Jan. 15, 2026

BRUJAS RURALES_ RELATOS PROHIBIDOS DEL CAMPO MEXICANO _ INFRAMUNDO RELATOS

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Inframundo Relatos De Terror
BRUJAS RURALES_ RELATOS PROHIBIDOS DEL CAMPO MEXICANO _ INFRAMUNDO RELATOS

Relatos de terror reales narrados por Inframundo.Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios verdaderos.En este episodio encontrarás una recopilación profunda y oscura, narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna.🔥 Más relatos de brujas:https://yt.openinapp.co/l3v2k

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:25 Buenas noches, comunidad de Inframundo. Mi nombre es Martín Téllez y fui trailero durante casi toda mi vida. La carretera me enseñó más que cualquier escuela y también me quitó más de lo que esperaba. Esta historia me la contó mi tío Ramiro, que murió joven a los 40 años, después de manejar toda una vida en las rutas más pesadas del norte del país. Él también fue trailero, igual que mi abuelo y mi papá, 3 generaciones arriba de un camión. De todos ellos, mi tío Ramiro fue quien más kilómetros recorrió, pasó media vida entre desiertos. Sierras y carreteras rotas siempre decía que lo había visto todo.

1:15 Accidentes que parecían imposibles, animales destrozados por las llantas, tormentas que hacían temblar hasta los kenworth más pesados. Pero también decía que nunca había visto nada raro, nada que no pudiera explicarse hasta aquella noche del 2004. En la carretera vieja que va de miquiguana hacia tula, un tramo solitario entre barrancas y cerros altos, donde las señales del radio se pierden como si la Tierra se tragara las voces, mi tío contaba que esa noche el camino estaba completamente oscuro.

1:56 Venía cansado. Después de manejar varias horas, encendió la radio para distraerse, pero lo único que escuchó fue estática. La banda civil tampoco funcionaba, sólo se oían ruidos entrecortados como voces que se alcanzan a formar, pero no se entienden. Algunos traileros decían que en esa sierra siempre pasaba lo mismo, que las señales se distorsionaban por la altura. Pero Ramiro juraba que esa vez sonaba distinto, como si hubiera gente intentando hablar desde muy lejos o desde muy abajo. Siguió manejando el sueño, comenzaba a pegarle y quería llegar a un paradero más adelante para descansar.

2:44 Fue después de una curva larga cuando los faros iluminaron la silueta de una persona caminando junto a la carretera. Eso ya era raro, pero lo realmente extraño era que no había pueblos, rancherías ni nada en muchos kilómetros a la redonda. Al reducir la velocidad, noto que era una mujer alta, delgada, con un vestido que se movía con el viento frío de la sierra. Pensó que quizá era una trabajadora que buscaba que algún trailero la levantara, aunque esa zona no era conocida. Por eso ahí arriba no vivía nadie. Aún así, la idea se le metió en la cabeza. El cansancio y otros impulsos terminaron por convencerlo. La mujer se orilló y levantó la mano como pidiendo ayuda. Mi tío disminuyó más la velocidad y encendió las luces altas.

3:43 La figura quedó iluminada de frente. Era una mujer joven y muy atractiva, con una piel clara que brillaba bajo los faros. Su ropa ajustada dejaba ver unas formas demasiado llamativas para alguien que estuviera sola. Caminando a mitad de la sierra, sin explicación alguna, Ramiro sintió que algo no cuadraba, pero la presencia de ella le nubló el juicio. La mujer se acercó despacio, con un movimiento suave, casi felino. Caminaba como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Se sujetó del estribo del Tráiler y el pudo verla bien Por Primera Vez.

4:27 Tenía los ojos grandes, muy oscuros. Demasiado fijos. Parecía asustada, pero al mismo tiempo había algo en su expresión que no encajaba. No correspondía al miedo que decía tener. Era como si estuviera esperándolo. Le hizo señas para que la ayudara a subir. Ramiro decía que su voz sonaba extrañamente dulce, como si buscara meterse en la cabeza de quien la escuchaba. Y ahí fue donde comenzó todo. Porque, según mi tío, esa mujer no estaba perdida ni sola ni pidiendo ayuda. Estaba esperándolo y la carretera esa noche no estaba vacía. Estaba vigilando.

