Sept. 22, 2025

PROSOPAGNOSIA - PACIENTE DE HOSPITAL

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Inframundo Relatos De Terror
PROSOPAGNOSIA - PACIENTE DE HOSPITAL

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0:00 Buenas tardes, a la mejor comunidad de terror que puede haber siempre les hago llegar lo mejor en terror y paranormal, pero en esta ocasión lo terrorífico se centra en la incertidumbre que engloba el misterio de esta historia. Alejandro Cano y Beatriz Quintana son los protagonistas. Psicóloga y paciente desarrollan un relato de terror que te hará pensar que ignorar a alguien. Que está mal de la cabeza en ocasiones es un gran error. Soy Beatriz Quintana y esto pasó en el 2018. Para ese entonces llevaba 4 años trabajando para un manicomio en Bogotá, la capital de Colombia.

0:48 Me reservo el nombre de las instalaciones por obvias razones, al igual que el cambio de mi propia identidad por una diferente. Me encontraba almorzando con un compañero de trabajo, quien recién había llegado de una maestría en los Estados Unidos. Según él, prefería trabajar acá en Colombia y no allá, porque le gustaba su patria y no le agradaba la idea de abandonar a su madre por mucho tiempo. Fue un pensamiento adorable y, por supuesto, respetable. Después de todo, su sueldo era uno de los mejores de todo el lugar. Su currículum era impecable.

1:32 En esa ocasión le pedí que me contara algo sobre la maestría. Fue entonces cuando me reveló un poco de lo que cursó, pero añadió que se hizo tan amigo de uno de los mejores psicólogos, psiquiatras y analistas. ¿Y entonces? Este le habló de una condición muy extraña, conocida como prosopagnosia. Se trata de un trastorno que le impide reconocer rostros al que lo padece. En pocas palabras, aquel que sufra de esto no podrá ser capaz de identificar ni Asus seres más queridos, en algunos casos, ni a él mismo. Me pareció sumamente interesante. Escuché hablar de eso, pero nunca me topé con alguien que él la padeciera.

2:24 En ese momento me habló de la deficiencia del hospital, ya que al regresar de los Estados Unidos confirmó que ahí había un paciente con ese trastorno y que nadie lo sabía. Fue impactante para mí, pero me hizo prometer que no se lo contaría a nadie, es decir, pondríamos nuestros trabajos en riesgo y para nadie. Era un secreto que nuestros superiores eran unos corruptos. Sin embargo, por eso mismo se debía mantener el secreto, ya que el hospital era administrado con dinero del Gobierno. Si se revelara esa condición en un paciente, se hubiesen dado cuenta de que podían exigir una mayor cantidad y entonces comenzarían a aparecer mágicamente muchos pacientes con prosopagnosia.

3:18 No era lo que queríamos. Le pedí que me dijera de quién se trataba y entonces me pasó la copia de unos documentos. Alejandro Cano se llamaba pocas veces lo había visto. Mi compañero me pidió que fuese yo quien lo tratara, ya que él tenía mucho compromiso y dejarlo de lado por un simple paciente era un riesgo. Tenía razón. Ese lujo no nos lo podíamos dar. Acepté y me dijo que ya se lo había mencionado al director. Sólo faltaba la confirmación de que psicóloga era la que lo trataría.

3:59 Al final de la jornada me confirmó que todo estaba hecho y que comenzaría al día siguiente. Cuando llegué a mi casa me acosté y lo medité. Pensé en lo mucho que me serviría esa maestría. Y que de tener la oportunidad la haría así fuera. En el exterior. Me apasionaba la psicología y la mente humana, comprenderla y saber lo que pasaba en diferentes situaciones a las que el individuo se exponía esa noche. Mi hija me estaba contando que en su escuela estaban pasando cosas extrañas, pero de lo cansada que estaba apenas si le presté atención. La mayoría lo olvidé en cuestión de minutos y pronto ambas nos quedamos dormidas.

4:51 Al día siguiente aquel compañero me reveló que conocería al paciente con prosopagnosia y me acompañó hasta su habitación. Confieso que a medida que me acercaba, mis piernas temblaban. No podía explicar por qué, según el informe y demás, era alguien inofensivo. ¿Para nada agresivo y se podía platicar con él? Naturalmente, casi como si fuese una persona normal. Mi compañero me abrió la puerta de la habitación correspondiente y me hizo seña de que solo yo podía entrar para tener una mejor interacción.

