RELATOS DE REPARTIDORES - ENTREGAS QUE TERMINARON EN PESADILLA - Historias de Terror Perturbadoras
🔥 Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.
Hoy escucharás aterradores relatos de repartidores, historias marcadas por entregas nocturnas, casas extrañas, clientes misteriosos, caminos oscuros, encuentros perturbadores y sucesos inexplicables ocurridos durante recorridos donde el miedo apareció cuando menos lo esperaban.
Relatos de repartidores de comida, paquetería y mensajeros que vivieron experiencias aterradoras mientras hacían entregas en lugares apartados, colonias oscuras y direcciones donde algo no parecía estar bien.
🌙 Si te gustan las historias de miedo realistas, encuentros paranormales, sucesos extraños y relatos perturbadores de la vida cotidiana, este episodio es para ti.
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0:00 Buenos días madrugadores. Los saluda su amigo Inframundo a quienes ya están destapando la cortina de la tienda, acomodando la leche, el pan y las mercancías. Gracias por escucharnos desde tan temprano, sin más comenzamos. Los repartidores a Menudo se encuentran con situaciones inusuales, pero a veces. Esas experiencias van más allá de lo extraño y se adentran en lo inexplicable. Desde entregas que despiertan una sensación de incomodidad hasta eventos que desafían toda lógica, muchos han vivido momentos que parecen sacados de una historia de terror. Hoy les compartimos algunas de esas inquietantes anécdotas. Relatos que muestran como en medio de lo cotidiano, lo paranormal puede hacerse presente. Saludos a todos.
1:09 Me llamo Javier Tinoco y lo que les voy a compartir hasta el día de hoy me sigue sucediendo. Mi trabajo como repartidor era bastante sencillo, al menos al principio. La mayoría de mis clientes eran habituales. Personas que confiaban en mí para llevarles lo que necesitaban sin complicaciones. Fue así como conocí a la mujer que vive en un edificio colonial. Su nombre es Brenda. El lugar tenía un aire de misterio con su fachada desgastada por el tiempo y ventanas que parecían esconder Asus antiguos inquilinos.
1:51 Ella me llamó un día. Solicitando que entregará unas muñecas confeccionadas a mano. Eran trabajos delicados y detallados, cada una más impresionante que la anterior. Pronto se convirtió en una clienta habitual y yo me acostumbré Asus extraños encargos. Con el tiempo, las entregas se volvieron más frecuentes y cada vez que me llamaba sabía que se trataba de una nueva muñeca al principio. No le preste demasiada atención a las peculiaridades del trabajo, pues la paga es buena y no se hacen preguntas. La mujer es reservada, pero amable, y siempre me paga generosamente por mis servicios.
2:39 Sin embargo, algo en su mirada, en la forma en que me observaba cuando recogía las muñecas, me daba escalofríos. Pero el dinero era bueno y eso era lo que importaba. Con el paso de los meses las cosas empezaron a cambiar. Ya no solo me pedía que entregara las muñecas, ahora también me enviaba las casas de sus futuros clientes para recoger objetos personales que, según ella, eran necesarios para confeccionar las siguientes cada vez que cruzaba la puerta de aquellos hogares. Sentía una extraña sensación de inquietud. Los objetos que me pedía recoger eran siempre cosas insignificantes, un peine, una bufanda, a veces un mechón de cabello.
3:33 Pero había algo perturbador en la forma en que esos clientes me miraban. Cuando me entregaban aquel objeto era como si me entregaran su más grande tesoro un día, cuando fui a recoger un nuevo pedido. La mujer me invitó a entrar en su apartamento Por Primera Vez. El interior del lugar era como una especie de taller lleno de estantes repletos de materiales de costura, telas y, por supuesto, muñecas. Cientos de ellas, todas dispuestas en filas ordenadas, con sus pequeños ojos brillantes y sus rostros inexpresivos. Pero algo en ellas me resultó diferente. No parecían simples muñecas, parecían estar observándome como si estuvieran vivas.
