Feb. 15, 2026

9 HISTORIAS de TERROR de MILITARES MEXICANOS │ INFRAMUNDO RELATOS

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Inframundo Relatos De Terror
9 HISTORIAS de TERROR de MILITARES MEXICANOS │ INFRAMUNDO RELATOS

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

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🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:12 Muy buenas noches, Inframundo y a toda la comunidad del terror me presento. Mi nombre es Sergio Espinosa. Fui militar durante casi 9 años, todo por dar el gusto a mi padre. El tiempo que estuve activo la pasé la mayor parte del tiempo en las sierras. En lugares que solamente el diablo puede habitar en ellas, lo que les voy a contar me sucedió en el estado de Veracruz, en la sierra de Otontepec, para ser más exactos. Puede ser que para muchas personas los pobladores que están retirados de la civilización los crean ignorantes. Yo era una de esas personas.

1:01 Lo cual el haber vivido, lo que les contaré cambio mi manera de pensar y mi trato hacia ellos es ahora de respeto. Si los lugareños te dicen que no vayas a cierto lugar es porque puedes ya no volver y es mejor hacerles caso. Eso fue lo que hice y quizás por eso sigo vivo. Esto sucedió en el mes de agosto del año 2013. Cuando la situación en el país se puso difícil y al parecer no tiene para cuándo terminar, en ese tiempo nos hallábamos.

1:41 Bajo las órdenes del teniente Ramírez. La misión era clara, avanzar a través del territorio y asegurar un puesto de vigilancia crucial. Al principio era buscar plantíos de hierba mala y destrozarlos. El constante acecho de enemigos era una de las situaciones que podíamos lidiar. Las noches eran especialmente difíciles, el sonido de los animales nocturnos, el viento que soplaba dándonos un poco de tregua con el calor incesante durante el día, una mañana en especial. Nos acercamos al pequeño poblado por las tortillas que amablemente una anciana y sus hijas nos preparaban para nuestros alimentos.

2:33 Doña Alba, una mujer de casi 80 años, miraba al cielo mientras le daba una pomada a su puro. Ella, al vernos nos señaló con su mano que estaba por llegar un mal tiempo, que era mejor no salir de nuestros lugares de refugio. Teníamos armas, pero. Hay cosas en las que ni con tantas municiones podíamos acabar con ellas. Le dije a doña Alba que si era un fantasma de una mujer hermosa, con gusto dejaba que me poseyera la doña. Casi me tumba de la bofetada que medio sólo me dijo que debería de tenerle respeto a las deidades que habitan en ese lugar de la Sierra de Otontepec. Levanté mis manos en señal de que estaba bien lo que decía. Ya no quise discutir con la anciana, pero cuando estábamos regresando al campamento Presentí que era mejor hacerle caso a la mujer.

3:39 De hecho, todo se miraba y se sentía diferente. Era como si un manto invisible cubriera el lugar para que no huyéramos de lo que estaba por ocurrir. Le contamos a Ramírez lo que habían dicho. Este muy molesto, nos contestó que sólo eran supersticiones de viejas, así que el resto del día traté de mantenerme ocupado con lo mío y olvidar lo que la anciana alba nos había dicho. La noche llegó muy pronto y con ella trajo un poco de llovizna y viento mientras vigilaba el perímetro.

4:19 Escuché algo diferente. Se escuchan gritos a lo lejos, pero mi compañero dijo que más bien parecían lamentos, como si alguien estuviera pidiendo ayuda. Preste más atención a lo que se escuchaba. Aquellos eran unos lamentos muy desgarradores, como si estuvieran matando o torturando a una persona. Se escuchaban muy a lo lejos, pero aún así. Hacia que la piel se nos pusiera chinita y un escalofrío nos recorriera desde la nuca hasta los pies. Yo en mi tiempo que llevaba como militar, jamás había escuchado algo parecido, así como hicieron.

5:06 Así cesaron, dejándonos con la gran pregunta de qué se trataba y de dónde habían provenido esos gritos, Ramírez se nos acercó preguntando. Porque hacíamos tanto ruido, le contestamos que no éramos nosotros. Algo estaba sucediendo entre la vegetación. Sentí nervios de que me escogiera para que fuera a averiguar de qué se trataba, pero en cambio mandó a 3 de los compañeros. Los vimos alejarse del campamento. Transcurrieron unos 10 minutos cuando se les. Escuchó gritar.

