7 Relatos de Terror de Abuelos en Pueblos, ranchos y lugares lejanos
0:12 Una noche, mientras estaba de visita en la casa de mi abuela, en un pueblito pequeño de México, donde casi todos se conocen, me contó algo que nunca se me va a olvidar. HabÃamos terminado de cenar, afuera ya estaba oscuro, y el silencio del pueblo era ese silencio raro de la madrugada apenas escuchaban los grillos y de vez en cuando un perro ladrando a lo lejos mi abuela estaba sentada en su mecedora de madera esa que siempre tronaba cuando se movÃa yo estaba en la mesa con un café y de repente me dijo mijo alguna vez te he contado lo que me pasó cuando yo tenÃa como 15 años le dije que no Y la verdad, cuando mi abuela empezaba con esas historias, uno sabÃa que algo raro venÃa.
1:07 Ella se acomodó el rebozo y empezó a hablar, como si estuviera recordando algo muy viejo. Esto pasó hace muchos años. Cuando el pueblo era mucho más chiquito, no habÃa luz eléctrica como ahora. En las noches todo quedaba oscuro, oscuro de verdad. Me contó que en ese tiempo su papá tenÃa unas cabras y un pequeño terreno a las afueras del pueblo. Para llegar habÃa que caminar por un caminito de tierra que pasaba entre mezquites y monte. Una noche su mamá la mandó a llevarle comida a su papá porque se habÃa quedado cuidando los animales. Eran como las nueve de la noche, me dijo, y en ese tiempo, eso ya era bien tarde. Mi abuela agarró una canasta de tortillas, frijoles y café en una botella de vidrio.
2:00 Se llevó también un farol de petróleo para alumbrarse. Dice que cuando empezó a caminar por el camino de tierra, todo estaba tranquilo. El aire apenas movÃa las ramas de los árboles. Pero después de un buen rato, empezó a sentir algo raro. Como cuando sabes que alguien te está viendo. volteaba para atrás y no habÃa nadie siguió caminando de pronto escuchó algo entre el monte un ruido seco como cuando alguien pisa una rama ese crujido tan caracterÃstico ella me dijo que pensó que era un animal porque en ese tiempo habÃa coyotes por ahà entonces levantó el farol y alumbró hacia el monte de igual manera no vio nada Pero justo cuando volvió a caminar, escuchó algo que le heló la sangre. Una risa, pero no era una risa de una persona normal. Era una risa bajita, como que burlona. Mi abuela se quedó quieta. Yo pensé que a lo mejor era alguien del pueblo queriéndome espantar, me dijo.
3:13 Asà que ella optó por gritar. Ya sé que andan ahÃ, ya salgan. Silencio... Nadie dijo nada... No se escuchó nada... Entonces decidió seguir caminando más rápido... El problema fue que después de unos pasos... Volvió a escuchar la risa... Pero ahora más cerca... Esa risa burlona que la seguÃa... Dice que el corazón le empezó a latir bien fuerte... Y entonces pasó algo... Que nunca pudo explicar... Cuando levantó el farol otra vez... vio algo parado entre los mezquites. Al principio pensó que era una persona, pero cuando la luz del farol la iluminó bien, se dio cuenta que no era un hombre normal. Era una figura alta, muy delgada, encorvada, y tenÃa la cabeza inclinada hacia un lado, como si la estuviera mirando, pero lo peor fue la cara. No se le veÃa bien. Mi abuela me dijo, Sus ojos, mijo, sus ojos brillaban, no como ojos de animal, brillaban rojos.
4:26 Dice que en ese momento sintió algo que nunca habÃa sentido, un miedo tan fuerte que no podÃa ni moverse. La cosa dio un paso hacia adelante y cuando lo hizo, el farol iluminó mejor su cara. TenÃa la boca muy abierta y estaba sonriendo, pero no era una sonrisa normal. Era una sonrisa demasiado grande, como si la cara no la alcanzara para sostenerla. Entonces la cosa habló, pero su voz no era como la de una persona, era rasposa, como si viniera de muy adentro.¿ A dónde vas, muchacha?¿ A dónde vas? Mi abuela dice que en ese momento soltó la canasta, las tortillas y el café cayeron al suelo.
5:15 y salió corriendo, corrió por el camino sin mirar atrás, el farol se movÃa tanto, que casi se apagaba, mientras corrÃa, escuchaba pasos detrás de ella, pasos largos, pesados, como si algo grande la estuviera siguiendo, y la risa, esa condenada risa se escuchaba una y otra y otra vez, dice que corrió hasta que vio la luz del pequeño jacal, donde estaba su papá. Llegó llorando, gritando. Su papá salió con una escopeta.¿ Qué pasó, mija, qué pasó? Mi abuela apenas podÃa hablar. Solo señalaba hacia el camino. Su papá caminó unos metros con la lámpara, mirando hacia el monte, pero todo fue inútil. No vio absolutamente nada, ni escuchó nada.
6:08 Solo silencio. Cuando regresaron al jacal, su papá le preguntó qué habÃa visto. mi abuela le contó todo, él se quedó callado un rato, luego le dijo algo que ella nunca olvidó, mire hija, aquà en el monte hay cosas que uno no debe de buscar, pero tampoco debe ignorar, le dijo que probablemente habÃa visto algo que no era de este mundo, y que tuvo suerte de que no la alcanzara, porque hay cosas que salen en la noche, y que cuando te siguen no es para platicar, Mi abuela me dijo que desde ese dÃa nunca volvió a caminar sola por ese camino de noche. Y lo más raro es que al dÃa siguiente su papá fue al lugar donde ella dejó caer la canasta. Las tortillas estaban tiradas, la botella de café también, pero alrededor en la tierra habÃa huellas. No eran huellas de coyote ni de perro.
7:08 Eran como huellas de pies, pero demasiado grandes. y con los dedos muy largos, cuando mi abuela terminó de contarme la historia, la casa estaba completamente en silencio, solo se escuchaba la mecedora, entonces le pregunté, abuela,¿ tú qué crees que era?, ella se quedó viendo hacia la puerta, hacia la oscuridad de afuera, y después de unos segundos dijo, algo que todavÃa me da escalofrÃos, mi hijo, en los pueblos, Siempre dicen que los demonios no viven en el infierno. Dicen que viven en el monte. Y que a veces, cuando uno camina solo de noche, les gusta salir a ver a quién se pueden llevar. El infierno te voy a contar una historia que me narró un amigo hace años.
8:20 Ãl dice que le pasó cuando tenÃa como 10 años y hasta ahora él jura que no fue un sueño ni su imaginación. La forma en que lo cuenta siempre me deja incómodo. Cuando yo tenÃa 10 años vivÃa con mi mamá en una casa pequeña de dos pisos. Era una casa vieja, de esas que crujen cuando caminas. Con una escalera de madera que daba directo a la sala, Mi mamá trabajaba mucho, asà que a veces salÃa rápido al mercado o a hacer mandados mientras yo me quedaba dormido. Ese dÃa pasó algo asÃ. Era una tarde tranquila. Yo estaba durmiendo en mi cuarto, arriba, porque habÃa regresado de la escuela bien cansado.
9:06 Me acuerdo que mi mamá me dijo, duérmete un rato, voy al mercado y regreso en un momento. Yo apenas escuché eso porque ya estaba medio dormido. Nuestro perro se llamaba Toby. Era un perro mestizo. Café mediano, muy tranquilo. Siempre dormÃa en la sala. Asà que todo parecÃa normal. Me quedé dormido. No sé cuánto tiempo pasó. Tal vez una hora. Pero de repente me desperté. No fue un despertar normal. Fue como cuando algo te saca del sueño de golpe. Me quedé acostado, unos segundos mirando al techo. TodavÃa medio confundido y fue en ese momento cuando escuché algo.
