MARATÓN de HISTORIAS de TERROR de SANTA CLAUS - Inframundo Relatos de terror
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Muy buenas noches, trasnochadores…Les habla Inframundo. Hoy abrimos un archivo prohibido: tres historias reales de brujas que helaron la sangre de quienes las vivieron. Apariciones, sombras aladas y fuerzas antiguas que siguen rondando en los rincones más oscuros de México. Escucha bajo tu propio riesgo… la noche está atenta.
🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:00 En noches heladas, Santa Claus ronda por los hogares en silencio, su risa grave resonando entre las luces de la ciudad, de aquellos hogares donde se espera su tan deseada visita, el miedo de aquellos niños para que Santa Claus no se los lleve en su saco por no haberse portado bien. Hoy en día aquellos recuerdos agradables se cuentan Asus hijos y nietos. Pero no todo es felicidad en Navidad, pues hay algunos que tuvieron horribles experiencias con Papá Noel y las han compartido como un regalo de Navidad para la Comunidad en esta noche de relatos de terror.
0:44 Aquí comenzamos desde pequeña. ¿Había notado que en casa era diferente el festejar la Navidad? Mientras mis amigos se emocionaban al ver a Santa Claus en las tiendas o al recibir regalos bajo el árbol. En cambio, en mi hogar siempre era diferente. Había una calma, nada de que esa noche llegaría Santa Claus con regalos, porque nos habíamos portado bien. Con los años. Me fui acostumbrando, así como mis hermanos. Mi nombre es Paulina Álvarez, esto que les contaré, mi madre. Me lo narró hace algunos años cuando le pregunté porque nosotros no festejamos en nuestra niñez la Navidad como los otros niños.
1:35 Según me dijo, el pueblo donde creció se llenó de supersticiones. Ella tenía la edad de 17 años cuando sucedió algo en su comunidad. Ellos vivían a unos 3 km de la ciudad más cercana. Así que sus padres iban a la ciudad para comprarles los regalos que colocaban bajo un pino natural que adornaban con esferas, luces y pelo de Ángel, que, por cierto, ella sonreía diciendo que este parecía como esas telarañas que colocan hoy en Halloween. Pero este picaba mucho y dejaba la piel con un tono rojizo. Nadie quería colocarlo y a ella, por ser la mayor, siempre le tocaba cubrir el árbol con este.
2:20 El pueblo apenas contaba con luz eléctrica y el alumbrado apenas si cubría unas cuantas calles, pues la modernidad estaba llegando. Así que después de que el pueblo apagaba sus luces y se hundía en la oscuridad, esa Navidad de 1965 se comenzó a escuchar un rumor. Todo. Venía de voz de un joven Alberto se llamaba. El había perdido la cordura, o eso decían, pero a pesar de su locura, Alberto decía la verdad, hablaba de un Santa Claus, pero no el de los cuentos ni el de la sonrisa bonachona, sino de uno que se paseaba por las calles buscando almas. Este santa no traía regalos ni alegría. Era algo más que una presencia, más que un ser, con una sombra, con una sonrisa espantosa.
3:17 Los ojos oscuros y su traje rojo, todo sucio que más bien parecían harapos. Alberto decía que se llevaba a quienes habían vivido con crueldad y maldad en su corazón. Todos escuchaban al joven, pero cuando decía que santa se llevaba, las almas le comenzaban a decir que estaba mal de la cabeza, que sus recuerdos y pensamientos se mezclaban. Pero nadie dudaba de que en sus palabras había un poco de verdad. Alberto insistía en que él había visto a ese Santa Claus que había sido testigo de cómo se llevaba el alma de su abuela. Una Navidad me estremecí al oír la seriedad con la que mi madre contaba esto, describiendo como Alberto repetía aquella historia cada año en la época decembrina.
4:13 Mientras recorría el pueblo con su mirada perdida. Según el su abuela, había sido una mujer dura, de carácter terrible y era conocida por el desprecio con el que trataba Asus hijos y nietos. Su crueldad era tal que hasta los vecinos evitaban cruzarse con ella. Alberto, siendo niño, había visto en silencio como ella maltrataba Asus hijos y a cualquiera que se acercara demasiado. Cabe aclarar que la señora lo hacía más en los días previos a la Navidad. Nadie se atrevía a cuestionarla y ella imponía su presencia en cada rincón del hogar. Una noche de Navidad todo cambió. Alberto siempre decía que fue la única vez que su abuela mostró un poco de miedo en sus ojos, como si ella misma pudiera sentir la presencia de aquel santa oscuro. Que venía a buscar a los pecadores. La noche estaba silenciosa y helada y Alberto, siendo niño, se había quedado despierto.
5:22 Esa era la noche que recordaría por el resto de su vida porque, según él, Santa Claus había venido desde su habitación. Escuchó a su abuela gritar el sonido era desgarrador, como si algo invisible la arrastrara desde el interior. Algo que nadie más podía ver. Nadie acudió Asus gritos y él solo se aferraba Asus cobijas viendo como la mujer era arrastrada fuera de la casa. Los vecinos contaron que todos se habían quedado paralizados escuchando esos gritos que lavan la sangre, pero ninguno abrió la puerta, pues nadie sabía que era lo que estaba sucediendo en casa de la señora.
6:08 Pensaron que sólo se trataba de una de sus rabietas hacia algún miembro de su familia y al día siguiente encontraron a la mujer muerta en su cama con una expresión de terror absoluto congelada en su rostro. Alberto siempre afirmaba que Santa Claus se había llevado su alma. Pese a lo impactante de su relato, nadie le creía la gente del pueblo. Atribuía aquella historia a los desvaríos de un joven que había perdido la razón y cada Navidad, cuando Alberto repetía su relato, la gente lo evitaba, negándose a escuchar lo que consideraban una simple locura.
6:52 Pero el tiempo demostró que quizá había algo de verdad en sus palabras, porque poco después de la muerte de su abuela. Otra. Desaparición se sumó al siguiente año. Otra señal de que aquel Santa Claus no era un simple cuento. Ezequiel, un joven conocido por su rebeldía y por la manera en que trataba a su madre, desapareció en circunstancias extrañas. Ezequiel era arrogante y cruel, y a Menudo maltrataba a su madre en público. La insultaba, la despreciaba y se burlaba de sus lágrimas sin ninguna compasión. La gente del pueblo evitaba intervenir, aunque todos sabían de la violencia que él ejercía sobre su madre. Esa Navidad, Ezequiel llegó a casa ebrio, gritando Insultos y burlándose de su madre, pero la noche buena le guardaba su último maltrato hacia su madre.
7:51 A medida que avanzaba la noche y el pueblo entero se sumía en un silencio, excepto la cantina del pueblo que estaba a todo festejo navideño. Un grito desgarrador surgió desde la Casa de Ezequiel. Era un alarido que rompió la calma, un sonido de desesperación y terror. Los pocos vecinos contaban que aquel grito parecía venir del mismo infierno, como si algo lo hubiera atrapado y estuviera tirando de él hacia las sombras, donde no había retorno alguno, de igual manera que la Navidad anterior. Nadie acudió a su auxilio. Nadie se atrevió a abrir las puertas ni a salir de sus casas. Al amanecer, la madre de ezequiel salió a la calle desesperada buscando a su hijo, pero no había rastro de él. La señora contó que un hombre vestido de rojo había ingresado a su casa y se llevó con él a su hijo. Nadie quiso buscarlo y nadie lo volvió a ver. Y los rumores se esparcieron rápidamente diciendo que Santa Claus se había llevado a otra alma. La abuela de mi madre le dijo que la muerte misma tomaba la forma que las personas más le temían. Quizás ellos le temían a este personaje, pues Alberto contó que en una de las visitas a la ciudad, cuando fueron con una de sus tías en una de las tiendas,
9:24 había un Santa Claus. Y su abuela se congeló al ver aquel sujeto vestido de esa manera, sólo la anciana sabía el motivo de su miedo hacía Santa Claus. De igual manera le sucedió a Ezequiel, quien por varias noches tuvo pesadillas con aquel personaje. También en una de sus idas a la ciudad, mi madre, a medida que creció, comenzó a escuchar historias sobre Santa Claus. Algunas buenas, otras no tanto. El miedo se contagia ahí. Era por ello que mi madre no tenía en casa alguna imagen en papel o de cualquier material. La figura de Santa Claus a veces las leyendas de los pueblos tienen más veracidad de lo que uno espera. Saludos a todos y felices fiestas. Continuamos.
10:22 Era un niño cuando aquello ocurrió. La Navidad siempre había sido mi época favorita. Luces de colores adornando las casas, el aire frío con olor a pino adornando las alas de los hogares, el olor agradable de la cena navideña y lo que más me agradaba, el olor a la canela. Pero como todo niño, la ilusión de ver a Santa Claus en el desfile anual de nuestra ciudad. Pero esa ilusión se rompió una noche, cuando presencié un accidente que quedaría grabado en mi mente y en mi corazón. Me llamo Antonio Echeverría.
11:02 Les aseguro que hasta hoy recuerdo la emoción en el auto de mis padres. Mientras nos dirigíamos al desfile navideño. Yo miraba por la ventana buscando los adornos en los almacenes que tenían los aparadores con enormes árboles navideños. Pero mi imaginación era hacia Santa Claus, con su gran trineo lleno de regalos. La carretera estaba atestada de autos, todos avanzando hacia el mismo destino. Pero a medida que avanzábamos, descubrimos el motivo de la lentitud del avance de los autos en ese mismo instante. La noche cambió para mal frente a nosotros un choque y a medida de que pasábamos por el caos. Todo lo vi como si fuera en cámara lenta. Los autos chocaron unos contra otros y uno de ellos, decorado como un trineo de Santa Claus, se vio atrapado en la colisión. Vi cómo los adornos navideños destrozados y esparcidos, fragmentos de luces y esferas en todas direcciones. No era el santa de la televisión, era un hombre real, un hombre vestido de santa que.
12:16 Probablemente también se dirigía al desfile para hacernos felices a niños y adultos, pero en ese momento su risa y su alegría fueron tragadas por la violencia del accidente. Mis padres intentaron cubrirme los ojos, pero ya era demasiado tarde. Había visto demasiado. Vi la silueta de aquel hombre atrapado, su traje rojo manchado. Su gorro de santa, perdido entre el metal retorcido, me quedé petrificado, sin poder apartar la vista, sintiendo un frío en el pecho que me calaba hasta lo más profundo de mi corazón. De niño no podía comprender del todo lo que estaba viendo, pero sabía que aquello era la muerte.
