera podía dormir sola, como lo había hecho siempre antes de la pandemia. Otra vez todo tenía sentido, pero sus papás se habían conformado con que era normal y que eran épocas que iban y volvían. Todo tenía que ver con la soledad, con sentirse sola, teniendo amigas, teniendo familia, siendo una niña amada y rodeada, pero su cabeza se concentraba en la soledad. Un sentimiento estresante que la llevaría a las migrañas tensionales, a la miocitis asociada, a las emociones, a la costocondritis por ansiedad no fue fácil dar con el clavo. De hecho, la clínica Mayo, una de las más grandes de Estados Unidos, advierte la dificultad que existe en entender los trastornos de salud mental en los niños, porque el desarrollo normal de la infancia es un es un proceso de cambios y altibajos emocionales y, por otra parte, existe la dificultad dependiendo de las edades de explicar lo que sienten y por qué se comportan de cierta manera. Pero está sucediendo y hay que encender las alarmas para enfrentar desde trastornos de ansiedad, trastornos relacionados con el déficis de atención e hiperactividad espectro autista, trastornos alimentarios de presión y otros trastornos del estado de ánimo estrés postraumático hasta la misma esquizofrenia. Es claro que a los adultos la pandemia nos jodió la cabeza y, a juzgar por esta época de guerras, calentamiento global y violencia, no nos hizo mejores personas como creímos. Según el informe de la OMS Salud Mental y covid diecinueve evidencia temprana del impacto de la pandemia. Resumen científico, se calcula que la pandemia incrementó entre un veinticinco por ciento y un veintisiete por ciento la prevalencia de la depresión y la ansiedad a escala mundial. Por su parte, cifras del Foro Económico Mundial, según una encuesta realizada en treinta países en todo el mundo en dos mil veintiuno más de la mitad de los participantes de Chile, Brasil, Perú, Canadá, aseguraron que su salud mental había empeorado desde el comienzo de la pandemia. Una encuesta del Banco Interamericano de Desarrollo bit a más de sesenta mil cuidadores de niños en Colombia, Costa Rica, El Salvador y Perú, mostró que el ochenta y cinco por ciento reportó al menos un síntoma de deterioro de la salud mental. Durante la pandemia. Cuarenta y ocho por ciento de los cuidadores expusieron sentirse tristes y sesenta y seis por ciento cansados, sesenta temerosos y cincuenta y nueve con insomnio. Tan sólo la introducción del informe científico salud Mentálico hoy diecinueve, evidencia temprana del impacto de la pandemia de la OMS, publicado en marzo de dos mil veintidós, deja esta alarmante reflexión a uro comillas. La pandemia de covid diecinueve ha tenido un impacto severo en la salud mental y el bienestar de las personas en todo el mundo. Mientras muchos individuos se han adaptado, otros han experimentado problemas de salud mental en algunos casos como consecuencia del covid diecinueve. La pandemia también sigue impidiendo el acceso a los servicios de salud mental y ha suscitado preocupación por los aumentos en la conducta suicida cierro comillas. Pero volvamos a los niños. Eso es que muchos creímos inmunes. Recuerdo conversaciones con amigos diciendo cosas como a ellos se les pasa rápido. Ellos se acostumbran en un mes de sorbida y no las heridas fueron profundas. Hubo un sinfín de aspectos que desmejoraron la salud mental de niños y niñas, como la falta de socialización, especialmente en niños mayores de seis años y en adolescentes, la ausencia de ritus de paso, como celebración de los quince años, celebración del grado del colegio, reuniones sociales con amigos y clases presenciales, la ausencia de privacidad, teniendo en cuenta el teletrabajo en los padres y clases virtuales en niños de adolescentes, evitando espacios de esparcimiento diferentes al hogar, la falta de exposición ruminni que n o n o tiene un efecto directo en el estado de ánimo. El encierro y la sensación de peligro extremo tiene una interpretación distinta en niños y adolescentes, que usualmente tienden a ser más impulsivos y a medir el peligro de una forma distinta, generalmente minimizada, y las consultas virtuales con profesionales de salud mental en niños y adolescentes con enfermedades mentales previas a la pandemia. Según el informe Estado Mundial de la Infancia dos mil veintiuno en mi mente hecho por la UNISEF, casi dieciséis millones de niños, niñas y adolescentes entre los diez y diecinueve años viven con trastorno mental en América Latina y el Caribe. Estamos hablando de toda