April 4, 2026

SIN DESCANSO ETERNO | Relato de Terror - Inframundo Relatos

SIN DESCANSO ETERNO | Relato de Terror - Inframundo Relatos
SIN DESCANSO ETERNO | Relato de Terror - Inframundo Relatos
Inframundo Relatos De Terror
SIN DESCANSO ETERNO | Relato de Terror - Inframundo Relatos

Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.

Buenos días, queridos madrugadores.

Estas historias de terror que estás por escuchar forman parte del contenido del canal Inframundo Relatos. Algunas ya han sido publicadas anteriormente en YouTube, pero aquí llegan en formato audio para que puedas vivirlas de otra manera. Quizá ya escuchaste alguna… o quizá esta será la primera vez.

En este episodio escucharás una historia perturbadora marcada por la muerte, la oscuridad y una presencia que parecía incapaz de encontrar descanso. Lo que debía terminar con el entierro se convirtió en una experiencia inquietante, llena de señales extrañas, tensión constante y sucesos imposibles de explicar.

Este relato incluye horror psicológico, manifestaciones sobrenaturales y una atmósfera opresiva que transforma el descanso eterno en una auténtica pesadilla.

El episodio de hoy incluye:
Sin Descanso Eterno | Historia de Terror

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Los relatos de esta ocasión están relacionados con:
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0:07 Mi nombre no aporta nada a la historia. Además prefiero evitarlo por lo delicado del caso. En enero de 1986 entré a trabajar en uno de los tantos panteones con los que cuenta la Ciudad de México. Había llegado del Estado de Chiapas. En ese entonces contaba con 17 años con recomendaciones de uno de mis tíos. Hermano de mi papá, que ahí trabajaba, logré colocarme como enterrador. Era mi primer trabajo y ni modo tenía que ver con muertos. Al principio sí que fue difícil porque yo siempre fui muy miedoso, pero tenía la necesidad de trabajar primero para que me fuera explicando el oficio. Me fui una noche acompañar a mi tío, quien 6 noches a la semana fungía como velador del Camposanto. Todo era nuevo para mí, empezando con el miedo, que era muy diferente a cualquier otro.

1:11 El hecho de saber que estábamos rodeados de muertos no terminaba por gustarme. El silencio y la obscuridad de ese lugar era una mezcla inquietante. Esa primera noche recuerdo que serían como las 2:00 de la mañana. Estábamos platicando mientras recorríamos algunos pasillos de aquel viejo Panteón, 3 veces por turno, se daba un rondín con temor, miraba hileras de tumbas a mis costados, la mayoría de ellas casi en el abandono, nos alumbrábamos con una pequeña linterna que muy poco servía para eso. Mientras recorríamos el panteón, iba escuchando sonidos extraños que me tenían nervioso.

1:59 Pero no quise preguntar nada. Mi tío me dio los horarios, el nombre de los 2 trabajadores de la mañana y me hizo saber que el trabajo de día era muy tranquilo, eso sí, pesado cuando había un entierro, más aún cuando en contadas ocasiones había 2. Caminamos por el arco y ancho principal rumbo a la entrada. Los perros que había ahí, en el Panteón, comenzaron a aullar de manera inquietante. Comprobó que el portón estuviera bien cerrado y nos retiramos a tomar un café. Mi tío consultó su reloj y, sin decirme nada, atrancó la puerta del pequeño cuarto, que se encontraba pegado a la oficina. Encendió una vela y apagó el foco. Así, casi a obscuras, seguimos platicando en voz baja por un largo tiempo.

2:58 El ambiente se sentía tenso. Mi tío se mostraba nervioso y distraído. Volteaba constantemente a la ventana. Eso me comenzó a dar pendiente. Tal vez era por ser la primera noche que estaba ahí, pero yo me imaginaba muchas cosas. Su actitud era muy obvia. Había algo que lo ponía en alerta. Después de un rato se escucharon unos leves toquidos en la puerta de la oficina. Mi tío me hizo una seña para que no hablara ni me moviera. Minutos después volvieron a tocar, sólo que ahora un poco más fuerte.

3:40 Nosotros solamente nos mirábamos. Pensé que tal vez lo buscaban y no quería salir de nueva cuenta. Lo hicieron. Parecía que tenían la firme intención de derribar la puerta porque tocaba de una manera desesperante, un poco titubeante. Le pregunté qué estaba pasando. Me dijo que había algo que debería saber desde esa la primera noche, porque lo que pasaba ahí en el Panteón podría ser aterrador para cualquiera. Después de revisar el reloj, en un par de ocasiones me dijo que ya iba a terminar. Cuando parecía que la puerta iba a ceder, aquellos ruidos cesaron.

