LA MISA DE DIFUNTO (Y Mas Historias de IGLESIAS)
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0:01 ¿Hola, qué tal oyentes del Inframundo y de Spotify? Muy buenos días, tardes o noches. Espero que se encuentren muy bien haciendo sus quehaceres, labores escolares o su trabajo y puedan pasar un rato más ameno con estos relatos, sin más comenzamos. La misa de difunto basado en un hecho real, mi nombre es Hugo Rivera, soy de Guanajuato, México.
0:48 Cuando era mucho más joven, solía ser muy activo en la pequeña parroquia del pueblo. El sacerdote del lugar era un hombre anciano, así que lo acompañaba lo más que podía. Teniendo en cuenta mis horarios laborales. A veces no eran tan recurrentes, pero cuando la época de cosecha terminaba, no faltaba un día al templo. Sin embargo, independientemente de mi trabajo, solía haber clases de catecismo los fines de semana. Tanto para adultos como para los niños, como así también me encargaba del puesto de sacristán en las misas.
1:32 Es por eso que más o menos conocía a todos los creyentes del pueblo, aunque eso no requería mucho esfuerzo, ya que tampoco éramos muchos pobladores. Pero a quien sí conocía muy bien era a doña Emma, tal cual ocurre en todas las iglesias. Son comunes las ancianas que nunca faltan a misa. Están las que lo hacen por verdadera devoción y las que solamente van por costumbre, siendo este segundo grupo las que a veces causan ciertos desórdenes. Pues bien, doña Emma era una de esas ancianas que pertenecían a este último malhumorada, prepotente. Soberbia con sólo decirles que durante en plena misa se ponía a Platicar con los demás y cuando alguien le pedía que guardara silencio, se molestaba y hasta en ocasiones insultaba. No obstante, ella tenía un defecto que sobresalía de todos y era que en cada canto de la misa ella lo hacía prácticamente gritando.
2:53 O sea, cantaba más fuerte que el mismo grupo de muchachos que pertenecían al coro, obligándolos en ocasiones a callar, pues ella iba a un ritmo que confundía a la gente. A raíz de eso yo no me acercaba mucho a ella, pues ya había tenido algunos roces y no quería volver a pasar un mal momento por su culpa, en especial en el templo. Pues como ya todos sabrán ese lugar que merece, respeto en todos los sentidos. Una tarde me molestó mucho cuando estando en la misa, la anciana testaruda subió las escaleras que conducían al coro a duras penas y sólo lo hizo para molestar, pues una vez arriba se colocó en medio del grupo de muchachos. Y los obligó a que dejaran de cantar, comenzando ella con sus gritos desafinados.
3:57 Esa vez, al igual que otras tantas, casi todas las personas que estuvieron presentes le reclamaron al sacerdote por esa conducta, pero él simplemente respondía lo mismo que teníamos que tenerle paciencia y rezar por ella. Yo me quedé con bastante enojo. El cual creció más cuando la vi en la noche posterior, porque volví a pasar un mal momento con ella. Venía a una chamba en dirección a mi casa, pasé por la parroquia y eran como las 11:00 de la noche. Ya estaba cerrada, pero había alguien allí afuera y para mi mala suerte se trataba de Doña Emma, les juro que me causó gracia.
4:46 Estar a esa hora ahí afuera y con el templo cerrado no tenía sentido. Sin embargo, no hice ni dije nada. Les juro que ni siquiera la miré, pero apenas terminé de cruzar. Sentí una piedra del tamaño considerable que me golpeó la espalda. El golpe fue muy doloroso. Tanto que por poco me caí de la bicicleta cuando me dí la media vuelta. Ella estaba parada en medio de la calle automáticamente y sin que yo dijera nada, comenzó a gritarme insultos desagradables me dio tanta vergüenza que preferí no decirle nada y continuar mi camino, durante el cual las piedras que siguió arrojándome caían hacia los costados. Por suerte no salió ningún vecino a mirar, pero quedé con esa sensación de rencor indescriptible. A la tarde siguiente, y como estaba desocupado, fui a la parroquia para ayudar en las misas. Como de costumbre, quedé perplejo al ver que estaban en la misa de un cuerpo presente, es decir, que el ataúd estaba en el centro y frente al altar.
6:05 Y con la tapa cerrada, luego de persignarme en señal de respeto, me fui directamente a la sacristía para preparar las cosas para la misa que seguía. Pero a mitad de camino fue cuando la escuché. La anciana, maleducada e irrespetuosa, comenzó a gritar sus cantos desde el coro. Era una misa de difunto y los muchachos del coro parroquial no estaban. Totalmente enojado, me dirigí hacia allá para pedirle que guardara silencio, pero una vez arriba, algo dentro de mí me decía que no hiciera nada.
