1 Hora de Relatos nunca antes contados de POLICIAS Y MILITARES / RELATOS DE HORROR
0:17 El siguiente relato viene de parte de Adam Reyes. La experiencia que les quiero platicar perteneció a mi padre. Mi padre hace muchos años ya se dedicaba a ser policÃa. Ãl era policÃa municipal ahà en su pueblo natal. A pesar de ser policÃa, él nunca conoció ninguna patrulla. TenÃan una camioneta, la única. Todos los policÃas se movÃan a caballo. Y era lógico. En aquel pueblo, los caminos de terracerÃa, las veredas, los senderos, eran muy escabrosos. Por lo tanto, llevar una patrulla a ese tipo de caminos serÃa muy poco práctico. Asà que lo mejor era cabalgar. Mi padre y su compañero caminaban. casi siempre les tocaba el turno de noche en algunas veredas muy peligrosas del pueblo y siempre les llamaba la atención algo cercano al pueblo habÃa una hacienda para explicarles mejor una hacienda es como una mansión pero en el campo es muy grande muy extensa tiene un terreno muy amplio para animales y también para ganado esta hacienda pertenecÃa a un hombre con mucho poder pero como bien dicen a veces las personas con mucho poder siempre tienen algo que ocultar Resulta que este hombre fue arrestado algunos meses después y mi padre que siempre
1:48 veÃa aquella hacienda a la distancia. Aquella noche le tocó ir hacia ella. Al hombre ya lo habÃan arrestado, pero toda la hacienda tenÃa que ser custodiada. TenÃa cosas de mucho valor y también habÃa algunas pruebas, algunas evidencias que también tenÃan que ser custodiadas. Al parecer al hombre lo estaban interrogando porque era sospechoso. de algunos temas muy turbios que por respeto a tu audiencia voy a ahorrarme el caso es que este hombre estaba en prisión y a mi padre por ser siempre casi el elemento del turno nocturno lo mandaron a aquella hacienda cuando mi padre y su compañero iban entrando tan pronto los policÃas que estaban custodiando esta hacienda los vieron fueron hacia ellos e inmediatamente relevaron el turno como si aquellos policÃas estuvieran huyendo de algo como si no aguantaran ni un minuto más en aquella hacienda a mi padre se le hizo extraño pero al final de cuentas continuó con su trabajo no es una persona muy supersticiosa A él no le asustaban esas leyendas de duendes, fantasmas, etc. Asà que cuando le dijeron que en aquella hacienda pasaban cosas extrañas, como algunos poltergeist o entes paranormales, él no les hizo caso, al menos
3:22 hasta aquella noche. Mi padre llegó y empezó a rodear la hacienda como si fuera un vigilante. Cuando en eso él nota algo, Dentro de la hacienda hay muchas ventanas, y por una de estas ventanas él logra ver la sombra de alguien. Según tenÃa entendido, solamente tres policÃas se encontraban en aquella hacienda, y ninguno de ellos se encontraba en ese preciso instante adentro de la hacienda. Mi padre inmediatamente creyó que tal vez era algún ladrón. Una persona que querÃa sacar algunas cosas de la hacienda, pues, como te dije anteriormente, el hombre tenÃa mucho dinero. Y era más que obvio que también tenÃa joyas, relojes y algunas cosas más de valor. Mi padre se bajó del caballo, entró a la casa y empezó a registrar toda esta.
4:19 No habÃa luz. Asà que por lo tanto tuvo que iluminarse con una lámpara que llevaba en la mano. A pesar de que la lámpara iluminaba muy bien, él no pudo encontrar a nadie. Fue hasta el punto donde habÃa visto aquella sombra en la ventana y vio que era una especie de sala, un tapete enorme y el piso era de madera. Empezó a caminar por dentro de la hacienda hasta que en eso entraron sus compañeros. Le preguntaron que qué era lo que pasaba y mi padre no supo responderles. Después de un rato les dijo que habÃa visto una persona dentro de ahà y que habÃa entrado para asegurarse de que no estuvieran robando. sus compañeros le dijeron a veces se ven cosas extrañas los del turno del dÃa dijeron que se escuchan llantos incluso en la tarde con el sol llantos como de una mujer que provienen exactamente de esta área mi padre hizo caso omiso a eso les dijo que esas cosas no existÃan que tendrÃan que dejar de ser supersticiosos al final de cuentas todos salieron pero mi padre aún quedaba con la duda Se subió de nuevo al caballo, y empezó de nuevo a rodear la hacienda. Pasaron como unas tres horas, cuando mi padre de nueva cuenta, estaba pasando por enfrente de aquella ventana, y es que pudo ver de nueva cuenta.
5:50 A aquella sombra caminando en el centro de la sala, con la luz de la luna se podÃa ver muy bien Alex, según cuenta mi padre. VeÃa un vestido algo rojo o naranja, y un cabello largo. Era la sombra de una mujer. Pero como te expliqué, mi padre no es supersticioso, y lejos de que esto le provocara algo de temor, le invadÃa una incertidumbre.¿ Quién era la que estaba dentro de la hacienda y por qué se estaba ocultando? Inmediatamente cabalgó hacia esta, se metió esta vez más rápido que la vez anterior, pero a pesar de buscar en el primer y el segundo piso e incluso en los establos con su lámpara, No pudo encontrar a ninguna mujer.