4:26 Ya más calmados, se sentó. Entonces me comenzó a contar lo que sucedía casi 2 años atrás. Cuando entró a trabajar, había otro encargado del Panteón llamado Doroteo. Era un hombre corpulento, de esas personas que no creen en nada y nada le daba miedo. Por lo mismo no mostraba ningún respeto por los muertos ni su descanso eterno. Don Doroteo, quien era compadre de mi tío, mostraba desagrado cuando llegaba un difunto porque él tenía que ayudar a enterrarlo y según ya estaba cansado de eso, hacía todo de mal modo porque además estaba inconforme con su miserable sueldo, como él le decía. Una noche comenzó a tener prácticas extrañas. Después de que había un entierro, se metía a la oficina ya por la noche, aprovechando que se encontraba solo por ser también el guardia y cobijado por la obscuridad, desenterraba el cuerpo para cometer actos de rapiña. Así, según su propio criterio, aprovecharía lo que el difunto ya no iba a usar.

5:43 Refiriéndose a las cosas de valor, en medio de toda aquella obscuridad, desenterraba las cajas, robaba a los muertos todo lo que trajeran de valor e incluso la ropa y los volvía a enterrar. Aunque eso era mucho trabajo, no se quejaba porque obtenía mucha ganancia. El único miedo que él tenía era que lo descubrieran una noche. Eso ocurrió. Mi tío fue a visitarlo y se encontró con la aberrante cena. Al verse descubierto, el compadre lo invitó a participar, pero mi tío se negó alegando que no tenía entrañas para hacer una cosa así.

6:27 Sin preocuparse de nada, don Doroteo siguió con sus prácticas, no sin antes advertirle a su compadre que no podía decir nada. En muchos de los casos sacaba las cajas del pozo para quitarle algún acabado del féretro que le gustaba. Cuando uno de los muertos no portaba nada de valor, lo insultaba, maldecía su suerte por el tiempo perdido y el trabajo realizado. Si la había sacado, aventaba la caja como fuera al pozo, le echaba a la Tierra y en algunos casos les clava la cruz al revés. Mostrando su desagrado, así estuvo por casi un año. Meses después mandaron a mi tío a trabajar de velador porque su compadre doroteo avisó que en unos meses ya iba a dejar el trabajo.

7:23 Como él ya sabía lo que pasaba por las noches, prefería quedarse en la caseta mientras su compadre se ocupaba de lo suyo, ahora el señor Doroteo. Vestía bien, traía reloj y portaba alhajas. Sobre todo manejaba efectivo. Sus conocidos decían que se había vuelto muy prepotente con mi tío. No era así porque era su compadre. Así fue corriendo el tiempo a principios de octubre de 1985, a un mes de que le llegara la fecha. Para dejar el trabajo a don Doroteo comenzaron a llevar cuerpos por causa del terremoto.

8:10 Por más de una semana completa llegaban 5 o 6 difuntos cada día. Eso fue como una minita de oro para él, llego a decir, bendito temblor era tanto su descaro que se daba sus mañas para no enterrar las cajas por completo. Convencía a los familiares que. Ver cómo los cubrían de Tierra era muy doloroso para ellos. Algunos estaban de acuerdo y se retiraban. Entonces él aprovechaba para robarlos. Si en esa ocasión tenía ayudante, lo mandaba traer cualquier cosa, los que tenía que enterrarlos a fuerza porque los familiares se quedaban hasta el último momento. A esos los desenterraba por las noches. Sin mostrar ninguna consideración ni respeto, fueran hombres, mujeres o niños, los robaba por igual cuando regresaba a la oficina después de hacer su incalificable delito.

9:14 Ya casi era amaneciendo. Llevaba consigo algunas bolsas negras de plástico que después les vendía a extrañas personas. Él nunca lo dijo. Tampoco le constaba a mi tío. Pero al parecer don Doroteo vendía huesos humanos a las Brujas. No sólo eso, le dedicaba parte de su tiempo a llenar costalitos de Tierra revuelta con hojas secas, también vendía las cruces de fierro y veladoras a medio usar. Aparte cobraba por enterrar algunas cosas entre las tumbas, por si eso fuera poco, cada 3 meses. Les daba permiso a un grupo de personas para que ahí, en el interior del Panteón, tuvieran una extraña reunión. Una noche, cuando mi tío ya casi era el encargado, comenzaron a pasar cosas extrañas.

