Aug. 16, 2026

El poder ¿para qué?

El poder ¿para qué?
El poder ¿para qué?
Mis Preguntas con Roberto Pombo
El poder ¿para qué?

Comienza una nuevo mandato presidencial, luego de una larga disputa por quedarse con el cargo más importante del país. Todo el mundo quiere llegar al poder pero, ¿para qué?, ¿por qué el poder es tan adictivo?

Para este capítulo hablamos con Cecilia Zuleta, psicóloga clínica experta en crianza y desarrollo; con la psicóloga javeriana, Marcela Betancourt; con Octavio Yepes, psicotraumatólogo especialista en traumas complejos y trastornos mentales; con Eduardo Carvallo, médico psiquiatra y psicoanalista junguiano; y con el filósofo Juan Fernando Mejía.

0:01 Antes de comenzar este capítulo, quisiera enviar un mensaje de apoyo a las víctimas del terremoto que el pasado 10 de agosto azotó a varias regiones del país. Los pensamientos y el apoyo del equipo de Mis Preguntas están con ustedes. Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media. Patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ El poder para qué? Comienza un nuevo mandato presidencial, luego de una larga disputa por quedarse con el cargo más importante del país. Todo el mundo quiere llegar al poder,¿ pero para qué?¿ Por qué el poder es tan adictivo? Para este capítulo hablamos con Cecilia Zuleta, psicóloga clínica experta en crianza y desarrollo, con la psicóloga averiana Marcela Betancourt, con Octavio Yepes, psicotraumatólogo especialista en traumas complejos y trastornos mentales, con Eduardo Carvalho, médico psiquiatra y psicoanalista yunguiano, y con el filósofo Juan Fernando Mejía. Soy Roberto Pombo y este es el capítulo 203 de Mis Preguntas. Bienvenidos. Si de algo se nos acusa con mucha libertad y frecuencia a los abuelos, es de ser alcahuetas con los nietos, de dejarlos hacer lo que quieran, incluso de violar las normas que sus

1:33 papás han establecido. Hace poco, una noche en la que ocupé el rol de niñero de mis nietas, pasó una escena que ocurre con regularidad. Era ya la hora de que se fueran a dormir. Yo les terminaba de leer un cuento para que fueran a cepillarle los dientes, a descansar, pero mi nieta tenía otros planes. Le dije que era hora de dormir, pero ella no se movió y me miró con sus ojos gigantescos y brillantes que contienen toda la ternura del mundo y me pidió que le leyera otro cuento más. Yo, como abuelo alcahueta que soy, accedí, no sin advertirle antes que era el último, porque la regla es que a las nueve ya tenía que estar dormida. Pero después de leerle otro cuento, ella usó otra vez su táctica, la de los ojos y el ruego, y me dijo que si no le leía otro, no iba a poder dormir. Unas horas más tarde, cuando sus papás llegaron, les conté que ella se acostó más tarde de lo que indica el toque de queda porque se resistió a dormir hasta que no le leyera varios cuentos más, hasta que le diera besos en la cabeza y hasta que dejara prendida la lamparita de la mesa de noche. Y según me contaron, es una escena que se repite todas las noches. pero no solo pasa en la casa de mi hijo, sino en millones de casas del mundo. Según relata la trabajadora social Claire Lerner en su artículo publicado por el medio estadounidense PBS, esta escena es muy común y tiene un nombre técnico poco tierno, lucha de poder.

3:00 Los especialistas la definen como una competencia incómoda por el control en la que dos personas de una misma relación intentan imponerse mutuamente. En este caso, Entre una niña de tres años y su abuelo que quiere ganarse su amor, Lerner cuenta que hay padres que han escuchado en pleno berrinche amenazas tan creativas como la de un niño que juró arrancarle la voz a su papá y tirarla a la basura solo porque se había acabado el tiempo de televisión. Es casi gracioso imaginar a una criatura de un metro de altura, de ojos gigantes y tiernos dictando los términos del sueño familiar, pero Lerner advierte algo que vale la pena escuchar dos veces. Buscar poder es, para un niño pequeño, perfectamente normal desde el punto de vista del desarrollo. No es que se porte mal ni actúe con mala intención cuando pelea por escoger la hora de dormir o por decidir cuánta sopa deja en el plato. Está haciendo a su escala lo mismo que hacemos los adultos toda la vida, buscar un margen de control sobre su propio mundo. Resulta que esta necesidad de imponer la propia voluntad tiene también su versión académica. Cuando el sociólogo alemán Max Weber intentó a comienzos del siglo XX definir el poder con precisión científica, llegó a una fórmula que mi nieta cumple casi el pie de la letra sin haber leído una sola línea de sociología. El poder, según Weber, es la probabilidad de que alguien dentro de una relación con otra persona logre imponer su voluntad incluso frente a la resistencia del otro

