LLANTOS EN EL ANDEN / 6 RELATOS DEL METRO DE CDMX | INFRAMUNDO
📍El metro de la Ciudad de México esconde secretos que pocos se atreven a contar. Apariciones imposibles, sombras que se repiten en los vagones vacíos, gritos que nadie sabe de dónde vienen y presencias que parecen demasiado reales para ser simples leyendas urbanas.En este episodio nos adentraremos en 6 historias aterradoras ocurridas en los túneles y estaciones del metro. Cada relato más inquietante que el anterior, cada aparición más perturbadora y cada detalle más inexplicable…¿Estás listo para escuchar lo que se oculta bajo la ciudad?📌 Contenido del video:00:43 LA NIÑA DE COYOACAN05:51 CENTRO MEDICO16:30 LINEA 527:22 LLANTOS EN EL ANDEN36:30 LA BRUJA DE INDIOS VERDES46:30 ESTACION ERMITA
Temas de este episodio
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0:06 El metro de la Ciudad de México esconde misterios inquietantes. Entre sus túneles oscuros y estaciones se cuentan historias de seres extraños y apariciones que han dejado huella en quienes las viven. Lo invito a ponerse cómoda o cómodo. Por escuchar estas aterradoras historias ocurridas en el metro, esto es Inframundo, la niña de coyoacán, buenas noches, comunidad de Inframundo.
0:53 Te escribo para contarles mi experiencia. La cual tuve en el metro de la Ciudad de México ya hace algunos años. Mi nombre es cristal negrete. Yo no usaba el metro para desplazarme a mi trabajo. Fui enfermera, trabajé por 15 años en un hospital de renombre en aquellos finales de 1992. Aquella noche empezó diferente, tenía que ir a una casa a atender a un paciente. Aunque en ese momento no me di cuenta, eran alrededor de las 6:00 de la tarde cuando me llamaron unas horas antes de lo habitual para decirme que llegara más tarde a la casa con la aclaración de que no enviarían al chofer por mí.
1:42 Así que tomaré un taxi esta noche, pero mi compañera de departamento Susana quien. Me sugirió tomar el metro, ya que una de las estaciones quedaba a pocas cuadras de la residencia en Coyoacán. Así me ahorraría algo de dinero, pues el viaje me sacaría un ojo de la cara. Al momento de pagar me arreglé con calma y Susana me acompañó a tomar el metro sin problemas. Ella se fue a descansar y me quedé esperando cuando llegó. Me Subí a uno de los vagones hasta el final con pocos pasajeros y me acomodé junto a la ventana, aunque no había mucho que ver, más que un túnel, mi mente vagaba entre los compromisos, mi trabajo y, sobre todo, repasando los medicamentos de la noche, la rutina que seguía los síntomas recientes de la niña pobre, nena.
2:48 Estaba muy enferma, sólo era cuestión de tiempo. Ni los medicamentos sabían cuándo sucedería. A veces estaba bien y le permitían salir al jardín, pero pasaba más tiempo en su cama que en otro lugar. Me encontraba tan absurda en mis pensamientos que no me di cuenta de inmediato de que alguien me observaba. Cuando levanté la vista la VI. Sentada frente a mí, la niña me sonreía con dulzura. Me sorprendió más de lo que debería. Su cabello ondulado, corto y oscuro, le caía sobre los hombros y tenía ese gesto tranquilo que conocía bien. Era la misma pequeña la que cuidaba cada noche. Sentí que el corazón me dio un brinco, pero al verla bien. ¿Se le parecía o era ella?
3:48 Mi mente se bloqueó por unos momentos. Quise preguntarle qué hacía ahí, pero sentí que mi voz me tembló, así que la miré detenidamente para encontrar algo familiar en la niña. Esta no parecía enferma. Su piel tenía el color de vida. Su expresión estaba libre del agotamiento, que solía ver cuando le tomaba la temperatura o le ayudaba a sentarse en la cama. A pesar de lo extraña que era su presencia y no sentí miedo, me miraba la misma serenidad de siempre.
4:29 Caminó hacia mí y se sentó a mi lado sin decir palabra alguna. Tomó mi mano. La de ella parecía un témpano de hielo. Una sensación helada me recorrió el cuerpo, pero ella no temblaba. Se mantenía con sus ojos fijos al frente, como si supiera exactamente hacia donde íbamos. Buscaba entre las pocas personas si alguien notaba la presencia de la niña, pero no era así. Pasaban sin siquiera notarla, como había varios asientos desocupados. Nadie hacía el intento por ocupar el vacío a mi lado. Durante el trayecto no hablo, pero yo lo observaba de reojo. No tosía, no salía sangre de su boca, no olía medicamentos, no había moretones en sus brazos por el medicamento. Tampoco su respiración era tranquila, demasiado, diría yo en los últimos días, incluso cuando dormía. Podía escucharse ese sílvido el sonido del tanque de oxígeno. Fue entonces que recordé a mi madre lo que ella decía. Cuando las personas fallecían, las almas buscan aquellos que amaron en vida.
