July 16, 2023

¿Debería Colombia ser un país federal?

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En los últimos años ha ganado fuerza un espíritu político por revivir el modelo de república federal en Colombia. ¿Es posible que Colombia vuelva a ser un país federado?, ¿cómo sería la región autónoma del Caribe o el Gran Santander en un sistema federal?

Para este capítulo hablamos con Luz María Zapata, directora de Asocapitales; con el sociólogo y exministro José Antonio Ocampo; con Diego caricaturista y con Didier Tavera director de la Federación Nacional de Departamentos.

Soy Roberto Pombo, y estas son mis preguntas. Un programa de prisa media hecho posible por KFAM inspirando sonrisas. En los últimos años ha ganado fuerza un espíritu político por revivir el modelo de República Federal en Colombia. Cada región, con sus particularidades, reclama más autonomía sobre sus recursos y sienten que dirigir el país desde Bogotá es una injusticia. Es posible que Colombia vuelva a ser un país federado. Cómo sería la región autónoma del Caribe o el Gran Santander en un sistema federal. El regionalismo permitiría repensar una nueva distribución del territorio. Para este capítulo hablamos con Luis María Zapata, Directora de az O Capitales, con el sociólogo y exino ministro José Antonio Ocampo, con Diego caricaturista y con didier Tavera Director de la Federación Nacional de Departamentos. Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a mis preguntas. Si en algo me he convertido en estos años es en un especialista en moderar debates políticos. Al principio llevaba la cuenta de los paneles de televisión y radio, a los que me invitaban a preguntar a los candidatos y candidatas por sus intenciones, por sus ideas para gobernar cuando llegaran al poder. Pero ya después de veinte procesos electorales de todo tipo, perdí la cuenta y de todos los debates, los de las elecciones para cargos regionales puede ser en los que más he escuchado lugares comunes de la política. De esos años he ido aprendiendo a reconocer patrones en muchos de los candidatos. El tono confiaba en sus voces. La contrapregunta a otro candidato que ven como su antagonista. La respuesta que desvía de la pregunta inicial, la lanzada de un globo para desviar la atención y así muchas otras tácticas sacadas del manual del político en campaña un verdadero festival del cliché. Las respuestas también se han vuelto a generales etéreas. Candidato. La inseguridad está desbordada. Qué piensa hacer aumentar el pie de fuerza ser el primer policía de la ciudad candidata. El tráfico es un desastre, cómo lo va a solucionar, mejorar las vías y el sistema de transporte masivo y cuál va a ser el eje de su administración la educación, porque los niños son el futuro del país y así las fórmulas se repiten. Cada cuatro años votamos más apegados a las simpatías políticas por las caras que por propuestas concretas. Pero hay uno que siempre me ha causado especial simpatía. Por lo cierto, una idea que se ha repetido hasta convertirse en una verdad de pero grullo. Pero no por eso menos cierta. No nos pueden seguir gobernando desde Bogotá. La frase tiene distintos argumentos del político regional a brocomillas. En Bogotá no conocen nuestras necesidades cierro comillas abro De nuevo, tenemos mucho que enseñarle a Bogotá cierro comillas y vuelvo y las auro. Producimos muchos recursos que se llevan otras regiones cierro comillas o abrocomillas. Necesitamos descentralizar el poder cierro comillas. Todo se resume en la Carta del Bogocentrismo. El bogocentrismo, como se le ha llamado a la costumbre del gobierno nacional de querer gobernar bajo sus parámetros en las regiones es tan viejo como el sistema centralista de Colombia, que se instauró con la Constitución de mil ochocientos ochenta y seis. Desde entonces, desde las diferentes oficinas frías en el centro de Bogotá, desde los ministerios, departamentos administrativos y las oficinas técnicas, se redactan comps, proyectos políticas y manuales para que se ejecuten en regiones distantes, tan diferentes entre sí y a Bogotá, que sus complejidades no caben en la cabeza de un tecnócrata. Las cifras y los datos no son suficientes de lo que pasa en Bogotá depende todo el país, pero no necesariamente al revés. Algunos ejemplos se me vienen a la mente durante las primeras semanas de diciembre de dos mil veintiuno se terminaron las obras del túnel de Tesalia en el departamento de Caldas, el más largo del eje cafetero, que ahorra hora y media entre la Pintada y la Virginia, y estaba listo para ser usado, pero su