5:32 Así lo hice y entonces la puerta a mis espaldas fue cerrada. Había pasado mucho desde que algún paciente lograba ponerme nerviosa. Agité mi cabeza y entonces recordé que debía mantener una postura profesional y eso hice. Alejandro era apenas un chico de 15 años que se encontraba en el piso leyendo un periódico. El cuarto era amplio y sólo estaba la cama, una pequeña mesa donde se guardaban sus medicamentos y el resto. Juguetes con rostros de sus familiares pegados en ellos. Al principio dio la impresión de que todos ahí sabían sobre su condición, pero no recordé que mi compañero me dijo que esos detalles los había hecho él mismo y nunca dio una razón de porque, según lo que tenía entendido, eso lo hizo como una respuesta al miedo de que supieran su verdadera condición. Lo que me sorprendió es que ni siquiera los padres lo sabían. Quién sabe que estaban pensando que tenía ese chico, pero sin duda no lograron descubrir que olvidaba los rostros o los veía diferente.

6:54 Cada que dejaba de verlos me acerque y lo saludé. Me dio la mano y me llevé una gran sorpresa cuando me dijo que había visto mi rostro en alguna parte. Me extrañé. Según su condición, eso no debía ser posible, así que pensé que tal vez me estaba confundiendo. Sin embargo, eso no me detuvo y le pregunte dónde me vio por última vez. Alejandro me dijo que en una escuela donde asistían otros niños de más o menos 10 años, no entendía lo que me decía, pero fingía que si quería analizar su condición muy de cerca. Hacía que me mirara fijamente.

7:39 Luego me paseaba por su espalda para que perdiera mi rostro de vista. Al volver a vernos no me decía nada. Fue entonces cuando decidí indagar y le pregunté si notaba alguna diferencia en mi rostro. Me dijo que no por mi mente. Sólo pasaba la idea de que en verdad ocultaba su condición y era entendible. Tal vez no quería que sus padres se enteraran, pero hablar con él en serio se sentía como si fuese una persona normal. Al menos no debía estar en un manicomio como ese. No dejé de indagar porque algo me decía que esa condición traía algo más que nadie había detectado.

8:28 Le pregunté por qué le había puesto el rostro de sus familiares a los juguetes. Y me confesó que algunos no eran familiares. Al parecer le pedí a la anterior psicóloga que le diera acceso al periódico y de ahí sacaba los rostros de nuevo. Le pregunté por qué lo hacía y sin vacilar, me reveló que algunos se los veía morir antes de verlos en dicho periódico y a esos les recortaba el rostro y los pegaba donde podía. A simple vista parecía una habilidad de clarividencia, pero la descarté inmediatamente.

9:11 Era psicóloga. Después de todo, supe en ese momento que tratarlo no iba a ser para nada sencillo. Cuando llegó el momento de irme de la habitación, Alejandro dijo que quería decirme algunas cosas. Me había ganado su confianza y era eso lo que me ayudaría a entenderlo todavía más. Sus palabras me dejaron sin habla. Primero me dijo que a mi lado tenía a alguien que era el que le provocaba una especie de visiones en las que veía personas inocentes morir y algunas a manos de él. Lo otro fue que un profesor de matemáticas había muerto por la mañana, aparentemente de un paro cardíaco. Alejandro me aclaró que.

10:01 Ese no fue el verdadero motivo de su deceso y que quien lo ocasionó fue aquel del que me hablaba asentí con mi cabeza y le dije que indagaría sobre eso. Salí de ahí aterrada Por Primera Vez en toda mi carrera. Me cuestioné sobre si quería o debía tratar a un paciente. Por mi mente rondaba la idea de que debía solicitar un relevo y que me asignaran a alguien diferente, pero eso no hubiese sido para nada profesional. Pasé el reporte de todo lo que pude sacar de la condición de Alejandro, sin mencionar la prosopagnosia para todos.

10:45 Ahí él tenía un trastorno que le hacía perder la memoria rápidamente. Y que esa era la razón de por qué dejaba de reconocer Asus padres. Tenía síntomas de eso, sí, pero no era de lo que padecía. Yo misma lo confirmé al realizar estudios en privado, sin que nadie lo supiera. Regresé a casa. Mi hija me esperaba, la niñera se fue, apenas llegué, estaba tan agotada como yo. Me senté con mi pequeña y entonces me dijo algo que me dejó anonadada.

