5 RELATOS DE HORROR DE PUEBLOS Y RANCHOS PARA NO DORMIR
0:06 Hola buenas noches a todos los escuchas de esta noche en la cripta embrujada bienvenidos a otro episodio más de relatos de horror esta sección en donde ustedes mandan sus anécdotas y yo aquà las comparto con toda la comunidad de la cripta embrujada los invito también antes de comenzar con este episodio si es que les gustan estas historias me apoyarÃan mucho dejando un like hypeando el vÃdeo y suscribiéndose si aún no lo están. Estoy seguro que entre todos estos relatos que les traigo esta noche, habrá por lo menos uno que les produzca escalofrÃos. Comenzamos. El primer relato que les quiero compartir viene de parte de Gerardo Hernández.
1:05 Gerardo nos cuenta una experiencia que le sucedió ya hace muchos años, en aquella época cuando él era joven. Gerardo nos platica que él tenÃa como costumbre cada fin de semana, o cada que se podÃa, salir por la noche en el pueblo, en compañÃa de sus dos hermanos.¿ Y para qué salÃan, si ustedes se preguntan? Pues simplemente para festejar. Aquellos tres hermanos eran muy parranderos. Les gustaba el baile, les gustaba el tequila, la cerveza y también las mujeres. Esas eran sus debilidades, mujeres, baile y licor. Más en aquellos tiempos cuando ellos tenÃan apenas 21, 22 y 23 años. ImagÃnese usted, estaban seguiditos. Su madre siempre tenÃa problemas con ellos. Tristemente para esa época, pues su padre ya habÃa fallecido. Asà que solamente estaban con su madre. Entonces ustedes entenderán que no habÃa quien los pusiera en rienda. El caso es que ellos querÃan mucho a su madre. Tampoco era como que les gustara ocasionarles dolores de cabeza. Asà que siempre procuraban llegar por eso de las 2 de la mañana a 3 de la mañana cuando mucho. Pues ellos sabÃan muy bien que si no llegaban en toda la noche y se la pasaban parrandeando, pues su madre no dormÃa, no pegaba el ojo. Estaba la expectativa Estaba con el Jesús en la boca como dicen Pero una noche todo cambió Aquellos
2:38 tres hermanos HabÃan ido a un baile Le habÃan dicho a su madre Obviamente siempre le tenÃa notificada De donde andaban y con quien andaban El caso es que aquella noche el baile Pues se termina por eso de las 2 de la mañana según me cuentan La habÃan seguido con otra banda Pero ellos ya no se sentÃan a gusto Ya las personas que se encontraban ahà pues ya eran personas grandes, ¿no? Me entenderán. Ya eran personas de cuarenta y tantos, de treinta y tantos, y pues ellos al ser jóvenes, pues, querÃan estar con muchachas, querÃan estar con chicos de su edad, y pues ya al irse, ellos ya no le vieron caso de seguir andando ahÃ. Y fue asà como cada uno con su caballo se fue despidiendo de los, de las personas que seguÃan ahÃ, en aquel baile del pueblo, y decidieron irse a su casa.
3:28 El festejo y el baile se vio realizado en un ejido, Algo lejano de su casa. Asà que el camino, pues era largo. Tan siquiera como de unas dos horas, según me platican. Cada uno venÃa en su caballo, venÃan cantando, venÃan echando relajo. Eran jóvenes. En eso su hermano mayor, que era Gerardo, que es quien nos platica esta historia, pues les dice a sus otros dos hermanos, pues más que nada por cuidado, ¿no? Por no vaya a pasar algún accidente. que les dice vámonos por el camino de la nopalera, no hay que irnos por la carretera, se es bien sabido que cuando hay bailes, pues hay choques, creo que para nadie es una sorpresa saber que los borrachitos, pues aún asÃ, conducen, y pues quieras o no, uno anda con el pendiente, a pesar de que uno vaya a caballo, y vaya por un lado de la carretera, nunca falta quien se sale de esta, sus hermanos a pesar de que llevaban varias copas encima, Pues dicen, sÃ, está bien, vámonos por la nopalera. La nopalera, según me platica Gerardo, era un camino de terracerÃa, obviamente rodeado por nopales, de extremo a extremo. Se desviaba de la carretera, pero no tanto, tal vez como a unos 20 metros máximo. Ahà a lo lejos se podÃa ver la carretera y se podÃa ver la iluminación de esta. Pero ellos son chicos de rancho, la oscuridad no les atemoriza para nada. Fue asà como se metieron en el camino de la nopalera y fueron con sus caballos, caminando y caminando, cabalgando que diga.
5:03 Cuando en eso, por el camino de la nopalera, ellos me platican, Alex, vimos una silueta, una silueta que venÃa caminando. Era una silueta de una chica. Reconocemos la silueta de una chica al instante. Pero esta chica era muy especial. TenÃa un vestido rojo, un vestido rojo que arrastraba por el suelo. y también un pelo muy largo, pero cuando te digo largo, en serio, un pelo bastante largo, le caÃa hasta los talones, e incluso algunas puntas del pelo, eran arrastradas por la tierra, se nos hizo curioso pues, ya para este momento, eran casi las 3 de la mañana, y habÃa una mujer ahà sola caminando, a ver, esto no es extraño durante el dÃa, pero durante la noche, pues nos llamó la atención, pero, Como todos nos conocemos en el pueblo, lo primero que se nos vino a la mente es que tal vez era una chica del pueblo, que no conocÃamos, pero tal vez del pueblo. Acto seguido después de contarme esto, Gerardo, dicen que llegaron con aquella chica, se les puso a un lado y se detuvieron los tres, y le preguntaron a la muchacha, oye muchacha,¿ de dónde eres?¿ Eres aquà del pueblo? Vamos para allá. No quieres que te demos, pues ahora sÃ, un aventono con los caballos para que no vayas caminando. Incluso si la llevan, pues iban a ir trotando, no iban más rápido los caballos.
