La mujer Fantasma del Autobus - 4 Historias de AUTOBUS
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0:04 Muy buenas noches a toda la comunidad, esperando se encuentre húridamente bien del otro lado de su dispositivo móvil. En todas las comunidades mexicanas se cuentan terrorÃficas historias de personajes que... alguna vez habrÃan viajado a su lado en algún autobús choferes han tenido también este tipo de acontecimientos mientras manejan o se detienen porque el autobús se descompuso dejándolos en medio de la nada aunque también debo decirles que los pasajeros viajan con objetos muy peculiares en sus maletas Lo cierto es que hay anécdotas que erizan la piel por el misticismo que rodean los autobuses donde habrÃan ocurrido los hechos que a continuación escucharán. Sin más, los invito a ponerse cómodos y apagar la pequeña luz de su habitación.
1:09 Aquà comenzamos. soy conductor de autobús desde hace más de 20 años y he vivido experiencias de todo tipo en la carretera sin embargo hubo un viaje en particular que nunca olvidaré un recorrido de apenas una hora y media que se convirtió en una pesadilla para mà y para los pasajeros mi nombre es giovanni gaspe actualmente ya no trabajo para esa lÃnea de autobuses pero me reservo el nombre pues tengo amistades con los conductores Y uno nunca sabe si, por cosas del destino, tendré que volver a trabajar con ellos.
2:00 Esa noche, el autobús estaba casi lleno. Los pasajeros subÃan con sus maletas y bolsas, buscando sus asientos, mientras yo revisaba los boletos y saludaba a cada uno. Era un viaje rutinario, uno que habÃa realizado incontables veces. Todo era habitual en las conversaciones de los pasajeros. Cuando ya estaban todos a bordo, me dispuse a retirarme, pero en el último momento me hicieron señas de que esperara, pues subirÃa un último pasajero. era un tipo extraño con una mirada que evitaba encontrarse con la mÃa y una maleta grande y desgastada que parecÃa haber visto mejores dÃas no quiso que la metiéramos en el maletero se sujetó a ella y dijo que la llevarÃa consigo no le di mucha importancia en ese momento los pasajeros peculiares no eran nada nuevo para mà sin embargo Pronto me darÃa cuenta de que este hombre era diferente. Nos pusimos en marcha y el autobús avanzaba con suavidad. Los pasajeros se acomodaban en sus asientos, algunos conversando, otros mirando por la ventana y unos cuantos ya dormidos. Pasaron unos 20 minutos cuando noté que el hombre de la maleta no estaba en su asiento.
3:20 Lo vi moverse nerviosamente en el pasillo antes de desaparecer en el pequeño baño al fondo del autobús. No le presté demasiada atención hasta que después de un rato noté que no habÃa regresado a su asiento. Decidà no preocuparme demasiado y me fui. y continué concentrado en la carretera poco después un pasajero se levantó y caminó hacia mà con una expresión de preocupación señaló hacia la parte trasera del autobús y al girar la cabeza me di cuenta de que el hombre extraño habÃa dejado su maleta en el pasillo una inquietud comenzó a formarse en mi mente la atmósfera en el autobús empezó a cambiar los pasajeros murmuraban entre ellos susurrando sobre la maleta abandonada al principio pensé que era una simple curiosidad pero pronto noté que habÃa algo en esa maleta que no estaba bien comenzaron a quejarse de que un mal olor salÃa de esta finalmente Me vi obligado a detener el autobús en una parada segura al lado de la carretera. Anuncié que necesitábamos verificar la maleta, mientras unos hombres llamaban a la puerta del sanitario. Me acerqué con cautela y, al abrirla, mi corazón dio un vuelco. La maleta estaba llena de artÃculos que nunca habrÃa esperado ver. Velas negras, huesos, frascos con lÃquidos extraños y figuras talladas que parecÃan tener siglos de antigüedad.
4:53 La mezcla de olores era nauseabunda, una combinación de hierbas secas y algo que no pude identificar. Un escalofrÃo recorrió mi espalda cuando vi un libro de aspecto antiguo, con sÃmbolos que nunca habÃa visto. algunos se alejaron de la maleta, sus rostros mostrando una mezcla de miedo y repulsión. HabÃa algo innegablemente siniestro en esos objetos. Una señora me dijo que arrojara esa maleta fuera del autobús, ya que solo nos traerÃa desgracias. Intenté mantener la calma y asegurar a todos que todo estaba bajo control, pero internamente el pánico comenzaba a apoderarse de mÃ. Tuve que ir a sacar del baño a aquel hombre, quien se miraba tranquilamente. Le hablé sobre su equipaje y el hombre no comentó nada.
