Mejores Relatos de HOSPITALES Y MORGUES 2025 / Maraton de Horror
0:11 El siguiente relato viene de parte de José Barragán. Trabajo en la morgue del hospital del condado. No es el empleo más glamoroso, pero paga bien. Y para ser sincero, prefiero lidiar con los cadáveres que con los vivos. Estoy acostumbrado al silencio, a la quietud. a ese frÃo artificial que se pega a la piel y también al alma. Sin embargo, hubo una noche, hace no mucho, que cambió mi manera de ver este lugar para siempre. Era alrededor de las 3.20 de la madrugada, el maldito turno nocturno. Ese dÃa no habÃa podido dormir durante el dÃa. Los vecinos estaban con música desde muy temprano y, cuando por fin pararon, Ya no me daba tiempo de descansar de verdad. Estaba molido, completamente desvelado. Me encontraba solo en la sala de preparación.
1:20 HabÃa recibido el cuerpo de un anciano que falleció esa misma tarde en una residencia cercana. Un caso tranquilo, nada fuera de lo común. Comencé a limpiar el cuerpo, a alistarlo para el informe y el embalaje. pero el sueño me estaba ganando. Cada tanto me encontraba cerrando los ojos por unos segundos sin darme cuenta. Decidà ir por una taza de café, en la pequeña cocina, lo de siempre, el café barato, que parece petróleo, pero suficiente para no caer rendido. Estaba esperando a que se calentara un poco más, cuando escuché algo. Unas pisadas. No eran pasos normales, eran rápidas como si alguien estuviera corriendo en la sala de los cuerpos me quedé inmóvil pensé que quizás alguien se habÃa metido por error o más probable algún compañero haciendo una broma de mal gusto tomé el valor y volvà a la sala no habÃa nadie todo estaba en orden el anciano seguÃa en su mesa metálica cubierto hasta el pecho como lo habÃa dejado. Miré alrededor, incluso abrà un par de cajones frÃos, y nada. Confundido, volvà a la cocina.
2:49 Unos minutos después, ya con la taza en la mano, otra vez, los pasos, esta vez más fuertes, como si algo golpeara el piso al correr. Mi corazón se aceleró. Dejé el café en la encimera y corrà a la sala, pero nada. Empecé a incomodarme. Soy escéptico por naturaleza, pero hay un tipo de silencio que se siente distinto, como si el aire estuviera más denso. Regresé a la cocina sin terminar de aceptar que quizás estaba alucinando por el cansancio.
3:31 Y por tercera vez, apenas me estaba sentando en la silla de descanso, cuando escuché los pasos, idénticos, como si alguien estuviera dando vueltas, corriendo entre las mesas metálicas, esta vez fui más despacio, tratando de averiguar quién habÃa sido, abrà la puerta con cuidado, y al entrar nuevamente, solo silencio, el mismo cuerpo del anciano, la misma posición, nada raro, Pensé que tal vez el sueño estaba afectando mis sentidos. Decidà terminarme el café sin dar más vueltas y volver al trabajo lo más pronto posible. Cuando regresé a la sala, noté algo nuevo. El piso estaba mojado. Al principio creà que habÃa limpiado mal alguna herramienta, pero entonces vi el balde en la esquina. Estaba lleno de agua hasta el borde.
4:35 Lo usamos para atrapar la gotera que viene en el techo cuando llueve muy fuerte, pero no habÃa llovido esa noche. Sin embargo, el balde estaba desbordándose y el agua se habÃa extendido por buena parte del piso. Bufé frustrado. Fui al baño, vacié el balde en una de las tazas, lo dejé de nuevo en su lugar y esta vez fui por el trapeador. Fue entonces que lo vi. Las huellas, marcadas claramente en el agua del piso. No eran huellas de zapato. Eran pies descalzos. Alguien o algo habÃa caminado por ese charco. Seguà con la mirada el rastro de pisadas y se dirigÃan directamente a la mesa donde estaba el anciano. Me acerqué con el corazón en la garganta Las huellas terminaban justo ahÃ, junto a la camilla. Y lo peor no fue eso. Lo peor fue cuando miré los pies del cadáver. Alex estaban mojados. No como si los hubiera secado mal. Estaban empapados y el agua goteaba del talón derecho hacia el borde de la mesa. Retrocedà de golpe, casi tropezando con el trapeador El aire estaba helado,
6:08 más que de costumbre. No podÃa dejar de mirar esos pies. No tenÃa sentido. Ese cuerpo no se habÃa movido. No podÃa moverse, ¿verdad? Salà de la sala sin pensarlo dos veces y cerré la puerta con seguro. Me temblaban las manos. No volvà a entrar en lo que quedaba del turno. Me encerré en la oficina. y me dediqué a ponerme al dÃa con documentos viejos, firmar papeles, e incluso organizar carpetas que ya estaban organizadas. Amaneció lento, a eso de las siete. Llegó mi compañero del turno del dÃa, Sergio.
6:54 Es buen tipo, bromista, pero profesional a final de cuentas. Apenas llegó, le pedÃ, casi suplicando. que se encargará del cuerpo del anciano. No preguntó mucho, solo frunció el ceño y aceptó. Esa misma tarde, cuando volvà a cubrir el siguiente turno, Sergio me estaba esperando, junto a la puerta. Su expresión era otra. Se veÃa tenso, pálido, pero también molesto. Me miró fijo, y antes de que yo pudiera abrir la boca... Me dijo lo siguiente. Me dejaste el cuerpo porque se movÃa, ¿verdad? Alex, yo me quedé helado. Antes de que pudiera explicarme, se giró y se fue. No quiso hablar más del tema. Ni esa tarde, ni nunca más.
7:54 No sé qué fue lo que vio o escuchó, pero sé que no fue poca cosa. Algo lo dejó tan perturbado como a mÃ. o tal vez incluso peor. Desde entonces, cada vez que camino por la sala de los cuerpos, no puedo evitar mirar dos veces el piso, los pies de los cadáveres. Tal vez en ellos pueda haber alguna señal de que recientemente se estuvieron moviendo. Esta siguiente experiencia viene de parte de Alberto Salamanca. He trabajado en esta morgue por más de 15 años. He visto cuerpos en todos los estados imaginables. He preparado cadáveres de ancianos, jóvenes, vÃctimas de una atrocidad horrible. Y sÃ, también de niños. Nunca se hace fácil, no importa cuántos años pasen, el cuerpo de un niño siempre pesa más en el alma que en los brazos. Esa noche era particularmente frÃa, las lluvias
9:30 habÃan azotado fuerte durante el dÃa y el viento sacudÃa las ventanas como si quisiera entrar. Eran alrededor de las doce y media y de la madrugada cuando recibà el aviso tres cuerpos todos de niños accidente en carretera autobús escolar los habÃan traÃdo en bolsas negras perfectamente etiquetadas como si eso le restara la tragedia al asunto tres pequeñas vidas apagadas en un instante tres familias que no volverÃan a ser las mismas Yo estaba solo esa noche. Lo preferà asÃ. Me puse los guantes. Preparé las herramientas. Encendà la luz blanca que colgaba sobre la mesa de metal.
10:24 Saqué el primer cuerpo. Un niño. No mayor de siete años. Su carita apenas tenÃa rasguños. ParecÃa dormido. El segundo. Una niña de cabello rizado. con una herida en la frente, el tercero, otro pequeño, con las manos aún cerradas en puños. Mientras trabajaba, trataba de distraer mi mente, repitiendo oraciones mentales o pensando en mi hija, que ya habÃa crecido bastante. Me concentraba en los procedimientos, en dejar cada cuerpo limpio, digno, y entonces simplemente sucedió. Escuché una risa. Una risa suave, infantil.
11:17 Como si un niño hubiera soltado una carcajada escondida detrás de una pared. Me detuve. Miré hacia la puerta, pero no vi nada. Pensé que era mi mente jugándome una mala pasada. No era la primera vez que el cansancio me traicionaba. Pero luego escuché otra risa, más clara. más cercana me giré despacio el pasillo estaba vacÃo las risas continuaron no eran borlonas ni siniestras eran risitas genuinas de juego como si estuvieran corriendo por el lugar escondiéndose detrás de los cajones frÃos detrás de los estantes duraron unos 40 minutos no constantes, no seguidas, a veces suaves, a veces más fuertes, a veces parecÃa que venÃan desde el techo, otras veces, del fondo del pasillo, un par de esas risas, incluso sentà que surgÃan justo detrás de mÃ, pero yo no me atrevà a voltear en aquellas ocasiones, intenté ignorarlas, concentrarme, seguà preparando los cuerpos, con el corazón acelerado, el sudor bajándome por la espalda, aunque hacÃa frÃo, y de pronto,
12:49 las risas cesaron, un silencio espeso llenó la sala, respiré aliviado, aunque no por mucho tiempo, minutos después, comenzaron los llantos, apenas audibles, como un niño que llora bajo las cobijas, un quejido suave, quebrado, luego otro, y luego otro, y entonces también escuché balbuceos, palabras incompletas, incomprensibles, como si intentaran hablar, pero sus lenguas no pudieran pronunciar nada, como si quisieran decirme algo, pero no supieran cómo. Los sonidos no venÃan de un solo lugar, primero del techo, luego del rincón junto al archivador, Después del pasillo que lleva a las salas de autopsias Se movÃan Como si las voces estuvieran caminando alrededor de mà Como si las almas No supieran a dónde ir Entonces lo supe Sentà un escalofrÃo Que no venÃa del clima Era el alma misma Que se me hacÃa pequeña Esos niños SeguÃan ahà Y estaban perdidos Alex me quité los guantes, me senté frente a ellos.
14:15 Mi madre me enseñó a rezar el rosario desde muy pequeño. No fui fanático, pero siempre he creÃdo en el alma, en lo que hay después, y esa noche me aferré a mi fe como quien se cuelga de una cuerda en medio del vacÃo. Tomé el rosario del cajón y recé, misterio tras misterio, Ave MarÃas. padres nuestros mi voz temblaba a veces se me quebraba pero no me detuve mientras rezaba encendà tres veladoras que tenÃamos guardadas para emergencias una por cada niño las puse frente a sus cuerpos y cuando terminé de rezar me quedé en silencio les hablé no sé si me oyeron pero lo hice Hice mi máximo esfuerzo. Les dije lo siguiente. Ustedes ya no están aquÃ.
15:18 Sus cuerpos se quedaron, pero sus almas no. Deben irse. Busquen la luz, el camino. Vayan con sus familias. DespÃdanse. Pero no se queden aquÃ. Esto ya no es para ustedes. Y entonces después de esto, Los sonidos empezaron a disminuir. Los llantos se volvieron suspiros. Los susurros, apenas un eco. Y luego, nada, simplemente nada. No un nada frÃo, como antes, sino un silencio en paz. Por primera vez en horas, sentà que podÃa respirar. Las velas seguÃan encendidas. una llama firme, sin titubear. Terminé de preparar los cuerpos con una tranquilidad sumamente extraña, como si una presión se hubiera ido, como si, de algún modo, aquellas pequeñas almas hubieran encontrado el camino.
