May 21, 2023

¿Debe reescribirse la ficción para ajustarse a los nuevos estándares morales?

¿Debe reescribirse la ficción para ajustarse a los nuevos estándares morales?
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La literatura, el cine, las series de televisión y la creación de ficción en general están en un proceso de revisión e incluso reescritura. ¿Cómo afecta esto al arte?, ¿deben los escritores condicionar sus textos y creaciones a lo que pide el público? ¿Las novelas y libros viejos deben ser reescritos para ajustarse a los nuevos estándares morales?

Para este capítulo hablamos con los escritores Daniel Samper Pizano, Ricardo Silva y Adolfo Zableh. También hablamos con Kendry Serrano, directora de comunicaciones del Programa Juntanza Étnica de USAID y ACDI/ VOCA; con la guionista y productora Juana Uribe; con Mariana Marczuk, directora editorial de Planeta y Sebastián Estrada, director editorial de Pengüin Random House.

Soy Roberto Pombo, y estas son mis preguntas. Un programa de prisa media hecho posible por Kfam inspirando sonrisas. La literatura, el cine, las series de televisión y la creación de ficción en general están en un proceso de revisión e incluso reescritura. Cómo afecta eso al arte. Deben los escritores condicionar sus textos y creaciones a lo que pide el público. Las novelas y libros viejos deben ser reescritos para ajustarse a los nuevos estándares morales. Para este capítulo hablamos con los escritores Daniel san Peer, Pisano, Ricardo Silva y Adolfo Sable. También hablamos con Kendry Serrano, directora de comunicaciones del programa Juntanza Étnica de USAI y ACTI y Voca, con con la y productora Juana Uribi, con Mariana Marksuk, directora editorial de Planeta y se basán estrada director editorial de Pingüin Random House, soy Roberto Pombo. Bienvenidos a mis preguntas. Es insoportable ver televisión. Hoy está el problema de las plataformas de streaming. Ya no sé cuántas estoy pagando, pero sí sé que las empecé a pagar porque alguien me habló de alguna serie, una película o algún documental y pues terminó metiendo la tarjeta de crédito, me vi la historia de Michael Jordan. Duré todo el día sentado tremenda serie documental, diez capítulos impresionante, me dicen. Y así siempre termino preguntando. Y es a dónde la dan. No le tenía fe a primate, pero qué enganchada tan bárbara. Y es a dónde la dan? Y así quedó prendido a la necesidad de verlo recomendado por Díaz. Y llega el momento en el que me rindo y compro cuanta suscripción. Se me aparece que dicho sea de paso, tiene más descuentos que los gimnasio y en el largo plazo termino usando las menos que los gimnasios. Por encima, les hago un recuento de lo que he comprado para ver un par de series, por supuesto, en Netflix para ver Narcos y el último baile Hbo para verse accession y ver y Ralph un documental de raff Floran, Amazon Prime para ver Primatic y recientemente noticia de un secuestro. Apple Plus para ver Home Casas innovadoras y de Morning Show Star Plus para ver los Grands lams de Tenis y Flaceman Y sin Hrable directvy Go, pues porque si hay DirecTV pues tengamos la versión en aplicación Disney Plus porque venía en el paquete de star Prus. Y ahora, ando en la duda de meterme a Ulu porque alguien me habló de Home Economics, es interminable. El catálogo. Es insoportable la selección de algo con el exceso de oferta verdad extraño de alguna manera, esos tiempos en los que esperábamos el día y la hora exacta para ver lo que todos estaban viendo y llegar al trabajo. Comentario el asunto. La misma época en la que había poquísimas referencias de vino, no había que escoger entre varietales subvarietales, pentaceparios, rosados, verdosos de barricas francesas, espumosos, etcétera, etcétera, etcétera. Solo había Malbeck. Ya era delicioso. Por eso ahora busco lo conocido lo que ya he visto, historias y novelas de las que yace su final, sin importar si es la original o una nueva versión. Remake que llaman empecé hasta que la plata los separe y me enganché con el nuevo Rafael Méndez y con la nueva doctora maldonado y luego pasé a café con aroma de mujer y no dejé de admirar a