5:13 Mi tío contaba que, aunque no alcanzaba ver bien los rasgos de la mujer por la penumbra de la cabina, los ojos sí lo recordó perfectamente. Eran completamente negros, sin brillo, como si le absorbieran la mirada. Eso fue lo primero que le hizo sentir desconfianza, aunque terminó permitiéndole subir aún sabiendo que estaba prohibido y que podía meterse en problemas con la empresa. La mujer llevaba en brazos un libro Grande, encuadernado en cuero viejo, tenía las hojas amarillentas y gastadas, como si hubiera pasado por muchas manos o por muchos años.

5:57 Lo acomodó sobre sus piernas mientras intentaba cubrirse del frío que parecía haberse metido con ella desde que subió al camión. Mi tío, cansado y quizá confundido por la situación, empezó a Platicar para romper la tensión. Le habló de la carretera de rutas viejas, de cosas que había visto en tantos años. Ella apenas reaccionaba. Solo seguía frotándose los brazos como si no pudiera entrar en calor. Le ofreció su saco y se acercó para acomodárselo sobre los hombros. En ese movimiento, su mano rozó el borde del libro. En cuanto lo tocó, sintió una especie de escalofrío brusco, un frío seco que le recorrió los dedos y le subió por el antebrazo.

6:48 Ese contacto lo sacudió por completo. Apartó la mano de inmediato y regresó la vista al camino para tomar una curva larga. A partir de ese momento, sintió el ambiente distinto dentro de la cabina. No sabía explicarlo con exactitud, pero la temperatura cambió como si el aire se volviera más pesado o más denso. No era un frío normal de carretera, era algo que no tenía sentido con la calefacción encendida. La mujer empezó a mostrarse incómoda, cerraba los ojos, respiraba hondo, como si el movimiento la estuviera mareando. Mi tío pensó que podía desmayarse y le dijo que se recostar en el camarote para descansar un poco. Ella lo hizo sin discutir, como si estuviera esperando ese momento.

7:45 Se acomodó de lado con el libro siempre sujetado contra el pecho. Mi tío decidió avanzar un poco más rápido para salir de esa zona lo antes posible y alcanzar un paradero. No había nada alrededor, solo curvas, barrancos y cerros que se repetían una y otra vez en la oscuridad. Conducía atento, pero con la sensación de que algo dentro del tráiler no estaba bien al cabo de unos minutos. Empezó a oír sonidos provenientes de la parte trasera. No parecían quejas ni que la mujer estuviera hablando dormida. Eran murmullos cortos, como pequeñas frases que no lograba entender.

8:31 No tenían ritmo ni intención clara. Sólo eran palabras sueltas, muy bajitas, que se mezclaban con la vibración del motor. Al principio creyó que era su imaginación, tal vez por el cansancio. Pero con el paso de los segundos, los murmullos se hicieron más constantes. No eran fuertes, pero sí lo suficientemente distintos como para notar que no coincidían con la respiración de ella. Dijo que el ambiente se sentía extraño, como si hubiera algo más en la cabina, que no podía haber y que ese algo parecía moverse con cada curva.

9:12 Eso fue lo que lo puso en alerta. No supo explicarlo, no supo describirlo. Simplemente sintió que no estaba solo con esa mujer en el tráiler y lo que venía después sería mucho peor. Los murmullos que venían del camarote se volvieron más intensos. No eran palabras claras, pero tampoco eran sonidos de alguien dormido. Tenían un ritmo extraño. Como si fueran parte de una oración vieja y mal pronunciada, cada susurro se mezclaba con el frío que llenaba la cabina. Un frío tan profundo que parecía salir del cuerpo de aquella mujer.