16:29 Esa fue la única noche que lloré en el trabajo. No lo volvà a contar, Pero desde entonces, cada vez que recibo el cuerpo de un niño, enciendo una veladora, rezo un ave marÃa y dejo la puerta entreabierta, por si alguien necesita salir. El siguiente relato viene de parte de AgustÃn Alameda. Trabajé como intendente en la morgue del Hospital General por casi ocho años. Todos mis turnos eran de noche. La rutina era tranquila, o al menos asà solÃa ser. Pasaba el trapeador por los mismos pasillos, desinfectaba el mismo piso, limpiaba las mismas puertas metálicas Era un trabajo solitario, pero me gustaba eso. No tenÃa que hablar con nadie, solo cumplir y mantener todo en orden. Aquella noche, sin embargo, rompió todo lo que yo creÃa que era normal en aquel lugar. Era un jueves, lo recuerdo muy bien.
18:01 HabÃa habido una sobrecarga eléctrica en uno de los paneles del área sur. y se habÃa fundido la lámpara del pasillo, quedaba al cuarto frÃo. No se podÃa hacer nada hasta que viniera el electricista al dÃa siguiente, asà que me tocaba trabajar con la linterna del celular. Total, no era la primera vez. Pasaban de la una de la mañana. El hospital al lado de la morgue estaba en silencio. Me puse mis audÃfonos. pero no alcancé ni siquiera a poner la música. Cuando algo me detuvo, una sensación como de incomodidad, como si algo en el aire se hubiese vuelto más denso, más pesado. Caminé por el pasillo oscuro, guiándome con la luz tenue del celular. El trapeador mojaba el suelo y el sonido de la tela arrastrándose Era lo único que se escuchaba hasta que lo oÃ. Pasos, pasos suaves, descalzos. Primero pensé que era algún compañero que venÃa por el otro extremo, pero cuando alcé la linterna, lo vi claramente. Era un hombre, caminando lentamente hacia mà por el pasillo en penumbra. Estaba completamente desnudo, salvo por
19:33 una bata blanca, como las que usan en los hospitales. Pero esta era un tanto extraña, vieja, como manchada. No hablaba, no reaccionaba la luz. Me aparté contra la pared, algo confundido.¿ Todo bien? Le pregunté en voz baja. No me respondió, solo siguió caminando, lento, arrastrando los pies descalzos sobre el suelo húmedo. Pasó justo frente a mÃ, el vapor que salÃa de su boca. Era visible, aún más visible, con la ayuda de mi luz, la que traÃa en el celular.
20:16 Estaba frÃo, demasiado frÃo. Pensé que era un paciente del hospital, pero algo no cuadraba. Para llegar a ese pasillo, tendrÃa que haber cruzado al menos dos puertas con seguro. Además,¿ qué hacÃa ahà en la morgue? me quedé ahà intentando asimilarlo cuando otros dos más aparecieron uno detrás del otro las mismas batas los mismos pies descalzos mismos pasos lentos arrastrados ninguno hablaba ninguno volteaba todos caminaban en la misma dirección hacia el cuarto frÃo no me atrevà a detenerlos solo los observé pasar y luego desaparecieron por la penumbra, doblando la esquina que lleva a las cámaras. Terminé de trapear como pude, con el corazón latiéndome en la garganta.
21:16 Ya no querÃa saber nada. Guardé mis cosas, tomé mi mochila, y decidà pasar a saludar al velador antes de irme. Don Ernesto, un viejo amigo. Ãl trabajaba ahà desde hace mucho antes que yo. Siempre nos echábamos una charla rápida antes de que yo saliera. Ya terminé, viejo. Le dije. Pero hoy sà me tocó raro el turno. Ernesto me miró curioso. Le conté lo que habÃa visto. Tres hombres con batas blancas, descalzos, que cruzaron el pasillo y se metieron al cuarto frÃo. Ãl frunció el ceño. Pacientes. Aquà no hay pacientes, compa. Solo cadáveres.¿ Estás seguro de lo que viste? Mi piel se erizó. El aire se volvió frÃo otra vez. Los vi, Ernesto. Pasaron por el pasillo.
22:15 Yo estaba ahÃ. Caminaban como si supieran a dónde iban. Nos quedamos mirándonos por unos segundos. Ninguno querÃa decir lo que estábamos pensando. Pero los dos sabÃamos que tenÃamos que comprobarlo. Fuimos juntos al cuarto frÃo. Ernesto sacó las llaves. Las manos le temblaban un poco. Abrió la puerta metálica y encendió la luz blanca del techo. Y ahà estaban Alex. Tres cuerpos, recostados en sus camillas metálicas, cubiertos hasta el pecho con las sábanas. Uno de ellos tenÃa la misma mancha en la bata que yo recordaba. otro, los mismos dedos del pie arqueados. Eran ellos, exactamente ellos. No dijimos nada, cerramos la puerta en silencio. Yo vi que Ernesto se persinaba una y otra y otra vez. Salimos de aquella sala, como si el aire ahà dentro nos quemara los pulmones.
23:26 Nunca más volvà a trapear ese pasillo por la noche, y Ernesto Desde ese dÃa, se volvió mucho más callado. Nunca más quiso hablar del tema. Yo tampoco. Al menos hasta ahora. Esa fue mi experiencia, Alex. Gracias por compartirla. Nunca pensé que a mis 65 años estarÃa contando algo asÃ.
24:11 Pero hay cosas que uno guarda por mucho tiempo, porque no sabe cómo decirlas sin que lo tomen por loco. Y esta, Alex, es una de esas historias. Me llamo Ãngel. Toda mi vida trabajé con plantas, jardines, poda, tierra. Me gustaba el olor del césped recién cortado y el sonido de las tijeras mientras trabajas bajo el sol. No me hacÃa rico, pero me alcanzaba. Un dÃa, un viejo amigo mÃo, Julio, me dijo que tenÃa que ir a visitar a su hija a los Estados Unidos y que si podÃa cubrirle, unos dÃas tan siquiera, su chamba como jardinero en una morgue.
25:01 Una morgue. Nada más pensarlo, se me revolvió el estómago. Pero me dijo algo que me convenció. No tienes que entrar, ángel. Solo mantén el pasto, corta los arbustos, barre las hojas. Lo de siempre. Pero eso sÃ, me miró muy serio cuando me dijo esto. No te quedes ahà después de que caiga el sol. Si ves que se te va a hacer tarde, mejor lo dejas para otro dÃa. Estamos Me reÃ, pensé que me estaba tomando el pelo, pero lo decÃa tan serio que asentà sin preguntar más. Las primeras semanas fueron normales, un poco de calor, mucho polvo, pero nada que no conociera. El jardÃn que rodeaba la morgue era pequeño, limpio, con dos bancas y un par de árboles viejos que daban sombra. Yo siempre terminaba antes de las cinco, Me iba contento, silbando y con el dinero ganado. Pero una tarde, después de recibir mi pago de esa semana, me compré unas gorditas y una soda en una tiendita que estaba enfrente del hospital. Me senté en una de las bancas del jardÃn a comer tranquilo.
26:23 El dÃa habÃa estado muy pesado. Ya no tenÃa la misma energÃa que antes. Después de comer, me recosté. Solo cinco minutos, pensé. Solo cerrar los ojos tantito. Descansar la mirada, como algunos dicen. Pero cuando desperté, el cielo ya estaba oscuro. Me incorporé de golpe, aturdido, con la garganta seca y los ojos pesados. El farol del jardÃn parpadeaba. No puede ser, pensé. HabÃa desobedecido la única advertencia que me habÃan dado. Me puse a recoger mis cosas a toda prisa. El corazón me latÃa más de lo normal. Algo se sentÃa extraño.
27:11 Como si algo invisible se moviera a mi alrededor. Sentà escalofrÃos y no sé cómo explicarlo. Y fue ahà cuando la vi. Una figura pequeña parada detrás de la ventana principal de la morgue. No se movÃa. Solo me observaba. Era una niña TendrÃa unos ocho o nueve años TraÃa un camisón blanco Sucio TenÃa el cabello largo Desordenado Y una sonrisa apenas marcada Como si le costara trabajo mantenerla Me detuve Me quedé mirándola Me saludó con la mano Yo sin saber qué más hacer Le devolvà el saludo Me pareció extraña Pero no aterradora solo era una niña tal vez habÃa perdido o tal vez era sobrina, hija de alguno de los doctores de la morgue a final de cuentas teorÃas habÃa bastantes entonces me hizo una seña me pedÃa que me acercara y yo lo hice caminé despacio hacia la ventana manteniendo una distancia prudente estás bien niña Le pregunté Ella me respondió con voz suave Casi en un susurro Tengo mucho frÃo Y no encuentro a
28:47 mis papás El vello de mis brazos se erizó No por sus palabras Sino por cómo lo dijo HabÃa algo en su tono Que no era normal Algo vacÃo Espérame aquÃ, le dije Voy a buscar al guardia Caminé lo más rápido que pude a la garita de entrada, donde siempre estaba el velador. Era un hombre joven y muy amable. Oiga, disculpe. Hay una niña dentro de la morgue. Está sola. Dice que tiene frÃo y que no encuentra a sus padres. El guardia simplemente se me quedó viendo y se levantó.¿ Una niña? No puede ser. No hay nadie adentro. Todos salieron desde hace horas. Solo están los cuerpos. Alex, en ese momento yo me congelé. Pero yo la vi. Está en la ventana. Me habló. También me pidió ayuda. El guardia me miró algo desconfiado. Caminamos juntos de regreso, a donde habÃa visto a la niña. Cuando llegamos, ya no estaba.
30:03 Pero justo cuando Ãbamos a dar la vuelta... Volvà a mirar por la ventana. Y ahà estaba otra vez. Pero esta vez era diferente. Su rostro ya no tenÃa expresión. Estaba demacrado. Como si su piel se le hubiera pegado al cráneo. Su sonrisa seguÃa ahÃ. Pero era antinatural. Estirada. Y sus ojos. Sus ojos eran completamente blancos. sin pupilas, sin brillo, prácticamente sin vida. Balbuceaba algo, moviendo los labios muy despacio, como si intentara hablar pero no podÃa. El guardia se quedó pálido, no dijo nada, solo me tomó del brazo y nos alejamos sin mirar atrás. Yo tampoco dije nada, no habÃa necesidad, ya lo habÃa entendido todo.
31:06 Esa noche, habÃa hablado cara a cara con un cadáver. Nunca supe quién era esa niña. Nunca pregunté si habÃa fallecido alguna recientemente, aunque estoy seguro de que sÃ. Lo único que sé es que esa noche rompà una regla, y por esta pagué el precio. Desde entonces, nunca más me quedé después del atardecer, Y cuando Julio volvió, le devolvà su trabajo con mucho gusto. No quise saber más. Ahora cuando paso cerca de aquella morgue, evito mirar las ventanas, porque aún siento que me está esperando. El siguiente relato viene de parte de Oliver Naranjo. Me llamo Oliver y trabajo como velador en una morgue desde hace ya varios años.
32:21 Es un trabajo silencioso, monótono, o al menos eso era lo que yo pensaba al principio. Siempre me dijeron que el silencio de la morgue era lo más pacÃfico que uno podÃa encontrar, pero después de ciertas noches, Ya no estoy tan seguro de eso. Recuerdo claramente aquella madrugada del domingo. Eran las 3.12 de la mañana cuando trajeron un cuerpo. Un hombre que habÃa sufrido un accidente automovilÃstico en la carretera estatal. VenÃa con la cabeza vendada, el cuerpo cubierto con una sábana blanca por completo. Me encargaron simplemente registrarlo en el acceso.