Gaviota. Y ahora empecé Betty la fea y volví a hacer fuerza para que el amor triunfara. Mi yo del pasado salió a flote y me reí de los chistes de la época de la incorrección que hasta era bien vista, pero lo hice de forma vergonzante y al principio no identifique por qué. Yo sé que los más jóvenes sí lo saben y odian mucho de lo que grandes figuras de la literatura y la televisión de los s ochenta noventa y dos mil es producíamos. Mi sentimiento tenía que ver con el revisionismo al que estamos llegando, por cuenta de los avances en cuanto al lenguaje nuevas ciudadanías y la protección de minorías. Fernando Gaitán que en paz descanse podría ser cancelado hoy por muchos se consideran que promovió estereotipos negativos para la sociedad. Lo de hace veinte años. Por supuesto que no pasa la prueba ácida del público actual. Los que hacemos un esfuerzo por actualizarnos lo sabemos. Pero reírme de chistes de hace veinte años sintiéndome como un delincuente, me generaba muchas preguntas. Mi primera impresión fue que escribir un libreto, una novela, una obra de teatro, es hoy un oficio de alto riesgo que debe tener muchas consideraciones para no pisar minas quebrapatas. Es más difícil hoy escribir una novela que hace veinte años, la conciencia por las minorías, la reivindicación de derechos y de algunas poblaciones puede en contra de la creatividad de un escritor. A estas la primera pregunta al periodista y columnista Daniel san Perpisano. También busco la opinión de la libretista Juana Uribe. Esto ulísimo. No hay ninguna duda de que la conciencia por las minorías, la reivindicación de derechos de determinadas poblaciones, la prohibición de usar determinadas palabras, el escalofrío que le produce a muchos de estos sensibles correctores, el uso de determinadas palabras o determinadas imágenes, el tratamiento de los animales, etcétera, etcétera, complican la vida de un escritor. Toda censura le complica la vida de un escritor. Ahora bien, los escritores existen para no dejarse vencer por las censuras, para no dejarse vencer por las correcciones, para no dejarse vencer por las reivindicaciones de minorías, un buen novelista siempre saldrá adelante. A pesar de todo esto, ahora lo que sería totalmente absurdo y grotesco sería tener que desfigurar las pasadas novelas para acomodarlas al criterio de una pequeña minoría que se dedica con cualquier cosa. Eso no se puede hacer. Un abrazo mi general, para el mercado lo local y colombiano. Yo diría que no, por supuesto, con algunas pocas restricciones del lenguaje y de diálogos y de situaciones, pero cuando se trata de escribir y de producir para el mercado internacional, si la cosa se ha complicado mucho más, hay una exigencia casi matemática de incluir ciertos temas de poblaciones minorías, de temas raciales, de temas de igualdad de género que a veces incluso no tienen y no salen orgánicamente de la esencia de la historia, pero se pide que estén incluidas para que no se tilde la producción de excluyente. Esto es por lo menos a veces molesto y difícil de manejar, porque se siente puesto, se siente impuesto y no es fácil. Pero yo creo que la cosa va a atender a empeorar en la medida en que estas digamos esa militancia más que una conciencia, porque cuando es conciencia, está bien y cuando es conciencia, todos lo tenemos. Pero cuando es militancia, la cosa se complica. Lo cierto es que estamos viviendo un momento en el que la inconformidad de diversos grupos de la sociedad exigen incluso la intervención de lo que hasta hace poco eran consideradas obras de arte intocables, encuentros rápidamente múltiples casos. Empiezo por las recientes revisiones o reversiones que se han hecho de la obra de autores como Roaldal, que en paz descanse. Hace tan sólo unos meses, los albaceas y editores de su obra decidieron borrar o modificar referencias al género, la apariencia y el peso de los personajes de libros como Charlie y la fábrica de Chocolate, Quienes dijeron que las novelas del autor británico se han actualizado para adecuarse más al público moderno, que cambiaron. Por ejemplo, al personaje Augustos Glup se le describía como gordo. En