6:34 Pero el caso es que esta mujer no le responde. La mujer simplemente se les queda viendo. Aquella mujer tenÃa una mirada perdida. De hecho, Gerardo se aventura a decirme que era como una mirada muerta. No se le veÃan brillos sus ojos. Sus ojos ni siquiera se movÃan. Cuando querÃa ver a uno de los hermanos, giraba por completo su cabeza, como si estos no los pudiera mover. A pesar de que se les hizo extraño, ellos pensaron que tal vez la chica era simplemente rara. La muchacha fue con el hermano menor, que se encontraba hasta atrás, y se le trepó el caballo, asà sin decir nada. Tanto Gerardo como su hermano, el de en medio, el que le seguÃa, pensaron que tal vez pues a la muchacha le habÃa gustado su hermano. Y pues pensaron, pues bueno, qué mejor para él, ¿no? Que la conquiste en el camino que lleva al pueblo, en lo que nos tardamos en llegar. El queso es que su hermano menor iba tratando de sacarle plática a esta mujer. Cuando en eso de repente, él acelera un poco el paso y llega hasta donde están sus otros dos hermanos y se les empareja.
7:44 Y es ahà cuando Gerardo y su otro hermano miran bien lo que su hermano menor trae atrás de él. La chica ya no está, lleva algo completamente diferente. La chica que se la habÃa subido, parecÃa que se habÃa transformado, porque ahora lo que traÃa su hermano menor, abrazándolo por detrás arriba del caballo, era una especie de animal, una especie de animal con cuernos y con orejas muy grandes, que venÃa abrazándolo por la parte del estómago. Gerardo me platica que la impresión fue demasiada, que se cayó del caballo. y gritó, también su otro hermano, solamente que este no se cayó, y le dijo, oye,¿ qué traes atrás de ti?,¿ qué traes atrás de ti?, su hermano menor volteó, y inmediatamente, al igual que Gerardo, se cayó del caballo, la impresión era demasiada, aquella cosa, saltó del caballo, y se fue saltando, entre los nopales, hasta esconderse, en esa planicie del desierto, no la pudieron ver más, La oscuridad era absoluta, era imposible.
8:55 El hermano menor de Gerardo se levantó temblando, tartamudeando y repitiendo una y otra vez. SÃ, yo sentÃa, yo sentÃa que no era normal, yo sentÃa que no era normal. Gerardo en ese momento va con su hermano y le pide una explicación.¿ Qué pasó?¿ Qué pasó con la muchacha? Y su hermano menor le empieza a decir. Yo empecé a sentir, hermano, empecé a sentir que atrás de mà algo pasaba. Sentà como muy caliente. Como si algo hirviendo empezara a materializarse. Sentà las manos de aquella mujer cada vez más y más calientes. Como si vinieran hirviéndose. Pero yo no dije nada. Pensé que era algo normal. Pensé que tal vez me estaba poniendo nervioso. Pero ahora veo que no. Los hermanos estaban muy confundidos en esa noche.
9:45 Y también profundamente asustados. Se subieron de nuevo cada quien a su caballo. y ahora corriendo los caballos a todo lo que se podÃa, llegaron a su casa prácticamente en tiempo récord. El hermano menor de Gerardo llegó tan alterado que su madre tuvo que barrerlo con albácar, con un huevo, todas esas creencias que se tienen en ranchos, ¿no?, para quitar el espanto. También le dieron un poquito de azúcar. Llegó temblando, llegó pálido. Una vez que se calmó, pues su madre le preguntó,« Dime». Que fue lo que pasó Y una vez que terminan de contarle todo esto a su madre Ella les dijo algo Que ellos jamás han olvidado Y que nos lo quieren compartir ahora Ella les dijo lo siguiente a sus hijos Entre el monte Entre los campos A veces hay cosas Que disfrutan de engañar a los viajeros O incluso A las personas de campo como ustedes Existen espÃritus como la cegua Existen espÃritus como la llorona Una se le aparece a los hombres infieles y otra se le aparecen a las personas que tienen problemas, a personas que incluso están buscando sus hijos. Pero lo que se les apareció aquella noche no era ni la cegua, ni la llorona, ni ningún otro espectro. Lo que se les apareció era un demonio.¿ Por qué ese tipo de entes andan buscando a ver a quién se le trepan, a ver a quién poseen o a ver a quién
11:17 arrastran en lo profundo del monte? Hay demasiadas historias de esto. Muchas personas han visto mujeres muy hermosas, ya sean rubias, morenas, que propicien accidentes. También otras personas del pueblo han visto mujeres hermosas que pierden a los hombres y simplemente los hombres se internan en el monte y ya no salen. Algunos nunca, otros se tardan dÃas en salir. Les quitan su energÃa, esa vitalidad. Tuvieron suerte en la noche. pues aquella cosa se fue corriendo, y les aseguro que algo malo les iba a pasar, si seguÃan con ella en el camino, después de contarles esto a sus hijos, aquellos quedaron pasmados, no podÃan creer lo que su madre les estaba diciendo, pero muchos sabemos que lo que cuentan las madres y las abuelas en los pueblos, no se tiene que tomar a juego, siempre tiene algo de cierto, las leyendas son por algo, y desde aquella vez, ellos evitan irse por un lugar, muy escondido durante las noches, como el camino de la nopalera, el camino de los rÃos, los caminos de piedra que no tienen nada de iluminación.
