March 31, 2026

REZANDO A LOS MUERTOS | HISTORIA DE TERROR - INFRAMUNDO RELATOS

REZANDO A LOS MUERTOS | HISTORIA DE TERROR - INFRAMUNDO RELATOS
REZANDO A LOS MUERTOS | HISTORIA DE TERROR - INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
REZANDO A LOS MUERTOS | HISTORIA DE TERROR - INFRAMUNDO RELATOS

Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.

Buenos días, queridos madrugadores.

Estas historias de terror que estás por escuchar forman parte del contenido del canal Inframundo Relatos. Algunas ya han sido publicadas anteriormente en YouTube, pero aquí llegan en formato audio para que puedas vivirlas de otra manera. Quizá ya escuchaste alguna… o quizá esta será la primera vez.

En este episodio escucharás una historia perturbadora marcada por la muerte, el miedo y una oración que jamás debió hacerse en ese momento. Lo que parecía un acto de respeto y recogimiento terminó convirtiéndose en una experiencia oscura, rodeada de presencias extrañas, tensión constante y sucesos imposibles de explicar.

Este relato incluye horror psicológico, manifestaciones inquietantes y una atmósfera cargada de misterio que transforma lo espiritual en una auténtica pesadilla.

El episodio de hoy incluye:
Rezando a los Muertos | Historia de Terror

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Los relatos de esta ocasión están relacionados con:
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0:02 Hay casas en donde se respira la muerte, donde las oraciones no se elevan al cielo, sino que deciden ir a lo más profundo del Inframundo. Esta es la historia de ernestina, una niña entregada al silencio y a los rezos, prohibidos a un ritual heredado por la abuela, una reina que no tiene trono. Pero sin límites de almas Asus pies. La abuela que habla con los muertos como si aún estuvieran vivos. Prepárate para invocar junto a ella a la Reina de los muertos. Querido espectador, amante asiduo de los relatos más oscuros. Le invito a ponerse cómodo y a suscribirse, si aún no lo ha hecho, para escuchar.

0:52 Esta tétrica historia de terror sin más comenzamos. Mi nombre es ernestina. Quiero compartir esta historia que me sucedió en el Estado de Guerrero. Todo comenzó cuando tenía 10 años. Una mañana que todo parecía normal. Mi mamá me fue a dejar con mi abuela porque. Ella iba a rehacer su vida con otro hombre. Está mal que yo lo diga, pero era evidente que le estorbaba para ser feliz, además de sentirme despreciada.

1:39 Fue un impacto porque solamente en 2 ocasiones había estado en esa casa. La Última Vez hacía 3 años atrás. Entonces prácticamente era algo desconocido para mí. Nada más, porque yo sabía que esa señora era mi abuela, porque si no hubiera creído que me había regalado con cualquiera. Cuando supo mi abuela que mi mamá ahí me iba a dejar, se molestó mucho. De hecho, discutieron muy fuerte. Eso fue un trauma para mí porque me hicieron sentir que ninguna de las 2:00 me quería. Mi mamá salió deprisa.

2:21 Y aunque yo estuve a punto de llorar, me aguanté lo más que pude. Después de unas horas noté a mi abuela más calmada. Entonces me puse a mirar todo. La casa era de verdad extraña. Estaba construida de viejas maderas opacas, era grande y sombría, con algunos pasillos. Los pisos eran de cemento, pero todo alrededor. El frente, así como el patio, eran de Tierra. Todo olía humedad y se podía escuchar un eco. Cuando hablábamos había varios cuartos que parecía que nunca se abrían, sobre todo uno de ellos, extrañamente se encontraba asegurado con un fuerte candado y en la puerta estaban dibujados extraños signos. Por toda la casa había cuadros de gente de verdad extraña, todos eran a blanco y negro.

3:25 También tenía muchas figuras de barro o yeso, algunas eran de Santos, otras de extrañas calaveras. Entre ellas estaba una figura grande con una corona de reina en la cabeza, aunque tenía luz eléctrica en toda la casa. Se aluzaba mucho con velas de todos colores. Eso lo hacía ver todo muy tenebroso. No sabía por qué motivo la Casa Tronaba mucho, sobre todo por las noches. Aunque lo más terrible era que se sentía una presencia en ese tiempo.

4:06 No lo podía definir así. Hoy sé que era algo maligno. La primera vez que dormía ahí me asusté porque escuché gritos. Parecían venir de alguno de los cuartos de la casa, además de que escuchaba voces. A pesar de que sabía que mi abuela vivía sola, se escucharon tantas veces que me acuerdo, que me tapé los oídos con las manos para no escuchar todo aquello. En esa ocasión no pude conciliar el sueño. La siguiente noche sucedió igual, aunque parecían ser gritos de auxilio. No entendía lo que sucedían.

