La Libreria (RELATO DE MANIQUIS)
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0:00 La librería basado en hechos reales. Mi nombre es Marisol Reyes, soy del estado de México. Lo que les voy a compartir es una experiencia que viví hace algunos años cuando todavía cruzaba la universidad en esos tiempos. Mis padres, quienes eran los que pagaban mis estudios, comenzaron a tener algunas bajas en el restaurante de su propiedad, por lo que comencé a buscar trabajo para aminorar la carga. Luego de unas semanas logré encontrar un empleo que me ayudara bastante, no sólo en lo económico, sino también en la parte educativa.
0:54 Se trataba de una biblioteca y qué más quisiera yo estar rodeada de libros de los cuales podía sacar provecho para leer. En mis tiempos libres, quien me contrató fue un señor que llevaba décadas encargándose del lugar. Me contó que hace poco había perdido a una hija, lo cual afectó enormemente tanto a él como a su esposa, quien lo ayudaba. Es por eso que decidieron tomarse un respiro, para lo cual debía encargarme del lugar la mayor parte del tiempo. Entre los varios sectores que tenía la biblioteca había 1/4 que se encontraba al final del salón. Me resultó un poco extraño cuando el señor Me pidió que evitara ingresar a este, dado a que yo lo veía ingresar cada vez que venía.
1:51 Ante mi mirada de confusión, el tan solo me dijo que solo lo usara cuando fuera necesario y que las circunstancias me dirían cuándo sería ese momento. El horario de cierre era a las 8:00 de la noche y fue en el quinto día cuando comencé a notar, o mejor dicho, a reconocer que sucedían cosas extrañas allí. Y cuando esa noche apagué las luces para ya retirarme, estando a punto de salir, un ruido potente resonó en el interior. La mitad del salón había una sección de niños donde los libros infantiles eran custodiados por 3 maniquís a los cuales se los vestía.
2:43 De acuerdo a la publicidad que hacía el libro de moda, eran 2 deporte pequeños simulando niños y uno grande en el que representaba a una mujer. Anteriormente varios de los clientes me contaron que les parecía haber escuchado risas y sospechaban que eran originadas por los maniquís, pero cabalmente le resté importancia. Pues solían ir muchos niños y cualquiera podría ser el causante. Pero lo inexplicable giraba en torno al maniquí de la mujer, ya que también decían que la veían cambiar de posición sin que nadie la moviera. Yo misma fui testigo de eso en más de una ocasión. Automáticamente pensé en ella cuando aquel ruido me detuvo justo en la puerta.
3:41 De inmediato encendí las luces de nuevo. Desde esa distancia vi varios libros tirados. Eran precisamente de la sección de niños. Anonadada, caminé hasta ahí y cuando me dispuse a levantarlos, presentí que no estaba sola. Lentamente giré la cabeza hacia un costado, quedando a mi vista esa turbia manifestación. Era ese maniquí, pero ahora estaba en otro lugar a escasos metros frente a mi tenía sus brazos extendidos y su mirada apuntaba hacia mi cara. Me quede paralizada.
4:26 Trataba de no asustarme. Pero ella no me dio chance. Sentí un inmenso terror cuando la VI mover un pie. Luego hizo lo mismo con el otro y mientras su rostro comenzaba formar un semblante de odio, se lanzó a correr hacia mí como si estuviera viva. Me di la media vuelta para escapar gritando, horrorizada. Llegué a la puerta de salida, pero esta no se abrió. Cuando volteé y la villa cerca tomé otro rumbo, esa cosa me seguía e incluso la escuchaba reír como a un niño. En la huida pasé por aquel cuarto y recordando las palabras del viejo, no dudé en entrar.
5:17 Una vez dentro cerré la puerta, pero me tuve que quedar sobre esta, pues mientras lloraba de miedo, el maniquí empujaba tratando de ingresar gritando y burlándose eufóricamente. El pavoroso fenómeno duró por más de 5 minutos. Los cuales fueron los más terroríficos de toda mi existencia. Cuando todo se calmó, llegó el señor, a quien llamé cuando todavía vivía ese tormento, este intento consolarme diciéndome que me daría una explicación a lo que acababa de pasar. Pero yo no quería otra cosa más que salir de allí. No sé si fue él quien acomodó el maniquí, apenas llegó. Pero al atravesar por la biblioteca, Este se encontraba en el mismo lugar de siempre, totalmente inmóvil. Cuando llegué a mi departamento rompí el llanto nuevamente recordando lo que encontré dentro de este cuarto. En el interior había un pequeño altar roteado de flores e iluminado por una veladora.