13:06 Desde esa noche, la imagen de aquel Santa Claus herido se quedó grabada en mi memoria. Y cada vez que cerraba los ojos veía su rostro ensangrentado y su mirada perdida. Como si me buscara, como si sus ojos me suplicaran. ¿Ayuda? A medida que pasaron los días, empecé a soñar con él. Pesadillas que parecían más reales de lo que la mente de un pequeño de 10 años podía soportar en esos sueños. ¿Veía a Santa Claus? No en su trineo lleno de regalos, sino atrapado entre hierros y vidrios, su cara deformada por los vidrios incrustados en su piel y su mano mostrando sus huesos rotos, extendida hacia mí, como si quisiera alcanzarme.
13:57 Por desgracia, a partir de esa Navidad las pesadillas regresaban y cada año se volvían más vividas. Soñaba que corría entre autos destrozados. Oyendo el sonido de las sirenas y el crujido de los metales mientras intentaba escapar. Pero siempre estaba esa figura de Santa Claus que cojeaba entre los autos destrozados, con su ropa rasgadas y su barba empapada de sangre. Lo sentía tan cerca. Podía oír su respiración entrecortada, su jadeo pesado y yo sin poder escapar. Sentía que en cualquier momento su mano fría y sangrienta por fin me agarraría llevándome con él a su tumba.
14:43 El sueño era siempre el mismo. Me despertaba empapado en sudor, con el corazón latiendo, como si acabara de escapar de una pesadilla tan real, tan vívida. Con el tiempo, mis padres notaron mi aversión a la Navidad. Ya no quería ver películas navideñas. Ni asistir a las celebraciones incluso evitaba los centros comerciales donde los hombres disfrazados de Santa Claus posaban con niños en las rodillas. Todo me recordaba esa noche a ese hombre que había muerto en su traje de Papá Noel. Mis padres pensaron que con el tiempo se me pasaría. Llegó la adolescencia.
15:28 Y ellos creían que era rebeldía por mi edad, por más que intenté olvidar, esa imagen regresaba cada año, cada Navidad, como el espíritu de la Navidad. Fue hasta que cuando tenía 16 años, que finalmente mis padres me llevaron a terapia. No fue fácil revivir aquel recuerdo, pero con el tiempo comprendí algo que me ayudó a aliviar el peso de aquel maldito recuerdo. La terapeuta me explicó que era un niño cuando ocurrió que no había nada que pudiera haber hecho para ayudar a aquellas personas atrapadas en el accidente. Aquel Santa Claus no me buscaba a mí, no estaba enojado conmigo y su tragedia no era mi culpa.
16:16 Así como tampoco por haber sido un testigo silencioso que pasaba por el sitio en el momento del fatídico accidente con varias terapias. Aprendí a aceptar que aquel hombre no era el monstruo de mis sueños, sino una víctima más envuelto en un accidente. A partir de esa noche le confesé a la psicóloga que para mí fue una terrible noche en la que la Navidad se desvaneció en la muerte de aquellas personas. Pero aunque la lógica me ayudó a comprender, el miedo no se desvaneció por completo. Porque cada Navidad. Temía cerrar los ojos y encontrarme de nuevo con aquella figura sangrienta, aquel Santa Claus de las pesadillas que ni con terapias pude disipar. Es un miedo que he aprendido a vivir una marca que la Navidad dejó en mi infancia.
17:15 Ahora, cuando veo a un hombre disfrazado de Santa Claus en la calle, no veo la alegría, sino los restos de un trauma. Un Santa Claus atrapado entre el metal retorcido de su auto. Ahora tengo 30 años, la Navidad, la festejo de manera diferente. En mi hogar no hay adornos navideños, salvo las luces puestas al azar en la sala, aunque a veces con el cambio de estas veo las luces traseras de los autos, las luces intermitentes que te avisan que algo fatídico sucedió. Muchas gracias por contar mi anécdota.
17:59 Lo que les voy a contar aún me aterra de una manera que dejó las luces de mi casa encendidas. Mi nombre es Dominique. Actualmente vivo en Colorado, Estados Unidos. Esto que les contaré me sucedió cuando tan sólo tenía 9 años. Un recuerdo de mi infancia, de aquello que carga a uno. Y que, a pesar de ser un adulto, lo recuerdas como si hubiesen sucedido apenas ayer. Aún recuerdo el sonido de las gotas golpeando el techo y las ventanas. Llenaba la casa con una monotonía pesada mientras todos en casa dormían profundamente. Pero yo no podía conciliar el sueño por más intentos que hacía.
18:48 Quizá era la emoción de la Navidad. El deseo de ver los regalos bajo el árbol a la mañana siguiente o simplemente el recuerdo del Santa Claus que había visto en la casa de mis tíos el año anterior. Pero esa noche todo en el ambiente era distinto, algo que solo notaría cuando el reloj marcara la medianoche. El aire dentro de la casa se sentía cálido. Pero después cambió a uno helado de una manera antinatural, como si algo hubiera decidido colarse con la tormenta de ese diciembre. En plena noche de Navidad.
19:28 Intenté acurrucarme bajo las mantas. Miraba mi hermano Paul dormido, como si le valiera que esa noche vendría Papá Noel. Pero aún así, aunque me cubriera por completo el frío, me atravesaba hasta los huesos. Sin saber exactamente por qué, me levanté de la cama y me dirigí hacia el pasillo. Todo estaba en penumbras, iluminado apenas por las luces titilantes del árbol de Navidad en la sala y reflejadas las gotas de lluvia en las ventanas. Al llegar al borde de la escalera, algo llamó mi atención, una sombra extraña proyectada cerca del árbol de Navidad. La silueta era reconocible, pero también deformada. Parecía la figura de Santa Claus, pero con proporciones erráticas y poco naturales.
20:22 Una joroba sobresalía de su espalda y sus brazos colgaban a los costados más largos de lo normal, como si fueran extremidades de algún otro ser. Observe aquella figura moviéndose lentamente entre las sombras y un miedo helado comenzó a recorrerme el cuerpo. Esa imagen no era el santa que recordaba de las Navidades en casa de mis tíos, donde él llegaba con una sonrisa cálida y un saco de regalos. Este santa era una imagen macabra, una versión espectral y no del personaje alegre que solía visitar en los centros comerciales y las reuniones familiares.
21:05 Su rostro estaba cubierto de un maquillaje exageradamente blanco. Cubriendo unas heridas en su rostro, la vi claramente cuando se acercó a la lámpara, donde mi madre había colocado galletas y leche para él. Sentí como algo caliente. Se escurrió por mi entrepierna. Cuando se giró hacia mí, me di cuenta de que sus ojos eran pozos oscuros, tan profundos y vacíos, tan negros que parecían devorar la poca luz del ambiente. Por un instante nuestras miradas se cruzaron y él me sonrió. Pero aquella sonrisa no era ni cálida ni amable, como lo era de Papá Noel. Era una mueca antinatural, tensa, mostrando unos dientes amarillos afilados y torcidos, que no pertenecían a un ser humano.
21:58 Aquella sonrisa era de pura maldad que me heló la sangre. Sentí que mis piernas comenzaban a temblar. Incapaz de apartar la mirada de aquella figura que se movía lentamente hacia mí, arrastrando consigo su saco de juguetes, la figura avanzaba sin prisa, deslizándose, sin hacer ruido, y sus ojos nunca se apartaban de los míos, su cuerpo desproporcionado con aquel saco deforme que llevaba sobre su espalda y sus brazos largos y flacos. Me dieron la impresión de que si los alargaba hacia mí, me arrastrarían sin problema alguno y me metería en ese sucio saco.
22:42 Intenté retroceder y fue en ese momento que me di cuenta que me había orinado sobre mi pijama. Me sentía atrapado entre mi miedo y esa visita a mitad de la noche de ese Santa Claus. Y fue entonces que se detuvo a unos pasos de donde yo me encontraba atrapado por la pared detrás de mi espalda. Aquel Santa Claus se inclinó y sus labios retorcidos esbozaron otra sonrisa aún más amplia, dejando ver cada diente podrido que se escondía en su boca. Su barba, toda sucia e igual de apestosa, podía oler el hedor de su aliento. Un aroma a putrefacción. Mi visión comenzó a nublarse.
23:26 Y pensé que iba a desmayarme. Lo siguiente que recuerdo es que el Santa comenzó a desvanecerse, quizás porque mi visión se volvía negro. Todo a mi alrededor. Lo último que recuerdo es ver como su figura se desvanecía y un grito de horror proveniente de quién sabe dónde desperté en mi cama envuelto en sudor frío. Temblando y sin poder dejar de pensar en lo que había visto, todo estaba en silencio otra vez. La tormenta había finalizado y la casa parecía volver a la calma. Me levanté y bajé al salón esperando ver alguna señal de lo que había sucedido, alguna evidencia que confirmara que no había sido una pesadilla. Pero lo único que encontré fue el árbol de Navidad. Con los regalos ya apilados a su alrededor, todo parecía normal, como si nada hubiera pasado.
24:28 Intenté contarles a mis padres lo que había visto, pero nadie me creyó. Se rieron pensando que había bajado a medianoche a abrir los regalos y que mi imaginación había hecho el resto. Pero yo sabía que lo que había visto era verdad desde esa noche. Mi ideal de Santa Claus cambió para siempre cada vez que veía una decoración navideña o escuchaba canciones decembrinas, recordaba aquel Santa Claus. Aquella sonrisa macabra y eleedora podredumbre que impregnaba el aire de la sala, evitaba ver a los hombres disfrazados en los centros comerciales con sus falsos trajes rojos y sus sacos de regalos. Porque en lo profundo de mí.
25:16 Sabía que esa imagen alegre no era más que una máscara. Detrás de ella podía estar el mismo ser que había visto aquella Navidad. La idea que se formuló en mi mente es que Santa Claus no siempre trae regalos. Muchas gracias por contar mi experiencia. Me despido de ustedes, no sin antes desearles una blanca Navidad y un Feliz Año Nuevo. Muy buenas noches a todos. Me llamo Roxana Covarrubias. Ya han pasado muchos años de lo que les contaré. Me gusta la Navidad, aunque por muchos años no era partícipe de esta festividad.