5:46 Se acercó y lo cerró como si nada hubiese sucedido. Las personas pedÃan que lo dejara ahÃ, pero mi responsabilidad era que llegara a su destino. De mala gana, los pasajeros se tuvieron que hacer a la idea de que tendrÃa que llevarlo. El hombre me dijo que esa era la maleta de un brujo y que él tenÃa que entregarla, que era mejor no deshacerse de ella. pues el brujo la estaba esperando y ya sabÃa en qué autobús iba su maleta retomé la marcha con la esperanza de llegar al destino lo más pronto posible pero el viaje se volvió interminable cada kilómetro recorrido se sentÃa como si fuera un viaje a la nada los pasajeros se movÃan inquietos en sus asientos algunos rezando en voz baja otros abrazándose a sà mismos en busca de consuelo el miedo en sus ojos reflejaba el mÃo propio y el hombre aferrado a la maleta cuando llegamos las personas no se movÃan de sus asientos lo hicieron hasta que el hombre bajó sin mirar atrás en el andén de la central camionera El hombre le entregó la maleta a un señor que no parecÃa tener más de 60 años. Este me lanzó una mirada penetrante, una advertencia silenciosa de que nunca debÃa haberla abierto.
7:10 Me arrepentà al instante de lo que habÃa hecho. Los pasajeros bajaban dándome las gracias y yo no podÃa emitir sonido alguno. SabÃa que de regreso tendrÃa que buscar a doña Marcela para que me quitara el mal de ojo que ese brujo me acababa de lanzar. Uno no es responsable de lo que los pasajeros llevan consigo, pues cuando pasó por inspección, nadie notó lo que el sujeto llevaba en aquella maleta. Muchas gracias por relatar esta anécdota. Espero poder contarles otras que me han sucedido. Desde que me subà en la terminal de Hermosillo, Sonora, sentÃa una extraña sensación.
8:01 En esa ocasión viajé sola. Mi nombre es Eloisa Jacome, y lo que les voy a contar ocurrió en el trayecto Hermosillo-Santa Ana. Es un tramo carretero muy largo y cansado, ya que ningún autobús hace parada alguna, salvo en el retén de Kerobabi. Fue ahà donde se subió esta mujer. HabÃa pocas personas a bordo, lo cual no era inusual para esa ruta a esas horas. Me senté en un asiento cerca de la ventana, observando cómo las luces iban quedándose atrás. El sonido de la pelÃcula y el balanceo del autobús me adormecÃan. Pero me mantuve despierta por unos momentos.
8:42 Sentà que me llamaban. Era la voz suave de una mujer de unos 25 años, de piel extremadamente pálida, como si hubiera pasado mucho tiempo sin ver la luz del sol. ParecÃa enferma, pero a pesar de su apariencia, su presencia no me inquietaba. HabÃa algo en ella que me atraÃa, quizás su mirada triste y melancólica. Pronto empezamos a conversar y su voz suave y calmada me envolvÃa como una manta cálida. El autobús avanzaba por la carretera sinuosa y nuestra conversación fluÃa con naturalidad. Al principio hablamos de cosas triviales como el clima y nuestros destinos. ella me contó que viajaba a santa ana para visitar a unos familiares y yo le relaté sobre mi viaje por trabajo sus respuestas eran cortas pero habÃa una profundidad en sus palabras que me hacÃa sentir que habÃa mucho más detrás de su historia su mirada se perdÃa de vez en cuando en la oscuridad fuera de la ventana como si buscara algo o a alguien. El conductor del autobús, un hombre mayor con una expresión seria, miraba con frecuencia en nuestra dirección a través del espejo retrovisor. Al principio pensé que solo estaba vigilando a los pasajeros, pero pronto me di cuenta de que su mirada estaba fijada en mi compañera de asiento. habÃa algo en su expresión que me inquietaba
10:15 una mezcla de curiosidad y preocupación no le di mucha importancia y seguà conversando con la mujer el tiempo pasó rápidamente y antes de darme cuenta estábamos cerca de nuestro destino mi compañera de viaje se levantó de repente diciendo que necesitaba ir al baño la vi caminar hacia la parte trasera del autobús tambaleándose ligeramente con el movimiento del vehÃculo me quedé esperando su regreso pero los minutos pasaban y ella no volvÃa pensé que quizás se habÃa quedado en otro asiento o que habÃa decidido descansar un poco antes de llegar sin embargo mi curiosidad creció cuando el autobús finalmente se detuvo en la estación de Santa Ana Y ella aún no habÃa regresado. Me levanté y busqué en los otros asientos, pero no habÃa rastro de ella.