5:53 Sentí un mareo por la impresión. La niña había fallecido y estaba conmigo. Lo más seguro era que sus padres estuvieran en una de esas reuniones de amigos de sociedad bebiendo y brindando con los mejores vinos de las cavas que estaban en una de sus bodegas. Rebeca estaba sola. Nadie tomó su mano para dar paso a su muerte. Nadie la vio dar su último respiro. Eso era lo que estaba sucediendo en ese momento. Sentí una lágrima que recorrió mi mejilla y sin más comencé a preguntarle si estaba bien. Ella solo asentía con su cabecita. Me di cuenta que las pocas personas en el vagón nos miraban con curiosidad.
6:48 Yo solo apretaba su pequeña mano fría, pues estábamos por llegar al andén. Fue en ese preciso momento que se detuvo el tren. Cuando ya no sentí su manita, me di fuerzas y salí del metro. Caminé las 2 cuadras que me faltaban para llegar a esa casa. La calle estaba en calma. Las luces de los faroles daban cierto misticismo a ese lugar. Al llegar toque la puerta. Como siempre, el mayordomo me abrió con una expresión que me dio a entender. Lo que ya sabía en silencio. Caminé hacia la habitación de Rebeca y allí estaba el drama de los padres.
7:36 Estaba ya descansando, ya no había enfermedad en ella con su cabello y esa pijama era la niña que me acompañó en el metro. Esa fue la última noche, que estuve ahí menos de 20 minutos y regrese al apartamento, pero esta vez fue un taxi. Porque el metro ya estaba cerrado. Uno, como enfermera tiene que tener la sangre fría para este tipo de situaciones y que no nos afecten. Pero estar los últimos 2 años con Rebeca le tomé cierto cariño. Jamás he vuelto a tomar el metro en la ciudad, aunque sé que ella no está penando por allí, sino en su casa en Coyoacán. Ya que los padres vendieron este lugar y se fueron, quién sabe a dónde, pero uno se entera de las historias de casas antiguas y con pasados de fantasmas de los que habitan y Rebeca aún sigue en esta casa.
8:49 Centro médico, última parada, saludos, comunidad. Mi nombre es Javier Torres. Mi anécdota no tiene mucho tiempo que ocurrió, de hecho ya la había olvidado, pero hace unos 3 meses tuve que tomar la línea de Tacubaya y llegar hasta el centro médico. No uso el metro de la ciudad, nunca me ha gustado. No estoy familiarizado con sus líneas y rutas, pero las 2 únicas veces que he tomado la necesidad de hacerlo. Me he jurado que jamás lo volveré a hacer, espero y en esta ocasión lo cumpla.
9:36 Comienzo diciéndoles que desde niño siempre he sido susceptible hacia lo paranormal y por desgracia en el metro de la Ciudad de México hay muchos. Mi padre falleció en el año 2019, no por la pandemia, sino porque tenía un cáncer muy agresivo. Él falleció en casa ese mismo año y fue en la estación Tacubaya donde todo comenzó esa tarde. Parecía que la oscuridad se tragó rápido la poca luz del sol que quedaba cuando salí de casa de mi amigo para dirigirme a mi domicilio.
10:17 La verdad es que me arrepentí de no haber ido en mi propio auto cuando bajé a tomar el tren. Las luces de la estación titulaban por momentos y había poca gente, algo que no me tranquilizaba para nada. ¿Esperaba el metro en la línea que conecta con el centro médico? Cuando lo vi parado, justo a la orilla del andén, era muy alto. Todo vestido de negro, con sus manos entrelazadas, callado y observando a cada persona que estaba en la estación. Para los demás, ese ser no existía.
10:57 No estaba ahí desvié la mirada, pues no quería seguir mirándolo. Quería llegar a mi casa. Sabía que cuando llegara podría encontrarme con una muy mala noticia. Afortunadamente el metro llegó y había muchos asientos vacíos. No subí en los primeros vagones, pues no quise estar cerca de ese ser. Pero al parecer, él no opinaba lo mismo porque apenas se arrancó, lo vi sentado en el mismo vagón, solo éramos alrededor de 7 personas detrás de mí, una señora de unos 60 años, la cual se dio cuenta de lo que yo pensé, nadie hacía, pues se movió rápido y se sentó a mi lado. Me preguntó si veía a la sombra que estaba junto a una joven. Eso llamó mi atención.
11:56 Ella lo miraba como una sombra, yo como un hombre con un traje pasado de moda. La señora insistió en la charla, me contó que ya tenía alrededor de 2 semanas mirándolo. Al inicio se veía como una persona normal, pero cada vez que se lo encontraba iba cambiando. Se volvía cada vez más traslúcido, como si con el paso de los días fuera a desaparecer. Yo le pregunté si sabía quién era o qué era. Ella me dijo, sin más que era la muerte, que ella sabía que venía por la joven, pero que esa era La Última Vez que tomaba el metro.
