Aterradoras Historias de PANTEONES (El Espectro del Cementerio)
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0:04 El espectro del Panteón, mi nombre es Marcelo Riojas, soy de una ciudad del estado de México, pero antes vivía en un pueblo perteneciente al mismo, que es donde justo mi padre y a mí nos pasó lo que les narraré a continuación de aquella terrible noche. Era el 27 de Julio, aniversario del fallecimiento de mi abuela Paterna. Era tradición reunirnos en casa de mis tíos, quienes aún vivían en el pueblo, como sucedía siempre.
0:47 Aparte de la comida, las bebidas no faltaron en la mesa. Mi padre, junto a mis tíos le sacaban provecho al máximo aquel encuentro, solo que. Esa ocasión el tiempo pasó volando y la tarde no se encontró sin haber visitado a una tumba de mis abuelos, quizá por el cargo de conciencia que tenía encima. Mi padre se negó a abandonar el pueblo sin antes pasar por el panteón. Nos despedimos de la familia y subiéndonos al carro. Llegamos al lugar cuando ya comenzaba a oscurecer. Como era de esperarse, el Panteón ya estaba cerrado, precario, desde donde se miraba, ingresamos sin problemas ya que ni siquiera tenía portón. Solo mi padre y yo entramos mientras mi madre guardaba en el coche junto a mi hermanito.
1:45 Los 2 vimos aquel espectro, era un hombre parado a unos metros de nosotros. Apareció cuando acabábamos de dejar las flores sobre la tumba de mis abuelos. Su rostro era demoníaco y junto a su figura deforme, sirvió para estremecernos de pavor. No más alcancé a balbucear cuando mi padre me tomó del brazo y me sacó corriendo de ayer, no pude dormir tranquilo por unas semanas. No conseguía sacar de mi mente a aquella aparición, pero a mi padre le fue peor, pues luego supe que lo siguió viendo por varios meses. Se le aparecía en todos lados.
2:34 Solo Dios sabe que fue esa cosa, los huesos de la fosa. Fui panteonero desde 1977 hasta el año 1982, interminables horas para ser rodeado de cuerpos que supuestamente descansan sepultados bajo la Tierra. Lo digo porque es lo que todos esperamos. Pero con lo que les contaré a continuación, tal vez cambien su manera de pensar.
3:20 Al final del panteón se encuentra la fosa como un lugar donde terminan los cuerpos de las personas abandonadas por sus familiares o simplemente ocupan un lugar que podría ser utilizado por los nuevos difuntos. Suena cruel, lo sé. Pero es una triste realidad que hasta el día de hoy se practica una noche que de estupefacto, al ver los restos óseos de un cuerpo cerca de la fosa común, estaban tirados entre unos pastizales. Preso del asombro, procuré mantener la calma.
4:03 Por más que no había nadie más conmigo, era lógico que alguien había hecho eso. Ninguna tumba había sido profanada. Los huesos los sacaron de la fosa. Yo mismo volví a ponerlos en su lugar. El foso no tenía tapa que lo cubriera, por lo que he ayudado con mi linterna. Podía ver los restos de quienes yacían ahí. No quise informar nada por temor a que tuviera problemas con el trabajo, pero días después volvió a suceder lo mismo. Sólo que en esta ocasión vi al culpable.
4:48 Todavía estaba un poco lejos cuando noté a una persona inclinada hacia el suelo manipulando algo. Era una mujer, una anciana, o mejor dicho. Una bruja, la condenada, tenía sobre el suelo unos huesos que seguramente sacó de la fosa. Asqueado y a la vez, horrorizado, le grité en alto. La intrusa se puso de pie para salir huyendo del lugar de una manera humanamente increíble. La vi perderse en la oscuridad con un hueso en sus manos. Desde entonces pusieron a un compañero para que me ayudará a controlar el lugar. Nunca supimos la identidad de la anciana, pero no cabe duda que era una bruja que entraba a robar los huesos para hacer sus trabajos.
5:45 Me aterro con solo imaginar tan siniestra maldad. El panteón abandonado era una noche oscura, de esas en las que el cielo nublado nos priva hasta de la luz de la Luna. Manejaba por la carretera ya próximo a mi ciudad, cuando cometí el error de estacionar mi carro para hacer mis necesidades en el lugar menos indicado. Me llamo Francisco Arellano y esto me sucedió hace algunos años.
