Feb. 1, 2023

La LLORONA del Panteon (Historias de Terror)

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Inframundo Relatos De Terror
La LLORONA del Panteon (Historias de Terror)

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0:01 La llorona del panteón, historia de terror escrita por Jesús Guzmán. Era pleno invierno, frío y crudo. Como todos, mi pueblo todavía no era tan grande. Aún así, las calles de Tierra eran constantemente pisadas por las personas que iban y venían. La mayoría se trataba de mujeres mayores y niños acudían al mercado para comprar los alimentos que le servirían al momento de preparar el almuerzo, en tanto los más pequeños lo hacíamos solamente para dar riendas sueltas a nuestra libertad, manteniéndonos ocupados en algún juego.

0:54 Los hombres mayores pasaban sus jornadas en el campo. A excepción de los que manejaban algún negocio comercial u otro que ameritaba su presencia dentro del pueblo, entre ellos se encontraba Don Antonio, quien en esos días recién comenzaba a laborar como cuidador del panteón. Para nosotros, los niños que rondábamos entre los 10 años, él era todo un héroe, lo admirábamos, lo elogiábamos. Sentíamos orgullo al conocer a alguien que fuera capaz de vivir dentro de un panteón, pues literalmente eso hacía él provenía del estado de Yucatán y a los pocos días de que llegó al pueblo consiguió el trabajo de velador.

1:45 Desde entonces se instaló dentro de la garita que el mismo ambientó para que fuera a su habitación. Refugio del cual se protegería del voraz frío que no perdonaba a nadie. Entre las andanzas que nosotros hacíamos había veces que llegábamos hasta esa orilla del pueblo, lugar donde estaba ubicado el panteón ingresábamos sin problemas. La confianza que teníamos con don Antonio era grande y ahí nos quedábamos un buen rato. Escuchando sus historias inventadas sobre fantasmas, a veces durante horas, el estado de ánimo que caracterizaba al señor hacía que el tiempo pasara desapercibido para nosotros.

2:36 Cuando pasó más o menos 1 mes desde que él empezó a trabajar allí, su conducta cambió drásticamente. Cuando llegamos a visitarlo, nos pedía rápidamente que nos regresáramos a casa. Que no nos acercáramos al panteón y que mejor no saliéramos solos de nuestros hogares. Poco a poco dejamos de ir al lugar. Sin embargo, nos parábamos a una determinada distancia para observarlo cuando lo descubríamos sentado en la puerta del panteón, casi en plena calle. Creo que a cualquiera eso le parecía una total locura. Nadie en su sano juicio se quedaría a sufrir en pleno frío teniendo un lugar donde refugiarse dentro. Eso nos lo preguntábamos nosotros mismos, pues lo veíamos temblar mientras frotaba sus manos para, al menos, calentar esa diminuta parte de su cuerpo.

3:39 Una tarde, uno de mis amigos habló con su papá sobre la situación en la que estaba viviendo este pobre hombre en sí. Todos aquí somos solidarios. Es por eso que su padre no dudó en ir a ver a don Antonio para platicar con él. La siguiente parte del relato es algo que supe muchos años después de que sucedieron los eventos. A todos los que éramos niños en ese tiempo se nos ocultó luego de conocer el motivo, seguramente entenderán cuando aquel padre fue a verlo, aparte de ofrecerle su ayuda, le preguntó cuál era el motivo por el que últimamente nos echaba a todos los niños y porque se quedaba fuera del panteón a pasar frío pudiendo estar adentro. Don Antonio trato de esquivar todas esas preguntas respondiendo que no le pasaba nada, que estaba todo bien y que solamente quería estar solo.

4:43 ¿El padre de mi amigo le respondió de manera irónica, pues cómo es posible que quiera estar solo si trabaja en un lugar, el cual está rodeado de cadáveres? Es entonces cuando el velador se quebró. Y comenzó a llorar paralelamente al estado de pánico en el que entró. Así fue que empezó a narrar su calvario. Todo comenzó a los pocos días de que se mudó al Panteón. Como eran tiempos de mucho frío, las visitas a los difuntos eran prácticamente nulas. Esa tarde estaba recogiendo la basura que junto luego de barrer el patio. Cuando de la nada escuchó un llanto de una mujer, si no fuera que recordó no haber visto a nadie ingresar a esas horas, no le hubiera dado tanta importancia, pero era lógico que había alguien llorando allí dentro. El llanto era cada vez más fuerte. Eso significaba que.