6:47 Obedecí esa sensación extraña y mientras la miraba allí sola y gritando como loca, me tuve que morder los labios para no decirle nada. Acto seguido me bajé y finalmente fui hasta la sacristía. Cuando terminó la misa y mientras los penantes cargaban el ataúd para llevarlo al cementerio, ingresó el sacerdote a la Sacristía para cambiarse. ¿Estaba a punto de reclamarle sobre la falta de respeto de doña Emma, pero él se adelantó haciéndome una pregunta, me cuestionó si yo iba a ir al cementerio? A lo cual le dije que prefería quedarme para preparar algunas cosas, pero aproveché para preguntarle quién había fallecido y su respuesta fue escalofriante, la persona que estaba dentro del ataúd era doña Emma, quién había fallecido la tarde anterior.
7:55 Es decir, cuando esa noche la vi afuera del templo y me arrojó la piedra, ella ya había fallecido y esa tarde, cuando la vi en el coro, ella estaba cantando en su propia misa de difunto. La última fila, experiencia compartida por Valeria robles. Muy buenas noches, mi nombre es Valeria esperanza robles, soy de Chiapas, México. Me gustaría compartir una experiencia, la cual viví cuando era adolescente, cuando me animé a ingresar al grupo parroquial de la iglesia de mi Colonia, fue una tarde de martes cuando la VI Por Primera Vez.
8:54 Ese era un día más en el que con el Grupo nos dedicábamos exclusivamente a compartir con los niños, los que se estaban preparando para hacer su primera comunión. Por lo tanto, el templo estaba prácticamente lleno, los niños, sus padres y nosotros, que éramos más o menos 15, todos adolescentes de entre 14 y 17 años de edad. Ella estaba sentada en la última fila de asientos, donde normalmente ocupan las personas que sólo van a rezar por unos minutos y luego se marchan. Eso es lo que pensé de ella.
9:37 Por lo tanto no le preste mucha atención. Pasada una media hora aproximadamente de casualidad, volteé a mirar hacia el fondo y noté que ella continuaba ahí. En esta ocasión la observé más detalladamente percatándome, que tenía la misma posición con la Koala vi minutos antes, un vestido color rosado, su cabeza ligeramente inclinada y su Lacio cabello cubriendo su rostro. Todo eso indicaba que aún estaba rezando o de última instancia, pensé que era familiar de alguno de los niños. Y estaba guardando a que terminara el curso. Sin embargo, en ningún momento desde que la observe, la vi mirando hacia el frente, al menos para así mirar a su presunto familiar, volviéndome a concentrar en lo que hacíamos. Me olvidé de ella al poco tiempo. No obstante, me sorprendió cuando una vez que habíamos finalizado todo.
10:45 E inclusive los niños y padres ya se habían marchado, ella continuaba en el mismo lugar y con la misma posición. Dejé de verla cuando terminamos de limpiar el templo y nos marchamos también nosotros. Al día siguiente teníamos taller de canto, por lo que nos encontrábamos en un salón al lado del templo, que era el lugar donde ensayábamos. Desde ahí se podía ver la parte de la entrada y desde donde yo estaba sentada específicamente se veían las últimas butacas. Eso fue lo que me permitió verla, idéntica postura y lugar que la tarde anterior. En esa ocasión había una señora unos metros de ella, pero como estaba rezando le era indiferente a la joven 2 horas después.
11:43 Y cuando nos disponíamos a retirarnos, de repente ya no estaba. Eso se repitió durante 2 días más, siempre de igual manera en todos los aspectos. Hasta ese entonces ya había pensado en acercarme a ella para hablarle con intenciones de invitarla al grupo o algo que me sirviera como excusa para iniciar un diálogo. Yo era nueva y. Por lo tanto, no me animaba a hacerlo y, por consiguiente, tampoco les había mencionado sobre ella a los demás. La aterradora experiencia ocurrió aquella tarde en la que fui la primera en llegar, es decir, que el templo estaba abierto, pero vacío.
12:32 Solo estaba el sacerdote, pero dentro de la sacristía estaba arrodillada en una de las bancas frente al altar. Y cuando me quise incorporar para sentarme por el mismo movimiento que hice, miré hacia atrás y la vi de nuevo. Ahí estaba ella, tal cual lo venía haciendo toda la semana. Ahora estaba sola, así que dejé a un lado mi poca costumbre de socializar y me levanté con intenciones de hablarle. Recuerdo que mientras caminaba, ella iba levantando pausadamente su cabeza al mismo ritmo, por lo que a medida que avanzaba la estaba viendo mejor. Así fue que me di cuenta porque siempre mantenía la cabeza baja, pues desde esa distancia divisé un gran lunar sobre el lado derecho de su rostro.