6:37 Lo extraño es que siempre la veÃa en aquella sala. Siempre. No la veÃa en otra parte de la hacienda. En ese momento él se va. Empieza a rodear la hacienda, pero esta vez cercano a las ventanas. Y empezó a iluminarlas. Tal vez las sombras de la noche le hacÃan ver algo que no era. Tal vez algún sillón, algún mueble, con las mismas tonalidades de rojo que él veÃa, le daba la apariencia como de una mujer. Ya saben, a veces los objetos nos engañan, toman formas de humanos, cuando en realidad no lo son. Pero mi padre dice que por más que alusó, estuvo viendo las sombras y los muebles, ninguno tenÃa un color rojizo o naranja. Y ninguno daba el aspecto de un humano. Con más confusión que nada, mi padre comenzó otra vez a hacer su rondÃn, hasta que en eso, en punto de las seis de la mañana, cuando ya casi estaba amaneciendo, llegaron muchos oficiales, era como un operativo. Fueron inmediatamente a la casa y les preguntaron tanto a mi padre como a los otros oficiales si es que alguien habÃa entrado. Los tres dijeron que no, que la casa estaba asegurada. Alex, lo que me cuenta mi padre es que cuando los oficiales entraron y dieron precisamente en aquel lugar... donde mi padre habÃa visto a aquella mujer dos veces en la noche, se detuvieron. AhÃ
8:13 en aquella sala, arriba de aquel tapete, lo quitaron y comenzaron a abrir el piso. Lo comenzaron a talar, lo comenzaron a romper con hachas y con picos, con lo que sea. Abajo de aquel piso habÃa un hueco. dos oficiales descendieron por aquel hueco era como un hoyo que se encontraba tapado lo que sacaron de ahà fue el cuerpo de una jovencita obviamente ya sin vida en un estado muy deplorable pero lo que a mi padre más lo traumó fue que aquella misma jovencita traÃa el mismo vestido con el que veÃa aquella silueta en aquellas dos ocasiones Mi padre desde ese momento ya cree en lo paranormal, pues dice que aquella noche vio el espÃritu de aquella mujer manifestarse arriba en la casa, en el lugar donde se encontraba su cuerpo, como si quisiera avisar, como si quisiera llamar la atención para que encontraran su cadáver. Esa fue mi historia Alex, gracias por compartirla. Gracias por ver el video. Hola, buenas noches. Mi nombre es Madeline y
9:57 quiero compartirte, Alex, una experiencia que me causó mucho terror cuando la vivÃ. Verás, yo soy una persona que desde muy niña se me educó a ser un tanto independiente. Asà que cuando salà de la universidad y conseguà mi primer trabajo, tomé la decisión de salirme de mi casa lo más pronto posible. Esto no es por nada malo, me llevaba bien con mis padres, todo estaba bien, pero querÃa sentirme autónoma, querÃa sentirme independiente y que podÃa valerme por mà misma. Decidà empezar a buscar departamentos y me encontré con la cruda realidad. A veces la vida cuesta bastante.
10:45 Por más que hacÃa cálculos, a pesar de que tenÃa un buen trabajo, el transporte, la comida, la renta, a veces las cuentas no me salÃan. Todo esto fue decayendo más y más hasta que me tuve que ver en la necesidad. De ir rentando en sitios algo cada vez más precarios, esto quiere decir sitios con un Ãndice alto de criminalidad y a veces departamentos que ni siquiera valÃan el precio, eran departamentos que no tenÃan nada acondicionado y que se encontraban muy maltrechos. Pensé que esto era solamente una etapa, siempre tenÃa la fe en que todo mejorarÃa, y afortunadamente sà lo hizo. Ahora vivo mucho mejor, pero en aquel tiempo, aquellos departamentos siempre me persiguen en mi cabeza, porque siempre escuchaba ruidos extraños, siempre escuchaba peleas, e incluso, creo que en algunas ocasiones escuché detonaciones. Pero hubo un departamento en concreto, el cual me hizo temblar, el cual me perturbó tanto, que esa misma noche lo abandoné. Era un departamento el cual se encontraba solo a sus alrededores, era un edificio algo grande, los departamentos, las puertas de estos se encontraban al descubierto, solamente en medio habÃa una escalera en forma de caracol con el cual subÃamos todos los que estábamos rentando desde el primero hasta el quinto piso.
12:18 Mi puerta quedaba de frente, a la puerta del departamento de enfrente, o sea que cada vez que yo salÃa, me tenÃa que ver con la vecina, o al menos eso era lo que yo pensaba, pero después de estar ahà un breve momento, me di cuenta que⦠parecÃa estar sola⦠No veÃa a ningún vecino bajar por la escalera ni subir. Pero algo sà escuchaba. Y era el departamento de enfrente. Escuchaba algunos pasos. Y siempre escuchaba a una niña sollozar, como si esta ya no pudiera llorar. Lo primero que pensé pues es que era una familia conflictiva y que más valÃa mantenerme al margen. Acababa de llegar y no querÃa tener enemigos tan rápido. Aquella noche Alex pasó algo que simplemente no pude tolerar. No pude evadirlo.