inauguración se hizo varias semanas después, cuando el entonces Presidente Iván Duque tuvo tiempo en su agenda para asistir a su inauguración y para cerrar con broche de oro. Incluso la misma Bogotá ha sido víctima del centralismo hace tan solo dos semanas. Fue la misma alcaldesa la que lo hizo público en su reclamo el Ministro de Defensa por el pie de fuerza de policías y el ex Ministro de Defensa y antiguo Comisionado de Paz, Rodrigo Rivera, le hizo eco a través de twitter Auro Comillas. Es increíble que el centralismo obligue a una ciudad como Bogotá a mendigarle por policías a la nación. Estamos en mora de permitir la creación de una policía distrital que se ocupe del tránsito, el espacio público e infracciones menores y complemente a la policía nacional. Cierro comillas, la paradoja máxima del centralismo. Es normal en las alcaldías y gobernaciones que los mandatarios viajen con frecuencia a Bogotá a buscar recursos, a hablar con viceministros, con directores de entidades, con congresistas, buscando fondos o promover un proyecto de ley que benefice sus regiones. Y aunque son autoridades máximas en sus departamentos y municipios a la capital, a los despachos de los poderosos políticos de nivel nacional, llegan con cara de kempiedra y mosna. A veces, cuando hay un padrino político regresan con lo que fueron a buscar. Pero cuando no hay quien los apadrine en la capital, su región se queda con las manos cruzadas. El clientelismo es un amigo cercano del centralismo. Estas palabras del Alcalde de Bucaramanga n n n uso los cárdenas en una entrevista describen mejor esta situación y, efectivamente, hemos estado todos los alcaldes al fin en dos lógicos lo diferentes de funcionar el gobierno nacional del ejecutivo, con militros correntes descentralizados para resolver problemas y tengo que decirlo son muy queridos, son muy buenas personas, las agendas permanentemente son incumplidas, las cancelas las reprograman. Yo sí, creo que tenemos que ser respetuosos por las agendas de los gobiernos locales y que realmente se puedan materializar esos compromisos en todo sentido de la inversión social en la inducción pública. Nunca el término centralismo había sido tan acertado como en el caso de Colombia, en donde la capital queda exactamente en el centro del país, en plena cordillera central encerrada entre montañas que la separan del norte, del sur, del Oriente y del Occidente. Desde esta ciudad paramuna a más de dos mil seiscientos metros sobre el nivel del mar o los mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. Como le solíamos decir, se decide lo que pasa en Puerto Alegría, en Norocue o en Malambo, todos tan diferentes entre sí, tan alejados el uno del otro, que bien podrían estar en diferentes países. Pero así es Colombia, un país multicultural, compuesto de regiones diametralmente opuestas en todo sentido y con una sola cabeza que se encarga de todo. Y es en este punto que llega a la tentación de muchas personas de hablar de una Colombia federal. Sé que a estas alturas, esta discusión suena a dos señores de ochenta años usando saco de lana y con libros gordos de historia de Colombia, un recuerdo de lo que éramos como país en el siglo XIX, en los Estados Unidos de Colombia. Pero la suma de voces que han traído el tema de nuevo a la mesa es cada vez más grande. No es un tema para nada caduco. Pero antes de entrar en este chicharrón que es hablar de lo que significa cambiar el modelo administrativo y político de un país, hay que comenzar por el principio. El federalismo es una forma de organizar ción administrativa y política de un territorio en el que varias regiones o Estados Reunidos bajo una misma constitución coexisten, pero cada Estado o departamento, como es nuestro caso, tiene cierta independencia para gobernarse. Este tipo de organización no nos es lejana. Solamente en América hay seis países federalistas, Venezuela, México, Argentina, Brasil, Canadá y Estados Unidos, y no necesariamente todos son el mismo tipo de federalismo. En el caso de Venezuela, se trata de un Estado federal descentralizado. En la República Federativa de Brasil, cada uno de sus veintiséis Estados dicta su propia constitución y se encuentra regido por un gobernador. Y está el caso del pionero del federalismo Estados Unidos. En el País del Norte, las funciones de gobierno están repartidas entre el poder central en su capital Washington DC, que tiene las competencias mínimas que garantizan la unidad política y económica, como la política exten y de defensa, y sus cincuenta Estados asociados, que tienen autonomía