12:29 Ellos me platican, Alex, desde aquella vez solamente Ãbamos por la carretera. Es más, hasta las ganas de ir a uno que otro baile se nos quitaron.¿ Qué les pareció esta primera historia de nuestro amigo Gerardo Hernández? Una historia para reflexionar. De cómo estos espÃritus tratan de engañar a los hombres, ¿no? Tratan de hacer que se pierdan Recuerdo también una historia que me mandaron hace no mucho, criptomaniacos No sé si ustedes la recuerden Que era de un hombre que iba por unas vÃas del tren Y que de repente un pájaro Ãl no dice si está muy seguro que fue una lechuza o un cuervo Ustedes disculpen, estoy divagando un poco Dice que un cuervo, un pájaro de esos negros enormes Empezó a volar encima de su cabeza Y que le chiflaba Y que en algunas veces le hablaba Hablaba como una mujer Le hablaba por su nombre Y pues aquel hombre DecÃa que corrÃa, corrÃa de aquel pájaro Pues no le podÃa encestar ningún golpe Ya que pasaba muy rápido volando Y él me platicaba que se sentÃa cada vez más atontado Que se sentÃa cada vez más desvariado Como que le afectaba Ãl cerró los ojos Empezó a rezar Y cuando volvió a abrirlos vio que ahora se encontraba entre el monte entre el césped crecido aquel pájaro lo estaba llevando para perderlo inmediatamente cuando se dio cuenta de esto se dio la media vuelta y otra vez buscó las vÃas y una vez entrado
14:01 en su camino siguió corriendo estas son solamente una de las tantas historias que se tejen en los pueblos respecto a entidades que quieren pues perder a la gente ¿no? introducirlas entre el monte Sigamos con la siguiente historia. El siguiente relato que les traigo ahora, criptomaniacos, viene de parte de Paulina Guzmán, la cual nos envÃa un caluroso saludo desde Navojoa, Sonora. Un saludo enorme también y un abrazo muy enorme a todas las personas que nos escuchan desde Navajoa. Bueno, la historia de Paula es la siguiente, de Paulina, disculpen.
14:53 Paulina nos cuenta que desde muy pequeña, a ella le encantaba ir a la casa de su abuela. Su abuelita, que era muy cálida, era muy mimadora, tenÃa un puesto allá afuera de su casa. Ella vendÃa todo lo que cosechaba. SandÃas... guayabas, frijol, mango lo que se daba en sus tierras y lo que sus árboles le daban también si bien era una señora que no ocupaba tanto dinero debido a que su marido estaba pensionado el abuelito de Paulina le habÃa dejado un buen dinero pero pues ella querÃa sentirse útil sabemos que las personas de rancho necesitan esa movilidad sentirse ágiles sentirse productivos entonces la abuelita de Paulina TenÃa ahà su changarrito como ella decÃa. Paulina recuerda que todos los fines de semana cuando ella llegaba a la casa de su abuela, empezaba a jugar con los animales. Pero concretamente lo hacÃa con uno. Su abuelita tenÃa un cotorro. Un cotorro de color blanco que se le alzaba su copete. Ella dice que no era una guacamaya ni era un cotorro normal.
16:07 Era otra especie de ave. Esta ave hablaba al igual que un cotorro. pero siempre que hablaba, como que se esponjaba y se le alzaba el copete de color amarillo que tenÃa. Y hablaba y cantaba. Era una maravilla el animal, ya que también servÃa de atractivo para que las personas que pasaran a comprar, pues le hablaran al animal, al animalito. El animalito también era muy, pero muy coqueto. No picaba, solamente hablaba y se dejaba acariciar absolutamente por todos. Entonces, esto beneficiaba mucho a su abuelita, ya que algunas personas del pueblo siempre decidÃan ir a comprar con ella su fruta o su frijol o su arroz, tan solo para hacerle cariñitos al cotorro. Paulina nos platica otra cierta cosa, y es que al anochecer, en la casa de su abuelita, siempre se sentÃa como una aura extraña, siempre ella sentÃa como que estaba siendo observada, no adentro de la casa, sino por fuera, como si algo desde las ventanas, por fuera, algo la estuviera observando, como si algo estuviera pegado a las ventanas, viendo cada movimiento que ella hacÃa. De hecho, Paulina, a pesar de que tenÃa en aquel momento como unos 7 u 8 años, según platica ella, sentÃa esta mirada, esta mirada pesada, y su abuelita siempre le decÃa que para las 9 de la noche tenÃan que estar adentro. que no tenÃan que salir...
17:41 y siempre casi lo primero que metÃa... era su cotorrito blanco... Paulina sabÃa muy bien esto... a pesar de que le preguntaba a su abuelita... si algo pasaba afuera... por eso a las nueve de la noche... su abuelita siempre le contestaba que nada... que no se preocupara... que esto era simplemente porque... algunos animales salen de noche... ya sea zancudos, cien pies, cucarachas... y pues no querÃa que se le metieran a la casa... al menos esta respuesta... Le pareció en aquel momento... Algo viable... Algo coherente... Pero ella recuerda muy bien una noche... Cuando sucedió un accidente... Un tÃo ahà de la familia... Del pueblo... Sufrió un accidente... Iba en carreta... Un automovilista se salió del camino... Y pues...
18:27 Se estrelló con la carreta... No fue nada grave afortunadamente... Pero se lo llevaron al hospital... Y obviamente... La abuelita de Paulina... fue una de las primeras integrantes de la familia que sin pensarlo se fue con este familiar hasta el hospital para cuidarlo. Esto sucedió precisamente en un fin de semana, y la madre de Paulina y ella se quedaron en la casa de la abuelita, pues su padre también se habÃa ido al hospital. Asà solamente quedaron ellas dos ahà adentro de su casa. A pesar de que Paulina sabÃa muy bien las reglas de la abuela, En ese momento tenÃan todo el calor, toda la euforia del accidente que habÃa sucedido, que algunas reglas de su abuelita pues se les pasaron. Su abuelita siempre metÃa a su pajarito a las nueve y media de la noche, y en aquella noche no lo hicieron. Su pajarito se quedó afuera.