13:15 Estaba acostada, yo lo recuerdo muy bien, cuando en eso empiezo a escuchar golpes, como de un cinturón. Y también escuché enseguida los gritos, los lloros. de tal vez una niña pequeña, que le pedÃa a su madre que por favor parara, lo pedÃa a gritos, pensé que tarde o temprano alguien irÃa a reclamarle, pero pasaban los minutos, pasaban las horas, y aquella mujer seguÃa, me preocupé bastante, Empecé a mirar por el ojo de pescado que tiene en la puerta y no veÃa a nadie afuera del departamento. Era como si a las personas que estuvieran cerca no les importara o tal vez fuera algo común. Pensé en llamar a la policÃa, pero lo primero que hice fue ir y tocar. Tal vez hablando se entiende la gente, pero pensaba muy bien que si la madre de aquella niña se ponÃa intensa también conmigo, tendrÃa que llamar a la policÃa ahora sÃ, encerrarme y llamarle. Para protegerme algo, empecé a grabar. En aquel entonces, mi celular estaba fallando mucho, asà que para grabar un audio o un video era una verdadera problemática. No me estaba yendo muy bien monetariamente, Asà que lo que hice fue grabar con una función que tenÃa mi reloj. Esa grabación duraba algunos minutos. Este reloj habÃa sido regalo de mi padre, asà que tenÃa algo más de tecnologÃa y se encontraba en buen estado.
14:48 Se podÃa pasar la grabación a una computadora, pero el único detalle es que solamente se almacenaba por unas 4 o 5 horas. Yo fui, activé el sonido, obviamente por si llamaba la policÃa a poder mostrarles¿ Cómo tenÃa aquella niña? Fui y toqué la puerta, pero nadie me atendió. Y adentro se escuchaban aquellos horribles sonidos. ParecÃa que la madre no le importaba. Poco a poco mi enojo fue creciendo y cada vez toqué con más y más fuerza la puerta, pero me ignoraba. llegó a tal punto de que tal vez casi la estaba aflojando de tanto golpe. Fue en este momento que vi que varios vecinos se estaban asomando por las ventanas solamente a verme a mà y solamente me veÃan. lo que me causaba mucho asombro porque,¿ cómo era posible que me estuvieran viendo a mà y que hubieran escuchado los golpes a la puerta y no hubieran escuchado los gritos de la niña? Fui de nuevo a cuenta a mi departamento, llamé a la policÃa y les dije que vinieran rápido.
15:54 A los pocos minutos llegó una patrulla. Los gritos ya habÃan cesado. El hombre subió. Era un hombre ya anciano, un policÃa que se veÃa con algo de experiencia. Yo le conté lo que habÃa sucedido. Y que tenÃa todo grabado, al menos en mi reloj, y que podÃa mostrárselo para que lo escuchara. El hombre simplemente me dijo, muchacha, tú eres nueva aquÃ, ¿verdad? Yo me le quedé viendo y le dije que sÃ, que acababa de llegar aquel dÃa. El policÃa simplemente se me quedó viendo y me dijo, mira, no te vayas a espantar. yo ya he atendido varias veces esta llamada me mandan siempre a mi cuando reconocen la dirección y siempre es una persona que acaba de llegar a los departamentos lo que tu escuchaste niña no existe en el departamento no hay nadie yo le dije que como que no traenÃa toda la grabación ahà en mi reloj Alex ocurrió algo que hasta el dÃa de hoy simplemente no comprendo Y hace que tenga miedo incluso en la noche, aunque esté en mi casa y rodeado de seres queridos. Siempre que recuerdo aquella escena, reproduje el audio del reloj y no se escuchaba nada. Se escuchaba el ruido del viento, mis pasos, pero los gritos, los cinturonazos, no se escuchaban, a pesar de que yo recuerdo haberlos
17:27 escuchado fuertemente mientras grababa. El reloj. no lo habÃa percibido el policÃa fue y abrió la puerta al parecer ésta tenÃa una falla no sabrÃa con la llave tenÃa una cierta maña el policÃa logró abrirla forcejeando la para mostrarme que adentro del departamento no habÃa nadie me dijo que hace muchos años ahà habÃa habitado una familia y que precisamente era una familia muy disfuncional, con una madre que se entregaba la bebida alcohólica, y que por este motivo, sus hijos perdieron la vida. Después de esto, la madre también perdió la vida, pero debido más bien al alcohol.
18:15 Los niños por otro lado, tuvieron un peor destino. Yo quedé muy asombrada y aterrada. Lo que habÃa escuchado eran los últimos lamentos de aquellas almas. Tal vez el último dÃa que pasaron con vida. Esa misma noche me mudé. Dejé muchas pertenencias aquella noche. Me fui a dormir con una amiga. Y al dÃa siguiente saqué todo lo que podÃa e igual al siguiente. Aquellos sonidos me persiguen aún hasta hoy. Esos sonidos tan aterradores y desgarrantes de aquel departamento. Y las palabras del policÃa simplemente te puedo decir que aún no puedo olvidarlas.
19:12 Gracias por ver el video. Hola Alex y hola comunidad de la cripta embrujada. Mi nombre creo que lo voy a mantener anónimo. La verdad es que no quiero compartir información personal de mà ni de ninguna de las personas que están dentro de este relato. Más que nada... porque son temas muy delicados, verán, antes de salir de policÃa, yo tuve un motivo por el cual, decidà ya no desempeñarme como tal, este motivo, se los voy a contar a continuación, creo que es bien sabido, Que en la policÃa existe... Corrupción... Eso está más que claro...