5:47 Sus gritos eran desgarradores. Después de unos minutos, los gritos cesaron. Fue entonces que Ramírez se hizo acompañar de otros hombres. Mi compañero y yo permanecimos en el campamento esperando a que regresaran. Éramos 7 los que nos encontrábamos a la expectativa de lo que podría suceder durante la madrugada. Todo a nuestro alrededor estaba sumergido en un silencio que hasta el viento había dejado de sentirse. El pueblo se encontraba en penumbras, ni siquiera la luz de un quien que se veía. De pronto vimos que las luces de las lámparas de nuestros compañeros se acercaban rápidamente. Estando a unos cuantos metros comenzaron a gritar que les ayudáramos.

6:48 Robles venía herido en una de sus piernas. Estaba en tan pésimas condiciones que lo más probable era que se la amputarán. Ni Ramírez ni los otros 2 compañeros que habían enviado primero regresaron nosotros alterados por saber qué había sucedido. Ninguno de los soldados sabía qué pasaba en realidad. Esa noche ya no pudimos dormir, pero tampoco sabíamos dónde buscar, así que tuvimos que esperar a que amaneciera para escudeñar el área muy temprano, ya por la mañana. Fui a ver a. Robles apenas estaba consciente y se le escuchaba su voz, me contó que intentó huir, pero algo los había rodeado cada paso que daban.

7:39 Los árboles parecían cerrarse más y más a su alrededor, atrapándolos y perdiendo las coordenadas del campamento. Los rostros de sus. Compañeros muertos lo miraban fijamente, se desplomó, incapaz de soportar más lo que veía fue cuando algo le jaló de su pierna. Robles dijo que aquello parecían unas garras que eran como navajas filosas. Pero así como había comenzado, así se detuvo llevándose los cuerpos de los otros soldados. Nos organizamos para ir a buscar los restos de nuestros compañeros, pero caminamos una gran distancia y no había rastro de ninguno. Allí estuvimos hasta que nos movilizamos y mandaron a otro sargento.

8:31 Ninguno de nosotros sabíamos que responder a las preguntas que nos hicieron. Solo contestamos que algo se los había llevado. El último día que estuvimos en ese lugar, doña Alba me dijo algo que me dejó pensando que por el momento eso que se encuentra en la sierra ya había saciado su apetito. Solo permanecí unos 3 años más en el ejército antes de tomar la decisión de darme de baja lo que había visto. Había sido suficiente para mí la placa y la bestia basado en la anécdota de.

9:14 Elías ríos, buenas noches, Inframundo, me llamo Elías ríos. En el año 2018 formaba parte de un destacamento del ejército mexicano desplegado en la Sierra de Badiraguato, Sinaloa. Nuestro objetivo era desmantelar una red de plantíos ilegales ocultos entre las montañas, un punto estratégico que llevaba años operando bajo el control de un grupo criminal. Desde el primer día supe que ese lugar no era normal. Las órdenes eran claras, entrar, ubicar las zonas de cultivo, destruirlas y extraer información.

9:58 Pero nadie nos preparó para lo que realmente. Estaba escondido allá arriba. La zona era densa, húmeda, montañosa. Apenas comenzamos a adentrarnos. Empezaron los problemas, las brújulas se volvían locas, las radios emitían zumbidos raros, como si una interferencia antigua las contaminara de noche. El viento no sonaba como debería, era más pesado, más lento, como si arrastrara algo con él. El primer en quebrarse fue el cabo Méndez. Lo encontramos rezando solo dentro de una choza abandonada. Tenía un altar improvisado frente a él, hecho de veladoras negras, huesos de animal y una figura mal tallada de la santa Muerte. Decía que ella le había hablado, que esa zona estaba protegida y que no debíamos avanzar más.

10:53 El comandante lo aisló, creyó que estaba alucinando, pero desde ese momento todo se volvió más raro. Esa misma noche, los perros del campamento comenzaron a aullar de forma aguda, como si los estuvieran quemando vivos. Ninguno de nosotros durmió. Las siguientes patrullas confirmaron lo que sabíamos. Encontramos varios sembradíos rodeados de muñecos colgados en los árboles, cuerpos mutilados enterrados a medio camino, altares con cabezas de venado y fetiches podridos. Pero lo que más nos inquietó fue que no había rastro de humanos, ningún guardia, ningún enfrentamiento, como si hubieran desaparecido, como si alguien les hubiera advertido que veníamos al tercer día.

