LO QUE PASA EN LA MORGUE DE NOCHE | Historias de terror │ INFRAMUNDO RELATOS
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🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: inframundorelatos@gmail.com
🔎 Temas de este episodio
• Historias paranormales reales
• Relatos de terror en México
• Relatos de carretera
• Relatos de traileros
• Brujas reales en México
• Terror narrado en primera persona
• Relatos para no dormir
• Misterio y sucesos inexplicables
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0:06 Las anécdotas vividas dentro de la morgue son bastante perturbadoras, diría yo, pues elementos del servicio médico como forenses, enfermeras, doctores, camilleros a diario, tienen mucho trabajo con los cuerpos humanos. Para revelar cuál fue la verdadera razón por la que fallecieron. Pero existen trabajadores que sólo rondan estos lugares, como los guardias de seguridad, vigilantes. Y es precisamente de este relato que nos cuenta un guardia lo narramos de la forma en que nos mandó esta experiencia para apegarnos lo más posible a su anécdota, si usted es sensible. En este tipo de temas les sugiero se salte el video ya que va para un público respetuoso y maduro, sin más. Yo soy Alejandro y esto es Inframundo. Aquí comenzamos buenas tardes a todos los presentes. Mi nombre es Pedro y llevo trabajando como vigilante desde hace ya 10 años y contando.
1:30 Me había tocado vigilar todo tipo de áreas conforme se ha ido desarrollando mi trabajo, pero era claro que lo que vi en una de las últimas que me ha tocado fue la cosa más horrenda que me ha pasado en la vida. La compañía para la que trabajo normalmente se dedica a llevar a cabo la vigilancia de diferentes hospitales y clínicas de gobierno. En términos normales, no hay mucho que ver, más que la ocasional pelea con alguno de los pacientes que se pone frenético o con los familiares que a veces se molestan por las diferentes reacciones que se puede llegar a presenciar en el servicio que prestan. Los compañeros médicos, ya saben, siempre les echan la culpa de lo que pasa en una de esas. Me pasó la situación que me mandó a uno de los lugares más feos que podría imaginar en una de mis rondas nocturnas. A una de las doctoras de un hospital de emergencias quedó en medio de una golpiza.
2:37 La mujer que estaba atendiendo perdió a su bebé. No sabían exactamente por qué, pero a veces esas cosas pasan, el marido de la señora que en ese momento seguía en terapia intensiva. Decidió descargar toda la IRA que tenía en la pequeña doctora cuando vi que le soltaba un puñetazo a la cabeza. Todo me pasó en cámara lenta. Simplemente me lancé al hombre. El problema fue que mi fuerza lo empujó de tal manera que se pegó derecho en una de las bancas de metal, lo que hizo que se rompiera varios dientes en medio de la trifulca. Los otros pacientes salieron corriendo, los médicos se llevaron a la doctora y finalmente todo terminó en que el hombre que provocó la acción fue detenido y llevado a la delegación, mientras que a mí no me corrieron, pero me mandaron a cuidar una propiedad abandonada.
3:42 El trabajo estaba de la chingada, lo que le sigue. Simplemente no había manera en que pudiera tener algo de contacto humano, el turno era de una semana entera, en la cual sólo estaríamos 2 personas, una de día, un anciano que cuidaba la instalación de toda la vida porque vivía cerca de ese monstruo abandonado, y yo al que le tocarían las rondas nocturnas porque tenía que aprender mi lección. Durante 7 días tenía que hacer esos turnos perros y luego tendría aproximadamente 2 días de descanso para luego ir de nuevo a lo mismo por tiempo indefinido, ya que no tenía fecha de regreso a los sitios donde estaba rodeado de personas, el edificio estaba ya tan desahuciado.
4:35 Que básicamente solo teníamos que correr a uno que otro vagabundo que se acercaba con la promesa de tener un techo sobre su cabeza, el drogadicto ocasional y algunas personas que creían que el sitio estaba embrujado y se daban vueltas constantemente para grabar videos de horror. La experiencia que les voy a contar involucra a uno de esos personajes y al anciano su nombre. Era Leonel el día era jueves. Lo recuerdo perfecto porque no podía esperar a que me dieran licencia para irme. De ahí. Don Leonel me entregó el turno con todo el buen humor que tenía, que la verdad no era mucho y me dijo que esa noche tenía los huesos fríos.
5:26 Así le decía cuando, según él, sentía que se iban a parecer cosas. Pero finalmente creo que no tenía forma de hacerlo porque nunca había visto nada ni remotamente escalofriante. Sólo montones de pasillos llenos de polvo que nadie limpiaba, focos que se apagaban solos porque ya estaban dando las últimas y una construcción que daba miedo que se cayera en un temblor. Pero nada más allá de esos datos, en cambio, don Leonel. Se había quejado amargamente de la situación hasta que llegué yo a reemplazarlo en el turno de noche, cuando un compañero suyo, igual de viejo que él, se jubiló.