adelante el libro lo llamará como enorme. En el Libro de los Twits, la señora Twits ya no será una señora Flay bestial, Simplemente será bestial en Matilda la expresión noquearla al piso cambia por darle una buena reprimenda. Eliminan las palabras de un loco y desquiciado de toda la hora de Dal por el gran problema de enfermedades de salud mental que vive la humanidad. Pienso que estos cambios son un poco locos y pensar en todo lo que se debería cambiar en la literatura universal ve por un poco desquiciado, pero sigo haciendo el esfuerzo por entender si esto tiene un efecto práctico en el cambio del comportamiento humano, si el saldo pedagógico es positivo o si, por el contrario, termina siendo contraproducente la decisión de tachar una obra de arte que había estado protegida en una urna de cristal, en el caso de la obra de Dal hasta el Primer Ministro británico, Luis y Sunac, se opuso a la intervención de la obra original. Después del revuelo Poffing, la editorial del escritor decidió irse por la mitad de publicar ediciones con versiones cien por ciento originales y otras ediciones adaptadas al lenguaje de hoy. Hablo con Mariana Markuk, directora editorial de Planeta. Quiero su opinión. Quiero saber si al final toda esta discusión la terminará resolviendo el mercado. Si se ven mejor las versiones adaptadas que las originales, pasa a un segundo plano la discusión. Eso lo respondí Creo que es pronto para hablar de ventas, pues algo que acaba de comenzar tiene relativamente poco. Esta discusión es, además, una reflexión que tiene muchísimas aristas y muchísimas perspectivas. De hecho, yo me atrevería a decir que muchas de esas versiones, o la gran mayoría de esas versiones, aún no se han terminado de concretar y, sobre todo, las que se han concretado tienen muy poco tiempo en las librerías como para determinar si las versiones nuevas venden más que las versiones originales. En mi opinión personal, creo que mirar el pasado con ojos del presente es algo que no tiene mucho sentido. En todo caso, hacerlo lo que está haciendo es distraer la atención de una discusión mucho más constructiva del futuro, inclusivo que necesita la humanidad. Otro caso que me llamó la atención ocurrió en dos mil dieciocho en Estados Unidos, con la obra de los escritores Mark Twaine que en paz descanse y Harper Lee, que en paz descanse También sus novelas matar a un ruiseñor de Lee y las aventuras de Hackld Berry Finn de Twaine fueron retiradas del programa de estudio del Distrito escolar de Duluth en el Estado de Minnesota. La razón críticas raciales que hacían que los estudiantes se sintieran comillas, humillados o marginados. Cerro comillas, especialmente por el uso despectivo de la palabra Negger, que traduce negro. Lo curioso de este caso es que ambas obras son reconocidas por antirracistas. En el caso de matar a un ruiseñor, se trata de una novela que, a través de los ojos de Scout Finch, una niña de seis años, cuenta cómo su padre defiende a Tom Robinson, un afroamericano acusado injustamente de violar a una joven mujer blanca. En el caso de Haccord Berry Fin se cuenta la historia de Huck y Jim, un esclavo prófugo que, recorriendo el río Mississippi, intentan abandonar el pasado. Son cada una de su manera, historias muy cercanas a la realidad del esclavismo y el racismo en Estados Unidos. En ningún caso una validación de estos fenómenos. El argumento para retirar los libros es que existen otros títulos con los que se podrían enseñar los mismos valores sin caminar por el recorrido de la ofensa. Pero hasta dónde la revisión en este caso puede alterar la crudeza de la historia o a livianar un problema que existe. Hablo con Kentruy Serrano, directora de comunicaciones del Programa Juntanza Étnica de USAIT y ACTIVOCA. Esto nos dice el cine, de la literatura, a la música, el arte en general responde a contextos y momentos históricos en los que las obras son desarrolladas. Estamos en una época en la que el mayor acceso a la información, la importancia de la grantidad de los derechos colectivos individuales nos permiten hacer análisis sobre la historia, sobre la de música la literatura. Y