4:33 sin importar en qué se apoye esa capacidad. Mi nieta, aunque no tiene un ejército ni un presupuesto, sí tiene lágrimas y sabe exactamente cuándo usarlas.¿ Por qué el ser humano necesita sentir que controla algo, incluso antes de poder explicar qué es el control? Esto me explicó Cecilia Zuleta, psicóloga clínica experta en crianza y desarrollo. Lo que es importante es entender que para el niño, más que tener la intención de tener el poder, es que se imaginan algo que quisieran que sucediera de la manera que quisieran que sucediera y les cuesta mucho trabajo usar una habilidad que se desarrolla con los años, que se llama la flexibilidad. Es una función ejecutiva y es poder ser flexible a que haya otra agenda diferente a la que yo me imaginé. Entonces va a haber esa lucha de poder, pero está en los papás no volverlo un tema sencillo, de poder, sino de ayudar a flexibilizar.

5:27 Y es claro, los papás ponemos el límite, los papás somos los que decidimos qué es lo que debe suceder y es ayudarlos a transitar el malestar de que no se haga lo que ellos quieren. Esto va a pasar incluso en la adolescencia. Entonces la idea no tiene que ver con el poder, pero hay algunas personas con temperamentos menos flexibles a quienes les cuesta. De hecho, las personas que tienden a ser ansiosas, que tienen rasgos muy ansiosos, necesitan tener sensación de control porque el cerebro busca patrones para poderse sentir seguro para poderse sentir más en calma y entonces cuando yo puedo controlar todas las cosas pues eso me ayuda una cantidad a no sentir tanto malestar entonces si te das cuenta no necesariamente en la infancia y la adolescencia tiene que ver con yo soy el que mando. Claro, hay otra característica y es que si me han educado para que todo lo que yo digo, hago, quiero, sea lo que suceda, pues entonces no tengo cómo tener esas habilidades de flexibilización y de regulación. La regulación emocional no tiene que ver con estar en calma, sino con poder transitar el malestar que me genera una situación que no se da como yo esperaba.

6:35 Pero no hablemos más de Minetti y pasemos a un laboratorio de psicología social, donde investigadores llevan décadas intentando responder, con métodos bastante menos tiernos, la misma pregunta que se juega cada noche en muchas casas.¿ Por qué buscamos poder? Hace pocos días se posesionó el nuevo presidente de Colombia. Como es usual, en este tipo de eventos se trata de un festival de símbolos en el que analistas, semiólogos y demás se dan un festín de interpretaciones y análisis. Sin duda, las tomas de poder siempre son una muestra de eso, de poder. Quien llega al poder quiere marcar su territorio, mostrar que ahora él es quien manda y aunque esta vez estuvo marcada por polémicas como que no fuera en Bogotá, en la Plaza de Bolívar o por no invitar a dos expresidentes, no es una cuestión nueva.

7:25 Cada presidente entrante busca marcar su propio relato. Tan solo hace cuatro años, el recién elegido presidente Petro tomó como primera decisión mandar a llevar la espada de Bolívar a la plaza. Estos actos no son más que muestras simbólicas de una lucha mucho más grande, más antigua, que es la búsqueda por el poder. Y ahí sale una pregunta también vieja y con muchas explicaciones.¿ Por qué buscamos el poder? De acuerdo con un estudio de las psicólogas Alexandra Zizlak y Alexandra Zichoka, junto con otros colegas, publicado en 2018, existen en realidad dos motivos distintos y casi opuestos para querer estar al mando. El primero es el deseo de tener control sobre otras personas, de influir en lo que hacen o dejan de hacer. El segundo es más discreto. y es el deseo de tener control sobre la propia vida, de ganar autonomía, de decidir por uno mismo sin depender de la voluntad ajena. En Plata Blanca sería la diferencia entre querer mandar sobre alguien y querer sencillamente que nadie lo mande a uno. Según recoge el mismo estudio, esa diferencia importa muchísimo en la práctica.

