LA VECINDAD DE LOS ARABES Vol. 3
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0:02 Muy buenas noches, querida audiencia, esperando se encuentre órridamente bien del otro lado de la pantalla. Hace algunos 2 años aproximadamente le narramos 2 episodios de una vecindad embrujada donde ocurrían fenómenos sumamente inexplicables. Lo extraño de este lugar es que sus dueños eran árabes. Y en esta ocasión llegan a nosotros una vez más estas anécdotas enviadas por sus inquilinos, donde le aseguró, se le pondrá la piel de gallina. Si aún no has escuchado los relatos anteriores de la vecindad de los árabes, abajo en la descripción le dejo el link para que agarre el hilo de los relatos sin más. Lo invito a escuchar estos relatos de terror. Aquí comenzamos cuando llegamos a aquella vecindad. Fue en el año de 1979.
1:17 Yo en ese tiempo tenía 13 años y los rahal ya eran unas personas adultas mayores cuando los conocimos. Aún así, al viejo yafté se le notaba en cada ruga de su horrible rostro. La amada persona que era en la apariencia la señora Calit, se le veía sumisa y agradable, pero era igual a su marido. Muy buenas tardes a todos. Mi nombre es Francisca López. Nací en el distrito federal o en la Ciudad de México. Actualmente vivo en Puebla, me casé en el año de 1987 y fue cuando mi esposo y yo nos vinimos a vivir a este Estado. Conocí a los Rajal, los árabes, así como algunos de sus hijos. Abdel era uno de ellos, tenía 16 años cuando lo conocí. Creo que de todos ellos era el único que tenía buenos sentimientos.
2:26 Pero bueno, nunca dura, decía la abuela matilde, pues Abdel falleció en el terremoto de 1985. Creo que esa vecindad era el refugio de las familias inadaptadas, así como uno que otro delincuente. Ahí conocí a Virginia Suárez. Ella ya les contó lo que vivieron en la vecindad. Ahora es mi turno de compartirles mis experiencias y las de aquellos que nos contaron un poco de las suyas en el verano de 1979, cuando nos mudamos a la vieja vecindad, la construcción con sus paredes desgastadas y patios sombríos. A esta le faltaba mucha mano de obra, sus dueños eran tan avaros que.
3:21 El zoo decirles que en el cuartucho que rentaban pasaba algo. El árabe, de una o de otra manera, se las arreglaba para que el inquilino pagará más por estar ahí. Las puertas chirriaban al abrirse y cerrarse, y las ventanas eran como ojos ciegos que miraban sin ver personas. Llegaban y a los pocos meses se iban. Cada uno con su historia de lo que había vivido allí. Algunos tenían décadas en el lugar. Eran los únicos que no se dejaban intimidar por el señor Yafté.
4:03 La vecindad era conocida por sus historias de fantasmas y sucesos extraños. La gente del barrio contaba sobre ruidos que parecían provenir de las paredes. Las sombras oscuras que se movían por los patios y una sensación constante de ser observados ya fuera de día o de noche. Mi familia estaba formada por mis padres, mis 2 hermanos, mis abuelos y yo fueron los que nos consiguieron una habitación en renta. Al principio no prestamos atención a las historias.
4:45 Mis padres pensaban que eran sólo supersticiones de las personas. Sin embargo, la primera noche en nuestro hogar nuevo ya no quise vivir ahí. Mi padre se despertó a medianoche con el sonido de susurros que parecían venir de las paredes. Mi madre le decía que era su imaginación. Intentó volver a dormir, pero los susurros se hicieron más fuertes. Como si alguien estuviera conversando justo al lado de su cama. La vivienda que teníamos al lado estaba deshabitada, así que no había nadie. Mi padre encendió la luz y las voces cesaron medio dormida. Le pregunto qué pasaba, pero el solo murmuró que no era nada y volvió a acostarse, aunque el sueño no regresó fácilmente. Por la mañana mi padre acercó su oído a la pared. Era como si buscara las voces que había escuchado. Yo lo acompañé a la vivienda de al lado, pero como les comenté estaba deshabitada.