33:08 etiquetarlo y dejarlo en la cámara frÃa no habÃa nadie más de guardia los domingos por la noche el personal de autopsias y administración no se presentaba asà que el cuerpo quedarÃa almacenado en la cámara junto con otros cadáveres algunos esperando ser entregados a sus familias y otros más que estaban aún en proceso de estudio todo transcurrió normal al principio Ingresé el cuerpo, cerré la puerta pesada de la cámara y regresé a mi pequeña oficina. Me preparé un café instantáneo y comencé a leer una vieja novela de terror, como tenÃa por costumbre. A las 3.45 me tocó hacer el primer rondÃn. Es un protocolo que seguimos para asegurarnos de que no haya fugas, puertas abiertas o luces encendidas en zonas indebidas. Empecé a recorrer los pasillos largos, desérticos, iluminados por luces fluorescentes que parpadean de vez en cuando.
34:19 Cuando pasé frente a la puerta de la cámara frÃa, escuché un sonido apagado, un gemido. Me detuve en seco. Pensé que quizá el sonido habÃa venido de otro lugar, pero estaba seguro de que venÃa del interior. Me armé de valor y abrà la puerta. El aire helado me golpeó el rostro. Entré, y en cuanto mis ojos se acostumbraron a la penumbra, empecé a buscar las camillas metálicas, alineadas una tras otra. Pero nada. Todos los cuerpos estaban en su sitio. Cerré la puerta y me dispuse a seguir con mi recorrido. Pero apenas di unos pasos, escuché otro sonido. Esta vez, un poco más claro. Era un quejido, como el de alguien que sufre. Miré hacia la puerta de la cámara, que ya estaba empañado por dentro del vidrio.
35:20 Volvà a pensar en lo que sabÃa. A veces, los cuerpos recién fallecidos liberan gases, y eso puede provocar sonidos similares a gemidos o suspiros. Me repetà eso como una mantra, convencido de que era solo una reacción natural del cuerpo. Continué con el rondÃn, aunque ya no con la misma tranquilidad de siempre. Pasadas las cinco, tenÃa que hacer otro recorrido. Me armé de valor y salÃ. Al llegar nuevamente a la zona de cámaras, volvà a escuchar los gemidos, pero esta vez no eran solo gemidos. HabÃa un murmullo. Me detuve frente a la puerta. Agudicé el oÃdo. y pude escuchar lo siguiente, Oliver, Oliver, sácame, sentà que se me lava la sangre Alex, no eran balbuceos sin sentido, alguien o algo, me estaba llamando por mi nombre, era la voz de un hombre, apenas audible, como si le costara respirar, retrocedà un paso, Quise convencerme de que estaba alucinando, que el cansancio me estaba jugando una mala pasada, que tal vez, tal vez, era la mente haciendo conexiones donde no debÃa.
36:52 Pero no. La voz volvió a sonar, esta vez más clara. Oliver, por favor, sácame, sácame. Me paralicé. Sentà un nudo en el estómago. No podÃa dejar de mirar el vidrio empañado de la puerta, como si en cualquier momento fuera a aparecer un rostro del otro lado. Pero no apareció nada, solo los ruidos, solo mi nombre. No hice el resto del rondÃn esa noche. Me quedé encerrado en la oficina, con la luz encendida, aferrado al crucifijo, que mi abuela me dio cuando empecé en este trabajo. No pegué un ojo.
37:40 Con el tiempo, descubrà que aquello no fue un evento aislado. Las semanas siguientes, noté un patrón. Cada vez que llegaba un cuerpo recién fallecido, especialmente si habÃa fallecido de forma repentina, accidentes y demás atrocidades, y lo ingresaban durante la madrugada, Algo pasaba esa misma noche. Gemidos, murmullos, susurros que salÃan de la cámara frÃa. Y siempre lo mismo. Me llamaban por mi nombre. Me pedÃan ayuda. Me suplicaban que lo sacara.
38:22 Nunca abrà la cámara de nuevo en esas madrugadas. Intenté contárselo a un par de colegas, pero me miraron con lástima. como si yo estuviera perdiendo la cordura. Aprendà a callarme. Aprendà a que hay cosas que uno guarda para sà mismo, sobre todo en este tipo de trabajos. Lo único que cambié fue que, cuando llega un cuerpo nuevo por la madrugada, ya no hago los rondines. Me encierro en mi oficina, me pongo los audÃfonos y trato de no escuchar. A veces me pregunto qué es lo que pasa realmente, si son almas atrapadas, si no se han dado cuenta de que ya no están en este mundo, o tal vez la muerte es más confusa de lo que creemos, y esas voces son apenas un eco que no se resigna a apagarse del todo. No lo sé, solo sé que escuchan, que sienten, que piden, y que cada vez que lo escucho, me repito a mà mismo, no abras la puerta, no contestes, no los mires, porque en la morgue, no todo se encuentra sin vida, como deberÃa. Nunca me han gustado los
40:06 turnos de noche, pero a veces no hay de otra. Ser velador en la morgue del hospital municipal no es algo que muchos soporten. Yo ya tenÃa casi dos años ahÃ, y aunque he visto cosas raras, luces que parpadean, puertas que se cierran solas, uno aprende a ignorarlas, o al menos eso era lo que yo creÃa. Esa noche no era distinta a las demás. El aire olÃa a desinfectante barato y a humedad, como siempre. Solo estábamos tres personas en el edificio. El forense, un muchacho de administración que apenas y hablaba, y yo. No se escuchaba más que el zumbido de los fluorescentes. Aquella noche estábamos esperando a una pareja que venÃa a identificar el cuerpo de su hijo adolescente. un chico que habÃa fallecido esa misma mañana en un accidente de motocicleta tenÃa apenas 17 años recuerdo bien cuando llegaron era una pareja ya mayor rostros cansados esos que uno solo ve en padres que han perdido más de lo que pueden soportar apenas cruzaron la puerta me puse de pie y los saludé con un leve gesto no dije mucho Solo le señalé el pasillo que conducÃa a la morgue.« Pueden pasar», les dije. El doctor ya
41:40 los espera. No me quedé, Alex. No me gustaba estar cerca cuando los familiares ven a sus parientes fallecidos por primera vez. Algo se me revuelve en el pecho. Asà que salà a dar un rondÃn por fuera del edificio, aunque normalmente no lo hago. Solo querÃa estar lejos de ese momento. Era una noche tranquila, sin viento, sin ruidos. Di la vuelta por la parte trasera del edificio, donde hay un patio mal cuidado, con bancas oxidadas y un par de árboles. Y entonces lo vi. Un niño, sentado en una banca, con una playera blanca y pantaloncitos de mezclilla.
42:26 TendrÃa como unos ocho años. Jugaba con una piedrita, haciéndola rodar por el borde de la banca. Me acerqué despacio y muy sorprendido. No habÃa forma de que un niño estuviera ahà a esas horas. Oye,¿ qué haces aquÃ? Le pregunté. El niño no me miró. SeguÃa jugando con la piedrita, cabizbajo. Vine por mi hermano, dijo con una voz bajita, pero está muy triste.¿ Tu hermano?¿ Eres hijo de la pareja que acaba de entrar? No me contestó. SeguÃa con la mirada clavada en el suelo. Su carita estaba oculta bajo el flequillo. Tus papás saben que están aquÃ. Insistà en decirle, pero él me respondió que no. Un no apenas audible.
43:20 Me quedé parado frente a él, sin saber qué hacer. Algo no me cuadraba. Me acerqué un poco más, pero el niño nunca alzó la vista. Solo repetÃa en voz baja, como si se hablara a sà mismo. Está muy triste. Está muy triste. Me dio un escalofrÃo. Di la vuelta para seguir con el rondÃn, pensando en reportarlo al forense, y cuando terminé de rodear el edificio y regresé a la entrada principal, vi el auto de la pareja alejándose por la carretera. Corrà hacia la reja, Tratando de alcanzarlos, les grité, pero no me escucharon. Entré de nuevo al edificio, agitado, y encontré al forense y al de administración hablando en voz baja.« Oigan, la pareja que se fue, dejaron a su hijo aquà afuera». En ese momento me miraron como si hubiera dicho una locura.«¿ Qué hijo?», preguntó el forense.« Un niño de unos ocho años». Estaba en la parte de atrás, en el patio. Me dijo que vino por su hermano, que está muy triste. Los dos se quedaron en silencio unos segundos. El muchacho de administración se puso pálido.
44:43 Pero esa pareja nos dijeron que ya no tenÃan más hijos. Su hijo menor habÃa fallecido hace cinco años por una espantosa enfermedad. Me reà nervioso. sin creer lo que estaba escuchando. No puede ser. Yo hablé con él. Lo vi. Estaba ahÃ. Ellos mismos lo dijeron. El adolescente era su único hijo con vida. El menor falleció cuando tenÃa ocho años. Sentà como si alguien me hubiera vaciado un balde de agua helada por toda la espalda. Salà corriendo al patio. La banca estaba vacÃa, ni rastro del niño, ni pasos, ni ruidos, solo el silencio espeso de la noche. Desde entonces, no volvà a ver nada extraño, pero cada que paso por ese rincón de la morgue, me viene a la mente su voz bajita, diciendo que habÃa venido por su hermano, y juro por lo que más quiero, que aquella noche, el niño no vino a jugar, el niño, vino a buscar el alma de su hermano y también a guiarla hacia el más allá. Trabajo como médico forense desde hace
46:23 casi 15 años. He visto de todo, cuerpos devastados por accidentes, restos calcinados, y debido a todo esto, uno aprende a endurecerse. Pero hubo una noche, una sola noche, que hasta hoy me cuesta recordar sin que se me erice la piel. Fue en el seméfo de Hermosillo, turno de noche, como siempre, aquel martes parecÃa normal, Me tocaba recibir un cuerpo trasladado desde un pueblo del sur de Sonora. Creo que de Navajoa.
47:03 El expediente llegó antes que el cuerpo. Pero noté algo raro. La hoja estaba incompleta. No decÃa el nombre del fallecido, ni edad, ni causa probable del fallecimiento. Solo el número de traslado. Y una nota escrita a mano. No dejar solo al cuerpo. Pensé que era una broma, una muy mala, claro. Llamé al agente ministerial encargado del traslado, pero no contestó. Dejé el expediente sobre mi escritorio, un poco molesto. No era raro que los informes vinieran incompletos, pero eso, eso era otra cosa. A las 11.37 pm llegó la unidad, el conductor.
47:54 Un joven nuevo que apenas habÃa visto un par de veces. Estaba pálido, Alex. No quiso entrar. Solo bajó la camilla y dijo, sin mirarme a los ojos, yo no me quedo aquÃ. No esta noche. El cuerpo venÃa en una bolsa negra sellada con cinta industrial. Algo poco común. No estaba marcada con los datos del fallecido. Solo con el mismo número que el expediente. lo llevé a la cámara frigorÃfica más alejada que tenÃamos, la número 3, y lo dejé allà mientras preparaba la sala para la autopsia. La cámara 3 siempre me pareció la más frÃa, incluso más de lo necesario, pero esa noche sentà que la temperatura era insoportablemente baja.