9:57 La inquietud aumentó cuando su voz cambió por completo. La voz dulce que había escuchado al inicio se transformó en una voz ronca y cargada de rencor. Hablaba entre dientes con un tono lleno de desprecio. Yo no entendía que decía, pero cada palabra tenía un peso que hacía temblar el ambiente. En ese instante, un hedor insoportable inundó la cabina, un olor a excremento viejo mezclado con orines añejos, tan fuerte que me quemó la nariz. Fue tan repentino que comencé a buscar de dónde venía, pero no había lógica nada en el camión.

10:40 Podía oler así. Entonces encendí la luz del camarote y el impacto me dejó paralizado. La mujer que había subido al tráiler ya no estaba en su lugar. Había una anciana repugnante, con el cabello enmarañado y la piel cubierta de costras oscuras. El vestido que antes le resaltaba las curvas ahora se veía grotesco sobre su cuerpo flaco y hundido. La piel colgaba de sus brazos y piernas como si estuviera podrida. El olor que desprendía era tan fuerte que casi me hace vomitar en sus piernas sostenía un libro viejo de pasta gruesa, del que salía un vapor extraño, como si algo hirviera dentro.

11:31 Al ver eso sentí una corriente helada, correr desde mi nuca hasta los pies. Había algo profundamente incorrecto en su presencia, algo que no pertenecía a este mundo aterrorizado. Abrí la puerta del camarote desde afuera. La anciana intentó aferrarse al colchón con una fuerza sorprendente para su apariencia. Forcejee con ella mientras me arañaba los brazos y escupía palabras que no entendía. Logré sacarla de un empujón. Rodó entre las piedras del Barranco mientras sus gritos se perdían en la oscuridad de la Sierra.

12:13 Sin perder tiempo, tomé una cobija, envolví el libro sin tocarlo directamente y lo aventé al mismo barranco. Luego Subí al Tráiler y arranqué con todas mis fuerzas. Revisaba los espejos una y otra vez, temiendo verla correr detrás del camión o trepada en la parte trasera. Cada sombra del camino parecía moverse, cada árbol parecía una figura esperándolo. El camino por la Sierra se volvió interminable, el frío no se iba, el aire se sentía pesado, como si algo invisible viajara a mi lado. Cuando por fin aparecieron las primeras luces de un pueblo, sentí un alivio tan grande que casi me quebré en el volante al llegar al destino. Limpie la cabina con jabón cloro y hasta gasolina. Quería borrar el olor, borrar cualquier rastro, sentir que nada de eso había existido.

13:15 Pero aun así, durante días seguí sintiendo la presencia de aquella mujer en los espejos y en las curvas vacías de la carretera. Pasó mucho tiempo antes de poder dormir tranquilo. Esa noche me marcó de manera definitiva. Nunca más levanté a alguien en el camino sin importar si necesitaba ayuda. Preferí cargar con la culpa que volver a encontrarme con algo así. Cuando ya estaba viejo, conté esta historia con el mismo temor de aquella noche, porque lo que subió al tráiler no fue una mujer perdida, fue aquella bruja del camino. Buenas noches, comunidad de Inframundo, mi nombre es Luciana Herrera y actualmente vivo en Querétaro, pero esta historia que voy a contar me la transmitió mi padre hace muchos años.

14:29 Él nació y creció en el interior del país, específicamente en la comunidad rural de San Nicolás de los Agustinos en Guanajuato. Un lugar donde lo extraño forma parte de la vida cotidiana. Aunque mi padre había escuchado infinidad de relatos que circulaban entre la gente del campo, nunca imaginó terminar envuelto en uno de ellos. Para el año de 1975, San Nicolás no estaba urbanizado como ahora. Las casas eran muy distintas entre sí. Cerca de la zona existía un dique natural alimentado por el arroyo La Plata, un cauce que entonces corría libre antes de ser desviado.

15:15 Años después, ese arroyo solía desbordarse sobre el camino que llevaba a la casa de mis abuelos, aunque si uno iba a caballo no había mayor problema. A mediados de abril, mi padre había ido a visitar a unos primos sin medir el tiempo. Se quedó hasta tarde y aunque le insistieron que pasara la noche, ahí decidió volver. Para regresar debía tomar un camino de Tierra que cruzaba directamente por el arroyo. Estaba a punto de llegar cuando sintió un sudor frío, recorrerle la espalda. Recordó una advertencia de una tía que decía que cuando el cuerpo se enfría sin motivo es porque el alma percibe algo malo.

