EL ALTAR - 4 Relatos de Día de Muertos Vol. 1
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0:00 Antes de iniciar, quiero invitarlos a nuestra fanpage de Facebook, donde encontrarás todo nuestro contenido de horror. Les dejaré los enlaces en la descripción y comentarios sin más. Comencemos el Día de Muertos. Sin lugar a dudas, es una festividad de las más esperadas aquí en México. Pues se tiene la creencia que nuestros familiares, amigos y conocidos que ya han fallecido, pueden volver a este mundo a visitarnos y degustar de la comida bebidas y todo tipo de dulces que se les coloca en los altares, fechas en que se unen los vivos con los muertos para luego ellos regresar al lugar que ahora pertenecen.
1:08 Muy buenas noches a todos. Lo que les voy a contar sucedió en el año 2021. Si es algo muy reciente. Mi familia fue de las muchas estadísticas que perdieron un familiar durante la pandemia. Por desgracia en la mía fueron 7 en total y entre ellos mi padre y mi abuelo Gabriel. Yo en ese año tenía la edad de 17 y mis hermanos más pequeños, entre 12 y 9 años de edad, respectivamente. Mis padres se habían divorciado desde hacía ya algún tiempo, pero aún así su familia no seguía frecuentando ni una chanza, tuvimos para despedirnos de nuestros familiares, pues casi la mayoría. Se fue en un lapso de 2 meses.
2:05 Sí, fue algo terrible, apenas estábamos terminando un novenario cuando a los días ya había fallecido alguien más. Verán, mi abuelo Gabriel era padre de mi señora Madre. Él se molestó mucho cuando mi padre se fue con la vecina de al lado. ¿Ya tenían alrededor de 10 años de ser amantes? Si es horrible porque a nadie le gusta que se burlen de uno de esa manera. Pero bueno, ya está juzgado por Dios. Les cuento esto porque tiene que ver con mi historia.
2:50 Cuando falleció el abuelo. Fue una tristeza que hasta el día de hoy siento porque él fue un padre para mí los últimos 7 años. Que estuvo a nuestro lado. Mi hermano Javier fue el que le pidió a nuestra madre poner un altar de muertos en casa, pues no podíamos ir al cementerio a llevar flores y veladoras. El altar quedó muy bonito. A cada uno de nuestros difuntos les pusimos lo que más les había gustado en vida, desde galletas, pan, café y chocolate. Todos se encontraban allí a excepción de la foto de mi padre, pero fue mi madre quien la colocó.
3:36 Ella dijo que independientemente de lo que había hecho, seguía siendo nuestro progenitor. Mi hermano Jared colocó la foto a un lado del abuelo. Mis hermanos le colocaron galletas y dulces. Mi madre nos dijo que iba a prepararles la comida. ¿Que en esa ocasión les daría mole a todos? Pues era lo que más les gustaba. Mientras mi madre se encontraba en la cocina, yo miraba el altar con sus flores y sus velas mientras mis hermanos veían la televisión. Repentinamente, el cuadro de mi padre cayó sobre los dulces que mis hermanos minutos antes les habían colocado. Javier también se dio cuenta de eso y la volvió a colocar en su sitio.
4:33 A los pocos minutos volvió a suceder lo mismo. La fotografía de mi padre se estuvo cayendo como 5 veces. Yo me levanté y la revisé por si el marco estaba desnivelado o algo estaba en el altar que hacía que la fotografía se cayera. Pero todo estaba bien. La cambié de sitio, pero seguía sucediendo lo mismo. Mi madre, quien ya había terminado de preparar los alimentos para el altar, me preguntó qué hacía. Le contesté lo de la foto, pero ella, al parecer en ese momento no le dio mucha importancia. Apenas habíamos terminado de colocar el mole en el altar cuando.
5:25 Nuevamente sucedió lo mismo con la fotografía. Yo ya exasperado, la tomé y le dije que se estuviera quieto, quisiera o no estaría en el altar o se quería largar de la casa, como aquella vez la volví a colocar junto a la foto del abuelo y apenas me había quitado de ahí cuando pareciera que tomaron la fotografía de mi padre. Y la estrellaran en el suelo. Aquel sonido se escuchó muy fuerte. Fue como si el vidrio de una gran ventana se hubiera estrellado contra el suelo.