48:48 Cuando abrà la puerta para colocar el cuerpo, un vapor espeso salió como si fuera invierno, y estábamos en Sonora, en mayo, a 34 grados afuera, volvà a la sala principal, estaba solo, bueno, casi siempre lo estoy, pero esta vez sentà algo diferente, una especie de silencio, que no era normal, no el tÃpico silencio del turno de noche, sino uno espeso, denso, como si el aire estuviera conteniendo la respiración. Fui por un café, aunque ya era tarde. Al volver, la puerta de la cámara 3 estaba entreabierta. Estoy seguro de que la cerré.
49:36 Siempre lo hago. Es un protocolo. Me acerqué a algo molesto, pensando que quizá no la habÃa empujado bien. La cerré de nuevo y verifiqué el pestillo. Pasaron unos 30 minutos. y decidà comenzar la necropsia. Fui por el cuerpo. Esta vez, la puerta estaba completamente abierta. No habÃa nadie más en la morgue. Entré con cautela. El cuerpo seguÃa allÃ, pero la bolsa estaba desabrochada. No abierta completamente, solo un poco, como si alguien hubiese intentado abrirla, y se hubiese arrepentido a mitad del acto. Me detuve un momento. Me temblaban las manos, y eso no me pasaba nunca. Me acerqué, tomé el cierre, y lo abrà por completo. Era un hombre, como de unos cuarenta y tantos. Piel ceniza, ojos hundidos, los párpados entreabiertos, como si estuviera a punto de despertarse.
50:50 El abdomen presentaba señales de trauma, pero nada grave. Lo extraño fue el rostro. HabÃa una expresión. No sabrÃa describirla. No era dolor. Era más bien como si supiera algo. Como si me estuviera esperando. Tomé las muestras preliminares, pero noté algo más. El cadáver tenÃa la mandÃbula levemente desencajada. como si éste hubiera estado gritando cuando perdió la vida. Lo que más me inquietó fue que, al tocar la base del cráneo, sentà un leve crujido, como si algo dentro de éste se hubiera movido. Decidà dejar la autopsia para la mañana. No lo suelo hacer, pero algo me decÃa que no debÃa seguir. Guardé nuevamente el cuerpo, aseguré la cámara con doble cadena cosa que jamás hago y me fui a la oficina eran las 12.14 de la mañana cuando me senté el expediente seguÃa sobre el escritorio pero ahora tenÃa algo más una huella una marca dactilar negra justo al centro del papel no era mÃa usamos guantes en todo momento además la marca no estaba allà antes toqué el papel con la punta de la pluma como si eso pudiera explicarme algo. Lo giré y noté una
52:25 palabra escrita con tinta desvelada, como si hubiera sido trazada con un dedo sucio. La palabra decÃa¿ Por qué solo? No recuerdo haber salido corriendo, pero terminé afuera del edificio, sudando. Llamé al encargado del turno siguiente y le pedà que llegara antes. No volvà a entrar hasta que él llegó. A la mañana siguiente, el cuerpo ya no estaba. No estoy diciendo que desapareció. Según los registros, el cuerpo nunca llegó. El chofer del traslado asegura que esa noche nunca salió de Navojoa, que se canceló el traslado por una falla de la unidad, y también jura que nunca me vio.
53:15 Pensé que estaba perdiendo la razón. hasta que encontré algo en el fondo del cajón del escritorio. Una hoja arrugada, el expediente sin nombre, y en el centro, todavÃa visible, la huella dactilar negra. Nunca volvà a trabajar en la Cámara 3. De hecho, pedà mi cambio a medicina legal, administrativa. Desde entonces, no hago autopsias. Y cada tanto, cuando cae la noche y estoy solo, me sorprendo mirando hacia la puerta, esperando que alguien vuelva a preguntar,¿ por qué solo? Esa fue mi experiencia, Alex. Gracias por compartirla. La historia de Irma comienza de la siguiente manera. Ella es una enfermera, lo ha sido toda su vida, y a lo largo de su vida ha trabajado en diferentes hospitales, asà como también clÃnicas especializadas. Irma nos quiere contar una experiencia que le sucedió hace aproximadamente ya más de una década. Esta experiencia
54:49 la perturbó tanto, que simplemente cada vez que la recuerda, Le da un cierto repeluz en el cuerpo... Y no ve a los pacientes... De la misma manera... Los hospitales son este tipo de lugares... A los que muchas personas ven como... Lugares en donde se le ayuda al ser humano... Muchos han aliviado en los hospitales... Salido de cirugÃas... Sintiéndose mejor... Mejorándose por completo... Aunque también otras personas... Ven estos hospitales como lugares tétricos, terrorÃficos, los cuales solamente les traen pensamientos negativos, ya sea porque perdieron a un familiar, ya sea porque les recuerda todos esos sÃntomas que tienen cuando entran a uno.
55:41 El caso es que Irma sabÃa muy bien este contraste. Y en ese tiempo le tocó desempeñarse como enfermera en un hospital muy famoso aquà en México. es un hospital del gobierno. Desde tiempos remotos, estos hospitales han tenido unas ciertas carencias, unos más que otros. Irma nos platica que en el hospital donde ella se desempeñaba, a veces no tenÃa habitaciones disponibles o medicamentos disponibles para ciertas enfermedades en las que se requerÃa. Irma era una enfermera que como ya dije, TenÃa en cuenta estos dos contrastes. SabÃa que algunas personas repudiaban los hospitales y sabÃa que otras tantas les encantaba. SabÃa que iban ahà a curarse. Entonces ella procuraba desempeñarse lo mejor que podÃa. Pero cuando la cambiaron al área de urgencias, todo esto cambió. En el área de urgencias atendió a muchas personas que venÃan en un estado muy precario, pero como muchas personas atendÃan noche con noche, a ella le tocó ver muchas cosas, debido a la escasez a veces de doctores por la madrugada y habitaciones, las personas que entraban urgencias necesitaban estar sentadas en bancas,
57:14 recostadas en el suelo, o a veces incluso con suero, ahà sentados en los pasillos, arriba de cubetas, cuando ya no habÃa bancas, etc. Irma era la encargada de pasar con cada una de estas personas e irles checando sus signos vitales. Irma se encontraba en lo suyo, checando presión, checando a las personas de la diabetes, cuando en eso ve sentado en un rincón, en una esquina oscura, a un niño. Este niño era Tiene todo su brazo vendado, y por las marcas que alcanza a ver por su hombro, se puede ver con suma facilidad que el brazo de este niño se encuentra quemado, como que habÃa sufrido de quemaduras.
58:08 Ir más cerca a él, y el aspecto del niño todavÃa le aterra más, hace que se preocupe demasiado,¿ por qué?, porque el aspecto del niño es alarmante, el niño está exageradamente delgado, las cuencas de sus ojos son perceptibles, asà como también sus pómulos, también a decir su cuerpo, se encontraba muy pero muy delgado, los huesos de sus brazos se podÃan ver, asà como también las venas, en definitiva, era un niño que necesitaba atención médica, con urgencia Irma empezó a tomar los signos y le preguntó¿ vienes con alguien?
58:56 Irma nos platica que este se trataba de un niño de algunos 7 u 8 años 10 años como mucho un niño de esa edad no puede estar en un hospital solo pero por más que Irma le preguntaba a este niño que se habÃa venido con alguien que si sus papás estaban cerca el niño simplemente no le respondió nada El niño seguÃa calladito, mirando hacia el suelo. A Irma esto le llamó mucho la atención que tuvo que dirigirse con una compañera suya para que le explicara si es que este niño se habÃa reportado, si es que venÃa en compañÃa de alguien. Pero su compañera por más que busca, no encuentra nada. Al momento de que Irma vuelve a aquel sitio para ver a aquel niño de nuevo, se da cuenta que este ya no se encuentra ahà el niño se habÃa ido se le hace muy extraño pero empieza a pensar tal vez que tal vez lo llamaron en una sala tal vez ya lo estaban atendiendo de cierta manera esto lo hizo que se preocupara un tanto menos pasaron las horas al dÃa siguiente volvió se estaba desempeñando como cualquier otra noche normal tomando los signos vitales de las personas que se encontraban en urgencias, cuando en eso ve nuevamente al niño, este niño se encuentra otra vez
1:00:28 ahà en la esquina, con su bracito vendado, con las mismas caracterÃsticas, tenÃa un semblante muy alarmante, parecÃa ser que no lo habÃan atendido, en ese momento ir más acerca con él, y le pregunta, oye, yo te vi anoche,¿ Qué no te atendieron?¿ Con quién vienes? Pero el niño nuevamente no le dice nada y solamente se queda mirando hacia abajo. Nuevamente va con su compañera y esta le tiene la misma respuesta que le tuvo la noche pasada. No sé nada, ese niño no lo tengo aquÃ. Entonces ella alcanza a pensar tal vez que este niño está en situación de calle o tal vez su familia no va a este hospital, por lo tanto no se le puede dar atención. pero al volver con aquel niño, al menos para hablar con él para que le platicara su situación, el niño ya no se encuentra, aquella esquina se encuentra sola, como si nunca hubiera estado el niño ahÃ, Irma se queda pensando y se le hace muy extraño, y a la noche siguiente, como si fuera algo que ya sabÃa ella, que ya se esperaba, Ve de nueva cuenta al niño Ahà sentado Ella se distrae por un momento Voltea con otros pacientes Que le estaban pidiendo su atención Ella habla
1:02:00 con estos pacientes Y al volver de nuevo a aquella esquina Se da cuenta de que el niño Ya no está ahà Se le hace muy extraño a Irma Ella va y se acerca a esta esquina Y justamente cuando estaba ahà Se le acerca un doctor Un médico Ya grande Con mucha experiencia Y le pregunta a Irma¿ Qué haces ahÃ?¿ Qué haces en esa esquina? Irma le empieza a platicar Que habÃa visto un niño Y que le preocupaba Ya que este niño venÃa en Unas condiciones muy alarmantes El médico la retira Y le dice Mira Irma No te acerques a esa esquina. Esa esquina es mala.
1:02:53 En esa esquina fallece un niño. Y antes de que me digas algo, esto sucedió hace aproximadamente unos 5 años. Y ese niño habÃa fallecido ahà porque no se le dio atención médica. Sucedió lo que muchas personas temen, que es una negligencia médica. Cuando se dieron cuenta los enfermeros, el niño ya no tenÃa los signos vitales. El niño venÃa vendado de su brazo. y venÃa en un estado muy, muy precario, completamente delgado. Este niño no tenÃa una buena familia. De hecho, la familia era la causante de su estado. Algunos enfermeros han visto a aquel niño años después. Pero lo más conveniente es que cuando tú lo veas, no le hagas caso. Ignóralo, ya que las personas que le hacen caso, por lo regular siempre terminan con problemas en la cabeza. Lo ven primero en aquella esquina, luego lo van a empezar a ver en los pasillos, en las salas, en las habitaciones, a donde ellos vayan. Algunos creen que es una especie de espÃritu que mientras más importancia le das tú, el más se apega a ti. Irma al escuchar esto, dice que un escalofrÃo le recorrió en el cuerpo, ya que tenÃa mucho sentido, solamente ella podÃa haber visto
1:04:26 al niño. Otras compañeras e incluso el conserje, que se encontraba en esa misma sala de urgencias, en el mismo horario que ella, Irma le preguntó, oiga disculpe, usted vio a un niño asà vendado del brazo, sentado en aquella esquina, y el conserje le dijo no. Ni esta noche, ni la pasada, ni la antepasada, yo no vi a ningún niño sentado en aquella esquina. Desde aquella noche Irma dice que adoptó una postura. Si veÃa que el niño, aunque sea por el rabillo del ojo, lo ignorarÃa. Ella dice que corrió con buena suerte, pues no lo volvió a ver, como si el niño supiera que Irma estaba decidida a ignorar su alma que todavÃa recorrÃa los pasillos de aquel hospital.