26:01 Esto sucedió una noche de Navidad, cuando era una niña. Me quedé despierta más tiempo de lo que debía, ansiosa por ver a Santa. Claus. Mis padres siempre me decían que debía dormir temprano para que el pudiera dejar los regalos bajo el árbol. Pero aquella noche el entusiasmo era más fuerte que el sueño. Mi madre sabía que en cualquier momento me quedaría dormida en el sillón de la sala. Pero a medida que el reloj avanzaba y la casa estaba en silencio, sólo iluminada por las pequeñas luces navideñas que. Parpadeaban en el árbol y la sala, en un tenue resplandor colorido, desde el sillón observaba las sombras que las luces proyectaban en las paredes y el techo. Los colores se movían suavemente y a veces las sombras formaban figuras curiosas, pequeñas y cambiantes. Eso me estaba adormeciendo, pero en un momento percibí una sombra distinta, una silueta grande y pesada que. Avanzaba lentamente, proyectada en la pared al fondo del pasillo.
27:14 Mi primer pensamiento fue que era Santa Claus. Me quedé quieta, conteniendo la respiración cubriéndome para que Santa Claus pensara que estaba dormida, pero aún así veía mientras la figura se movía. Era alta, más alta de lo que imaginaba que sería él, y su cuerpo parecía tener una forma extraña. Como si su enorme saco a la espalda le pesara demasiado. Tal y como mis padres me habían contado, mi corazón latía rápido y fuerte entre la emoción por conocer a Papá Noel. Sin embargo, mientras observaba, la emoción se fue disipando y dio paso a un miedo que me hacía jatear tratando de respirar a medida que la sombra se acercaba más a la sala. Las luces del árbol la iluminaron mejor. Entonces pude distinguir que aquel saco no era un saco. Era una joroba grotesca que sobresalía de su espalda, deformando su silueta.
28:19 Sus brazos largos y desproporcionados colgaban a los lados tan delgados y torcidos que no parecían pertenecer a un ser humano. Estaban rígidos como si se movieran por una voluntad que no era propia. Como si de una marioneta se tratara, el cuerpo de la figura se veía corpulento, pero no de la forma en que yo esperaba que fuera santa. Claus. En lugar de eso era una masa maltrecha, con movimientos lentos y pesados, como si avanzara con esfuerzo su sombra se proyectaba sobre las paredes de la sala, creciendo y encogiéndose con el parpadeo de las luces en ese momento.
29:04 Entendí que lo que estaba viendo no era Santa Claus, pero no podía apartar mis ojos atrapada en un miedo tan profundo que me dejó completamente paralizada. La figura avanzó lentamente por la sala y cuando estuvo junto al árbol, su sombra cubrió casi por completo las luces del árbol. Era como si absorbiera la poca luz que había, dejándome en una oscuridad más tensa. Más aterradora a lo lejos creí escuchar un sonido extraño, un susurro gutural, como si aquella cosa estuviera murmurando palabras que no podía entender. Me estremecí queriendo gritar, pero mi voz no salía. Mis piernas temblaban y por 1 segundo creí que iba a desmayarme.
29:58 La figura siguió moviéndose y entonces noté que sus pasos no hacían ruido. Como si se deslizara. En lugar de caminar, vi su sombra, alargarse hasta el borde de la ventana de la sala y sentí que en cualquier momento podría girarse y mirarme. No sé cómo, pero sabía que si lo hacía algo terrible me pasaría. Cerré los ojos con fuerza, esperando que desapareciera, rogando que todo fuera un mal sueño. Una pesadilla en la que Santa Claus me decía. Que no era bueno estar despierta cuando él llegaba a dejar los obsequios. Cuando los abrí de nuevo, la figura ya no estaba en la sala, pero pude ver como su sombra grotesca se deslizaba lentamente por la ventana, saliendo hacia la noche fría.
30:51 No me atreví a moverme durante un largo rato. Permanecí en silencio, escuchando cada pequeño sonido de la casa, cada crujido que venía de la calle. Y murmullo del viento. Algo en mí se quebró esa noche. La imagen de aquella sombra seguía viva en mi mente, grabada en mis recuerdos de una manera tan intensa que, incluso años después, seguía sintiendo el escalofrío en la piel cada vez que pensaba en ella. No supe después qué sucedió, pues cuando desperté ya había pasado una semana. Mis padres me dijeron. Que me había resfriado por dejar la ventana abierta de la sala. Me di cuenta que si les decía de lo ocurrido no me iban a creer. Pues me dirían que fue por la fiebre que tuve a partir de esa Navidad.
31:47 La imagen de Santa Claus dejó de ser un buen recuerdo para mí. Me costaba ver con la misma inocencia a ese personaje alegre y gordo que otros niños adoraban. No podía borrar el recuerdo de aquella sombra deformada y tenebrosa que había visto aquella noche, ni los detalles de sus brazos largos y delgados de su joroba monstruosa que se movía como si tuviera vida propia. Tampoco podía mirar a los santa de los centros comerciales sin sentir una mezcla de miedo y repulsión. Tenía el temor de que debajo de aquel disfraz.
32:27 Resurgiría que el Santa Claus te forme años después, ya siendo mayor, me pregunté si aquella experiencia había sido sólo una pesadilla infantil, una visión producto de mi imaginación, pero algo en mí sabía que había sido real desde entonces. En cada Navidad evito quedarme despierta hasta tarde y prefiero no mirar las luces parpadeantes. Demasiado tiempo en el fondo. Sé que aquel. Recuerdo nunca se ha desvanecido realmente y que esa sombra sigue acechando en algún rincón oscuro de mi memoria, pues hay miedos y traumas de la infancia, que es imposible olvidarlas. Muchas gracias por leer mi relato. Santa Claus de porcelana, basada en la anécdota de Germán Fonseca.
33:35 La tía Carlota nunca se casó y como tampoco tuvo hijos. Y no fue porque no haya querido, sino como muchas mujeres que llegan a comprometerse en su matrimonio y el mero día de su boda las dejan vestidas y plantadas frente al altar. Eso fue lo que sucedió con ella. Mi nombre es Germán y lo que les contaré aún sucede en casa de mi tía. Ella tiene una gran colección de muñecas, de hecho 1/4 lo destinó para su colección. Todo se inició el día que la dejaron en la iglesia vestida de novia, pues el novio jamás se presentó. Algunos en la familia dicen que es una manía todo lo que hace. Pero con el tiempo comprendí que no era así. Esto es una manera de amortiguar su dolor por lo sucedido. Yo le visito muy seguido.
34:38 Ella ahora tiene 60 años y pareciera que el tiempo no pasa en ella. Yo la visito muy seguido. Ahora tiene 60 años y pareciera que el tiempo no pasará en ella. Como les contaba, tiene una gran colección de muñecas, desde porcelanas de tela y hasta el más extraño material que puedan pensar que es imposible que le den forma a unas muñecas. Ella solo las exhibe en su casa en días claves del año, como lo son el día de fieles y punto o Navidad, colocando diferentes muñecas y muñecos por toda la casa.
35:25 Desde catrinas el 2 de noviembre, así como Santa Claus y duendes por toda la casa en el mes de diciembre y es de este Santa Claus del que quiero contarles desde que mandó a construir la casa, se cuenta que comenzaron a suceder cosas extrañas en ella estando en obra negra. El velador falleció un 25 de diciembre. Y como esos días nadie se presentó a trabajar, sino hasta días después, fue cuando se percataron de la muerte del pobre hombre. Pero no solo el velador falleció, sino 2 albañiles más. Uno cayó desde el techo y cayó sobre unas varillas. Mi madre nos contó que fue una muerte muy horrible para el albañil porque tardó en llegar la ambulancia. Y como se encontraba atravesando por varias varillas, nadie se atrevió a sacarlo de ahí.
36:26 El último en fallecer fue exactamente dónde se encuentra el nicho. Justo en el descanso de la escalera se asustó con algo, resbaló y se desnucó. Cuando lo atendieron, ya estaba sin vida. Todos cuentan que es por eso que lo sobrenatural se hace presente en casa de la tía Carlota. En el nicho es justo donde coloca a Santa Claus, este se encuentra hecho de porcelana. Su traje es de Terciopelo rojo y sin faltar los pedazos de Charol Negro ni de como metro y medio, es pesado por el material en el que está hecho. En una ocasión mi tía me pidió que le ayudara a adornar la casa en la Navidad del 2016.
37:23 La caja es de madera y todo envuelto en hules para que no se dañe. Cuando lo estaba colocando, le pregunté a mi tía de dónde había adquirido esa reliquia. Ella me contó que ella y el que fue su prometido lo compraron en una casa de antigüedades. Y es por eso que lo cuidaba tanto en verdad que era muy pesado y se lo hice saber. Ella sólo sonrió y me dijo que estaba lleno de. Recuerdos, pero la verdad, no sé por. ¿Dónde podría haber metido esos recuerdos de los que, según ella, tenía la figura, pues por ningún lado se le miraba que estuviera dañado, además que no se sentía hueco?
38:15 Ya apreciándolo de cerca, en verdad que sí. Era antiguo, unos enormes ojos y mostrando una sonrisa que se apreciaba con la barba que tenía. Pero también me di cuenta que el cabello y la barba aparecían cabellos humanos, como mi tía se encontraba buscando algo en el lugar donde lo guarda. Intenté quitarle el rostro, pero. Una voz detrás de mí me hizo dar un salto del susto. Les puedo jurar que sólo su rostro y el torso del muñeco están hechos de porcelana.
38:56 Lo más extraño era el olor que percibía el muñeco. Fue cuando recordé lo que mi hermano me dijo, ese Santa Claus se mueve por sí solo. No hay manera de que lo haga. Ya que no es posible de que se baje por sí solo, el nicho se puede ver desde cualquier ángulo de la casa. Es como si fuera un guardián en ella, aunque también los duendes tenían un extraño aspecto. Mi tía me dejó solo porque tenía unas cosas que hacer. Yo me dedicaba a poner los adornos en el nicho. Esferas muérdagos.
39:41 ¿Y cuántas cosas se le ocurrían a la tía? En eso estaba cuando en uno de esos movimientos me hizo quedar cara a cara con el Santa Claus. Este tenía sus ojos bien abiertos. Por instinto acerqué mi rostro al de él y fue cuando los movió del susto. Casi caigo por las escaleras. Pensé que había. Sido mi imaginación. Comencé a tener miedo, pues ese muñeco se quedaba mirando. Ya no quise acercarme a él hasta que mi tía regresara estúpidamente.