4:23 De alguna manera intenté ignorar esa sensación y me concentré en la tarea que tenía por delante. Pero cada vez que pasaba junto a una de esas muñecas sentía que su mirada seguía mis movimientos. El ambiente en el apartamento era pesado, cargado de una energía que no podía explicar. Fue entonces cuando noté que algunas de las muñecas se parecían a los clientes a los que había llevado objetos. Una muñeca tenía el mismo cabello que la mujer de la bufanda, otra tenía los ojos del hombre que me dio el peine.
5:04 Me invadió una sensación de pánico. Me di cuenta de que estaba en medio de algo mucho más oscuro de lo que había imaginado. Quise salir de allí, dejar ese trabajo y no volver nunca más. Pero cuando intenté distanciarme de la mujer y sus encargos, descubrí que no podía de alguna manera. Ella tenía un control sobre mí. Me lo reveló con una sonrisa inquietante. Tenía una prenda mía, algo que me pertenecía, y eso le daba poder sobre mí. Desde entonces, mi vida ha sido una pesadilla cada vez que hago una entrega, cada vez que recojo un objeto, siento que me estoy hundiendo más en su mundo, pero lo peor es que no puedo escapar. He buscado al muñeco que se parezca a mí, pero no lo he logrado.
6:04 Además, que la entrega de muñecas es más frecuente. Tiene tanto éxito, pero aun así no contrata a otro repartidor. Mi madre me llevó con una señora para que me ayudara, pero la bruja insiste en que tengo que llevarle al muñeco para que así me pueda liberar de esa mujer. Tengo 3 años trabajando como repartidor con ella y hasta la fecha no he logrado dar con ese objeto. He buscado ayuda con otros brujos. Pero todos llegan a la misma conclusión, ocupan el objeto para poder liberarme.
6:46 Espero y dar con él pronto y así compartirles el final de mi experiencia con esa mujer. Trabajar en la tienda de imágenes religiosas era un trabajo tranquilo. La tienda pequeña y modesta se especializaba en vender figuras de Santos Vírgenes. Y especialmente durante las fiestas navideñas. Imágenes del niño Jesús en el pesebre la temporada alta era siempre a finales de noviembre, cuando las familias comenzaban a preparar sus nacimientos para la Navidad. Yo me encargaba de realizar las entregas, llevando las imágenes a las casas de los clientes que no podían recogerlas personalmente.
7:37 En su mayoría eran ancianas devotas que siempre pedían lo mejor para sus altares. Mi nombre es Hugo Parra y la experiencia que me sucedió es algo que hasta el día de hoy me estremece. Era el año del 2017. Aquella tarde, justo cuando estaban por cerrar la tienda, el dueño me pidió que hiciera una última entrega. Era una imagen del niño Jesús de buen tamaño, destinada a una mujer mayor que vivía en una zona algo apartada de la ciudad. Aunque ya era tarde y el cielo comenzaba a oscurecerse, acepté la tarea. No era la primera vez que llevaba una imagen así y aunque no me parecía extraño trabajar tan tarde, no quería dejar a una clienta sin su encargo.
8:35 Coloqué cuidadosamente la imagen en mi mochila asegurándome de que estuviera bien protegida. Era una figura detallada y delicada, con el rostro del niño Jesús PINTADO, con un realismo que impresionaba. Una vez que estuve listo, me dirigí hacia la dirección que me habían dado. El camino era largo y mientras avanzaba. La ciudad se iba quedando atrás, las calles se volvían más solitarias y el silencio comenzaba a envolverme. Sólo el sonido de la moto y el viento me hacían compañía. Pero entonces, mientras conducía por una calle particularmente desierta, empecé a escuchar algo más.
9:23 Era un sonido suave, apenas perceptible al principio. Pero que poco a poco fue volviéndose más claro, era el llanto de un bebé. Me detuve en seco, tratando de identificar de dónde venía. Miré a mi alrededor, pero no había nadie cerca. Sin embargo, persistía un llanto débil y lastimero que me ponía los pelos de punta. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo cuando me di cuenta de que el llanto venía de mi mochila. De la imagen del niño Jesús que estaba transportando.