no se trata aquí de eliminar esas obras, sino de hacer lecturas críticas que nos permitan cuestionarnos como sociedad y retarnos a escribir nuevas historias o a escribir las otras historias alrededor de la dignificación de poblaciones que de pronto en ese momento no fueron tenidas en cuenta o no fueron narradas de manera digna, como la población afrocolombiana, como las pueblos indígenas, como la población LGTB. Qu más porque a través de estas lecturas críticas es que podemos cambiar la narrativa y es que podemos diversificar la narrativa y reflejarnos lo que somos como sociedad a burucomillas. Los editores son despedidos por publicar piezas controvertidas, se retiran libros por supuesta falta de autenticidad. A los periodistas se les prohíbe escribir sobre ciertos temas. Los profesores son investigados por citar obras literarias en clase. Un investigador es despedido por hacer circular un estudio académico revisado por pares y los jefes de las organizaciones son expulsados, por lo que a veces son simples errores torpes cierro comillas. El fragmento que acabo de leer es una respuesta del mundo, de la literatura y la intelectualidad a casos de revisión o control, como los mencionados. La vehemente respuesta se dio el siete de julio de dos mil veinte ciento cincuenta y tres personalidades entre escritores, artistas y académicos, dentro de los que se encontraban Noam Chomsky, Salman Rushby, Margaret Atwood y la feminista Gloria Steinem firmaron lo que se conoció como Comillas, una carta sobre justicia y el debate abierto cierro comillas, un documento en el que defienden la libertad de expresión y critican una postura que llaman antiliberal. La dura carta publicada en la revista Harpers enmarca todas esas revisiones y demandas y tensiones como herramientas políticas que pueden terminar limitando las libertades literarias, el arte del periodismo y la academia. Me robó otro fragmento que lo explica mucho mejor. Auro Comillas. El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se vuelve cada vez más restringido. Si bien llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura. Una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda de vergüenza pública y ostracismo y la tendencia de disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora. Defendemos el valor del discurso contrario robusto e incluso cáustico de todos los sectores. Pero ahora es demasiado común escuchar llamados a una retribución rápida y severa en respuesta a las transgresiones percibidas de palabra y pensamientos tierro comillas. Le escribo a Ricardo Silva Romero. Quiero saber si considera estas reversiones como la extralimitación de la política y si la invocada protección de minorías y derechos puede, en algún punto, terminar en la auto censura del autor. Le transmito la misma pregunta al columnista Adolfo Sablet. Esto me contestan. No solo creo que puede terminar esta tiranía de la corrección política en la autocensura del autor, sino que estoy seguro de que ya está sucediendo. Se nota, Se nota cómo las historias son forzadas para celebrar lo políticamente correcto. Es claramente una censura y es un rompimiento del corazón, del arte y de la ficción, porque escribir ficción es cruzar las líneas rojas que ponen los poderes, los dominios, los establecimientos, y es cruzar las líneas rojas que suelen cruzarse en la vida de escribir ficción, hacer ficciones matizar la vida y devolverle el contexto. Y si uno se empieza a autocensurar la ficción, empieza a sobrar, empieza a hacer igual que las versiones oficiales y lo que vemos en las superficies, yo creo que se ha perdido el contexto de las cosas, el contexto del tiempo en que las obras fueron hechas. Es como censurar el esclamismo. El esclavismo es censurable ahora, pero en la época en que ocurría así se supiera que no estaba del todo correcto, pues era algo que se hacía y ya, y si se pone uno a revisar la historia y a reescribir la historia, ya reformar historia para que quede bien en una especie como de conciliación de la humanidad, entera, pues eso lo que hace es deformar lo que se hizo en algún momento, lo que se pensaba en algún