en políticas como la educación o la política de consumo de drogas soporte de armas. Si uno mira este caso, puede darse cuenta rápidamente de que muchas veces el Presidente no tiene poder, a diferencia de nuestro país, donde todo lo que se decía en Bogotá se aplicará para todos los municipios. Por ejemplo, como ya mencionaba el Presidente de Estados Unidos, un demócrata, no tiene nada que hacer frente a las políticas y decisiones con respecto a los libros y temas vetados en el Estado de la Florida, gobernado por un republicano. Para algunos Esto representa un control más real del territorio les da autonomía. Esto puede ser una ventaja o una desventaja según los ojos que lo miren. Viendo estas experiencias, incluso en países vecinos, qué podríamos esperar de un sistema federal en Colombia. Buscó a los María Zapata, directora de ars o capitales. No compartimos la idea de Colombia como un Estado federal. Esa es una propuesta que se debería haber hecho el primer año de los mandatarios departamentales, no el último año, cuando ya estaban de salida, y nos gustaría mucho que nos aclararan abiertamente si lo que ponen es una Asamblea constituyente, ya que obligatoriamente, convertir a Colombia en un Estado federal requiere una Asamblea constituyente, porque estaríamos frente a una sustitución de la Constitución que hoy nos rige hemos hecho las cuentas y pues, obviamente, ser un Estado federal es muchísimo más costoso de lo que hoy ya tenemos. Así que no creo que tengamos esa capacidad fiscal para asumir un Estado federal. En cambio, proponemos desarrollar el principio de autonomía que introdujo la Constitución del noventa y uno y no lo hemos hecho. Proponemos un Estado más liviano, eficiente ejecutor, en el en el que las competencias estén claramente delimitadas y financiadas. Uno pensaría que un mandatario que se precia de ser liberal en lo político, como es el caso del Presidente Petro, apuntaría a considerar un modelo federal. Ya en su discurso de posesión en agosto del año pasado hablaba de un gobierno descentralizado. Colombia no es solo Bogotá. El Gobierno del cambio será descentralizado. Les prometo que vamos a estar y trabajar en todo el país, desde Leticias hasta Punta Gallinas, desde cabo Manglares hasta Islas San José, pero qué tanto va del discurso de la descentralización a hacer gran parte de su poder a mandatarios regionales. La descentralización es necesaria, pero creo que los Presidentes las han entendido mal. Se ha entendido cómo organizar consejos de seguridad cada tanto en regiones golpeadas por la violencia, o una visita de ministros o del Presidente que llegan rodeados de una comitiva que más parece un rey llegando a sus dominios, van observan el territorio, dan líneas sobre las soluciones y regresan a la Casa de Nariño. La verdad es que no veo a este ni a ningún Presidente apoyando una reforma para dar un giro hacia una Colombia federal, porque mucho hay de la descentralización, a perder gran parte del poder en las regiones. Es que no es un secreto que el federalismo, si le dan autonomía a los departamentos, le quita al poder central. Y qué Presidente, en su sano juicio quiere eso. Qué mandatario nacional se despojaría del ego para ver a las provincias, decidiendo por sí mismas. Solo uno serio y sensato promovería este modelo político para Colombia. Pero ya sabemos que de eso es poco o nada hay. Y es que, si bien este modelo ultra presidencialista y centralista abarca casi toda la historia de nuestro país, no es una regla de toda nuestra historia republicana. Si usted recuerda us algo de sus clases de historia de sociales, quizás le venga un flashback si le hablo de los Estados Unidos de Colombia. Fuimos a una república federal por veintitrés años desde la firma de la Constitución de Rionegro en mil ochocientos sesenta y tres, en los que el país todavía iba hasta Panamá y parte de lo que hoy es Brasil y Perún fue sin duda un avance de los liberales, un logro que estableció una confederación de nueve Estados soberanos con autonomía fiscal ilegal. Con este modelo, los liberales querían romper la tradición centralista, que todavía era herencia de la corona española, y darles a las provincias autonomía para que manejaran sus propios asuntos. Esta nueva Constitución también trajo avances como la abolición de la reelección presidencial inmediata y de la pena de muerte. Se separó el Estado de la Iglesia y las exportaciones de café, cuero y tabaco crecieron y comenzaron a salir a través de Cúcuta hacia el lago de Maracaibo. Fue el esplendor máximo del liberalismo. Es lo que