10:11 Les tocaban la puerta y le hablaban a don Doroteo por su nombre, pero al ir a ver nunca había nadie. Pareciera increíble, pero eso ya lo comenzó a poner nervioso. Después comenzaron a encontrar pisadas alrededor de la caseta de vigilancia. Todas las huellas eran con Tierra húmeda, como sacada debajo de las tumbas. El rastro de esas huellas venía de los sepulcros que el compadre de mi tío había profanado en un principio. Trataron de ignorar todo aquello.

10:53 Pero después ya no sólo tocaban la puerta, rasguñaban las paredes e incluso claramente se podía escuchar cómo caminaban sobre el techo, sobre todo a las 3:00 de la mañana, que era cuando generalmente don Doroteo abría los sepulcros. Por todas esas cosas tan extrañas que sucedían, el compadre doroteo dejó de dar los rondines acostumbrados. Dijo que sólo estaría una noche más y se retiraría para no volver, porque ya estaba asqueado de ese cochino panteón lleno de muertos pobretones. Pero la verdad era que tenía miedo. Se le podía notar la siguiente noche, que fue el descanso de mi tío.

11:44 Su compadre se quedó solo en el panteón a hacer su última jornada como guardia. Esa fue La Última Vez que lo miró con vida. Inesperadamente, al día siguiente encontraron a don Doroteo muerto. Estaba recostado sobre una lápida. Había un rastro en la Tierra que mostraba que se lo habían traído arrastrando desde la oficina. En el trayecto había hecho el intento de agarrarse de las cosas. Al grado de arrancar algunas cruces de madera, tenía una expresión espantosa en su cara y su boca, que se encontraba abierta más de lo normal. Estaba llena de Tierra.

12:31 Hubo muy pocas investigaciones. Al final se supo que había muerto de un paro cardíaco. Lo velaron un día y ahí al fondo del Panteón lo enterraron. Su sepulcro era muy sencillo, solamente un montón de Tierra y una cruz blanca de madera con su nombre, uno de sus conocidos frecuentes, quien era muy creyente de las ciencias ocultas, aseguró que había muerto de espanto, es decir, algo lo había asustado por la noche. A partir de ahí, mi tío quedó como encargado nocturno del Panteón. Todo aquello de los saqueos. Los insultos, las faltas de respeto hacia los muertos terminó y con ello las terribles manifestaciones de todas las noches.

13:23 Por unos días pararon las cosas paranormales. Las noches en el Panteón se volvieron tranquilas, pero después las cosas empeoraron. Una madrugada, alrededor de las 3:00, se escuchó un grito de desesperación. Mi tío se levantó sobresaltado, sin saber que había sido aquello. Cuando se volvió a escuchar, salió con una linterna a averiguar. Caminó unos metros solamente porque se escuchó de nuevo. Al parecer, los gritos venían muy al fondo del Panteón, ahí donde se encontraba enterrado don Doroteo.

14:04 Eran gritos espantosos de miedo y angustia. Aseguraba mi tío que esos gritos eran de su compadre. Corrió asustado a meterse a la oficina por largas horas. Se escuchó. Aquello era tan aterrador que mi tío prefirió quedarse ahí el resto de la noche y ponerse a rezar. Se escuchaba tan espantoso que pensó que tal vez lo habían enterrado vivo, pero eso no podía ser. El mismo había estado en su velorio y lo había visto muerto cuando revisó la tumba, ya por la mañana. Era evidente que habían tratado de remover la Tierra, pero no con palas o alguna otra herramienta. Se podía notar que lo habían hecho con las manos. Según por las huellas, eran muchas las personas que pisotearon la tumba.

15:04 La siguiente noche sucedió igual. Los gritos fueron espantosos, se escuchaban en todo el panteón. Así sucedió otras noches más por la mañana, cuando revisaba la tumba de su compadre. Cada vez le escarbaban más profundo. Lo único que hacía mi tío era volverla a tapar y colocarle bien la cruz, porque siempre amanecía volteada como él se las ponía a otras tumbas cuando se molestaba. No lo quería ni pensar, pero al parecer alguien le estaba haciendo pagar todas sus malas acciones que había hecho en vida.