16:04 En el cruce a un costado, estaba un árbol seco partido por un rayo años atrás, al avanzar faltando unos 20 M para llegar al agua, vio un movimiento fugaz, una sombra oscura que se deslizaba por el tronco, aunque intentó no darle importancia. Mi padre pensó que aquel movimiento era algún zorro del monte, aún con la sensación incómoda en el pecho. Trató de calmarse para no caer en el pánico. Quiso convencerse de que el cansancio y la oscuridad le estaban jugando una mala pasada. Sin embargo, al avanzar unos metros quedó helado al ver a una figura en cuclillas junto al tronco parpadeó con fuerza y cuando volvió a mirar ya no había nadie. El temor lo obligó a seguir por el sendero con más cautela. Pensando que podría tratarse de algún ladrón escondido entre la maleza, sacó el cuchillo que llevaba en el cinturón y caminó despacio, respirando hondo para mantener el control. Apenas dio unos pasos cuando volvió a ver aquella figura, esta vez solo asomaba la cabeza por un costado del tronco. Moviéndose con rapidez, se ocultaba y reaparecía como si jugara a provocarlo.

17:31 No podía distinguir rasgos, solo una sombra compacta proyectada sobre la corteza rojiza del árbol seco. Entonces el caballo se estremeció, se levantó en 2 patas con un relincho desesperado, mi padre apenas pudo sujetarse mientras intentaba calmar al animal. El suelo vibraba bajo sus botas y el caballo retrocedía sin obedecer. Fue ahí cuando vio a la mujer. Estaba al lado del camino, inmóvil, observándolo con un manto negro que cubría su cabeza y parte del torso. La ropa era vieja, desgastada y enredada, como si hubiera salido arrastrándose del monte. Lo más aterrador eran sus piernas. Eran demasiado delgadas, casi negras, con la piel reseca y pegada a los huesos, como si no tuvieran vida dentro. El caballo temblaba.

18:31 Se echaba hacia atrás una y otra vez, sin querer avanzar. Mi padre intentó controlarlo, pero el animal estaba dominado por un terror absoluto. Con mucho esfuerzo logró frenarlo por 1 segundo. Cuando levantó la mirada, la mujer estaba justo frente a él, estiró la mano y tocó su pierna con suavidad. Pero el contacto fue tan gélido que sintió como si un hilo de hielo le hubiera atravesado el muslo. En cuanto lo tocó aquella figura se deslizó nuevamente rumbo al tronco seco. El caballo respondió con un relincho agresivo que resonó en toda la vereda. Se tiró hacia atrás con tanta fuerza que mi padre salió volando y cayó pesadamente sobre la Tierra dura doliéndose. Se levantó de inmediato y aferró las riendas del caballo antes de que escapara.

19:30 Estaba completamente aterrado. Trepó de un salto al lomo y lo obligó a avanzar, aún sintiendo que aquello seguía cerca. No veía la mujer, pero la presencia era tan intensa que parecía respirarle en la nuca. El aire se volvió más frío. Y el sonido del arroyo se mezclaba con una sensación de ser seguido en silencio. Al llegar al borde del agua la vio otra vez, estaba agachada del otro lado del arroyo, inmóvil como esperando. Entonces se incorporó con un movimiento corto y seco, mostrando un cuerpo translúcido que dejaba pasar la luz de la Luna a través de su silueta.

20:18 Mi padre siempre decía que fue impactante ver como aquella mujer, en cuestión de segundos, apareció al otro lado del arroyo, extendió su mano una vez más y tocó el hocico del caballo. El animal se desplomó de inmediato, cayendo con un golpe seco que levantó polvo y agua. El peso de la bestia atrapó la pierna izquierda de mi padre, oprimiéndola con una fuerza que casi lo deja sin aire. Mientras trataba de liberarse, la figura se acercó lentamente y comenzó a pronunciar sonidos que parecían palabras, aunque no correspondían a ningún idioma que él conociera.