6:11 Finalmente, como siempre, le contesté que se cuidara y me dediqué un rato a ver las cámaras de seguridad. Se suponía que debíamos dar el rondín cada 2 horas, pero la verdad, como era solamente yo. Simplemente veía las pantallas y si acaso tocaba correr algún personaje no deseado, como les dije, pues lo hacía con gusto, pero en caso de que no, pues me la pasaba tomando café en mi cubículo. Esa noche me tocó la de malas y en una de las horas que más me daba flojera moverme a eso de la 1:00 de la mañana.
6:55 Vi un movimiento en una de las zonas más profundas del hospital, en la maldita morgue. En ese instante se me enchinó el cuero. Se me hacía rarísimo que no hubiera percibido movimiento en otros sitios antes, ya que esa parte de la instalación estaba en el sótano del hospital. De hecho, había que tomar un elevador que claro. Para esas alturas del partido estaba descompuesto y bajar 3 pisos hasta topar con una puerta metálica imposible de abrir. En situaciones normales, mucho menos sin luz. Me tuve que bajar los pantalones para bajar todos esos escalones.
7:39 Sentía que todo mi cuerpo me advertía que no debería ir ahí. Después de todo, no tenía lógica que alguien vivo estuviera rondando por la zona. Pero las cámaras no mentían. Una silueta se estaba moviendo por ese sitio. Por pura precaución me llevé la radio encendida. Sinceramente, no creía que me fuera a funcionar para nada, pero al menos podría pedir algo de ayuda al viejo de don Leonel en caso de necesitarlo. No es que fuera hacer mucho con la información que pudiera darle, más que pedir refuerzos. Pero como en esas zonas la señal de celular era pésima, pensé que sería mi única opción de tener una pequeña oportunidad de vivir. Caminé por los corredores del nosocomio, son de lo más escalofriantes, fríos y largos que de costumbre. El eco de mis pasos me hacía volver sobre mi espalda. Tenía la sensación de que el mundo entero. Me estaba observando desde las sombras del el edificio. Si creían que me iba a ir a oscuras. Están muy equivocados.
8:54 Me valieron madre las políticas del Gobierno y prendí todo el hospital. No me importaba que fuera un faro para todos los que pasaran en la distancia. Cuando llegué al elevador me temblaron un poco las piernas. Tenía claro que solamente podría ir por las escaleras. Pero en ellas, definitivamente, los focos ya no funcionaban. Prendí la lámpara que tenía en el hombro del uniforme tenía el plan de usar las manos de forma que pudiera maniobrar y defenderme en caso de que fuera necesario. También si me tropezaba y terminaba cayendo casi siempre esa zona del hospital estaba húmeda por las numerosas goteras. Que se encontraban colando agua gota a gota, desde el techo hasta los sótanos.
9:48 Sentía los pelos de la nuca erizarse con fuerza. Había algo en ese ambiente que me tenía con los nervios de punta a cada paso que daba por lo regular. No soy una persona miedosa, pero poco a poco podía sentir que me aproximaba a algo que me haría huir de ahí lo más rápido que mis piernas temblorosas. Me lo permitieran. Mis manos seguían temblando también. Si no fuera porque las tenía ocupadas tocando las paredes para guiarme por donde iba caminando. Mis pasos resonaban con fuerza. Lo que sea que estuviera abajo ya me habría oído pasar por ahí, pese a que trataba de moverme con todo el silencio del que era capaz conforme bajaba las escaleras. Sentía que la atmósfera estaba cada vez más opresiva, como si el mundo entero me estuviera presionando los hombros por 1 segundo.
10:48 Creí escuchar que se movía algo en la oscuridad. Moví el cuerpo de forma que pudiera ver qué estaba pasando, pero no noté que se encontrara ningún ser alrededor. Ya me encontraba en el tercer sótano, a unos metros de la morgue. Cuando vi que una mujer estaba llorando en una de las esquinas del punto en el lugar donde antiguamente estaba la central de enfermeras, se encontraba de espaldas a mí, por lo que no le veía el rostro. Simplemente notaba que su uniforme de enfermera de un tono verde menta estaba totalmente arruinado por la mugre y la humedad. Un sonido a mi espalda me distrajo. Y cuando volví la vista al frente ya no veía nada. En ese momento, mi cuerpo entero estaba gritando que me moviera de ese sitio, que saliera corriendo para sobrevivir. Sentía el cuello tenso, la mandíbula apretada, los ojos dilatados, buscando cualquier cosa que me diera un indicio de lo que estaba ocurriendo allí.