11:26 Me reveló que en su escuela un profesor de matemáticas había perdido la vida a causa de un infarto. No lo podía creer, era tal y como Alejandro lo dijo. Según me dijeron ese día no se le entregó periódico. Además, era una noticia que no saldría a esa hora en primera plana. Las instalaciones tenían terminantemente prohibido permitirles el acceso a televisores y radio a los pacientes. Así que no tenía manera de haberse enterado y mucho menos antes que yo, que soy la madre de una de las alumnas de esa escuela, me impactó la noticia y entonces sólo me quedaba la duda de saber si era cierto o no lo que decía.

12:18 De que a mi lado estaba el responsable de algunas de esas muertes, el mismo que le provocaba visiones a la hora de dormirse. Ya no sabía qué pensar. Alejandro demostró no estar mintiendo. Su condición debía ir más allá que de un trastorno, sin importar lo complicada que fuera. Llamé a varios colegas. Por alguna extraña razón, no le quise contar nada a aquel compañero por el que me asignaron a Alejandro. A los que llamé me contaron que la prosopagnosia no se asociaba a ningún caso de clarividencia y me confirmó que si el paciente de verdad la padecía, no debió ser capaz de reconocerme después de que dejó de verme ese ejercicio. Lo hice con él varias veces y no decía nada. O podía haber estado fingiendo al saber que yo era la única ahí con él.

13:20 O entonces no se trataba de un paciente con prosopagnosia, la cosa era más que complicada, no sabía cómo actuar, decirle a mis superiores no estaba considerado, al menos para mí, como una buena idea. ¿Quién sabe que le harían con tal de sacarle más dinero al Gobierno? Que sostenía el manicomio. Me preocupaba por el sin duda era el caso más especial que había visto y por eso debía proceder con sumo cuidado. No estaba permitido el equivocarme y lo único que podía hacer era esperar.

14:00 Hasta el día siguiente llegué al trabajo por la mañana no hablé con nadie. Me puse mi uniforme e inmediatamente entré a la habitación de Alejandro con mi credencial. Recién se había tomado sus medicamentos para el estrés y demás. Me senté con él en el piso y le confesé que tuvo razón. El profesor de matemáticas había fallecido tal y como me lo expreso. Le pregunté cómo él sabía eso y dijo que era algo que no tenía permitido rebelarme. Me dio a entender que no lo vio en una de sus supuestas visiones. Cada que se quedaba dormido, lo que quería decir que había otro factor que influía y del que evidentemente yo desconocía. Traté de convencerlo diciéndole que si me decía todo podría ayudarlo con su condición.

15:02 Él negó con la cabeza y dijo que eso era imposible para mí. Ya que no padecía de nada y que estaba ahí solo porque se lo pidió Asus propios padres. El misterio que englobaba todo me estaba desesperando. Sólo había algo que podía hacer, ir con sus padres. Al terminar mi jornada llamé a la niñera y le pedí que se quedara un poco más con mi hija. Fui a la casa de esos señores y hablé con ellos. Me dijeron que era cierto lo que Alejandro me decía y que un psicólogo les hizo mentir para que ellos dijeran que el chico tenía síntomas de olvidar el rostro de sus seres queridos.

15:52 No podía creerlo. Ellos mismos confesaron que ese psicólogo trabajaba en el manicomio. Y que ellos aceptaron porque estaban pasando por una necesidad muy grande y él les ofreció mucho dinero y una cuota mensual que les ayudaba mucho. Nunca me dijeron el nombre ni cómo era ese hombre, ya que dependían del dinero que éste les daba. Alejandro aceptó con tal de ayudar a su familia y claro que era comprensible. La situación era más complicada de lo que imaginaba. Volví a mi casa y no sabía cómo proceder.

16:34 Ante todo eso, la solicitud de relevo era más que una tentación. Tenía miedo de que se convirtiera en una necesidad. Al día siguiente volví a ver a Alejandro. No podía creer lo mucho que mi mente se había agotado en tan sólo unos días. Me senté con él nuevamente en el piso, sin decirle nada. Poco después me confesó que estaba algo confundido. Él me veía a mí hablándole a otra, igual a mí, pero más pequeña por los detalles que me dio, lo pude deducir rápidamente. Estaba hablando de mi hija, era a ella a quien veía y por eso supo lo del profesor antes que yo. No tenía manera de probarlo, pero por dentro lo sabía y él se percató de ello.