6:34 La altura de los arbustos y mi urgencia no me permitieron notar que estaba el viejo panteón al frente, donde me puse a Orinar. Nadie transitaba en esos momentos, así que no me importó. Las tumbas deterioradas de aquel sombrío lugar jugaban con mi imaginación pretendiendo imágenes moviéndose al son del sonido del viento, pero una en especial me llamó la atención. Poco a poco la imagen se hizo más visible a medida que se acercaba. Era un perro más negro que el entorno. Sus blancos ojos rompían oscuridad y cuando estuvo a una corta distancia me percaté de lo que se trataba. Eso no era un animal común.
7:30 Tenía la cabeza de un hombre. Recuerdo haberme ensuciado el pantalón al emprender la carrera. Pero no llegué lejos, pues sin entenderlo todavía, mis piernas se pusieron tiesas y caí boca abajo al suelo. La bestia se reía. Lo escuché perfectamente. Este ser se burlaba de mí, sobrecogido, como nunca, me cubrí la cabeza con mis brazos, sintiendo congelarse mi alma. Los sonidos del demonio se detuvieron a mi lado. Desde esa posición sentí lo que me hizo con sus carras.
8:15 Tocó el pantalón de mi tobillo derecho. Instintivamente me levanté y corrí hasta mi coche. No quería mirar atrás, no quería volver a verlo aturdido. Arranqué el vehículo y manejé como un loco, alejándome de ese panteón abandonado. Cuando llegué a casa le conté a mi esposa lo que me pasó. Me levanté el pantalón para mirar mi tobillo y ambos nos horrorizamos, por más que parezca imposible de creer, mi pierna estaba hinchada, negra y maloliente, como si la piel se estuviera pudriendo.
8:56 Gracias a Dios, la herida se curó más. El terror que sentí todavía no desaparece. Dicen que fue el mismo innombrable a quien vi en el Panteón aquella noche, lugar por donde procuro transitar sólo de día el señor de la tumba, soy damián fuentes, originario del estado de México. Fui trabajador en un cementerio allá por el 2007, que es cuando se desarrolla mi anécdota.
9:46 ¿Debía cuidar el cementerio en la madrugada? Por supuesto, me quedaba solo, al menos el único con vida. En ese camposanto realizaba uno de los recorridos habituales cuando, al costado de un mausoleo, vi a un señor sentado sobre una tumba. Más allá del tremendo impacto que me dio al verlo así, de repente me irrite. De inmediato le pregunté quién era y por qué estaba dentro del lugar a esas horas. Como no, me respondió, Me acerque para verlo más de cerca. Tendría unos 40 años. Vestía de manera formal, casi no le veía bien los detalles de su cara, pero parecía estar serio. Su indiferencia persistía y eso me molestaba aún más. Asumí que quizás era algún borracho de la zona, por lo que me atreví a hacer más rudo con él. Me paré a su lado y lo tomé del brazo para intentar sacarlo del cementerio, pero no pude y nunca debería haberlo hecho. Apenas mi mano tocó su brazo.
11:02 Sentí un incomparable escalofrío en todo mi cuerpo. Simultáneo a eso, mi mano se apretujó entre la tela de su camisa. Ese hombre no tenía cuerpo, hice lo que cualquier otro habría hecho en mi lugar. Salí corriendo de allí, llegué hasta la garita y me quedé adentro muerto del miedo. Recién a la llegada del Sepulturero Atiné a salir. Continué trabajando ahí por unos meses más, hasta que fui trasladado a otro sector. Nunca más volví a ver a ese hombre. Tampoco sé si seguiría apareciéndose ahí, pues en el tiempo que me tocó estar ni siquiera me arrimé a esa tumba.
11:58 La acompañante del panteonero era invierno del año 2001. Como panteonero tenía que estar en el camposanto antes del anochecer. En esa ocasión se me hizo tarde y recién al llegar al lugar me di cuenta que no había llevado mi abrigo. Algo indispensable para poder soportar el crudo frío nocturno. Tomé el teléfono y llamé a mi esposa para que enviara a nuestro hijo y me diera mi chamarra, así fue que él se convirtió en mi testigo involuntario. Mi nombre es Sergio Vázquez, soy de Chihuahua, México. Me encontraba recorriendo el camino principal cuando recibí el mensaje de mi hijo avisando que ya había llegado. Me encontraba recorriendo el camino principal cuando escuché la voz de mi hijo gritando, diciendo que ya había llegado desde donde estaba.
13:10 Lo podía haber parado detrás de las rejas del portón, que ya se encontraba cerrado. Con el paso de los segundos me iba dando cuenta que me sonreía mientras me miraba ya frente a él, me entregó el abrigo y nos pusimos a platicar un poco. ¿No obstante, tornó el ameno diálogo cuando me hizo esa pregunta que me descolocó, quién es la mujer que venía caminando a tu lado, papá? Si es alguien que también tiene que ver con tu trabajo, no veo la razón por la que se alejó de TI cuando comenzaste a venir hacia aquí.