21:03 Su rostro tenía una expresión marcada y rígida con facciones que recordaban a alguien muerto desde hacía tiempo. Desesperado con la otra pierna libre, comenzó a empujar y patear el costado del caballo hasta lograr salir. Se levantó tambaleándose y cruzó el arroyo corriendo sin mirar atrás. A cada paso sentía el agua fría, pegándose a los pantalones y las piedras resbalosas, golpeando sus botas. A medida que avanzaba escuchó como la mujer lo seguía entre los matorrales. Moviéndose de un lado a otro del camino con una ligereza imposible, su risa grotesca se filtraba entre el silencio del monte, rebotando en los árboles y haciéndole temblar los brazos.

21:57 La persecución duró apenas unos minutos, aunque para él parecieron horas en un punto. Ya no escuchó pasos ni Risas. Creyó que la había perdido. Pero al levantar la vista, algo cayó de la Copa de un árbol. Una figura pesada descendió con torpeza y se plantó justo en medio del camino. Era un cuerpo de Ave grande, pero el rostro era humano, sin vida, con los ojos hundidos y la piel como cera reseca, abría el pico emitiendo alaridos agudos similares a un grito de mujer que perforaban el aire helado de la madrugada.

22:39 Ese instante lo paralizó. Quiso moverse, pero las piernas no respondían. Era como si todo el peso del miedo se hubiera concentrado en sus rodillas. Intentó buscar el cuchillo que llevaba horas antes, pero lo había perdido. Al caer del caballo palpó su pecho buscando el crucifijo que solía colgar bajo la camisa, pero tampoco lo encontró. Se sintió completamente indefenso mientras la criatura avanzaba hacia él con pasos lentos y certeros. Con una desesperación absoluta, comenzó a correr, impulsado más por el instinto que por la fuerza real de su cuerpo. Pasó junto a la aparición, sin atreverse a verla de frente, apretando los ojos para no quedar marcado por aquella imagen.

23:33 Detrás de él, los alaridos se hicieron más fuertes, llenando el aire como un chillido desgarrado que le torturaba los oídos. También escuchó un aleteo espeso, como si unas alas pesadas Batieran el aire de manera torpe cuando se atrevió a dar un vistazo atrás. Vio a la criatura volando apenas a unos metros del suelo, siguiéndolo con movimientos bruscos y violentos. Sentía el olor metálico del miedo, mezclado con el sudor frío bajando por su espalda en un intento por aferrarse a algo que lo protegiera. Comenzó a persignarse una y otra vez, trazando la señal de la cruz sobre su pecho.

24:23 Mientras corría, rezaba con voz entrecortada. Invocando a la Virgen María y pidiendo ayuda como nunca antes en su vida, algo cambió en ese instante, mientras mi padre seguía rezando, la criatura alada que lo perseguía ya no se acercaba tanto. Cada vez que terminaba una oración y pronunciaba el amén, se escuchaba un alarido estremecedor que retumbaba en el monte. Era como si aquellos rezos la hirieran o la frenaran. Cuando faltaban alrededor de 100 m para llegar a la casa de mis abuelos, la figura volvió a plantarse en medio del camino, impidiendo cualquier avance. Mi padre, desesperado y sin fuerzas, intentó levantar algunos palos del suelo para arrojarlos, pero apenas podía sostenerse en pie.

25:19 De pronto sintió un golpe seco por detrás. Al caer al suelo vio que un perro enorme, con una cadena colgando del cuello, había pasado a su lado corriendo en dirección a la casa. Parecía salido de la nada, como si algo lo hubiera. Guiado hasta ese punto, mi padre se puso de pie con el corazón acelerado y tomó un atajo por el costado del camino, avanzando entre matorrales mientras gritaba por su padre rogando que saliera a auxiliarlo. Mi abuelo, al escuchar los gritos, salió de inmediato con una escopeta, sabiendo que en el campo era común tener armas para defenderse de animales salvajes. Mi padre alcanzó la casa casi sin aliento atorado por el pánico, tratando de explicar lo que acababa de vivir en ese sendero del arroyo La Plata en ese momento, mientras mis abuelos intentaban calmarlo.