19:22 El caso es que este cotorrito al ser tan amigable, pues no ocupaba de jaula. Ãl simplemente andaba en los árboles, o andaba en uno que otro tronco, en el tejado de la casa era un cotorro muy listo ya que no se iba ahà andaba él pero no se iba más allá del terreno de la abuela entonces Paulina cuenta que cuando se encontraba ya recostada en su cuarto con las luces completamente apagadas empezó a escuchar un ruido extraño que venÃa de afuera un ruido que parecÃan como piquetes piquetes piquetes cuando alguien está tocando la ventana y lo sintió, alguien estaba tocando su ventana en ese momento, tac, tac, tac, tac, ella se despertó, pues la ventana la tenÃa a un lado, y vio la silueta de un pájaro, e inmediatamente pensó que era el cotorro, y se acordó, claro, no metimos al cotorrito, el cotorrito de mi abuelita, no lo metimos, de seguro me está pidiendo ayuda, que lo meta, y fue asà como ella, inocentemente, Alzó las cortinas para ver el animal que se encontraba afuera. Pero afuera no se encontraba su cotorrito. Ella me platica, Alex, lo que vi afuera no era ni siquiera un animal que yo conociera.
20:47 Lo que vi fue un pájaro mucho más grande que el cotorro de mi abuelita y completamente oscuro. Era un pájaro enorme, el más grande que he visto. Estaba ahà puesto. sobre el tejado de mi abuelita el tejado de paja que tenÃa ya que tenÃa segundo piso pero la cara de aquel condenado animal no era normal ella me dice que tenÃa una cara humana tenÃa una cara con arrugas y unos ojos blancos y unos labios también muy caÃdos era la cara como de una señora anciana pero no con una forma determinada era una cara horripilante Más puesta sobre un pájaro. Paulina a pesar de estar. Muy pequeña en aquel momento. Ella dice que. SabÃa perfectamente que eso.
21:39 Era una cosa paranormal. Ella pensó que era un Nahual. En aquel momento. Ya que habÃa escuchado muchas historias. Sobre estos animales. Estos brujos que se convierten en. Estos animales. Para esparcir el terror. Entre el pueblo. Inmediatamente Paulina. Se bajó de su cama. Y con gritos empezó a llamar a su madre para que viniera lo más pronto posible. Su madre obviamente se levantó dando un salto y fue inmediatamente al cuarto de Paulina, pero aquel pajarraco ya se habÃa ido. Obviamente Paulina empieza a decirle a su madre todo lo que habÃa visto, pero cómo es de esperarse.
22:19 Su madre le dice que fue una pesadilla, que ya no piense en esas cosas y que se venga a dormir con ella. Que todo habÃa sido un mal sueño. Pero Paulina lo sabe. Paulina lo siente muy adentro de ella. Que eso no fue un sueño. Que eso fue otra cosa. HabÃa sido muy vivido. A la mañana siguiente se levantaron. Salieron al campo de su abuela. Y se encontraron con algo tétrico. AhÃ, a los pies de la puerta. Puesto cuidadosamente para que lo encontraran. casi de manera inmediata cuando abrieran la puerta, estaba el cuerpo del cotorrito. Pero este habÃa sido violentado de una forma muy, pero muy desgarradora, que ustedes perdonen, no voy a describir en este video, pero ya se estarán dando una idea. El cotorrito estaba en unas pésimas, pésimas condiciones. Obviamente ya sin vida. Paulina lo recoge, su madre también. Y lo entierran cerca ahà de la casa. Su abuela llega ese mismo dÃa y le dan la triste noticia. Obviamente hay lágrimas, hay llanto.
23:34 Pero cuando todo se calma durante la noche, Paulina va con su abuela y le dice, Abuelita, yo vi algo extraño aquella noche. Vi algo que estaba fuera de tu casa. Y la abuelita le empieza a preguntar,¿ qué fue lo que viste? Vi a un animal. Un animal como un pájaro negro. como un cuervo, pero su cuerpo era muy diferente al de uno, era más grueso, como que estaba más grande, pero su cabeza era la de una mujer, una mujer muy fea, y se encontraba en el techo de tu casa, mi mamá no me cree, pero yo estoy segura de lo que vi, Paulina me dice que le dijo esto a su abuela, y ya no recuerda mucho más, cambiaron de tema, pero pasaron los años, Y por coincidencias de la vida... Salió de nuevo este tema a relucir... Y su abuela le platicó en ese momento a Paulina... Que lo que habÃa visto... ExistÃa... Que no habÃan sido pesadillas... Que lo que habÃa visto era una señora...
24:38 Una señora del pueblo... Que tenÃa fama de bruja... Que tenÃa fama de... Hacer todo ese tipo de cosas... Que esa señora siempre le habÃa tenido envidia a ella... Que incluso habÃa llevado... Veneno a sus animales... en algunas ocasiones que incluso también le dejaba trabajos de brujerÃa en su puestito ahà en la calle para que le fuera mal y que esta señora siempre, siempre, pero siempre le tenÃa un odio al cotorrito y aquella noche aprovechó que lo dejaron afuera para vengarse Paulina recuerda muy bien esta historia porque esta le ha enseñado a no confiar demasiado en las personas uno nunca sabe que son capaces de hacer...
