1 Hora de Relatos de terror en Cementerios / Experiencias de Sepultureros que te daran pesadillas
0:11 Hola Alex, mi nombre es Ernesto RamÃrez, soy sepulturero y trabajé durante varios años en un pequeño cementerio ubicado en las afueras de un pueblo de Jalisco. Lo que voy a contarte ocurrió en 2018 y aunque han pasado varios años desde entonces, sigo recordándolo perfectamente. No fue algo que pudiera explicar, Ni antes, ni mucho menos ahora. Fue una experiencia que solamente me ocurrió una vez. Pero bastó para que jamás volviera a ver aquel lugar de la misma manera. En aquel entonces tenÃa 48 años y llevaba más de una década trabajando en el panteón municipal. Era un trabajo tranquilo. La mayor parte del tiempo me encargaba de limpiar tumbas, cortar la hierba, preparar espacios para entierros y realizar algunas reparaciones menores.
1:18 Durante el dÃa, era un sitio común y corriente. Las familias visitaban a sus difuntos, llevaban flores y limpiaban las lápidas. Pero durante la noche, el lugar era completamente diferente. No porque ocurrieran cosas extrañas todos los dÃas, Simplemente existÃa una sensación difÃcil de describir, como si el silencio fuera demasiado profundo, como si el lugar estuviera esperando algo. Aquella noche me encontraba realizando horas extra. Al dÃa siguiente habrÃa un entierro temprano y necesitaba terminar algunos trabajos antes de irme. Recuerdo que eran aproximadamente las once y media de la noche.
2:08 HabÃa luna llena, las nubes se movÃan lentamente sobre el cielo y el viento apenas agitaba los árboles que rodeaban el cementerio. Yo estaba acomodando unas herramientas cuando de repente en eso escuché pasos. No les di importancia al menos en primera instancia. A veces personas del pueblo entraban para visitar tumbas incluso a esas horas. Pensé que se trataba de alguien rezando por algún familiar. Continué trabajando. Sin embargo, unos minutos después, volvà a escuchar aquellos pasos. Eran lentos, constantes, como si alguien caminara entre los pasillos del cementerio. Levanté la vista y lo vi. Era un anciano. VestÃa ropa oscura.
3:07 Llevaba un sombrero viejo y caminaba con las manos detrás de la espalda. Lo extraño era que no parecÃa estar visitando ninguna tumba. Simplemente avanzaba, pasaba frente a las lápidas sin detenerse, como si estuviera recorriendo el lugar. Lo observé durante varios segundos, después volvà a mis actividades. No pensé demasiado en ello, pero aproximadamente media hora después... Lo vi nuevamente. Estaba caminando por otro pasillo, exactamente con el mismo ritmo, lento, silencioso, sin mirar hacia ningún lado. Aquello me pareció extraño, porque durante ese tiempo no habÃa visto que abandonara el cementerio.
3:59 Era como si hubiera estado caminando todo ese rato. Decidà acercarme. le dije buenas noches, el anciano no respondió, continuó avanzando, pensé que tal vez no habÃa escuchado, aceleré un poco el paso, y le dije señor, disculpe, pero nada, ni siquiera volteó, comencé a sentir cierta incomodidad, no porque pareciera peligroso, sino porque actuaba como si yo no existiera, seguà observándolo, Entonces ocurrió algo raro. El anciano giró hacia una sección antigua del cementerio. Era la parte más vieja del panteón.
4:45 Algunas tumbas tenÃan más de cien años. Muchas estaban abandonadas. Otras apenas podÃan leerse debido al desgaste del tiempo. Lo seguà a cierta distancia, pero cuando llegué al final del pasillo, ya no estaba. Simplemente HabÃa desaparecido. Miré alrededor. No habÃa nadie, ni una sola persona. Recorrà varias filas de tumbas, pero igual nada. Aquello me desconcertó, pero terminé convenciéndome de que simplemente lo habÃa perdido de vista. Finalmente terminé mis labores y me fui. Pensé que ahà terminarÃa todo, pero estaba equivocado.
5:32 la noche siguiente volvió a suceder, esa vez eran cerca de las doce, me encontraba cerrando una de las regas interiores, cuando vi nuevamente al anciano, exactamente igual, misma ropa, mismo sombrero, mismo caminar lento, sentà un escalofrÃo, porque ahora sabÃa que no era una coincidencia, lo observé durante varios minutos y descubrà algo, Siempre seguÃa la misma ruta. No faltaba una noche. Comenzaba cerca de la entrada principal, recorrÃa varios pasillos y terminaba en la misma sección antigua. Yo decidà seguirlo, esta vez sin perderlo de vista. Cuando llegó al área vieja del cementerio, avanzó directamente hacia una tumba especÃfica, una tumba de piedra bastante deteriorada Entonces ocurrió algo que todavÃa me cuesta explicar. El anciano siguió caminando y desapareció justo frente a la lápida. No detrás de ella, no al costado.
6:48 Simplemente se evaporó, como si se hubiera desvanecido. Me quedé inmóvil. Sentà como se me erizaba la piel. Caminé lentamente hasta la tumba. La iluminé con mi linterna. La lápida estaba cubierta de polvo, pero todavÃa podÃa leerse el nombre. Arriba decÃa, Don Ignacio Herrera. Debajo aparecÃa una fecha de fallecimiento. HabÃa muerto en 1974. Regresé a casa inquieto. Aquella noche apenas pude dormir. Al dÃa siguiente, hablé con uno de los trabajadores más antiguos del cementerio, un hombre llamado Julián. cuando le conté lo ocurrido, guardó silencio durante varios segundos, y luego me preguntó, oiga May, y traÃa sombrero, sentà un escalofrÃo, le contesté que sÃ, Julián bajó la mirada, y me dijo, entonces viste a Sadogne Ignacio, me reà nerviosamente, pensé que estaba bromeando, pero él no sonrió, me contó que muchos años atrás, Don Ignacio habÃa sido uno de los habitantes más conocidos del pueblo. Cada noche daba largas caminatas, sin importar el clima.