13:53 Perdí la razón por unos segundos. Mis sentidos se anonadaron, trague saliva mientras comenzaba a temblarme todo el cuerpo. Ante mi conducta, mi hijo me preguntó si me pasaba algo malo, pero no fui capaz de hablar. Le pregunté si se animaba a acompañarme por un tiempo más, a lo cual él aceptó. Puse todo de mi parte para que no supiera la verdad. La mujer a quien mi hijo vio se trataba de un alma en pena conocida por todos los que trabajan en ese panteón. No haya empleado quien no haya sido visto con esa mujer caminando a su lado alguna vez.
14:38 A mí nunca me había pasado. Hasta esa noche lo más escalofriante es que solo los demás la pueden ver. Es decir, que los que fuimos panteoneros en su momento nunca la vimos. Eso daba un cierto aire de incredulidad para nosotros, pero después de las palabras de mi hijo comencé a creer. Actualmente ya no trabajo en el panteón. Y por consiguiente, no volví a pisar nunca más ese lugar, temo ver a aquella mujer caminando al lado del panteonero del torno, ignorando este que con él va una funesta acompañante, el árbol del panteón.
15:38 Muy buenas noches, soy panteonero de mi pueblo desde hace más de 10 años, prefiero no darles la ubicación exacta para no provocar pánico, sólo les diré que soy del Estado de Jalisco, México, mi nombre es Federico Fernández y tengo 53 años, esto me ocurrió hace 2 años. Al ser un pueblo, el panteón no cuenta con muchas edificaciones cerca. Está casi al final del lugar un espeso monte en su parte trasera contrasta con la carretera que tenemos al frente. Entre todo un frundoso árbol sobresale al límite del terreno. Desde allí me cautiva el cantar de los pichones de Ave que apenas días antes había nacido en un nido que había por mera satisfacción de contemplarlos.
16:42 Decidí inspeccionar el nido. Estaba a la altura de unos 2 M aproximadamente. Me las ingenié para trepar el árbol y alcanzarlo. Los cuatro pichones que encontré eran hermosos. Me deleitaba mirarlos cuando, de pronto, un peculiar movimiento entre las ramas un poco más arriba desvío mi atención. Al dirigir mi mirada hacia allá, vi los ojos de un rostro que se ocultaba detrás de las ramas. No tuve tiempo de reaccionar, ya que una anciana asomó su cabeza.
17:23 De mirada malévola y piel reseca, me sonrió, dejando visible sus pocos dientes podridos. Su cabello era blanco, como el vestido que usaba y el olor de su mugroso cuerpo me dio náuseas. Estaba trepada como si fuera un animal. Caí de espalda sobre el suelo desde esa altura. El miedo reemplazó todo el dolor y me levanté para escapar de esa presencia, abandonando el panteón en mi casa recién me percaté de que tenía un hombro izquierdo deslocado y el brazo quebrado. Fue una bruja lo que vi esa tarde y por suerte sólo fue esa ocasión, pues cuando regresé al trabajo después de los meses que tardé en Recuperarme.
18:14 Aquel árbol estaba totalmente seco, sin nido y sin vida. Espero que mi corta historia y anécdota haya sido de su agrado. El fantasma del cementerio vivo en un barrio que está a poca distancia del cementerio de mi pueblo. El portón de la entrada queda justo al frente de mi casa. Suena tétrico, pero uno se acostumbra.
18:55 Aunque a decir verdad, las cosas de las que uno es testigo jamás dejarán de ocasionar ese cierto temor al saberse cerca de los difuntos. Me llamo Juan Daniel, tenía 14 años cuando esto me pasó. La tienda más cercana a casa. Estaba a 2 cuadras. Odiaba cuando mi madre me enviaba a hacer algún mandado en las noches. No era por el miedo, pero pasar por ese oscuro cementerio inquietaba a cualquiera. Eran casi las 9:00 de la noche, creo. Mi padre llegaría pronto del trabajo y mi madre apenas preparaba la cena.
19:41 Mi misión era comprar un refresco. Un maldito refresco. Vi a un señor caminando por la calle en dirección hacia mí. No lo conocía, pero parecía que él sí me conocía a mí, ya que no dejaba de mirarme. Por suerte, cambió de rumbo a los pocos segundos y se dirigió rumbo al cementerio. Lo hice por ingenuo, no sabía de lo que sería testigo. Ese señor llegó hasta el portón y lo atravesó como si no tuviera cuerpo físico. No sé si les pasó ya alguna vez, pero mi cuerpo se paralizó por el susto, más todavía cuando lo vi Voltear para mirarme nuevamente enseñándome un aspecto espantosamente incomparable. Su rostro era cadavérico.