25:26 por la envidia. La siguiente historia viene de parte de... Osvaldo Francisco. Osvaldo nos cuenta esta historia... que le sucedió en una época donde él... estaba en una... faceta precaria de su vida no se encontraba con deudas y para rematarla no tenÃa trabajo por lo tanto él se la pasaba buscando trabajo en donde fuera no él querÃa encontrar trabajo ya sea de albañil de recolector de basura de vigilante obviamente siempre buscando algo mejor pagado no el caso es que al estar buscando se habÃa ido incluso a otros estados y saliendo fueras a otros municipios, otras ciudades, haciendo chambitas, lo que fuera. Y fue asà como uno de sus primos lo contactó con un ganadero. Ãl me platica, Alex, este ganadero necesitaba algo sumamente simple. Era un cuarto, un cuarto enorme de algunos metros. Al menos era trabajo como para dos semanas. Y pues la paga, para serte sincero, era muy buena. Ãl me dijo que habÃa estado contratando, o estaba viendo contratar a algunos arquitectos, a algunos maestros albañiles,
26:56 pero que le estaban cobrando, pues, algo caro. Entonces, pues, yo le tuve que abaratar, me dice. Alex, yo tuve que abaratarle los costos, más que nada para que me diera la chamba a mÃ. Y fue asà como me jalea un primo mÃo y a un hermano que andaban por las mismas, buscando trabajo. Total que el señor nos lleva a su finca. Era un señor que tenÃa muchos terrenos y muchos animales. Necesitaba un cuarto enorme para usarlo como almacén. Ahà iba a almacenar semillas, alimento, herramientas, etc. Nosotros nos pusimos manos a la obra y nos dijo exactamente qué era lo que Ãbamos a hacer y dónde nos Ãbamos a dormir, dónde estaba el material, etc. Hasta eso, muy buena persona el señor. Nos jalaron para una casa donde nos dijeron que nos Ãbamos a quedar a dormir.
27:52 Y ahà nos señalaron el sótano. Ustedes pensarán que de seguro el sótano era un lugar pues un poco feo, rústico, incluso hasta sucio, pero no. Totalmente alejado de esa imagen. El sótano de esta casa estaba limpio e incluso mini split, asà que nos encantó. Empezamos a trabajar ahÃ. Pensando que era un trabajo soñado, más que nada por la paga y más que nada por las condiciones en las que estábamos. Estábamos muy cómodos. TenÃamos agua, tenÃamos internet, incluso estufas para calentar nuestra comida, etc. Hasta que cayó la noche. Una vez que cayó la primera noche, ya querÃamos salir de ahà corriendo. Osvaldo me cuenta lo siguiente. Cuando todos acostaron, apagaron las luces y y todo quedó en absoluto silencio, empezaron a escuchar ruidos que venÃan desde afuera, el sótano según me explica él, era un sótano alto, los techos estaban altos, y solamente tenÃan tres ventanas, que eran como rendijitas, gracias a esas tres ventanas, que se posicionaban hasta arriba, hasta arriba, de manera que no podÃan alcanzarlas, estas dejaban entrar iluminación, de la luz de la luna hacia adentro y fue por esto mismo que se percataron de algo
29:23 veÃan sombras pasando de un lado hacia el otro de un lado hacia el otro cabezas de personas los pies de personas caminando como si hubiera una multitud allá afuera como si esto no fuera poco Osvaldo me platica que empezaron a escuchar murmullos Y también empezaron a escuchar otra cosa... Que los hizo sentir algo incómodos... Que eran llantos... Como que una mujer y un hombre... Estaban llorando... Pero allá afuerita de ellos... Lo escuchaban con mucha claridad... Entonces pues... Esto a ellos les llamó la atención...¿ Quién será el que está allá afuera? Ãl me platica que en un principio...
30:09 Ninguno quiso salir... Obviamente a lo mejor habÃa pasado algo... Seguramente trabajadores de este señor que andaban por ahÃ, del ganadero O tal vez otra cosa Pero por si las moscas, no hay que salir Asà que ahà se quedaron ellos Tratando de conciliar el sueño con todos aquellos ruidos extraños Y esas sombras pasando por aquellas ventanas Que se reflejaban ahà en la pared del sótano Viendo como personas pasaban de aquà para allá Pasó aquella noche y a la mañana siguiente empezaron a trabajar nuevamente trabajo y trabajo aquella tarde antes de que se fuera el señor Osvaldo le preguntó si habÃa otro turno en la noche si venÃan otros trabajadores allà a trabajar a la casa o ya sea a cuidar la casa la de arriba pero este señor solamente se le quedó viendo y le dijo pues no aquà solamente se quedan ustedes aquà nadie se queda tan pronto le dijo eso Osvaldo empezó a sentir un escalofrÃo que le recorrió todo el cuerpo.¿ Pero cómo es eso?¿ Cómo es que solamente estamos aquÃ?¿ Y las demás personas que vimos? Osvaldo le empezó a mencionar esto a aquel señor y el señor les dijo, no, a lo mejor alguien se metió, pero aquà no dejo a ningún trabajador aparte de ustedes. Fue asà como los trabajadores, Osvaldo y sus familiares, se metieron de nuevo al sótano. Cenaron, se
31:42 arroparon y justamente cuando ya estaban dispuestos a dormir, que pensaron que aquella noche iba a ser normal, empezaron de nuevo las sombras a pasar por las ventanas de un lado hacia otro, de un lado hacia otro. Y el llanto de nuevo sonaba, esta vez con más intensidad que la noche anterior. Osvaldo no pudo dormir aquella noche. Y notó que todo el ruido se detenÃa por completo a las 3.33 de la mañana. Una hora de por sà muy mala. Pero a esa hora se detenÃa todo. A la mañana siguiente se encontraron con una señora. Doña Lenchita, vamos a decirle.