una generación con problemas de depresión, ansiedad y otros problemas de ese tipo. El número para Colombia es de novecientos noventa y tres mil novecientos setenta y siete afectados en el mismo rango de edad. De acuerdo con este mismo informe, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los adolescentes de quince a diecinueve años. Según los resultados de la encuesta de pons o social de junio de dos mil veintiuno, la población de diez a veinticuatro años es quien más se ha visto afectada durante la pandemia por haber sentido preocupación o nerviosismo, pues el cuarenta y uno dos por ciento de esta población reportó estos sentimientos y, según datos de esa misma encuesta del Dane, la tasa más alta de suicidio cometido por mujeres se encuentra en el rango de edad de diez a diecinueve años, con una tasa de uno coma cero cuarenta y uno muertes registradas. Estamos tratando de manera correcta en casa la salud mental de los niños y niñas. Le pregunto a Carolina Piñeros, directora de Red Papáz, y esto me dice padres, madres y cuidadores tienen pocas, por no decir, nulas herramientas para atender estas situaciones de salud mental. No sabemos identificarlas. No sabemos cómo manejarlas. Desde re papás. Estamos trabajando en un kit de salud mental para tratar de ayudar a familias y a comunidades de salus c tivas a avanzar en este sentido. La ventaja es que todos estos informes han puesto en la agenda pública esta necesidad. Nos falta mucho por hacer en el país y trabajar para que entendamos realmente de qué se trata, cómo identificar y cómo manejar estas situaciones en la familia, en el colegio, y recordemos siempre que también hay que dar herramientas para que los cuidadores sepan también cuidar su salud mental. Le hicimos la misma pregunta a la experta cecilia a su letra. La pandemia. Nos trabajó muchas dificultades a todos, básicamente porque nuestro cerebro estuvo en estado de supervivencia. Por mucho tiempo y digamos que hay eventos que uno dice bueno, hubo un trauma, porque hubo un único evento. Aquí fue un trauma sostenido como pequeños traumas sostenidos todo el tiempo. Algunas personas con situaciones reales de que se murió a alguien, de que perdieron el trabajo y los niños estaban alrededor de todo esto. No fueron ajenos a lo que estaba sucediendo. Y entonces, pues aquí lo que estamos viendo es dificultades en todas las personas y los adultos que estamos alrededor de los niños, pues no estamos menos impactados, hay trastornos de ansiedad y eso hace que estemos más irritables, menos tolerantes y que estemos presentando muchas dificultades. Y lo que tenemos que hacer aquí es reconocer lo que nos está pasando, validar lo que nos está pasando y con nuestros niños, en nuestras niñas, validarles sus emociones. Muchas veces creemos que la manera de ayudarlos es como tratar de quitar la emoción, rescatarlos de la emoción. Y lo que necesitamos todos los seres humanos, incluidos nuestros niños, es poder hablar de lo que están sintiendo, poder decir cosas que eventualmente nos parezcan absurdas sobre esas emociones, porque cuando uno puede hablar de las emociones, puede encontrarles una salida, puede encontrarles una solución. Pero además, cuando yo me siento visto y sentido por alguien, pues me siento protegido y me siento más seguro y eso es lo que necesitamos volver a sentir esa sensación de seguridad que, pues nuestro cerebro estuvo tanto tiempo alerta que es difícil volver a encontrar con este crecimiento desbordado de casos vino un nuevo problema la escasez de profesionales de salud mental. Hoy resulta paradójica la frase de la Vicepresidente de la República Marta, Lucía Ramírez, que hace unos años aseguraba tenemos ya demasiadas psicólogas, demasiados sociólogas, demasiada gente que estudió puericultura y que no les sirve para tener un mejor ingreso en un ingléso. Quizás en ese momento era cierto, pero hoy lo cierto es que hacen falta psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental. Por ejemplo, Colombia cuenta con dos punto, cinco psiquiatras por cada cien cero habitantes, cuando la tasa recomendada por la OMS es de diez por cada cien cero, con corte a mitad del año del dos mil veintidós. Estamos hablando de mil doscientos ochenta y tres psiquiatras registrados en todo el país. Según datos del Ministerio de Salud, ahora calculan el número especializado en niños y adolescentes. Prácticamente no hay razón. No le faltó al titular del comunicado de la Asociación Colombiana de Psiquiatría publicado en febrero de este año