11:10 Me querÃa despedir, pero no la encontré. Decidà preguntar al conductor si habÃa visto a la mujer bajar del autobús. El conductor me miró con una expresión extraña, como si no supiera cómo responderme. Me dijo que no me asustara, pero que durante todo el viaje habÃa estado sola. No entendÃa lo que decÃa. Le expliqué con detalle sobre la mujer, y el conductor, con un tono tranquilo, me contó que la mujer que describÃa era un fantasma que, según él, se aparecÃa de vez en cuando en esa ruta. Se subÃa en el retén de Kerobabi. Yo no era la única que habÃa tenido alguna charla con esa aparición. No podÃa creer lo que estaba escuchando. Intenté recordar cada detalle de nuestra conversación, cada gesto, cada mirada. Todo parecÃa tan real.
12:04 Pero las palabras del conductor resonaban en mi mente. Me dijo que otros pasajeros habÃan reportado encuentros similares, y que la mujer siempre desaparecÃa de la misma manera, y que la mujer siempre desaparecÃa de la misma manera. dejando a sus interlocutores con una sensación de desconcierto y temor. Le di las gracias y bajé del autobús con una sensación extraña. una mezcla de tristeza y miedo caminé hacia la salida de la estación tratando de racionalizar lo que habÃa ocurrido pero por más que intentaba no podÃa sacudirme la sensación de que habÃa compartido un momento con alguien que no pertenecÃa a este mundo mientras esperaba al taxi que me llevarÃa al hotel Recordé la palidez de la piel de la mujer, su tristeza y su insistencia en mirar hacia el exterior durante el viaje. Quizás habÃa fallecido donde se encontraba el retén, y se subÃa a cualquier autobús intentando llegar a su destino. Aún sigo viajando por cuestiones de trabajo, pero nunca más he vuelto a ver aquella aparición. Mi nombre es Edwin Millán. Soy conductor de autobús desde hace más de 22 años. Mis rutas no son largas, solo dentro del estado de Oaxaca. Nos contratan turistas, asà que los
13:38 llevamos a lugares especÃficos, como pueblos mágicos y zonas turÃsticas. recuerdo aquella noche en que conducÃa el autobús los pasajeros en su mayorÃa venÃan dormidos pues habÃamos tenido que movernos constantemente por el itinerario que ellos tenÃan nos encontrábamos en medio de un trayecto largo y solitario rodeados por campos y montañas, cuando nos acercamos a un pequeño pueblo del que habÃa oÃdo historias sobre brujas. Los aldeanos decÃan que estaba habitado por ellas y que aquellos que osaban pasar por allà de noche, especialmente con un recién nacido a bordo, corrÃan un grave peligro. Entre nosotros viajaba una joven madre con su bebé. el pequeño dormÃa plácidamente en su regazo ajeno a la inquietud que comenzaba a apoderarse de mà mientras nos acercábamos al pueblo la madre exhausta parecÃa agradecida por el descanso sin saber del peligro que nos acechaba entre los pasajeros también habÃa un anciano se habÃa sentado en la parte trasera del autobús y habÃa observado todo el viaje con una calma imperturbable Su rostro arrugado mostraba la serenidad de alguien que ha visto y vivido mucho y habÃa algo en sus ojos que transmitÃa sabidurÃa. Mientras nos acercábamos al pueblo, sentà una tensión en el aire, como si una presencia invisible nos estuviera observando. El autobús
15:12 avanzaba lentamente por la carretera y la luz de los faros apenas penetraba la espesura de la noche. recordé las historias que contaba mi abuelo sobre las brujas de los pueblos y cómo cazaban a los recién nacidos para realizar sus oscuros rituales otras decÃan que devoraban a las pobres criaturas comencé a sentir como mi corazón latÃa con fuerza al pensar en el bebé a bordo y un sudor frÃo comenzó a recorrer mi espalda mire por el espejo retrovisor y vi al anciano levantarse y caminar hacia la madre y su hijo en silencio tomó al bebé en sus brazos y volvió a su asiento mientras los demás pasajeros lo observaban con curiosidad y cierto recelo el anciano sacó una pequeña bolsa de su bolsillo y con manos firmes extrajo un poco de sal que colocó suavemente sobre la cabecita del bebé luego sacó una medalla de san benito y se la puso alrededor del cuello la medalla brillaba débilmente en la penumbra y una sensación de calma comenzó a inundar el autobús el anciano parecÃa saber exactamente qué hacer para proteger al pequeño su sola presencia y sus acciones infundieron un poco de coraje en mi corazón y me dispuse a continuar el trayecto con más determinación mientras avanzábamos los pasajeros miraban por las ventanas con rostros pálidos y ojos muy abiertos de repente las vi a