20:11 Pero ojo... No todos somos asÃ... Alex yo te puedo decir... Que yo no era de ese tipo de policÃas... Pero tristemente... Me tocó... Interactuar... Con policÃas asÃ... Hay alguien dentro de este relato... El cual... No puedo revelar su nombre... Asà que le vamos a decir Jorge... Jorge ahà en la central y con todos los demás elementos de la policÃa tenÃa una fama de ser corrupto. TenÃa una fama de tener contactos con cédulas criminales. TenÃa fama también de que no te tenÃas que meter con él si es que no querÃas desaparecer de la nada. Se decÃa de él un dÃa tras otro y tras otro. A pesar de eso, Jorge era muy jovial. Yo traté de llevármela bien con él, simplemente no provocarlo. Pero ocurrió algo, algo que estaba fuera de mis parámetros, fuera de mi alcance, algo que estaba fuera de mi control. Y es que en un patrullaje me llamaron. Yo junto con otros tres policÃas... Fuimos a la zona donde habÃa estado la llamada... AhÃ... HabÃa habido varias detonaciones de armas... Y curiosamente nos encontramos con Jorge...
21:33 Con ropa de civil... Los policÃas que habÃamos sido... Ãramos muy inexpertos... Ãramos policÃas... Nuevos... Asà que nos advirtió algo... Que de aquella noche... Nos iba a decir nada al respecto... A nadie... Yo acaté la orden Alex... Con mucha pena te lo digo, pero ocurrió que semanas después, Jorge y otro grupo de policÃas, que también estaban coludidos con él, nos encontramos y me invitaron a que los acompañara, a que un brujo les rezara. Según ellos, esto los mantendrÃa fuera del peligro. Y es que las cosas en aquella época estaban muy calientes. Bueno, siempre hubo un estado, pero en aquella época, al menos en aquella zona, estaba peligroso.
22:22 Llegamos con aquel brujo, el cual se me quedó viendo de manera muy extraña. Mientras barrÃa a los demás oficiales, les rociaba cierto lÃquido y empezaba a hacer sus rezos. Siempre notaba que de reojo, iba y me miraba y después sonreÃa después de acabar tal vez como unos 40 minutos nos llevó a estar en aquel local del brujo terminó con todo lo que tenÃa que hacer y justamente antes de irnos me llamó a mà les dijo a los demás policÃas que nos dejaran solos que tenÃa que hablar conmigo cabe destacar que durante toda la visita yo solamente observé No quise meterme en nada, y si era que el brujo me querÃa ofrecer algo, lo iba a declinar respetuosamente.
23:16 Aquel brujo me empezó a decir algo Alex, que hasta el momento no se me sale de la cabeza, y es que se los quiero compartir ahora. Aquel brujo me dijo que yo tenÃa mucha luz, que yo tenÃa un ser de luz muy grande y que eso significaba que era una persona extremadamente buena, que no me juntara con aquellos policÃas, que yo contrastaba con el aura que ellos tenÃan. Ãl empezó a decirme que todas las personas tenemos bondad y maldad en nuestro cuerpo. pero que estos también nos acompañan, como si fueran unos acompañantes eternos, uno al lado del otro.
24:00 Todas las personas sin excepción, caminamos y tenemos un ser de luz a un lado y un ser de oscuridad al otro. Creo que es lo que comúnmente pensamos como ángel de la guarda y el ángel malo. También él me explicó que conforme vamos haciéndonos mayores, Por ejemplo, los niños, comúnmente, a excepción de algunos casos muy extremos, por lo regular siempre tienen al ser de luz más grande que al ser de oscuridad. Y conforme vamos llegando a más edad, el ser de oscuridad va creciendo hasta que le llega al mismo tamaño que al ser de luz. Ãl me explicó que estos seres, Ãl puede verlos, que ha sido bendito con un don y que los puede ver. Me platicó también que los seres de oscuridad son muy feos, tienen una cara pálida, son como unos gemelos con nosotros, tienen nuestra misma cara, pero algo deformada, con un aura de maldad, muy delgada. completamente pálida y que nos observan con unos ojos blancos y sin vida, muy contrario a nuestro ser de luz que es solamente una silueta, algo transparente.
25:19 Y que brilla. Ãl me contó que todos tenemos esos dos, y que los policÃas que iban conmigo, su ser de luz, su aura, en la gran mayorÃa de ellos, era casi inexistente. Que me cuidara de ellos, porque eso solamente significaba una cosa. que aquellas personas eran traicioneras no tenÃan valores y primordiaban su vida y sus necesidades por sobre las demás incluso por sobre su misma familia como podrÃa ser su esposa o hijos eso hace que este ser oscuro y tenebroso con el cual todos portamos tome más tamaño y se haga más fuerte Después de decirme esto, yo salà con una cierta duda en mi cabeza. No sabÃa si lo que me estaba diciendo era puro choro, pero la última advertencia me dejó pensando aquella noche. CuÃdate de esos policÃas, porque ellos te pueden traicionar. Te pueden traicionar esta noche, y a la mañana siguiente andarán con una sonrisa. porque no les importa nadie excepto ellos mismos pasaron las semanas Alex y recuerdas el suceso que te conté con Jorge el de las detonaciones que cuando llegamos lo vimos a él en la zona y que nos pidió no decir nada al respecto bueno ocurrieron cosas extrañas uno de los policÃas con los cuales yo iba aquella noche desapareció y
26:53 al otro le quitaron la vida en un asalto lo más curioso es que se manejó como un asalto pero no le robaron nada ni el celular ni la cartera lo dejaron ahà yo tenÃa mucho miedo en ese momento Alex pensé que tal vez Jorge se estaba encargando de los cabos sueltos tomé una decisión que era abandonar la policÃa Yo esto lo llevé con mucho, mucho silencio. Muy metódico. Le pedà a la secretaria que no dijera nada. No querÃa levantar sospechas. Pero en los últimos dÃas, recuerdo que Jorge entró a la central, me vio, y de manera muy insistente, me empezó a pedir que lo acompañara. Que habÃa un trabajo. A lo que yo me negué. Hasta después a los minutos volvió. Me preguntó si lleva de salida.