1:05:42 Esta siguiente historia se desarrolla en el turno de noche de un hospital. Sol es una enfermera que está encargada en el área de recién nacidos. Esta área es muy cuidada, y tiene un motivo, mucho más que las otras, con algunas excepciones, y es que el área de recién nacidos, mayoritariamente, está destinada a bebés que nacieron con algún detalle. Tal vez que vinieron prematuros, o tal vez que nacieron con alguna enfermedad. Entonces, estar al pendiente de sus niveles, de su condición, es indispensable. Sol tiene que estar muy al pendiente, sobre todo durante la noche de los bebés que se encuentran en las incubadoras, asà como otros que están, por asà decirlo, estableciéndose. En esta área, La enfermera tiene que estar al pendiente y en la misma sala que los recién nacidos. Pero claro, son bebés y están durmiendo. Asà que no puede haber nada de ruido. Sol en aquel tiempo tendrÃa como unos 25 años. Y ella, desde que era muy pequeña y toda su familia han sido muy religiosos, era una católica devota. Asà que todas las noches aprovechaba para rezar, y también para leer la Biblia, y como
1:07:15 si esto no fuera poco, también pedÃa por las almas de los niños que fallecÃan ese dÃa, o que necesitaban ayuda, por asà decirlo divina, y pedÃa por ellos. Sola estaba acostumbrada al silencio, al silencio de la sala, y al estar solamente leyendo, hasta que una noche, toda esta tranquilidad se fue. simplemente acabó de un minuto al otro, eran aproximadamente las 3 de la mañana o al menos eso es lo que ella recuerda, cuando de pronto le tocaron la puerta, después de tocar la puerta simplemente entraron, se le hizo raro, pues si fuera otra enfermera o un médico, simplemente entran, asà que Sol desde ahà pensó que era otra persona, tal vez un familiar, entonces ve que entra una mujer en bata y que tiene el vientre pues inflamado, tal vez una mujer embarazada, más temprano que tarde se da cuenta que precisamente es la madre de uno de los niños, pues tan pronto entra solamente le clava la mirada a uno y empieza a mirarlo con mucha adoración y mucha dulzura, Sol obviamente se levanta y le dice madre usted no puede estar aquÃ, esta sala es solamente para personal del hospital, Por favor, vuelve y recuéstese en su habitación o voy a tener que llamar a los paramédicos para que se
1:08:48 la lleven. Es más que obvio que si su bebé está ahà y ella todavÃa no se da de alta es porque todavÃa no está en condiciones para moverse ni mucho menos estar caminando en los pasillos. Pero aquella mujer tiene un tono tan dulce y le dice las cosas con tanta tranquilidad que Sol explica que Si bien es una enfermera que cumple con todas las reglas, en aquella noche hizo una excepción. Esta madre le dijo, enfermera, yo entiendo sus reglas, pero solamente quiero ver a mi niña. Ha sido un dÃa muy cansado, una semana aún peor.
1:09:30 Yo solamente quiero verla, quiero sostenerla en mis brazos. Solamente pido eso y me regreso, me voy. Sol hizo una excepción Ella pensó que necesitarÃa que le dijeran qué niña era suya Pero parecÃa que aquella mujer ya lo sabÃa Algo completamente extraño Aquella mujer fue Tomó a una bebé Y la empezó a cargar Y hacerle cariños Pareció una mujer muy dulce A pesar de tener un semblante completamente desgastado Tal vez por el parto Tal vez por una semana cansada Las últimas semanas de un parto siempre son las peores. A las madres se les complica moverse y los dolores, el movimiento del bebé es mucho desgaste fÃsico.
1:10:25 Sol le da la posibilidad de que esté caminando con su niña, ahà entre la sala. Pero en eso ve que la mujer se está alejando y está a punto de salir de esta. En ese momento Sol se acerca. Y le dice discúlpeme, pero es que no se la puede llevar. Le dije que la podÃa sostener, pero no se la puede llevar. En ese momento Sol, cuando ya está de frente con aquella mujer, la nota ya algo extraña. Rara. Y es que aquella mujer, su semblante habÃa cambiado. Sus manos ya no eran aquellas manos de una mujer delicada, sino que ahora se encontraban unas manos huesudas. completamente chupadas casi casi solamente viéndole los huesos y la cara al momento que volteó y la vio de frente solamente pudo ver una cara pálida y unos ojos profundamente blancos que le regresaban la mirada En ese momento la mujer le dijo que sÃ, se dio la media vuelta y dejó a la bebé en su respectiva cama para irse por donde vino. Sol me explica que en ese momento se
1:11:55 quedó paralizada. Simplemente estaba muy sorprendida. TenÃa miedo, pero este mismo miedo era el que la habÃa petrificado. Estaba ahà parada sin poder moverse y aquella extraña mujer salÃa de aquella sala de recién nacidos al momento de que Sol puede otra vez recobrar la movilidad una vez que el espanto habÃa bajado sale de la sala abre la puerta y mira hacia los dos pasillos pero ya no hay nadie la distancia era mucha y por como se iba moviendo aquella mujer de una manera tan lenta era poco probable que hubiera dado vuelta en una esquina en una esquina de los pasillos simplemente se habÃa perdido, Sol en ese momento, estaba muy confundida, y muy aterrada también, por lo que fue a su biblia y empezó a rezar, no pasó mucho tiempo, tal vez algunas dos o tres horas, cuando un médico en turno, vino a la sala, y vino en compañÃa de más personas, empezaron a hacer un papeleo, pues iban a dar de alta a un bebé, Sol reconoce en ese momento que es la misma bebita por la que habÃa venido aquella madre hace apenas unas horas atrás.
1:13:21 En ese momento Sol le pregunta al médico, la madre ya vino,¿ a poco ya le van a dar de alta? Yo la vi todavÃa muy mal, obviamente omitiendo lo que habÃa visto al final, aquellos ojos blancos con los que habÃa visto aquella mujer. Pero el médico le contesta que no, que la bebé se iba a ir en compañÃa de sus abuelos y de su padre, porque tristemente su madre habÃa fallecido aquella noche, justamente a las dos y media de la mañana, Sol desde que le pasó esto, asegura que las próximas noches cuando la mandaron a la sala de los recién nacidos, siempre procuraba echarle llave a la puerta, porque sabÃa que a veces los padres tenÃan un amor tan inmenso, o tal vez obsesivo, que algunos de ellos, en lugar de irse o buscar la paz, decidÃan venir a ver a sus hijos, como aquella madre hizo en aquella tormentosa noche. Matilda es una enfermera la cual está
1:14:54 acostumbrada mucho a trabajar durante la noche. De hecho, ella explica en la historia que me envió que es el turno que más le gusta, ya sea porque hay menos movimiento, porque las personas no están tan apuradas o porque simplemente le gusta el silencio. Además dice que cuidar a los pacientes resulta mucho más fácil durante la noche. Aquella noche habÃa llegado un joven. Este habÃa tenido un accidente. Se habÃa golpeado un brazo. Y le habÃan puesto yeso. Durante esa noche se iba a quedar en el hospital. Tal vez durante dos noches. Si es que veÃan que no se componÃa muy bien. Este chico ya tenÃa 15 años. Y estaba en esa edad algo rebelde. En la que le quiere dejar en claro a los padres... de que no necesita de su cuidado, de que él solo puede con todo. Entonces, a pesar de que en el hospital se le dio la facilidad para que los padres se quedaran a acompañar a su hijo, este les dijo que no lo acompañaran, que lo dejaran ahÃ, que él solamente iba a dormir, que no lo estuvieran molestando. Sus padres lo entendieron y se fueron a su casa. Mientras que este joven se quedaba recostado en su propia habitación, la ve Esta habitación
1:16:26 era enorme y solamente para un paciente. TenÃa una televisión y todo estaba bastante reconfortable. Matilda habÃa ido cerca de las 11 de la noche a checar al paciente, más que nada a monitorearlo. Ella ya se habÃa regresado. Se encontraba desempeñando otras tareas cuando en eso escuchó una alarma que empieza a sonar en el escritorio. Al checar de dónde viene la alarma, ve que es de la habitación B-31. Inmediatamente va, ella sabe que es el joven de 15 años, abre la puerta y le pregunta qué pasó, cuál es la urgencia. Al entrar, ella ve un semblante algo extraño en este joven, según nos explica, era un semblante como de alguien asustado. Se encuentra sorprendido, con los ojos abiertos.
1:17:21 Para este tiempo ya eran horas de la madrugada, tal vez las dos de la mañana. Y Matilda le pregunta,¿ te sientes mal?¿ Qué te pasó? El chico no sabe responderle qué. De hecho, incluso titubea. Y empieza como que a inventar algo. Y simplemente le dice que el brazo le duele. Y que ha tenido dolores de cabeza. Matilda empieza a monitorearlo y le da un medicamento. Después de tomárselo. Ella vuelve, cierra la puerta y se va. Checó el horario y ella supo que tendrÃa que ir a vigilarlo o darle otra vuelta dentro de una hora. Pero esto no se cumplió porque la alarma volvió a sonar. Tal vez después de algunos 20 minutos que ella habÃa regresado de la habitación. Ella vuelve a ir a la habitación B31 y una vez que entra, vuelve a ver a este chico con un semblante, esta vez, un poco más asustado, sudando, y que le dice por favor que no se vaya, que le duele más el brazo, que por favor se quede un poco más con él, Matilda se queda pensando, y le pregunta, bueno chico,¿ qué es lo que tienes?, dime,¿ qué pasa?, El muchacho vuelve a inventar alguna otra cosa Y ya sabe que está inventando porque Ãl empieza a
1:18:52 pensar Vuelvo a decir, a titubear En fin, Matilda se va Otra vez vuelve a su escritorio Y solamente pasan otros breves 20, 25 minutos Y vuelve a sonar la alarma Otra vez la habitación B31 Vuelve a ir con este joven Y le pregunto otra vez¿ Qué es lo que pasa muchacho?¿ Para qué me estás haciendo venir? Y es en este momento que el chico le habla y le hace con los dedos. Pero también junta sus labios y con su dedo meñique le hace una seña para que guarde silencio.
1:19:37 Mientras Matilda se va acercando, ella capta que quiere susurrarle algo al oÃdo. como para que nadie escuche, pero es algo completamente absurdo, porque se encuentran los dos solos en la habitación. O al menos, eso es lo que cree ella. El chico le dice al oÃdo, no quiero que te vayas, porque cuando tú te vas, hay un niño que sale debajo de mi cama. Este niño sale y se reposa a un lado de ella, Y me está observando. Me observa durante la noche. Sus ojos son negros. Su cabeza es grande. Y tiene unos largos dedos extendidos con los que me toca la pierna. Por favor no te vayas.