instante. Yo creo que es importante. Sí que hoy en día se hablen de cosas que se hacían o se pensaban en el pasado y que hoy son censurables o son reformables o son mejorables. Pero de ahí a querer borrar o maquillar la historia, nuestro pasado, nuestros zorígenes. No sé eso me genera algo de conflicto, pues, pero volvamos a la televisión por donde empezó este capítulo. No tengo firmar que Gaitán habría firmado la carta de la revista Harter en hasta que la plata no separe. La doctora Alejandra Maldonado es una mujer histérica y todo el tiempo reafirman que lo es por ser mujer, pero al mismo tiempo es una explotadora y maltratadora laboral. Ni hablar de marino que termina siendo un corrupto impune o de las múltiples veces en las que se romantiza la pobreza con la frase no tan cierta de comillas. El que quiere puede decir rocomellas en café con aroma de mujer, el dueño de la finca enamora a una empleada que es al mismo tiempo una campesina pobre. Véanse de Morning Show que les puede dar más luces sobre por qué hoy también se rajaría y eso podría ser un abuso. Y ni qué decir de la incorrección de Betty la fea de ella. Hablaremos al final oiga hay tan ardería en el infierno para muchos, pero para mí está en el cielo, en un salón reservado para los escritores que se atrevieron que nunca se autocensuraron y el éxito de sus obras los defienden sin tener que mediar con sus opiniones. Releo lo que acabo de decir sobre sus novelas, sus toques machistas. Yo, Moffons, releo también mi admiración por su obra y siento que aún no encuentro ni el argumento para acusarlo ni argumento para salvarlo. Por fortuna, me topo con una entrevista que empieza a esclarecer. Mi pensamiento no es que estuviera buscando una postura tibia, sino que realmente creo que la sociedad va cambiando y creo, al mismo tiempo que una genialidad no puede ser juzgada sin contexto y se puede admirar sin reserva. La protagonista se llama Hellen Goold y desde dos mil diecisiete trabaja como Sensitive Reader en español. Lectora sensible desde la existencia hasta el nombre del oficio Metroman por sorpresa y no tenía la más mínima idea de que pagaban por alertar a editores y autores sobre potenciales embarradas por incorrección política en sus textos. Goold, lectora sensible especializada en temas de raza, anti negritud y mestizaje, afirma categóricamente que un libro que sea políticamente incorrecto en temas de diversidad cultural, de género, de raza, de identidad, de orientación sexual, sin duda puede causar daño, pero al mismo tiempo también es clara en que no creen en la censura como método para combatir errores. Resalto las respuestas a dos preguntas que creo que contienen buena parte del debate. Ante la pregunta comillas muchos acusan a los lectores sensibles de ser los nuevos sensores. Lo son ustedes. Will responde comillas, no para nada. Nosotros no hacemos ningún cambio, no tachamos nada. No quitamos esto y ponemos aquello. Nos limitamos simplemente a hacer comentarios, a realizar sugerencias. Luego el autor decide qué hacer con esas sugerencias. Puede hacer con ellas lo que le dé la gana faltaría más cierro comillas. En la práctica, la responsabilidad final es del escritor y el éxito dependerá del público. Y aunque la posición más cómoda es decir que se escribe para uno mismo, la realidad es que la mayoría busca el éxito y ser leído. La segunda respuesta me gusta mucho más. Le preguntan qué piensa sobre las novelas de Agata Christie que han sido reescritas, así como las de Ian Fleming, el creador de James Bond. La lectora sensible inglesa, dice que ya no habría realizado ningún cambio de estos libros por dos razones. Primero, porque lo más importante son los conceptos que asume el escritor frente a los temas y que cambiar palabras no modifique sus conceptos. Segundo, dice que reescribir obras icónicas ya es muy tarde y ya tuvieron su efecto, lo que significaría que a las obras hay que dejarlas envejecer y será el lector, con su criterio, el que termine deseándolas o manteniéndolas en el ecosistema. Pero lo más interesante de la entrevista tiene que ver con una idea que me suena lógica y pedagógica