8:54 Quienes buscan poder para controlar a otros tienden a comportarse de forma agresiva y explotadora una vez que lo consiguen. Quienes buscan poder para ganar autonomía, en cambio, no muestran ese patrón. El poder entonces actúa distinto según el motivo que lo trajo a la vida de cada quien.¿ Y por qué, si controlar a otros trae consecuencias terribles, tanta gente lo sigue intentando? La respuesta, de acuerdo con investigaciones sobre confianza y cooperación citadas en Psychology Today, tiene que ver con algo muy antiguo, la desconfianza. Formar alianzas con otra persona siempre implica un riesgo. O se confía en que el otro va a cooperar o se busca imponerle un control externo para obligarlo. Pero hay otra cara de esa misma moneda y quizás más inquietante que la anterior, y es la de quienes ceden su propia voluntad a las órdenes de otro sin que nadie les obligue mucho. En 1961, meses después de que Adolf Eichmann, uno de los principales autores del holocausto nazi, fuera juzgado en Jerusalén por crímenes de lesa humanidad, El psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, diseñó un experimento para responder una pregunta que el juicio había dejado sin responder. Si Eichmann se defendió diciendo que solo cumplía órdenes,¿ cuánta gente común habría hecho lo mismo en su lugar? Según reconstruye un análisis publicado por la revista científica Escritos de Psicología, Milgram reclutó voluntarios corrientes y les pidió que administraran supuestamente descargas eléctricas cada

10:26 vez más fuertes aún desconocido, cada vez que éste fallaba en una prueba de memoria. La mayoría, ante la simple insistencia de un investigador con bata blanca, siguió apretando el botón mucho después de escuchar gritos de dolor al otro lado de la pared. Incluso hay una lectura evolutiva del asunto. Según proponen los investigadores Paul Gilbert y Yaskaran Basram, los seres humanos desarrollamos dos estilos de liderazgo posibles frente al eterno dilema de cooperar o competir. Uno es prosocial, comparte, habilita a los demás, construye relaciones de apoyo mutuo y según sus hallazgos reduce el estrés y mejora el bienestar de líderes y liderados por igual. El otro es antisocial, amenaza, intimida, empuja a los demás a hacer lo que uno quiere por la fuerza y aunque a veces funcione a corto plazo, termina generando ansiedad para todos los involucrados, incluido quien manda.¿ Es posible ejercer poder sobre otros sin necesitar controlarlos por completo?

11:28 Escuchemos lo que me contó la psicóloga javeriana Marcela Betancourt. Sí, claro, les llamamos influencia. Es lo que nos sucede con personas a quienes admiramos y queremos seguir o de quienes queremos aprobación y validación. No es que ellos tengan la intención de controlarnos, pero influyen en nosotros, en nuestros hábitos, en nuestras decisiones. Y esa influencia, pues es una forma de poder que no necesariamente es un control absoluto. Cuando te vuelves el experto, el gurú o sencillamente el maestro. Pues te van a seguir, aunque no necesariamente sea lo que quieres. Ahora suena raro, pero también hay personas que quieren ser controladas o tomar las decisiones en su vida porque alguien les dijo.¿ Por qué? Pues porque es más fácil. Es más fácil no asumirse. Creen que así pueden culpar al otro de lo que les pasa o de los resultados de sus decisiones. Es más fácil decir esto es porque tú me dijiste, tú causaste esto, tú eres el culpable.

12:17 Yo me equivoqué. Mira por ejemplo el modelo tradicional del esposo autoritario y la esposa sumisa. Normalmente el que es visto como el malo es el esposo, pero cuando uno mira más a fondo, él está asumiendo por él, por ella y a veces por más. Él es el que pone la cara. Él es el que tiene que analizar las decisiones. Él es el que tiene que asumir los resultados. La esposa va en una posición cómoda para una persona sumisa que tiene miedo de tomar decisiones y asumirlas, pues esto es más fácil y se vuelve un patrón circular. La inseguridad de ella lo empodera a él y la confianza de él la vuelve más insegura a ella. Todos de alguna manera buscamos tener cierto grado de poder y eso por diferentes motivaciones, como controlar a otros, ganar autonomía, por desconfianza, por cooperación, pero todavía hay algo de lo que no hemos hablado y me parece fascinante, la sensación física de tener poder, porque resulta que el poder no solo se piensa, sino que se siente en el cuerpo y con una fuerza que sorprende incluso a quienes lo estudian.