1:20:34 Obviamente Matilda lo primero que se le viene a la mente es que tal vez fue una pesadilla. O que tal vez esté imaginando cosas... Puede que el chico esté desvariando... Y ya al último que piensas que tal vez... Solamente la está molestando... No serÃa la primera vez que adolescentes... Molestan a enfermeras simplemente por hacerlo... Asà que ella resuelve y le dice... Mira... No me puedo quedar aquà toda la noche contigo... Te voy a dar un tranquilizante... Un calmante en forma de pastilla... Para que duermas esta noche... porque ya mañana te dan de alta, me voy a quedar contigo hasta que te duermas, y después me voy, el adolescente acepta, más que nada porque no le queda de otra, que porque le gusta la idea, él se toma la pastilla, se recuesta, y Matilda se queda ahÃ, mientras revisa su celular, y una vez que pasan 10 minutos, el calmante hizo efecto muy rápido, y el adolescente queda profundamente dormido, arriba de su cama, Matilda en ese momento se levanta, sale de la habitación, pone el cronómetro, la alarma, va a ir a checarlo dentro de una hora, eso serÃan aproximadamente como las 4 de la mañana, pasa esa hora, llega la alarma, Matilda de nuevo va a la habitación
1:22:07 B31 y una vez que abre la puerta, la abre con mucho silencio. De hecho no prende la luz, cosa que ya está en su naturaleza, un hábito, abrir la habitación y encender la luz. Pero ella no lo hace. Al momento de que abre la puerta, casi un cuarto de esta puede ver algo Algo anormal Algo que no deberÃa de estar Abajo de la cama Porque puede verlo La cama está posicionada de lado Puede verlo Claramente por la luz de la luna Que atravesa por la ventana Hay una sombra De algo pequeño Como de la estatura de un niño Pero no es un niño Su cuerpo está excesivamente deformado No es un niño Lo que ella ve es una especie de sombra, con la espalda encorvada, se le pueden ver los huesos de la espalda, aquellas ondas, del espinazo, puede ver que también tiene largos dedos, y que con las uñas de sus dedos, está, jugando, en el piso, como rasguñándolo, en ese momento Matilda, echa un grito al aire, sale corriendo, Obviamente la adolescente también se despierta, está en toda la oscuridad y también empieza a gritar.
1:23:40 La enfermera que estaba de su lado también va corriendo, encuentra a Matilda simplemente histérica y llama además médicos. Todos llegan, prenden la luz de la habitación, empiezan a buscar de un lado al otro, pero no encuentran nada. El adolescente también tiene mucho miedo. Total, cambian al adolescente de habitación. Esta vez Matilda está de acuerdo... Y digamos que aquella experiencia... Se cierra con esto... Durante el tiempo siguiente... Que Matilda siguió trabajando en aquel hospital... Fue con el médico... Encargado del turno de noche... Y le pidió dos cosas... Como Matilda ya era alguien que... TenÃa historia en aquel hospital...
1:24:28 Era buena desempeñándose... Le pidió dos favores... Dos favores que de seguro... no serÃa un problema, la primera, es que no querÃa trabajar ya en el turno de noche, aunque si no le quedaba de otra, vendrÃa, pero que por favor, la mantuviera en lo que se pudiera, en el turno de dÃa, otro segundo favor, es que si ella venÃa a trabajar en el turno de noche, la exceptuarán por completo, de atender a un paciente, Que se encontrara internado en la habitación B31. Ella no querÃa entrar en aquella habitación nunca más. Pasaron los años. Y Matilda finalmente finalizó su estancia en este trabajo. Pero algo curioso que nos cuenta.
1:25:26 Es que durante los años que siguió ahÃ. Jamás volvieron a internar a ningún paciente. En la habitación B31... Según se dice... Ocurrieron más cosas... De las cuales... Se mantuvo todo el secreto... Sobre todo con las vÃctimas que lo vivieron... Enfermeras... Y algunos médicos... Con el tiempo aquella habitación se convirtió en un almacén... A pesar de que estaba aclimatada... Para un paciente... Una habitación... donde nadie querÃa entrar. Esta siguiente historia viene de parte de Ernesto Cuevas. Hola Alex y comunidad de la cripta. Les quiero contar una experiencia que vivà cuando me desempeñaba como enfermero. En aquel tiempo, yo trabajaba en un hospital mental, un psiquiátrico. En esos hospitales, como también en los hospitales normales, hay pacientes de todo tipo.
1:26:47 Pacientes buenos, pacientes malos, y otros tanto peores. HabÃa un paciente que sobresaltaba de entre todos los demás. Para respetar su anonimato, su información privada, No voy a decirles el nombre verdadero. Me voy a referir a él con un alias. Le vamos a llamar Emilio. Emilio era una joyita. Todos, absolutamente todos en el hospital lo conocÃan. Y sabÃan muy bien a qué atenerse siempre que estaban cerca de él. Emilio era una persona que no estaba bien de su cabeza. Atacaba a las demás personas, al personal, asà como también además pacientes, asà que no era óptimo tenerlo sin supervisión las 24 horas los 7 dÃas de la semana. A pesar de que su familia venÃa mensualmente, Emilio no mejoraba, y estaba más que claro que debido a su actitud, no iba a poder ser reinsertado nuevamente a la sociedad. Entonces, Emilio, Iba a estar, por asà decirlo, prácticamente en el hospital de manera indefinida. Y asà pintaba la cosa. Durante las noches se tenÃa que seguir un protocolo con Emilio. Porque si lo dejábamos tal cual dejábamos a otros pacientes, Emilio se levantaba de su cama y vagaba por el pasillo.
1:28:19 Y como en las noches trabajan los conserjes, el personal de limpieza y otras tantas enfermeras, pues esto era peligroso. Asà que nosotros nos tenÃamos que ver en la obligación de atar a Emilio. Lo atábamos a la cama con varias correas. Estas correas eran especÃficamente para personas, asà que no le hacÃamos daño. Además, yo asà como también otros enfermeros tenÃamos que pasar a la habitación de él durante las madrugadas. Más que nada para asesorarnos de cómo estaba. Esto también era peligroso. pues habÃa reportado que Emilio habÃa atacado a otros enfermeros durante la madrugada. No siempre era agresivo.
1:29:04 De hecho, la mayor parte era muy cariñoso y no respetaba el espacio personal de las demás personas. Pero asà como podrÃa estar de buen humor, volátilmente cambiaba de mal humor. Y era justo cuando esto empezaba que uno tenÃa que preocuparse, pues Emilio no se medÃa y empezaba a soltar arañazos a soltar golpes, y aquà venÃan los problemas. Cuando Emilio se dormÃa, todo estaba perfectamente normal. De hecho, era raro que Emilio se despertara, y muy en contra de lo que se tenÃa con otros pacientes, Emilio no ocupaba pastillas para dormir. Emilio simplemente se dormÃa y despertaba la mañana siguiente.
1:29:53 Asà que quiero que piensen que esto que pasó aquella noche nos tomó por sorpresa a todos, debido a que todos sabÃamos cómo se comportaba Emilio, primero, en aquella madrugada, escuchamos un enorme grito, un grito muy alto, desesperado pidiendo ayuda, que venÃa de la habitación de Emilio, rápidamente todos corrimos, y nos encontramos con que Emilio estaba despierto, y estaba muy desesperado, gritaba por ayuda, Y querÃa por favor que lo sacaran de aquel cuarto. Que se lo llevaran. Que no lo dejaran solo. Es más, ni siquiera pedÃa que lo desataran. Como si dentro de él todavÃa quedara un poco de cordura. SabÃa que no lo podÃamos desatar. Ãl solamente pedÃa que lo sacáramos del cuarto. Obviamente yo y también otros enfermeros le preguntamos.¿ Te sientes bien Emilio?¿ Qué fue lo que pasó?¿ Fue una pesadilla? Era la primera vez que nos pasarÃa esto con él. con otros pacientes que también tenÃan alguna enfermedad era común que se despertaran gritando pero para eso tenÃamos medicamentos especiales Emilio jamás los habÃa ocupado y jamás habÃamos tenido un problema parecido con él asà que esto era nuevo Emilio nos contó que habÃa un hombre un hombre con sombrero que siempre estaba oscuro y que este lo seguÃa en sus sueños Emilio
1:31:25 sabÃa que estaba soñando Por eso nunca le prestó atención más de lo debido una vez que él se despertaba. Pero que aquella madrugada, el hombre con sombrero habÃa conseguido salir del sueño y que se encontraba en aquella habitación con él. Encendimos las luces, rodeamos toda la habitación y le mostramos a Emilio que no habÃa ningún hombre con sombrero, pero le estaba seguro que sÃ, que el hombre estaba oculto. Y que querÃa hacerle algo. Que aquel hombre se lo querÃa llevar a donde quien sabe. Pero Emilio tenÃa mucho terror aquella noche. Nos decÃa constantemente que aquel hombre se habÃa escondido por ahÃ. Y que solamente estaba esperando a que se quedara solo. Obviamente Emilio estaba entrando en un estado el cual era muy malo. No podÃamos tenerlo ahà nomás.
1:32:22 Entonces fuimos por unas pÃldoras para dormir. Nos quedamos con él, lo tranquilizamos, y finalmente cuando se durmió, nos fuimos de aquel lugar. Grande fue nuestra sorpresa cuando después de algunas dos horas, otra vez Emilio se despertó, gritando por ayuda. Rápidamente fuimos, abrimos la puerta, y era la misma historia. Emilio nos repetÃa una y otra vez, que aquel hombre se habÃa salido de su sueño, y que ella estaba con él. que se lo iba a llevar, que por favor no lo dejaran solo, que por favor que alguien se quedara con él. A decir verdad, esto nos tenÃa bastante sorprendidos, Alex. Más que nada por las pÃldoras que le habÃamos dado. Nos cercioramos muy bien que eran pÃldoras para dormir. Y los que las tomen saben que estas pÃldoras te hacen tener un sueño muy pesado. Muy, muy pesado.
1:33:24 Es casi imposible. que te despierten fácilmente y mucho menos que te despiertes por una pesadilla asà que lo que Emilio habÃa hecho era algo anormal como era posible que se hubiera despertado sobre todo después de tan poco tiempo tres horas era muy poco decidimos ahà estar con él contenerlo e hicimos guardias uno se la pasaba con él mientras que el otro se iba TenÃamos planeado que la siguiente noche, si esto pasaba nuevamente, tenÃamos que inyectarlo. TendrÃamos que controlarlo. Pasó todo el dÃa normal. O al menos dentro de lo que cabe normal. Emilio estaba sumamente serio.
1:34:10 No hablaba con nadie. Y estaba temeroso. Miraba para todos lados, como si estuviera esperando algo. Yo como era uno de los enfermeros que estaba a su cargo... Me percaté de esto y al enfermero que estaba durante el dÃa también me pasó los registros. Cuando fui a acostar a Emilio junto con otro compañero, mientras le estábamos poniendo las ataduras, este me miró y me dijo, por favor,¿ se pueden quedar conmigo? No quiero que me dejen solo. Aquel hombre con sombrero va a venir. Ya se salió de mi sueño.