40:22 Le pregunté que miras tonto y ese maldito muñeco volvió a mover los ojos. Fui a parar hasta abajo y ya no me quería regresar a terminar hasta que mi tía llegara. Si me lo hubieran contado me hubiera reído y no lo hubiera creído, pero como me pasó a mí era algo muy diferente. Cuando regresó la tía yo me encontraba muy nervioso y ya no quería seguir ayudándole. Ella se dio cuenta de mis nervios y miró hacia el nicho. Me aseguró que ya había hecho demasiado que le esperara. Y pediría un taxi para que me llevara de vuelta a casa. Ella se mantuvo callada en los minutos que tardaron en pasar por mí.
41:20 Algo me decía que ella sabía que su Santa Claus se movía, pero nunca lo iba a decir. Cuando llegué a casa y le conté a mi madre lo sucedido, me miraba sin decir una palabra. Intuí que lo sabía porque cuando terminé me comentó que en esa casa pasaban más cosas y que yo ni siquiera me daba cuenta. Todo comenzó después de la muerte de los obreros y cuando la casa quedó lista para ser habitada les llegó la noticia de otro fallecimiento. La muerte del que fuera novio de mi tía no permite que nadie le ayude.
42:06 Posiblemente porque no quiere que nadie se meta con sus recuerdos o le hagan alguna pregunta. Nadie la visita porque le tienen miedo. Y esto no solo porque ese Santa Claus se mueve por sí solo. La familia asegura que son las almas de los obreros y el velador los que hacen que ese muñeco se mueva, aunque mi abuela y su hija Carlota no se hablan. Ni se frecuentan desde el día de la boda. No realizada esto porque la abuela asegura que dentro de ese muñeco están las cenizas del difunto novio de Carlota, aunque la familia lo ha desmentido siempre recuerdo las palabras de mi tía. Está relleno de recuerdos.
42:59 Ya han pasado algunos años. Y he de confesarles que quisiera que me pida que le ayude a colocar el Santa Claus de porcelana en el nicho, hacer de cuenta que tuve un pequeño accidente y lanzarlo por las escaleras para que este se quiebre y ver el contenido en su interior. Hasta hoy mi tía sigue pasando la Navidad sola en su casa, rodeada de sus recuerdos y sus muñecas. Y desde luego. Con ese Santa Claus de porcelana haciéndole compañía. La imagen de la Navidad a la que muchos estamos acostumbrados, la de los arbolitos y las calles llenas de luces electrónicas que llenan de melodías navideñas el ambiente, los santas en las calles o en las plazas comerciales, la televisión. Con cientos de anuncios de las ofertas de temporada y el paisaje lleno de nieve.
44:13 No era lo que yo estaba acostumbrada en mi infancia. Ya de último, eso que describí es lo que yo entiendo como Navidad, los regalos, los villancicos, etcétera. Pero cuando yo era niña vivía en un poblado muy pequeño. No diré que era pobre porque realmente no pienso que lo fuera lo que sí. Es que estaba súper desconectado y la única gente que solía salir eran quienes iban a comprar cosas fuera o quienes comerciaban. Lo que cultivaban y cosas por el estilo era gracias a lo que esas personas me contaban, que yo conocí la Navidad, por lo que comprenderán que lo que les voy a contar a continuación no me pareció raro nunca. Hasta que salí de mi pueblo para estudiar, me di cuenta de que la Navidad, y en especial su principal representante en el mundo, Santa Claus, no era ni de lejos lo que el resto de las personas fuera del pueblo entendían por Santa. Recuerdo que cuando era niña, cada año esperaba con ansias la Navidad como toda niña.
45:31 Constantemente trataba de quedarme despierta por la noche para poder verlo, pero también como cualquier infante, no aguantaba, despierta mucho tiempo y despertaba siempre al día siguiente en mi cama con mi respectivo regalo, que no sobra decir. No eran propiamente juguetes, eran cosas, sí, pero yo no concebía los regalos como juguetes, solo objetos. Así una Navidad recuerdo haber recibido. Un zapato, otra, un botón de camisa, otra el lente de unos anteojos. Y en cierta ocasión, y ahora, sabiendo toda la verdad, lo más perturbador fue un diente. Un día, con la curiosidad de la niñez, le pregunté a mi mamá y mi papá cómo era que Santa Claus entraba a la casa si siempre estaba cerrada.
46:28 Ellos me dijeron que no entraba. Me contaron que ellos y todos los padres del pueblo iban a visitarlo y en su casa él les entregaba los regalos y ya ellos no los entregaban a los niños. Ya con esa información decidí más que esperar a Santa despierta. Esperaría que mis papás salieron esa noche para seguirlos y poder conocer a Santa. Llegó Nochebuena. Y cuando la noche cayó me fui a dormir, pero a escondidas, sin que se dieran cuenta, me tomé una taza de café para mantenerme despierta.
47:10 No sabía en ese entonces por qué eso, funcionaria, pero había oído muchas veces a los adultos decir que lo tomaban para mantenerse despiertos, así que fue lo mejor que se me ocurrió. Y funcionó esa noche nomás no me dio sueño. Así que cuando escuché que mi mamá y papá se pusieron de acuerdo para salir, me salí de la cama y espere a oír como cerraban la puerta. Me asomé Tantito desde mi cuarto para ver que no había nadie y me acerque a la salida. Por suerte mi pueblo era tan pequeño que podía andar de noche por las calles sin perderme. Ya me lo sabía de memoria.
47:55 Así podía irme escondiendo sin que me vieran. No quería que nadie fuera a descubrirme y avisarle a santa, y entonces si además de no poder verlo, no iba a poder tener mi regalo, pues anduve tras de ellos un rato. No sabría decirles cuánto, pero finalmente tanto ellos como los demás adultos con hijos. Se reunieron alrededor del viejo pozo, que estaba abandonado desde hacía quién sabe cuánto. Sólo oí a murmullos de la gente. Yo pensé que ese era sólo el punto de encuentro en el que se verían con santa y de cierto modo no me equivocaba. Lo que no me esperaba es que en el pozo fuera donde santa vivía. O bueno, eso es lo que hasta mucho tiempo después me imaginé. Porque nunca lo vi.
48:52 Sólo recuerdo haber visto una especie de luz saliendo del pozo y ver también como una de las personas que estaban ahí, reunidas por voluntad propia, se metía al pozo, se agarraba de la orilla y se dejaba caer. Yo no sabía que sucedía como niña. No tienes muchas referencias mentales para poder comparar. Trataba de entender lo ocurrido cuando de repente. Del pozo empezaron a salir flotando. Tanto las ropas como los objetos que aquella persona llevaba consigo y todos los que estaban alrededor, incluidos mamá y papá, empezaron a tomar las cosas en el aire y aguardárselas en las bolsas o en sacos grandes, dependiendo de qué era lo que agarraban.
49:43 Yo solo alcancé a ver vagamente, les digo las ropas y por ahí alguna que otra moneda. Y creo que incluso hasta un dedo quisiera creer que no, porque me parecía en extremo extraño que alguien tomara algo así. Pero hay todo tipo de gente en todos lados. Además, ya me había tocado en alguna Navidad pasada que me regalaran un diente. Yo no tenía modo de procesar aquello. No lo vi como algo malo, solo como algo que no podía entender. Como magia. Al fin y al cabo, si algo entendemos todos los niños es que esa época es mágica y suceden cosas fantásticas. Esperé entonces a que mamá, papá y el resto de las personas se alejaran del pozo para poder acercarme y asomarme para poder ver a santa entonces, cuando todos se habían retirado. Ya no importándome que mis padres no me encontrarán en casa.
50:54 Me acerqué a la boca del pozo que aún despedía una luz suave y vi dentro la verdad. No sé decir si me asuste o no, pero si me quedé impresionada, porque adentro había una enorme masa hecha con cuerpos de personas y se podían distinguir muchísimas caras, casi perfectamente. Y de las bocas y ojos de aquellas caras. Era de donde salía esa luz con que ese es santa. Me dije a mí misma y ondeé la mano para saludarlo. Un par de manos que eran visibles. Contestaron y muchas caras sonrieron. Yo solo sonreí de vuelta y regresé a casa, feliz por haber conocido finalmente a Santa y haber podido saludarlo, como les digo. Yo nunca me asusté.
51:47 No sentí miedo ni nada extraño fuera de lo fascinante que era estar viendo cosas así de mágicas. Pero cuando salí de mi pueblo y me di cuenta de que lo que yo tenía concebido como Navidad y más que nada como Santa Claus, era algo completamente diferente. Me sentí aterrada. Duré mucho tiempo en procesar que mi infancia. Había sido increíblemente extraña y para algunos pesadillesca. Pero el tiempo va sanando, sino borrando todas esas experiencias que adquieren significados nuevos a la luz de otras perspectivas. Por eso también deje de contarles a las personas cercanas esa vivencia, porque lo tomaban como una historia de terror.
52:36 Y entiendo bien la razón, pero decidí contarla aquí. Porque creí que era el lugar adecuado, que descansen. Gracias por el espacio y feliz Navidad. La época navideña siempre ha sido de mis favoritas. Desde que era niño. Me parecía una temporada mágica y en la que todos se veían más felices. Por eso, cuando mis hijos nacieron, no podía esperar a que crecieran lo suficiente para poder ver sus rostros iluminándose al recibir sus regalos.
53:24 Deseaba mucho que experimentarán el despertarse la mañana de Navidad con el olor a atole y pan dulce que a mí me despertaba cuando era pequeño. De toda la familia, yo siempre fui el que más deseaba que llegara Navidad, empezaba. A poner los adornos desde que comenzaba noviembre y no escatimaba en gastos a la hora de adornar mi casa, aunque fuera por dentro, porque vivíamos en una vecindad, estaba llena hasta lo posible de lucecitas y las ventanas completamente cubiertas por nieve artificial. Conforme pasó el tiempo empecé a ganar mejor sueldo y nos mudamos a una casa no muy grande.