27:44 A lo que yo le dije que sÃ. Y me invitó a beber a una cantina. Yo volvà a declinar la oferta. Y asà siguió, invitándome a un antro y después a lugares más bajos. Que por unas chicas me dijo. Yo volvà a denegar su oferta. Jorge se encontraba muy molesto. Yo sabÃa que algo me querÃa hacer porque de otro modo no estarÃa tan insistente y molesto de que siempre declinara la oferta de salir con él. Ãl tenÃa planeado aquella noche algo para mÃ, y gracias a mi negación, creo que pude salvarme de este. Cuando ya me iba de la policÃa, volteé al retrovisor Alex, y vi a Jorge, que se encontraba reclinado en una barda, observándome. Tomé la decisión de llamar a mi familia más que nada para que me acompañara, pero eso sÃ, lo último que vi de Jorge, reclinado en aquella pared, también pude ver otra silueta, otra silueta que parecÃa su gemelo, otra silueta que tenÃa su mismo rostro, pero su cuerpo algo cambiado, este cuerpo era muy delgado. Sus ojos eran blancos, su piel parecÃa enferma, sus extremidades como sus manos estaban excesivamente alargadas. Aquel extraño hombre que estaba a su lado también parecÃa tener un tamaño más grande al de él. Cuando yo me percaté de esto, Detuve la camioneta, saqué mi cabeza y volteé a verlo. Todo esto lo habÃa visto por el retrovisor.
29:11 Cuando volteé a verlo, Alex, Jorge solamente me hizo con una seña diciéndome adiós. Para este momento, ya no habÃa nadie parado a un lado de él. Aquel extraño ser habÃa desaparecido por completo. Desde aquella vez, Alex, yo he pensado en las palabras de aquel brujo. Será cierto, todos nosotros somos acompañados por un ser de luz y por un ser de oscuridad. Será cierto que conforme vamos tomando nuestras decisiones, afectamos uno al otro. No lo sé, simplemente es algo que quiero compartir contigo y con tu comunidad. Saludos a todos y espero puedan opinar de mi experiencia.
30:12 Yo estuve ahÃ. Lo que les voy a contar pasó en Sonora, a principios del año 2010. A veces pienso que lo imaginé, que fue una alucinación por el cansancio o por las historias que contábamos entre guardias. Pero no, no fue eso, yo lo vivÃ. Nos habÃan asignado un retén sobre una carretera secundaria al norte del estado. Una vÃa tan deteriorada y poco transitada que la mayorÃa de los locales preferÃan rodearla en carretas o por brechas de tierra.
30:57 Estábamos en medio de la nada, rodeado de cerros pelones y monte espeso. La señal del radio era intermitente. y la temperatura bajaba tanto en la madrugada que el uniforme no bastaba para quitarte el frÃo que te calaba hasta los huesos. Ãramos seis soldados y un sargento. Por las noches hacÃamos turnos de vigilancia mientras el resto descansaba dentro del transporte blindado. Aquella madrugada, justo a las tres, me encontraba de pie junto a la barrera metálica, viendo como la niebla bajaba y empezaba a colocarse entre las piedras y los matorrales, todo estaba en silencio, hasta que vimos unas luces, eran dos, pequeñas al principio, pero intensas, tenÃan un rojo brillante, VenÃan de lejos, por la carretera, avanzando lentamente.
32:15 No era la luz de un coche, ni de una moto. No titilaban, no se sacudÃan, sino que flotaban. Uno de los muchachos, el más joven, el soldado Núñez, murmuró sin dejar de mirar.« Esas son brujas», Mi abuela decÃa que aquÃ, en esta zona, salen a volar a las 3 de la mañana. Todos nos reÃmos, brujas, en pleno siglo XXI,¿ tú crees en esas cosas? Y también traen escoba y caldero, Núñez, le dijo el sargento burlándose. Pero a pesar de las risas, ninguno de nosotros se atrevió a acercarse. Las luces seguÃan flotando, avanzando con una calma antinatural. ParecÃa que danzaban entre sÃ, girando en el aire, subiendo y bajando sobre la carretera.
33:21 A veces se metÃan entre el monte, como explorando, y después... como si algo las llamara, desaparecieron detrás de un cerro, sin dejar ni un solo rastro. Pasaron varios minutos antes de que alguien dijera algo. Volvimos a nuestra rutina, como si no hubiera pasado nada, aunque el ambiente se quedó tenso, espeso como la niebla. Una semana después, durante otro turno nocturno, Sentà la necesidad de alejarme un poco del retén, pues querÃa hacer del baño, y aparte también querÃa estirar las piernas.
34:07 Le pedà a Pérez, un compañero, que me acompañara. Por protocolo, no debÃamos ir solos. Les tengo que recordar que estábamos en una zona árida y completamente despoblada. Caminamos unos 100 metros hacia un monte cercano. Llevábamos nuestras lámparas de cabeza. Y con cuidado avanzamos entre piedras y ramas secas. Fue ahà cuando la vimos. Una mujer. Sola. Caminando entre el monte.
34:48 Estaba a unos 20 metros. De espaldas. TenÃa el cabello largo y suelto. Y un vestido blanco. que apenas se distinguÃa por el reflejo de nuestras luces. No era normal. Nadie camina por esa zona a esas horas, y menos sin linterna.â¡ Oiga!â le grité. La mujer se detuvo. Volteó lentamente. No olvidó su rostro. Era antinatural, como si no estuviera hecha para este mundo. Su piel era grisácea, sus ojos grandes y negros como pozos, y su sonrisa, una mueca enorme que se extendÃa más allá del humano. Y entonces lanzó una carcajada.