12:43 Fue a ver a su hija y nietas. La señora recorría sus pasos. Le pedí que me platicara el porqué, creía que era la muerte, a lo que comenzó a decirme que en las 2 semanas que llevaba mirándolo la primera vez estaba junto a un hombre y una mujer, el hombre de la nada aventó a la mujer a las vías, ya era tarde para frenar y sucedió la desgraciada. No solo eso, también fue testigo de un atraco. En las escaleras, un hombre sacó un arma y le arrebató la vida a otro que iba abrazando a una mujer.
13:25 Al parecer era la esposa y el hombre el amante. Me sorprendió escuchar los detalles de cada una de las muertes que sucedieron esas 2 semanas, pero la señora creyó que al ser testigo de aquellas tragedias era como si viera el final de estas. Antes de que llegara por ella, por supuesto, sólo sonrío y me dijo que no le daría el gusto de quedar en las entrañas del metro. Ella se quedaría dormida en su casa, pues no tenía intenciones de volver a salir. La verdad es que si alguien más hubiese escuchado esa conversación pensarían que la señora estaba loca, pero la verdad es que estaba muy bien de sus facultades. Un accidente a las afueras del metro hacía 2 días me dijo Continuando con la charla, pero no sucedía en donde nos subimos. Me aclaró que todo termina en centro médico. La última parada para los que fallecieron, esa fue la única y última vez que miré a esa señora nos despedimos justamente en el centro médico.
14:41 Aquel ser alto la siguió. Se fue con ella mientras yo tomaba un taxi para llegar a mi domicilio y como era de esperarse, mi padre falleció esa misma noche. Mi siguiente anécdota de ver aquel ser alto me encontraba en centro médico esperando para ir a casa de mi amigo. Esa noche nos reuniríamos varios. Y pasaría toda la noche festejando el cumpleaños de su esposa. Me encontraba en la estación, recibí su llamada, me pregunto donde me encontraba si estaba bien, le contesté que estaba perfecto y le di la ubicación.
15:29 Sigo en el andén esperando, le contesté. Mi amigo suspiró y me dijo que mejor lo dejábamos para otro día que no fuera a tomar el tren. Había sucedido un accidente por las noticias. Me enteré que un conductor intentaba estacionar el metro, perdió el control y no pudo evitar la marcha en reversa de la unidad. Desgraciadamente se estrechó con otro que se encontraba parado en el andén. Me di la vuelta y salí de la estación y desde entonces ya no he regresado ahí. ¿Suerte o advertencia? La verdad, no lo sé, pero es mejor no tentar a la suerte. No vaya a ser la de malas.
16:17 Saludos y gracias por contar mi historia. La aparición del vagón de la línea 5. Muy buenas noches, comunidad Inframundo, mi nombre es sule. Mi trabajo en el 2015 se encontraba a casi 1 hora. De dónde se encuentra mi apartamento tenía que tomar el metro a diario para desplazarme a éste. La opción era tomar el metro de la línea 5 Politécnico Pantitlán. Mi horario de trabajo lo disfrutaba mucho. Excepto los días jueves que me quedaba cerrar el local me desocupaba hasta las 10:30 de la noche. Acostumbrada a salir a las 7:00 de la tarde, ya tenía calculada la hora de llegada del convoy.
17:21 Aquella noche había trabajado más de la cuenta. Terminé muy agotada y lo que quería era ya llegar a mi departamento. Pero. Parecía que el destino le juega en contra a uno. Las calles ya estaban casi vacías. Baje las escaleras del metro, cansada, pero aliviada de saber que pronto estaría en mi hogar. El andén estaba casi desierto, solo un par de personas dispersas esperando como yo. Algunos caminaban de un lado a otro, otros enfocados en lo suyo. El tren llegó y sus puertas se abrieron con el mismo sonido metálico ya bastante familiar.
18:10 Entré y me percaté que solo habíamos 3 personas en el vagón. Me acomodé en uno de los asientos vacíos, soltando un suspiro de cansancio, rogando que no hubiera algún contratiempo. Y el vagón estaba casi vacío, apenas 3 o cuatro personas más. Ninguna que me llamara la atención. El suave vaivén del tren me arrullaba casi logrando que me quedara dormida. Apenas había cerrado mis ojos cuando los abrí algo espantada, creyendo que me había pasado de estación en la que bajaría, pero. Era otra situación lo que en verdad me estaba sucediendo. Al fondo del vagón se podía apreciar una figura oscura, por más que lo intenté.
19:06 No distinguía sus facciones, ni siquiera podía asegurar que tuviera un rostro. Era sólo una sombra inmóvil. Comencé a ver a los otros pasajeros para confirmar si alguno de ellos lo veía. Pero todos estaban inmersos en sus cosas, completamente ajenos a la presencia que estaba al final del vagón. Intenté calmarme y apartar la mirada de esa silueta, pero cada vez que levantaba la vista, la sombra seguía ahí. En cuanto el tren se detuvo, salí prácticamente disparado del vagón, pero creo que mi error.