13:18 Según explica el profesor Adam Galinsky, de la Escuela de Negocios de Colombia, entrevistado por la revista BBC Science Focus. Cuando a una persona se le otorga una posición de poder, incluso en un experimento de laboratorio, incluso de forma temporal y ficticia, su cuerpo reacciona como si hubiera tomado una sustancia, sube la testosterona y baja el cortisol, la hormona asociada al estrés. El resultado, según explica Galinsky, es una sensación bastante desinhibidora que permite avanzar, actuar y decidir sin el freno habitual del miedo o la ansiedad. En el caso del poder, hay gente que sostiene que los presidentes recién elegidos cambian totalmente cuando los militares marchan con sus armas frente a ellos. Basta con pedirle a alguien que recuerde por escrito un momento en el que tuvo poder sobre otra persona para que su voz cambie, se vuelva más firme, más fuerte, con menos temblor en el tono. Antes de dar un discurso, evocar un recuerdo de poder hace que el corazón lata más despacio y que el resultado, según los estudios citados, sea mejor. Ayuda a escribir mejores solicitudes de empleo, a mejorar el desempeño en entrevistas de trabajo, alimenta el optimismo y la confianza. Y, esto es quizás lo más revelador, ayuda a ver el panorama completo, a pensar en grande, a imaginar futuros que antes ni siquiera parecían posibles. Es como una especie de droga. Se ha

14:48 preguntado por qué para muchos el poder es como una adicción.¿ Por qué dictadores, tiranos, jefes y personas con poder nunca lo quieren soltar? Bueno, esa misma reacción química lo explica. Según ha documentado el investigador John Coates, quien trabajó años en Wall Street, la testosterona que libera una victoria no se queda quieta. Empuja al cerebro a liberar dopamina, el mismo neurotransmisor asociado a otras fuentes de placer intenso, y esa combinación deja a la persona más audaz para la jugada siguiente. Coates bautizó el fenómeno como el efecto ganador y lo observó de cerca estudiando a corredores de bolsa en Londres que mientras más ganaban, más testosterona producían, más riesgo asumían en la siguiente apuesta y más volvían a ganar hasta que la racha se rompía. Cuando esto pasaba, el cortisol subía de golpe y el mismo operador que semanas atrás se sentía invencible podía caer en lo que Coates llama indefensión aprendida, un estado de parálisis y resignación todo lo contrario a la euforia que había sentido antes.

15:55 Esto es un símil muy directo del poder. Cada vez que alguien impone su voluntad y sale bien librado, el cuerpo aprende a asociar esta sensación con una recompensa química y empieza a pedir dosis más grandes para sentir lo mismo, como una droga. Es el mismo motivo por el que a tantos líderes les cuesta tanto reconocer cuándo ya deberían parar. La historia diplomática del siglo XX ofrece, sin proponérselo, otra confirmación de estos hallazgos. En 1973, en plena Guerra Fría, el entonces secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger le confesó a un periodista de New York Times una frase que se volvería célebre. El poder es el afrodisíaco supremo. La anécdota tiene gracia precisamente porque no es muy exagerada. Kissinger, que reconocía estar lejos de cualquier idea histórica, De galán de cine, tenía fama de frecuentar compañía prominente a donde quiera que iba y atribuía el fenómeno sin ningún poder a la posición que ocupaba y no a sus encantos personales. Si el poder apaga los frenos que normalmente nos detienen y encima exige dosis cada vez más grandes,¿ qué pasa cuando estos frenos hacen falta? Le trasladé la inquietud a Octavio Yepes, psicotraumatólogo especialista en traumas complejos y trastornos mentales.

17:14 Los límites son muy importantes en el ser humano porque cumplen la función de regular nuestra conducta. Cuando hay normatividad, cuando hay consecuencias, cuando hay autoridad, poder intimidatorio o disuasivo funcionan como frenos frente a nuestros impulsos. Una persona que adquiere mucho poder, esos frenos comienzan a desaparecer y ve el poder por encima de ellos. Y sucede mucho cuando lo vemos en nuestro diario vivir con las personas que se sienten invulnerables y se sienten excepcionales. Usted no sabe quién soy yo, a mí eso no me aplica. Yo tengo derecho a hacer esto porque tengo el poder para hacerlo. Entonces ese poder disminuye totalmente la percepción de las consecuencias que tienen nuestras acciones sobre los demás personas. Si a eso le sumamos rasgos de impulsividad, necesidad excesiva de reconocimiento, intolerancia a la crítica, sentimiento de superioridad o dificultad para reconocer errores, ese riesgo aumenta notablemente. Entonces el problema no es solamente quién tiene el poder, sino los mecanismos que tenemos para limitarlo. Así sea una persona que esté psicológicamente equilibrada también necesita esos límites. Cuando los controles externos desaparecen, la sociedad queda dependiendo exclusivamente de la capacidad del autocontrol de quien manda Y eso tiene un riesgo muy alto Y con una sustancia tan seductora circulando por la sangre, sería razonable pensar que todo el mundo la persigue con las mismas ganas. Pero no es el caso. Y la razón tiene menos que ver con la química y más con el carácter de cada quien. Imagínese una sala de juntas en la que hay una bandeja con buñuelos, pero