26:21 Los 3 escucharon un aleteo pesado que descendía hacia el patio. Provenía de uno de los árboles grandes que daban sombra a la casa. La criatura había seguido a mi padre y se posó en las ramas con una presencia ominosa. Apenas tocaron el tronco. Comenzó a emitir gritos agudos y retorcidos. Mi abuelo salió decidido y disparó varias veces. Hacia la Copa del árbol en un intento por ahuyentar a aquel ser, pero los cartuchos parecían no tener efecto alguno. La figura alada se movía de un lado a otro sobre el techo, como si se burlara de los esfuerzos por espantarla.

27:05 Era algo grotesco de ver un bulto oscuro que dejaba caer plumas negras mientras batía las alas con violencia. Mi padre recordó siempre el terror en sus ojos. Y el temblor en sus manos. Durante ese momento, mi abuela, en un acto de valentía silenciosa, salió al pequeño corredor y colgó una cruz grande de madera en la puerta principal. Después volvió a entrar y se arrodilló frente al altar, donde siempre tenía a la Virgen de San Juan. Encendió una vela y comenzó a rezar sin descanso a medida que repetía sus oraciones.

27:46 Los alaridos iban apagándose. Primero se hicieron más distantes, luego más débiles, hasta que finalmente el silencio cubrió todo el patio como una manta pesada. Esa noche nadie pudo dormir. El aire se sentía denso, cargado todavía con el rastro de aquello que había rondado entre los árboles al amanecer, con el miedo aún vivo. Salieron a revisar el gallinero. Tenían alrededor de 30 gallinas y todas yacían muertas. Bajo el árbol donde la criatura se había posado. Los cuerpos estaban hinchados, en un estado de descomposición imposible para tan pocas horas.

28:32 Sólo una gallina permanecía viva, pero su comportamiento era inquietante, moviéndose con torpeza y emitiendo sonidos extraños. Mi abuelo la sacrificó y decidió abrirla para asegurarse de que no estuviera enferma. Lo que encontraron fue espantoso. Sus órganos estaban podridos por completo, como si llevara semanas muerta, y en su interior había varios huevos completamente negros. Al romperlos salieron gusanos blanquecinos y un olor nauseabundo que los obligó a taparse la boca. Ante esa escena, mi familia decidió derribar el árbol donde la criatura se había posado con la madera. Encendieron una gran hoguera y quemaron todas las aves para evitar que algo se propagara.

29:26 Al día siguiente encontraron el cuerpo del caballo de mi padre cerca del arroyo. Estaba en el mismo estado de descomposición que las gallinas, como si aquella presencia lo hubiera drenado desde adentro. Nunca volvió a levantarse después de tocar a la mujer del camino, mi padre jamás volvió a ver esa figura. 2 años después dejó San Nicolás y se mudó a Guadalajara, tratando de dejar atrás aquella experiencia. Aunque en la casa de mis abuelos siguieron ocurriendo cosas extrañas, ninguna se comparó con la noche en que la bruja del arroyo los visitó. Muchas gracias por escuchar este testimonio. Buenas noches, comunidad de Inframundo. Mi nombre es Leandro Barrón.

30:37 Soy un hombre viejo criado entre cerros, arroyos y animales del monte. No sé nada de tecnología, pero mi sobrino me ayudó a escribir esto porque siento que antes de morir. Debo dejar esta historia contada. No quiero llevarmela en silencio porque lo que viví aquella noche jamás debió haberme tocado a mí ni a nadie. Esto ocurrió en 1992 en un rincón olvidado de la sierra de Chihuahua, un lugar donde la noche parece tener vida propia y el viento arrastra cosas que no se deberían escuchar. En ese entonces solía salir a pescar y a cazar, tusas con un amigo de toda la vida, Salvador Medina. Aunque todos le decíamos chava, desde jóvenes recorrimos aquellos montes como si fueran parte de nosotros. Una tarde decidimos ir al arroyo que conocíamos como el Agua Prieta, un sitio escondido entre barrancas, donde la corriente formaba Pozas profundas.