19:51 Fue voltear para ver si esa sombra lúgubre seguía ahí. Al no verla, comencé a caminar a la salida del metro. Todo el trayecto a mi apartamento me sentía observada como si algo o alguien me viniera siguiendo los nervios se estaban apoderando de mí. Tanto que volteaba hacia atrás en cada momento. Pero el chirrido de unos neumáticos de un auto me sacaron de aquel estupor. Me di cuenta que era mejor caminar tranquilamente a casa porque aún me faltaban unas cuantas calles para poder llegar a mi hogar. No sé qué se me adherió esa noche porque todo comenzó a cambiar en mi vida.
20:42 No importaba la hora ni el vagón que tomara. Siempre me sentí observada. Les prometo que hasta sentía miedo solo bajar las escaleras para llegar a mi trabajo casa, pero para mí era la única forma de desplazarme de un lado a otro. Sentía como si aquella figura oscura y sin TI me estuviera siguiendo siempre. Al principio traté de ignorarlo, de convencerme de que solo era mi imaginación, pero los jueves por las noches. Me sentí angustiada y temerosa de bajar al metro.
21:22 Pequeños accidentes, caídas inesperadas en la escalera del metro, tropiezos que parecían ridículos, moretones inexplicables aparecían en mi cuerpo cada mañana. Uno particularmente profundo en mi brazo derecho me hizo detenerme frente al espejo por varios minutos tratando de recordar. ¿Dónde demonios me lo había hecho? Pero no sólo eso, me comencé a sentir cansada, no estaba rindiendo en mi trabajo y eso me ocasionó algunas llamadas de atención por parte del jefe, algo que me hizo plantearme el miedo creciente que me estaba agobiando a diario. Que los jueves por la noche sentía la necesidad de lanzarme a las vías del metro.
22:19 La noche del jueves del mes de marzo se me acercó una mujer no mayor a los 60 años, justo antes de que llegara el metro. Me comentó que traía un ser debajo astral, pegado a mí, sin que yo hubiese o dicho algo a alguien sobre lo que me estaba ocurriendo. La mujer habló sobre mi cansancio y mi desinterés por la vida en una libreta que le entregó una chica que la acompañaba. Me entregó la dirección de su domicilio y me aseguró que era urgente que me deshiciera de ese ser que traía conmigo.
23:00 Lo tome como una tontería, pero en menos de una semana me comenzaron a suceder situaciones peores. De las que les comenté hace unos momentos antes de estar siempre observada. Mientras dormía, los moretones en mi piel comenzaban a hacerse visibles y la creciente necesidad de lanzarme a las vías del metro. Una noche, en la parte baja del anden, se asomaba una sombra oscura, igual a la que había visto en el vagón. Sus ojos rojos estaban fijos en mí. Comencé a sentir un miedo que en mi vida había sentido hasta ese momento. Mire hacia todos lados y como la vez anterior, nadie se percataba de esa presencia.
23:53 Cuando volví la mirada hacia el andén, esa maldita cosa, seguí ahí y sentí la necesidad de salir corriendo. Pero fue en ese preciso momento que llegó el tren. Un joven que estaba a mi lado camino para subirse al vagón prácticamente le pegué intentando que esa cosa no me halara. Afortunadamente eso no sucedió. Esa noche ya no pude dormir y sin importarme nada, muy temprano fui a ver aquella señora. No recuerdo las palabras exactas de la mujer, pero me aseguró que. Ese no es el único que hay en el metro de la ciudad. Aparte que las almas te muchos rondan los túneles, muchos por desastres naturales, otros porque ellos mismos toman la decisión de terminar con sus vidas arrojándose a las vías. ¿Esa señora me dijo cuál era la única manera para deshacerme del lente?
25:01 Aunque debo confesar que no fue un alivio escucharlo, me explicó que para liberarme de esa cosa tenía que regresar al lugar donde todo comenzó, el metro, a la misma hora en la que me había encontrado con esa sombra Por Primera Vez. Y ahí tendría que ser algo que me partió el alma. Debía pasárselo a alguien más. Esa entidad, ese ser, se alimentaba de mí, de mi energía, de mi luz. Y la única manera de romper ese vínculo era escoger a una nueva víctima. ¿La sola idea me aterró, pero era esa persona o yo? Me dijo claramente, no era de pensarse por mucho tiempo, era ahora o nunca.
25:56 Así que con todo el dolor de mi alma. Tuve que hacerlo. El siguiente jueves lo hice. Había un par de mujeres ya ancianas y con una voz inocente les hice una conversación rutinaria. Ambas señoras me contestaban amablemente, una de ellas se le veía cansada y esa fue la que escogí para que ese ente se fuera con ella. Y eso es exactamente lo que sucedió. Poco a poco mi vida comenzó a la normalidad hasta cierto punto, pues mi conciencia no me dejaba tranquila. Ya jamás volví a ver a ese ser oscuro en el metro, pero como dijo aquella mujer, hay varios, no los percibimos y no los vemos, pero ahí están, acechando en algún vagón, en la oscuridad del metro de la Ciudad de México. A los pocos meses renuncia a ese trabajo y busque uno en el que no tuviera que tomar el metro de la ciudad. El Karma existe y tarde que temprano me va a alcanzar por lo que le hice a aquella pobre mujer. Te agradezco que hayas contado mi experiencia llándose en el ante.