8:12 La gente estaba acostumbrada a verlo recorrer las calles. Después de su muerte, comenzaron los rumores. Algunas personas aseguraban verlo caminando por el cementerio, siempre siguiendo el mismo recorrido. Nunca hablaba, nunca miraba a nadie. Simplemente caminaba. Aquello me dejó pensativo, pero seguÃa creyendo que debÃa existir una explicación. Quizá alguien parecido. Quizá habÃa sido una confusión. Sin embargo, durante las siguientes semanas, continué viéndolo. No todas las noches, pero sà varias veces.
8:56 Siempre era igual. Siempre caminando. Y siempre... desapareciendo frente a aquella tumba jamás intentó acercarse jamás hizo algo agresivo solo caminaba era como observar una rutina repetida una y otra vez hasta que llegó la noche que cambió todo era octubre faltaban pocos dÃas para el dÃa de muertos habÃa permanecido trabajando más tarde de lo habitual eran aproximadamente las 2 de la mañana Y entonces, escuché pasos. Supe inmediatamente quién era. Lo vi aparecer entre las tumbas. Ãl comenzó a caminar.
9:41 Pero esa vez ocurrió algo diferente. Por primera vez se detuvo, y mi corazón comenzó a acelerarse. El anciano permaneció inmóvil durante varios segundos. Luego giró lentamente la cabeza y me miró. Fue la primera vez que vi su rostro con claridad. No parecÃa un fantasma aterrador. No tenÃa heridas. No tenÃa una apariencia monstruosa. ParecÃa simplemente un anciano. Pero sus ojos transmitÃan algo imposible de describir. Una tristeza enorme. Profunda. Como si estuviera buscando algo o a alguien. Nos observamos durante varios segundos... Después volvió a girarse, continuó caminando después de eso, y desapareció nuevamente frente a la tumba. Aquella noche decidà acercarme.
10:39 La lápida seguÃa allÃ, cubierta de polvo, silenciosa. Pero al iluminarla descubrà algo. HabÃa flores secas, alguien las habÃa dejado recientemente, y obviamente no habÃa sido yo. tampoco los familiares, porque don Ignacio ya no tenÃa descendientes vivos en el pueblo. Aquello me perturbó más que cualquier otra cosa, porque significaba que alguien seguÃa visitándolo, o tal vez que él seguÃa visitando su propia tumba. Nunca lo supe. Después de aquella noche no volvà a verlo. Pasaron semanas y luego meses, finalmente años. jamás volvió a aparecer, ni para mÃ, ni para ningún otro trabajador del cementerio, como si aquella serie de encuentros hubiera llegado a su fin. A veces me pregunto si todo habÃa sido producto del cansancio, del estrés, de las largas jornadas nocturnas que me tocaban, pero por alguna cosa no puedo deshacerme de aquel recuerdo. Las flores, yo las vi, Estaban ahÃ, y nadie pudo explicarme quién las habÃa llevado. Hoy ya no trabajo en aquel cementerio, me jubilé hace algunos años, pero cuando paso cerca del pueblo, todavÃa recuerdo aquellas noches. Recuerdo al anciano caminando entre las tumbas,
12:13 con las manos detrás de la espalda, siguiendo siempre el mismo recorrido, sin hablar, sin molestar. simplemente caminando, aunque han pasado muchos años, Alex, sigo convencido de algo, aquella persona que vi no era un visitante, no era un hombre perdido y tampoco era alguien del pueblo, porque desaparecÃa exactamente en el mismo lugar cada vez que iba, justo frente a la tumba de don Ignacio Herrera, el hombre que según todos los registros del cementerio, Llevaba más de 40 años de haber fallecido. Y desde entonces comprendà algo. Hay personas que se marchan y hay otras que, por alguna razón que jamás entenderemos, siguen recorriendo los mismos caminos incluso después de haber sido enterradas. La tumba recién abierta. Hola Alex, mi nombre es Ricardo Mendoza. Fui policÃa municipal durante más de 15 años en un pueblo pequeño del estado de Michoacán.
13:46 Lo que voy a contarte ocurrió en 2016 y fue una de las experiencias más extrañas que vivà durante mi carrera como policÃa. Hasta el dÃa de hoy, sigo sin encontrar una explicación lógica para lo que sucedió aquella noche en el cementerio del pueblo. En aquella época, me encontraba asignado al turno de noche. Era un trabajo relativamente tranquilo. La mayorÃa de los reportes consistÃan en personas alterando el orden. Algún conductor ebrio o problemas menores entre vecinos. Sin embargo, durante varias semanas comenzaron a llegar llamadas extrañas relacionadas con el cementerio municipal. Los habitantes aseguraban ver personas entrando al panteón durante la madrugada. Algunos decÃan que eran ladrones, otros creÃan que se trataba de jóvenes que entraban para hacer bromas.