54:12 Pero eso sí, con una pequeña y pintoresca chimenea, más que nada por mi capricho de poder darle a mi casa un toque navideño extraordinario y como se lo imaginarán, también me puse a ver la manera de conseguir un traje de Santa Claus para usarlo durante la noche con tal de que mis hijos me vieran y se emocionaran dure como 3 semanas en encontrar a alguien que pudiera hacerme un traje que se viera decente. Lo demás fue ponerme de acuerdo con mi esposa para que me siguiera la corriente el mero día de Navidad, o mejor dicho, en la madrugada. Yo ya les había dicho a mis hijos que no habíamos podido tener la visita de Santa porque no teníamos chimenea en el departamento donde habíamos vivido hasta entonces, por lo que ahora que sí teníamos.
55:07 Era muy probable que se diera el caso, que se lo toparan por accidente, pero siempre les dije que si lo llegaban a ver, no fueran groseros con él y que no se le aventaran o hicieran ruido porque a él no le gustaba que lo descubrieran. Pues bien, después de estar planeando y planeando el dichoso evento y haber comprado los regalos que habían pedido mis hijos, llegó el día. O mejor dicho, la noche me vestí de Santa Claus y obviamente no me Subí al techo y me metí por la chimenea. Solamente me escondí en un armario y esperé a que mis hijos estuvieran en su cuarto para salir, hacer un poco de ruido y esperar a que me descubrieran.
55:57 Les había dicho que dejaran algo de galletas y leche. Como ya habíamos hecho tradicionalmente desde que tenían uso de razón obvio, me aseguré de que dejarán mis galletas favoritas. Dieron las 11:00 de la noche. A esa hora mis pequeños ya estaban en cama y muy probablemente dormidos, aunque conociéndolos, yo sabía perfectamente que estaban despiertos y preparados para encontrarse con Santa Claus. Estaba yo escondido en el armario que estaba junto a la sala, esperando escuchar a mis pequeños husmear para aparecer. De pronto empecé a oír unos pasitos. Al principio creí que eran mis hijos caminando de puntitas para no ser descubiertos, pero había algo extraño en la frecuencia de los pasos.
56:53 No sonaban como si fueran 2 pares de piececitos sobre el suelo. Era más bien como una sucesión de muchos pequeños pies en cada paso. La curiosidad me ganó y aún sabiendo que podría ser visto antes de tiempo por mis hijos, me asomé por una rendija y vi lo más espantoso que he contemplado en mi vida. Era una especie de monstruo con decenas de pequeños pies insectoides rondando por mi casa. Se asomaba a los rincones. Olía con lo que parecía ser una nariz de cerdo, las paredes y los muebles, hasta que se topó con la leche y las galletas y se las comió despacio y con un gusto que me causaba asco. Estaba pasmado con lo que estaba viendo cuando de pronto recordé a mis hijos.
57:44 De inmediato volteé a la puerta que daba acceso a la sala para poder ver si estaban ahí para protegerlos de semejante aberración. Pero no los vi. Al parecer y por suerte, se habían quedado dormidos, por lo que esperé un momento para ver lo que hacía esa cosa. Y cuando no encontró más comida, simplemente se metió a la chimenea haciendo un ruido extraño que me causó escozor en el cuello, el sonido de cientos de pequeñas patas subiendo por el muro interior de la chimenea. Cuando todo aquello pasó, salí despacio para ver la escena. El vaso de leche vacío de las galletas sólo quedaban migajas y vi de pronto bajo el arbolito de Navidad, un par de bultos extraños me acerque a ver, y cuando las lucecitas de Navidad alumbraron suficiente, me di cuenta de que eran 2 bolas gelatinosas.
58:44 De inmediato mi mente me hizo deducir que eran probablemente huevos. Huevos que había dejado aquella criatura extraña como regalo. Así es, esa especie de Santa Claus monstruoso. Había dejado un par de crías a manera de regalos, con quién sabe qué intenciones. De inmediato tomé el saco donde había guardado yo. Los regalos lo vacié de prisa bajo el árbol, sin importar el ruido que causara, y metí ese par de monstruos no nacidos para llevármelos lejos. Cuando salí y mientras metía el saco a la cajuela de mi auto, vi de lejos sobre el techo del vecino, como aquella criatura extraña salía de la chimenea y de inmediato, corriendo como un enorme insecto, se metía a otra.
59:37 No supe qué hacer, solo me lleve los huevos y los arrojé en un arroyo cercano que llevaba algo de agua gracias al deshielo y solo vi cómo se iban flotando lejos. Cuando regresé eran cerca de la 1:00 de la mañana del 25 de diciembre y yo estaba aún vestido como Santa Claus, pero sudoroso y con las botas llenas de lodo. Mis hijos nunca vieron a Santa esa noche, pero yo vi algo que me cambió para siempre, la manera de ver la Navidad y desde entonces las chimeneas me dan miedo.
1:00:17 Y más cuando se acerca la época navideña. Por eso decidí bloquear la chimenea y seguir decorando por encima, aunque ya no lo hacía con tanto gusto, puesto que cada cosa que representa la Navidad a mí me trae recuerdos de esa noche. No supe nunca qué sucedió con los demás huevos, pero temo lo peor, porque a la mañana siguiente y durante varios días. Empezaron a llegar patrullas y ambulancias periódicamente y en la tele empezaron a aparecer noticias en las que se hablaba de un asesino que dejaba Asus víctimas con el pecho abierto. Me imagino que todos ustedes ya ataron cabos, pero pues no tengo manera de comprobar nada.
1:01:06 Así que sólo se queda como un relato para muchos, tal vez fantasioso. Pero para quienes lo vivimos de cerca es un ejemplo perfecto de que hay cosas extrañas moviéndose sobre la Tierra y entre nosotros y no estamos ni de lejos preparados para lidiar con ellas. Espero haya sido de su agrado mi historia y tengan mucho cuidado con sus chimeneas. Saludos. La idea de alquilar un disfraz de Santa Claus fue mía. Quería sorprender a mi familia durante la celebración de Navidad, especialmente a mis sobrinos, que habían llegado del vecino país de Estados Unidos. Así que unas semanas antes de la noche buena, mi compadre Juan Carlos me recomendó una tienda donde alquilaban disfraces. Muy buenas noches a todos.
1:02:08 Me presento, me llamo Sebastián López y quizás mi experiencia no sea de terror al que están acostumbrados, pero aun así la comparto con ustedes. Tómenlo como una advertencia, esa cuando tu sexto sentido te grita que mejor no lo hagas. Después del trabajo me aventuré a buscar el atuendo a la tienda recomendada por Juan Carlos. Ésta se encontraba en la esquina de un callejón poco iluminado, un lugar antiguo. La tienda parecía sacada de otra época, con vitrinas de antaño y maniquíes cubiertos de trajes extraños.
1:02:49 Aquel lugar tenía un ambiente casi perturbador, pero no le di importancia, ya que sólo me tomaría unos minutos estar ahí. Al entrar, un empleado joven me saludó con un leve asentimiento. Le expliqué lo que buscaba y el me condujo al fondo de la tienda donde los disfraces de Navidad estaban almacenados entre los distintos modelos. Uno destacó de inmediato un traje rojo intenso con detalles dorados. Una barba larga era, sin duda el Santa Claus perfecto, como si estuviera hecho. Para mí. Les seré sincero. Me sentí emocionado al verlo.
1:03:33 Imaginé las caras de mis sobrinos y de mis padres cuando me vieran vestido así. Sin embargo, al tomar el disfraz entre mis manos noté algo extraño. El traje tenía pequeños orificios distribuidos de manera irregular en la tela. Eran diminutos, casi imperceptibles, pero me causaron una sensación incómoda, como si el traje estuviera deteriorado de una manera peculiar. ¿Tal vez comido por las polillas? Le pregunté al empleado si tenían otro en mi talla, pero me explicó que ese era el único disponible para alguien de mi estatura y complexión mientras me lo probaba.
1:04:17 Esa sensación de incomodidad iba en aumento, pero como no había otro disponible para mí, no me quedaba de otra que rentarlo, pues la Navidad sería dentro de 2 días y no encontraría otro disfraz. Pero algo me decía que no me lo llevara. Aunque el traje me apretaba ligeramente en los hombros y en el pecho y mirándome en el espejo, no pude evitar notar lo realista que se veía. La barba y el gorro añadían un toque de autenticidad. El empleado al ver mi entusiasmo cuando lo coloque sobre el mostrador para que hiciera el papeleo para poder llevarme el disfraz. Me preguntó si estaba seguro de que si lo quería rentar en las condiciones en las que se encontraba. Yo le dije que sí.
1:05:08 Fue entonces que me ofreció algunos detalles de su historia. Mencionó que el traje había sido alquilado en muchas ocasiones durante las pasadas Navidades, pero que las personas siempre lo devolvían antes de tiempo, alegando que se sentían extraños al usarlo. Algunos incluso decían que tenían visiones o que experimentaban sensaciones perturbadoras. Sin embargo, me convencí de que todo era una simple superstición, así que lo alquilé. De todas formas, decidido a no dejarme influenciar por lo que me contaba el empleado mientras lo metía en la Bolsa para entregármelo, me reveló algo que me hizo que los pelos de la nuca se me erizarán.
1:05:58 Y el deseo de no llevarlos me dijo que me haría un favor y que me lo agradecería. El no ponérmelo. El disfraz había sido de un hombre que le hizo algo horrible a su familia en la noche de Navidad. Terminó con la vida de todos los presentes, pues se había enterado de la infidelidad de su esposa con su hermano. Los pequeños orificios son las marcas de las detonaciones de la policía. Al detenerlo, después de aquellos terribles hechos, los que habían rentado el traje, algunos le contaron a los empleados haber tenido el deseo de acabar con los que se encontraban en esos momentos en sus hogares, otros terminar con su vida y otras cosas peores.
1:06:46 La verdad sí, desistí de llevarlo, pero mi terquedad me ganó. Cuando llegué a casa se lo mostré a clara mi esposa. Quien se emocionó al verlo. Pero algunas mujeres tienen mejor percepción que uno, pues clara supo de inmediato de que se trataban esos orificios en el traje. Yo aún no le contaba la historia que me había dicho el empleado, pero cuando se lo conté, ella misma tomó la decisión de que no lo usaría. Yo, entre risas, le dije que esas eran puras estupideces. Un cuento fraguado por el empleado. Ella me dijo que lo tendría listo para la Navidad si estaba empeñado en ello. Bueno, amigos, la verdad es que me dio miedo usarlo. El temor de que esa prenda tuviera la esencia de ese asesino me dio escalofríos.