6:34 Que seguro el viejo preparó cuando fue esa tarde sobre el había un cuadro en el cual posaba una muchacha cuyo aspecto evidenciaba que tenía claros problemas mentales. El rostro de la joven era el mismo que vi en el maniquí. El maniquí, experiencia vivida por Facundo Cisneros, muy buenas noches, esto me pasó cuando tenía 7 años de edad, cuando junto a mi hermano encontramos el maniquí de un niño.
7:28 Este se encontraba en el terreno baldío en el que solíamos jugar a un lado había un centro comercial, por lo que deducimos que ellos lo habían dejado allí. Cuando le propuse a mi hermano llevarlo a casa, senecó aún así lo hice, a lo cual me arrepiento, ya que por culpa de esto tuve mi primera vivencia paranormal. El maniquí estaba sucio, percudido tenía partes rotas, entre ellas el rostro. Pese a eso se podía ver la turbia expresión que tenían sus ojos, como si representara a un niño enojado.
8:14 Lo metimos a la Casa por el pasillo del costado, ya que si mi mamá nos veía, nos pediría que nos deshiciéramos de este de inmediato. Lo oculté en un rincón del patio y use unas ramas que arranqué de unos árboles para taparlo. Quería que quedara totalmente escondido, no solo para que mi madre no lo encontrará, sino también por mis vecinos, quienes eran unos niños revoltosos que de vez en cuando ingresaban a nuestra casa. Me la pasé la tarde pensando cómo hacer para poder quedármelos sin ser regañado. Ya que tarde o temprano lo hallarían al llegar la noche y cuando mis padres nos enviaron a dormir, me acerqué a la ventana de nuestra habitación para mirar.
9:06 Desde ayer me sorprendí al ver que el maniquí ya no estaba solo estaban las ramas desparramadas y lo primero que se me vino a la mente fueron mis vecinos. Mis padres todavía seguían despiertos, así que tuve que salir por la ventana. Le pedí a mi hermano que me avisara por cualquier cosa. Mientras yo lo buscaba. Quería estar seguro de que mis vecinos se lo habían llevado sigilosamente. Caminaba por el patio observando hacia todos lados, pero no lo podía ver. Cuando me convencí de que ellos eran los culpables, decidí regresar a la habitación.
9:50 Estaba enfurecido, pero ese enojo pasó a ser un extravagante terror cuando, sintiendo la extraña sensación de mirar hacia un costado de la Casa, VI al MANIQUÍ, solo que este ya no parecía frágil e indefenso. Totalmente lo contrario parecía estar con vida por como su aspecto empezó a cambiar. Frente a mis desorbitados ojos, nunca lo vi moverse. Mucho menos lo escuché emitir sonido alguno. Simplemente estaba ahí parado, como mirándome con esa maldad anteriormente descrita. Petrificado observé como un color oscuro comenzó a brotar de su cuerpo.
10:41 Al paso de los segundos me di cuenta de que este salía de las partes que tenía rotas, como si estuviera sangrando. Pero lo extraño era que en lugar de ser un líquido hemático rojo era negro. Empecé primeramente a balbucear, no me salían las palabras. Una vez que la cara del maniquí quedó absolutamente negra, comenzó a inclinarse hacia un lado lentamente, para continuación, desprenderse del cuello su cabeza y caer rodando por el suelo. Aquella tétrica imagen me hizo reaccionar.
11:25 Recién entonces pude llamar a gritos a mis padres. Cuando estos llegaron esa cosa ahora estaba tumbada en el piso y aquel líquido negro ya no estaba. Mi hermano tuvo que contarles de dónde sacamos ese maniquí, ya que yo no podía dejar de llorar. Minutos después mi padre lo tomó y se lo llevó el baldío donde lo encontramos. Según él, no pasó nada en el trayecto, sin embargo, muchos años después nos contó que en el momento en el que lo arrojó se dio la media vuelta, pero ahí escuchó como si el maniquí hubiera emitido un tenue quejido tal cual como un niño que manifiesta dolor. Al caer jamás volvimos acercarnos al baldío. Y mucho menos volvimos a levantar algo de la calle, el maniquí del local historia vivida por José Luis. Muy buenas noches, soy de Quintana Roo, México, tengo 41 años de edad y soy propietario de un comercio de ropa. Quiero narrarles una noche de
12:55 terror que viví hace 3 años, la cual se llevó a cabo en mi mismo local. Llevaba unos pocos días de haber comprado el lugar. Teniendo en cuenta que su ubicación está en pleno centro de la ciudad, lo encontré a muy buen precio para acelerar todo. Mis 2 hijos mayores me ayudaron con la mudanza. En esos tiempos teníamos unos maniquís. Los cuales usábamos para exponer la ropa tras la vidrería. Si no mal recuerdo, se trataba del más antiguo, el que formó parte de estos eventos.