4:49 Me levanté, me asomé al pasillo y no había nada así. Me dieron las 3:00 de la mañana. Como esos gritos no cesaban, comprendí que me tenía que acostumbrar a ellos porque si no, jamás podría dormir. Tuvieron que pasar algunos días para que le perdiera el miedo a mi abuela porque además de su cara de expresión dura, tenía el carácter muy fuerte. Ya había pasado una semana y no me animaba a llamar a la abuela. Me sentía más cómoda decirle doña Josefa. Además, ese era su nombre. Por si lo que oía fuera poco, a doña Josefa todas las noches la escuchaba rezar.

5:38 Lo hacía por las noches, pero de una manera extraña. Sólo pedía por los muertos, por la liberación de sus almas, así como de sus cuerpos. Digo que era extraño porque no le rezaba a Dios o algún santo le rezaba A esa calavera con corona. Se dirigía ella como la Reina de los muertos. Así se fueron pasando los días. Una tarde llegó un señor a la casa. Según escuché, era cuidador del Panteón. Bajando un poco la voz le dijo a mi abuela que la esperaba esa noche porque había unos muertos muy inquietos que se manifestaban por la madrugada. Se pusieron de acuerdo y así quedó. Me sorprendió mucho esa plática, pero preferí no preguntar nada de rato.

6:35 Doña Josefa, mi abuela, habló conmigo, me dijo que tenía que hacer un trabajo, pero que sería durante la noche. Me preguntó si me quedaba sola en casa o la quería acompañar, pero si iba con ella, que no me fuera a asustar porque lo que tenía que hacer sería dentro del panteón. Y tal vez miraríamos cosas a las que yo no estaba acostumbrada y me parecían perturbadoras con tal de no quedarme sola en esa casa que me daba miedo por todo lo que se escuchaba. Le contesté que la acompañaría. Me dijo que estaba bien, pero que no le fuera a preguntar nada de preferencia, solo me limitara a mirar y de ser posible, tratara de aprender.

7:27 Me repitió varias veces que no fuera a tener miedo, como a las 10:00 de la noche. Doña Josefa se comenzó a preparar, guardo algunas veladoras. Lo que me llamó la atención fue que abrió aquella puerta que estaba cerrada con candado. Hizo como una reverencia y entró. Segundos después salió con un morral trayendo algo adentro. Esperando la hora me quedé dormida en uno de los sillones de la vieja sala. Cuando me habló doña Josefa me dijo que ya nos teníamos que ir porque ya pasaban de las 2:00 de la mañana.

8:08 Me levanté de un brinco. Nos cubrimos del frío y alusándonos apenas con una lámpara de petróleo. Salimos de la casa. Caminamos despacio por una oscura y solitaria calle de Tierra. No se me olvidan los ruidos que había esa noche, El Fuerte grillar de los insectos, el chiflido de las lechuzas que parecían seguirnos así como el vuelo de los murciélagos. Todo eso era nuevo para mí y me asustaba, sólo que no lo podía demostrar después de algunos 20 minutos. Nos topamos con la pared del viejo cementerio.

8:52 Caminamos hasta la puerta principal donde nos recibió aquel señor que por la tarde había estado en la casa. Nos dio las buenas noches, pasamos y cerró el portón de Fierro. Me acuerdo que se me quedó viendo como un bicho raro. Al darse cuenta de eso, mi abuela le dijo que yo era su nieta. Y que de ahora en adelante la acompañaría a donde fuera necesario. El velador le dijo que eran cuatro en total los muertos a los que tenía que rezar. Entró a su cuarto, sacó 2 cruces negras y se las dio a doña Josefa y le dijo que ya estaban preparadas.

9:36 Ella las tomó, sacó unos amuletos y los amarró en la parte superior de cada cruz. Luego de pronunciar algunas palabras entre dientes, volteó a ver aquel señor y movió la cabeza positivamente, haciéndole saber que ya estaba lista. Al llegar al área de las tumbas, tanto el cuidador como mi abuela pidieron permiso a la reina de los muertos porque íbamos a interrumpir el sueño eterno de los difuntos. Hablaron de respeto. Liberación y otras cosas que no comprendí. Yo solamente los miraba sin perder detalles después de hacer algunas oraciones más.