15:44 Así fue por 2 semanas, hasta que una madrugada, cuando mi tío se encontraba descansando, tocaron la puerta de la oficina checo. Su reloj apenas pasaban de las 3:00 de la mañana. Se levantó espantado, sabiendo que ninguna persona en su sano juicio. Estaría esas horas adentro del panteón como no dejaban de tocar, preguntó quién era el que le contestó fue su compadre pidiéndole ayuda, no podía creer lo que estaba escuchando. El señor Doroteo, llorando, le dijo que los muertos no dejaban que su alma saliera de su cuerpo. La tenían encerrada bajo Tierra.

16:30 Le decía que hiciera algo para ayudarle. Porque no podía estar en paz. Mi tío se espantó muchísimo. Creo que cualquiera lo haría si el que te habla es un muerto todavía. Aquella voz insistió diciendo que necesitaba de su ayuda. Cuando por fin amaneció, todo estaba en ese día. Tuvo que ir con un curandero conocido suyo para que lo barriera y lo curara de espanto. Porque de la impresión que tenía de haber escuchado aquello, se le caían mechones de cabello. No se atrevió a decirle lo que hacía su compadre con los difuntos, pensó en ya no regresar al panteón, pero la persona que lo curó le sugirió que no hiciera eso, porque el muerto podría tomarlo a mal seguirlo a su casa y, lo que era peor, nunca dejarlo de molestar.

17:31 Le recomendó que lo escuchara y, de ser posible, cumplir su petición. Cuando llegó al Panteón encontró la sepultura escarbada casi en su totalidad. Se podía ver la caja claramente mientras le echaba a la Tierra. Una vez más, con todo su miedo, le preguntó hasta en 3 ocasiones qué necesitaba. Como no obtuvo respuesta, comprendió que eso tendría que ser. A las 3:00 de la mañana, a la hora que el muerto le hablaba, esa noche volvió a ocurrir, siendo las 3:00 de la mañana aullaron los perros de una manera tan fea que causaban escalofríos. Aunque mi tío estaba dispuesto a hablar con su compadre, cuando tocaron la puerta fue consumido por el miedo. Fue tanto así que no se pudo mover. Mucho menos preguntarle qué era lo que quería de él. Don Doroteo le estuvo hablando por mucho tiempo. De manera suplicante le pedía que se asomara, pero mi tío tenía terror de verlo en las condiciones que seguramente estaría por llevar varios días muerto. Al siguiente día fue al final del Panteón. Se encontró con la terrible escena que a su compadre lo habían desenterrado y sacado de su caja. A pesar de tener casi una semana

19:03 de haber fallecido, el cuerpo se encontraba prácticamente igual. Si no fuera por un detalle, le faltaban los dedos de una mano como pudo. Lo volvió a enterrar antes de que llegara el muchacho sepulturero y se quedó sin decir nada. Creyendo que al parecer si eran los muertos los que lo estaban castigando, si él decía una cosa así, seguramente todos lo juzgarían de loco cada noche era un suplicio. Después de que tocaban la puerta de la oficina pidiendo ayuda, se escuchaba que perseguían al compadre Doroteo por todo el Panteón.

19:47 Luego claramente. Se lo llevaban arrastrando mientras él gritaba horrorizado. Así se pasaron los días y las noches. Cada mañana amanecía fuera de su tumba de manera horrible. Siempre le faltaban partes al cuerpo, le quitaron los dientes, los ojos, las manos, los pies. En fin, poco a poco iba desapareciendo. Al parecer, lo que gritaba y pedía ayuda no era su cuerpo. Era su alma, que seguramente miraba todo de nueva cuenta. Mi tío volvió a ir con la persona que lo curó de espanto para preguntarle qué podía hacer para ayudarle y le contó todo lo que había hecho su compadre. El curandero le dijo que tenía que ir a su tumba antes de que el reloj marcara las 4:00, prenderle una veladora su compadre y rezarles de ser posible. A todos los muertos a los cuales él sabía que don Doroteo había molestado.

20:56 Lo tenía que hacer pronto porque él, como encubridor, podría empezar a pasar por la misma situación. Para terminar la plática. Lo que no me esperaba era que mi tío me dijera que eso lo haríamos precisamente esa noche. No tuve tiempo para negarme. Me dijo que lo siguiera de cerca. Y que procurara no quedarme solo porque podría ser peligroso al consultar el reloj. Faltaban escasos 20 minutos para las 4:00 de la mañana, alumbrándonos con su vieja linterna, atravesamos todo el panteón pidiendo permiso a los muertos y, de paso, pidiendo perdón por interrumpir su sueño, porque no caminábamos por el camino principal, lo hacíamos por entre las tumbas.