9:52 Eran voces. VenÃan de abajo, de la sala. Al principio pensé que mi mamá ya habÃa regresado y estaba hablando por teléfono o con algún vecino. Pero algo se sentÃa raro, porque solo escuchaba una voz y estaba hablando como si estuviera conversando con alguien más. DecÃa cosas como, sÃ, sÃ, ya se fue. Hubo un silencio. Luego otra vez dijo algo más.« El niño está arriba». Cuando escuché eso, sentà un escalofrÃo. Me senté en la cama. La voz era grave, como rasposa, pero no era la voz de mi mamá.
10:33 Entonces pensé que tal vez habÃa entrado alguien a la casa. Un ladrón. Mi corazón empezó a latir fuerte. Me levanté de la cama despacio y caminé hacia la puerta de mi cuarto. La abrà apenas un poco. La escalera estaba justo enfrente. Todo estaba medio oscuro porque las cortinas de abajo estaban cerradas. La voz seguÃa hablando. No, todavÃa no. Y luego escuché algo más. Unos sonidos de pasos. Pero eran pasos raros. No sonaban como pasos normales. Sonaban como que torpes. Como si alguien no supiera caminar bien. Las tablas del piso de abajo crujÃan. Yo empecé a bajar las escaleras despacio, tratando de no hacer ruido. Cada escalón tronaba un poco, asà que bajaba con mucho cuidado. Mi corazón estaba palpitando tan fuerte que sentÃa que quien estuviera abajo lo podÃa escuchar. Cuando llegué a la mitad de la escalera, ya podÃa ver un poco a la sala.
11:41 Y lo que vi, hasta hoy no lo puedo explicar. Ahà estaba Toby, mi perro, pero no estaba caminando en cuatro patas. Estaba de pie, en dos patas, como una persona. Estaba caminando lentamente por la sala, dando pasos torpes. Sus patas delanteras estaban dobladas frente a su pecho, como si fueran brazos. Y estaba hablando, con una voz baja, extraña, que no parecÃa poder salir de un animal. No, todavÃa no. Eso era lo que decÃa, pero lo decÃa al aire.
12:21 Yo me quedé congelado. Sentà que todo mi cuerpo se quedó duro. El perro caminó un poco más, mirando hacia la puerta de la casa. Luego giró la cabeza lentamente hacia la escalera, hacia mÃ. Nuestros ojos se encontraron y en ese momento me di cuenta de algo que meló la sangre. No era la mirada de mi perro, era una mirada demasiado inteligente. demasiado consciente, como si supiera perfectamente que yo estaba ahÃ. Entonces inclinó la cabeza y sonrió, no como un perro jadeando. Fue una sonrisa lenta, rara, mostrando los dientes. Yo reaccioné de golpe. Subà las escaleras corriendo.
13:07 Las tablas tronaban mientras subÃa. Entré a mi cuarto y cerré la puerta con seguro. Me metà debajo de las cobijas temblando. abajo todo quedó en silencio, no escuché más pasos, no escuché más voces, solo silencio, no sé cuánto tiempo estuve asÃ, tal vez algunos 20 minutos, tal vez una hora, hasta que escuché la puerta principal abrirse y la voz de mi mamá, por fin estaba entrando, hijo ya llegué, ya te despertaste, salà corriendo del cuarto rápido y bajé las escaleras, Mi mamá estaba entrando con bolsas del mercado y a su lado, caminando tranquilo, venÃa Toby, mi perro, en cuatro patas, moviendo la cola como siempre. En ese momento sentà algo muy extraño, porque el perro que estaba entrando parecÃa completamente normal, pero yo sabÃa lo que habÃa visto.
14:10 Los dÃas siguientes traté de no pensar mucho en eso, pero algo cambió. Ya no me gustaba quedarme solo en la casa y empezaba a evitar acercarme demasiado a Toby. Mi mamá lo notó. Una noche, mientras cenábamos, me preguntó,¿ por qué andas tan raro con el perro? Yo dudé un momento, pero al final le dije, es que cuando tú te saliste al mercado, Toby se comportó extraño. Mi mamá frunció el ceño. ¿Extraño? ¿Cómo? yo no sabÃa cómo explicarlo sin sonar loco, asà que se lo dije, parecÃa diferente, mi mamá se quedó callada unos segundos, luego soltó una pequeña risa, ay hijo, cómo va a ser asÃ, si Toby se fue conmigo al mercado, yo sentà que el estómago se me hundÃa, cómo que se fue contigo, le respondÃ, ella me dijo sÃ, se salió cuando abrà la puerta y ya no quiso regresarse, asà que me acompañó todo el camino. En ese momento sentà un frÃo horrible recorriéndome la espalda, porque si Toby habÃa estado todo el tiempo con mi mamá, entonces,¿ qué fue lo que yo vi caminando en dos patas dentro de mi casa? Y lo peor, es que antes de acostarme esa noche, Toby estaba acostado en la sala, dormido, pero justo cuando pasé frente a él,
15:45 abrió un ojo y me miró, con una mirada que por un segundo me recordó demasiado a la cosa que vi hablando en la oscuridad de mi casa. Simplemente no pude seguir más en aquella casa. Como mis padres son separados, aproveché para pasar un rato con mi papá. Estuve algunas noches allá y cuando volvà a la casa de mi madre, afortunadamente mi perro comenzó a actuar de manera normal. esta historia me la contó mi abuelo cuando yo era niño de hecho me la contó una noche en el patio de su casa en el rancho donde él creció yo tendrÃa unos 12 años y estábamos sentados afuera porque en los pueblos el calor se aguanta mejor de noche habÃa una lámpara prendida Se escuchaban grillos por todos lados y el monte estaba completamente oscuro. De repente mi abuelo empezó a hablar de cuando él era joven y me dijo algo que en ese momento me dio mucha curiosidad. Mira muchacho, yo nunca he sido hombre de inventar cosas, pero lo
17:18 que te voy a contar lo vi con estos ojos. Se señaló los ojos con el dedo y luego se acomodó el sombrero. Me dijo que cuando él tenÃa como 20 años, en el pueblo habÃa un rÃo donde todos los muchachos iban a nadar. Cuando hacÃa calor, era un rÃo pequeño, rodeado de árboles grandes, con piedras y arena en las orillas. Ãl me dijo que ahà habÃa aprendido a nadar, pero con el tiempo dejó de ir tan seguido, solo de vez en cuando, cuando querÃa estar solo o recordar cuando era joven. Una mañana decidió ir. TodavÃa estaba oscuro cuando salió de su casa. Dice que el aire estaba frÃo y que el monte estaba cubierto por una neblina espesa.