1:07:42 Esa noche todos estaban en casa alegres y la verdad, no ha habido otra Navidad como esa. Tuve el impulso de ponerme el traje, pero como les dije en un inicio, el sexto sentido me impulsó a no hacerlo. Después de la Navidad. Le pedí el disfraz a clara, pero ella me dijo que lo había destruido. Mientras yo me encontraba en el trabajo, ella lo había quemado en el bote de metal que está al final del patio. Es ahí. Donde quemo las hojas de los árboles cuando cubren en exceso el patio trasero de la casa. ¿Y si ahí estaba hecho carbón?
1:08:25 Creo que clara, en cierta forma previno a que sucediera una desgracia, lo cual se lo agradezco mucho. Pero el joven de la tienda no estuvo alegre por lo que le dije sobre cómo terminó el disfraz de Santa Claus, lo tuve que pagar. Pero al menos ya nadie va a tener experiencias oscuras con él. Desde niño siempre había sentido algo extraño en la Casa durante las festividades navideñas. Era como una sensación oscura de esas que envuelven las celebraciones, en especial cuando nos reuníamos en el salón. Este tenía las decoraciones navideñas de décadas pasadas. De los viajes en que los abuelos hacían al extranjero y siempre traían adornos un poco extraños.
1:09:19 El año en que cumplí 10 años, algo extraño sucedió en la celebración de Navidad, así como la de mi festejo por parte de la familia. Y en ese tiempo mi deseo mayor era ver a Santa Claus en persona. Me llamo Orlando Peña y lo que les voy a contar sucedió hace 20 años. Y es un recuerdo que hasta el día de hoy conservo. Quizás por lo extraño que fue, debo aclarar que ya no me ha vuelto a suceder esa noche. Todo parecía normal al principio de la reunión, la familia riendo y contando historias mientras los adultos terminaban de preparar la cena en la cocina, los niños nos revolvíamos inquietos alrededor del árbol, ansiosos por los regalos que estaban a punto de aparecer. La emoción era tanta que nadie se dio cuenta de que yo había comenzado a ver algo extraño, una figura borrosa que aparecía entre las sombras del pasillo que llevaba el salón. Pensé que mis ojos me engañaban, pero a medida que la figura se acercaba fue haciéndose más nítida. Era alta, encorvada y parecía tener un aspecto opaco, como si estuviera hecha de niebla.
1:10:39 Pues se veía traslúcido. Llevaba un traje rojo desgastado, un saco que recordaba el de Santa, pero con colores apagados, muy opacos. Tenía el rostro oculto bajo su barba larga y desordenada. Y aunque intentaba sonreír, había algo triste en sus ojos. Por un momento pensé que era un disfraz, un hombre vestido de Santa Claus que había venido a sorprendernos. Estaba por gritar de la emoción, pero al verlo más de cerca me di cuenta de que había algo extraño en su apariencia. Su piel de tono pálido y sus manos temblaban como si fueran incapaces de sostener el pesado saco que cargaba sobre el hombro.
1:11:27 Sus movimientos eran lentos e irreales. Sentí un escalofrío y traté de acercarme a mis padres, pero ellos estaban ocupados en la cocina. Nadie más parecía notar la presencia de aquel santa triste que se movía en silencio por la sala. Entonces el hombre me miró y de alguna manera sentí que en esos momentos conocí a ese señor. Pero de una manera distinta, aquel santo Traslúcido se acercó a un rincón de la sala. Ahí fue que me di cuenta que aquel Santa Claus era un fantasma, pues mi primo Abraham. Pasó corriendo y lo atravesó sin siquiera percatarse de lo que acababa de ocurrir.
1:12:12 Me quedé mirando hacia el rincón donde la figura poco a poco se iba desvaneciendo. A partir de esa noche ya no volví a ver a ese santa. Me mantuve alerta por si volvía a aparecer. Mi madre notó mi nerviosismo y me preguntó qué me pasaba. Yo le comencé a preguntar si Santa Claus era una especie de fantasma. Ella me contestó que él pasaba inadvertido por las personas cuando este hacia acto de presencia, pero su respuesta no me dio la tranquilidad que esperaba a la edad de 16 años. Por casualidad recordé lo sucedido, pues mi prima Eva me contó que ella tuvo una experiencia parecida como la mía, pero ella si se lo comentó a alguien al abuelo.
1:13:06 Este le contó que era el fantasma de su hermano, quien se había quitado la vida en una Navidad, esto porque su esposa lo había abandonado y se llevó a los niños con ella al no soportar el abandono. Esa Navidad se vistió de Santa Claus, colocó los regalos bajo el árbol y a la medianoche se dió un tiro en la sien. Es por eso que a mí se me hacía conocido. Pues tenía ciertos rasgos parecidos a mi abuelo. Después de lo contado por Eva, entendí que algunos espíritus quedan atrapados en sus recuerdos en sus mejores momentos o peores momentos más dolorosos. Eso que se me mostró esa Navidad fue una Navidad pasada. Hasta hoy no he vuelto a ver aquel santa y eso me da mucha tranquilidad.
1:14:01 Creo que ni mis hijos lo han hecho. Pues ninguno me ha hecho comentario alguno de ver un Santa Claus transparente en la noche de Navidad. Lo que les contaré fue una historia compartida por uno de mis amigos y con su consentimiento se las comparte. Me llamo Ulises Cosío, no paso las Navidades con mis padres ni con sus familiares. Pues tienen ya más de 11 años que se divorciaron, así que evito las festividades decembrinas con ellos, así que lo hago en algún otro lugar del país o en el extranjero. Para esa Navidad del 2018 éramos un grupo variado y entre nosotros se encontraba Mark, un amigo extranjero con el que compartía la pasión por las historias de terror. Él había crecido en Austria.
1:15:00 Y con costumbres muy distintas a las nuestras. Y cuando le pedimos que nos contará una historia de su Tierra, acepto con una sonrisa que me hizo intuir que traía una de esas leyendas capaces de congelarte la sangre. Mark comenzó su relato hablando de un pequeño pueblo, uno perdido entre las extensas montañas de Austria, donde el invierno es eterno y las noches heladas, mientras describía el lugar. Yo me lo iba imaginando. Mark hizo una pausa y señaló que esta historia fue contada por su abuela. En los lejanos años de 1950.
1:15:43 Los habitantes vivían casi aislados después de la segunda guerra que hubo hacia tan sólo unos años. El poblado era de lo más sencillo y sus habitantes tenían una vida dura. Resulta que en ese lugar santa. No era visto como el personaje bondadoso y alegre que nosotros conocemos. Según contaba mark, allí existía la leyenda de un Santa Claus muy distinto llamado Nicolau, uno tan antiguo como ese pueblo. La primera aparición de este Santa ocurrió una noche en que el viento helado Silva entre las casas. Afuera la nieve caía incesante.
1:16:28 La gente decía que nicolau parecía salido del infierno. No llevaba el traje rojo brillante ni la sonrisa amable que todos esperábamos. Al contrario, vestía ropas oscuras y un abrigo gastado, pesado y cubierto de manchas, como si hubiera vagado por el hielo y la tormenta. Durante siglos su rostro estaba cubierto por una barba grisácea y enmarañada, y sus ojos eran 2 oscuros. Que parecían petrificar el alma de cualquiera que osara mirarlos. La abuela de Marc describía como cada Navidad este Nicolás visitaba el pueblo.
1:17:10 Nadie sabía de dónde venía, pero siempre aparecía. Al caer la noche, moviéndose con paso lento y pesado, se deslizaba por las calles cubiertas de nieve. Sus botas dejaban huellas profundas. Que cuando salían a la calle después de su paso, estas huellas habían desaparecido. No mostraba rastro alguno que había estado en el pueblo. Los aldeanos decían que era mejor evitarlo, pues sus intenciones no era entregarles un obsequio, sino llevárselos con él. Con el tiempo, en cada Navidad, la gente comenzó a quedarse en sus hogares durante toda la noche incluso.
1:17:53 Se llegó a advertir a los niños de que no debían salir, que el nicolau podía llevarse a los que no obedecían. Sin embargo, como siempre, hay niños que no obedecen Asus padres. Y ese fue el caso de un niño vecino de la abuela de Mark, quién desapareció esa noche de Navidad de 1951, uno de los hombres del pueblo. Miró al pequeño jacobo observando por la ventana de su cuarto al exterior. La abuela de Mark, que en ese tiempo tenía 10 años, también veía por la ventana la caída de la nieve. Segura que al día siguiente saldría a jugar con sus hermanos.
1:18:37 Fue entonces cuando en una ráfaga de viento helado miró como por la calle una silueta oscura que ni se inmutaba por la ventisca. Caminaba a paso lento. Pero a pesar de eso, avanzaba con cierta rapidez, pues cuando menos lo pensó, este pasó frente a su casa. Se dirigía a la casa del Pequeño Jacobo. Ella parecía estar petrificada ante lo que veía, pues miró cómo ese ser. Abrió la ventana y sin problema alguno, sacó al niño de su casa llevándoselo con él. Su abuelita intentó gritar. Pero la misma ráfaga de viento se hizo presente, cubriendo al ser y al pequeño ante la mirada aterrada de la niña. Cuando se dieron cuenta de la ausencia de Jacobo. Ya era muy tarde, el pueblo se reunió para buscarlo y fue cuando un anciano decía haberlo visto, pero nadie le creyó, pues el anciano había sufrido la pérdida de sus hijos en la guerra.
1:19:43 Y creían que no estaba bien de su cabeza. Él señaló hacia dónde se había llevado al pequeño. Ella también contó lo que había visto, pero el alcalde del pueblo pospuso la búsqueda, pues las condiciones no eran seguras para nadie. Esa mañana de Navidad, a partir de ese año, siempre regresaba el espíritu de un nicolau emergido de la oscuridad, llevándose a un niño cada Navidad. Lo perturbador es que la abuela de Marc le aseguró que la gente del pueblo azotada por la guerra y la hambruna un año antes de que terminara la guerra, los desesperados padres pidieron un milagro de Navidad, que el pueblo fuera próspero, que se fueran los soldados y tuvieran alimentos y que no fueran encontrados por la guerra nuevamente, ya saben.