18:45 que están ahí para otras personas de otra reunión. Casi nadie las toca, excepto la persona con más poder en la sala, el jefe, digamos. Entonces decide comerse un par de buñuelos. Es uno de los hallazgos favoritos del psicólogo Dajer Keltner, de la Universidad de California en Berkeley. En siete experimentos, Keltner encontró el mismo patrón. Quienes tienen más poder, mienten más, hacen trampa con más facilidad e incluso manejando cambian atravesando zonas peatonales con más frecuencia. Y uno de los frenos... resulta ser literalmente neuronal. Hay un reflejo automático que casi no notamos.¿ Se ha dado cuenta que los bostezos se contagian? Es una de las bases de la empatía, según describe la psicóloga Marwa Azab en Psychology Today. Ese efecto espejo se reduce en forma medible apenas se induce, incluso por escrito la sensación de tener poder sobre alguien más.

19:41 Pero no toda la evidencia apunta hacia la misma sentencia. Ana Guinote, de University College London, discrepa de que el poder corrompa de forma automática. Para ella, funciona como un revelador que acentúa la confianza que la persona ya tenía. Si eso es cierto, cada mentira, cada buñuelo ajeno ya estaba ahí antes, agazapada, esperando el permiso que da el poder para salir a luz. Según le dijo a BBC Science Focus, la profesora Guinote, no todo el mundo llega al poder ni todo el mundo lo desea del mismo modo. Según explica, hay una tendencia de las personalidades narcisistas y más dominantes a subir con más facilidad en la jerarquía y ese tipo de personalidad suele mostrar rasgos más autocentrados y una mayor propensión a la corrupción y al beneficio propio una vez instalada arriba. Hay incluso quienes prefieren activamente quedarse abajo y no tener ningún tipo de poder, según el profesor Adam Galinsky. En ciertas condiciones la gente elige voluntariamente ubicarse en una posición de menor poder, si eso significa pertenecer a una jerarquía más sólida y estable. Y esa preferencia, dice Galinsky, tiende a acentuarse justamente en tiempos de crisis social o económica, que es también, según explica, el momento en que suelen salir con más facilidad los liderazgos autoritarios. Pero entonces,¿ por qué existe la jerarquía si tantos prefieren no estar en la cima? Porque, de acuerdo con Galinsky, es sencillamente la forma más eficiente que ha

21:13 encontrado la especie para organizarse. Divide el trabajo, coordina esfuerzos, reduce el conflicto entre quienes tendrían, de otro modo, que negociar cada decisión desde cero. Y hay estructuras sociales enteras, empresas, gobiernos, familias, que dependen para funcionar de que ambos tipos de personas existan y se acomoden en su lugar. Busqué a Eduardo Carvalho, médico, psiquiatra y psicoanalista yonguiano, y le pregunté Si son justamente los narcisistas quienes más fácilmente llegan al poder,¿ qué le queda a una sociedad que necesita para funcionar gente dispuesta a mandar? Hoy en día estamos viendo alrededor del mundo una cantidad de líderes con personalidades narcisistas que están ajustándose en roles de poder que tienen una gran influencia. El gran problema de esto es que el narcisista, por su misma estructura, se siente con el derecho a lograr el beneficio que quiere o lograr la meta que desea Muchas veces sin contemplar lo que tenga que hacer o lo que tenga que sacrificar o transgredir para poder llegar allí. Esto le da una ventaja muy grande sobre otras personalidades no narcisistas que de alguna manera pudieran, por decirlo de alguna forma, que siguen las reglas del juego. Y al seguir las reglas del juego, bueno, están muy pendientes de no pasar límites que de alguna manera están preestablecidos. Por eso es que al narcisista, que además muchas veces acompaña de toda