6:08 Todos nos quedamos quietos, nadie nos podíamos mover. Fue cuando Jared nos dijo, es el abuelo que no quiere a mi papá en el altar. Mi madre tomó el cuadro y se lo llevó de ahí. Creo que Jared tenía razón porque cuando ya no la colocamos no volvió a suceder nada. Cuando mi madre regresó me aseguró que ni muerto su padre había perdonado lo que nos hizo mi papá. Este año volveremos a colocar el altar para nuestros muertitos, aunque mi hermano Javier nos dice que volverá a colocar la fotografía de mi padre quizás. En donde se encuentren, hayan hecho las paces y sean amigos. La verdad.
7:01 Hay rencores que ni con la muerte de las personas se llegan a perdonar. Espero y en esta ocasión se quede la foto en el altar. Si no, pues la tendremos que poner en otro altar. Muchas gracias por contar mi experiencia. Mi nombre es Aide Saavedra. Cuando era niña tenía la creencia que solo los ancianos eran los que se morían y no los niños.
7:42 Tenía la edad de 10 años cuando me di cuenta que los niños también fallecen. Tenía una amiga cuando estaba cursando la primaria, su nombre era katia, mi amiga enfermó repentinamente. Su piel daba un aspecto de estar seca y lloraba porque decía que le picaba. En pocas semanas dejó de asistir a la escuela. Su piel se puso áspera y roja. Daba la apariencia de siempre estar escamosa. Todo su pequeño y delgado cuerpo apestaba a pesar de su enfermedad.
8:24 Su madre aseguraba que no era contagiosa. Y yo era la única que la visitaba y le llevaba las tareas para que las entregara cuando regresara nuevamente a clases. Pero por desgracia, el último año mi amiga Katia ya no regresó. Su sepelio fue de lo más triste aún recuerdo su ataúd blanco cubierto de flores aún así. No entendía por qué los niños tenían que morir. Ya han pasado 20 años de aquello y por desgracia mi padre falleció cada Día de Muertos. Mi madre y yo visitamos su tumba y nos pasamos la mayor parte del día en el Panteón.
9:14 Mi madre se encontraba limpiando el sarcófago cuando le dije que iría por agua para las flores. Estaba llenando el bote cuando en una tumba miré a una niña que me sonreía y agitaba sus manos en señal de saludo. Yo le contestaba y ella poco a poco se acercaba a donde me encontraba. La pequeña me comenzó a hacer preguntas, no sé por qué motivo, pero sentía que la conocía, pero no sabía de dónde. Aparte, el tipo de ropa que traía puesto ya era pasado de moda. Lo supe porque yo usé ese tipo de vestido en la niñez. La pequeña no paraba de platicar, me hacía pregunta referente a sucesos que habían acontecido estando en la primaria.
10:13 Su rostro me era familiar, pero no recordaba dónde la había visto. Me pregunto si traía dulces para ella. A lo que le contesté que no, pero que iba a traerlos porque estaban en mi bolsa. Le pregunté por sus padres y ella me señaló hacia dónde se encontraba una pareja colocando flores sobre una tumba. Le prometí que regresaría y traería los dulces. La pequeña solamente sonrió y se alejó al lado de sus padres. Recuerdo que saqué unos chocolates y unas galletas como volví a ir por un poco de agua, así que los llevé para entregárselos en el trayecto. Quise recordar el rostro de la pequeña, pues sabía que la conocía, pero no recordaba dónde la había visto. Pero cuando llegué a la tumba ya no había nadie. Quité unas flores para leer el nombre de quien se encontraba sepultada ahí.
11:20 Sentí un escalofrío cuando leí el nombre de mi amiga de la Infancia, katia, aquella niña que se me había aparecido. Era mi amiga llorando. Coloqué los chocolates y dije unas palabras agradeciendo por haber sido mi amiga en la niñez. Llegué llorando al lado de mi madre y le conté lo sucedido cuando ya estaba más tranquila. Y haciendo recuerdos de mi infancia, mi madre me contó el motivo por el que mi amiga había fallecido, la madre de katia le confío meses después de la muerte de mi amiga, que su esposo mantuvo un romance con su secretaria y esta esperaba que el señor dejará su familia y ella ser la nueva señora de Ávila, cosa que no sucedió.
12:17 Furiosa, la mujer hizo todo lo que estuvo a su alcance para que él se quedara a su lado, pero las cosas no le salieron como ella esperaba, pues el rechazo fue el mismo y hasta sin trabajo la dejó. Así que, despechada y furiosa, se fue contra lo que más amaba y era su hija. Katia buscó ayuda con una bruja. Y enfermaron a la pobre niña hasta que la llevaron a la tumba. Sentí un dolor muy fuerte en el pecho por lo que estaba escuchando en esos momentos desde que las personas que le hicieron eso, la vida, les haya pasado la factura de una manera cruel. Lamenté mucho haber perdido a mi amiga de la infancia. Yo la quise mucho y ahora cada Día de Muertos. Visito su tumba llevándole un ramo de flores. Cada regalo que le llevo es diferente, pero hay uno que nunca falta sobre la lápida y son sus libros de colorear y crayones.