hoy se conoce como el olimpo radical. Claro, hay versiones, especialmente entre historiadores y académicos, en las que se argumenta que no todo fue un dechado de Estado perfecto. Pero la Constitución de mil ochocientos ochenta y seis borró con la sangre de varias guerras civiles. El legado de este período volvió entonces el poder a Bogotá. El período presidencial se alargó a seis años. La educación de nuevo fue impartida por la iglesia y los alcaldes y gobernadores eran escogidos a dedo por el presidente de turno. El centralismo volvió y esta vez más fuerte. Muchos aseguran que el país no estaba listo para toda esa avalancha de decisiones liberales y que, por eso fue tan fácil para Rafael Núñez de volvernos a una república centralista. Estaremos preparados ahora Qué se requiere entonces para salir de una vez por todas del centralismo. Le trasladó estas preguntas al ex Ministro de Hacienda y autor del texto centralismo, de centralización y el federalismo en la historia de Colombia, José Antonio Ocampo. Esto me dice Colombia deben profundizar la descentralización, incluso revirtiendo más bien un precio de re descentralización que se ha vivido durante ya varios gobiernos en los años noventa, si un precio de centralización, pero eso se ha revertido con posterioridad. Ahora ir hacia un federalismo me parece que es todavía inoportuno, entre otras condiciones, porque la capacidad que tienen los gobiernos regionales y locales, con excepciones importantes es muy dimitar en mas hay una hay gran diferencia entre los distintos departamentos de Colombia. Más bien, me parece más importante organizar las regiones, como lo estableció la Constitución de mil novecientos noventa y uno. Pero hasta ahora ni siquiera la más avansact de la región Caribe lo ha hecho desde hace tiempo con un tono más de soberbia que de sentido común. Varias regiones se han hablado de indecid de Colombia de tomar un camino en solitario y brillar como república independiente. Casi siempre esos comentarios vienen seguidos de años y olvido del Gobierno nacional de ser marquinados por Bogotá. Intentos también ha habido, porque incluso la Constitución del noventa y uno exactamente el artículo trescientos seis permite que dos o más departamentos puedan unirse y constituirse como en regiones administrativas con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio. Los intentos de volver a Colombia un Estado federado no han sido pocos. Solo. Por citar un ejemplo, en marzo del año dos mil se radicó en el Congreso un proyecto que pretendía convocar a una nueva Asamblea constituyente para convertir a Colombia en un Estado federal. Los autores de esta iniciativa eran los congresistas a mil Caracosta, Alfonso Angarita, Baracaldo, Jaime dusan Ya, Antonio Guerra, entre otros más. El proyecto no pelechó, ni siquiera tuvo un debate y fue archivado. Desde en entonces el tema ha aparecido de manera intermitente en la agenda pública. No puedo dejar de imaginarme una Colombia actual bajo un modelo federalista así abuelo de pájaro. Pienso que no podría organizarse con los departamentos como los conocemos hoy en mis supuestos y especulaciones, como si jugara una partida de risk. Me imagino un Gran Santander, que una de los dos departamentos de Santander norte de Santander y Boyacá, con la ventaja de la frontera, sin duda el Estado federal con gente más grave. Puedo eso sí ver la disputa política entre los clanes políticos de los dos departamentos, entre los Cristo y los Aguilar, por ejemplo. También me imagino una República Federal del Pacífico que una anariño valle del Cauca y el Cauca tendría el monopolio de la salida hacia el Oriente. La República Federal Paisa abarcaría en tyo que a Caldas, Risaralda Kindu de ellos no hay ni que hablar una potencia industrial y cafetera, que podría incluir a chocó para el impulsar económicamente a ese departamento marginado y que cuenten con una salida al mar. Se me ocurre que si buscamos reagrupar a las regiones, un criterio podrían ser las condiciones de biodiversidad, por ejemplo, y podríamos pensar en un Estado federal que una todas las áreas de reservas y plantea unas condiciones especiales para ella. En fin en mi mente ya tengo unas ideas de cómo se reorganizaría el país con los nuevos departamentos federados y con sus principales fortalezas y líderes políticos. Pero, como digo, no es más que una partida de risk imaginaria. Esta hipotética reorganización del MAPA me deja varias preguntas. Se agruparían departamentos por cercanía, por vocación económica por recursos naturales. Le pregunto a diego caricaturista