5:53 Sea quien fuera la mujer que estuviera lamentándose de esa triste manera, iba en dirección hacia él. Dejó sobre el suelo las cosas que tenía en sus manos y decidió adelantarse el hacia su encuentro es recién cuando comprendió que estaba frente a un suceso paranormal. No había nadie. Los llantos eran claros, pero no podía encontrar a la mujer. Incluso tuvo que caminar de aquí para allá, porque el lamento se escuchaba en un lado y al instante en otro lugar, como si la doliente se moviera a gran velocidad. No tuvo intenciones de seguir buscándola, así que se dio la media vuelta y se giró a su habitación en el camino. La vio a lo lejos, cruzando por unos pasillos que formaban algunos mausoleos.

6:52 Según don Antonio, era la llorona, tenía usando un vestido blanco largo. Este le escondía los pies. Caminó lentamente manteniendo su mirada fija al frente. Iba de perfil, por lo que no le vio la cara. Sus cabellos le llegaban hasta la cintura. Este era negro, como la noche. Contrastando con el descolorido tono de su piel, la vio solamente el segundo en el que ella tardó en cruzar el pasillo y antes de que está desapareciera, volvió a escuchar su lamento, pero ahora sonó en su oído como si ella estuviera a su lado, a pesar de que la vio a más de 20 M. El señor contó que don Antonio no dejaba de temblar mientras le contaba lo sucedido.

7:54 No lo hacía por el frío, sino por el miedo, pero él estaba tan desconcertado con el relato que no se preocupó en detenerlo. El viejo velador siguió hablando entre tanto, su interlocutor se entumecía cada vez más. Luego de ese brutal susto, don Antonio Corrió hacia su habitación y se quedó allí encerrado. Sólo volvió a salir cuando llegó el horario de cerrar las puertas del panteón. Esa noche se durmió rezando porque todavía no se le pasaba el miedo, pero despertó ya de madrugada con el terror al escuchar esos mismos lamentos de igual manera que esa tarde.

8:44 En un principio el llanto se escuchó un poco alejado. Luego comenzó a acercarse, se levantó presuroso de la cama e intentó salir de allí, pero al llegar a la puerta algo lo detuvo. El pobre hombre padeció la desesperante situación de ver como esa mujer ahora caminaba a sólo unos pocos metros de él, perdió el control de su cuerpo. Se mantuvo inmóvil, mirando como el espectro acortaba la distancia que los separaba, quizás por el efecto del pánico.

9:24 Su visión no era del todo clara, pues sólo distinguía su cuerpo. El rostro lo pudo ver recién cuando tuvo a la mujer frente a él. Jamás había visto una piel tan horrenda. Era como si la tuviera rajada. Agrietada, sus ojos eran totalmente negros y de ellos votaban lágrimas, pero estas eran lágrimas de color negro. Pudo percibir el movimiento que hacía con sus labios. Al momento de emitir ese lamento de esa sórdida cara, solamente podía obtener el órrido sentimiento de contemplar una tristeza abismal. Conjugada con las más órridas de las expresiones de dolor, abatido por todos los sentidos, don Antonio se dejó caer para luego perder el conocimiento, pero antes, hasta los últimos instantes, pudo ver a la mujer a su lado. Ella se quedó allí con él, acompañándolo, como anticipando el inmensurable infierno que se le avecinaba. Cuando se despertó aún no había amanecido. Atolondrado.

10:47 Logró ponerse de pie y caminó a la puerta de ingreso e intentó abrirla para salir, pero no pudo hacerlo, ya que las llaves con las que había cerrado horas antes estaban dentro de su habitación. Regresó hasta allí, pero volvió a desmayarse dentro del lugar. Se despertó cuando una señora llamaba a la puerta pidiendo ingresar. Ya eran las 2:00 de la tarde. Miles de cosas pasaron por su mente en el resto de esa jornada trataba de justificar todo lo que había vivido, pensando que tal vez fue sólo una pesadilla o alucinaciones a causa quizás de la poca alimentación que estaba llevando en esos días. Pues en verdad estaba en apuros.

11:41 No tenía dinero, necesitaba sí o sí el trabajo, por lo tanto, no podía dejarlo. Se había sacrificado mucho para llegar hasta allí y no podía renunciar a su meta. Gracias a Dios, en los días posteriores no hubo manifestación alguna, no escuchó los llantos ni tampoco se le apareció la mujer. Como las visitas al panteón eran muy escasas, aprovechaba cada una de las personas para acompañarlas el mayor tiempo posible. En esos días todavía nos recibía a nosotros, pero ninguno sospechamos lo que le estaba pasando.

12:25 Él simplemente se dedicaba a entretenernos con sus ocurrencias hasta que una tarde. Luego de haber pasado una semana de la tétrica noche en la que fue espantado aquel espectro se le volvió a aparecer. Ya casi era la hora del cierre. Salió de su habitación y comenzó a recorrer todo el camposanto para asegurarse así de que no quedara nadie adentro. Pasaba por un sector donde se comunicaban 2 senderos. Cuando escuchó un tenue solloso, volteó a mirar y vio a una señora Arrodillada frente a una tumba.