10:22 ¿Caminamos con cuidado entre las tumbas? No sé si está bien dicho esto, pero el silencio era ensordecedor. A mi edad de 10 años sabía lo que era un panteón y lo que en él había, pero nunca había entrado a uno. Mucho menos de noche. Por eso, al querer dar los primeros pasos, me detuve. Entonces mi abuela me caló del brazo. Caminaba nerviosa detrás de doña Josefa, en medio de la oscuridad, volteando para todas partes para dónde volteara. Según mi entendimiento, estábamos rodeadas de muertos.

11:04 Suena extraño, pero esa fue la primera vez que le tuve miedo a una cruz o a la imagen de un Cristo, porque en medio de los árboles secos y tumbas viejas se veían de verdad horribles. Seguramente eran mis nervios, pero veía algunas sombras que caminaban a lo lejos. O se escondían entre los monumentos de granito el viejo velador. Nos llevó al final del panteón y levantando su brazo le indicó a mi abuela una tumba que apenas podíamos ver por lo oscuro que estaba, le dijo. Ese es el primero, según el reporte que tenía, ese señor había muerto de manera sorpresiva y tal vez aún no se había dado cuenta de su deceso, por eso se manifestaba caminando y pidiendo ayuda.

12:02 El señor se quedó ahí parado mientras nosotras nos acercábamos a la tumba. Al llegar frente un montón de Tierra, doña Josefa se hincó y con una mirada me ordeno que yo también lo hiciera. Me dijo que cerrara los ojos y no los abriera por nada del mundo hasta que ella me lo pidiera. No pregunté nada, solo la obedecí segundos después. La escuché rezar primero le rogó a la reina de los muertos que la escuchara y la llenó de halagos. Después de un rato se dirigió al muerto que estaba en esa tumba.

12:44 Le hizo saber con palabras directas que ya no pertenecía a este mundo y que debía dormir para siempre. Me acuerdo que estuve a punto de abrir los ojos porque mientras se decían los rezos sentí una presencia. E incluso podía escuchar que alguien caminaba de un lado a otro, exactamente enfrente de nosotros. Por largo tiempo mi abuela estuvo rezando hasta que todo aquello que sentía desapareció. Doña Josefa me tocó el brazo para decirme que ya podía abrir los ojos con un poco de miedo.

13:24 Lo hice. Frente a mí sólo estaba la tumba. Voltee, temerosa para todas partes, porque yo estaba segura que alguien más estaba ahí. Para mi sorpresa no había nadie. Lo único que puede escuchar era el correr del viento. Antes de retirarnos. Mi abuela le prendió una veladora, le dijo al difunto con una voz fuerte, sigue la luz. Luego colocó una cruz negra de las que le había dado el panteonero y nos retiramos. Minutos después nos reunimos con aquel señor, quien nos pidió que lo siguiéramos. Caminamos por entre las tumbas hasta llegar a una que ni siquiera tenía una cruz.

14:12 Ese difunto, al parecer, había sido un ateo toda su vida. Por eso su alma no tenía dónde ir, porque no creía ni en el cielo ni en el infierno. Por lo mismo se encontraba atorado en este plano. Nos sincamos, cerré los ojos y mi abuela hizo lo mismo que en la tumba anterior. Habló con la reina de los muertos para pedirle su ayuda. Luego se dirigió a quién se encontraba en esa tumba, le hizo muchas oraciones y le dijo que era el tiempo de creer en algo para que pudiera trascender. Luego de unos segundos le pidió al difunto que cerrará sus ojos para siempre.

14:59 También ahí se sentía una fuerte presencia, quizás más que en la tumba anterior. De hecho, sentí una dura mirada sobre mí. Hice un esfuerzo por no abrir los ojos, así estuvimos unos minutos. Al terminar los rezos también le prendió una veladora. Luego le puso la cruz negra que le quedaba. Pensé, ya sólo faltaban 2 tumbas. Entonces nos iríamos antes de visitar la tercer tumba. Nada más de ver la actitud del señor, supe que sería algo diferente, porque el panteonero se notaba muy nervioso, se persignó varias veces. Luego, temeroso, le dijo a la abuela que tuviera cuidado con el siguiente, porque ese muerto al parecer había sido embrujado y tal vez todavía tenía el trabajo malo adentro. Además de que se manifestaba de una manera violenta, el señor se detuvo como a 30 m de la tumba y dijo que ahí nos esperaría. Nosotras comenzamos a caminar, pero desde ahí mi abuela ya iba rezando a cada paso que dábamos algo. Se iba sintiendo algo como una angustia o una preocupación. Doña Josefa me dijo que no mostrara el miedo que tenía porque eso en nada ayudaba.