1:20:39 ¿Un pacto? Alguien hizo el pacto con nicolaus. Aceptó, pero no era el nicolaus al que se le ponía un tributo de frutas y alimentos, una cena de Navidad. Su tributo era un niño por año y nadie en el pueblo pudo hacer algo para que eso no sucediera. Mark explicó que con el tiempo las familias comenzaron a abandonar el pueblo. Nadie quería vivir en un lugar donde la Navidad era entregar a uno de sus hijos. Poco a poco los hogares se fueron vaciando, las casas quedaron desiertas, las tiendas cerraron y el pueblo entero fue cayendo en el olvido hasta que finalmente solo quedaron ruinas y nieve cubriéndolo todo. Hoy en día.
1:21:29 Se cree que el pueblo fue abandonado durante la. Guerra. Cuando Marc terminó su historia. Todos en silencio. El con su sonrisa amplia nos dijo que hay que tener cuidado con los deseos en Navidad. Estoy seguro de que a la gran mayoría de la audiencia le ha pasado algo como lo que les voy a contar. Y seguro muchos coincidirán en que es probable que fueran imaginaciones de un niño, pero aún así. No deja de. Perturbarme ahora a mis 30 años, cerca de mi casa hay un centro comercial.
1:22:16 Dentro hay un pequeño local de muñecos de todo tipo de porcelana, de ventrílocuo, peluches, botargas, etcétera, etcétera. A mí nunca me dieron mayor miedo, más allá de incomodidad, de ver tantos juntos. Pero cerca de la entrada, cuando empezaba la temporada de Halloween, ponían un Santa Claus enorme cuya cara me aterraba. Tenía unos ojos enormes casi saliéndose de sus cuencas y una sonrisa llena de dientes amarillos, chuecos y perturbadoramente realistas. Es más, en la escuela decíamos que esos dientes eran de verdad y que se los quitaba a los niños que se portaban mal. Pues no les miento.
1:23:05 Cada año ese muñeco se veía peor en vez de irlo viendo menos amenazante. Conforme crecía era. Al contrario, cada año parecía volverse más y más real, al grado de que eventualmente sentía que me seguía con los ojos. Siempre pensé que era mi imaginación y nunca le di mayor importancia. Pero eso sí. Siempre que pasaba cerca de ese lugar, o agachaba la mirada o la volteaba a otro lado. Obvio, para empezar, trataba de no pasar cerca, pero estaba prácticamente a la entrada del centro comercial y sólo había otra entrada a la cual no era práctico ir, ya que era darle la vuelta entera a la plaza y cuando iba acompañado, nadie ni de chiste quería hacer eso. Y menos si les contaba que era porque no quería encontrarme de frente con ese horrible santa.
1:24:03 Claus. Total, ese Santa Claus nunca dejó de darme miedo. Hubo una época en que nomás se acercaba la temporada en que lo ponían y comenzaba a tener pesadillas con él. Y de una de esas ocasiones les quiero hablar. Era ya noviembre y empezaba a ponerse helado. El Santa Claus ya llevaba un mes más o menos donde siempre lo ponían. ¿Y cómo les mencioné antes? Este año se veía más terrorífica que el anterior con decirles que ya no toleraba verlo a los ojos. Me daba miedo incluso verlo reflejado en las vitrinas de los negocios cercanos. Y no iba a la plaza de noche solo nunca, pues una de esas noches.
1:24:55 En que por azares del destino tuve que ir de noche, entré casi corriendo a la plaza y ya cuando me iba la otra entrada ya estaba cerrada porque eran las 11:00 de la noche. Así que con todo el miedo del mundo dentro de una plaza con la mayoría de las luces apagada, el eco del edificio vacío y olor a humedad, tuve que caminar lo más rápido posible rumbo a la salida. Aún no sé, porque mis ojos voltearon a una vitrina donde se podía ver la tienda donde estaba colocado el Santa Claus y noté que ya no estaba. Me sorprendí por un instante, pero también me alegré creyendo que tal vez ya habían decidido deshacerse de él, así que me acerqué despacio y con precaución a la entrada de la tienda. Y, en efecto, ese monstruoso muñeco no estaba. Sentí un gran alivio por un instante, pero la sangre se me fue a los pies cuando, en el reflejo de esa misma tienda, vi el rostro de esa cosa detrás de mí. De inmediato volteé y lo vi parado a escasos centímetros de mí.
1:26:09 Salí corriendo y escuchaba clarito sus pasos detrás, como si me persiguiera luego. Sentí un tirón en mi sudadera y como pude me la quité y seguí corriendo hasta la casa a esconderme bajo las cobijas. Al día siguiente, sin saber si lo que había experimentado había sido un sueño o no, me armé de valor para asomarme a la plaza y en efecto, vi a la Botarga donde mismo, pero lo que me causó un escalofrío horrible. Fue el ver que tenía en una de sus manos mi sudadera desde ese día. No hay nada que me disuada de creer que ese Santa Claus tiene vida y que probablemente esos dientes sí sean reales. Toda mi vida he vivido en la ciudad, bueno desde los 3 años, ya que antes de eso mi padres vivían en un pueblo pequeño acá en Chihuahua.
1:27:21 Ellos estaban arraigados a ese pueblo y recuerdo que vivían muy a gusto. Sin embargo, por motivos que la verdad no recuerdo bien y que no vienen al caso en este relato, decidieron mudarse a la ciudad. Me imagino que para darnos una mejor educación y nivel de vida a mí y mis hermanos es lo que podría imaginarmeel.es que yo crecí en un ambiente muy diferente al que ellos crecieron. Pero aún guardo recuerdos borrosos de cuando vivíamos allá. Recuerdo, por ejemplo, mi primera Navidad o mejor dicho, aún tengo presente mi primer recuerdo. Relacionado con eso, llegamos de noche y el arbolito de Navidad estaba encendido.
1:28:10 La sala olía a plástico caliente de las lucecitas y el ruido de las series navideñas no recibía, hacía frío. Pero de cierta manera el interior se sentía cálido gracias a aquellas luces. También tengo un recuerdo difuso de que durante esos días, muy a Menudo algo así como cada 3 días, durante todo diciembre se podía escuchar afuera pequeños grupos de personas que cantabas villancicos. O bueno no es que cantarán gran variedad. De canciones, de hecho, era solamente una.
1:28:50 Nada más llegué a escuchar tantas veces aquella tonada que se quedó grabada en mi mente muy adentro, aún cuando nos fuimos de allá. De vez en cuando me ponía a tararear la tonada o a chiflarla lo que se me hacía raro. Más que nada, cuando me puse me puse a reflexionar en ello. Es que en las fiestas, en la radio. O en los festivales de Navidad, en la escuela o posteriormente de trabajo. Nunca llegué a escuchar un villancico con tonada siquiera similar. No era algo que me quitara el sueño, sinceramente, pero era una de esas circunstancias en las que tienes una memoria antigua, que no tienes completa y que, de alguna manera, siempre quieres resolver. Pero olvidas preguntar a quién pudiera ayudarte a recordar justo porque no es algo que tengas tan presente. Pero eventualmente se dio la oportunidad. Era diciembre de 2015.
1:29:56 Lo recuerdo perfecto. Invité a mi mamá, papá y algunos otros familiares y amigos a pasar las fiestas en mi casa. Estaba ayudándole a mi mamá con la cena de Navidad y como un relámpago se me vino esa idea a la cabeza, la tonadita y las siluetas de aquellas personas afuera de mi humilde casa en aquel pueblo. ¿En ese momento, mientras platicábamos de diversas cosas, cuando decidí hacerle la pregunta que tanto se me había olvidado hacer, le dije, Oye, mamá, te acuerdas de cuando era niño? ¿Cuando unas personas iban a cantar villancicos a la casa, te acuerdas cómo se llamaba la canción que siempre cantaban?
1:30:44 Es que la tengo bien grabada en la memoria y nunca he sabido cómo se llama. Quisiera buscarla para poder oírla de nuevo. En ese momento la sonrisa se borró de la cara de mi madre y por un momento fingió no saber de qué le estaba hablando, pero de inmediato. En mi ignorancia insistí y entonces decidí tararear aquel villancico. Las manos de mi madre parecieron perder la fuerza y dejaron caer el plato que tenía en sus manos. Entonces se sentó y sólo recuerdo haber oído salir de su boca. Aún ay mi hijito con el tono más angustioso que haya escuchado. De inmediato le pregunté qué era lo que sucedía y con una especie de mezcla entre angustia y miedo. Me contó que lo que yo recordaba no eran personas que se paraban fuera de casa a cantar villancicos que de hecho nunca supieron lo que eran esas cosas que cada cierto tiempo mamá y papá cerraban con candados las puertas esperando a que llegaran esos entes.
1:31:53 Mi madre no se entretenía tratando de hacernos sentir que todo estaba bien, pero por dentro estaba aterrorizada. Mientras, mi padre se paraba frente a la puerta blandiendo un machete. En caso de que de alguna manera esas cosas lograrán entrar, mientras aquel villancico Macabro llenaba el ambiente y se quedaba impregnado en mi memoria, ya no han de estar areando esa canción, mijo. No sabes ni de dónde viene ni que dice trata de olvidarla. Quién sabe qué cosas eran esas o de dónde venían. Fueron las palabras que me dijo mamá antes de cambiar de tema.
1:32:38 Después de eso trató de retomar la compostura y quiso recoger el plato roto, pero yo de inmediato la detuve para ofrecerme a hacerlo mientras ella tomaba otro y se retiraba al comedor. Nunca después de esa vez volvimos a tocar el tema y a pesar de que he tratado de olvidar esa canción. La tonada vuelve a mi memoria eventualmente, y más en época de Navidad, pero ahora, en vez de sentir una linda nostalgia, me invade un escalofrío desconsolador. Bueno, esa fue mi anécdota. Me gustaría saber si a alguna otra persona le ha sucedido algo similar y que lo recuerde más claramente porque tengo muchas dudas y no pienso preguntarle a mi madre. Prefiero ahorrarle ese mal trago. Hace tiempo estoy hablando de unos cuatro o 5 años. Llegaron al vecindario una pareja de avanzada edad de donde yo soy.