13:35 Similar a las manchas de nacimiento. Sin embargo, conforme me acercaba cada vez comencé a dudar sobre su defecto facial. Una vez que estuve a escasos metros y teniendo ella ya el rostro completamente a la vista, se me congeló la sangre. No era una mancha de nacimiento ni un lunar. Esa mujer tenía la carne de su cara a la vista. Podrida y repugnante, quien mirándome burlónamente me convenció de que no era de este mundo. Dándome la media vuelta, comencé a correr y a gritar aterrada hacia la sacristía.
14:20 El sacerdote salió a mi encuentro y apenas estuve con él Volté para señalarle a ese espectro, pero ya no estaba. El padre me acompañó rezando, me explicaba que podría haberse tratado de una alma en pena y sólo quería pedir mi oración, pero para mí eso era un demonio. Cuando llegaron los otros muchachos, yo ya no quise saber nada más y me fui a mi casa. Desde ese día jamás volví a ingresar a un templo. No sé qué fue en realidad esa aparición, ni quiero volver a saberlo. Presencias en la Iglesia basado en un testimonio real, mi nombre es Azucena Montenegro desde los tiempos de mi juventud. Soy ministro de Eucaristía de la Parroquia en la Colonia donde vivo.
15:31 Lo que les contaré ocurrió hace una década aproximadamente, cuando en los días previos a la fiesta de Halloween, el sacerdote nos dio unas pláticas para informarnos más sobre esa fiesta pagana, en lo personal no era de darle mucha importancia a esa fecha. Por el mismo hecho de que no me llamaba la atención y por ende no me informaba al respecto. Teniendo en cuenta esto y como estaba en los tiempos de preparación para convertirme en Ministro, no me quedó otra opción que acudir a cada reunión a la cual el padre nos lo solicitara. Y creo que mi actitud de indiferencia e interesada. Fue lo que originó que yo viviera esa aberrante manifestación.
16:25 Para los que no conozcan el concepto de lo que es un ministro de Eucaristía, con gusto les comento que esta es una persona que cuenta con la autoridad de poder dar la comunión al público, como así también realizar celebraciones de la palabra que vendría a ser como una misa, pero sin la parte de la consagración. O sea, cuando la hostia y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Para alcanzar ese grado es necesario tener mucho tiempo de formación y a la vez poseer conocimientos con respecto a los sacramentos y demás cosas relacionadas al culto.
17:10 Y por supuesto, lo fundamental es ser activos en la iglesia, ya que difícilmente alguien podría alcanzar esa bendición sin hecho. Ahora bien, volviendo al tema de mi relato, como les iba diciendo, nunca le había dado importancia a la fiesta de Halloween e incluso no le prestaba mucha atención al sacerdote. Cuando predicaba al respecto en las misas o cuando teníamos formación y tocaba ese tema, en definitiva, yo no creía en esa fiesta ni las consecuencias que trae al practicarla.
17:52 Con mucha pena les digo que yo era una de esas madres que disfrazaba Asus hijos para que salieron a recolectar dulces con el único afán de verlos felices a ellos y estar a la moda con todos los vecinos de mi Colonia. Pero claro, cuando tuve aquella experiencia, al haber sido indiferente a la enseñanza que nos daba el sacerdote, Dios quiso que yo aprendiera de otra manera. La cual la considero como la más espeluznante. No recuerdo muy bien si fue la fecha previa a la fiesta de Halloween o en el mismo día cuando aconteció. Desde que llegué a la Iglesia me sentía extraña, como decaída, con bajas energías, me confesé con el sacerdote, como era mi costumbre.
18:45 Y a continuación me puse a ayudar al sacristán en los preparativos de la misa cuando llegaron las demás personas, los que son activos a la colaboración del templo también. De igual forma ellos notaron mi malestar y me lo hicieron saber. Les dije que estaba todo bien, que quizás eran síntomas de una gripa que se avecinaba y nada más. Nada que no se curara con un medicamento que tenía planeado tomar en el regreso a casa cuando llegó el momento de la comunión, y como para ese momento, el padre de vez en cuando ya nos permitía ayudarlo a distribuirla a modo de práctica. A mí me tocó ir hacia un costado lateral del templo, donde las personas ya comenzaban a formar fila para comulgar. Todo marchaba bien hasta que de pronto comenzó la manifestación. Sentí perfectamente cuando alguien pasó por mi lado. Rozándome la parte inferior del vestido pensando que era un niño pequeño que estaba jugando por ahí. Voltea a mirar hacia abajo rápidamente, pero no había nadie.
20:06 Segundos después volvió a ocurrir y del mismo modo no pude ver lo que era. Las personas que tenía en la fila frente a mí ya comenzaban a mirarme extraños, pues cada vez que me ponía a buscar lo que me estaba tocando el vestido interrumpía lo que estaba haciendo el límite. Fue cuando sentí perfectamente que unas manos me tomaron de los talones días ásperas, dejándome totalmente paralizada. No pude ni hablar. Simplemente me quedé así, estática, con la persona al frente, mirando, anonadada, ese entonces que entendí que eso era una manifestación del demonio, una tentación para estropear la función que estaba realizando.