32:29 Doña Lenchita iba a la casa y haciaba la casa que era de este hombre, del dueño de la finca. Ahà no se quedaba a vivir nadie. Pero por si las moscas... Osvaldo aprovechó y le preguntó... Oiga doña Lenchita...¿ Alguien se duerme ahà en la casa?¿ O alguien viene por las noches? Es que yo y... Mi primo y mi hermano... Empezamos a escuchar ruidos extraños en las noches... Y empezamos a ver sombras también... DÃgame por favor que alguien viene... Porque... Los tres no podemos estar locos... Los tres los vemos... Y doña Lenchita solamente se talla los ojos... y se le queda viendo y le dice, ay joven, no sé qué decirle, aquellos espÃritus, y asà les dice Doña Lenchita, aquellos espÃritus, vienen de vez en cuando, aquà nos lo topamos a veces cuando alguien se queda de noche, yo a veces me he quedado en la casa por órdenes del patrón, y lo único que hago es cerrar todas las ventanas, correr todas las cortinas, algunos trabajadores dicen que el señor compró este terreno, Y le salió muy barato, porque éste habÃa pertenecido a un cementerio. Pero un cementerio que no estaba en regla. Un cementerio que los mismos pobladores de ahà habÃan agarrado este terreno para sepultar a sus familiares. Y obviamente, como no tenÃan ningún permiso, pues al pasar los años, se quitó el cementerio. Pero se
34:00 dice que solamente se quitaron las lápidas. Que los cadáveres se quedaron abajo. Y pues algunos trabajadores dicen que son los mismos que se escuchan caminar y llorar durante las noches. Osvaldo me dice nombre Alex. Nomás me dijo esto. Y nos apresuramos. De cinco dÃas que Ãbamos a tardar ahà aproximadamente para cuando llevábamos el trabajo. Solamente nos quedamos tres. Y le quedamos a deber trabajo al señor. E incluso le dije que no me pagara. Pero que yo ya no me iba a quedar... Obviamente no le dije nada sobre los espÃritus... Pues estaba más que claro que él no creÃa en esas cosas... Pero le mencionamos que tenÃamos...
34:46 Unos problemas familiares... Que nos tenÃamos que ir... No podÃamos tolerar... Ni una sola noche más... En aquella casa... Sabiendo lo que habÃa sido antes... Un cementerio... Un cementerio Alex... Y ahora se encontraban los espÃritus rondando en aquel terreno. Esta siguiente experiencia viene de parte de Claudia SolÃs. Esta historia que nos quiere compartir esta noche Claudia, no le pasó a ella. Pero sà le sucedió a una persona muy cercana a su vida.¿ Quién más cercano sino a su abuela?
35:40 Aquellos abuelos que nos cuentan muchas historias de los ranchos, de los pueblos. Historias que pasaron en los 40, en los 50. Y esta historia es una de ellas. En aquel tiempo, de los lejanos años 1967, cuando le pasó esto a su abuela, ella apenas se habÃa casado con su abuelo, de nombre Pedro. Apenas habÃan dado a luz a lo que vendrÃa siendo la tÃa de Claudia, la primera hija que habÃan tenido. En ese entonces tenÃa cerca de cinco meses y la hermana de la abuela vivÃa con ellos en la misma casa, ayudando a la crianza, pues, de la bebé que acababa de nacer. Pero los imprevistos y los accidentes suceden cuando uno menos se los espera. Y fue asà como una noche la abuela de Claudia se encontraba en la entrada de su casa. esperando a su marido, el cual ya se habÃa retrasado. Y no se habÃa retrasado ni 10 minutos, ni 20 minutos. Ya llevaba dos horas retrasado. Algo habÃa pasado.
36:46 Pero como en ese tiempo no habÃa teléfonos, celulares, nada de eso, todos se comunicaban por el habla, ¿no? Pasando mensajes. En eso llegó un vecino de ellos, el cual inmediatamente fue con la abuela de Claudia y le dijo, Doña Justina, Doña Justina. Su marido chocó. Chocó ahà con un trailer. No le pasó nada, pero ahà viene arrastrándose. Ya llegó la policÃa e hicieron todo, pero hubo bastantes heridos. En ese momento la abuela de Claudia, de nombre Justina, obviamente se empezó a poner tensa y le preguntó al vecino cómo habÃa estado el accidente. El vecino le empezó a decir que un camión se habÃa salido del camino y que él y su marido se encontraban en la parada del bus, recién acababan de llegar, cuando en eso el trailer se salió del camino, y muchas personas resultaron heridas, se llevaron algunas cuantas en ambulancias, y otras, pues simplemente habÃan perdido la vida ahÃ, pero que su marido por fortuna, solamente habÃa salido volando, habÃa tenido un impacto fuerte, eso sÃ, pero nada de lo que uno se tendrÃa que preocupar, llegaron las ambulancias llegaron los paramédicos lo atendieron lo revisaron y el señor estaba perfecto solamente con un leve dolor en la pierna obviamente un dolor que más adelante pues se iba a ser más doloroso pero solamente era eso un simple golpe justina en ese momento obviamente no quiere
38:17 esperarlo se acababan de casar acababan de tener un hijo Lo que ella quiere es ir a verlo lo más pronto posible. Y es asà como deja a su hija al cuidado de su hermana, que ella tenÃa 20 años para ese entonces. Ya sabÃa perfectamente cuidar a un niño. Las mujeres en ese entonces se les educaba desde niñas, por si no recuerdan, en la crianza de niños, en la crianza de los sobrinitos, de los primitos, asà que saben mucho de eso. Eran otros tiempos. Justina se va caminando. Ya para este momento son las doce de la noche, el marido siempre llegaba a las diez, y se va caminando por todo el pueblo, sale de este y continúa caminando por aquel camino de tierra, rodeado de césped y nopales a ambos lados. Justina está caminando, camina y camina, sin ninguna luz, no habÃa lámparas, y en ese entonces tampoco habÃa alumbrado público en aquel camino que daba al pueblo.
39:20 Justina solamente con su mente y con su visión ya adaptada a la oscuridad, sigue caminando. Ella conoce el pueblo como la palma de su mano. Y fue asà como alcanza a ver ahà a la lejanÃa una sombra que se está moviendo. Una sombra que viene en encuentro suyo. Es la sombra de un hombre, con sombrero y con lo que vendrÃa a ser una chaqueta café. Ella no reconoce la ropa. simplemente sigue caminando, pero conforme se va acercando, reconoce la cara, era su marido, Pedro, ahà venÃa caminando, caminaba perfectamente, como si nunca le hubiera pasado nada, todo lo contrario a lo que le habÃa dicho el vecino, que venÃa cojeando, obviamente por el impacto, parecÃa que Pedro se movÃa con completa libertad, venÃa caminando erguido, sin doblar ninguna extremidad por el dolor, venÃa caminando con total naturalidad.