17:31 Me dijo que era algo asombroso, pero que el precio de eso era demasiado elevado. Le rogué que por favor me diera la descripción de aquel que fue a su casa, asegurándole que podía protegerlo a él y a su familia de todo lo que lo amenazaran me dijo que yo no tenía manera de ayudarlo. Pero que sí me diría algo. Me confesó que aquel compañero, el que hizo que me lo asignaran a él, moriría. En ese momento todo lo que pude pensar fue en que él debía ser el que fue a la Casa de Alejandro y se lo llevó.

18:14 Estaba casi segura de que me asignó a ese chico con la intención de tratarlo como si en verdad tuviera prosopagnosia. Y todo encajaba. Tenía contactos con los superiores del lugar. Ocultar algo como eso sería sencillo para ellos. En mi mente no tenía dudas y entonces me decidí a encararlo. En ese momento todo lo que pude pensar fue en que él debía ser el que fue a la Casa de Alejandro y se lo llevó. Estaba casi segura de que me asignó a ese chico con la intención de tratarlo como si en verdad tuviera prosopagnosia. Y todo encajaba.

19:04 Tenía contactos con los superiores del lugar. Ocultar algo como eso sería sencillo para ellos. En mi mente no tenía dudas y entonces me decidí a encararlo. Lo encontré bajando las escaleras del cuarto piso y le reclamé el que hubieran sacado Alejandro de su casa sin siquiera tener algún problema o discapacidad mental. Se extrañaba y me decía que no comprendía nada de nada, pero no le creía. Debía ser él. Le pedí que me dijera qué era lo que le estaban haciendo para que tuviera visiones, que le hacían ver cosas que.

19:49 Aparentemente sucederían en un futuro cercano. De nuevo se extrañó y me juró por sus 2 hijos pequeños que él no tenía idea de lo que salía de mi boca. Mis palabras para él eran confusas y entonces sentí que quien estaba en un error era yo. La jornada estaba por terminar, pero me fui a casa. Antes de eso, mi mente era un completo caos. No me sentía preparada para un paciente como ese. Me hacía dudar de si en verdad tenía algo en la cabeza. Al final, la única explicación para casi todo era la clarividencia.

20:33 No había de otra. Como psicóloga tuve que reconocer que eso era algo que estaba fuera de lo que la ciencia podía explicar. Los análisis revelaban que sí había ciertas anomalías en su cabeza. Pero los que me dirían la verdad sobre la prosopagnosia todavía no eran revelados. Debía esperar y con eso tendría más de la mitad de todo resuelto. En ese momento me llega una llamada de mi compañero, aquel al que acababa de encarar. Me dice que todo el tiempo tuve razón y que había alguien que lo estaba manipulando todo para que fuese como creíamos. Sin embargo, me confirmó que Alejandro si tenía prosopagnosia y que un extraño lo estaba obligando a decir mentiras. Seguimos hablando.

21:31 Todo parecía que se iba a esclarecer, pero entonces escuché un alarido por parte de mi compañero y la llamada se colgó. No supe más nada de él por el resto de la noche. Decidí llamar a la policía y contarles. 2 horas después lo encontraron muerto en su apartamento. Lo habían estrangulado sin piedad. Nadie vio nada. El responsable de eso no dejó ni siquiera una pista, ni indicio ni nada. Tal y como Alejandro lo había dicho, mi compañero murió al día siguiente.

22:13 Por la mañana fui a la habitación de Alejandro, pero estaba vacía. Fue entonces cuando me revelaron que este se quitó la vida por la noche, una sorpresa para todos. En el lugar dejó una nota escondida entre sus juguetes que sólo yo pude encontrar. Decía que en realidad no se trataba de una clarividencia, ni de visiones ni nada, sino que por las noches un nombre del manicomio entraba en su habitación y le decía el nombre de la persona que moriría. Así, al ver el periódico no reconocía el rostro, sino el nombre, reveló que se trataba de uno de los que mandaban en el lugar y que tuviera mucho cuidado.

23:02 Curiosamente 2 días después se reportó como desaparecido el director del Manicomio, se realizó una búsqueda más que exhaustiva, pero nunca dieron con su paradero. Seguí viviendo con la incertidumbre de saber si ese director era el responsable o si, por otro lado, este estaba entre esas paredes y me veía todos los días manteniendo en secreto lo que en verdad hizo. Al final tuve que dejar todo en manos de Dios y 5 meses después me trasladaron a un hospital psiquiátrico.