10:04 Me detuve y mi corazón me latía con fuerza mientras abría la mochila, lentamente, sin poder creer lo que estaba pasando. Allí estaba la figura, tan inmóvil como siempre, pero el llanto no cesaba. Era imposible que un objeto inanimado emitiera ese sonido. Y mucho menos. 1. Imagen religiosa. Intenté racionalizarlo pensando que podría estar escuchando cosas debido al cansancio, pero el llanto continuaba. Comencé a sentir angustia porque no tenía explicación lógica. Volví a colocarlo en la mochila y conduje más rápido, tratando de ignorar el sonido que ahora parecía rodearme. El llanto era tan real.
10:54 Tan insistente que empecé a sentir una profunda inquietud como si estuviera haciendo algo terriblemente mal. No podía entender como una imagen del hijo de Dios, un símbolo de pureza y paz, podía estar envuelta en algo tan perturbador. Sentía que, de alguna manera estaba siendo testigo de algo que no debía ser visto, algo que iba más allá de lo que podía comprender. Finalmente llegué a la dirección. La casa tenía una fachada de los años sesentas, con ventanas cerradas y una puerta que parecía no haber sido abierta en mucho tiempo. A pesar de mi ansiedad, toque el timbre, esperando que la anciana me recibiera rápidamente para poder deshacerme de la figura. El llanto, sin embargo, se detuvo tan pronto como toque la puerta.
11:52 El silencio que lo siguió fue ensordecedor, como si el aire mismo se hubiera detenido. Nadie respondió. Toqué nuevamente más fuerte, pero no hubo respuesta. Decidí que lo mejor era dejar la imagen en la entrada y marcharme lo más rápido posible. Coloqué la figura frente a la puerta, asegurándome de que estuviera bien visible. Y di unos pasos hacia atrás antes de darme la vuelta. Miré una última vez al niño Jesús. Sus ojos, que antes parecían tan dulces y serenos, ahora parecían seguirme mostrando un vacío en sus cuencas.
12:38 Me alejé rápidamente con la piel todavía erizada. No miré atrás, pero sentía como si algo o alguien me estuviera observando desde la casa. El camino de regreso fue igual de desolado, pero ya no escuché más el llanto. Aún así, no pude sacarme de la cabeza lo que había ocurrido esa noche. Apenas pude dormir. Cerraba los ojos y veía el rostro del niño Jesús, su mirada triste y el sonido del llanto resonando en mi mente me sentía invadido por una sensación de temor.
13:21 Al día siguiente le conté al dueño de la tienda lo que había pasado, pero él solo se rió pensando que estaba bromeando o que había estado demasiado cansado. Nadie más en la tienda le dio importancia a mi historia, pero yo sabía que lo que había experimentado era real. Decidí no hacer más entregas tarde y con el tiempo me distancié de ese trabajo. No podía seguir en un lugar donde las imágenes sagradas parecían cobrar vida de manera tan inquietante. Aún recuerdo aquel domicilio y no sé si la anciana la recogió o si sigue allí frente a la puerta, esperando a ser vista. Pero lo que sí sé es que lo que viví esa tarde me marcó para siempre.
14:12 Y aunque intento olvidarlo. El recuerdo de ese llanto sigue persiguiéndome recordándome que a veces lo más sagrado puede ser también lo más aterrador. Muy buenas tardes a la Comunidad. Mi nombre es Gabriel Sánchez. Lo que les contaré sucedió en el 2021. Esa noche el trabajo en la farmacia estaba siendo especialmente agotador. Como repartidor, mi tarea consistía en llevar los medicamentos a los clientes que no podían recogerlos personalmente, una labor que solía ser rutinaria y sin mayores contratiempos.
15:01 Sin embargo, alrededor de las 8:00 recibí una llamada que inmediatamente me puso en alerta. Al otro lado de la línea, la voz de un anciano sonaba desesperada. Me dijo que necesitaba con urgencia un medicamento específico, era vital para el ya que se le había acabado el último frasco y su vida dependía de ello. Tome nota rápidamente de la dirección y del nombre del solicitante. La urgencia en su voz no me dejó dudar ni por 1. Segundo, prepare el medicamento y sin perder tiempo me puse en marcha hacia el domicilio. Mientras manejaba, no podía dejar de pensar en la desesperación de aquel anciano.