31:47 Sabíamos que si llegábamos temprano podríamos pescar algo y cuando cayera la noche buscaríamos tusas. Llevábamos 2 caballos, las cañas Carnada, un par de lámparas viejas y la escopeta que había sido del papá de Chava. Cuando llegamos al arroyo amarramos los caballos bajo un mezquite, acomodamos las cañas y nos quedamos esperando que oscureciera. Las tusas sólo salían bien entrada la noche, así que debíamos matar algunas horas junto al agua. Cuando la noche cayó por completo, revisamos las Cañas por última vez y luego caminamos monte arriba, siguiendo un sendero angosto que corría paralelo al arroyo. Íbamos alumbrando con las lámparas, escuchando únicamente el sonido de nuestros pasos y del agua, golpeando las piedras. Teníamos que avanzar algunos cientos de metros, hasta un claro donde las tusas hacían sus madrigueras. Cada temporada llegamos a una loma de Tierra, un montículo de poco más de 2 M.

33:03 Lo subimos para rodearlo y en cuanto alcanzamos la cima del otro lado había un espacio abierto entre los árboles. Iluminado únicamente por velas gruesas clavadas en la Tierra, alrededor de ese círculo de luz se encontraban 3 figuras arrodilladas cubiertas con mantas negras rotas. Tenían el cabello largo y desordenado, tapándoles el rostro, movían los brazos lentamente sobre algo que no alcanzábamos a ver como si estuvieran en medio de un ritual. El ambiente se volvió pesado en un instante. El aire olía a Tierra quemada y algo más, algo que no sabíamos nombrar.

33:47 Chava y yo nos quedamos congelados, no sé cuánto tiempo pasó, pero al final él respiró hondo y dijo que debíamos largarnos de ahí cuanto antes. Apenas dimos vueltas para regresar. El monte se llenó de una risa aguda, una carcajada que no sonaba humana, que parecía salir de todas partes al mismo tiempo. Nos atravesó como una hoja filosa y no pensamos más. Corrimos con el miedo, reventándonos el pecho a mitad del monte, Chava tropezó y perdió su lámpara y la escopeta. Yo seguí adelante con la única lámpara que quedaba y él se aferró a mi camisa para no perderse el monte. Estaba tan oscuro que la luz.

34:36 Apenas alcanzaba para ver unos metros adelante. Íbamos por lo menos a 100 m de la orilla. Cuando sentí que chava soltó mi camisa, pensé que había resbalado, así que extendí el brazo para ayudarlo. Sentí que alguien tomaba de nuevo mi manga, pero esa mano no era la de Chava, era fría y áspera como cuero mojado, gire con el corazón, latiéndome en los oídos. Detrás de mí había una figura encorvada, con una cara deformada hinchada, como si no perteneciera a un ser humano. La nariz era chata, parecida al hocico de un animal, y la piel tenía un tono extraño, casi morado.

35:24 Me sujetaba con una fuerza que me paralizó. Sentí como el horror se apoderaba de mí, de tal forma que por un momento creí que iba a desmayarme. Hice fuerza con todo el cuerpo para soltarme y logré caer rodando por la pendiente. La lámpara golpeó las piedras y se apagó. Me puse de pie como pude y corrí hacia el ruido del agua, sin atreverme a mirar atrás, sintiendo todavía el hielo de esa mano en mi piel. Esa fue la noche en que entendí que en el monte hay cosas que caminan sin hacer ruido. Que respiran sin cuerpos y que observan sin ojos cosas que no deberían existir y que aún así existen. Después de rodar cuesta abajo, logré ponerme de pie y corrí hacia la orilla del arroyo.

36:22 El agua brillaba apenas con lo que quedaba de Luna y yo trataba de pensar con claridad. Pero el miedo me tenía aturdido. Grité el nombre de Chava varias veces, esperando escucharlo entre el murmullo del río. En ese momento alcancé a ver algo que me heló la sangre a unos 30 m sobre la misma Loma donde habíamos visto el ritual, las 3 mujeres estaban de pie alrededor de un círculo marcado en la Tierra. Cada una sostenía una vela gruesa. Que chorreaba cera encendida como si estuvieran terminando un trabajo. El aire se sintió pesado, casi espeso, entre la corriente del arroyo.