y que al final, mantiene la libertad del consumidor a oro comillas. Yo habría sugerido que se publicara una ficha al principio del libro diciendo que el mismo contiene pasajes que pueden resultar inaceptables para la sensibilidad actual, como hace Disney con algunas de sus películas cierro Comillas. Vale la pena leer la entrevista completa en el portal El confidencial. Hablo con Sebastián Estrada, Director editorial de Pingüin Random House. Quiero saber si se han implementado ideas y o a esta llegaremos a un mundo editorial con el equivalente al etiquetado saludable en las comidas. Esto me responde a mí. Me gusta pensar que esto es una moda, una de esas modas pasajeras y ruidosas que van y vuelven, pero que nunca se quedan eso. Siempre habrá censura y adaptaciones y miramientos, pero yo creo que la literatura y los lectores de verdad son y serán inmunes a esas modas que cuando son más ruidosas pues, terminan convirtiéndose en una gran alarma y, por lo tanto, en una gran recomendación. Yo prefiero creer eso. Yo prefiero creer que todo esto sirve para que la gente se asombra y recuerde lo poderoso, lo atractivo que puede ser leer, porque, pues lo prohibido, lo supuestamente peligroso e incorrecto. Eso atrae siempre mucho más. De cualquier manera, debemos reconocer que existen evidencias, no solo académicas, sino que hemos vivido en carne propia de que lo que vemos, lo que consumimos en películas, series, telenovelas y hasta libros, influencia nuestros pensamientos y comportamientos. En la revista internacional del Consejo Médico sobre el Alcohol de la Universidad de Oxford se publicó un artículo con un título muy diciente. La representación del alcohol en la televisión afecta el comportamiento real del consumo del alcohol. Para este experimento, veinte parejas hombres y mujeres fueron invitadas a ver una película en un entorno en el que era permitido consumir alcohol y, además, estaba disponible durante hora y media. Estas personas vieron fragmentos de una película en la que el consumo de licor era frecuente interrumpida por anuncios de bebidas alcohólicas para no hacer el cuento largo. Este estudio mostró que la representación de personajes que beben y beben alcohol en las películas conduce directamente a un mayor consumo de alcohol en los espectadores, varones adultos jóvenes, cuando el alcohol está disponible en la situación. Durante el estudio, los participantes me dieron un promedio de dos ceros cinco días alcohólicas, pero no vayamos tan lejos. El uso de productos culturales y audiovisuales por parte de la industria del marketing es más bien vieja. Recuerdan ustedes el hombre Malboro, un vaquero que sudaba testosterón encima de un caballo mientras fumaba un cigarrillo de esa marca, o James dean en rebelde sin causa fumándose un cigarrillo. La lista de ejemplos de esta relación amorosa entre la industria del tabaco y el cine es larga y la tendencia de toda una generación a imitar a estos personajes no fe poca. No es gratuito que en el mundo se haya tomado medidas al respecto, como en el caso de Estados Unidos, donde la Administración de Alimentos y Medicamentos FDA tiene pautas voluntarias para los estudios de cine y televisión para evitar la aparición de imágenes de tabaco en películas y programas destinados a jóvenes, o como la Motion Picture Association m PA, que recomienda que las películas que contengan imágenes de tabaco reciban una calificación r restringida para menores de diecisiete años sin compañía de adulto, a menos que la representación sea necesaria para una descripción precisa de la historia. En el Reino Unido, por ejemplo, el Comité de Clasificación de Películas BBFC tiene en cuenta el uso de tabaco para evaluar y clasificar las películas. El tabaco no es un factor determinante para una calificación en particular, pero este comité considera si el uso de tabaco es glamourizado o si hay una presencia excesiva de imágenes de tabaco al evaluar una película, entonces llevemos esto. No al uso de alcohol o tabaco. En estas obras de ficción, sino a los comportamientos de los personajes, comportamentos negativos o incluso ilegales. Y aquí