35:45 No era una risa cualquiera, era un chillido seco, rasposo, como si la garganta le estuviera echando brazos. De un salto, el cuerpo de la mujer se elevó y se encendió. Aunque no me lo crean, Alex, aquella mujer se encendió y se transformó, ahà frente a nosotros, en una bola de fuego. Una esfera roja e hirviente, igual a las que habÃamos visto aquella noche. Flotó unos segundos, como burlándose.
36:26 Luego salió disparada hacia los cerros, dejando una estela de calor y risas que se desvanecÃan en el aire. Pérez y yo nos quedamos paralizados, temblábamos, no dijimos nada. Solo corrimos de regreso al retén, tropezando con piedras, arañándonos con ramas, sin siquiera voltear atrás. Cuando llegamos, los demás nos vieron pálidos, sin aliento. Nos preguntaron qué habÃa pasado. Se los contamos. No se rieron de nosotros. Esta vez nadie se rió. Porque, aunque no todos lo admitieran, sabÃan que lo que habÃamos visto no era una ilusión. Ya lo habÃan sentido una semana antes. aquellas bolas de fuego, no eran cuentos de abuelas, no eran bromas, eran reales, y volaban sobre Sonora, justo a las 3 de la mañana, desde entonces, cada vez que me toca un puesto en la sierra, y se acerca esa hora maldita, cargo mi arma con manos temblorosas, aunque sé que una bala no sirve contra eso, Contra el fuego del diablo. Contra las brujas. Esta fue mi experiencia Alex.
38:03 Gracias por compartirla. Mi nombre es Ãngel. Fui militar activo durante más de una década y si hay algo que aprendà en esos años es que hay cosas allá afuera que no tienen explicación y que es mejor no buscarlas. CorrÃa el año de 2014, nos encontrábamos en el sur de México patrullando una zona selvática cercana a la frontera. Nuestro convoy era de cuatro camionetas artilladas, con doce soldados bien armados, avanzando lentamente por un camino angosto de terracerÃa, apenas abierto entre la vegetación. La selva es densa allá, oscura, húmeda y siempre viva. Pero de noche se vuelve algo distinto.
39:24 como si respirara, como si estuviera esperando algo. Pasaban de las dos de la mañana. Llevábamos horas sin encontrar señal de movimiento, ni gente, ni animales, solo el zumbido de insectos y el crujido de las hojas bajo las llantas. Yo iba en primera unidad. En la parte trasera, atento, viendo hacia la selva. Fue entonces cuando lo vi, un niño, caminaba al borde del camino, casi pegado al monte, tenÃa la cabeza agachada y los brazos colgando, como si estuviera exhausto, no llevaba zapatos, vestÃa con harapos, apenas un trapo colgando del cuerpo. La piel de sus piernas y brazos estaba cubierta de barro y picaduras, pero lo que más me llamó la atención fue su color. Era morado, no oscuro, solamente morado. No era un color que alguien adaptarÃa por el frÃo o la suciedad. Su piel tenÃa un tono entre púrpura y grisáceo, como si no le corriera sangre por el cuerpo. como si ya no estuviera vivo, alto,
40:56 le grité, las camionetas se detuvieron en seco, saltamos varios de nosotros, rodeándolo con cuidado, el niño apenas levantó la mirada, y cuando lo hizo, sentà que se me encogÃa el alma, sus ojos, no tenÃan pupilas, ni blancos, eran completamente negros, como dos hoyos en medio del rostro. Uno de los muchachos dijo en voz baja,¿ Y ese niño?¿ Qué chingados hace hasta ahora? Debe estar perdido, respondÃ, tratando de mantener la calma. Hay que llevarlo al pueblo más cercano. El niño no dijo ni una sola palabra a Alex, pero cuando abrimos la puerta trasera de la camioneta, subió sin poner resistencia. Se sentó en una esquina, mirando al frente, quieto, sin parpadear. El resto del camino, nadie habló. Yo no pude dejar de mirarlo por el retrovisor. TenÃa algo, algo en su apariencia. que me llamaba mucho la atención, pero de una forma mórbida. No se movÃa, no respiraba fuerte, no sudaba, y aunque Ãbamos por un camino de baches,
42:27 él no se sacudÃa como nosotros. ParecÃa que iba muy, pero muy, quieto, casi como tieso. Tardamos alrededor de una hora en llegar al pueblo. un caserÃo de unas cuantas casas de madera, con luz apenas suficiente para alumbrar las calles de tierra. Cuando nos detuvimos, giré para avisarle al niño que ya habÃamos llegado, pero ya no estaba. La camioneta seguÃa cerrada, nadie la habÃa abierto y el niño ya no estaba ahÃ. Ni una marca de sus pies, ni un rastro. Pregunté a los demás si lo habÃan visto bajar. Pero todos me negaron con la cabeza. Algunos pensaban que lo habÃamos imaginado. Que tal vez fue una alucinación por el cansancio, pero no. Todos lo vimos, Alex.