16:46 la orilla del camino apenas visibles en la penumbra estaban las brujas sus figuras oscuras y encorvadas se recortaban contra la noche con ojos que brillaban como brasas encendidas podÃa sentir su hambre su deseo de obtener al pequeño bebé pero extrañamente no se acercaban permanecÃan a una distancia prudente observando con una mezcla de frustración y cautela el anciano sostenÃa al bebé con una ternura que contrastaba con la sombrÃa amenaza exterior la medalla de san benito y las al parecÃan formar un escudo invisible alrededor del pequeño y tal vez también alrededor de los pasajeros pues las brujas no se atrevÃan a cruzarlo podÃa ver la ira y la impotencia en sus ojos pero no hacÃa ningún intento por detener el autobús a cada kilómetro que avanzábamos la presión disminuÃa un poco pero no del todo las brujas seguÃan allà moviéndose entre las sombras El anciano murmuraba algo, como una oración.« Finalmente, dejamos atrás el pueblo». El alivio fue palpable y los pasajeros comenzaron a relajarse, aunque todavÃa con el miedo reflejado en sus rostros. El anciano devolvió al bebé a su madre, quien lo recibió con lágrimas de gratitud. La medalla de San Benito seguÃa colgando del cuello del niño y la sal se habÃa disuelto en
18:18 su cabello. Con el peligro ya lejos, el anciano volvió a su asiento y cerró los ojos, como si nada extraordinario hubiera ocurrido. El resto del viaje transcurrió en un silencio pesado, pero con una sensación de alivio flotando en el aire. sabÃamos que habÃamos escapado de algo terrible y que el anciano habÃa jugado un papel crucial en nuestra supervivencia llegamos a nuestro destino sin más incidentes y los pasajeros bajaron uno por uno agradeciendo al anciano con miradas silenciosas la joven madre fue la última en salir cargando a su bebé con más cuidado y amor que nunca el anciano se quedó unos minutos más observando como todos caminaban hacia la salida para ocupar los cuartos disponibles del hotel y descansar para proseguir con el recorrido cuando finalmente me acerqué a él para agradecerle personalmente simplemente me dio una sonrisa tranquila y asintió con la cabeza Sin decir una palabra, bajó del autobús y desapareció en la oscuridad.
19:27 A partir de aquella experiencia, siempre traigo una bolsa de sal conmigo al lado del asiento, y obviamente medallas de San Benito bendecidas. No sé qué oración dijo aquel anciano, pero sé que el Salmo 91 es, sin duda, una de las oraciones más poderosas. soy conductor de autobús desde hace más de 15 años me llamo samuel cardona y he escuchado muchas historias en la carretera pero hay una que me contó un compañero que me dejó una profunda impresión se trataba de su amistad con otro conductor un hombre al que consideraba su hermano compartÃan rutas y aventuras en el camino y se cuidaban mutuamente lamentablemente su amigo falleció en un trágico accidente dejando un vacÃo enorme en su vida el relato comenzó cuando mi compañero me pidió que lo acompañara en un viaje a guaymas sonora no era un viaje ordinario la esposa de su difunto amigo le habÃa pedido que la llevara para cumplir el último deseo de su esposo arrojar sus cenizas al mar me dijo que
20:58 habÃa sentido una mezcla de tristeza y honor al recibir la petición sabÃa que debÃa hacerlo por su amigo a quien tanto extrañaba nos encontramos con la esposa de su amigo en la terminal una mujer que llevaba consigo una urna de madera tallada con las cenizas de su esposo el viaje comenzó tranquilamente Y mientras avanzábamos por la carretera, mi compañero me relataba anécdotas de su tiempo juntos. A medida que avanzábamos, algo extraño comenzó a suceder. Mi compañero me confesó que sentÃa la presencia de su amigo en el autobús. Aunque no podÃa verlo, estaba seguro de que estaba allÃ, acompañándolo. SentÃa una especie de calor y una sensación de tranquilidad que no podÃa explicar. El aire dentro del autobús yo lo sentÃa igual, pero solo él tenÃa esa extraña sensación. Cuando llegamos a Guaymas, ayudamos a la viuda a llegar al lugar donde su esposo querÃa descansar eternamente.