22:43 una plataforma de promoción y una plataforma de apoyo, muchas veces no es fácil oponérsele. Porque para ello necesitamos tener instituciones fuertes que, de alguna manera, a partir de la ley o desde la ley, sean capaces de ponerle un freno desde una estructura más colectiva, que no es fácil cuando la situación se hace de individuo a individuo. Después del asesinato de Jorge Lézer Gaitán, el expresidente liberal Darío Echandía dio un discurso en el que había una frase que pasará a historia.¿ El poder para qué? Desde la escuela nos enseñan que Simón Bolívar es el libertador y que gracias a él somos un país libre. Pero hay mucho más que eso, Simón Bolívar. Llegó a la presidencia de la Gran Colombia como el hombre que había liberado a medio continente y defendió con vemencia el ideal republicano, se opuso a la monarquía y proclamó la soberanía del pueblo.

23:40 En 1825 redactó para Bolivia una constitución con un presidente vitalicio y facultad de nombrar sucesor, pensada como freno a las ambiciones personales de los caudillos. Para el historiador David Boshler, la presidencia boliviana era, de hecho, una monarquía disfrazada, Sus propios aliados liberales la calificaron de tiránica casi de inmediato y hasta 1830, con Venezuela separándose de la Unión y media Gran Colombia en armas, Bolívar renunció de manera irrevocable y se retiró hacia la costa, donde moriría meses después. Pero casi tres siglos antes, un funcionario florentino, caído en desgracia, se sentó a escribir el manual más incómodo de la historia del poder. El príncipe Nicolás Maquiavelo sostuvo en su libro que un gobernante no debe juzgarse por su bondad, sino por su capacidad de conservar el poder, incluso con métodos que la moral convencional llamaría crueles. No es difícil imaginar a Bolívar agotado tras dos décadas de guerra llegando por su cuenta a una conclusión parecida. Aristóteles resuelve el criterio moral, pero no explica el mecanismo.¿ Por qué el poder de unos se sostiene solo y el de otros necesita tarde o temprano cada vez más fuerza para no desmoronarse?

24:58 Imagínense una plaza llena de gente que decide, sin que nadie se le ordene, seguir a alguien. Eso para la filósofa alemana Hannah Arendt es el poder en su forma más pura, completamente distinto de un hombre armado obligando a esa misma plaza a dispersarse.¿ El poder entonces para qué?¿ Para servir un proyecto compartido que se sostiene solo o para imponer la voluntad propia que necesita cada vez más fuerza hasta que la fuerza es lo único que queda? Y ahí, otra vez, Volvemos al cuarto de mi nieta. Su lucha nocturna y la de un presidente comparten el mismo impulso desde la cuna hasta la vejez. Lo que cambia es quién se beneficia de él y si alguien sigue dispuesto a sostenerlo junto a uno. Llamé al filósofo Juan Fernando Mejía y le pregunté¿ Es posible ejercer poder al servicio de los otros sin que tarde o temprano termine sirviéndose solamente a sí mismo? Escuchemos su respuesta.

25:57 sí es posible un ejercicio del poder que no sea egoísta. Esto es lo que sostiene Sócrates en polémica con Trasímaco en el libro I de la República, cuando trata de sostener que la justicia es el beneficio del más fuerte, o lo que le conviene al más fuerte. Sócrates hace uso de la comparación con las artes, las técnicas humanas, que se dedican a cuidar, a mejorar, a producir lo que está a su cargo. Aquel que tiene un trabajo y un conocimiento se ocupa del beneficio de aquello que tiene a su cargo. En el caso del gobernante, el gobernante tiene a su cargo al gobernado y lo que le concierne es el bien del gobernado. Puede y debe, en virtud de la naturaleza del arte de gobernar, hacer el bien del otro hacer el bien de aquel que está a su cuidado por supuesto esta es una visión totalmente discutible pero también sirve como una crítica radical al estado de cosas al que a veces el sentido común nos acostumbra no siempre las cosas tienen que ser así al final Entre mi nieta pidiendo un cuento más y una posesión presidencial celebrada a puerta cerrada en otra ciudad,

27:30 el poder resulta ser la misma pregunta hecha a distintas escalas, si sirve al bien común o solo a quien lo tiene. Y la respuesta nunca está en cuánto poder se tiene, sino en si alguien más sigue ahí, dispuesto a sostener lo común. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo 203 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capítulo. No puedo finalizar este capítulo sin mandar un mensaje de aliento a las comunidades afectadas por el temblor del pasado 10 de agosto. Colombia entera está con ustedes. A partir de este momento, este capítulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40.000 empresas en Colombia.

28:21 Dirección Roberto Pombo Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.