18:07 Caminó por un sendero de tierra que llevaba al rÃo. En ese tiempo casi no habÃa gente tan temprano, asà que todo estaba completamente silencioso. Cuando llegó, el rÃo apenas escuchaba correr entre las piedras. Se sentó en una roca grande cerca de la orilla. Nomás estaba ahà sentado, me dijo, pensando en mis cosas. La niebla estaba tan espesa que apenas alcanzaba a ver el otro lado del rÃo. De repente escuchó algo, un sonido suave, como risas lejanas. Al principio pensó que tal vez eran mujeres del pueblo que habÃan ido a lavar ropa. Eso era como un antes, pero habÃa algo raro. Las risas se escuchaban muy arriba, no al nivel del suelo. Mi abuelo levantó la vista hacia la niebla y fue cuando vio las sombras. Eran varias figuras, tres, tal vez cuatro. No se veÃan bien por la neblina, pero parecÃan mujeres. Las figuras se movÃan lentamente, como flotando. No caminaban, muchacho, me dijo. se movÃan como si el aire las llevara. En ese momento mi abuelo sintió un escalofrÃo, porque en los pueblos siempre se cuentan historias de cosas que salen en el monte. Asà que se levantó despacio de la roca y se escondió entre
19:39 unos árboles que estaban cerca del rÃo. Desde ahà podÃa ver mejor sin que lo vieran. Las sombras seguÃan moviéndose del otro lado del rÃo. De repente escuchó Una de esas risas otra vez. Pero ahora se escuchaba más clara. Era una risa aguda. Rara. No era una risa normal. Mi abuelo se quedó completamente quieto. Y entonces pasó algo que nunca olvidó. Una de las figuras se detuvo. Y de repente su silueta empezó a brillar. Al principio era una luz pequeña. Pero en cuestión de segundos... La figura completa se volvió una bola de fuego. Una bola de fuego grande, flotando en el aire. Mi abuelo sintió que el corazón se le querÃa salir. Y lo peor fue que las otras figuras hicieron lo mismo. Una por una.
20:38 En pocos segundos ya no eran sombras de mujeres. Eran cuatro bolas de fuego flotando sobre el rÃo. El fuego no quemaba árboles. ni iluminaba como una fogata normal. Era una luz anaranjada intensa que parecÃa moverse sola. Mi abuelo me dijo en voz baja. Ahà fue cuando supe lo que eran. Las bolas de fuego empezaron a moverse, primero lentamente, luego cada vez más rápido. Cruzaron el rÃo flotando en silencio y después comenzaron a subir hacia el cerro que estaba cerca del pueblo. Mi abuelo dice que se movÃan como si alguien las estuviera guiando. Subieron por encima de los árboles, directo hacia la cima del cerro, hasta que desaparecieron entre la neblina. Todo volvió a quedarse en silencio.
21:35 El rÃo seguÃa corriendo como si nada hubiera pasado. Mi abuelo se quedó escondido varios minutos más. No se atrevÃa a moverse. Cuando finalmente salió de entre los árboles, ya no habÃa nada. ni luces, ni sombras, solo el rÃo y la niebla. Ese dÃa regresó al pueblo sin decir nada a nadie, pero también escuchó a varios viejos del lugar contar algo parecido. DecÃan que en los cerros cercanos vivÃan brujas, y que cuando salÃan de noche o de madrugada, se transformaban en bolas de fuego para viajar por el aire.
22:16 Cuando mi abuelo terminó de contarme la historia, yo me quedé en silencio, la noche estaba muy tranquila, el monte alrededor de la casa estaba oscuro, entonces le pregunté, abuelo,¿ y nunca las volviste a ver? mi abuelo se quedó mirando hacia el cerro, que se veÃa a lo lejos, ese mismo cerro del que hablaba, después dijo algo que hasta hoy recuerdo, no, y la verdad, Nunca quise volver a verlas. Después de esto, se levantó de la silla y agregó, porque dicen que cuando una bruja sabe que la viste, después puede venir a buscarte. Y desde esa noche, cada vez que veo luces extrañas sobre los cerros, no puedo evitar acordarme de la historia que me contó mi abuelo.
23:31 Esta historia me la contó mi abuela hace algunos años Según ella, la mujer a la que le pasó todo esto Se llamaba MarÃa Y habÃa sido su amiga cuando eran jóvenes En el pueblo todos la conocÃan Porque vivÃa sola en una casa cerca del monte Y siempre tenÃa gallinas Mi abuela decÃa que MarÃa era una mujer muy trabajadora. Desde temprano se levantaba a limpiar su patio, darle de comer a sus animales y juntar los huevos para venderlos en el mercado del pueblo. Un dÃa, ya casi al anochecer, MarÃa se dio cuenta de que el costal de alimento para sus gallinas estaba casi vacÃo. Revisó bien y vio que no alcanzarÃa para el dÃa siguiente. En el pueblo habÃa una señora que vendÃa alimento para animales. TenÃa un pequeño negocio frente a su casa, donde vendÃa maÃz, salvado y todo lo que necesitaban los que criaban gallinas o puercos.
24:35 El problema era que cuando MarÃa vio el reloj, ya era tarde. Eran como las nueve y media de la noche, dijo mi abuela que le contó MarÃa. A esa hora el negocio seguramente ya estaba cerrado, pero MarÃa sabÃa que la señora vivÃa ahà mismo, asà que pensó que si iba y tocaba la puerta tal vez le venderÃa aunque fuera un poco. El único inconveniente era el camino. Para llegar a esa casa tenÃa que caminar bastante y, además, atravesar un pequeño rÃo que estaba entre el monte. El rÃo no era muy ancho, pero habÃa un puente de madera viejo que todos en el pueblo usaban para cruzar.
25:19 MarÃa agarró su lámpara, Se puso su rebozo y salió de su casa. El pueblo ya estaba casi en silencio. Algunas casas tenÃan las luces encendidas, pero la mayorÃa de la gente ya estaba adentro. Mientras más se alejaba del centro del pueblo, más oscuro se volvÃa todo. Después de unos 15 minutos caminando, llegó al rÃo. El puente estaba ahÃ, como siempre. Era angosto. hecho con tablas viejas que crujÃan cuando alguien caminaba encima. Debajo se escuchaba el agua correr lentamente. MarÃa empezó a cruzar. Las tablas sonaban con cada paso.
26:04 Cuando iba más o menos por la mitad del puente, escuchó algo. Un ruido en el agua. MarÃa se detuvo. Miró hacia la oscuridad del rÃo, pero la lámpara apenas alumbraba unos metros. Pensó que tal vez era un pez o alguna rana, entonces volvió a escucharlo. Esta vez el sonido fue más fuerte, como si algo grande estuviera moviéndose debajo del agua. MarÃa sintió un pequeño escalofrÃo. En los pueblos siempre se escuchaban historias del monte, asà que no le gustó mucho el sonido. Pero lo que más le inquietó fue lo que escuchó después, un gruñido. bajo, rasposo, como el gruñido de un animal, pero extraño, MarÃa sintió que se le erizaba la piel, decidió no quedarse ahà mirando, apretó el paso y terminó de cruzar el puente lo más rápido que pudo, el sonido del agua todavÃa se escuchó unos segundos, pero luego todo volvió a quedar en silencio, MarÃa llegó a la casa de la señora que vendÃa el alimento y y tocó la puerta, después de un momento la abrieron, le explicó que necesitaba un costal pequeño para sus gallinas, y la mujer se lo vendió sin problema, platicaron unos minutos, y luego MarÃa, emprendió el camino de regreso,
27:34 ya eran casi las 10 de la noche, el costal no era muy pesado, pero aún asà caminaba un poco más despacio, cuando volvió a acercarse al rÃo, el ambiente estaba más silencioso que antes, ni grillos se escuchaban, solo el sonido del agua, subió otra vez el puente, las tablas crujieron bajo sus pies, cuando iba a la mitad, volvió a escucharlo, el agua moviéndose, pero ahora más fuerte, como si algo estuviera nadando justo debajo del puente, el corazón de MarÃa empezó a latir más rápido, Recordó el ruido que habÃa escuchado antes y por un momento pensó en salir corriendo, pero entonces hizo algo que después le dijo a mi abuela que no debió haber hecho. Miró hacia abajo. La lámpara iluminó la superficie del rÃo y ahà fue cuando lo vio. Debajo del agua, reflejada en la luz, habÃa una cara. No estaba flotando afuera, estaba bajo el agua.