22:03 La observamos desde la distancia mientras arrojaba las cenizas al mar. Un momento solemne y lleno de emociones. Después de que ella se despidió de nosotros, mi compañero me dijo que sentÃa que su amigo le habÃa pedido algo más, que lo ayudara a proteger los caminos, que estuviera presente en sus viajes y lo cuidara de los peligros que acechaban en la carretera. regresamos al autobús y continuamos con el viaje aunque estaba solo en el asiento del conductor mi compañero me decÃa que seguÃa sintiendo la presencia de su amigo a su lado como si lo acompañara en cada kilómetro recorrido pasaron varios meses y mi compañero seguÃa relatando cómo sentÃa la presencia de su amigo en momentos cruciales un dÃa mientras conducÃa por una carretera desolada Se encontró con una situación que puso a prueba esa conexión. Era de noche, y el camino estaba oscuro, apenas iluminado por los faros del autobús. De repente, una camioneta apareció de la nada y le cerró el paso. eran asaltantes y su intención era clara el miedo se apoderó de él pero en ese momento recordó a su amigo con el corazón acelerado le pidió ayuda mentalmente invocando la protección que siempre habÃa sentido desde el dÃa del viaje a guaymas lo que ocurrió después fue increÃblemente extraño la camioneta que
23:37 intentaba detener el autobús empezó a tambalearse sin razón aparente y en cuestión de segundos perdió el control La camioneta dio varias vueltas en la carretera antes de detenerse, dejando libre el camino para el autobús. Mi compañero estaba convencido de que su amigo le habÃa ayudado. La sensación de protección y la presencia reconfortante se hicieron más fuertes después de ese incidente. Siguió conduciendo con más confianza, sabiendo que no estaba solo en la carretera. los peligros seguÃan existiendo pero la compañÃa de su amigo aunque invisible le daba una fuerza y seguridad que nunca antes habÃa experimentado en otra ocasión mientras atravesaba un tramo particularmente peligroso conocido por los asaltos volvió a sentir esa extraña sensación el autobús estaba casi vacÃo y la noche era especialmente oscura vio luces de un vehÃculo acercándose rápidamente por detrás y su corazón se aceleró los asaltantes eran una amenaza constante en esa ruta y sabÃa que debÃa estar preparado para cualquier cosa pero justo cuando el vehÃculo estaba a punto de alcanzarlo se desvió bruscamente y salió de la carretera una vez más su amigo lo habÃa protegido este tipo de experiencias se volvieron más comunes y cada vez que se
25:08 encontraba en peligro sentÃa a su amigo actuando como su ángel guardián el tiempo pasó y mi compañero seguÃa compartiendo estas historias conmigo aunque al principio era escéptico no podÃa negar la sinceridad en sus palabras y las coincidencias inexplicables que narraba Empecé a creer que, de alguna manera, su amigo realmente estaba cuidándolo desde el más allá. En la carretera, con todos sus peligros constantes, él manejaba muy seguro de que tenÃa una buena protección, tanto para él como para los pasajeros. es bueno saber que uno tiene un guardián pues los asaltos se van convirtiendo en algo ya común en las carreteras y no sólo para los que manejamos autobús sino para los transportistas de cargas y vehÃculos particulares Espero que estos relatos de autobús hayan sido de su total agrado. Si es asÃ, me ayudarÃan compartiendo el video con sus allegados. No olviden dejar su comentario. Los leo.
26:21 Sin más, me despido no sin antes desearles dulces pesadillas, buenas noches y hasta la próxima.
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