15:50 El tono de su voz me lleno de angustia. Su voz resonaba en mi cabeza, impulsándome a conducir más rápido. La Colonia a la que me dirigía no me resultaba del todo familiar, pero encontré la dirección sin problema. Era una casa antigua. De esas que parecen haber visto pasar muchas generaciones. Las luces estaban encendidas, lo que me dio cierta tranquilidad al saber que había alguien esperándome. Aparqué la moto y bajé con la bolsa que contenía el medicamento, subiendo los escalones del porche con rapidez. Toqué la puerta y espere poco después. Un hombre de unos 50 años me abrió su apariencia. No coincidía con la del anciano que había imaginado al teléfono. Le expliqué que traía el medicamento que se había solicitado con tanta urgencia.
16:52 El hombre me miró con una mezcla de confusión y extrañeza. ¿Insistí mencionando el nombre de quien había hecho el pedido, seguro de que debía haber algún malentendido, pero entonces? Vi como su rostro cambiaba al escuchar el nombre que pronuncié se puso pálido. Sus ojos se agrandaron y por un momento pareció que no sabía cómo reaccionar. Finalmente tomó la Bolsa con el medicamento. Me pagó y cerró la puerta, pero no sin antes dejarme ver en su mirada una profunda mezcla de incredulidad y miedo mientras sacaba el dinero de su billetera.
17:36 Me dijo algo que me dejó paralizado. Su padre, la persona que había solicitado el medicamento con tanta desesperación había fallecido hacía ya 7 meses. Me quedé allí de pie en el Porche, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Recordé claramente la llamada la voz quebrada del anciano rogándome que me apurara. No había manera de que lo hubiera imaginado, era demasiado vívido, demasiado real y, sin embargo, el hombre que acababa de atenderme estaba convencido de que su padre había muerto meses atrás. Regresé a la moto sintiendo como un frío inexplicable comenzaba a invadir mi cuerpo.
18:28 Arranque el motor cuando llegue a la farmacia. Todo parecía estar en orden. No les comenté nada a mis compañeros. No quería transmitirles mi miedo, pues eso ocasionaría que no quisieran llevar el medicamento durante la noche. Apenas habían pasado 50 minutos desde que había llegado cuando recibí una llamada, el mismo anciano. Pero esta vez su voz sonaba muy serena y solo pronunció la palabra gracias. Déjame decirte que es justamente el tiempo en que ese medicamento hace efecto para que la persona se pueda sentir un poco aliviado. Comprendí que los últimos momentos del anciano han de haber sido desesperantes, pues con la enfermedad que tenía, sus últimos días fueron de mucho dolor y sufrimiento, tanto para el como para su familia.
19:29 Aún trabajo en la farmacia y hasta el día de hoy no he vuelto a tener una llamada como la de aquella noche, pero sí he tenido otras experiencias con lo sobrenatural, las cuales con mucho gusto se las compartiré más adelante. Mi nombre es marco ulloa. Esta experiencia la tuvimos 3 compañeros de trabajo, trabaje en una pizzería, tenía 19 años. Y 2 de mis amigos de la preparatoria también eran repartidores. En total éramos cuatro.
20:09 Cada noche recorríamos las calles en nuestras motos, entregando pizzas a todo tipo de personas. Entre nosotros había un compañero, Juan Manuel, que siempre se distinguía. Su moto. Tenía un sonido peculiar, un ronroneo que la hacía inconfundible. Podía saber que Juan Manuel. Estaba llegando mucho antes de verlo aparecer por la esquina. Juan Manuel era un buen tipo, un trabajador incansable que nunca se quejaba a pesar de las largas horas. Tenía una razón poderosa para mantenerse en el trabajo.
20:50 Su novia estaba embarazada y él necesitaba cada centavo para prepararse para la llegada del bebé. Sería alrededor de las 10:00 de la noche. Cuando llegó una llamada con un pedido de varias pizzas, ninguno de nosotros quería ir, pero en eso llegó Juan Manuel y él tomó el pedido. Lo vimos alejándose del estacionamiento donde colocábamos las motos para irnos a nuestras casas. Al día siguiente nos enteramos que no regresó. Después de una entrega todos nos preocupamos. Lo extraño es que no era una ruta especialmente peligrosa ni complicada, sólo otro cliente más. Pero las horas pasaron y Juan Manuel nunca volvió. Intentamos llamarlo, pero su teléfono estaba apagado. Pensamos que quizás se había quedado sin batería o que había surgido algún imprevisto, pero cuando llegó la madrugada. Y no hubo rastro de él.