27:25 He viajado en el metro de la Ciudad de México desde que era una niña, siempre acompañada de mis padres. Mi nombre es Verónica Nava. Las líneas del metro de esta ciudad tienen infinidad de historias que no han sido contadas por los usuarios porque no han encontrado a la persona adecuada para que los escuchen. Por medio de este canal quiero contarles una experiencia que de solo recordarla, hace que se me enchine la piel. Siempre me había sentido segura, tomado el metro, incluso tarde por la noche, la rutina de los vagones que entran y salen los usuarios cansados dirigiéndose Asus destinos. Todo ha sido parte de mi día a día, sin embargo. Aquella noche algo extraño sucedió. Había salido tarde de la casa de mis padres. Esa noche el reloj marcaba casi la hora en que la estación del metro estaba por cerrar, así que me apresuré para llegar a tiempo para la última corrida.
28:38 Al llegar me di cuenta que en el andén del metro estaba más vacío de lo habitual. Sólo unas pocas personas esperaban. Repartidas a lo largo de la plataforma, sus rostros cansados, las miradas perdidas en sus teléfonos o en las vías, como si el tren fuera lo único que importaba en ese momento, a pesar de lo silencioso que estaba el ambiente, no había nada fuera de lo común. Yo veía cada uno estudiándolos una mala práctica como psiquiatra. Repentinamente se comenzó a escuchar el llanto de un niño al escucharlo, te partía el alma, te llegaba hasta lo más profundo de tu ser y en un principio me tomó por sorpresa, como si hubiera irrumpido en la quietud del andén. Todos nos volteamos a ver uno a otro, como si buscara en nuestros rostros si nosotros también lo estábamos escuchando. Lo primero que pensé fue que algún niño se había perdido o estaba extraviado, pero no veía a nadie que pudiera estar llorando.
29:55 Las pocas personas de la estación también comenzaron a girar su cabeza buscando el origen del llanto. Las miradas ansiosas recorrieron el espacio, pero no había ningún niño. Algunos se asomaban hacia las vías. El llanto se hizo más fuerte. Como si las paredes del túnel lo amplificarán, rebotando por todo el lugar. Era desconcertante, perturbador. Incluso todos estábamos escuchándolo, pero nadie podía encontrar al niño. Algunos veían hacia las escaleras, otros hacia los rincones más oscuros del anden, pero no había rastro alguno de él.
30:43 Era como si el llanto viniera de todos lados y de ninguna parte al mismo tiempo. Los minutos pasaron y el llanto no cesaba. Al contrario, parecía volverse más insistente, más desesperado, como si se estuviese acercando a nosotros. Podía sentir como mi piel se erizaba y te puedo asegurar que no era la única. Las otras personas en el andén también se mostraban inquietas. Algunos miraban hacia las vías, como si esperaran ver surgir desde los túneles oscuros al niño que lloraba.
31:24 Las 2 mujeres mayores apretaban sus pertenencias claramente asustadas. El tren tardaba en llegar, lo cual era raro normalmente, aunque fuera tarde. Los trenes o vagones mantenían una cierta regularidad, pero aquella noche parecía que algo hacía que las cosas no salieran como uno esperaba. El llanto persistía y con el el ambiente comenzó a cambiar. La incomodidad se transformó en nerviosismo y pronto en miedo. Podía verlo en los rostros de los demás. Pasó media hora y el tren aún no llegaba. El llanto seguía ahí, pero era como si se alejara del andén y después regresara con más dolor.
32:16 Nadie sabía qué hacer, nadie entendía lo que estaba pasando y, lo peor de todo, nadie podía localizar el origen del sonido. Comencé a notar que algunos de los pasajeros más nerviosos estaban al borde de un ataque, un hombre. Apretaba su mochila con tanta fuerza que sus nudillos se volvían blancos. Una mujer con la mirada clavada en el suelo, temblando levemente. Vimos pasar un guardia de seguridad, pero parecía que este no se percataba del llanto del niño.
32:57 Fue una de las mujeres mayores cuando le preguntó. Si estaba buscando al niño, que estaba llorando desde hacía ya buen rato, el hombre la miró como si no comprendiera. Ella le volvió a repetir lo mismo, pero nos quedamos prácticamente congelados del miedo, quizás porque el guardia le contestó que no había ningún niño llorando. Que esa no era la estación donde se escuchaba el infante recorrer la estación llorando. Eso quizás nos puso más nerviosos a todos, pues el llanto no cesaba y el hombre aseguraba no escuchar a ningún niño llorar.