28:45 Era una cara muy blanca. La piel parecÃa casi gris. Los ojos estaban abiertos, mirándola directamente. Y la boca. La boca tenÃa colmillos largos. La cara parecÃa humana, pero deformada, como si algo hubiera intentado imitar un rostro humano y no le hubiera salido bien. Los labios se movieron lentamente bajo el agua y en ese momento... el agua empezó a agitarse. MarÃa gritó y salió corriendo del puente con el costal en la mano. Corrió todo el camino hasta su casa sin mirar atrás. Cuando llegó cerró la puerta y se quedó dentro toda la noche. Durante varios dÃas trató de convencerse que tal vez habÃa sido su imaginación, tal vez una sombra, tal vez algo que el agua habÃa deformado. Pero una semana después ocurrió algo que la dejó completamente helada. En el pueblo un muchacho estaba contando algo que le habÃa pasado en el rÃo. El joven dijo que habÃa ido con unos amigos a nadar. En un momento se metió al agua y de repente sintió que algo le agarró la pierna. Dijo que algo lo estaba jalando hacia el fondo. Cuando miró hacia abajo alcanzó a ver una figura, algo blanco. con una cara rara y dientes largos. El muchacho logró soltarse y salir nadando,
30:20 pero salió del rÃo completamente asustado. Cuando MarÃa escuchó esa historia, supo que lo que habÃa visto aquella noche no habÃa sido su imaginación. Algo vivÃa en ese rÃo, algo que se escondÃa bajo el agua. Mi abuela decÃa que desde entonces MarÃa nunca volvió a cruzar ese puente de noche y Y cuando alguien en el pueblo hablaba del rÃo, ella siempre decÃa lo mismo. Hay cosas en el monte que uno puede ver, pero también hay otras que viven debajo del agua, esperando a que te acerques a ellas.
31:23 Esta historia me la contó un señor que habÃa sido militar hace muchos años. Yo lo conocà porque era amigo de un tÃo mÃo. Y una noche, platicando entre café y cigarros, empezó a contar algo que según él ocurrió cuando estaba destacado en el norte de México. No dijo exactamente el nombre del pueblo, pero explicó que era un lugar pequeño, rodeado de monte y con un cerro grande que dominaba todo el paisaje. Ahà tenÃan instalado un retén militar a las afueras del pueblo. Según él, era un punto tranquilo. Su trabajo consistÃa en revisar vehÃculos que entraban o salÃan durante la noche, vigilar la carretera y asegurarse de que todo estuviera en orden. Pero los habitantes del pueblo siempre les decÃan algo extraño. No suban al cerro cuando caiga la noche. Al principio los soldados se reÃan de eso. Los viejos del pueblo decÃan que en ese cerro vivÃa un Nahual, un brujo que podÃa transformarse en animal.
32:33 Pero los militares no creÃan en esas cosas. Nosotros pensábamos que eran cuentos de rancho, decÃa el señor. Las primeras noches todo fue normal, hasta que comenzaron a escucharlo. Una madrugada, mientras estaban en el retén, uno de los soldados dijo,â¡ Oye!¿ Escucharon eso? Todos guardaron silencio. Desde el cerro llegó un aullido largo, pero no era como el de un lobo. Era más profundo, más extraño. Luego vino algo peor, un grito. pero no era completamente humano, sonaba como un hombre gritando, mezclado con un animal, algo que erizaba la piel si lo escuchabas, los soldados se miraron entre ellos, y uno de ellos dijo, seguro es algún coyote, pero los aullidos continuaron durante varias noches, siempre a la misma hora, a veces uno solo, a veces varios seguidos, y entre los aullidos escuchaban esos gritos raros, como si algo estuviera sufriendo o enfureciendo. Los habitantes del pueblo, cuando escuchaban eso, cerraban sus puertas. Nadie salÃa, nadie subÃa al cerro de noche.
33:56 Los soldados, aunque no lo decÃan en voz alta, empezaban a sentirse incómodos, porque esos sonidos no parecÃan de un animal normal, Pasaron varias semanas asÃ, hasta que un dÃa recibieron una orden. TenÃan que subir al cerro a revisar un camino porque habÃan reportado movimientos sospechosos. Eran cuatro militares. Subieron en una camioneta y comenzaron a avanzar por el camino de tierra que llevaba al cerro. Era de noche. La luna apenas iluminaba el monte. El camino estaba lleno de piedras y curvas. Mientras subÃan, uno de ellos dijo en tono de broma, a ver si hoy conocemos al famoso Nahual. Los demás rieron, pero la risa no duró mucho, porque de pronto algo cruzó el camino frente a la camioneta.
34:56 Fue tan rápido que el conductor apenas alcanzó a frenar. Las llantas rechinaron, la camioneta se desvió y terminaron chocando contra unas piedras a un lado del camino. Por unos segundos nadie habló. Todos estaban tratando de entender qué habÃa sucedido. Entonces uno de ellos preguntó,¿ vieron eso?¿ No lo vieron? Todos lo habÃan visto. HabÃa sido un animal enorme, más grande que un perro, más grande que un coyote. Su cuerpo era largo y oscuro, y cuando pasó frente a las luces de la camioneta, sus ojos brillaron rojos eso, eso no era un perro dijo uno de los soldados el silencio se volvió pesado la camioneta todavÃa funcionaba pero estaba golpeada asà que decidieron no seguir subiendo dieron la vuelta para regresar al retén mientras bajaban por el camino nadie hablaba mucho solo se escuchaba el motor y el ruido de las piedras bajo las llantas Entonces, uno de los soldados que iba mirando por la ventana dijo algo que le celó la sangre. Oigan,¿ quién es ese? Todos voltearon.
36:19 Entre los matorrales del monte, a unos metros del camino, habÃa un hombre parado. Estaba medio oculto entre las sombras, pero las luces de la camioneta lo alcanzaban a iluminar. El hombre estaba sonriendo, pero no era una sonrisa normal. era una sonrisa larga, enfermiza, su cara parecÃa sucia, su cabello estaba desordenado, y sus ojos, sus ojos reflejaban la luz de una forma extraña, como si estos brillaran en un tono rojizo, pero lo más inquietante era su postura, estaba ligeramente encorvado, como si su cuerpo no estuviera acostumbrado a estar completamente erguido, Uno de los soldados dijo,¿ Ese es un hombre del pueblo? Pero nadie respondió. El hombre seguÃa mirándolos, sonriendo. Entonces levantó lentamente la mano y empezó a despedirse de ellos. MovÃa la mano de un lado a otro de forma lenta, burlona, como si supiera exactamente quiénes eran y como si se estuviera divirtiendo. Uno de los militares murmulló, temblando del miedo. Vámonos de aquÃ, ya vámonos.
37:45 El conductor aceleró. Mientras la camioneta se alejaba, uno de ellos miró hacia atrás. El hombre seguÃa ahÃ, en medio del monte, observándolos, sonriendo. Cuando regresaron a la retén, no dijeron mucho. Solo comentaron que habÃan chocado por un animal grande. pero entre ellos sabÃan que lo que habÃan visto no era normal. Después de esa noche, los aullidos siguieron escuchándose en el cerro, pero los militares ya no se burlaban, y lo más curioso es que nunca volvieron a recibir órdenes de subir al cerro de noche. El señor que me contó la historia terminó su café y me dijo algo que todavÃa recuerdo. Mira, Yo no sé si era un Nahual o quien sabe qué cosa, pero lo que sà te puedo decir es que ese cerro no estaba vacÃo y algo allá arriba sabÃa que nosotros habÃamos estado ahÃ.