11:58 Como no podía irme de ahí sin revisar. Ya que las cámaras podrían delatar que no había ido a revisar nada, tuve que abrir la puerta de la morgue. Ahí el ambiente se encontraba sumamente frío. Era como si el cuarto entero estuviera congelado. Mi mente estaba dando vueltas entre una aparición sobrenatural y que fenómeno normal estaba logrando que eso sucediera. Mi corazón estaba tan acelerado. Que apenas podía pensar en otra cosa que no fuera irme de ahí. En ese mismo instante, el metal chirrió. Al mover las puertas había montones de mesas y sillas empotradas unas con otras desde hacía mucho tiempo. Las planchas que antiguamente habían guardado cuerpos se encontraban en su sitio.
12:53 Ahora estaban oxidadas por completo. Como si se tratara de basura más que de cosas que algún día fueran a utilizar de nuevo. Pero pues esas son las reglas de gobierno. No puedes tirar absolutamente nada a menos que sea pérdida total. Pasé por la pequeña sala revisando todo. No encontré señales de vida en absoluto. Lo que sí es que vi que la puerta del refrigerador de la Morgue estaba abierta. Y de ahí se colaba el frío. Pensé que se habría activado el mecanismo de temperatura, así que simplemente entré para mover la palanca y desactivar el aparato. Suponía que normalmente, como no había luz ahí dentro, era normal que se hubiera reactivado justo cuando estaba moviendo la palanca a su dirección correcta.
13:51 Noté con el rabillo del ojo que la puerta del refrigerador. Se movía con rapidez. Quise avanzar para evitarlo, pero en un parpadeo estaba completamente cerrada. La quise abrir por dentro, ya que tiene un método de emergencia para hacerlo, pero entonces escuché que se movían los montones de mesas y sillas empotradas en otros sitios. A la puerta comencé a golpear la puerta para que me dejaran salir de no hacerlo. Pronto el aire que quedaba en esa habitación se iba a acabar. Quise empujar con el hombro la puerta, pero había algo del otro lado que me estaba impidiendo mover la estructura. Después de mucho intentarlo, tuve que doblar las manos y pedir ayuda.
14:43 Noté que la señal de mi celular estaba muerta. Traté con la radio, pero el resultado fue el mismo. Tenía el corazón a punto del infarto. Me sentía a pocos segundos de morir, pero eso no fue lo peor. Lo más terrible de la situación fue que de pronto, una vez que dejé de golpear la puerta metálica, comencé a escuchar los sollozos de una mujer a mi espalda. Enseguida supe quién era. Debía ser la mujer que había encontrado en la sala de enfermeras. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Quise insistir en el radio sin mirar lo que estaba detrás de mí. Traté de estar callado el mayor tiempo posible, pero simplemente no podía quedarme en paz.
15:34 Sentía que ese ser esa enfermera, estaba a punto de alcanzarme y solamente Dios sabe qué podría hacerme. Quise cerrar los ojos y simplemente sentarme a esperar la muerte, pero esos sollozos no paraban. Mi cabeza estaba dando vueltas. No podría estar tranquilo hasta silenciarla avancé unos pasos en dirección de la enfermera. Se me ocurrió la loca idea de que si estaba llorando, quizá ambos éramos víctimas de un ser cruel, así que le hablé con voz temblorosa. La dama pareció reconocerme, dejó de llorar con la cara vuelta a la pared solamente.
16:18 Porque entonces noté que los sonidos que estaba haciendo no eran de llanto, sino de una risa frenética que quería ocultar. Cuando se dio la vuelta pude ver con horror que ella tenía la cara llena de cortes tan finos hechos por un escalpelo. Tenía los ojos blancos de los muertos, el cabello pegado por la sangre seca que se notaba. Hacía mucho tiempo que estaba ahí. El uniforme estaba lleno de ese mismo líquido, pero había algo perturbador en ello. No parecía proceder del cuerpo de la enfermera. Tenía más pinta de ser parte de manchas semáticas provocadas por motivos violentos. Grité por ayuda.