abro Comillas. Colombia necesita más psiquiatras cierro Comillas. Le pido a Mauricio de la Espría y a Presidente de la asociación cómo vamos a salir de este atolladero. Un psiquiatra no se hace en cuestión de semanas. Actualmente, en Colombia existen veinte programas de formación de especialistas en psiquiatría, con un promedio de cincuenta nuevos profesionales cada año. Sin embargo, estos programas están concentrados en su gran mayoría en las tres grandes capitales del país y también conocemos que desde las regiones se han realizado esfuerzos para crear especializaciones en psiquiatría, pero, lamentablemente, hasta el momento no han tenido luz verde por parte del Ministerio de Educación. Por lo tanto, es conveniente agilizar la autorización de nuevos programas en regiones apartadas que cumplan los requisitos de formación de especialistas. Daría de alguna manera respuesta a las necesidades planteadas. Y si esto no es posible, pues ampliar los cupos de residentes en la formación de psiquiatras en los programas actuales podría ser otra opción. Sin embargo, el río de seguir concentrando a los profesionales en Bogotá, medijen y Calle seguirían persistiendo. Por último, fortalecer la telemedicina para cortar la brecha de acceso en regiones apartadas, con una articulación muy estrecha con los niveles primarios de atención, capacitando a médicos generales en regiones apartadas donde no existan psiquiatras. Siempre y cuando se garantice la conectividad en las regiones y en materia de psicólogos, la situación no es mucho mejor. En noviembre de dos mil veintidós, el Ministro de Educación, en ese momento, Alejandro Gaviria, advertía de ese problema. Auro Comillas. Hay una gran demanda en las instituciones educativas por psicólogos. Como tenemos problemas presupuestales, tratamos de resolverlo, pero la cifra es complicada. Aproximadamente solo hay un profesional atendiendo a mil quinientos estudiantes, lo que no es efectivo. Cierro Comillas buscar ex Ministro Gaviria, cómo enfrentar un problema que parece estructural pero que necesita atención inmediata. Sin duda, Colombia necesita más psiquiatras y más psicólogos. El cuello de botella en la práctica más que los cupos son los escenarios de práctica, pero hay dos cosas que pueden hacerse. La primeras fobias son modelos de atención donde los médicos generales trabajan mano a mano con los psiquiatras. Estos modelos de atención se han probado con éxito en algunos otros países. Pero el mensaje fundamental, en mi opinión, es que la salud mental, en particular la salud mental preventiva, no es solamente cuestión de profesionales de la salud, de los psiquiatras o los psicólogos. La salud mental es una tarea de todos. Los educadores, por ejemplo, pueden jugar un papel fundamental. Todos podemos hacerlo como padres de familia. Por ejemplo, esta toma de conciencia colectiva sobre la importancia y la centralidad de la salud mental y el papel de toda la sociedad es, en mi opinión, una tarea fundamental, incluso mas urgente que la ampliación de cupos para profesionales de la salud. La salud mental es una tarea que nos compete a todos en la sociedad y la vamos construyendo día a día en nuestras relaciones sociales. Marissabel sigue con sus terapias y la mejora física. Es evidente. Decidí contar esta historia completa aparentemente individual, ya porque encuentro en ella la manera en la que muchas personas pueden identificar anomalías o síntomas difíciles de relacionar con un problema de salud mental en sus hijos. Esta no es la historia más trágica. De hecho, su evolución tiene buena cara, pero precisamente parte de la superación de estas dolencias tienen que ver con que los síntomas o episodios no se minimicen ni se traten como pataretas. Es normal esta pandemia. Después de la pandemia, está sucediendo en miles de hogares y no puede ser bajo ningún caso motivo de vergüenza. No tengo nada más que decirles que escuchen a sus hijos, créanles a sus hijos. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo número treinta y ocho de mis preguntas. Nos vemos en un próximo capítulo a partir de este momento. Este capítulo de mis preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a Kafam inspirando sonrisas en la dirección Roberto Pombo, producción general Iones, Juan Abel Guthy asesor editorial, Daniel Sampero Espina, investigación y entrevistas. Johnny Rodríguez, producción de campo, Marcela Salazar, dirección de sonido y postproducción, Daniel Murcia, edición de sonido, Juan David Sarmiento y Diego Canastero