38:50 Gracias por compartir mi historia Alex, saludos a toda la comunidad de la cripta embrujada. Esta historia me la contó una señora de un pueblo pequeño, cuando fui a visitar a unos familiares. Ella decÃa que le pasó a un vecino suyo cuando era niño. Según cuenta, todo ocurrió hace muchos años, cuando el pueblo todavÃa era más antiguo, y habÃa lugares que la gente preferÃa evitar. El niño se llamaba Pablo. En ese tiempo Pablo tenÃa unos 10 años. Era un niño inquieto, de esos que prefieren andar corriendo por el monte o jugando en la calle antes que estar encerrados en un salón. La escuela del pueblo estaba unas cuantas calles de su casa, pero la verdad es que muchas veces no le gustaba ir. A veces simplemente se escapaba o decÃa que irÃa más tarde. Cerca del pueblo habÃa un campo de fútbol viejo, que según los adultos habÃa sido muy osado años atrás, pero con el tiempo lo dejaron abandonado. Las porterÃas estaban oxidadas, la hierba crecÃa
40:25 en algunas partes del campo, y las gradas de cemento tenÃan grietas y manchas oscuras del paso del tiempo. Aún asÃ, para pablo era el lugar perfecto para jugar solo una mañana temprano pablo salió de su casa con su pelota el pueblo estaba tranquilo porque a esa hora los demás niños ya estaban en la escuela además aquella mañana habÃa mucha niebla de esa niebla espesa que cubre todo y apenas deja ver unos metros adelante pablo llegó al campo y empezó a jugar pateaba la pelota de un lado al otro imaginando que estaba en un partido importante el silencio del lugar era total solo se escuchaba el sonido de la pelota golpeando el suelo después de un rato cuando se cansó un poco levantó la mirada hacia las gradas y fue cuando vio una silueta habÃa alguien sentado en una de las gradas de cemento pero por la niebla él no lograba distinguir bien parecÃa una mujer pablo se quedó mirando unos segundos pensó que tal vez era alguien del pueblo que habÃa ido a sentarse ahà pero la figura no se movÃa sólo estaba sentada observándolo el niño aunque sintió algo raro decidió seguir jugando pateó la pelota otra vez la pelota rodó por el campo la
41:57 volvió a patear pero en uno de esos golpes la pelota se fue rodando lejos directo hacia las gradas Pablo corrió detrás de ella. La pelota subió lentamente por uno de los escalones de cemento y justo cuando iba a detenerse, la mujer se levantó. Su silueta se movió entre la niebla, bajó un par de escalones y recogió la pelota del suelo. Pablo se detuvo unos segundos. La mujer estaba de pie sosteniendo la pelota. Entonces el niño comenzó a acercarse lentamente. Oiga, Dijo con voz baja, me da mi pelota. La mujer no respondÃa, solo estaba parada. Pablo caminó unos pasos más hacia ella. La niebla se movÃa alrededor de ambos y poco a poco la figura de la mujer comenzó a verse mejor. Primero vio su vestido viejo, luego sus manos largas y cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo ver su cara.
43:04 En ese momento Pablo sintió que el cuerpo se le lava. El rostro de la mujer no era normal. Su cuello estaba demasiado largo, como si se estirara hacia adelante de forma antinatural. Su boca estaba abierta, mostrando dientes enormes y amarillos. Y sus ojos, sus ojos eran completamente negros, negros y profundos, como si no tuvieran fondo. La mujer inclinó la cabeza lentamente y sonrió de forma macabra, una sonrisa horrible que dejaba ver todos sus dientes. Pablo no dijo nada más, simplemente dio media vuelta y corrió. Corrió con todas sus fuerzas hacia la salida del campo, pero detrás de él escuchó algo que nunca olvidarÃa. La mujer empezó a correr detrás de él. Sus pasos golpeaban el cemento de las gradas y luego la tierra del campo. pero lo peor no eran los pasos, eran los alaridos, la mujer emitÃa gritos horribles, Pablo sentÃa que la criatura se acercaba, no se atrevÃa a mirar atrás, solo corrÃa, salió del campo, cruzó el camino de tierra y siguió corriendo hasta llegar a su casa, cuando llegó a la puerta estaba pálido del miedo, su mamá salió a verlo asÃ,¿ qué te pasó?, Pablo apenas podÃa hablar, Entre respiraciones agitadas le contó lo
44:37 que habÃa visto. La mujer en las gradas, su cara y cómo lo habÃa perseguido. La mamá lo escuchó en silencio. No parecÃa sorprendida. Solo lo abrazó y lo metió a la casa. Después de unos segundos le dijo algo que a Pablo nunca se le olvidó. Te dije que no fueras a jugar a ese campo. El niño la miró confundido. pero¿ por qué no? La mujer suspiró y se sentó frente a él, porque cuando yo era niña, empezó a platicarle. Un niño del pueblo desapareció ahÃ. Nadie supo qué pasó con él. Lo buscaron por dÃas, por el campo, por el monte, por todo el pueblo, pero nunca lo encontraron.
45:27 La madre miró hacia la ventana en dirección al campo abandonado. La madre después dijo en voz baja, desde entonces hay gente que dice que a veces se ve una mujer sentada en las gradas entre la niebla. Pablo nunca volvió a jugar en ese lugar y hasta el dÃa de hoy, cuando alguien pasa por ese campo en las mañanas de niebla, algunos aseguran que todavÃa se puede ver la silueta de una mujer sentada esperando. Te voy a contar algo que me pasó hace muchos años, cuando mi nieta todavÃa estaba pequeña, Ya han pasado bastantes años desde entonces, pero hay cosas que uno simplemente no puede olvidar, por más que lo intente.
46:42 En ese tiempo yo tenÃa una parcela a las afueras del pueblo. Era un terreno pequeño, donde sembraba maÃz y a veces frijol, nada grande, pero suficiente para mantenerme ocupado. Mi nieta, que en ese entonces tendrÃa unos siete u ocho años, A veces me acompañaba. Le gustaba ir porque podÃa correr por el campo, ver los animales y ayudarme a recoger algunas cosas. Ese dÃa habÃamos estado trabajando casi toda la tarde. Cuando terminamos, ya estaba oscureciendo. En el campo, uno no se da cuenta de la hora hasta que el sol ya está bajando detrás de los cerros. Asà que decidà que era momento de regresar al pueblo. Encillé el caballo, acomodé unas herramientas y ayudé a mi nieta a subir delante de mÃ. El camino de regreso era un camino de terracerÃa que atravesaba un poco de monte antes de llegar al pueblo. Era un camino que ya conocÃa muy bien, por lo que lo habÃa recorrido cientos de veces. Pero esa noche, el camino estaba particularmente oscuro.
47:58 La luna apenas se veÃa, y el monte estaba cubierto por sombras. Para alumbrarnos, llevaba una lámpara de mano, de esas viejas que usan baterÃa. Ãbamos avanzando despacio, mientras el caballo caminaba con calma. La noche estaba silenciosa. Solo se escuchaban los grillos y el sonido de las patas del caballo golpeando la tierra. Después de un rato, llegamos a una parte del camino donde el monte crece más cerca. Ahà fue cuando vi algo moviéndose a un lado del camino. Al principio pensé que era algún animal, tal vez un perro o un coyote. Pero cuando levanté la lámpara hacia ese lado, la luz iluminó la figura de un hombre.