17:07 Sabía que quizá no iba a llegar, pero era imposible no pedirlo. Saqué mi arma reglamentaria y comencé a disparar contra el ser que extendía sus manos de uñas rotas en mi dirección. Esos miembros debeían afilados como navajas y no dudaba que eran el motivo por el cual su uniforme se encontraba manchado. Los tiros parecieron detenerla brevemente, el tiempo suficiente para que me diera cuenta con horror mientras buscaba una salida. Que en esas paredes de metal había montones de rasguños como de gente desesperada para poder salir de ahí. Y en una de las esquinas montoncitos de huesos masticados, seguramente comidos por esa presencia maldita. El lente estaba tan cerca de mí que podía percibir su aliento horrible, que tenía ese aroma que presagia que el poseedor se la pasa comiendo carne en muy mal estado. Y la piel que se notaba llena de llagas, pústulas, hematomas enormes que, de haber sido de un cuerpo normal, hubieran estado llenos de gusanos comiendo la carne muerta. Creo que llega el momento cuando estas muy asustado en que tu cuerpo simplemente se da por vencido. Llegas a un punto tan fuerte en la vida, te sientes con tan pocas posibilidades de
18:39 sobrevivir. Que tus músculos se rinden. Simplemente tiemblan y comienzas a quedarte muy quieto, como si el cerebro quisiera que no sufrieras tanto al momento de fenecer. Estaba justo en ese punto, con el lente sobre mi cuerpo, sintiendo sus dedos. Rasgar mi camisa cuando escuché que alguien estaba moviendo las sillas y mesas con furia. Entonces mi cuerpo recuperó todo lo que había perdido de esperanza, le dio una patada al lente que pude quitarlo sobre mí pese a no haberle hecho mucho daño, y me lancé a dar golpes de nuevo a la puerta.
19:22 Quería gritar, pero mi garganta simplemente ya no podía. Ya estaba demasiado seca y las cuerdas vocales ajadas como para poder emitir sonido alguno ante ese exabrupto de energía. El ente dudo sobre si quedarse conmigo o irse en otra dirección. La persona que me estaba ayudando finalmente tomó la mejor decisión, la puerta del refrigerador por fin se abrió y salí corriendo de ahí como alma que lleva el diablo. Ni me entretuve en ver a mi Salvador, simplemente tenía que irme de ahí. El miedo me llenaba todos los poros y nunca había otra cosa que no fuera el deseo de alejarme del peligro.
20:08 Una vez bajo el cielo nocturno me desplomé. Mis músculos ya no dieron más y mi mente estaba rota. Comencé a llorar como un chiquillo. Me dolía hasta el alma notar que todo lo que creía no era real, que mi corazón estaba por dar los últimos latidos por el terror. El dolor, lo increíble de la situación, estaba por perderme en la locura. Cuando unas manos cálidas me sacudieron el hombro, noté que era un muchacho. Detrás de él estaban otras 2 figuras paradas. El chico debía tener unos 11 años. Me preguntó que había pasado.
20:50 Noté que había una luz, seguramente de una Cámara grabando sobre su hombro. Me senté temblando. No podía hablar bien en ese momento, pero les pedí que apagaran la Cámara. Ellos obedecieron a la orden del chico a mi lado. Les pregunté si ellos me habían ayudado abajo. Él asintió. Me comentó que se llamaba Oliver y sus amigos eran remy y Luis, eran investigadores de lo paranormal. Eso último lo confirmó sonriendo de forma amplia. Luego me contó que escucharon mis gritos y bajaron para ver qué estaba pasando, pero no habían grabado a ningún ente más que a mí corriendo como loco. No tenía forma de callarme.
21:39 En ese momento les comenté todo lo que me pasó. Ellos estaban maravillados. Tanto que a remy se le olvidó encender de nuevo la Cámara. Había pensado en hacerlo de forma discreta. ¿Cuándo comenzara a contarles todo lo ocurrido? Pero simplemente la historia estaba demasiado buena como para dejarla pasar. Los 3 parecían muy emocionados y a punto de entrar de vuelta al hospital. Finalmente, al verme en ese Estado, sabían que no podría evitarles absolutamente nada. En cuanto dieron 5 pasos en dirección al hospital, algo estalló dentro de la estructura. Se escucharon unos gritos furiosos al interior del edificio.
22:27 Se notaba que venían desde los sótanos. Eso me hizo esconderme detrás de los chicos que se quedaron en una pieza como yo. Los cuatro decidimos que lo mejor era no volver a ese sitio. Después de unos segundos la radio nos espantó. Era el anciano leonel preguntando que había sido ese estallido. Le dije todo lo que pasó y en poco tiempo llegó a vernos. El hombre les dijo a los chicos que regresarán a su casa o llamaría a la policía. Los 3 se retiraron a regañadientes. Después me dio un café caliente y me invitó a ir al cuarto, donde normalmente descansábamos para ese punto. Comenzaba a clarear el día creo que ya iba para las 5:00 de la mañana.
23:20 Quizá un poco más, la verdad no importaba. El viejo me comentó que por fin me habían dado un susto. De verdad me había encontrado con la enfermera de la morgue, una chica que falleció mucho tiempo atrás en un accidente en que se quedó dentro del refrigerador de la morgue por un fin de semana completo en el cual nadie había ido a causa de una huelga. Asentí ante la historia trágica. Después de eso, aunque estaba vigilando el sitio, nunca volví a revisar que eran las sombras que pasaban por las cámaras en la morgue. Ese espectro aún deambula por la morgue y parece que no tiene intenciones de irse a su eterno descanso. Les agradezco en contar esta experiencia.
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