14:50 Incluso hubo quienes aseguraban que veÃan luces moviéndose entre las tumbas después de la medianoche. La mayorÃa de nosotros pensaba que esto eran exageraciones. Aún asÃ, el comandante decidió que debÃamos vigilar la zona. Aquella noche me tocó patrullar solo. Eran aproximadamente las doce y media cuando recibà una llamada por radio. Un vecino que vivÃa cerca del cementerio afirmaba haber visto a varias personas entrar por una sección de la barda que estaba parcialmente derrumbada, me dirigà de inmediato al lugar, la carretera estaba completamente vacÃa, asà que no habÃa ningún problema, cuando llegué al cementerio apagué parcialmente las luces de la patrulla para no llamar la atención, el lugar se encontraba en silencio, más bien demasiado silencioso. Tomé mi linterna y comencé a caminar. El viento movÃa los árboles que rodeaban el panteón. Recuerdo que revisé los pasillos principales y no encontré nada, ninguna persona, mucho menos ninguna luz, ningún indicio de que alguien hubiera estado allÃ. Estaba a punto de regresar a la patrulla cuando observé algo extraño.
16:19 Una tumba o mejor dicho, una excavación, a unos 50 metros de distancia. Me acerqué y sentà un escalofrÃo. La tierra estaba removida, como si alguien hubiera cavado recientemente. Al iluminar mejor, descubrà que pertenecÃa a una tumba relativamente nueva. HabÃa sido utilizada hace apenas meses antes. La lápida seguÃa allÃ, pero la tierra frente a ella habÃa sido abierta. Mi primera reacción fue pensar que alguien intentaba robar algo. HabÃa escuchado historias de saqueos en otros lugares. Tomé fotografÃas con el teléfono oficial y reporté la situación inmediatamente. Mientras esperaba instrucciones, continué inspeccionando la zona. Entonces descubrà algo que era todavÃa más extraño HabÃa huellas, pero bastantes. ParecÃan salir de la tumba, no dirigirse hacia ella. Recuerdo haberme agachado para observarlas mejor.
17:34 La tierra estaba húmeda, las marcas eran claras. ParecÃa como si alguien hubiera caminado desde la excavación hacia uno de los senderos del cementerio, no al revés. Aquello no tenÃa sentido. Pensé que probablemente estaba interpretando mal las marcas. Sin embargo, cuanto más las observaba, más convencido estaba de que las huellas parecÃan alejarse, no acercarse a ella. La central me indicó que esperara al encargado del cementerio. Ãl llegó aproximadamente 20 minutos después. Era un hombre llamado Rogelio. Llevaba décadas trabajando ahà Cuando vio la tumba abierta se puso pálido y me dijo inmediatamente, no puede ser, no puede ser. Yo traté de tranquilizarlo preguntándole qué le pasaba. Rogelio permaneció en silencio y tartamudeando me respondió, es la segunda vez, es la segunda vez de esto. Aquello llamó mi atención, le pedà que me explicara. Según él, Algo similar habÃa ocurrido varios años antes. Una tumba pareció parcialmente abierta. Durante una madrugada, sin explicación alguna, cuando fueron a investigar, encontraron tierra removida
19:05 y huellas alejándose. Nunca descubrieron quién lo hizo, ni encontraron responsables. La historia terminó convirtiéndose en una leyenda local. Yo seguÃa pensando que debÃa existir una explicación racional. Sin embargo, aquella noche aún no terminaba. Mientras Rogelio inspeccionaba la tumba, escuchamos un ruido, un golpe seco, como si algo hubiera caÃdo. Los dos volteamos al mismo tiempo. El sonido provenÃa de una sección antigua del cementerio. Levanté la linterna, pero no vi nada. Solamente habÃa oscuridad. Entonces escuchamos otro golpe. Y luego otro. ParecÃa que alguien caminaba entre las lápidas. Comencé a avanzar. Rogelio me siguió. Recorrimos varios pasillos. El ruido continuaba y continuaba. Siempre un poco más adelante. Como si alguien estuviera alejándose. Llegamos hasta la parte más vieja del cementerio.
20:16 Las tumbas eran antiguas, algunas estaban agrietadas, otras cubiertas de maleza. Y fue entonces cuando vi algo, una figura, ahà a lo lejos, entre las lápidas. ParecÃa una persona, permanecÃa inmóvil. Mi corazón comenzó a acelerarse y tuve que gritar un grito de advertencia solamente. PolicÃa municipal, identifÃquese. la figura no respondió, yo avancé algunos metros, y en ese momento, este comenzó a caminar, no corrió, no se apresuró, simplemente caminó, hasta que este desapareció detrás de unas tumbas, corrà para alcanzarla, pero cuando llegué al lugar, ya no habÃa nadie, revisé alrededor, pero no encontré nada, ni una sola persona, ni siquiera escuchaba pasos, era como si hubiera desaparecido, Rogelio llegó unos segundos después, yo le conté lo que habÃa visto, su expresión, si de por sà era mala, pues todavÃa empeoró, él me dijo, yo también la vi, aquello me hizo sentir aún más incómodo, porque ya no podÃa atribuirlo únicamente a mi imaginación, permanecimos allà varios minutos, sin encontrar nada, Finalmente
21:47 regresamos a la entrada. La tumba quedó asegurada para ser inspeccionada durante la mañana. Pensé que todo terminarÃa ahÃ, pero al dÃa siguiente sucedió algo inesperado. Cuando llegaron los trabajadores para revisar la excavación, descubrieron que el ataúd seguÃa intacto. No habÃa sido abierto. No faltaba nada. No existÃan señales de vandalismo. Era como si alguien simplemente hubiera removido la tierra y después se hubiera marchado. Sin motivo aparente, solamente hizo eso. Durante los dÃas siguientes continuaron llegando reportes. Varias personas aseguraban ver una figura caminando dentro del cementerio durante la madrugada, siempre en la misma zona, siempre cerca de aquella tumba. Algunos vecinos incluso dejaron de pasar frente al panteón por las noches. Yo seguÃa patrullando la zona, y aunque jamás volvà a encontrar la tumba abierta, sà volvà a ver algo. Dos semanas después, eran cerca de las tres de la mañana, la niebla cubrÃa gran parte del camino.