43:31 Todos vimos sus ojos. Al hablar con los pobladores... Les contamos lo que habÃa pasado. Un anciano nos miró con una expresión que nunca olvidaré. Un niño solo en la selva, de madrugada, nos dijo. No era un niño. Aquà se ven esas cosas, espÃritus, sombras, que buscan quien los mire. Algunos dicen que son almas perdidas, otros que son guardianes del monte. pero no son humanos. Otro poblador agregó lo siguiente, varias personas han fallecido en estas selvas, accidentes, enfermedades, hasta brujerÃa, muchos nunca fueron encontrados y a veces regresan. Esa noche acampamos cerca del pueblo, nadie durmió, Cada crujido entre los árboles nos ponÃa los nervios de punta. Cada sombra era una amenaza. El monte, lo veÃamos como si estuviera vivo.
44:50 Pero no como lo imaginábamos. Pero no como lo imaginábamos. Yo dejé el ejército como a los dos años después. Pero aún hoy, al cerrar los ojos, recuerdo esa cara. esa piel morada, esos ojos negros, y me pregunto,¿ qué habrÃa pasado si no hubiera subido solo? Si alguno de nosotros lo hubiera tocado, si le hubiéramos preguntado su nombre, quizás fue mejor asÃ, quizás solo querÃa que lo viéramos, quizás ese niño aún sigue vagando por aquella selva. No sé si alguien vaya a creerme, en el ejército todos tenemos historias que parecen mentira, pero la que voy a contarles...
46:07 Esta no la leà en un libro, ni la escuché en una fogata. Esta la vivÃ, y hasta el dÃa de hoy no puedo explicarla. Solo sé que cada vez que paso por Chihuahua, evito esa zona, y que por las noches aún sueño con ese rostro. Era el año 2013. Yo formaba parte del destacamento militar en Chihuahua, nos habÃan asignado la vigilancia de un pequeño pueblo fronterizo, de esos donde el calor del dÃa te calcina hasta los huesos, y las noches tienen un frÃo muy devastador. Estábamos haciendo rondines perimetrales, en una de estas tantas madrugadas, donde ya no sabes si tienes sueño o si solo estás vacÃo por dentro. Ãbamos cuatro en la unidad, una camioneta artillada, con los faros encendidos, cortando la oscuridad del desierto. A ambos lados de la carretera solo habÃa monte seco, cactus, piedras y más oscuridad. Nada más. Era un silencio denso, interrumpido solo por nuestras voces. Yo iba hablando con el cabo Reyes y el soldado Lugo sobre cosas banales, tratando
47:40 de mantenernos despiertos. Entonces la escuchamos. Un aleteo, fuerte, como el batir de alas enormes. No era un murciélago, ni un ave común. Era grave, pesado, como si una manta gigante estuviera batiéndose en el aire sobre nosotros. Instintivamente alzamos la vista y lo vimos. Volaba por encima de la camioneta. No puedo describirlo sin que me tiemblen las manos. Era un hombre o algo parecido. con un cuerpo musculoso pero delgado, cubierto de una especie de piel negra como cuero quemado, tenÃa alas, unas alas enormes, como las de una polilla o un murciélago, que se abrÃan y cerraban con fuerza, pero lo peor era su cabeza, tenÃa la cara de una mosca, dos ojos enormes rojos, compuestos, que brillaban con el reflejo de los faros, unas antenas que se agitaban al viento, y un zumbido, como si respirara por dentro de nosotros.â¡ Pero qué chingados es eso!â gritó Reyes, mientras
49:14 Lugo se encogÃa en su asiento. La criatura descendió un poco, siguiéndonos desde el aire, como si nos estudiara. Iba a la par de la camioneta, flotando, con sus ojos fijos en nosotros. Se podÃa sentir su presencia, densa, como si el mismo aire se volviera más pesado. Yo agarré mi arma sin pensarlo y grité fuego. Las ráfagas comenzaron. Los cuatro abrimos fuego hacia arriba. Las balas cortaron el silencio de la madrugada y por unos segundos solo escuchamos el eco de los disparos retumbando entre los cerros. Si te soy sincero, Alex, abrimos fuego más por miedo que por un aire de supervivencia. La criatura soltó un chillido, un sonido agudo, chirriante, como metal raspando contra el metal, y se elevó con rapidez, alejándose en la oscuridad hasta perderse más allá de los riscos. Detuvimos la camioneta de golpe.
50:37 Nadie hablaba, nadie se atrevÃa a bajar, solo nos mirábamos. respirando agitadamente, esperando que regresara, pero no volvió. Estuvimos ahÃ, inmóviles, como tontos, pero al menos veinte minutos, pero por al menos veinte minutos, luego arrancamos de nuevo y regresamos al destacamento, sin decir palabra alguna. No hubo risas, ni bromas, ni excusas. SabÃamos lo que habÃamos visto. Al dÃa siguiente, lo reportamos con el capitán. No nos creyó, por supuesto. Dijo que seguro habÃamos confundido un animal con la falta de sueño, que tal vez fue un búho o un murciélago grande.
51:37 Pero entre nosotros, los que estuvimos ahÃ, sabÃamos la verdad. Eso no era un animal. Eso pensaba, observaba y volaba como si el cielo le perteneciera. Con el tiempo, uno de los soldados comenzó a llamarlo el Hombre Pulilla. Yo conocà a la leyenda, esa del Mothman gringo, pero nunca imaginé que algo parecido pudiera aparecerse aquÃ, en medio del desierto.¿ Era una criatura real?¿ Un espÃritu?¿ Una malformación de la naturaleza?
52:21 La verdad es que no lo sé. Solo sé que nos siguió por más de un kilómetro, que nos miró con esos ojos inhumanos, y que desde entonces nunca más me sentà seguro bajo el cielo nocturno Si alguna vez, estando en el desierto, escuchas un aleteo pesado sobre tu cabeza, no mires arriba, y si lo haces, reza para que no te vea. Cuidado con el encuentro del hombre polilla.