13:38 El primero ocurrió esa misma noche a uno de mis hijos, que le tocó quedarse a cuidar. Él nos contó que cuando llegamos al amanecer y por el Estado en el que él se encontraba, no titubee al momento de creerle. Según él, mientras preparaba la cama de la habitación que ocupábamos para descansar, escuchó que uno de los muebles del local fue arrastrado. Cuando fue a inspeccionar, se dio cuenta de que se trataba del escritorio de la oficina. Este había sido movido de lugar y no había nada que lo pudiera haber provocado.
14:21 En ese cuarto solo estaban los maniquís recostados en el suelo, se quedó pensativo por unos segundos al no encontrar nada más. Re Acomodó el mueble para posteriormente regresar a la habitación. Pero cuando giró para salir, sintió perfectamente cuando alguien lo llamó por su nombre. Al voltear vio aquel maniquí que sorprendentemente, ahora estaba de pie, apoyado sobre la pared, su inexpresiva mirada puesta en él. Ninguno comprendimos que había sucedido.
15:03 Pero tampoco podíamos dedicarle mucho tiempo al asunto, queríamos inaugurar el local lo más pronto posible, por lo que proseguimos con el trabajo cuando llegó la noche posterior. Le tocó quedarse a cuidar a mi otro hijo y al regresar al día siguiente nos contó un nuevo acontecimiento en el cual el mismo maniquí estaba involucrado, es más, pudimos corroborar su historia ya que lo encontramos tal cual el lo describió, nos contó que se despertó de madrugada, casi inmediatamente escuchó que algo o alguien andaba por el local.
15:47 Tomó el arma que tenemos de protección y salió para enfrentar a quién él pensaba sería un ladrón. No encontró absolutamente a nadie. Sólo estaba aquel maniquí sobre el suelo, pero muy apartado de los demás, a lo que ahora habíamos dejado todos junto al costado de la vidriería. Cuando se acercó para levantarlo y apenas su mano lo tocó, sintió que las fuerzas de su cuerpo se desvanecieron. Cayó al piso, quedando boca arriba. Estaba totalmente lúcido, por lo que está convencido de que lo que presenció a continuación fue algo real. Comenzó a escuchar voces a su alrededor. Eran como rezos en otro idioma.
16:40 Sonaban varias a la vez, como si se trataran de muchos. Posteriormente sintió que alguien caminaba en torno a él mientras un extraño vapor empezaba a cubrir su cuerpo. El tétrico suceso tardó unos segundos más en desaparecer. Cuando sus fuerzas regresaron, se levantó presuroso para refugiarse en la habitación. Él sabía que lo que le acababa de pasar era algo malo y al ser la primera vez que vivía algo así, se la pasó el resto de la noche rogando que amaneciera.
17:21 En esta ocasión no creí. Me pareció demasiado irreal. Aún así, no opine nada al respecto. Sólo quedaba esa jornada y ya terminaríamos todo, por lo que les pedí que no se preocuparan, que yo me quedaría esa última noche y al día siguiente contrataría un velador. Cuando ellos se marcharon aproveché para ultimar los detalles, uno de los cuales era posicionar a los maniquís ya vestidos en la vidriería. Eran como las 2:00 de la madrugada cuando recién me fui a acostar, pero no alcancé a hacerlo, puesto que la pesadilla comenzó de improviso.
18:11 Escuché las voces que describió mi hijo al tomar el arma y salir tal cual el lo contó. También yo encontré al maniquí, solo que quedé estupefacto al verlo caminar como si estuviera con vida propia. Indudablemente lo que vivía se trataba de algo demoníaco, pues por más que quería moverme, no podía. Ese muñeco caminó hasta quedar frente a mí y a continuación sufrió una mutación espeluznante. Su rostro comenzó a deformarse.