21:00 Duró sólo unos segundos, pero me marcó de por vida. Cuando terminó la misa, hablé con el sacerdote y le conté lo que me había pasado. Y entre lágrimas, también le confesé que yo involucraba a mis hijos en la fiesta de Halloween, comenzando a partir de entonces a ser más responsable con los compromisos de Dios y de la Iglesia. El sacerdote me comentó que es común que en esos tiempos en la iglesia, llegadas las fechas del 31 de octubre. Extrañamente ocurrían fenómenos paranormales dentro de la casa de Dios, que yo no era la primera que sentía o veía cosas fuera de lo normal, que en ocasiones se ven niños con cara de ancianos corriendo por la iglesia, o que se ven sombras y asustan a las personas o al sacristán, y que ese fenómeno se da porque el innombrable se presenta con más fuerza.
22:06 En esas fechas paganas, el duende de la Iglesia, historia basada en un hecho real compartida por el sacerdote Tomás, soy el sacerdote Tomás, hoy en día presto mis servicios en una parroquia. En una ciudad perteneciente al Estado de Nayarit, en México. Pero lo que les voy a contar me ocurrió cuando ejercía mi ministerio sacerdotal en un pueblito ubicado en las sierras. Como sabrán, las zonas rurales son un blanco perfecto para los acontecimientos paranormales y aunque no es muy común que nosotros los sacerdotes.
23:01 Narremos nuestras experiencias de esta índole. Hoy quise hacer una excepción de mi parte y compartirles la siguiente. Eso sí, les advierto que a muchos les puede resultar sumamente perturbadora debido al lugar específico y como se dieron los hechos, al ser un lugar pequeño, las personas que participaban de las misas no eran muchas. Aún así, el trabajo era bastante, con sólo decirles que en ocasiones me tocaba limpiar el templo a altas horas de la noche. Normalmente, mientras barría, me tocaba encontrar en el suelo distintos objetos que a las mismas personas o se les caían o dejaban olvidadas, entre ellas monedas.
23:57 Una noche encontré una, pero me distraje al ver un enorme insecto. Metros más adelante fui hasta él y lo levanté para posteriormente salir afuera y dejarlo allí. Cuando regresé continué limpiando y pasando unos minutos. Recién me acordé de esa moneda, pero cuando la fui a buscar, extrañamente ya no estaba. Quede confundido, pero por obvias razones. Dejé de darle atención y proseguí en lo mío. Esa anomalía sucedió en varias ocasiones más y siempre eran monedas las que aparecían y desaparecían de la nada.
24:42 A tal punto que llegué a pensar que alguien se metía al templo cuando yo me descuidaba y las levantaba. Suena algo loco, lo sé. Pero en una ocasión me tocó ver una silueta pequeña corriendo entre las bancas, la cual se escabulló tan rápido que no pude verla bien. La puerta de ingreso es segura, pero no así la que está detrás, pues en esos tiempos solo había una construida con barrotes, dejando una abertura en la parte de abajo. Por ahí no podía pasar una persona adulta, pero si un niño, y sumado a la que había visto anteriormente, comencé a pensar que era un pequeño quien con basta agilidad entraba sin que yo lo viera y se llevaba las monedas que hallaba sobre el suelo, incluso estando yo ahí adentro una noche quise tenderle una trampa. No quería regañarlo ni nada por el estilo, pero quería conocer al AVE ladrón que lograba pasar desapercibido. Coloqué una moneda sobre el suelo en medio del templo y me oculté para esperar a que apareciera tal como me lo imaginé.
26:09 El ladrón entró a los pocos minutos, pero este no ingresaba por la llanura de la puerta de hierro como pensaba. Ni mucho menos. Era un niño, medía unos 50 cm, robusto y vistiendo sólo unos trapos en la parte inferior del deforme cuerpo que tenía. Su rostro arrugado apenas podía verse debajo del enorme sombrero que tenía. Y él sí sabía que yo lo estaba mirando. Pues cuando levantó la moneda y corrió rápidamente hacia una de las paredes y comenzó a trepar como si fuera un animal antes de salir por la ventana que siempre estaba abierta, volteó para mirarme y sonreír. No sé si crean en duendes.
27:03 Pues yo tuve uno que me hizo compañía hasta el día que me fui de ese lugar y que entraba por el ventanal a buscar las monedas que alguien dejaba olvidadas sobre el suelo. Sólo Dios sabe en dónde las guardaría amigos. Ya pueden escucharnos en Spotify como Inframundo, relatos donde encontrarán un sinfín de aterradoras historias para su deleite, ya sea mientras viajan en coche o mientras hacen sus tareas o quehaceres del día a día.
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