qué debería incluir un escudo de un Estado federal del Gran Santander. El escudo del Gran Santander tendría que tener una gran mano en la mitad alusiva a la expresión de los santanderes. Qué humano Aquella mano está sostenida por tres emblemáticos animales en representación de nuestra fauna. Para empezar, un manso manatí que encontramos a lo largo de todo el río Magdalena y a los costados, un hermoso elefante blanco de la parte izquierda que se puede encontrar a lo largo de todo el departamento y una elegante rata en la parte derecha que podemos hallar en nuestras alcaldías y gobernaciones. Estos animales están sobre una carretera llena de huecos en representación de las vías del Gran santander que nuestros administradores del poder aún no han sido capaces de arreglar de la mano hacia arriba. Sobresale un imponente tarro de salsa tártara representando nuestra gastronomía. Y atrás de este hermoso tarro de tártara, lo que a primera vista parecía ser un sol, no es un sol. Es una deliciosa arepa santanderiana. El diseño original tenía debajo de la carretera una bolsa que decía herario, pero al final no pudo ponerse. Se lo robaron. Otro reto al pensar en un nuevo modelo administrativo es combatir el actual regionalismo en el que vivimos inmersos. Hay chacos de piano, costeño malpa. No me imagino, por ejemplo, un departamento federal en que estén juntos antiok hay Córdoba o Bolívar. La riña cultural entre costeños y países es bien conocida, un arma que le puede jugar en contra a la idea de una Colombia federal. Pero más allá de todo este juego, la verdad es que sí ha habido y hay un impulso por cambiar el modelo centralista. Y no es nuevo. Recuerdo un episodio de principios de dos mil diez, cuando Colombia se disponía a entrar en otra jornada de elecciones parlamentarias. Pero además del ya conocido tarjetón con los candidatos al Congreso, los votantes de la Costa podían pedir otro, el llamado tarjetón Caribe, en el que se leía voto a favor de la Constitución de la región Caribe como una entidad territorial de derecho público con autonomía para que promueva un deso arroyo económico y social en nuestro territorio dentro del Estado y la Constitución colombiana. La iniciativa logró algo así como dos millones de votos, pero no avanzó y murió en el Congreso. Esta no es la primera vez que en la Costa se discute su independencia o, por lo menos, su situación como territorio autónomo. Ya los historiadores han reseñado que este ánimo viene desde la misma colonia. Pero para no hacer el recorrido completo, me salto a diciembre de dos mil siete, cuando se realiza en Santa Marta el segundo Congreso por la Autonomía Regional, en el que la idea de la independencia de los departamentos de la Costa Caribe toma fuerza y llegan propuestas como aurocomillas, modificación del mapa político de la región Caribe a través de la participación activa de los movimientos sociales, organizaciones comunitarias y grupos generacionales orientados a crear mayor autonomía e integración en la región. Cierro Comillas. En dos mil ocho y dos mil nueve, los encuentros de Rras repitieron y aprobaron propuestas como Auro Comillas, la apuesta por un modelo de desarrollo regional más incluyente y sostenible y la decisión de intervenir en el debate sobre el ordenamiento territorial Cierro Comillas. Le pregunto al presidente de la Federación Nacional de Departamentos didier Tavera puede un sistema federalista ayudarnos a solucionario y centralismo. Más allá de hablar de una Colombia federal, la conversación que nos llama y que urge sostener como país es acerca del modelo de gobierno administrativa y Presupuestalmente hablando de aquella organización que honre el mandato de la Constitución del noventa y uno, porque desde entonces y hoy más que nunca, está claro que el centralismo en el país ha fracasado y que seguir y respetando los pilares básicos de autonomía y descentralización da a nuestros departamentos fecha de vencimiento. Colombia no puede ni debe seguir siendo gobernada como una república unitaria, una que desconoce y desaprovecha las diferencias y particularidades con las dinámicas propias de cada región, de políticas diferenciales, de atender las reales necesidades de cada territorio y de que haya un trabajo articulado entre todos los niveles de Gobierno y no una relación de subordinación, dependencia y mucho menos depresión. En esa Colombia, el Gobierno central podrá ocuparse realmente de la política internacional y la soberanía nacional. Las regiones crecerán como motores de riqueza y serán sustentables y la ciudadanía