33:43 Éste se retiró y a los pocos minutos después el tren finalmente llegó. Todos subimos en silencio. Un poco aturdidos para hablar de lo que acabábamos de escuchar el comentario de aquel guardia. El vagón se movía con normalidad habitual, pero no pude quitarme la sensación de que algo estaba mal. No era posible que él no escuchara al niño llorar si todos lo estábamos escuchando, incluso después de habernos subido al vagón. Traté de olvidar lo sucedido, pero eso me fue imposible y les contaré el porque 2 días después escuché las noticias.
34:31 Había ocurrido un accidente en el metro, en la misma línea en la que yo había estado aquella noche. Las imágenes en las noticias mostraban el caos, ambulancias, policías, rescatistas. Tratando de sacar a las personas atrapadas entre los vagones. Hubo varios heridos y trágicamente algunas muertes. Sentí un nudo en el estómago al escuchar la noticia y rápidamente hice una conexión extraña con el llanto del niño aquella noche, aquel llanto que no cesó, aquel llanto del niño que resonó durante más de media hora en el andén, quizás una especie de señal de lo que estaba por suceder tal vez. Su llanto desgarrador y desesperado, nos había intentado avisar de lo que vendría si ustedes recordarán esa noche. 03/05/2021 tramo elevado de la línea 12 del metro que dejó 27 personas sin vida y 80 heridos.
35:41 Desde ese día no he podido volver a ver el metro de la misma manera. Para mí ya no es simplemente un medio de transporte. A veces, cuando bajo al andén por la noche, no puedo evitar recordar ese sonido, ese llanto desesperado que retumbaba por todo el andén. Ya no he vuelto a escuchar algo similar. Aun así, no puedo evitar mirar a mi alrededor buscando El Niño que nunca vimos, esperando que no vuelva a hacer una advertencia de otra tragedia. Saludos a toda la comunidad de Inframundo, la bruja de la estación, indios verdes.
36:37 Buenas noches me llamo Nelson Marín. A pesar de la experiencia que voy a contarles, aún sigo utilizando el metro. Ya que es el único medio de transporte que me lleva a mi destino, a mi trabajo y de regreso a la tranquilidad de mi hogar. Aunque en esa ocasión mi tranquilidad se volvió perturbada por una mujer, por una bruja en indios verdes de día, el tumulto de personas tratando de abordar los vagones, pero a cierta hora de la noche. No se ve el aglomeramiento de personas intentando ser los primeros en subir.
37:22 Me acostumbré tanto a la rutina que ya no me molestaba el bullicio constante ni la muchedumbre que se apretujaba en los vagones. Era un viernes por la noche. Ese había sido un día largo, uno de esos que te drenan por completo. Lo único que deseaba era llegar a casa, tirarme en la cama y dormir hasta que el sol volviera a salir. El pensar que tendría que esperar a que llegara el tren en el metro, la espera y el tiempo de recorrido me comenzó a poner de malas esa noche.
38:04 La estación del metro no estaba abordada como siempre. Había uno que otro pasajero esperando el arribo del convoy. Cuando finalmente llegó, fui a sentarme junto a la ventana. Sentí el alivio y me dispuse a dormir en el trayecto, sin lograrlo el asiento duro y frío. Traté que en ese momento no importara. Sabía que me esperaba un trayecto largo, así que apoyé la cabeza contra la ventana y cerré los ojos. El vaivén del vagón y las conversaciones lejanas de los pasajeros me arrullaron.
38:44 No planeaba quedarme dormido completamente, pero por desgracia el cansancio me venció. Me perdí en esa especie de duermevela en la que no se está ni despierto ni dormido del todo. Pero de repente algo me hizo abrir los ojos. Lo primero que noté fue el silencio en el vagón, ese ruido constante del metro, las voces, los pasos. Todavía desaparecido, me enderecé y al mirar a mi alrededor me di cuenta de que el vagón estaba completamente vacío. Ningún pasajero en él era raro, pero pensé que tal vez me había pasado alguna estación o todos se habían bajado en la última parada.
39:34 Miré el reloj y aún faltaba para llegar a la estación, donde me bajaría, así que me recosté de nuevo. Preparado, aprovechar los pocos minutos de tranquilidad antes de llegar a mi destino, pero algo me hizo abrir nuevamente los ojos. Ya sabes, cuando tienes esa sensación de que alguien te está observando, incluso cuando lo ves. Giré la cabeza hacia la puerta del vagón y ahí se encontraba a una mujer de pie, inmóvil. A unos metros de mí llevaba un vestido negro tan viejo y sucio que apenas se distinguía. Su forma original, su cabello largo y canoso caía enmarañado sobre su rostro, que así cubriéndolo por completo. Pero podía ver claramente sus ojos a través de los mechones desordenados.
40:32 Y esos ojos estaban llenos de una mezcla de odio y malicia, como si le gustara mi incomodidad. Parecía una de esas personas que viven en la calle sucia y descuidada. Pensé el lo desafortunada que era. Me dio pena pensar que sus hijos la habían abandonado y la señora Anduviera buscando la caridad de las personas. Pero déjenme decirles que había algo en ella que me provocaba más que simple repulsión. Era como si irradiara una mala energía, que esa facha de viejita era sólo un disfraz de algo más.