1:34:50 Ahora está aquÃ. Está con nosotros. Por favor, no dejen que me lleve. Yo no sabÃa qué contestar en ese momento, pero decidà seguirle el juego. Le dije, no te preocupes, me voy a quedar aquà contigo. Solamente te voy a dar una inyección para que puedas dormir tranquilo y esas pesadillas no te puedan despertar. Emilio simplemente me miró como... teniendo plena confianza en mÃ, cosa que hasta hoy no puedo olvidar. Aquellos ojos sinceros que me mostró es algo que es difÃcil de olvidar, Alex. Para serte sincero, yo me quedé ahà con él, tal vez por una hora, pero al ver que estaba completamente dormido y al convencerme a mà mismo que esto solamente era parte de su demencia, me salà del cuarto. Al cabo, soy un enfermero. No puedo caer en los juegos de los pacientes. Durante aquella noche, todo estuvo normal. Emilio no se despertó. Cuando fui a las cuatro de la mañana a ver cómo estaba su habitación y entré con él, vi que éste dormÃa plácidamente.
1:36:09 O al menos eso fue lo que pensé. Cuando me acerqué a él, tenÃa una cara de absoluto terror, Alex. Estaba como que petrificado. Su cuerpo Estaba tieso, tieso completamente. Rápidamente llamé además personal, pero era evidente lo que habÃa pasado. Emilio ya no estaba con nosotros. Emilio habÃa fallecido. Las marcas que encontramos en su cuerpo aquella noche simplemente no tenÃan explicación. Nadie se habÃa metido a la habitación de Emilio, y éste tenÃa rasguños en su cuerpo. En sus brazos...
1:36:50 en sus hombros, en su torso, en sus piernas, como si alguien lo hubiera rasguñado. Emilio simplemente habÃa perdido la vida. Y hasta el dÃa de hoy, no me explico el por qué. Es difÃcil pensar que un hombre con sombrero hubiera salido de su sueño y fuera el responsable, pero que otra respuesta hay, a pesar de que no quiera pensarlo. Esa es la única respuesta y teorÃa que está dándome vueltas en la cabeza, aún después de tanto tiempo, he encontrado diferentes historias sobre hombres con sombrero, y sobre cómo estos, no son eventos aislados, hay muchas personas que los han visto, y esto no hace nada más sino que, darme un repelús y un escalofrÃo en mi cuerpo, cada vez que recuerdo, la voz de Emilio gritando por ayuda aquella madrugada, y pidiéndome que no lo deje solo, creo que aquel hombre, finalmente consiguió lo que buscaba, y se llevó el alma de Emilio, gracias por escuchar mi historia, saludos a todos.
1:38:20 El siguiente relato viene de parte de Ignacio Ramos. Hola comunidad, mi nombre es Ignacio y quiero contarles una experiencia que me sucedió hace ya un par de años. En aquel momento yo me encontraba trabajando en un hospital diferente. Aquel hospital no era enteramente psiquiátrico, era un hospital general de que tenÃa un área determinada para atender a diferentes pacientes con problemas psiquiátricos. En esta área yo me encontraba, y no era el único. TenÃa más colegas que se dedicaban a lo mismo. Cada uno tenÃa sus pacientes. Y en esta área también se quedaban internados algunos pacientes que se encontraban, por asà decirlo, muy delicados. Pacientes que se hacÃan daño a sà mismos. O pacientes que simplemente no podÃan ser insertados en la sociedad aún. Pacientes con problemas muy, pero muy fuertes, Alex. Y otros tantos que solamente iban una o dos veces al mes a una terapia rápida. Asà que te puedo decir que vi de todo. Pero nada me habÃa preparado para lidiar con algo paranormal. Soy una persona de ciencia. Por eso me gusta la psiquiatrÃa. pienso que en la mente se esconden muchos secretos pero pensar
1:39:51 en fantasmas en entidades es algo que simplemente yo no puedo me gusta mucho el tema del terror el tema de contar historias y todo eso pero jamás creà que existieran solamente les escuchaba simplemente para entretenerme y creÃa que yo estaba lejos de vivir algo asà pero al final de cuentas lo hice A final de cuentas, tengo una experiencia paranormal. Todo comenzó una tarde, cuando uno de mis colegas se encontraba comiendo conmigo, ahà en el comedor. Me dijo que tenÃa un paciente, era un chico de unos 15 años, que estaba muy bien que no era un chico especial, pero que necesitaba que yo lo atendiera, que si le hacÃa el favor de hacerme cargo de él de ahora en adelante. Yo me extrañé, claro, y le pregunté por qué.
1:40:49 Ãl en un principio me dijo bromeando que simplemente no era su estilo. Aunque después la cambió. Y me dijo que iba a salir de la ciudad. Y no podÃa dejar a aquel chico solo. Después de conversar brevemente, yo acepté. Vi a este chico al dÃa siguiente. Fue llamado conmigo inmediatamente. Este chico venÃa acompañado de su madre. Y después de hacerle unas breves evaluaciones... Llegué a la conclusión de que este muchacho era una persona perfectamente normal, Alex, como tú o como yo. Es decir, no tenÃa ninguna enfermedad en la mente. Era un chico simpático. No era antisocial. No tenÃa ninguna enfermedad que fuera a generarse. Es más, no tenÃa antecedentes de ninguna de las dos partes de la familia que padecieran alguna enfermedad mental, ni siquiera Alzheimer. Además, si tú estuvieras hablando con él, te daré la impresión incluso de que es un muchacho muy culto. Es un muchacho que incluso emplea palabras que son de admirar, sobre todo para la edad que tiene. Asà que después de una sesión tal vez de algunos 40 minutos, yo estaba sumamente sorprendido porque el niño estaba siendo traÃdo a un psiquiatra.
1:42:13 Entonces hablé con la madre. Y esta me dijo que al menos ella no lo habÃa traÃdo. El chico querÃa venir voluntariamente. Y se lo habÃa estado pidiendo durante meses y meses. Y la madre no querÃa, pues obviamente no le veÃa nada de malo. Pero el chico decÃa y decÃa que querÃa ir con el psiquiatra. Que él tenÃa algo malo en su cerebro. Y que querÃa tratarlo. Obviamente después de escuchar esto, me quedé solo con el muchacho. para que me dijera qué era lo que tenÃa, qué era lo que sentÃa, qué era lo que veÃa. Y me sorprendà con lo que me dijo. Ãl me dijo que hace aproximadamente un año de aquella cita, un año atrás, habÃa ido a la playa, y en esa estancia en la playa habÃa tenido un percance, sudona flotante, se habÃa ido y se habÃa ido, y se habÃa apartado demasiado de la playa. Empezó a pedir ayuda, y a pesar de que veÃa que el salvavidas venÃa a toda prisa por él, su madre simplemente lo veÃa a la distancia y gritaba, y su padre, sostenido por otros dos salvavidas, querÃa también irse al agua, pero obviamente no lo dejaron, pues el señor tampoco sabÃa nadar. Ãl entró en crisis, se bajó de la dona, y empezó a querer nadar, pero era más que obvio que no lo consiguió. Ãl se fue... hundiendo en el agua y técnicamente según lo
1:43:47 que le dijeron después de haberlo sacado es que habÃa fallecido el niño prácticamente estuvo sin vida durante algunos segundos y lo resucitaron este niño me contó que después de aquella experiencia más allá de desarrollar un miedo profundo al océano también empezó a ver a una persona era un niño era prácticamente su reflejo, era como él, de su misma estatura, sus mismos ojos, su mismo pelo, solamente con algo distinto, y es que este extraño niño que él empezó a ver después de aquel accidente, no tenÃa dientes, tenÃa colmillos, y los podÃa ver cada vez que éste abrÃa la boca, cada vez que hablaba con él, podÃa ver aquellos colmillos puntiagudos, A pesar de que esto suene extraño, el niño me contó que no tenÃa miedo cada vez que lo veÃa. Ãl sabÃa muy dentro de sà que solamente él podÃa verlo, pues este niño aparecÃa a veces en el comedor, en su habitación o incluso en la escuela, y solamente él lo podÃa ver. Las otras personas pasaban a un lado o incluso lo traspasaban. Ãl pensó que con el tiempo tal vez dejarÃa de verlo, tal vez era una visión, Pero conforme pasó más el tiempo... Este chico no se fue yendo de su mente... Aún más
1:45:19 se fue acercando todavÃa... Al grado de comenzar a hablar... El chico me compartió que aquel niño... Empezó a decirle... Algunas cosas privadas... Tanto de él como de su familia... Cosas que él no sabÃa... Cosas que le parecÃan muy extrañas... Y obviamente él al tener 15 años... fue con su madre y le platicó esto su madre no le creyó y se rehusó a llevarlo al psiquiatra y durante unos meses asà estuvo pero todo cambió cuando este chico empezó a decirle ciertos secretos que ella tenÃa cosas que habÃan pasado en su juventud cosas que habÃan pasado entre ella y su padre el padre del chico cosas que él no tenÃa por qué saber que era más que evidente que nadie se las habÃa contado. El chico siempre decÃa que aquel niño que veÃa ahora todos los dÃas se los contaba.
1:46:22 Era como si éste supiera cosas de las personas. Solamente asà su madre se animó a llevarlo al psiquiatra, tal vez buscándole algún tipo de respuesta o algún tipo de solución, pues este pobre chico tenÃa dificultades ya para dormir. pues decÃa que cada vez que se acostaba venÃa aquel niño y se acostaba a su lado. Y por más que le decÃa que se bajara de la cama, por más que le decÃa que lo dejara tranquilo, aquel extraño niño no se iba.¿ Se acuerdan que en el principio les dije que este chico veÃa como un reflejo aquel niño, lo veÃa de su misma apariencia? Pues esto fue cambiando también paulatinamente. Dice que aquel chico empezó a verse... De una forma horripilante. Su carne empezó a verse más desgastada.
1:47:14 Sus ojos empezaron a sumirse hacia adentro. Estaba agarrando la apariencia de un cadáver. Y decÃa que querÃa callarlo. Aquel chico me suplicaba que lo ayudara. Que ya no querÃa verlo. Yo pensé que esto se debÃa tal vez a algún trauma. Aunque la parte en la que este ente le decÃa cosas de las demás personas. No podÃa explicarla. Al menos tal vez, mediante algún medicamento, podÃa hacer que dejara de verlo. Pasaron los dÃas y no hubo mejora. En medio de una de nuestras tantas sesiones, este chico me dijo que de seguro el otro psiquiatra ya no querÃa atenderlo porque le habÃa dado miedo. Yo le respondà que no, que simplemente el otro psiquiatra, el cual era un colega mÃo, iba a salir de viaje. Lo cual era bastante extraño, Alex, pues...