48:47 Iba caminando por la orilla del camino. Llevaba la cabeza agachada, sus hombros estaban caÃdos, como si estuviera cansado o triste. La verdad me dio la impresión de que era alguien del pueblo, que venÃa caminando solo en la noche, y como el camino estaba largo para llegar al pueblo, decidà hablarle, buenas noches,¿ todo bien? El hombre no me respondió, siguió caminando, pensé que tal vez no me habÃa escuchado, asà que me acerqué un poco más con el caballo y volvà a hablar, oiga, si va para el pueblo, podemos llevarlo un tramo. pero otra vez no dijo nada, ni siquiera levantó la cabeza, solo caminaba lentamente por la orilla del camino, eso me pareció un poco raro, entonces intenté una tercera vez, disculpe amigo, necesita ayuda, ya está muy grande, está seguro que puede caminar de aquà hasta el pueblo, pero fue inútil, el hombre no hablaba, o mejor dicho el anciano, Iba cojeando y con un bastón, por eso estaba preocupado de que llegara el pueblo, pues el camino no es lo más plano que podrÃamos decir. El hombre no volteaba, ni siquiera parecÃa reaccionar a lo que le decÃa. En ese momento pensé que tal vez simplemente no querÃa hablar. Hay gente asÃ, asà que decidà seguir con mi camino. Le
50:20 di un pequeño golpe en los talones al caballo y continuamos avanzando. Después de unos minutos mi nieta, que venÃa sentada delante de mÃ, levantó la cabeza y me preguntó algo que me dejó pensando. Abuelo,¿ con quién estabas hablando? Yo eché la carcajada en ese momento. Pues con el señor que venÃa caminando atrás de nosotros. Mi nieta guardó silencio unos segundos y después dijo algo que todavÃa recuerdo perfectamente. Pero, abuelo, Ahà no habÃa nadie». Yo me le quedé viendo como pensando que estaba bromeando conmigo.« Claro que sû, le dije.« El hombre que venÃa caminando por la orilla del camino».
51:09 Pero mi nieta insistió.« No, abuelo, no habÃa nadie. Tú estabas hablando solo». Sentà algo raro en el pecho cuando dijo eso. Asà que giré un poco el cuerpo y levanté la lámpara hacia el camino detrás de nosotros. La luz iluminó la terracerÃa, el polvo, las huellas del caballo, pero no habÃa nadie. El camino estaba completamente vacÃo. No habÃa ningún hombre caminando, ni a unos metros ni más lejos. Nada. El monte estaba quieto, silencioso. Me quedé mirando un momento más, esperando ver la silueta del hombre, pero no apareció. era como si nunca hubiera estado ahÃ, mi nieta me volvió a hablar, ves abuelo, te dije que no habÃa nadie, yo le dije claro, no hay nadie hija, solo seguÃa avanzando con el caballo, pero mientras seguÃamos por el camino, una sensación extraña no me dejaba en paz, porque yo sabÃa lo que habÃa visto, sabÃa que habÃa un hombre caminando ahÃ, lo habÃa visto con mis propios ojos, lo habÃa iluminado con la lámpara y hasta le habÃa hablado, pero cuando miré atrás, ya no habÃa nadie, desde ese dÃa nunca volvà a ver algo parecido, pero cada vez que paso por ese camino de noche, a veces no
52:39 puedo evitar mirar hacia la orilla del monte, por si acaso solamente, todavÃa hay alguien caminando ahÃ, con la cabeza agachada, esperando que alguien Le vuelvo a hablar. Mi nombre es Mayra Estrada. Esta experiencia que les quiero compartir me sucedió cuando yo era niña. Todo comenzó en el catecismo. Mi familia es profundamente religiosa, y de algún modo yo también.
53:31 Asà que por lo tanto, tanto mi abuela como mi madre siempre me inculcaron cumplir con todos los sacramentos. Esto incluye que tenÃa que ir al catecismo para hacer mi primera comunión y después mi confirmación. La verdad fueron buenos años. La iglesia a la que iba a estudiar los sábados Era una iglesia muy grande y tenÃa muchos amigos. Por lo regular, después de las clases de catecismo, siempre nos quedábamos una hora más y jugábamos en el patio enorme de la iglesia y también en una cancha que estaba pasando la calle. Un juego muy común que hacÃamos todos los dÃas era el de las escondidas. Nos encantaba, aunque eso sÃ, habÃa algunas reglas. La regla principal era que no podÃamos entrar a la iglesia.¿ Esto por qué? Pues simplemente nos decÃan que en la iglesia uno tiene que andar con cuidado. Es la casa de Dios. Ahà no se va a jugar. TenÃamos permitido jugar en todo el patio, pero adentro de la iglesia no. Obviamente algunas veces no acatábamos esta orden y nos regañaban. Pero siempre al que le tocaba contar, iba y buscaba adentro de la iglesia.
54:45 no vaya a ser que uno se habÃa escondido por ahÃ, y esta era mi situación en aquella tarde, ahà me habÃa tocado contar, y como no encontraba a ninguno de mis amigos, pensé que tal vez algunos, se habÃan adentrado en la iglesia, para esconderse ahÃ, entré a la iglesia disimuladamente, habÃan otras niñas ahÃ, y también un par de monjas, fui y busqué, pero no encontré a nadie, y en ese momento me acordé del sótano, Era un cuarto muy grande, en donde guardaban muchas cosas. Pensé que serÃa el lugar perfecto donde alguien se pudiera esconder. Bajé las escaleras, sin hacer mucho ruido, para que las monjas no se dieran cuenta que estaba bajando al sótano. Una vez ahÃ, empecé a buscar por todo lo almacenado. HabÃan bancas, mesa bancos, algunas sillas, bolsas con utilerÃa. Y también habÃa otra cosa, un confesionario. Este confesionario era ya antiguo, se podÃa ver a simple vista. Estaba hecho de madera, estaba empolvado y en pésimas condiciones. Lo recuerdo muy bien, era como un armario.
55:54 El padre se ponÃa adentro y las personas que se iban a confesar se ponÃan a ambos extremos. Yo solamente me acerqué un poco. Quise intentar ver por alguno de aquellos hoyos, pero era imposible. La luz no era suficiente y solamente veÃa adentro. absoluta oscuridad yo ya estaba dispuesta a retirarme hasta que en ese momento escuché que algo adentro del confesionario empezó a moverse me di la vuelta y puse mi oreja contra la madera del confesionario algo se estaba moviendo y algo se estaba riendo era la risa como la de un niño inmediatamente empecé a contar 1, 2, 3 ya te encontré¿ quién eres? sal de ahà Empecé a forcejear la puerta, pero esta no se movÃa. En un principio pensé que tal vez era porque desde adentro la mantenÃan cerrada. Mis amigos eran asÃ, a veces no querÃan perder.
56:53 TenÃa que saber quién era el que estaba adentro, pero por más que hacÃa fuerza, no podÃa mover la puerta. Al ponerle más atención y pegarle un par de veces a la puerta para que la soltara, me di cuenta que no era que la estuviera forzando desde adentro, sino que habÃa clavos. En todo el marco de la puerta... Estos clavos ya estaban oxidados... HabÃan sido clavados en esta... Desde hace mucho tiempo... Los clavos tapaban ambas puertas... No habÃa forma de que alguien se metiera ahÃ... Rápidamente pensé que tal vez el confesionario... TenÃa alguna especie de agujero... Ya sea a un lado... O atrás de este... Algún orificio por donde mi amigo... Hubiera podido meterse... Empecé a buscar por un lado o por el otro... por atrás de éste, pero no habÃa nada. El confesionario, aunque viejo, no tenÃa ningún orificio por el cual uno pudiera entrar.