13:27 No he vuelto a ver a mi amiga, aunque cada vez que visito su tumba tengo deseos de verla nuevamente, pero hay apariciones que solamente se dejan ver en una ocasión. Mi madre me dice que quizás ella se encuentra a mi lado cuando la visitó. Esto fue mi experiencia en un Día de Muertos en el panteón de mi ciudad. Mi abuela cada vez que ponía el altar de muertos en su casa nos contaba historias referentes a ese día.
14:12 Nos decía que los espíritus de nuestros difuntos regresan el Día de Muertos. Y lo que había en el altar era solo para ellos y uno no podía comer de lo que se encontraba en el altar. Ella aseguraba que inhalan su esencia y era por eso que los alimentos amanecen sin sabor. Pero como fui un niño, el cual siempre hacía su santa voluntad y me salía con la mía, me valía lo que los demás me ordenaban no hacer. Mi nombre es Gilberto Luna, lo que les contaré sucedió un Día de Muertos.
14:55 La abuela gina siempre fue una mujer muy apegada Asus creencias y nos la transmitió tanto Asus hijos como Asus nietos. Cada año, en el día de los fieles difuntos nos pedía que nunca nos olvidáramos de ellos, pues fueron y siguen siendo especiales en nuestras vidas. Aunque ellos ya no se encontrarán con nosotros. Yo fui hijo único y sobreprotegido por mis padres, siempre me salía con la mía y así a lo que me daba mi santa voluntad, a veces todos aquellos dulces, el pan de muerto, las calaveras de dulces y Amaranto.
15:40 Yo quería comerme cada uno de aquellos platillos. Pero al ver a mi abuela la intención que yo tenía, ella me dijo, Gilberto Luna, NI se te ocurra comer algo del altar. Aquí tengo para ti, pero no vayas a tomar nada del altar porque te vas a enfermar del estómago. La miré algo desafiante y ella me devolvió la mirada de igual manera. Esperé que nadie se encontrará en la sala para tomar lo que yo quería. Lo primero que me comí fue una calavera de amaranto.
16:24 Al estarlo haciendo, miraba la fotografía de uno de los hermanos de la abuela, que tenía 16 años de haber fallecido. Cada mordida que le daba a la calavera de Amaranto miraba la fotografía. Y al lado de esta se encontraba un gran pan de muerto. Tiré lo que quedaba de la calavera y comencé a comer el pan, pero esta vez me burlaba del tipo de la foto. Ya estaba la mitad de este cuando comencé a sentir retortijones en mi estómago, pero aun así seguía echándole mordidas.
17:07 Ya casi la terminaba cuando volví a sentir el dolor. Pero esta vez acompañado de un mareo que me hizo caer hincado al piso y comencé a vomitar una de mis primas. Miro lo que me estaba sucediendo y con suscritos todos regresaron a la sala. No sé que tanto decían, porque yo comencé a llorar y sentí como me hacía en mis pantalones. Todo aquello, para algunos fue un circo porque se reían de mí. Mi abuela, en verdad, estaba bien cabreada por lo que yo había hecho. Me enfermé de mi estómago y tuve diarrea. Mi madre, muy molesta, le reclamó a la abuela que era su culpa por andar poniéndole cosas a los alimentos del altar para que nadie los tomará.
18:03 Pero como era sabido que la nuera no quería a la suegra. Mi abuela no se guardó lo que pensaba en esa ocasión, se puso enfrente de mi madre y delante de todos con su dedo índice y hacía una seña en la frente de mi madre, como diciendo que se le quedara en su cabeza las palabras que le dijo con mucho coraje, yo no tengo la culpa que estés maleducando a tu hijo. Y todo esto le sucedió por andar de Langaro. Lo que se pone en el altar es para nuestros muertos, no para los vivos. Espero y te quede Claro, terminó diciendo la abuela, mientras que a mi madre los colores en su rostro iban y venían. Esa fue la única y última vez que tome algo del altar de muerto que ponía la abuela.