41:17 Sus pies andaban descalzos. Estaban negros de mugre. Sus uñas rotas y amarillentas, sobresalían grotescamente. Me estremecí. De pronto, cuando llegó el mal olor, un hedor penetrante de orina que invadió todo el lugar. La peste era insoportable y casi me hizo vomitar. Me llevé en mis manos a cubrir mis fosas nasales. Pero no fue sólo el olor lo que me provocó ese asco era ella. La manera en que me miraba burlona su boca se abrió y vi que no tenía dientes, sólo unas encías oscuras y podridas que parecían sonreír con una satisfacción cruel.
42:05 Sentí más repulsión al ver un Nilo de Baba que les corría hasta caer al suelo. No movió un solo músculo durante lo que me pareció una eternidad. Sólo estaba ahí. Mirándome como si disfrutara de mi miedo, mis manos comenzaron a sudar y el latido de mi corazón resonaba en mis oídos. Quise salir corriendo de ese vagón, pero no podía. Sentía que su mirada me mantenía anclado a mi asiento, paralizado por el terror, esa señora disfrutaba del horror que me hacía sentir. Los minutos pasaron.
42:49 Lentos e interminables. El vagón seguía avanzando, pero la sensación de claustrofobia aumentaba cada momento. El silencio era casi ensordecedor, como si estuviera atrapado dentro de un túnel ya vacío. No escuchaba el traqueteo del tren ni el ruido de la rueda sobre los rieles. Era un silencio sepulcral. El tiempo pasó de manera extraña. Parecían eternos los minutos, como si estos no pasaran. Podían haber sido 5 minutos o 10. La verdad, no lo sé con certeza. Lo único que sé es que la presencia de la mujer o lo que fuera, se volvió cada vez más insoportable. Repentinamente mi cabeza comenzó a dar vueltas. Pensé que iba a desmayarme.
43:44 Mi visión se nubló y un zumbido agudo en mis oídos comenzó a aparecer. De repente, las luces comenzaron a parpadear y en cuestión de segundos, el vagón se sumió en la completa oscuridad. El tren, sequía en movimiento. Pero ahora no podía ver nada. Ni siquiera la figura de la mujer. El zumbido en mis oídos se intensificó. Volviéndose cada vez más insoportable. Todo lo que podía escuchar era ese zumbido y de repente nada, como si tuviera los oídos tapados. Así como se había sumido todo en la oscuridad. Las luces volvieron a encenderse. Me tomó unos segundos recuperarme, me sentía desorientado.
44:37 Fue en ese momento que recordé a la anciana. Mire alrededor y ya no estaba, pero casi emití un grito al ver que las personas seguían en el vagón. A los pocos minutos llegué a la estación, donde me bajaría. No sé ni cómo llegué a la puerta ni cómo me bajé del vagón. Solo escuché la voz de un hombre que me preguntaba si me encontraba bien. Solo asentí con la cabeza cuando salí de la estación. El aire frío de la noche me recibió. Ya no sentí en mis fosas nasales aquel repulsivo lora orines de la vieja.
45:18 Cuando llegué a mi hogar le conté a mi pareja lo que me había sucedido. Ella me escuchó muy atenta y ya cuando terminé me contó que un compañero suyo de la Universidad había tenido un encuentro con la misma mujer, mi pareja. Me la describió tal cual yo la había visto, esa era una bruja. Me lo dijo con mucha seguridad. Su amigo se la describió tal cual la llamó la bruja de indios verdes, pues la misma línea donde él la vio aquella vez. Por mi parte fui a la Iglesia por agua bendita y mi pareja me entregó una medalla de San Benito como protección. ¿Quizás alguno de ustedes ya se haya encontrado con esa bruja? Espero y nos compartan su experiencia en los comentarios. Saludos y muchas gracias por contar mi anécdota. Niños de ojos negros, estación ermita desde aquella noche pocas veces he tomado el metro.
46:38 No lo hago ya de noche, pues nunca me gustó viajar tan tarde, pero ese sábado no tuve alternativa. Me llamó Ilde. Lisa López, había sido un día agotador, uno de esos que parecen que nunca van a terminar. Lo único que deseaba era estar en casa, quitarme los zapatos y dormir en mi cama. Cuando llegué a la estación ermita solo quedaba una corrida más. Era la última y para mi mala suerte la espera me parecía eterna. Siempre veo para todos lados y esa noche la estación estaba casi vacía. Solo cuatro personas más se encontraban en el andén, todas dispersas, sin interactuar.
47:30 Noté que había un silencio ensordecedor. Era extraño. Pues comencé a sentir un zumbido en mis oídos y tuve que caminar hasta uno de los pilares cercanos al borde y me apoyé esperando que se me pasara. Pronto me crucé de brazos y fue cuando miré a 2 niños, algo extraños caminaban por el andén. Tomados de la mano, iban en dirección a donde yo estaba. Su andar era rápido. Pero no parecía que tuvieran prisa. Se veía que más bien era como si supieran a donde iban.