21:59 La inquietud comenzó a crecer, se dio parte a las autoridades y se buscó por 3 semanas. Los clientes aseguraron que él se fue después de la entrega, de hecho, hubo testigos que lo vieron partir ileso del sitio de la reunión. Juan Manuel simplemente había desaparecido en los días siguientes las autoridades investigaron, pero no encontraron pistas. Su moto, su teléfono, el mismo, todo se había desvanecido sin dejar rastro. La pizzería se sumió en un ambiente de tristeza y preocupación. Todos queríamos creer que Juan Manuel aparecería de alguna manera, que todo era un malentendido, pero la realidad era que nadie sabía lo que había pasado. Pasaron semanas.
22:53 Y lentamente, la vida en la pizzería volvió a la normalidad, aunque el hueco que Juan Manuel había dejado se sentía profundamente. Entonces, una noche, mientras nos preparábamos para cerrar, sucedió algo que nos congeló la sangre. Estábamos limpiando el local, charlando entre nosotros. Cuando de repente escuchamos un sonido que nos hizo detenernos en seco. Era el sonido inconfundible de la moto de Juan Manuel, aquel Ronroneo peculiar que todos conocíamos al instante.
23:34 Nos miramos entre nosotros, incrédulos, pero a la vez emocionados de que nuestro compañero regresara. La moto sonaba como si estuviera llegando al estacionamiento, pero cuando miramos hacia fuera. No había nada. El sonido continuo durante unos segundos más y luego se desvaneció como si la moto se hubiera apagado. Pero lo más inquietante fue la sensación que nos invadió después. Aunque no había ninguna moto visible, pudimos sentir una presencia en el estacionamiento justo en el lugar donde Juan Manuel solía aparcar.
24:14 Era como si el aire se hubiera vuelto más frío, más tenso. Un escalofrío recorrió mi espalda y supe que los demás sentían lo mismo. Nadie se atrevió a salir a revisar. Era como si todos supiéramos instintivamente que lo que estaba fuera no era algo que quisiéramos enfrentar. Cada pequeño sonido se amplificaba en el silencio tenso del local. Finalmente terminamos de cerrar y nos marchamos cada uno a su casa sin hablar mucho sobre lo sucedido.
24:55 Cuando salíamos del local echábamos una mirada hacia el estacionamiento. Sólo estaban nuestras motos y no la de nuestro amigo. La sensación de que algo inexplicable había ocurrido esa noche no me abandono. No pude dormir bien pensando en la posibilidad de que lo que habíamos sentido fuera Juan Manuel, de alguna manera, regresando, buscando algo. Al día siguiente, cuando llegué a la pizzería, estaba una patrulla estacionada frente al local. Entré rápidamente y los rostros desencajados de los propietarios me dieron a entender que no eran buenas noticias, aunque en cierta manera sí.
25:42 Esa noche que Juan Manuel regresaba, un auto lo sacó del camino, los hombres estaban en estado de ebriedad, asustados echaron el cuerpo y la moto a una canaleta, no había manera de que lo vieran, pero unas personas que transitaban por ahí se detuvieron porque traían una llanta baja y el señor se bajó a revisar. El olor a muerte lo alertó y fue como vieron el cuerpo de Juan Manuel. Por desgracia, nunca se supo quiénes fueron los responsables de su muerte. Nuestra jefa nos dijo que la noche anterior nuestro amigo y compañero había regresado.
26:28 Al fin, como esa tarde encontraron el cuerpo, él pudo regresar. Ya no era uno más de los desaparecidos. Por mucho tiempo se escuchaba que la moto regresaba a su sitio, le pusimos veladoras para que Juan Manuel se fuera a descansar. Ya no trabajo en la pizzería, pero aquella experiencia me dejó un amargo sabor en mi boca. Pues las personas cometen este tipo de accidentes y se les hace fácil ocultar su delito. Muchas gracias por darle voz a lo que le sucedió a Juan Manuel.
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