1:33:53 No tenemos la costumbre, como en otros lados, de presentarnos con los vecinos. No es muy habitual que platiquemos más allá de un buenos días o tardes dependiendo. No nos metíamos mucho en las vidas unos de otros y no estábamos al tanto. De repente veíamos una casa que hace pocos días estaba habitada siendo vaciada por una mudanza y quedarse así meses hasta que llegaba alguien más de quien no sabíamos nada. Por eso se me hizo súper raro que a la semana de que esta pareja llegara se comenzaron a presentar con todos.
1:34:33 Era obvio que tenían costumbres muy distintas, pero no me imaginaba lo distintas que eran. Me acuerdo que la vez que tocaron a la puerta y se presentaron, traían una olla grande de guisado. Nos dijeron que era guisado de Puerco en rojo. Nos lo dejaron completo y mi madre los invitó a pasar un rato como una manera de corresponder el gesto tan amable del par de viejecitos. Fueron como 2 horas en las que estuvieron en la sala mi mamá, mi papá y mi hermana mayor platicando con los nuevos vecinos. Yo en mi cuarto solamente escuchaba las voces y de vez en cuando las Risas.
1:35:18 A mí me convenía porque entre más tiempo pasaron platicando. Yo podía seguir jugando super Nintendo en mi cuarto, siempre manteniendo la televisión con bajo volumen para que mamá no se diera cuenta. Aunque era más que obvio que ella sabía lo que estaría haciendo en mi cuarto mientras había visitas. De pronto, mientras estaba embobado jugando, mi madre me llamó para que fuera la tienda por un refresco. En ese momento vi Por Primera Vez a mis vecinos. No es por nada. Yo era niño y la verdad era muy juscón, pero aunque no me parecieron malas personas. Sí, me daba un poco de repelús que sus rostros estaban muy esqueléticos, sus ojos se hundían mucho en sus cuencas y sus pómulos se marcaban como dibujados sobre su piel arrugada.
1:36:14 Ambos con lentes que se notaban. Tenían muchísimo aumento sus bocas con dientes perfectos. Indicaba que usaban dentaduras postizas. Saludé con un buenas tardes y me acerqué a saludar de mano. Cuando hice eso, la señora me tomó con fuerza de la muñeca y el hombro y me acarició la cara. Me decía cosas como hay, qué bonito estas porque estabas escondido, qué guapo y esas cosas que las viejitas le dicen a los niños. Me sentí incómodo, pero lo que más recuerdo era como se sentían sus manos. Huesudas Apretándome, me safé como pude y fui por el refresco que me pidió mi madre. Camino a la tienda vi un montón de patrullas frente a la casa de uno de los vecinos donde vivía otro niño que iba a la misma escuela que yo.
1:37:09 ¿Al regresar a casa le conté a mi mamá y sólo escuché un típico, no? ¿Pues quién sabe qué habrá pasado? Pasaron un par de semanas. Nos enteramos de que El Niño que vivía en aquella casa. Había desaparecido y mi mamá empezó a prohibirme que saliera por las tardes. Para ese entonces ya los vecinos viejitos se habían hecho muy amigos de los vecinos y hasta habían provocado que algunos empezarán a hacer amigos entre sí. Llegó la temporada decembrina y otro par de niños habían desaparecido.
1:37:50 Los vecinos ancianos organizaron una cena de Navidad para el vecindario, pues decían que estar solos en esas épocas les causaba mucha tristeza y que a todos los lugares donde llegaban les gustaba llevar a cabo ese tipo de cosas. Me acuerdo que la Casa de los Viejitos era muy grande y el comedor suficientemente amplio como para que unas 15 personas pudieran estar conviviendo al mismo tiempo. Había un pino enorme lleno de esferas y lucecitas. Entonces sirvieron la cena era el mismo guisado que habían llevado la primera vez que nos visitaron.
1:38:31 Todos comieron y no dejaban de darles elogios por lo rica que estaba la cena. Así terminó aquella cena sin mayor incidentes, sin nada fuera de lo normal para una cena navideña. Lo horrible sucedió. Unos pocos días después, una patrulla amaneció frente a la Casa de los Viejitos. Yo me asomé por la ventana de mi cuarto y vi a mi madre y otros vecinos al frente de sus casas con la cara consternada. Pues resulta que al día siguiente de la cena. Uno de los vecinos se enfermó y tuvieron que llevarlo al hospital para hacerle un lavado de estómago. Cuando le preguntaron que había comido, dijo que había cenado un guisado de puerco en la casa de unos vecinos, pero los médicos se dieron cuenta de que lo que había comido no había sido puerco.
1:39:32 Mandaron a hacer algún análisis extra y le dieron la noticia de que lo que había comido en realidad era carne humana. No sé qué tan factible sea eso o si es posible, yo solo les cuento lo que recuerdo. Así que luego de investigar encontraron en uno de los cuartos de la casa huesos y ropas de los mismos niños que habían desaparecido. Todo encajaba. Esos ancianos locos habían secuestrado y cocinado a esos niños y lo peor es que se los habían dado de comer Asus vecinos. Así es como lo imaginan. Yo y mi familia también comimos de aquella cena macabra. No me puedo ni imaginar el trauma tan terrible que debió ser para los padres de aquellas criaturas. A mí me queda la experiencia de haber sido acariciado y chuleado por aquella anciana que seguramente pensaba en qué tipo de preparación sería la ideal para mi carne. Yo vivo en una colonia en las periferias de una ciudad que no nombraré por miedo a que se me ubique. Los terrenos ahí son bastante grandes debido a que como son las afueras, los precios de las propiedades no son realmente elevados porque están muy
1:41:04 desconectados de la ciudad y no hay acceso a centros comerciales cercanos o algo así. Yo vivía en una casa amplia y tenía un patio grande. Gracias a lo que ya comenté, mi padre se dedicaba a criar cerdos y algunas aves de corral, no muchas, pero lo suficiente para obtener alimento de ellas y comercializar con pequeños comerciantes de negocios cercanos la carne y los huevos que podía obtener de esa actividad. ¿Pero, cómo se imaginaran? Algunas personas que viven en esos ambientes alejados de la civilización tienden a desarrollar comportamientos extraños y pues no les queda de otra a los demás que aguantar sus excentricidades porque, como se imaginarán, al ser un lugar alejado, tampoco es como que hay vigilancia constante más allá de la visita de una patrulla una vez a la semana.
1:42:06 Si es que tenemos suerte, lo bueno es que. Gracias a lo amplio de los terrenos, por lo general no era muy complicado ignorar a los demás mientras los otros no se metieran contigo. Tú no tenías por qué meterte en sus asuntos. Detrás de mi casa había un vecino realmente molesto, le gustaba hacer mucho ruido, ponía música rara y de pronto se alcanzaban a oír en las noches gemidos extraños viniendo de esa casa. No era cosa nueva y todos decidimos aguantar todas aquellas situaciones porque fuera de los incómodo que eran, pues el sujeto en particular nunca nos hizo nada.
1:42:53 De hecho, hasta nos saludaba de manera muy amable por las mañanas si llegábamos a topárnoslo. Todos los años, conforme las fechas decembrinas se acercaban, se podía ver como el vecino entraba y salía constantemente con bolsas grandes, donde ya todos sabíamos que llevaba el olor a podrido, empezaba a salir de las de aquella casa y de vez en cuando el quejido o chillido de algún animal se percibía procedente de su gran patio. Nadie nunca lo interrumpía a estas alturas. No sé si. Era por el acuerdo no escrito de que nadie molestaba a nadie o porque de alguna manera, muy en el fondo, dentro de todos nosotros había algo retorcido que deseaba ver de nuevo aquella cosa que el vecino raro hacía no más entraba a diciembre y que todos nos asomábamos a ver desde nuestras ventanas la noche del 24 y que duraba visible poco más allá de fin de año.
1:44:03 Bueno, para no hacer el cuento demasiado largo y no aburrirles. Les contaré qué era aquello que el vecino hacía hace muchos años que lo habíamos descubierto. Pero les digo, aún no sé porque nadie hacía nada. Pues resulta que hace 7 años, cuando ese sujeto se mudó a nuestro vecindario y empezó a hacer todas esas cosas extrañas. Nadie dijo nada hasta que en la víspera de Navidad vimos que subía al techo cargando un gran bulto, lo veíamos forcejear con la cosa, esa acomodaba a acá y allá y se notaba que ponía lucecitas de Navidad alrededor de su creación. Al principio creímos que era una especie de adorno navideño, pues en plena noche y con la escasa luz del poco alumbrado público. ¿Se podía adivinar la de un venado o algo así? Estoy seguro de que todos comentaban dentro de sus casas el acontecimiento y más de uno se preguntaba qué clase de adorno estaba poniendo aquel recién llegado sobre su tejado. Pasaron como 2 horas de aquel hombre haciendo maniobras hasta que finalmente bajó una última vez y no se vio que volviera a subir.
1:45:25 Entonces se alcanzó a escuchar como subía los breakers, tras lo cual montones de luces navideñas encendieron cubriendo por completo toda su casa, emitiendo melodías de los clásicos villancicos que ya todos estamos acostumbrados a escuchar. Pero en el tejado, esas mismas luces que anunciaban una época de esperanza y bondad develaron algo monstruoso. Era la figura de un enorme reno. Cuya nariz brillaba de color rojo. Pero si le ponías atención, te dabas cuenta casi de inmediato de que el cuerpo de aquella criatura no era la de un reno en sí, sino que estaba hecha con trozos de otros animales unidos burdamente con hilo y cables.
1:46:13 El espectáculo era tanto fascinante como asqueroso, pero impactaba de una manera que yo no sé explicar todavía. El vecino dejó su macabra obra de arte sobre el techo muchos días hasta que por la descomposición se empezó a caer a pedazos y los buitres, ratas y otros carroñeros se llevaban el resto. Y así ha sido durante ya 7 años. No puedo explicar cómo es que nadie llamó a la policía o le reclamó al hombre. Tal vez porque dentro de nuestra cabeza todos pensábamos que alguien más lo debería hacer o porque todos, muy en el fondo, deseábamos ver otro año aquel espectáculo peculiar, cosa que me encaraba con esa parte rara y retorcida que todos llevamos dentro y que, al parecer, si todos estamos dispuestos a soportar, aflora sin problema.
1:47:23 Esa ha sido mi historia. Y si se lo preguntan, si este año esperamos que el vecino raro lo vuelva a hacer, aunque la verdad, hasta ahora nadie se ha cuestionado de donde saca los animales o si sólo son animales. Buenas noches y Feliz Navidad.
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