57:50 En ese momento escuché unos pasos. Una de las monjas estaba bajando al sótano y era inevitable. Me tuvo que ver. Yo rápidamente me disculpé. Ella me preguntó qué era lo que estaba haciendo aquÃ. Yo no pude mentirle. TenÃa mucho respeto por las madres. y le dije que estábamos jugando a las escondidas, que uno de mis amigos habÃa escondido en el confesionario, y no querÃa salir, que por eso me habÃa tardado, que ya no lo volverÃamos a hacer, la monja al principio estaba disgustada, pero al momento que le dije sobre el confesionario, cambió su cara abruptamente, ella me preguntó,¿ el confesionario? yo le dije que sÃ, que ahà se encontraba mi amigo, pero que no querÃa salir, ella se dirigió, y empezó a dar golpes a la madera, pero ya no salÃan ruidos, empezó a buscar al igual que yo, movió al confesionario, pero ya no se escuchaban ruidos, y ni siquiera una pequeña risa, yo no pude explicar lo que habÃa vivido, solamente le decÃa que ella estaba escondido, que de seguro estaba fingiendo, porque no querÃa que lo regañaran, pero la monja me dijo, mi niña, ahà dentro no hay nadie, mejor ves afuera, voy a llamarlos a todos ya para darle salida, Ya para que no se queden aquÃ.
59:08 Y para la otra. Ya no bajes al sótano. Las monjas dieron el llamado. Nos mandaron a nuestras casas. Y justo como habÃa dicho la monja. Allá abajo no habÃa nadie. Mis amigos salieron de otros lugares. Ninguno se habÃa metido a la iglesia. Desde aquella ocasión. Yo no volvà a bajar al sótano. Tuve un miedo terrible. A volver a vivir algo parecido. Porque aunque en ese momento. Yo estaba muy niña. Entendà perfectamente lo que habÃa vivido. Aquella tarde, tuve mi primera experiencia paranormal, y lo más shockeante de todo, es que fue dentro de una iglesia. Mi nombre es Mariano Manriquez. La experiencia que les quiero contar me sucedió hace aproximadamente algunos nueve años. En aquella época yo trabajaba en una maquiladora. TenÃa horarios muy fijos, a veces durante la mañana y durante la tarde. Cuando tenÃa el turno de tarde, SalÃa por eso de las 11 de la noche
1:00:40 Pero en lo que uno sale Toma el transporte Y finalmente llega a la casa Le dan como las 11.40 O 12 de la noche En aquellas horas Casi nadie está en la calle Por suerte no caminaba mucho Al menos hasta que un dÃa Se dio el aviso De que algunas calles de la colonia Donde yo vivÃa antes Iban a mantenerse cerradas Esto porque algunas las iban a arreglar Y otras tantas las iban a pavimentar. Esto era bueno, pero el transporte ahora tenÃa que dar otras vueltas, y por lo tanto, me dejaba mucho más lejos de mi casa que anteriormente. Yo me tuve que acoplar a esto. Hice los cálculos, y me bajé en una zona la cual yo sentÃa estaba más o menos cerca de mi casa.
1:01:30 Comencé a caminar, y me dio la medianoche caminando, justamente cuando estaba pasando enfrente de la iglesia. a la cual yo asistÃa todos los domingos, empecé a caminar más despacio, y empecé a persinarme y también a pedir a Dios, cuando en ese momento, entre todo el silencio de la noche, pude escuchar perfectamente como, desde adentro de la iglesia, sonó un vidrio quebrándose, este vidrio hizo mucho ruido al quebrarse, por lo tanto, no era un vidrio pequeño, por el sonido, Yo capté inmediatamente que se trataba tal vez de uno de los ventanales de la iglesia. La iglesia se encontraba bardeada, entonces no pude ver hacia adentro. Seguà con mi camino, pensando que tal vez habÃa pasado algún accidente, tal vez algo que habÃan dejado mal acomodado, y se habÃa caÃdo y habÃa roto el vidrio ahà de la ventana. Seguà caminando y no le di más importancia de eso. A la noche siguiente sucedió lo mismo, yo iba caminando y justamente cuando estaba pasando enfrente de la iglesia, sonó de nuevo, el vidrio se quebró, justamente cuando iba pasando por el mismo lugar e incluso te podrÃa jurar que era el mismo vidrio o más o menos la misma distancia. Esto me llenó de curiosidad y más allá de seguir caminando
1:03:00 directamente a mi casa, decidà tomar una pequeña desviación. Me di la vuelta y caminé enfrente de la iglesia. Pasando por la entrada, la iglesia no se encontraba abierta. Todo se encontraba apagado, sin ninguna luz encendida. Rápidamente pensé que tal vez alguien querÃa entrar a robar o alguien estaba robando en ese momento. HabÃa algunas cosas que se veÃan lindas en la iglesia. Posiblemente costaban algo y algunas personas querÃan apropiarse de esto. Me puse listo. y crucé la calle y me quedé parado abajo de un árbol, más que nada para cachar quién era el que andaba robando, pero por más que esperé, 15 minutos, 20 minutos, no salÃa nadie, tampoco se escuchaba otro movimiento, pensando que tal vez habÃa sido una coincidencia, que algo se habÃa caÃdo en el mismo lugar dos veces, a la misma hora y en el mismo lugar, algo sorprendente, pero tal vez era lo que habÃa pasado. a la noche siguiente de un sábado, de nueva cuenta iba caminando por ahÃ, cuando otra vez, empecé a escuchar un ruido, como que se estaba quebrando una ventana, yo siempre he sido alguien muy alto, y también con mucha flexibilidad, entonces inmediatamente, estiré mis manos, agarré la barda, y me subà un poco, solamente lo suficiente para poder ver, arriba de esta, lo que vi Alex, me dejó muy aterrado, habÃa un niño, Estaba dentro de
1:04:35 la iglesia. Estaba mirando por la ventana, pero este no tenÃa ojos. Y con su cabeza estaba abriendo la ventana, dando de golpes hasta que finalmente la atravesó. Ese era el sonido que yo siempre escuchaba. Yo me quedé sorprendido viéndolo. Aquel niño tenÃa una piel pálida, muy blanca. Como te dije, no tenÃa ojos. Aquellas cuencas oscuras, incluso más oscuras. que la misma negrura de la noche, adentro de la iglesia, estaba en dirección hacia mÃ, yo sentà mucho escalofrÃo en ese momento, se me entumecieron todos los músculos que yo tenÃa, bajé inmediatamente de la barda, traté de correr, pero algo me pasaba, sentÃa que mi cuerpo, se tambaleaba de un lado hacia el otro, tal vez por el miedo, el caso es que me caà como unas 5 veces, trataba de correr y me caÃa, finalmente llegué a mi casa le platicé a mi esposa lo que habÃa ocurrido y ella me barrió y también oró por mà al dÃa siguiente habÃa iglesia yo fui como siempre y me senté en una de las bancas me quedé mirando fijamente la ventana que se suponÃa debÃa estar rota aquel niño lo habÃa roto la noche anterior yo lo habÃa podido ver con mis propios ojos pero en cambio aquella ventana ya estaba LucÃa perfectamente normal como si nada hubiera sucedido. Aquel domingo
1:06:05 no pude estar bien. No me sentÃa tranquilo. A duras penas, me mantuve durante toda la misa. Las noches siguientes, ya no volvà a pasar por aquella iglesia. Decidà mejor optar por caminar en otro lugar. No importa que me tardara de más. No sé qué es lo que vi, pero en definitiva, no era humano. No sé si sea un fantasma o algo más, pero me abstuve de volver a verlo, al no pasar nunca más por ahÃ. Mi nombre es Iván Cepeda, y quiero contar una experiencia que me sucedió cuando era niño. Cuando yo tenÃa aproximadamente algunos nueve años, acostumbraba bastante a ir a la casa de mis abuelos.