13:12 La anciana estaba dándole la espalda automáticamente. Don Antonio Asimiló que era ella quien estaba llorando, pero cuando la señora se puso de pie y giró, le pudo ver el rostro. No tenía lágrimas. No provenía de ella. El llanto volvió a sonar. Aquel maldito llanto volvió a sonar tan fuerte que sintió cómo se iban estremeciendo sus entrañas. Mientras eso ocurría, contempló como la señora se dirigió hasta uno de los senderos y comenzó a caminar hacia la salida. Fue así que volvió a ver al espectro. Era la llorona.

13:59 Quien venía caminando por ese mismo sendero, solo que en dirección contraria a la señora, es decir, que su cruce era inminente. Don Antonio intentó gritar o hacer algo para detener a la anciana que iba directo al espectro. Pero por más que lo intentaba, no podía ni hablar. El miedo lo dejó imposibilitado absolutamente. De pronto se dio cuenta de algo. La señora Continuaba caminando sin inmutarse ante la aparición, la tenía de frente, era imposible que no la viera y más todavía con aquel llanto. Este era tan desgarrador y Macabro que estremecía cada célula de su cuerpo.

14:52 Hasta una persona sorda podía escucharlo todo indicaba. Que solo él podía verla y escucharla. Eso le quedó claro cuando vio a la señora Pasar al lado de la aparición. Sin reaccionar, pasó pegada a ella. Por poco atravesaba su fantasmagórico cuerpo. Ella continuó su rumbo hasta la salida, como así también la llorona. Solo que está caminaba en dirección a don Antonio. Él dice que tuvo que tratarse de un milagro de Dios, porque apenas se dio cuenta que la aparición venía hacia él.

15:34 Pudo recuperar el control de su cuerpo para salir corriendo despavorido. De allí no le quedó otra opción que tomar la dirección contraria a la salida del panteón, ya que la llorona estaba en medio. También se percató que recuperó su voz cuando comenzó a rezar en su interior. Pidiendo a Dios que lo salvara, se la pasó corriendo por cada orilla del terreno, pues los llantos lo perseguían a cada lugar al que intentaba huir. En un momento dado, pío despejado el sendero que lo conduciría a la salida, así que aprovechó para abandonar el panteón.

16:17 Fue tan grande el estupor que sentía que, sin darse cuenta, corrió hasta alejarse bastante del pueblo. Cuando por fin se detuvo, se sentó al lado de la carretera. Allí se quedó hasta que anocheció no pasaba nadie por el lugar, ni siquiera un auto. La situación comenzó a asustarlo de nuevo, por lo que regresó al pueblo. Esa fue la primera noche que durmió en la calle. En la mañana volvió al panteón. Esa noche se había dormido, planeando sacar sus cosas de la habitación. Y marcharse del pueblo. Pero como ya estaba más tranquilo, quiso darse un poco de tiempo.

17:01 Tenía las esperanzas de que esa mujer ya hubiera saciado sus siniestros propósitos al hacerle vivir el peor día de su vida. Esa fue la tarde en la que por vez primera nos echó a nosotros del Panteón cuando fuimos a verlo. Hoy comprendo que el motivo era protegernos. A partir de allí se la pasaba sentado afuera del panteón porque tenía miedo de volver a ver a aquella mujer, situación en la que lo encontró también el padre de mi amigo. Cuando tuvieron que platicar, 2 semanas después de ese diálogo, don Antonio fue hallado durmiendo en una pequeña placita. Estaba tendido sobre cartones y bolsas de basura que utilizó para defenderse del frío.

17:55 Se negaba rotundamente a regresar al Panteón. Un vecino fue a lugar y sacó sus cosas. Luego le ofreció ocupar un pequeño cuarto que este tenía en su casa, pero también a eso se negó. A los pocos días ya andaba perdido, sucio, maloliente. Su cordura había desaparecido. Cualquiera que lo escuchaba hablar pensaba que se trataba de un loco. No obstante, había algo que se manifestaba con total lucidez y era el horror que se dibujaba en su rostro cuando alguien le preguntaba por qué no quería volver al Panteón.

18:39 ¿Qué es lo que le había sucedido aquella última noche que pasó allí? Su respuesta era contundente, la llorona del Panteón lo seguía a todos lados, con su llanto paralizante y escalofriantes lágrimas de sangre cayendo por su rostro. Don Antonio falleció hace algunos años. Apenas lo encontraron tieso. Con un semblante de miedo en su cara, estaba en el panteón justo dentro de la habitación que una vez ocupó. Tenía lágrimas secas en su cara sucia.

19:20 Pero estas eran de sangre. Espero les haya gustado mi historia. Muchas gracias por compartir.