6:00 Ambos ingresamos, pero no había señal alguna que alguien hubiese estado ahí, pues la puerta hacia un sonido horrible al abrirla y cerrarla. Así estuvo por alrededor de 2 semanas, hasta que un día mi padre se fue a trabajar. Mi madre me pidió que la ayudara a mover la cama de ese sitio. Quizás al hacerlo, mi padre podría descansar y dejar de escuchar aquellas voces. Aunque mi madre le pregunto en varias ocasiones qué decían él, le aseguro que se escuchaban como ecos incomprensibles. Al cambiar la cama de sitio, mi padre jamás volvió a escuchar voces provenientes de las paredes. Mis hermanos jugaban en el patio hasta que mi padre llegaba de su trabajo.
6:57 Yo estaba esa tarde con ellos y el sol estaba cayendo. Mi hermano rigo se acercó a mí y me tomó de la mano para que lo siguiera modesto mi otro hermano. Estaba parado cerca de una de las viviendas y cuando nos acercamos a él, ambos niños señalaban hacia la pared se veían unas sombras. Volteé a todos lados buscando a las personas que la reflejaran, pero éramos los únicos que estábamos en ese lado del patio. Las sombras empezaban a alargarse, pero para mí era como si se estuvieran extendiendo.
7:41 Esa situación era muy extraña, modesto, siempre curioso, señaló. Una sombra en la esquina del patio era una figura alta y oscura, inmóvil. Yo intenté tranquilizarlo diciéndole que sólo era un juego de luces, pero una sensación de frío recorrió mi espalda. Vimos a mi abuela, la llamamos para que viera, pero las sombras. Ya habían desaparecido a pesar de que las situaciones paranormales pasaban casi a diario, pero también dejaban de verse o sentirse por algún tiempo. Cuando estos acontecimientos eran muy prolongados, mis padres tomaban la decisión de irnos de la vecindad, pero cuando estas se apaciguaban, nos quedábamos.
8:39 Aparte de que mis abuelitos no se querían ir de ahí, pues por una parte los comprendía, pues a su edad y comenzar en otro lugar y nuevamente adaptarse era difícil para ellos. Después de un tiempo, una noche, escuchamos golpes que comenzaban al principio suaves, como si alguien golpeara con los nudillos, luego más fuertes y repetitivos, pero al parecer. No éramos los únicos que escuchábamos. Cuando uno de los vecinos, llamado Juan, decidió investigar, armado con una linterna, recorrió la vecindad y al llegar al segundo patio vio una figura oscura, deslizarse por la pared y desaparecer en una esquina.
9:27 Su corazón le latía con fuerza, pero al revisar no encontró nada. Es el mismo sitio donde se decía. Que habían ocultado un tesoro. Durante la Revolución, las familias adineradas enterraban su oro, joyas y valores para protegerlos de los saqueadores. Decían que era dinero de los cristeros en la vecindad de los árabes. Se rumoreaba que esas riquezas malditas traían sombras y los susurros que nunca cesaban, creando una atmósfera de misterio. Que perduraba en sus muros para el año de 1980.
10:13 En el mes de febrero, para ser más exacta, doña Calith falleció. La mujer tenía 73 años. Los servicios funerarios fueron muy diferentes a los que uno conoce. Fue algo vergonzoso ver a jafté llorar de una manera en que elevaba sus manos al cielo y lloraba. Lloraba y lloraba. Doña Magnolia lo observaba con cierto disgusto, pues pedía a Dios por su mujer, pero como les contó Virginia, nadie tenía imágenes religiosas en sus hogares, excepto doña Magnolia, así que cuando uno quería pedirle algo a Dios o a la virgencita, íbamos a casa de doña Magnolia para hacer la petición. Mi abuela hizo el comentario unos días después del fallecimiento de la señora Caled, que dudaba que la dejaran entrar al cielo, pues la mujer fue conocida por su crueldad y maldad pura.