48:14 Me pareció extraño ver a niños solos a esa hora y más aún en ese lugar, lo que me hizo apartar la vista por unos momentos, pues se veía algo raro en ellos. Su apariencia no concordaba con esta época. Sino de aquellos lejanos años de 1970. Su piel tenía un tono casi blanco, como si nunca hubieran estado bajo el sol. Como esos niños albinos se detuvieron frente a mí, tan cerca que podía escuchar un murmullo. Aunque en realidad no estoy segura de haber escuchado nada. Fue ahí cuando me percaté de sus ojos. Eran completamente negros sin IRIS. Me miraban con esos ojos negros y en ellos no había emoción ni expresión.
49:11 Mire hacia todos lados para ver si alguien más se daba cuenta de la presencia de esos niños. Pero todos seguían absurdos en sus cosas. Ambos niños decían palabras que yo no podía comprender. Lo único que sí alcanzaba a escuchar es que los ayudara, que su hermanito estaba herido. Les pregunté dónde se encontraba. Ellos señalaban hacia el sitio donde terminaba el andén. Quería ayudarlos, pero sentía que algo no estaba bien con esos niños. Estaba por seguirlos cuando llegó uno de los guardias de seguridad.
49:54 Este, con malas palabras, comienza a decirles que se larguen de allí. Los niños, al verlo, comienzan a caminar hacia el sitio que señalaban. Yo casi daba un paso para seguirlos, pero el guardia me detuvo. No los sigas, me dijo con voz firme. Fue en ese momento que me di cuenta que las demás personas veían alejarse a los niños y ellos se movían de sus sitios. Los veían y eso me sacó de onda porque hacía unos momentos no lo habían hecho. Pero lo extraño era que los miraban con cierto temor.
50:38 El guardia me preguntó que me habían pedido los niños, le conté. Y este me dijo que no los siguiera, que si no me había dado cuenta de sus ojos. Le contesté que sí. Le señalé lo que había sentido hasta unos momentos. No podía escuchar solo un zumbido y una voz chillona de los niños de ojos negros, con una voz distorsionada de que los ayudará. Mis piernas temblaban. Y sentía que mi respiración aún no encontraba ritmo. Me dijo algo que no supe procesar al momento, según el no era la primera vez que esos niños aparecían, decía que otros los habían visto en esa misma estación, saliendo de ese lado del andén que siempre buscaban a alguien que se encontrara solo, cansado y vulnerable.
51:41 No escuchaban los sonidos de su alrededor, sólo las voces de los niños. Cuando se acercaban, hablaban, confundían a las personas hasta que en algún momento lograban que se movieran demasiado cerca del borde. Un pequeño tropiezo, un paso mal calculado y el tren no perdonaba. Todo terminaba en un estante y siempre parecía un accidente. Los niños se iban, era como si nadie los viera y otros lo siguen y ya no los vuelven. A ver, le dije que sí si ya sabían lo que hacían esos niños porque no los agarraban y los sacaban de la instalación.
52:30 El guardia, con una sonrisa triste y tensa, me dijo que de qué manera lo hacían si se movían rápido. Y el que solo llegara a ponerle una mano en su hombro o tomarlo del brazo o cualquiera de esas 2, algo extraño sucedía. Se volvían locos porque gritaban de una manera horrible, decían que eran unos demonios y tratando de huir de ellos, se lanzaban a las vías, otros comenzaban a correr por el andén y salían de las instalaciones. No se les volvía a ver. Simplemente desaparecían en varias ocasiones.
53:14 Las cámaras los han captado caminando por la estación ermita. Cuando van a checar los niños de ojos negros desaparecen. Es como si nunca hubiesen estado ahí. Ese guardia, al parecer, había evitado que las historias se repitieran. Cuando finalmente llegó el tren, Subí temblando. Tomé asiento y no pude dejar de mirar el túnel. Mientras me alejaba. Tenía la sensación de que vería esos 2 niños de ojos negros mirándome. Mi esposo ya me esperaba en la otra estación.
53:55 A pesar de que el trayecto no es largo, lo sentí eterno. Mientras iba a casa sentí que temblaba todo mi cuerpo. Le conté a mi esposo lo que me había sucedido. Él siempre ha creído en las cosas paranormales y ya había escuchado de los niños de ojos negros piden ayuda y las personas que les brindan el apoyo fallecen de maneras horribles. Pero él concuerda con el guardia de la estación Ermita, que esos no son niños, sino demonios disfrazados de estos de vez en cuando. Sigo viajando en el metro cuando este está a punto de cerrar.
54:40 Siempre me mantengo junto a los pocos usuarios que hay, en ocasiones siempre alejada de las vías. No vaya a ser la de malas y no los vea salir de la nada. Y esta vez terminen con lo que dejaron empezado, querida comunidad. Espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.
55:33 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.
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