37:10 Creí escuchar que alguien gritaba mi nombre. Al cobrar valor, levanté la lámpara y alumbré hacia donde venía aquel quejido. Lo que iluminé fue algo que jamás pensé ver despierto. Las figuras comenzaron a levantarse del suelo con movimientos bruscos, como si sus cuerpos no pesarán nada. Las mantas negras que les cubrían se abrieron con un golpe de viento extraño y en cuestión de segundos parecieron convertirse en naves enormes, oscuras, sin forma definida. 3 sombras gigantes se elevaron entre los árboles, rompiendo el silencio del monte con un sonido áspero. En el suelo, justo bajo donde habían estado, estaba chava tirado, parecía haber sido arrojado ahí como un costal, corría socorrerlo, lloraba con desesperación y no podía ponerse de pie.

38:12 Lo levanté como pude y le dije que teníamos que salir de ahí. Caminamos tambaleando hasta el mezquite donde habíamos dejado los caballos, pero cuando llegamos. Descubrimos algo que nos dejó sin aire. Los 2 animales estaban muertos, tendidos en el suelo, rígidos, cubiertos de gusanos frescos. El olor a podrido era tan fuerte que mareaba en ese momento. Supe que no teníamos escape fácil. La noche parecía interminable y el monte se sentía vivo como si nos observara sin luz suficiente y con el corazón golpeándonos el pecho.

38:53 No nos quedó otra que quedarnos a la orilla del río, sentados con el agua rozando nuestros pies, rezando bajito para que aquello no regresara. A ratos veíamos a lo lejos entre los árboles, luces de velas, moviéndose como si alguien caminara por ahí, sin prisa alguna. El viento traía murmullos y sonidos que no reconocíamos. Era imposible describir el miedo que sentimos esa noche. Nunca había rezado tanto en mi vida. Cuando por fin comenzó a aclarear la primera luz del amanecer fue como un respiro que nos devolvió el alma.

39:36 Esperamos a que el sol estuviera bien arriba para atrevernos a levantarnos al pasar junto a los caballos. El olor era todavía peor, como si se hubieran podrido en cuestión de horas. Solo pudimos rescatar las monturas. Tras caminar durante varias horas, salimos del monte y llegamos a la casa de un vecino llamado don Heriberto, un hombre duro que vivía solo con sus animales. Nos vio desechos y no preguntó nada. Al principio le pedimos agua y luego le contamos todo lo que habíamos vivido.

40:18 Para nuestra sorpresa, no se rió ni se mostró incrédulo. Sólo frunció el ceño y dijo que esa parte del arroyo era usada desde hacía años por ciertas mujeres para hacer trabajos oscuros. Comentó que muchos cazadores evitaban esa zona porque habían visto cosas parecidas a las nuestras, aunque nunca con tanto detalle. Según él, nos habíamos topado con un aquelarre. Una reunión de Brujas que nadie debía presenciar en el camino a nuestras casas. Chava se animó a contarme lo que él había vivido. Dijo que al comenzar a correr sintió que una oscuridad espesa lo envolvía como si el monte lo hubiera tragado. No pudo dar un paso más y lo único que alcanzó a ver fue la silueta de una mujer pegada a mis espaldas. Siguiéndome, sin tocar el suelo, recordaba que no tenía pies ni piernas.

41:21 Lo más escalofriante para él fue recordar como las 3 mujeres lo rodearon en el círculo, golpeándolo por todas partes mientras le dejaban caer encima gotas de cera caliente. No supo cuánto tiempo duró ni cómo logró regresar a la orilla, donde lo encontré esa noche aprendí a respetar lo que no entiendo. Nunca volví a casar de noche ni a adentrarme en ese monte, porque hay lugares donde uno no debe entrar y hay cosas que no deben cruzarse en el camino de un hombre. Esta es mi historia, querida comunidad. Espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.

42:39 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.