16:28 Cuando llegamos frente a esa tumba, miré que había muchas huellas de Pies Descalzos, como si una multitud hubiera caminado por encima. Lo terrible era que todas las huellas parecían recientes. Había otra cosa rara. En ese tramo del Panteón estaba mucho más frío. Doña Josefa se acercó a la Tumba, sacó de su morral una calavera, la pura cabeza y la colocó sobre la Tierra de manera que tuviera la boca abierta. Nos hincamos, apenas iba a cerrar los ojos. Mire que la Tierra que cubría ese sepulcro se movía como si el muerto estuviera haciendo el intento por salir. Volteé a ver a mi abuela.

17:20 Quería decirle lo que estaba pasando, pero no me salían las palabras. Doña Josefa inició diciendo que la calavera se comería todo el mal que había dentro de ese cuerpo para que así pudiera descansar. Volteó a verme. Entre las oraciones que hacía me dijo que cerrara los ojos y que no hiciera caso a lo que se veía. Estaba tan asustada que tardé en hacerlo. Entonces alcancé a ver que alguien empezó a salir de la tumba. Pronto cerré los ojos y los apreté con fuerza para no ver lo que sucedía. Estaba temblando de miedo.

18:06 Imaginándome al muerto, descarnado, lleno de Tierra parado frente a mí, mirándome, tal vez con intenciones de hacerme daño si llegara a moverse. Mientras tanto, mi abuela le rezaba, La Reina de los muertos le rezaba mucho. Todo el tiempo me la pasé tragando saliva porque alguien bufaba muy cerca de mí. De hecho, llegué a escuchar una voz que me decía que me largara porque mi sola presencia interrumpía su descanso. Además, me amenazó que si no me iba, a entraría en mí. Esa voz no parecía la de una persona normal.

18:50 Mi abuela gritó, ahora descansa en paz y todo se quedó en un inquietante silencio. No me esperaba cuando doña Josefa me dijo que ya podía abrir los ojos. Cuando lo hice, miré que toda la Tierra estaba removida. No lo había imaginado. El cuerpo sin vida se había salido del pozo. La verdad era que ya no podía con el miedo y le gritaba Dios en mis adentros que nos protegiera. Doña Josefa tomó la calavera y la metió al morral. También a él le encendió una veladora después de darle las gracias a la Reina.

19:34 Nos retiramos de ahí. En serio que la miré cansada. Me acuerdo que volteaba a ver al cielo para darme una idea de qué horas podían ser. Caminamos despacio hasta encontrar al panteonero. Aquí se le notaba su nerviosismo al vernos. Nos dijo que ya solamente nos faltaba un muerto. Entonces nos metimos entre las tumbas más viejas, apuntó con su mano hacia un rincón del cementerio. Era un lugar donde las hierbas se encontraban más crecidas. Había un árbol tan grande que no dejaba pasar la luz de la Luna. Entonces volvía el lugar bastante oscuro. Todavía no llegábamos, pero el ambiente ya se había tornado pesado y el miedo se podía sentir. Ese difunto.

20:35 Según nos dijo, el señor había estado poseído a la hora de su muerte. Entonces lo más seguro era que el diablo era quien manipulaba su cuerpo. Eso lo volvía a el más peligroso. Cuando nos faltaba un buen tramo para llegar, el panteonero se regresó deprisa. No hubo necesidad que nos dijera exactamente cuál era la tumba que buscábamos, porque a lo lejos podíamos ver la figura de una persona que se encontraba parada sobre una lápida. Mi abuela comenzó a rezar en voz alta. Le escuche nerviosa, pedir la ayuda de la reina luego de muchos rezos.

21:20 Le pidió de diferentes maneras al diablo que saliera de ese cuerpo para que el alma del difunto pudiera descansar en paz. Para que pudiera librarlo de todo aquello. Necesitaba colocar la calavera con la boca abierta, pero no podíamos ni acercarnos. Había como una fuerza invisible que nos lo impedía en todo momento, después de muchos rezos, esa fuerza. Fue cediendo hasta que nos dejó llegar lo que estaba parado. Ahí, más que un hombre, era un demonio con grandes cuernos y unos ojos que le brillaban en la oscuridad.

22:03 Mi abuela no me dijo que cerrara los ojos, pero yo lo hice porque no quería seguir viendo esa horrenda figura. No me esperaba que, a pesar de cerrarlos, aún no seguía mirando. Era tanto el miedo que sentía que en ese momento también yo me puse a orar con mis palabras algunas de las cosas que decía doña Josefa entonces, lo que se encontraba y se enfureció esa presencia le gritaba a mi abuela que ella no tenía la fuerza ni la autoridad para expulsarlo. Seguramente tenía razón. Doña Josefa no tenía la fuerza.