23:07 Pasé frente al cementerio y observé una silueta de pie junto a la barda. ParecÃa un hombre, VestÃa ropa oscura. Estaba inmóvil. Detuve la patrulla de inmediato. Bajé para identificarlo. Pero cuando enfoqué la linterna, ya no habÃa nadie. El lugar estaba vacÃo. Aquello fue suficiente para que decidiera no acercarme más de lo necesario a aquel cementerio. Meses después, conversando con habitantes mayores del pueblo, descubrà algo muy curioso. La tumba abierta pertenecÃa a un hombre llamado Esteban Ruiz.
23:50 Décadas atrás, habÃa sido conocido por recorrer el pueblo durante las madrugadas. Prácticamente todas las noches caminaba por las calles mientras todos dormÃan. Era una costumbre extraña, por la que muchos lo recordaban. Ese hábito aún no se le quitaba. Esteban también tenÃa mala fama. Hubo algunas ocasiones en en las que éste, perdió niños, que simplemente se encontraba en la calle, y se los llevaba, se los llevaba tomados de la mano, con un destino incierto, a pesar de que muchos pobladores lo denunciaron, jamás se tuvieron pruebas para esto, los niños simplemente desaparecÃan, y Esteban, en su casa, no tenÃa ninguna pertenencia de ellos, inexplicablemente, una mañana, Esteban salió de su casa, y amaneció tirado en el monte ya sin vida. Algunos piensan que fue un padre de una de las vÃctimas quien tomó la justicia por sus propias manos.
24:58 De igual manera como el pueblo ya estaba harto de Esteban, ninguno testificó en contra de nadie. Es por eso que se dice que el alma de Esteban aún camina por el cementerio debido a las atrocidades que hizo y como éste... no puede descansar en paz. Los niños del mausoleo Hola Alex...
25:39 mi nombre es MartÃn Salgado... durante casi cinco años... trabajé como velador nocturno en un antiguo cementerio ubicado en las afueras de un pueblo del estado de Guanajuato. Lo que voy a contarte ocurrió en el 2021 y es la razón por la cual renuncié a ese empleo. Nunca habÃa creÃdo demasiado en historias paranormales, pero después de aquella experiencia comprendà que existen cosas que simplemente no tienen explicación. Cuando acepté el trabajo, muchas personas del pueblo me advirtieron que el cementerio tenÃa fama de ser extraño. Yo me reÃa. HabÃa trabajado antes como guardia en bodegas, escuelas y fábricas abandonadas.
26:33 Estaba acostumbrado a los ruidos de la noche. SabÃa que el silencio, la oscuridad y el cansancio podÃan jugarle trucos a cualquiera. Por eso ignoré los comentarios. Pensé que eran simples leyendas. Al principio, todo fue normal. Mi trabajo consistÃa en vigilar que nadie entrara a vandalizar tumbas, evitar robos y realizar rondines cada cierto tiempo. El cementerio era enorme. TenÃa una sección moderna y una zona muy antigua donde se encontraban varias criptas familiares y mausoleos construidos hacia más de 100 años. La mayorÃa estaban abandonados, incluso tenÃan las puertas oxidadas y cubiertas de vegetación. Durante los primeros meses nunca ocurrió nada extraño, hasta una noche de septiembre. Eran aproximadamente las 2 de la madrugada, Me encontraba realizando un rondÃn por la parte vieja cuando escuché algo, una risa suave y muy lejana, como la risa de un niño. Me detuve de inmediato, escuché con atención y después escuché silencio. Pensé que tal vez provenÃa de alguna casa cercana, asà que continué caminando. Entonces la escuché otra vez, esta vez más clara,
28:09 No era una sola risa, eran varias, como si dos o tres niños estuvieran jugando entre las tumbas. Sentà un pequeño escalofrÃo, no porque creyera que fuera algo paranormal, sino porque no tenÃa sentido que hubiera niños dentro del cementerio a esa hora precisamente. Tomé mi linterna y seguà el sonido. Las risas parecÃan provenir. de un antiguo mausoleo de piedra ubicado en una esquina apartada del terreno era una construcción grande pertenecÃa a una familia adinerada que habÃa vivido en el pueblo décadas atrás al acercarme las risas desaparecieron completamente iluminé los alrededores no habÃa nadie revisé detrás de las tumbas cercanas pero tampoco nada Finalmente regresé a mi recorrido.
29:10 Pensé que probablemente habÃa escuchado mal, pero las noches siguientes ocurrió exactamente lo mismo. Siempre cerca de las dos o tres de la madrugada, siempre las mismas risas, siempre provenientes del mausoleo, y siempre desaparecÃan cuando me acercaba. Aquello comenzó a inquietarme. No podÃa encontrar ninguna explicación. Una noche incluso, llevé conmigo una grabadora del teléfono para intentar captar el sonido. Las risas se escucharon claramente. Yo las grabé. Pero cuando reproduje el audio al dÃa siguiente, no se escuchaba nada.
29:56 Solamente se escuchaba el viento. Aquello me dejó muy confundido. Comencé a prestar más atención. Y fue entonces cuando noté algo aún más extraño. En ocasiones, las risas iban acompañadas por pasos, pasos pequeños, como los de varios niños, corriendo alrededor del mausoleo. Pero nunca veÃa a nadie. Una madrugada decidà quedarme escondido cerca de la estructura. QuerÃa descubrir quién estaba haciendo aquellos ruidos. Me senté detrás de una tumba y esperé. Pasaron casi 40 minutos y entonces comenzaron nuevamente las risas más cercanas que nunca. ParecÃa que los niños estaban jugando justo al otro lado del mausoleo. Mi corazón comenzó a acelerarse. Me levanté lentamente, rodé la construcción y me quedé congelado. Alex, no habÃa nadie, pero las risas continuaban.