11:23 Nadie había encontrado paz en esa vecindad desde su muerte. La primera, mi abuela, que sintió un frío intenso a pesar del calor que hacía. A levantarse para abrir la ventana vio una silueta. Recorrer el patio era una figura encorvada, con ojos vacíos, la figura de doña Caleb, pero la señora no se fue sola, pues a los meses jafte falleció y fue cuando las apariciones, los ruidos se volvieron más constantes. Todo comenzó tras la muerte del señor Yafté. Los vecinos aseguraban ver los espectros de los árabes deambulando por la vecindad.
12:14 Sus lamentos resonaban por las noches. Aquellos alaridos de angustia eran frecuentes, especialmente en el cuarto, que había sido de la familia árabe, cuando la ocuparon Por Primera Vez los árabes. Recién llegados de su país, trajeron consigo su lengua y sus costumbres. Pronto comenzaron a notar cosas extrañas. Pronto comenzaron a notar cosas extrañas. El hijo mayor de los rahal Calet empezó a tener visiones y pesadillas. En repetidas ocasiones les hablaba en árabe diciendo que debían abandonar el lugar. Que ya no les pertenecía.
13:03 La esposa de Calid Asma traducía sus palabras al español cuando se lo contaba a mi madre. Calid dice que debemos irnos, que este lugar no es seguro. Pertenece a alguien más, decía con preocupación. Pero él era igual que su padre se aferraba a lo material. Creía que todos nosotros podríamos robarle lo que le pertenecía. De hecho, hasta sus hermanos le temían por sus cambios bruscos de humor. Raramente salían de su hogar en la vecindad, pues la portera se encargaba de los cobros de las rentas. Cada vez que asma y calita aparecían, los vecinos los miraban con inquietud.
13:55 La historia del espectro de yafté y los gritos de angustia se extendieron, sumiendo a todos en un estado de temor constante. Los más viejos decían que eso era como advertencia de que pronto sucedería alguna desgracia, pero eso no sucedió no pronto, sino años después, una mañana, mientras almorzábamos. Mi hermano riego empezó a gritar de terror. Sus lágrimas caían y señalaba hacia la ventana balbuceando incoherencias. Una mujer horrible nos está mirando, exclamó con su voz temblorosa por el miedo. Nos volvimos rápidamente, pero no vimos nada. Sin embargo, la expresión de miedo en el rostro de rico nos dejó a todos bien tranquilos.
14:53 Preguntándonos si realmente había algo o alguien acechándonos de este el otro lado del cristal, mi madre salió a investigar, pero en el patio no había nadie, ni siquiera en los lavaderos. Yo sentía curiosidad por entrar a la que fuera la vivienda de los árabes. Decían que ahí ocurrían muchas cosas y se veían apariciones muy feas. Desde el hijo que falleció aplastado por una de las paredes cuando esta se desplomó. Pero no sólo esa, sino también donde vivió un brujo armada con un poco de valor. Yo misma quería saber si era verdad o no lo que se contaba en esas 2 viviendas mientras caminaba por el patio volteaba para que nadie me viera.
15:49 ¿A dónde me dirigí exactamente? Ese cuartucho se apreciaba más viejo y sucio que el resto de la vecindad. Me Subí en una pila de ladrillos que estaba justo debajo de la ventana polvorienta. Se alcanzaban a ver muebles que en estos tiempos valdrían mucho dinero, estantes con frascos y varios baúles. Estaba tan absorta, pero a la vez. Encantada de apreciar todo eso que de repente, frente a mí apareció una señora anciana arrugada y sucia. Aquello fue tan inesperado que me fui de espaldas, cayendo de los ladrillos del patio.
16:34 El encuentro inesperado me llenó de miedo. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo como pude. Me levanté y salí corriendo, sin atreverme a mirar atrás. Por varias semanas la imagen de aquella señora me mantuvo por varias noches despierta, hasta que me fui a dormir a casa de la abuela. Mi abuelita me ponía una veladora encendida. Yo estaba realmente asustada. Sentía que en mi familia yo era la única que veía, escuchaba y sentía las presencias que penaban en esa vecindad.