22:48 Por eso le pidió a la Reina de los muertos para que fuera ella quien lo expulsará y así sucedió. No tengo palabras para explicar todo lo que sucedió esa noche en el Panteón. Además no lo hago porque mi historia se volviera increíble para la gran mayoría de las personas que la estén escuchando. Y no pretendo eso después de muchos minutos. La calavera ya había absorbido al demonio, o lo que fuera aquella cosa, con mucho cuidado. Mi abuela la guardó en su morral. Nos retiramos. De ahí apenas habíamos caminado unos metros.

23:31 Mi abuela se tiró boca abajo y beso la Tierra de manera en agradecimiento. También yo tuve que hacerlo cuando todo terminó. Sin que me escuchara mi abuela, le di gracias a Dios. Ella, por su parte, le agradeció a la Reina de los muertos por haber estado ayudándola en todo momento. Nos despedimos del panteonero y regresamos a la casa. Entonces respiré aliviada. Estaba muy equivocada, pensando que se habían terminado las situaciones extrañas. Lo digo porque cuando llegamos ahí mismo, en la entrada, nos quitamos los zapatos, nos sacudimos el polvo que pudiéramos traer del Panteón, nos lavamos las manos y la cara con agua preparada.

24:26 Luego fuimos a arrodillarnos frente a aquella imagen de la muerte para agradecerle que nos hubiera permitido volver ahí mismo. Doña Josefa me hizo unas oraciones y me ofreció aquella imagen. Me dijo que para la próxima vez yo le ayudaría a rezarle a los muertos y tal vez un día no muy lejano, yo me quedaría en su lugar. Después mi abuela se fue directamente hacia aquel misterioso cuarto que tenía candado. Lo abrió y al hacerlo se escucharon muchos gritos. Tanto así como dicen que se escucha en el infierno llena de miedo.

25:09 Pude ver muchas cabezas de calavera por todas partes, como las que había llevado al panteón. Supe entonces que eran ellas las que gritaban por las noches. Entendí que ese cuarto era como una cárcel al verme de verdad asustada. Me explico lo que era todo aquello. Me dijo que en cada calavera se encontraba un mal, un espíritu impuro o un demonio. Cada noche. Ella, con ayuda de la reina, se encargaba de rezarle a uno para después liberarlo lejos del Panteón, para que no poseyera de nuevo el cuerpo.

25:53 ¿De dónde los habían sacado? Esa era su labor. Esa noche no dormimos. Mi abuela se la pasó explicándome y contándome muchas cosas que le habían sucedido con los muertos. Me dijo que generalmente visitaba ése u otros panteones. Una vez al mes, Por Primera Vez me abrazó y me dijo que le daba gusto que yo fuera su nieta. Al paso de 2 semanas se presentó mi mamá muy arrepentida de lo que había hecho. Se enfrentó a mi abuela porque me dijo que me llevaría a vivir con ella a su nueva casa. De nueva cuenta se pelearon, esta vez todavía más fuerte, pero al final de cuentas y al ser yo menor de edad, tuve que obedecer a mi mamá. Tomé mi maleta y salí de la Casa de la abuela con la seguridad de un día, tal vez cuando fuera mayor de edad volver con ella. Además, yo estaba consciente de que doña Josefa me había ofrecido a la reina y eso era algo muy serio. Cuando estuve en mi casa y desempaqué la maleta, encontré entre mis cosas una imagen de la reina de los muertos. Entonces supe que ella siempre me acompañaría donde yo fuera. Por desgracia, tenía 17 años cuando mi abuela murió. Mi mamá no me quiso llevar al

27:24 entierro y ella se encargó de vender la casa y todas las cosas de mi abuela. Un día, ya siendo mayor de edad, fui a ese pueblo, especialmente a ese panteón. Para mi sorpresa, el señor que cuidaba también había muerto y fue exactamente en la misma fecha en que murió mi abuela. Preferí no investigar nada, de hecho, no volví para allá. La figura de la reina de los muertos hasta el día de hoy la conservo, pero ya no le rezo y nunca les he rezado a los muertos. Creo que jamás lo haré.

28:08 Querido espectador. Cuénteme en la caja de comentarios que le pareció este relato, esta historia de rezarle a los muertos. ¿Que opina usted? Lo leo para conocernos un poco más y lo invito a suscribirse si es nuevo y activar la campanita de notificaciones. Me ayudarías bastante si compartes el video con un amigo o una amiga para seguir llegando a más personas. Gracias por abrirme esta noche las puertas de tu hogar. Nos vemos en una entrega más de inframundos relatos les deseo.

28:49 Dulces pesadillas.