31:02 Las escuchaba perfectamente, como si estuvieran a pocos metros de mÃ. Sin embargo, el lugar estaba vacÃo. En aquel momento, fue la primera vez que sentà verdadero miedo. Regresé a la caseta sin terminar el rondÃn, y aunque me avergüenza admitirlo, permanecà allà hasta que amaneció. A la mañana siguiente, hablé con un trabajador del cementerio, un hombre llamado Julián. Llevaba décadas trabajando ahÃ. Cuando le conté lo que sucedió, no pareció sorprendido. Ãl simplemente me dijo, las escuchaste acerca del mausoleo, ¿verdad?
31:43 Yo le dije que sÃ, y él me dijo que no era el primero que las escuchaba. Me contó que varios veladores habÃan reportado lo mismo durante los años anteriores. Risas infantiles, Pasos, sombras pequeñas moviéndose entre las tumbas. Siempre cerca del mismo lugar. Según una vieja historia del pueblo, muchos años atrás, una epidemia habÃa afectado a varias familias. Entre los fallecidos, hubo varios niños. Algunos fueron sepultados cerca de aquella sección antigua. Yo seguÃa sin creer del todo aquello.
32:24 Pero no pude evitar sentirme incómodo. Las semanas pasaron y los fenómenos continuaron. Sin embargo, una noche pasó algo más. Algo que jamás olvidaré. El cementerio habÃa recibido muchas visitas durante el dÃa. Aquella noche me encontraba realizando un rondÃn cuando escuché las risas nuevamente. Pero esta vez no parecÃan lejanas. Estaban justo delante de mÃ. Apunté la linterna hacia un sendero y entonces los vi. Tres niños. Estaban de pie junto al mausoleo. No corrÃan, no jugaban. Simplemente me observaban.
33:09 Sentà como se me helaba la sangre. ParecÃan tener entre seis y diez años. VestÃan ropa antigua, como fotografÃas viejas que uno se encuentra en álbumes familiares. Lo más inquietante era que ninguno sonreÃa aunque habÃa escuchado sus risas durante semanas permanecÃan inmóviles mirándome no parecÃan agresivos pero habÃa algo profundamente incorrecto en ellos sus rostros eran demasiado pálidos sus ojos demasiado oscuros retrocedà un paso y en ese instante desaparecieron frente a mis ojos Simplemente se disiparon. Mi linterna iluminó únicamente el mausoleo vacÃo. Aquella noche, regresé a la caseta completamente alterado. Pensé seriamente en renunciar, pero necesitaba el trabajo, asà que decidà aguantar un poco más. Y esto, créeme, que fue un rotundo error. Porque la experiencia más aterradora ocurrió apenas unos dÃas después. eran cerca de las tres de la mañana, la niebla cubrÃa gran parte del cementerio, la visibilidad era muy mala, mientras caminaba cerca del mausoleo, escuché algo, golpes, provenÃan del interior, me acerqué lentamente, la
34:43 puerta de hierro estaba cerrada con candado, pero los golpes continuaban, tres golpes exactos, luego silencio, después otros tres, y asà se iba, como si alguien estuviera tocando desde adentro. Mi respiración comenzó a acelerarse, iluminé la puerta, y fue entonces cuando escuché una voz. Era una voz infantil, muy suave, casi como en susurro, diciéndome, nos abres la puerta. Sentà un terror que jamás habÃa experimentado. Retrocedà inmediatamente, y la voz volvió a escucharse. Por favor, ábrenos. No esperé más.
35:30 Corrà hasta la caseta y permanecà allà hasta que salió el sol. Al dÃa siguiente regresé acompañado por otros trabajadores. Revisamos el mausoleo. El candado seguÃa intacto. La puerta jamás habÃa sido abierta. Y no habÃa nadie en adentro. Ni personas, ni animales. Absolutamente nada. Presenté mi renuncia formal una semana después. No podÃa continuar trabajando ahÃ. HabÃa dejado de sentirme seguro. Antes de irme, Julián me dijo algo que aún recuerdo. Lo mejor que puedes hacer es dejarlos tranquilos. Yo le pregunté a quiénes. A los niños. Ya sabes cómo se ponen.
36:17 Te he de admitir que no quise seguir la conversación. Tomé mis cosas y me fui. Han pasado varios años desde entonces. Nunca regresé a aquel cementerio. Sin embargo, algunos conocidos que continúan viviendo en el pueblo me han contado que las historias siguen. Los nuevos veladores también escuchan risas cerca del mausoleo. Algunos aseguran haber visto niños jugando entre las tumbas durante la madrugada. Otros afirman que que han escuchado golpes desde el interior de la cripta. No sé qué era aquello, tampoco sé quiénes eran esos niños, pero sà sé una cosa, Alex. Aquellas risas no pertenecÃan a niños vivos, y cada vez que recuerdo aquella voz preguntando si podÃa abrir la puerta, agradezco no haber intentado averiguar qué habÃa realmente dentro de aquel mausoleo. la mujer que visitaba todas las tumbas. Hola Alex, mi nombre es Sergio Hernández.