17:16 Pues si a alguien más, aparte de mí, le sucedían este tipo de situaciones, nadie decía palabra alguna. Me sentía frustrada por ello. La verdad. Tenía mucho miedo de morir en ese lugar y ser una fantasma más de la vecindad. Cuando un desastre natural ocurre, de repente se siente una mezcla de miedo y desesperación. La incertidumbre y la impotencia se apodera de uno, ya que la magnitud del evento está fuera de control humano. El corazón late con fuerza, la mente se llena de preocupación por la seguridad de los seres queridos y el hogar.
18:00 El sentido de vulnerabilidad y fragilidad se intensifica, recordándonos lo pequeños que somos frente a las fuerzas de la naturaleza. La adrenalina corre por el cuerpo preparándonos para reaccionar, aunque el resultado sea impredecible. Es una experiencia profundamente desestabilizadora y aterradora. Así me sentí unos años después, cuando sucedió lo inevitable, el terremoto del 85. Creo que el ver, escuchar y sentir todas aquellas apariciones que causaban mucho miedo.
18:40 No era nada a comparación de experimentar lo aterrador que fue aquel sismo. Mi padre aún no llegaba de su trabajo en casa estábamos mi madre, mis hermanos y yo. Cuando sentimos como la Tierra se movía, los gritos de los vecinos, el llanto de mis hermanos y mi madre rezando, ella los abrazaba. Y estábamos paralizados, que nadie se podía mover para salir de aquel cuartucho. Sólo fueron unos segundos, bastantes, para cambiarle la vida a uno. Cuando todo pasó fue que pudimos movernos en un instante. Me acordé de la abuela, salimos para ir a su lado. Lo que vimos era aterrador, paredes cuarteadas y viviendas colapsadas.
19:33 Los vecinos rápidamente comenzaron a ayudarse los unos a otros. Los malditos hijos de los árabes cerraron el portón para que no saliera nadie. Los desgraciados hacían acusaciones, decían que le robaríamos y no querían que nadie saliera. Ellos solo observaban cómo nos ayudábamos unos a otros tratando de sacar a los vecinos afectados. Por desgracia, ese día perdieron la vida 2 familias. Los cuartuchos colapsaron, aplastando Asus ocupantes. Pero no sólo dentro de la vecindad fallecieron algunos inquilinos. Una señora que venía de provincia y que tenía sólo 5 meses de haber llegado, fue a buscar trabajo en los edificios de las costureras.
20:28 Se supo que había fallecido allí. Pues Juan fue a buscarla, pero nunca la encontró. Solo Dios sabe dónde quedó la pobre señora. Mi padre trabajaba en el hotel REGIS, falleció en el interior de este. Mi abuela, al saber de la noticia, tuvo un infarto fulminante. No es consuelo, pero pensaba que era bueno que el abuelo ya hubiera fallecido. Pues no hubiese soportado perder a su hijo y a su esposa. Ese mismo día tuvimos que pasar por mucho para rehacer y comenzar con nuestras vidas.
21:10 Conocí al que fuera mi esposo. En 1986, Eduardo y yo nos casamos. Consiguió su plaza de profesor de primaria en Puebla, así que recién casados nos fuimos a ese Estado, pero no nos fuimos solos. Mi madre y mis hermanos emigraron 2 meses después de nuestra partida. En esa vecindad sólo se respiraba desgracia. Ya habíamos perdido mucho como para seguir viviendo en la vecindad de los árabes. En 1992 fuimos de visita a la Ciudad de México. Yo llevé a mis 2 hijas para que conocieran la vecindad, pero ya la habían derrumbado. Estaba en construcción un edificio. Ver el terreno era imposible saber dónde había estado exactamente.
22:05 Creo que cada persona tuvo experiencias similares a las nuestras. Unos veían apariciones diferentes o escuchaban los sonidos como si estos fueran ecos de un pasado. Como si las almas no encontraran esa luz de su descanso eterno. Muchas gracias por contar estas experiencias que tuvimos cuando vivimos en la vecindad de los árabes. Querido espectador, si ya escuchó los relatos anteriores, hágame saber en la caja de comentarios que opina al respecto de estas historias.
22:49 Me despido no sin antes desearle dulces pesadillas y recordarle que si le gusto este contenido puede compartirlo con su amigo o con su amiga. Sin más me despido. Buenas noches a todos.
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