19:03 Y hasta lo mañoso se me Quito con lo sucedido. Comprendí que había hecho mal y que tenía razón la abuela. Aquello es para nuestros difuntos y no para los que estamos vivos. Ahora que ya han transcurrido los años y ponemos el altar de muertos en mi casa, le ponemos lo que más le gustaba en vida a mi abuela gina. Ya forma parte desde hace 2 años en nuestro altar siempre le pongo lo que a ella más le gustaba comer en vida, pero antes de ponérselo le digo, esto es para ti, abuela, y esto es para mí. Soy de un pueblo de Oaxaca y trabajo como velador de un cementerio desde hace algunos años. Este cementerio tiene ya varios años. Pero aún no es tan grande como el de las ciudades, pues el pueblo apenas tiene unos 1000 habitantes. No ha crecido mucho en los últimos tiempos. Esto porque han emigrado a otros Estados o al vecino país del Norte, pero también porque algunos de sus fundadores ya han fallecido.
20:32 Mi nombre es herido. Tengo 50 años de edad. Y desde que era un niño acompañaba a mi padre en su jornada laboral. En este cementerio del pueblo, como les decía, muchos se han ido y otros pocos han llegado a vivir al pueblo. De los pocos que llegaron arribó un hombre y las personas decían que había llegado con la tempestad de un mal tiempo. Su nombre era Teodoro Argüelles. Yo en vida conocí a tal personaje, el señor Argüelles no era para nada buena persona y te voy a decir porque era muy déspota y no era muy buen vecino, aparte que en varias ocasiones maltrató a los animales como perros y a aquel que se le pusiera enfrente. Una noche, Teodoro murió solo en su casa y de hecho nadie lo extrañó cuando partió.
21:36 Lo sepultaron cerca del cerco de púas que sirve para limitar el camposanto. Aquí, por las noches, se miran las apariciones de las almas de los difuntos, sobre todo en el Día de Muertos. Por todo lugar se ven las velas iluminando la noche. El camposanto pareciera cobrar un esplendor en el que vivos y muertos tuvieran luz propia, excepto por una que ronda el panteón. Sólo aquellas tumbas en las que sus familiares se fueron y jamás regresaron son las que se ven sin un acompañante, pero los lugareños del pueblo les colocan una veladora para que estos sigan su camino. A su eterno descanso, sólo la tumba de Don Teodoro se ve sin una luz.
22:32 Esto porque aquellos que han intentado ponerle veladora, esta se apaga y ya no vuelve a encender por más intentos que hagan. Algunos aseguran que sienten empujones. Cuando pasan por esa tumba sienten que les avientan piedras. Escuchan murmullos maldiciendo todo a su alrededor, es una mala alma. Así le dicen si Don Teodoro fue malo en vida. Al parecer, también después de muerto, Don Teodoro se hacía presente.
23:12 Sabía que era él sin un cuerpo físico. De sus ojos salía el odio y enojo que sentía por todo aquel bullicio de los visitantes. El Día de Muertos se le podría apreciar sentado en su tumba. Yo lo miraba cuando hacía mis rondines, mientras veía a las personas disfrutar de la festividad. Es triste verlo de esa manera. Sé que esa alma sufre, pero así como yo, varios hemos tratado de rezarle una oración. Un Rosario para su eterno descanso. Esa alma no lo permite. Al año siguiente traté de arreglar la tumba del viejo, sin Importarme si se molestaba o no mi hija.
24:00 Me llevo varias flores de cempasúchil para hacer el camino de pétalos para que Don Teodoro se fuera a descansar. También cubrimos su tumba con estos. Le colocamos veladoras. La comida y bebida para que se alimentara de su esencia. Pero todo aquello fue inútil porque al día siguiente, después del Día de Muertos, mi hija y yo fuimos a revisar su tumba. Todo se encontraba esparcido alrededor de esta, las flores estaban marchitas y el agua donde las habíamos colocado apestaban a podrido y cuando la retiramos, toda el agua se encontraba en la amada.
24:44 El pan y la comida se apreciaban en un estado de descomposición, toda podrida, y de ella salían unas moscas y el pan estaba en gusanado. Mi hija tomó el costal que llevamos para colocar la basura y ambos comenzamos a retirar todo del sepulcro. Al estarlo haciendo, mi hija le dijo a Don Teodoro, eres un alma mala y no mereces que se te recuerde. Esta es La Última Vez que tratamos de que encuentres el descanso eterno al enterarse los habitantes del pueblo lo sucedido.
25:24 Tampoco ellos le han vuelto a poner ofrenda a su tumba. Poco a poco nos hemos olvidado de que existe ese sepulcro en el camposanto del pueblo.
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