1:48:09 Esto me lo habÃa dicho tal vez hace como unas dos semanas. Y este psiquiatra no habÃa salido. Ahà estaba trabajando perfectamente, como todos los demás dÃas. Este chico me dijo que aquel psiquiatra se horrorizó cuando le pidió una prueba. Cuando le dijo que le preguntara a aquel niño que siempre lo acompañaba, que le dijera cosas de él. Tal vez algún tipo de sesión para decirle que lo que veÃa no era real. pero sucedió todo lo contrario. El psiquiatra tuvo que dar por finalizada aquella sesión porque estaba diciendo cosas verdaderas, cosas que incluso habÃan sucedido durante su niñez. Yo estaba sorprendido, Alex, por lo cual cuando terminamos aquella sesión, fui inmediatamente con mi colega y le pregunté si esto era cierto. Y él me contestó que sÃ, que simplemente no podÃa lidiar con aquel niño y tal vez... De alguna manera su subconsciente le estaba atendiendo una trampa. Lo estaba engañando. Esto me superaba por completo, Alex. Y a pesar de que muchas veces tuve esa espinita de retar aquel espÃritu para que me dijera cosas también de mÃ, jamás me animé a hacerlo. Creo que porque muy en el fondo querÃa equivocarme. QuerÃa que todo eso solamente fuera imaginación de aquel muchacho. pero algo me decÃa que no.
1:49:34 Algo muy dentro de mà me decÃa que todo eso era real. Continuamos las citas, pero un dÃa simplemente aquel muchacho dejó de venir. Nos comunicamos con su madre, pero ella no contestó el teléfono. No sé qué ha pasado con él, pero si te soy sincero, durante los años que seguà trabajando en aquel hospital, rezaba a diario para que aquel muchacho no se presentara en mi sala de espera. TenÃa un miedo rotundo. A tener que lidiar con él de nuevo. Yo sé que hice mal. Yo sé que debido a mi profesión tuve que ayudarlo. Pero cómo ayudar a una persona con algo que está fuera de nuestras manos. Esa fue mi experiencia. Gracias a todos por escucharla. Y a ti, Alex, por compartirla. Esta siguiente historia viene de parte de Sandoval Montiel. Hola Alex y comunidad, mi historia es la siguiente. Esto me sucedió cuando yo tendrÃa aproximadamente algunos 22 o 23 años. En aquel entonces, como aún me encontraba cursando mi universidad abierta, y solamente iba durante las mañanas como por unas tres o cuatro horas, ya sea por
1:51:07 la tarde o por la noche, me dedicaba a trabajar. En aquel tiempo yo me dedicaba a ser conserje. Trabajaba para una empresa de limpieza. Y si bien en el principio me mandaban a diferentes lugares tales como supermercados, tiendas departamentales, estacionamientos, etc., Al final me acoplé más que nada a los hospitales y me dejaron precisamente en un hospital mental. Este hospital tenÃa gente muy buena. De hecho, los pacientes no eran problemáticos y me llevaba bien con la mayorÃa de las enfermeras y doctores. De hecho, ya me conocÃan. Mi horario empezaba por eso de las 11 de la noche y terminaba a las 6 de la mañana. TenÃa que pulir los pisos, trapearlos...
1:52:00 Mantener los pasillos impecables. Y una que otra oficina. La limpieza de las habitaciones. Esas nosotros no las llevábamos a cabo sino mismo personal del hospital. Más que nada porque deben de tener ciertos cuidados algunas habitaciones. Sobre todo cuando tienen pacientes ahà dentro. Yo siempre me acaté a lo mÃo. Solamente los pasillos y las salas de estar. Y una noche cuando me encontraba puliendo un pasillo determinado. me encontré con algo sumamente anormal. Estaba puliendo el pasillo cuando en eso veo una figura sentada al fondo del pasillo por las últimas puertas de ahÃ. HabÃa otro pasillo más adelante, el cual era en forma horizontal y quedaba una oficina de un doctor ahà enfrente. Todas las que se encontraban a ambos lados pertenecÃan a diferentes habitaciones de pacientes. y habÃa una figura y sentada en una puerta de estas, me fui acercando poco a poco, y me di cuenta que era una paciente, tal vez era una chiquilla de algunos 14-15 años, que tenÃa puesta su bata, no portaba con ropa de civil, entonces me alarmé un poco, decidà ir a llamar por radio a las enfermeras, pero no sé qué tal iba a reaccionar esta paciente pues, Algunos de estos internos reaccionaban de una mala manera. No con golpes,
1:53:34 pero muchos de ellos empezaban a correr y a veces unos se hacÃan daño. Entonces primero traté de acercarme y controlarla. Esta niña se llevaba las manos a los ojos y tenÃa como que miedo. Estaba sumamente asustada. Cuando me vio, su expresión cambió por completo. Se acercó hacia mÃ, casi casi abrazándome, y me preguntó,¿ los ves tan bien?¿ Tú los ves? Yo estaba sumamente confundido y le pregunté,¿ a quién veo, niña? A la gente. Hay mucha gente aquà en el hospital. Todas parecen sombras. La gente oscura. Todos están oscuros, solamente tú tienes color. yo me le quedé viendo de una extraña manera volteaba para todos lados pero no veÃa a nadie los ojos de aquella niña iban de un lado hacia el otro de forma muy volátil como si estuviera viendo algo que la aterrara como si estuviera viendo algo que yo no podÃa ver en ese momento la traté de tranquilizar pero aquella niña no se tranquilizaba le pedà que me esperara ahà en su puerta mientras que yo llamaba por radio pero ella se negó.
1:54:57 Se me prensó del brazo Alex, me apretaba con mucha fuerza y continuaba viendo para todos lados, asà que no tenÃa forma de zafarme. Fui, llamé por radio a las enfermeras e inmediatamente vinieron. Me la retiraron y me pidieron ayuda solamente para llevarla de nuevo a su cama. Los cuatro estábamos ahà y aquella niña seguÃa diciendo que aquellas personas la estaban invitando que se la querÃan llevar con ellos, que incluso algunas voces de esta gente sombra, como ella los denominó, se le hacÃa muy familiar. Escuchaba voces como si de sus abuelos, de sus tÃos, curiosamente familiares de ella, que ya no se encontraban vivos. Las enfermeras tenÃan aquà una duda, y es que todas las habitaciones se les ponÃa una llave, No podÃa entrar nadie a estas, si no fueras una enfermera, un médico o un vigilante. Le preguntaron a esta chica cómo es que habÃa abierto la puerta, ya que se tiene que tener mucho cuidado con estos pacientes mentales. La chica les dijo que esa misma gente le habÃa abierto la puerta y que le estaban invitando a que se fuera con ellos. La estaban invitando a que se aventara por la ventana. Ellos le decÃan que iba a volar... Pero que lo hiciera... Obviamente todo esto
1:56:29 que nos estaba contando... Más nos inquietaba... Y nos ponÃa un poco tensos a los tres... Ãramos dos enfermeras y yo... Las enfermeras simplemente... Le dieron algunas pastillas... Se cercioraron que estuviera durmiendo... Y salieron de la habitación... Y yo vi claramente a Alex... Pues me encontraba a un lado de ellas... Como una de ellas... Le puso el candado a la puerta, giró varias veces la llave, después forcejeó la cerradura, y si la puerta estaba asegurada, no habÃa forma de que alguien la pudiera abrir que no tuviera la llave. Ellas se fueron, y yo continué con mi trabajo. Pulà el pasillo de ahÃ, luego subà al siguiente piso, también lo pulÃ, luego otras habitaciones, una bodega, la barrÃ, la atrapié, y ya habrÃan pasado tal vez como algunas dos o tres horas, cuando en eso bajo de nuevo, y paso precisamente, enfrente de la habitación de aquella chica, tal vez por curiosidad, tal vez para cerciorarme de que aquella niña, no tuviera forma de salirse, solamente me acerqué, y forcejeé la puerta, para asegurarme que estuviera cerrada, Alex, en el primer forcejeo, La puerta se abrió... Cuando la puerta... Se fue abriendo hacia adentro... Me encontré con que aquella chica no estaba dormida...
1:58:01 Estaba sentada a los pies de su cama... Rápidamente cuando me vio... Volteó la cabeza... Y me dijo... La gente sombra abrió la puerta... Ellos quieren que me vaya... Quieren que los acompañe... De nueva cuenta... Le hablé a las enfermeras... Y ellas estaban confundidas. No sabÃan cómo era que aquella puerta se estaba abriendo. No habÃa ninguna explicación para esto. Le pidieron a un vigilante que estuviera en aquel pasillo. Tal vez la puerta estaba falseada. Le iban a hablar a un cerrajero al dÃa siguiente. Pasó aquella noche. Curiosamente, esta actitud de esta paciente jamás la habÃa tenido. Esto era algo nuevo. Tal vez estaba pasando por otra etapa.
1:58:50 Pero durante la tarde, pasó una tragedia. Aquella paciente, tal como lo habÃa dicho en la madrugada, se aventó por la ventana y terminó con su vida. Obviamente los parientes estaban sumamente adoloridos. Se llevaron el cuerpo de esta joven inmediatamente. Cuando llegué yo a las 11, a mà solamente se me dio la noticia, pues era algo que se estaba diciendo en todo el hospital. Incluso esta joven habÃa roto la ventana. Era como si se hubiera lanzado con todas sus fuerzas. O aún peor, alguien la habÃa aventado. Yo traté de seguir con mi trabajo. Seguà puliendo los pisos. Y justamente por eso de la una de la mañana, cuando estaba pasando de nuevo por aquel pasillo, me encontré con que aquella joven ahà estaba. de la misma forma sentada en la que la vi la primera vez, sentada enfrente de su puerta, abrazando sus rodillas, mirando hacia abajo, tratando de no alzar la mirada, y yo me congelé, no pude creer lo que estaba viendo en aquel momento, la joven se supone que ya habÃa fallecido, pero la reconocà inmediatamente, era ella, ahà se encontraba sentada, Yo simplemente di algunos pasos hacia atrás y me fui corriendo. Llamé a las
2:00:22 enfermeras para que fueran. De alguna manera me querÃa sentir protegido, aunque suene bastante ridÃculo. Ellas fueron. Pero ahora, aquella joven ya no se encontraba. Solamente estaba el pasillo vacÃo. Fuimos hacia la habitación de ella. La abrieron y en la cama no se encontraba nadie. Esto era más que lógico. Pero yo también me tenÃa que cerciorar Yo les decÃa Que habÃa visto a aquella joven ahà sentada Enfrente de su puerta como la primera vez Que no lo habÃa imaginado Que la pude ver claramente Las enfermeras me creyeron Me dijeron que no era la primera vez Y muy seguramente no serÃa la última En que personal del hospital Ve el alma, el espÃritu De algunos pacientes que estuvieron por ahà y es más que fallecieron ahÃ. Yo me negué a pulir aquel pasillo, al menos estando solo. Recuerdo que durante las semanas siguientes, cuando precisamente iba y pulÃa aquel pasillo, me acompañaba un velador, el cual era muy creyente de esto, y cada vez que nos encontrábamos en aquel pasillo, dejábamos de platicar. Yo me centraba en pulirlo lo más rápido posible, y él se enfocaba en estar rezando.
2:01:47 rezaba y rezaba hasta que finalmente salÃamos de aquel pasillo algo nos sucedió también Alex y es que ambos escuchamos como en aquella habitación alguien caminaba jamás nos animamos a abrir la puerta pero escuchábamos las pisadas como caminaban de un lado hacia otro y si te pegabas más hacia la puerta podÃas escucharla muy claramente habÃa una persona ahà adentro Afortunadamente, la aparición de esta chica cesó con el tiempo, tal vez debido a los rezos de aquel velador, o simplemente porque su espÃritu ya abandonó este mundo, pero esta sin duda ha sido mi experiencia paranormal más perturbadora que he tenido en toda mi vida.
Spotify
RSS Feed