1:07:26 La casa de mis abuelos... Era una casita de madera, muy grande, pero también muy deteriorada. Ellos tenÃan muchos animales, y mi abuelo era propietario de varios terrenos. TenÃa varias milpas, y en una de ellas cosechaba maÃz. Por eso de las siete de la noche, mi abuelo y yo siempre nos Ãbamos caminando para recoger elotes y asarlos durante la noche. Era una pequeña fogata que hacÃa ahà en el porche. A mà me encantaba esto. Todos los fines de semana siempre esperaba para ir a la casa de mis abuelos. Hasta que un fin de semana me tocó estar enfermo.
1:08:08 Por esto mismo, mi madre se quedó conmigo. Yo estaba enfermo y recibÃa pastillas, pero no me sentÃa del todo mal. Yo me sentÃa con la suficiente fuerza para acompañar a mi abuelo nuevamente por los elotes, ya que el camino... Era lo que más me gustaba. Nos Ãbamos caminando casi durante una hora, y a lo largo de ese trayecto, yo veÃa infinidad de animales. Caballos, peces en los rÃos, ardillas, liebres, coyotes, entre otros. Obviamente mi madre sabÃa que estaba enfermo y no me dejó ir. También mi abuela, y por lo tanto también mi abuelo, me dijo que no se tardarÃa, que irÃa muy rápido. Siempre Ãbamos acompañados de una mula, arriba de esta ponÃamos todos los elotes, y asà nos venÃamos caminando, mientras que la mula cargaba todo, él se fue por eso de las seis y media, ya estaba oscureciendo, y ya no lo veÃamos a la distancia, me quedé junto con mi madre y mi abuela, a esperarlo, pero pasaron los minutos, y después las horas, y mi abuelo no llegaba, se habÃa tardado más de la cuenta, mucho más, Por lo tanto, mi abuela llamó a uno de los vecinos, un fiel amigo de mi abuelo, y le notificó que él no habÃa llegado y que a lo mejor le habÃa sucedido algo en el camino. Este vecino fue a caballo para encontrarlo, mientras que mi madre y yo nos
1:09:38 fuimos a pie. Caminamos por aquel camino de terracerÃa. Pasó como una media hora cuando encontramos a mi abuelo, el cual venÃa en el caballo del vecino y el vecino abajo. cuando lo encontramos, vimos que mi abuelo tenÃa un pésimo aspecto, estaba arañado, era como si éste hubiera sido revolcado entre la tierra y la mula, ya no estaba con él, mi abuelo nos dijo rápido y tajantemente, se me apareció una cosa en el camino, la mula salió corriendo y aquella cosa me revolcó entre la tierra, todos pensamos que tal vez era un animal, pero mi abuelo dijo que no, que era como un hombre, pero un hombre muy fuerte, con mucho vello en su cuerpo, y también muy robusto, que él estaba más que seguro que no era un animal, porque escuchaba muy bien que aquel hombre se reÃa mientras lo revolcaba entre todo el monte, llegamos a la casa y él nos empezó a explicar todo con detalle, la mula entre todo este alboroto, se asustó y se fue corriendo, no por el camino, sino entre el monte. Mi abuelo tenÃa muchas marcas, como evidencia para lo que estaba diciendo.
1:10:57 Eran muy bestiales, eran garras, pero garras y también algunas marcas como si algunas manos humanas lo hubieran estado apretando de muñecas y tobillo. Aquella noche pasó con mucha incertidumbre, pero al otro fin de semana, cuando fui nuevamente al rancho de mis abuelos, me encontré con que la mula habÃa vuelto. Volvió precisamente aquella mañana, cuando yo acababa de llegar. Mi abuelo se sorprendió, pues la mula seguÃa igual de gordita, no tenÃa ningún rasguño, no tenÃa nada, tan solo su manera de actuar. Era muy extraña y diferente. La mula no obedecÃa, era la misma, o al menos eso creÃamos.
1:11:42 TenÃa la misma marca, las mismas manchas, pero no obedecÃa a mi abuelo. Solamente caminaba de un lado hacia el otro Y se nos quedaba viendo Con una mirada muy humana Aquella noche pasó de lo más normal posible La mula siempre estaba acostumbrada a estar suelta Mi abuelo no la amarraba Ya que era inofensiva Y además no se iba Cuando me acosté en mi cuarto Yo siempre estoy impuesto a rezar Y después acostarme Justamente cuando me acosté Empecé a escuchar una voz Que provenÃa desde la ventana La ventana de mi habitación daba hacia el patio trasero de la casa de mis abuelos, donde se encontraba aquella mula.
1:12:26 Me llamó la atención porque escuchaba cómo hablaban ahÃ. Era una extraña voz, la cual repetÃa siempre lo que yo decÃa. Como acababa de rezar, aquella extraña voz repetÃa, El Padre Nuestro, el Dios te salve, pero solamente pequeñas oraciones, para después reÃrse. A mà me llamó mucho la atención esto, Claro que también estaba aterrado, pero mi curiosidad pudo más. Me fui levantando poco a poco, cuidando muy bien de no hacer rechinar el colchón o la cama que era de madera. Fui levantando poco a poco desde la esquina una parte de la cortina y pude ver hacia afuera. La mula Alex era la que estaba hablando, era la que se estaba burlando. Inmediatamente me fui a mi cama, me cobijé y cerré los ojos profundamente Tardé en dormirme, pues aquel condenado animal seguÃa repitiendo cada cosa que yo habÃa dicho.
1:13:25 Pero al final de cuentas lo hice. Me pude dormir. A la mañana siguiente atribuÃa que tal vez lo que habÃa visto era parte de una pesadilla. Bajé, fui al comedor, y me di cuenta que me habÃa despertado más temprano de lo habitual. Mi abuela todavÃa no se levantaba. Mi madre tampoco. Apenas estaba amaneciendo, pero mi abuelo ya se encontraba sentado en la mesa, Al verme se sorprendió. Me dijo, chamaco,¿ qué estás haciendo tan temprano levantado? Ya le ganaste a las mujeres. Yo entre risa le dije que sÃ. Me ofreció café y también un pedazo de pan. Hablamos de diferentes cosas, pero llegamos al momento de hablar de la mula.
1:14:07 Y le dije, abuelo, yo tuve una pesadilla. Soñé que la mula hablaba ahà por fuera de la ventana, que repetÃa lo que yo decÃa. y que se burlaba, mi abuelo solamente se me quedó viendo, y me contestó, eso que dices que fue un sueño, no lo es mijo, yo también la pude escuchar, no lo soñamos, aquella mula, no es la que yo perdÃ, aquella mula, seguramente es, aquel animal, que me atacó en el camino, solamente que adoptó la forma de la mula, en ese momento Alex, un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo, jamás habÃa vivido alguna experiencia asÃ, y creo que hasta la fecha, ha sido mi experiencia más aterradora, mi abuelo salió con el machete, dispuesto a espantar a aquella mula, pero la mula ya no estaba, se habÃa ido entre la noche, aquella vez fue la última vez que la vimos, pero años después, incluso cuando yo era un adolescente, le preguntaba a mi abuelo, abuelo, ya no volvió aquella mula, o mejor dicho, ya no volvió aquel demonio, mi abuelo me decÃa que no, Ya no la habÃa visto, pero que de vez en cuando escuchaba una carcajada que venÃa de entre las milpas.
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