40:21 En ese momento Justina se acerca a él y le empieza a preguntar, Pedro, Pedro,¿ qué vienes haciendo aquÃ?¿ Cómo estuvo el accidente?¿ Vienes herido?¿ Qué te pasó? Pero Justina, por más que busca en las vestiduras de Pedro, no encuentra ningún rasguño, no encuentra ninguna rasgadura incluso de la vestimenta. De hecho, la vestimenta que trae Pedro aquella noche, ella no la reconoce. aquella chaqueta café no le pertenecÃa, ni los pantalones, ni la camisa, ni el sombrero tampoco, ella es su esposa, diario le lava la ropa, asà que perfectamente se acordarÃa de cada una de sus prendas, y aquellas prendas, ninguna era de Pedro, Justina empieza a preguntarle, esta ropa de donde la sacaste, quien te la dio, te rasgaste tu ropa, por eso te dieron esta a los paramédicos, Pero Pedro no le contesta. Pedro está inmóvil, sin mover la boca, sin pronunciar ni una sola palabra.
41:24 Es más, sin mirarla. Los ojos de Pedro tienen una mirada perdida, que están clavadas hacia la nada. En ese momento Justina se da cuenta, porque lo toca, lo toca de la muñeca, que aquello no es su marido. Alcanza a tocar su muñeca y la aprieta y ella siente como si estuviera tocando un muro frÃo de concreto. Petrificado, petrificado. Justina sabe muy bien de los horrores que a veces uno se encuentra en pueblos lejanos y sabÃa que no era su marido. SabÃa que aquella cosa habÃa tomado la forma de su marido, tal vez para engañarla, y ahora se encontraba lo suficientemente cerca de ella Para hacer cualquier cosa Justina en ese momento se da la media vuelta Y empieza a correr de nuevo al pueblo Corre y corre y corre Mientras que aquel extraño hombre La va siguiendo La va siguiendo Y la consigue tumbar Se la balanza Justina cuando se da la media vuelta Para tratar de defenderse Se da cuenta que el rostro Ya ha cambiado Y ahora no es el rostro de su marido Es un rostro que ya no conoce Igual de un hombre pero un hombre, según dice Justina, la abuelita de Claudia, de un hombre feo, con una nariz grande, con dientes caÃdos, con una sonrisa chueca, era como si estuviera deforme, aquel
42:54 extraño hombre, se está riendo, mientras trata de jalar a Justina, a lo profundo del césped, más alto, a lo profundo del monte, Justina como puede se levanta, alcanza a dar unas patadas, y empieza a gritar para que alguien la escuche, ella no sabe durante cuánto tiempo corrió, no sabe si esta cosa la siguió persiguiendo, pero ella consigue dar con una carreta, de un viejito muy conocido del pueblo, un viejito que vendÃa sandÃas, habÃa estado en el accidente, se habÃa quedado ahà a ver, y por esas casualidades, venÃa ya tarde entrando al pueblo, inmediatamente cuando Justina lo ve, se sube a su carreta y le pide ayuda, El viejito, a pesar de que ya es una persona muy mayor, saca su machete, saca su revólver, porque en aquel tiempo las personas de pueblo tenÃan la costumbre de tener armas, y se baja de la carreta y empieza a retar aquella cosa que venÃa persiguiendo a Justina, pero ya no sale.
43:59 El viejito se queda ahà con el revólver y el machete listo, pero nada sale de entre las ramas, ni del camino ni del monte. Justina le explica que habÃa ido caminando para encontrar a su marido y que se habÃa encontrado con una cosa que se habÃa convertido en la apariencia de su marido. Y al viejito le dice, mija, ten cuidado. Esos son brujos. O peor aún, son espÃritus. De puro milagro te salvaste. Vamos a encontrar a tu marido. Ahora los dos en la carreta dieron con Pedro, el cual venÃa todavÃa más atrás, ya cojeando, muy malherido. Llegaron juntos a la casa. Pedro atendió sus heridas. Y esa fue la única vez que Justina, la abuela de Claudia, salió a las afueras del pueblo, más allá de la medianoche, pues sabÃa muy bien que a ese horario cosas oscuras, cosas siniestras, salen a los caminos desolados cercanos al pueblo.
45:16 Esta historia me la contó un vecino cuando yo era joven Ãl decÃa que el protagonista fue Don Eusebio Un campesino que vivÃa a las afueras de un pueblo pequeño Rodeado de monte y parcelas Muchos lo conocÃan porque era un hombre callado Trabajador y muy viejo ya para seguir trabajando la tierra pero aún asà nunca dejó de hacerlo. Don Eusebio vivÃa solo. Su esposa habÃa fallecido hacÃa años, y sus hijos se habÃan ido a trabajar a otros estados de México, asà que la única compañÃa que tenÃa era su perro, un pastor alemán grande, fuerte y muy leal.
46:01 El viejo lo habÃa criado desde cachorro. Siempre decÃa que ese perro era como su sombra, A donde fuera él, el perro iba detrás. Todas las tardes, después de trabajar en la parcela, el perro lo esperaba en el porche de la casa. Pero una tarde ocurrió algo que cambiarÃa todo. Ese dÃa don Eusebio estaba arando la tierra. Caminaba lento detrás del arado, con la espalda encorvada por los años. El sol ya estaba bajando detrás de los cerros. y el cielo se estaba pintando de naranja. El aire del campo estaba silencioso, solo se escuchaba el arrastre del arado sobre la tierra y el canto lejano de algunos pájaros.
46:52 Fue entonces cuando Don Eusebio levantó la vista hacia la casa. Desde la distancia pudo ver a su perro. Estaba en el porche, sentado, observándolo. Al principio no le dio importancia Era normal que el perro vigilara desde ahÃ, pero algo empezó a incomodarlo. La manera en que lo miraba, no movÃa la cola, no corrÃa hacia él como siempre, solo estaba sentado, completamente quieto. Don Eusebio entrecerró sus ojos y entonces notó algo que le provocó un escalofrÃo. Los ojos del perro no tenÃan el brillo normal. ParecÃan completamente negros, negros como la noche. El anciano dejó de arar por un momento y le preguntó al perro levantando la voz.¿ Qué tienes, viejo? Pero el animal no reaccionó, no ladró, no movÃa la cabeza, solo observaba con esos ojos oscuros.