podrá aportar desde la competitividad y la innovación al desarrollo. Pero si hablamos de regiones de Colombia que han querido montar rancho aparte, no podemos dejar por fuera Antioquia, donde el impulso por establecer su paísaporte no ha perdido vigencia. El segundo departamento, con el PIP más alto del país y con la única ciudad con metro, sin duda tiene un espíritu independentista bastante fuerte. Ya es bien conocido el famoso nombre de antioque Federal, un reino pujante autosuficiente con casi seis millones y medio de habitantes y que históricamente ha colonizado tierras cercanas. El orgullo paisa a buscado desmarcarse el resto de Colombia y no dudo que las propuestas los agarre con planes ya adelantados. De hecho, el ex gobernador de Antioca, Luis Pérez, en campaña presidencial puso el tema sobre la mesa. Creo que hay razones para avanzar hacia una Colombia federal. El centralismo nos ha llevado a políticas poco pertinentes para los departamentos Fuera de Bogotá. Las regiones más marginadas podrían gozar de autonomía para decidir sobre su futuro. Nadie conoce mejor el departamento del meta que los habitantes del departamento del meta. Los abusos de poder desde los ministerios y desde el gobierno nacional y el clienterismo se reducirían y más importante se resta apoder a la figura del Presidente y siendo un país tan presidencialista como somos, creo que es una gran ventaja, pero no todo es color de rosa. En las repúblicas federales, este modelo, como cualquiera, también suponer riesgos. Según el profesor John Kinkade, director del Centro Mainer, para el estudio del gobierno estatal y local. Existe comillas una relación inversa entre la ciudadanía y el consumo. Cuanto mayor es el nivel de consumo, menores el nivel de autonomía ciudadana Y, a su vez, cuanto mayor es la autonomía ciudadana, menor es el nivel de rendimiento económico, debido al mayor número de barreras para el comercio levantadas por las comunidades autónomas cierro comillas. Esto, según Quinkeit, es un problema común en los países federados, incluso en potencias como Alemania y Canadá. En este mismo documento se señala que otro problema que puede traer este modelo administrativo es aurocomillas. Cuando una federación tiene que dar priodiada a la paz y a la seguridad nacional frente a las fuerzas políticas de fragmentación, como movimientos de esa sesión Gobiernos constituyentes obstructivos o políticos regionales prepotentes cierro comillas. Y esto en un país como Colombia, que vive en un tio conflicto armado, puede ser especialmente problemático. Y finalmente, el autor destaca otro problema en varias democracias federales y es que en una federación que no tenga una integración fuerte entre sus departamentos, es muy probable que las políticas económicas del gobierno de cada federación y del Gobierno central sean conflictivas y contradictorias. Partiendo de que no somos precisamente un País unido, este podría ser un inconveniente. Más allá del análisis del profesor Kinkey, creo que ésta también sería una forma de fortalecer a los ya conocidos clanes y fortines políticos de cada una de las regiones en Colombia. Lo más probable es que, durante las elecciones regionales de octubre, vuelva a estar en los debates con los aspirantes a gobernaciones y alcaldías de los principales departamentos y capitales del país. Y creo que este año, como nunca antes, el tema del centralismo y de una Colombia federal serán un tema recurrente. De hecho, la propuesta de la fe Federación Nacional de Departamentos está sobre la mesa y no le cabe un simbolismo más. En el marco de los ciento sesenta años de la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, en el evento Colombia Federal Colombia Unida realizada en Rionegro, se propuso llevar el que llamaron Tarjetón Federal a las elecciones de octubre. Con la siguiente pregunta, está usted de acuerdo con que Colombia sea una nación federal. Espero no haberme retirado del oficio para cuando, en unas futuras elecciones no muy lejanas. El argumento de que en Bogotá no conocen nuestra realidad deje de ser una verdad de pero grullo. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo cuarenta y cuatro de mis preguntas a partir de este momento, este capítulo de mis preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a Kafam, inspirando sonrisas en la dirección Roberto Pombo, asesor editorial, Daniel Sampero es Crina, investigación y entrevistas. Johnny Rodríguez, Producción de campo, Marcela Salazán, dirección de sonido y postproducción. Daniel Murcia, Edición de sonido, Carlos Bernáldez