es donde aparecen unos ya viejos arquetipos como los antihéroes o anti villanos. Este es un tema complejo. Pienso, por ejemplo, en el caso de Pablo Escobar en la serie del Patrón del Mal, y aquí me meto de nuevo en Camisa de Once Varas. En esta serie, el famoso narcotraficante Paisa es el protagonista. Lo seguimos a él. Vemos los matices de su vida, un terrible capo dramas que asesina, secuestra y perpetra atentados, un hombre que dejó a miles de víctimas, pero también es un padre, esposo, hijo que se preocupa por su familia y, muy al comienzo, por su comunidad. El caso de los antihéroes es más conocido y una lista larga de estos personajes complejos en meviene a la mente Batman, Tyler Durding del club de la Pelea, protagonistas a los que seguimos y por quienes terminamos sintiendo interés, a pesar de que sus acciones, muchas veces malas, estén motivadas por sus complejidades. Pero quizás una antiheroína que no teníamos en el radar ni siquiera incluida en esta lista, está más cerca de nuestros corazones de lo que pensábamos. Betty la Fear, hace unos meses se volvió viral en redes sociales. Una tesis de grado, una frase que no pensé decir nunca. Beatriz prison sola, no la ang heroína es el título de este documento de Angélica María Padilla. Es muy interesante la mirada de este documento académico que complijista sea un personaje que siempre vimos más con ojos de amor por la protagonista dulce y sufrida que con los lentes críticos de una mujer que maquilló informes financieros de una compañía y que se metió con un hombre que estaba a punto de casarse, como Betty antihéroes tienen otra característica en común, y es la complejidad. No son humanos enteramente buenos y enteramente malos, porque nadie lo es. Ellos están llenos de matices, unos más que otros. Claro y esa es la característica de una buena obra de ficción. Los matices, la complejidad y profundidad que hacen que nos podamos sentir identificados porque nadie existe a blanco y negro. Son grandes películas, series, telenovelas o libros, porque reflejan el mundo a las personas en la profundidad que es esta tesis, además de haberse vuelto famosa, me parece que tiene un valor muy especial, no solo desde lo académico tuvo un cuatro nueve de calificación, sino porque nos enseña que es importante revisar el pasado, que es un derecho que tenemos como consumidores, televidentes, electores. Ni más faltaba, pero todo responde a los valores de una época. Lo que pensamos ahora sobre equidad de género, la diversidad sexual o el racismo no es lo mismo que pensaba la humanidad, incluyendo a los escritores del siglo XIX o del año mil novecientos noventa y nueve, ni será lo mismo lo que la sociedad piense en el dos mil cincuenta. Yo sigo pensando que la producción literaria jamás va a parar. Los escritores no van a dejar de pensar en matices, en héroes, villanos, antihéroes y anti villanos, porque la humanidad es así de compleja. De pronto la solución es apostarle a generar criterio en los lectores y en los consumidores que, desde que aprendemos a leer en primaria, podamos distinguir qué es el bien y qué es el mal. Y, a medida que profundizamos en nuestras lecturas y consumos culturales, aprendamos también a disfrutar de los matices en la ficción. De pronto así podamos resolver de una vez esa pregunta eterna, ya que fue primero el huevo la gallina. Si podemos resolver si son los productos culturales, las películas de libs, de la telenovelas o series, las que forman la moral de la sociedad o simplemente son una radiografía de la moral que viven los autores. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo número treinta y seis de mis preguntas. Nos vemos en un próximo capítulo a partir de este momento. Este capítulo de mis preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a Kafam, inspirando sonrisas en la dirección Roberto Pombo, Producción General Guiones, Juan Abel Gutiérrez, asesor editorial, Daniel Samperuspina, investigación y entrevistas, Johnny Rodríguez, Producción de campo, Marcela Salazar, dirección de sonido y postproducción. Daniel Murcia, Edición de sonido, Juan David Sarmiento y Diego Canastero