37:39 Durante varios años trabajé para el ayuntamiento de mi pueblo acá en el estado de Veracruz. Mi trabajo consistÃa en dar mantenimiento al cementerio municipal. Ya sabes, cortar la hierba, limpiar senderos, reparar lápidas dañadas, mantener el lugar en buenas condiciones. Lo que voy a contarte ocurrió en el año 2017 y fue una de las experiencias más extrañas que he vivido. Hasta el dÃa de hoy sigo pensando en aquella mujer y en la razón por la cual esta visitaba las tumbas que nadie más recordaba. Todo comenzó de una manera muy simple. Una mañana llegué al cementerio como cualquier otro dÃa.
38:28 Eran alrededor de las 7 am. El sol apenas comenzaba a iluminar las tumbas. Mientras realizaba mi recorrido habitual, noté algo extraño. Una tumba muy antigua tenÃa flores frescas. Aquello no deberÃa llamar la atención normalmente. El problema era que esa tumba Llevaba años abandonada. Yo lo sabÃa porque era quien se encargaba de limpiarla. Nadie la visitaba. La familia habÃa desaparecido del pueblo décadas atrás. Sin embargo, ahà estaban. Un ramo de flores blancas completamente frescas. Pensé que quizá algún familiar habÃa regresado. Después de esto no le di importancia. Pero al dÃa siguiente... Ocurrió otra vez, esta vez en una tumba diferente, también igualmente olvidada, también con flores recién colocadas.
39:31 Durante las siguientes semanas el fenómeno continuó. Cada mañana encontraba flores nuevas, a veces en una tumba, a veces en cinco o en seis. Pero siempre eran tumbas antiguas, sepulturas que prácticamente nadie visitaba. Comencé a sentir curiosidad. Pregunté a los habitantes del pueblo, a las personas que yo conocÃa, pero nadie me pudo decir nada. Y esto era bastante extraño, pues, cuando alguien que es ajeno al pueblo llega, comúnmente se corre el rumor muy rápido. Algunos ni siquiera reconocÃan los nombres escritos en las lápidas. Fue entonces cuando decidà averiguar quién estaba colocando aquellas flores. Una tarde me quedé después de terminar mi jornada Me escondà detrás de un mausoleo antiguo Y esperé El cementerio cerró Las personas se fueron La noche comenzó a caer Y yo seguÃa esperando Las horas pasaron lentamente A las 10 de la noche Ya comenzaba a arrepentirme Pensaba que tal vez habÃa perdido el tiempo Hasta que en ese momento la pude ver Una mujer HabÃa entrado por una pequeña puerta lateral que normalmente permanecÃa cerrada.
40:56 No escuché cómo la abrió. Simplemente apareció. Llevaba un vestido largo color gris y sostenÃa algo entre las manos. ParecÃan flores. Observé cómo caminaba lentamente entre los senderos. No tenÃa prisa. Se detenÃa frente a una tumba y colocaba unas flores. PermanecÃa unos segundos ahà en silencio... Y luego continuaba hacia la siguiente... Recuerdo que sentÃa alivio... Al menos habÃa encontrado una explicación... Era una persona real... Nada paranormal ni nada extraño... Simplemente una mujer que visitaba tumbas olvidadas... Pero habÃa algo raro en ella... Su forma de caminar... Su silencio... El hecho de que jamás parecÃa mirar a otro lado... solo observaba las tumbas, era algo perturbador, decidà seguirla discretamente, la vi recorrer gran parte del cementerio, visitó más de 20 sepulturas, todas de ellas antiguas y también olvidadas, todas cubiertas por el paso del tiempo, finalmente se detuvo frente a una lápida particularmente deteriorada, permaneció allà durante varios minutos, y después se alejó, yo aproveché para acercarme, querÃa ver el nombre,
42:26 la lápida pertenecÃa a una mujer fallecida en 1952, no reconocà el apellido, pero algo llamó mi atención, las flores que habÃa colocado, parecÃan extremadamente frescas, como recién cortadas, regresé la vista para buscar a la mujer, y me di cuenta de que ésta habÃa desaparecido. El cementerio era grande, sÃ, pero no tanto como para que alguien desapareciera tan rápido. La busqué durante varios minutos, pero nada. Era como si se hubiera esfumado. Aquello me dejó inquieto, a decir verdad bastante, pero seguÃa creyendo que debÃa existir una explicación lógica. Las siguientes noches decidà observar nuevamente, Y siempre sucedÃa lo mismo.
43:20 La mujer aparecÃa, recorrÃa varias tumbas, colocaba flores y desaparecÃa. Jamás escuché sus pasos, jamás la vi entrar o salir. Simplemente aparecÃa y luego dejaba de estar ahÃ. Con el tiempo, la curiosidad se convirtió en obsesión. Necesitaba saber quién era. Asà que una noche, reunà valor y decidà hablarle. La vi aparecer poco después de las once. Comenzó su recorrido habitual. Esperé hasta que estuvo relativamente cerca y fue en ese momento que salà de mi escondite.« Buenas noches», le dije, intentando no asustarla. La mujer se detuvo. Lentamente giró la cabeza hacia mà y por primera vez pude verla con claridad.
44:13 Era joven, quizá tendrÃa unos treinta años. su rostro era pálido, pero no aterrador, más bien era como triste, con una tristeza profunda, buenas noches, me respondió ella con una suave voz, es usted quien coloca las flores, decidà comenzar con el interrogatorio sin más, ella solamente asintió, asà que yo le pregunté por qué, por qué lo hacÃa, La mujer observó las tumbas alrededor y respondió, algo que nunca olvidaré, porque ya nadie los recuerda, me contestó. Sentà un escalofrÃo en ese momento, no supe qué decir, ella volvió a caminar y yo la seguÃ. Yo le volvà a preguntar nuevamente,¿ conocÃa a estas personas? Y ella me respondió que sÃ, pero a otras no, que le daba igual. que nadie deberÃa de ser olvidado. Continuó avanzando entre las lápidas y yo continué siguiéndola hasta que llegamos a una sección del cementerio.