48:01 Don Eusebio sintió un nudo en el estómago. Intentó convencerse de que era la distancia O la luz del atardecer Asà que siguió trabajando Pero durante el resto de la tarde Cada vez que levantaba la vista El perro seguÃa ahà Mirándolo Cuando finalmente guardó las herramientas Y caminó hacia la casa El perro seguÃa en el mismo lugar Sentado Esperándolo El anciano murmuró Bueno, pues¿ qué te pasa hoy? El perro no respondió, solo lo siguió con la mirada mientras él subÃa el porche. Aquella noche el ambiente se sentÃa raro. El perro no se separaba de él, lo seguÃa por la casa, demasiado cerca. Pero lo hacÃa sin hacer ningún ruido, sin jadear, sin mover la cola. A veces don Eusebio volteaba y encontraba al animal justo detrás de él. observándolo con esos ojos completamente negros. El anciano comenzó a sentirse incómodo. HabÃa vivido muchos años en el campo y sabÃa reconocer cuando algo no estaba bien. Esa noche decidió bajar al sótano para revisar unas herramientas. Era un sótano pequeño debajo de la casa, una habitación de
49:32 tierra húmeda donde guardaba cosas viejas. Cuando abrió la puerta y empezó a bajar las escaleras, el perro lo siguió. Pero justo cuando iba a entrar al sótano, don Eusebio sintió algo. Un miedo extraño. Algo dentro de él le dijo que no dejara entrar al perro. Asà que bajó rápido y cerró la puerta detrás de sÃ. El perro quedó arriba. Por un momento se escucharon sus pasos caminando sobre el piso de madera. Luego silencio. Don Eusebio encendió una pequeña lámpara en el sótano. La luz iluminó las paredes de tierra y entonces vio algo en una esquina del cuarto. Algo tirado en el suelo. Al principio pensó que era un saco viejo, pero cuando se acercó, su corazón se detuvo. Era su perro, el verdadero. El pastor alemán estaba tirado ahÃ, inmóvil, sin vida. Su cuerpo estaba rÃgido, como si llevara horas ahÃ. Don Eusebio sintió que el frÃo le recorrÃa la espalda, porque entonces comprendió algo horrible.
50:49 Si su perro estaba ahà abajo, entonces,¿ qué era lo que habÃa estado caminando con él por toda la casa? Desde arriba se escuchó un ruido, un rasguño en la puerta. El anciano se quedó paralizado. El rasguño volvió a escucharse, luego un pequeño gruñido. Don Eusebio agarró lo primero que encontró para defenderse, y eso era un machete viejo que guardaba entre las herramientas. Respiró hondo, subió lentamente las escaleras y abrió la puerta. La casa estaba en silencio, pero cuando entró a la sala, lo pudo ver. El perro estaba sentado en medio de la habitación pero ya no parecÃa un perro normal. Su hocico estaba abierto de una forma imposible, como si la mandÃbula se hubiera descolgado. La boca caÃa demasiado hacia abajo, mucho más de lo que cualquier animal podrÃa abrirla. Y de esa boca salÃa un sonido bajo, un gruñido húmedo. Los ojos seguÃan siendo negros como carbón. La criatura giró lentamente la cabeza y hacia el anciano. Don Eusebio levantó el machete y con mucha autoridad le dijo, lárgate de mi casa. La cosa sonrió, o al menos eso parecÃa, porque su boca se abrió
52:22 aún más. Entonces el anciano se lanzó sobre él con el machete en mano. La criatura reaccionó de inmediato, saltó hacia un lado con una velocidad imposible, corrió por la sala y y atravesó una ventana, rompiendo el vidrio por completo, y desapareció en la oscuridad del campo. Don Eusebio se quedó de pie, respirando agitado. Desde esa noche todo cambió, nunca volvió a trabajar la tierra hasta tarde. Siempre entraba a la casa antes de que oscureciera, y más de una vez decÃa que, cuando miraba hacia el campo, Por la noche, veÃa una sombra de perro recorriendo los lÃmites de su terreno, caminando entre la oscuridad, observando la casa.
53:18 Muchos pensaban que el viejo estaba imaginando cosas, pero don Eusebio siempre juró que lo que vio no era su perro y que algo habÃa intentado quedarse en su casa. Usando la forma de su único amigo, El anciano siguió viviendo ahà muchos años más, hasta que finalmente falleció. Pero algunos vecinos dicen que todavÃa, en ciertas noches sin luna, se puede ver una sombra de perro caminando por ese terreno. Un perro que no ladra, que no hace ruido y que mira la casa con ojos completamente negros. Y bueno, criptomaniacos, por hoy hemos terminado estas historias de terror que nos han mandado. Agradezco mucho que estén mandando sus historias y los invito a quienes todavÃa no han mandado o si tienen alguna experiencia paranormal que quieran compartir, que las manden a mis redes sociales, ya sea a mi Instagram o a mi Facebook. Mi Instagram son lacrypta96 y mi Facebook es lacryptaembrujada, al igual como aparece aquà en YouTube. Los invito también a que vean los videos paranormales que estoy posteando en Crónicas de la Cripta, un canal aquà de YouTube,
54:49 donde les muestro videos aterradores. Es un segundo canal. Ahora sÃ, sin más por decir, yo me despido, criptomaniacos. Espero les hayan gustado las historias, y si es asÃ, me apoyarÃan mucho hypeando el video, para que de esa manera se siga recomendando más en la página de YouTube. Ahora sÃ, sin más por decir, Les deseo buenas noches y unas aterradoras pesadillas.
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