18:52 El repentino calor que despidió de él me dio a entender que se estaba derritiendo, ya que su material era plástico. Cada segundo que pase viendo eso fue una lúgubre eternidad, porque mientras se deshacía, comenzó a lanzar alaridos lastimeros como si fuera un hombre con vida, el cual se estaba quemando. Todo terminó con el maniquí convertido en una espesa pasta caliente sobre el suelo. Cuando mis hijos llegaron en la mañana trajeron a un sacerdote, lo cual les pedí que hicieran cuando los llamé.
19:34 Horas antes, el religioso bendijo todo el lugar y desde entonces nada más pasó. Unos vecinos nos contaron que años antes había una santería aquí, donde también realizaban trabajos de magia negra, por lo cual deducimos que todos estos eventos tenían algo que ver con el anterior local de brujería, el teatro. Historia vivida por celeste vera siendo niña desarrollé el gusto por la actuación.
20:26 Desde muy jovencita empecé a tomar clases en una escuela de teatro de la ciudad. Conforme pasaban los años más crecía mi amor por este arte. Hasta que viví una espeluznante experiencia que me alejó por completo de ello. Acostumbrábamos a presentar algunas obras de teatro durante el año. Cuando faltaba poco para el turno de la siguiente, se nos anunció en qué se basaría 2 días después de la noticia y mientras nos esmerábamos en el ensayo, un tráiler trajo la escenografía que acompañaría el espectáculo.
21:07 Todos quedamos maravillados, pues entre los elementos había unos maniquís. No recuerdo si eran unos 5 o 6, porque yo me cautivé sólo con uno, ya que me resultaba ser el más realista. Su parecido era impresionante, sus ojos, su boca y cada una de sus facciones eran idénticas a las de un niño de unos 7 años de edad. Su piel era morena y tenía una peluca cubriendo su cabeza. No tenía mucho peso. Me di cuenta de eso cuando me acerqué para tocarlo e intentar moverlo, pero no pude inspeccionarlo más debido a nuestro maestro, quién al verme me pidió mejor que no lo tocara, ya que el dueño de los maniquís fue muy estricto al poner esa condición.
22:03 Nunca supe de dónde los trajeron y hoy más que nunca, prefiero no averiguarlo. Ocurrió esa misma tarde de la presentación de la obra. Mientras nosotros nos preparábamos ansiosos, los encargados armaban la escenografía. Los maniquís se encontraban todos juntos en un costado del escenario por donde tuve que cruzar para ir al baño. Cuando pase por un lado fue que sentí envolverme en un frío que nunca antes había sentido. Así mismo me detuve para mirar el rostro de aquel inusual maniquí, pues les juro que con el rabillo del ojo me pareció haberlo visto, parpadear. Luego de estar varios segundos contemplando detenidamente, me sentí ridícula haciéndolo.
22:58 Pero cuando volteé para continuar mi camino, una vez más algo me detuvo al percatarme de lo que era y de lo que pasó. Seguido de eso me hizo entumecer de miedo. Sentí que algo sujeto a mi vestido al mirar, vi que era la mano de aquel manique al dirigir mis ojos hacia su rostro. Este giro lentamente su cabeza para también mirarme. Por el tremendo susto jalé mi vestido para soltarme y salir corriendo. Por culpa de ese movimiento, el maniquí cayó al suelo. No tuve oportunidad de contar lo que había visto al maestro. A pesar de que el maniquí no le pasó nada, estuvo regañándome hasta que comenzó la obra y fue durante esta cuando ocurrió lo más siniestro.
23:55 Mientras actuaba en el escenario, trataba de ni siquiera mirar a los maniquíes. El horror vivido no se me quitaba. Estos estaban distribuidos por todo el escenario, por lo que era prácticamente imposible no verlos. Sin embargo, otra vez fue ese mismo maniquí el que me hizo estremecer al notar que me seguía con la mirada. Al lado de él había una columna de yeso no grande, pero lo suficientemente pesada como para haber quebrado la pierna de uno de los muchachos.
24:36 Les juro que fue ese manique yo misma lo vi empujar la columna en el preciso momento en el que mi compañero Danzaba a su lado. La obra se canceló en ese instante, pues el chico no dejaba de gritar de dolor. Mis padres estaban en el teatro, por lo que me bajé del escenario y fui directamente con ellos para pedirles entre lágrimas que me llevaran a casa. Esa noche no pude dormir del miedo que sentía. No sé si mis padres hayan creído en mi historia. Lo cierto es que yo jamás me recuperé.
25:17 Meses después renuncié definitivamente a la actuación porque las pocas veces que volví a subirme a un escenario, luego de aquella experiencia, volví a sentir aquel mismo escalofrío.
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