45:22 La mujer se detuvo y frente a una tumba pequeña, mucho más pequeña que las demás, rápidamente uno puede ver que se trataba de la tumba de una niña. La fecha indicaba que habÃa fallecido a los siete años. La mujer colocó flores y y permaneció inmóvil durante varios segundos. Entonces sucedió algo extraño, y sé que muchos me dirán loco, pero en verdad sucedió. El viento comenzó a soplar con fuerza, las hojas de los árboles se movieron, y cuando aparté la vista, por apenas un instante, la mujer ya no estaba ahÃ. Miré en todas las direcciones, habÃa desaparecido nuevamente.
46:08 Aquella noche apenas dormÃ, y al dÃa siguiente decidà investigar de nuevo. Revisé registros antiguos del cementerio, busqué nombres, fechas, cualquier cosa. Y fue entonces cuando encontré algo. Una fotografÃa, muy vieja, tomada durante la década de 1950. Mostraba a una mujer joven junto a varias personas del pueblo, Sentà un nudo en el estómago porque reconocà inmediatamente a una de ellas. Era la misma mujer, exactamente la misma. Mismo rostro, misma apariencia, como si el tiempo nunca hubiera pasado sobre ella. Continué investigando y descubrà algo aún más inquietante. Aquella mujer habÃa fallecido en 1958. Su nombre Era Elena Morales, y estaba enterrada en aquel mismo cementerio, no muy lejos de donde yo la habÃa visto. Fui hasta su tumba, la encontré cubierta de flores secas, más flores de las que habÃa visto en cualquier otra sepultura. Me quedé observándola durante varios minutos, intentando encontrar alguna explicación, pero era absurdo. Aquella noche no regresé al cementerio, ni la siguiente. Necesitaba pensar. Cuando finalmente volvÃ,
47:43 una semana después, las flores continuaban apareciendo. Las tumbas olvidadas seguÃan recibiendo visitas, pero nunca volvà a ver a la mujer. Era extraño. Era como si hubiera decidido que ya no necesitaba mostrarse. Años después, sigo trabajando para el ayuntamiento y las flores... Continúan apareciendo de vez en cuando Los trabajadores nuevos creen que es algún habitante el que las coloca durante la noche Yo no los contradigo Porque sé que no me creerÃan Pero cada vez que encuentro un ramo fresco Sobre una tumba olvidada Recuerdo aquella conversación Y recuerdo las palabras de aquella mujer Nadie deberÃa ser olvidado No sé qué era realmente No sé por qué seguÃa visitando el cementerio, pero estoy convencido de algo. Hay personas que aman tanto a los demás, que ni siquiera la muerte logra alejarlas de aquellos que alguna vez conocieron. Voces bajo la lluvia Mi nombre es Oscar Vázquez. Lo que voy a contarte ocurrió en agosto del 2019 y fue una de
49:14 las experiencias más inquietantes de mi vida. No vi monstruos ni apariciones aterradoras. Lo que ocurrió fue mucho más simple y precisamente por eso más difÃcil de olvidar. Hasta el dÃa de hoy incluso. Cuando escucho una tormenta fuerte durante la noche, Recuerdo aquellas voces, esas voces tenebrosas, que se quedaron pegadas a mi cabeza. En aquella época yo tenÃa 37 años. Mi trabajo consistÃa en limpiar senderos, cortar la maleza y realizar reparaciones menores dentro del panteón. Normalmente trabajaba durante el dÃa.
49:59 Sin embargo, en ocasiones me quedaba hasta tarde cuando habÃa mucho trabajo acumulado Aquella tarde habÃa comenzado a llover desde temprano, al principio era una lluvia ligera, nada fuera de lo normal, pero conforme avanzó el dÃa, el clima empeoró, las nubes cubrieron completamente el cielo, el viento comenzó a soplar con fuerza y para cuando dieron las 7 de la tarde, la tormenta ya era bastante intensa. Yo estaba terminando de reparar una reja dañada cerca de la sección antigua del cementerio, pensaba marcharme en cuanto terminara, pero la lluvia cayó con tanta fuerza, que me resultó imposible salir, los caminos de terracerÃa que conectaban con el pueblo, se habÃan convertido en auténticos lodazales, decidà esperar dentro de una pequeña oficina de mantenimiento, esta se encontraba junto a la entrada principal, Pensé que la tormenta durarÃa unos minutos, pero me equivoqué. Las horas pasaron y la lluvia seguÃa cayendo. A las nueve de la noche continuaba igual. A las diez era incluso peor.
51:19 Los relámpagos iluminaban constantemente el cementerio. Los truenos hacÃan vibrar las ventanas y el viento parecÃa querer arrancar la puerta de la oficina. Recuerdo que me preparé un café utilizando una pequeña cafetera eléctrica. Estaba sentado, revisando el teléfono cuando escuché algo. Una voz, lejana, tan lejana que pensé que provenÃa del exterior. Levanté la vista, escuché con atención, pero en ese preciso momento no escuché nada. Era como si mi subconsciente lo hubiera imaginado. Volvà a sentarme, entonces la escuché otra vez. ParecÃa como una conversación, varias personas hablando al mismo tiempo, pero de manera muy baja, como si todos ellos estuvieran susurrando. Miré por la ventana, pero no podÃa ver a nadie. Aquello me pareció extraño, porque el cementerio estaba cerrado, y con aquella tormenta era imposible que hubiera visitantes. Decidà ignorarlo, pero las voces continuaron. A veces parecÃan cercanas y a veces lejanas, siempre incomprensibles. No lograba distinguir palabras, solamente murmullos, como el ruido de una conversación escuchada desde otra habitación. Finalmente tomé una linterna y salÃ
52:52 para verificar. La lluvia golpeaba con fuerza mi impermeable. El viento casi me obliga a caminar inclinado. Iluminé los senderos y las tumbas, los árboles, pero no habÃa nadie, absolutamente nadie. Regresé a la oficina y las voces desaparecieron, solamente por unos minutos. Después volvieron mucho más claras y mucho más cercanas. Esta vez parecÃan provenir de una sección en concreto del cementerio. Sentà una mezcla de curiosidad y nerviosismo. Tomé nuevamente la linterna y decidà seguir el sonido. Avancé entre los senderos empapados.