21:49 Presintiendo que sería una noche espantosa. Nos persignamos varias veces, al menos yo así lo hice. No puedo negar que iba muerto de miedo, hasta me parecía que había bajado la temperatura. Todavía nos faltaba un buen tramo para llegar a la tumba de don Doroteo. Cuando comenzamos a escuchar sus lamentos me llené de escalofríos. Si tenía alguna duda de lo que me había contado mi tío, ahí desapareció. Nos detuvimos porque algunas sombras empezaron a salir de la obscuridad más densa. No puedo decir cuántas eran, tal vez algunas 15, quizá un poco más.

22:36 Cuando estuvieron frente a la tumba del compadre de mi tío, comenzaron a escarbar. Mientras lo hacían, los gritos de desesperación se hicieron más desgarradores. Don Doroteo pedía piedad llorando de miedo. Nosotros, ocultos entre las tumbas, a duras penas mirábamos asustados las escalofriantes escenas. Aunque me tapaba los oídos, no dejaba de escuchar aquellos horribles gritos de manera violenta. Aquellas cosas sacaron el cuerpo. Cada uno de esos entes le quitó una parte y se regresaron a meterse Asus tumbas. No eran cuerpos en sí más que otra cosa. Parecían sombras que sin necesidad de remover la Tierra, entraron a los sepulcros de donde habían salido. Después de eso, todo quedó envuelto en un profundo y tenebroso silencio.

23:38 No nos atrevimos a salir enseguida, minutos después. A esas horas de la madrugada enterramos el cuerpo o lo quedaba de don Doroteo. Lo hicimos lo más rápido posible porque casi nos ganaba el tiempo. Antes de echarle toda la Tierra, pusimos unas hierbas, rezamos unas oraciones. Después le colocamos su cruz y le encendimos una veladora especial que había preparado el curandero. Después mi tío se paró en medio del Panteón. Y pidió perdón a los muertos por los actos cometidos, sobre todo por haber encubierto a su compadre quedándose callado. Ante aquella bajeza.

24:24 Ya amanecía. Cuando regresamos para la oficina pareciera mentira, pero a partir de ahí los gritos y aquellas extrañas apariciones se terminaron. También yo fui para que me curarán de espanto. Porque había perdido el apetito por lo que había visto y oído. Al siguiente día me presenté para comenzar a trabajar como enterrador. Sería compañero de otro muchacho, quien me fue explicando cómo era el trabajo. Ya en confianza me contó algunas historias extrañas que le había tocado vivir entre ellas. Lo que sucedió en el entierro de don Doroteo me dijo que e incluso él estuvo en ese velorio desde un principio. Todo había sido extraño, aunque muy a lo lejos, pero se podía escuchar que alguien lloraba amargamente. Por más que buscaron de dónde venía ese sonido, no lograron saber.

25:31 No faltó el que dijo que quien lloraba era don Doroteo. Cuando lo llevaron al panteón, de pronto el ataúd se hizo muy pesado, tanto que muy apenas podían cargarlo entre 10 personas. La gente comenzó a murmurar que el cuerpo no quería que lo enterraran. De hecho, no cabía en el hoyo. Tuvieron que agrandarlo hasta en 2 ocasiones. Al estarle aventando la Tierra. Parecía que temblaba la caja. Por eso se apuraron a terminar. Por fin. Cuando lo enterraron se soltó un viento bastante fuerte. Me reiteró lo que me contaba mi tío después. Muchas veces tuvieron que volverlo a enterrar porque por la noche lo sacaban para morderlo y quitarle pedazos mientras tuvo sus ojos.

26:28 Estos siempre estaban llenos de lágrimas. Aquel muchacho me contó esas y muchas cosas horribles que le pasaron a la tumba y al cuerpo del señor Doroteo. Cosas tan espantosas que ayudaron a tenerles respeto a los difuntos, Asus cuerpos y a su eterno descanso. Por más de 5 años trabajé en ese panteón como enterrador, donde también a mí me tocó ver de todo después de eso. Mi tío me cedió su trabajo de cuidador nocturno. Ahí estuve por 10 largos años. Nunca me volvió a suceder algo tan aterrador como aquello que pasé mi primera noche como trabajador de ese panteón. Lo que sí puedo asegurar es que muy de vez en cuando aún se escuchaba un llanto al fondo del Panteón ya muy entrada la madrugada.

27:28 Tal vez sea don doroteo, que sigue sin poder descansar en paz.