20:40 Casi puros huesos, distinto a como lo vi antes. Lo más aterrador fue percibir que sus ropas comenzaron a caerse en pedazos, al igual que la poca piel que le quedaba. ¿Era un ente o un alma? No lo sé. Lo cierto es que frente a mis propios ojos continuó desintegrándose hasta desaparecer. Llegué a casa llorando. Mi madre tuvo que dejar de cocinar para ayudarme porque yo no volvía en mí mismo. Ese Estado me duró casi una semana. Dicen que las almas se manifiestan por alguna razón.
21:23 Yo todavía no comprendo por qué ese hombre me eligió a mí y por qué lo vi de esa manera. Incertidumbre con la que todavía vivo. El empleado del cementerio fue una mañana de abril del año 2014, como lo hacía habitualmente. Fui al panteón para visitar las tumbas de mis familiares. Mi amigo el panteonero me saludó como siempre. Estaba dentro de la oficina que se encuentra a la entrada del mismo, ya me había desocupado cuando vi a aquel muchacho pasar corriendo por uno de los pasillos que estaba a mi vista. Mi nombre es Luis Carlos, soy de Iztapalapa, México. Parecía asustado, lo noté en la expresión de su cara. A la vez corría zigzagueante, como si tuviera algún problema físico o le pasara algo.
22:37 Entró a la oficina donde estaba el panteonero, por lo que pensé que iba a buscarlo a él. También me asusté. Sea lo que lo haya espantado, me podría ocurrir a mí, así que apresuré mis pasos para llegar al mismo lugar. Sin embargo, me sorprendía al encontrar a mi amigo solo allí dentro. Le conté lo que había visto luego de preguntarle por el muchacho, pero su respuesta fue más aterradora aún, pues me juró que adentro no había nadie. No obstante, él supo darme una explicación.
23:22 Hace algunos años un muchacho trabajó en ese panteón, sufría de asma. Y lo encontraron sin vida dentro de la oficina, con su inhalador en una de sus manos. Al parecer tuvo un ataque que no logró superar, pero ya fueron varios quienes aseguraron haberlo visto correr por el lugar, repitiendo la misma acción que yo lo vi hacer, ingresa a la oficina y desaparece de la nada. Todos piensan que en esa oportunidad vio algo que lo asustó provocándole el ataque. Tal vez tenía su inhalador en la oficina y corrió a buscarlo para intentar salvarse, pero no alcanzó a lograrlo hasta la fecha.
24:12 Su alma anda penando como si intentara cambiar su destino, que jamás podrá modificar, revelándose quizás. ¿A que ya no pertenece a este mundo? ¿El aterrador entierro? Soy de Durango, México, me llamo Jaime Dávalos y tengo 22 años, lo que me gustaría contarles me pasó hace poco. En el mes de octubre del año pasado falleció en un accidente automovilístico el tío de un amigo. Debido al protocolo establecido por la pandemia que estábamos viviendo, sólo podía acompañarlo en el velorio. No obstante, cuando llegó el momento de llevar el féretro al Panteón, mi amigo me pidió que lo acompañara también allí. Me hizo pasar por un familiar más y de esa manera pude ingresar, ya que sólo estaba permitido para la familia directa.
25:29 ¿Fue entonces qué ocurrió? Lo escalofriante, mientras sepultaban el féretro VI al tío de mi amigo entre los presentes era el el difunto, solo que su condición fue la que me petrificó. Estaba con la parte superior de la cabeza colgando. Así mismo tenía algunas partes del cuerpo. La sangre fluía de sus heridas abiertas, como si su corazón todavía bombea la sangre. Me di cuenta que sólo yo lo vi, pues el resto continuaba llorando. Pendiente del entierro. Sin embargo, fue otra cosa lo que más me impacto.
26:13 ¿Había algo o alguien con él? Era como un vapor oscuro de forma humana que realizaba movimientos de tal manera que por instante cubría su cuerpo desecho. La visión terminó cuando ese ser extraño se lo tragó con el vapor, desapareciendo. No le conté nada sobre esto a mi amigo, pero por lo que supe, el cuerpo de su tío quedó destrozado en el accidente de la misma manera en que yo lo vi. El hombre dicen que era satánico. Tal vez eso explica la presencia demoníaca que vi llevando su alma consigo. Al parecer, soy perceptible a este tipo de anomalías paranormales.
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