53:36 La lluvia seguÃa cayendo. Las gotas golpeaban las lápidas produciendo pequeños ecos, y entre aquel ruido constante, continuaban escuchándose los murmullos. Llegué hasta la parte más vieja del cementerio. Las voces parecÃan provenir de todas partes, no de una dirección especÃfica, y eso fue lo primero que me inquietó. Era como si las conversaciones surgieran del propio lugar, de las tumbas, del suelo, del aire. Me detuve y me dediqué a escuchar, y por primera vez distinguà algo, una palabra y después otra.
54:20 No entendà su significado, pero eran voces humanas, claramente humanas, hombres, mujeres, incluso niños. Sentà como se me erizaba la piel, no porque creyera estar escuchando fantasmas, sino porque no lograba entender qué estaba pasando. Pensé que quizá el viento estaba arrastrando sonidos desde el pueblo. Era la explicación más lógica. Sin embargo, cuanto más avanzaba, más fuertes se volvÃan las voces, hasta que llegué a una sección donde se encontraban varias tumbas construidas a principios del siglo pasado y fue entonces cuando escuché algo que me hizo detenerme por completo alguien pronunció mi nombre claramente Oscar sentà un escalofrÃo recorrerme la espalda apunté la linterna en todas las direcciones pero nada, solamente lluvia y oscuridad las voces seguÃan cada vez más numerosas Retrocedà unos pasos, intentando convencerme de que habÃa imaginado aquello.
55:33 Entonces volvà a escucharlo. Oscar. Esta vez provenÃa de algún lugar cercano, muy cercano. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, pero no respondÃ. Simplemente permanecà inmóvil. Y entonces ocurrió algo que jamás olvidaré. Las voces comenzaron a superponerse. unas con otras, decenas de murmullos, como si muchas personas estuvieran hablando al mismo tiempo. No gritaban, no parecÃan agresivas, simplemente estaban hablando, como si se encontraran en una especie de reunión. La lluvia seguÃa cayendo y aún asà podÃa escucharlas perfectamente. Fue entonces cuando decidà regresar a la oficina. Caminé rápido, intentando mantener la calma, pero las voces parecÃan seguirme, continuaban detrás de mÃ, a mi alrededor, hasta que finalmente llegué a la puerta, entré y la cerré, y en ese instante, todo quedó en silencio, un silencio absoluto, ni voces ni murmullos, nada, me quedé observando la puerta durante varios minutos, esperando volver a escucharlas, pero no ocurrió, la tormenta continuó, hasta poco antes del amanecer, y yo permanecà dentro de la oficina toda la noche, cuando salió el sol, la lluvia finalmente cesó,
57:08 salà para inspeccionar el cementerio, pero todo parecÃa normal, no encontré personas, no encontré huellas, no encontré nada fuera de lugar, pensé que tal vez el cansancio me habÃa jugado una mala pasada, sin embargo, aquella misma mañana, Hablé con Don Felipe, un hombre mayor que llevaba décadas trabajando en el cementerio. Le conté lo sucedido, esperaba que se riera, pero él no lo hizo. Me escuchó atentamente y cuando terminé la historia, él me preguntó,¿ fue durante la tormenta? Yo asentà y Don Felipe suspiró, no eres el primero muchacho, ya van varios que escuchan eso. Aquello me llamó la atención. Según él, durante muchos años, varios trabajadores habÃan reportado algo parecido, siempre durante lluvias intensas, siempre por la noche, siempre en aquella sección del cementerio. Voces, conversaciones, murmullos. Nadie sabÃa explicar por qué.
58:20 Algunos decÃan que era el viento, otros aseguraban que eran simples sugestiones. pero todos coincidan en algo. Las voces desaparecÃan en cuanto amanecÃa. Durante los siguientes meses, intenté olvidar aquella experiencia, y al menos lo conseguÃ, hasta cierto punto. Pero cada vez que una tormenta fuerte azotaba el pueblo, evitaba quedarme solo en el cementerio. No querÃa volver a escuchar aquellas conversaciones. No querÃa volver a escuchar mi nombre y pronunciado entre la lluvia. Afortunadamente, nunca volvió a ocurrirme, ni una sola vez.
59:05 Años después, dejé ese trabajo, me mudé a otra ciudad, comencé una vida diferente, pero todavÃa recuerdo perfectamente aquella noche. Recuerdo la lluvia golpeando las tumbas, los relámpagos iluminando estas y aquellas voces. Voces que parecÃan provenir de personas reunidas en medio del cementerio. Personas que hablaban tranquilamente bajo una tormenta imposible. No sé qué escuché aquella noche, Alex. Tal vez existÃa una explicación lógica. Tal vez el viento hizo algo extraño con los sonidos del pueblo. Tal vez el cansancio influyó. Pero hay algo que jamás he podido explicar.
59:53 la forma en que pronunciaron mi nombre, porque estoy completamente seguro de una cosa, aquella voz no provenÃa del viento y tampoco provenÃa de una persona viva.
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