53:18 Era mi segunda semana destacamento. Perdón, era mi segunda semana destacamentado en aquella sierra olvidada de la mano de Dios. Allá por el estado de Guerrero, El puesto era temporal, improvisado, como tantos otros que habÃamos montado en las montañas del sur. TenÃamos una pequeña base hecha con lona, sacos de arena y ramas para cubrir del frÃo y del sol, aunque ni lo uno ni lo otro podÃa. Se podÃa haber evitado del todo. En la noche era helada, no se escuchaba nada más. y de vez en cuando algún coyote aullando a lo lejos. El silencio empezaba a pesar, el cansancio se colaba como plomo por los huesos. Me habÃa dormido poco la noche anterior y mi cuerpo ya no podÃa más. Me encontraba vigilando mientras todos mis compañeros dormÃan.
54:30 Luchaba por mantener los ojos abiertos, mirando sin ver realmente cuando escuché algo, pasos, leves, lentos, como si alguien caminara, entre la jorasca, entre la hojarasca, y las piedras, me incorporé de inmediato, tomé el fusil, y me quedé quieto, intentando ubicar de dónde venÃan, y entonces lo vi, Un soldado salÃa de entre los árboles, caminando hacia mÃ, con paso firme, pero tranquilo. Llevaba el uniforme completo, chaleco táctico, botas, hasta el casco bien puesto. No traÃa su arma visible, pero se veÃa relajado. Apenas lo vi, me tranquilicé. Pensé que era alguno de mis compañeros que habÃa salido a hacer del baño y estaba regresando por otro lado. No era común, pero podÃa pasar. Lo extraño era que venÃa desde el monte y todos los caminos estaban detrás de mÃ.
55:54 Ya es mi turno, me dijo con voz serena y casi suave. Puedes irte a descansar. No pregunté nada. No sé si fue el agotamiento o que en ese momento simplemente no quise pensar. Solo asentà con la cabeza y me levanté. Mientras me alejaba, escuché cómo se sentaba en la roca que yo acababa de dejar. Me parecÃa raro no haberlo reconocido por la voz, pero el sueño ya me nublaba la mente. Cuando llegué al campamento, vi al soldado Medina, vi al soldado Medina sentado afuera de la tienda, tomando café. Ãl me vio y me preguntó,¿ ya te relevaron? SÃ, le respondÃ, acaba de llegar uno de los muchachos. ¿Quién?
56:57 No sé, no lo vi bien, venÃa del monte. Pensé que era Figueroa o Talavera. Medina frunció el ceño. Talavera está dormido y Figueroa está en el otro flanco. No ha salido de su puesto. Me detuve. Sentà que un frÃo raro me bajaba por la espalda. Muy distinto al del clima.¿ Cómo que no ha salido? Le dije. No, te lo aseguro. Nadie te fue a relevar. Ambos nos levantamos de inmediato y fuimos al puesto donde yo habÃa estado.
57:39 Y ahà ya no habÃa nadie. Solo la roca, la misma roca donde me habÃa estado quedando toda la noche. No habÃa huellas ni señales de que alguien se hubiera sentado ahÃ, como si nunca hubiera habido nadie. Estábamos a punto de regresarnos al campamento, obviamente sumamente confundidos, cuando algo se movió entre los árboles. Nos quedamos quietos. Yo pensé que era un animal, pero entonces lo vimos. Ahà estaba, a unos 10 o 15 metros, parado entre la maleza. Era el mismo soldado que que me habÃa relevado mismo uniforme misma postura pero algo se notaba algo raro se le notaba algo distinto nos observaba con una sonrisa torcida y sus ojos no eran humanos estaban como que hundidos negros como dos pozos sin fondo su piel se veÃa pálida casi azulada por la luna, y de su boca colgaba algo que parecÃa una lengua oscura y muy larga. El rostro,
59:12 el rostro casi era como una máscara, como si algo estuviera fingiendo ser uno de nosotros. Medina alzó su arma, yo hice lo mismo, pero antes de que alguno de los dos pudiera decir o hacer algo, aquella cosa retrocedió, se giró e internó entre los árboles, deslizándose como si no caminara, como si flotara por el suelo, como lo harÃa una serpiente, y con esa misma agilidad. No disparamos, no podÃamos, no nos dio con la rapidez en la que se movió. Solo vimos desaparecer en la oscuridad a aquel extraño militar, que conforme pasaban más segundos, agarraba una apariencia mucho más mórbida. Esa noche no dormimos, ni yo ni Medina. En cuanto amaneció, hablamos con el sargento. Por supuesto, nos dijo que probablemente habÃa sido un sueño o una alucinación del cansancio, que no habÃa forma de que alguien estuviera en la sierra con uniforme militar si no era parte del batallón. Pero Medina lo vio igual que yo, y por mucho tiempo, mucho tiempo después, escuchamos a otros soldados,
1:00:49 contar historias parecidas, de sombras que toman forma humana, de entidades que se hacen pasar por compañeros para confundirte, espÃritus que habitan en las sierras, algunos dicen que son almas de soldados que ya no están en este mundo, otros que son algo más antiguo, algo que simplemente toma lo que encuentra útil. No sé qué fue lo que vi esa noche. Solo sé que, desde entonces, cuando estoy de guardia, nunca acepto un relevo sin preguntar primero su nombre.
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