11:46 Uno de los soldados dijo que había visto una figura entre los árboles. Un hombre altísimo, cubierto de pelo con ojos que brillaban como Carbones, dijo que caminaba erguido. Pero tenía el cuerpo como de un animal. No le creímos hasta que lo vimos con nuestros propios ojos. Estábamos asegurando un terreno cuando escuchamos un gruñido profundo, como una vibración que venía desde el estómago de la Tierra. Y entonces aparecieron 3 criaturas enormes. Salieron del monte, Caminaban como hombres, pero sus piernas eran como de perro. Tenían el rostro alargado entre humano y fiera, sus dientes parecían cuchillas y sus brazos eran más largos. De lo normal.

12:39 Colgaban hasta las rodillas, disparamos todo lo que teníamos. Nada funcionó, las balas los atravesaban pero no sangraban, seguían avanzando como si no sintieran dolor. Se movían rápido, demasiado rápido para algo tan grande. Uno de los nuestros fue alcanzado de un zarpazo, salió volando contra un árbol y cayó como trapo mojado. Otro fue arrastrado vivo al interior del bosque. Lo escuchamos gritar, pero después fue reemplazado por un crujido lento. Nunca lo encontramos, intentamos reagruparnos, pero todo estaba desorientado.

13:21 El camino por el que habíamos entrado ya no. Estaba. La niebla bajo tan rápido que apenas veíamos nuestras manos. El comandante ordeno retirada táctica, pero ya era tarde, no sabíamos a dónde correr. Me escondí con 2 compañeros bajo una formación rocosa. Estuvimos ahí por horas, no hablábamos, sólo respirábamos en silencio, escuchando como esas cosas caminaban cerca. Cuando pasaban el aire se volvía denso. Como si alguien derramara aceite caliente por los pulmones. Fue entonces que apareció ella, la vimos entre la neblina, no caminaba, flotaba, era alta, delgada, cubierta con un velo negro, no tenía rostro, solo hueso, sus manos eran esqueléticas, largas, con dedos afilados.

14:16 En una de ellas cargaba una balanza rota y en la otra un Rosario hecho con dientes humanos. Su vestido se movía, aunque no hubiera viento. Donde pisaba las hojas se marchitaban. Uno de mis compañeros comenzó a llorar. El otro intento correr, pero su cuerpo simplemente se dobló, como si alguien le hubiera quitado los huesos. Cayó muerto a mi lado. La flaca se. Detuvo frente a mí no me tocó, sólo me miró y en ese momento lo entendí. Ella no estaba ahí para matar, estaba ahí para castigar. Vi imágenes en mi cabeza, hombres colgados de puentes, ejecuciones en medio del monte, fosas comunes. Vi a los que adoraban a esa figura, rezándole antes de torturar, de matar, de traficar.

15:10 Ella los protegía, pero también exigía pago. Y ese pago podía ser cualquiera que se atreviera a tocar su territorio sin permiso. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente. Me desperté con la cara llena de Tierra y la boca seca, sólo sin armas, sin radio. Caminé durante horas hasta encontrar un sendero. Un helicóptero me extrajo. Al día siguiente fui el único que salió de ese cerro. Los demás fueron declarados desaparecidos en acción. Nunca mencioné lo que vi, ni las bestias ni a ella. El reporte decía que fuimos emboscados por un grupo armado desconocido.

15:54 A mí me dieron una baja médica por trauma agudo. Lo acepte sin protestar. Desde entonces, cada vez que paso por una tienda y veo una figura de la santa Muerte en una repisa, me quedo mirando más de la cuenta. A veces creo que sus ojos me siguen. A veces siento su presencia cuando duermo porque entendí algo en esa montaña. Hay fuerzas que no responden a la ley ni a los hombres. Fuerzas que caminan entre el crimen y el culto, entre la fe y el horror. Y cuando cruzas su territorio sin permiso, no importa si llevas uniforme, si obedeces órdenes, si crees en Dios o en las balas, ella decide quién entra y quien nunca más volverá a salir. Gracias por escuchar mi anécdota. Uniforme militar, basado en la anécdota del ex militar Tomás Paniagua.

17:01 Me llamo Tomás Paniagua Serví durante años en el ejército mexicano en diversas zonas de conflicto, pero fue en una operación rutinaria en la sierra Tarahumara. En el año 2015, donde viví lo que nunca logré explicar, estábamos desplegados en una zona boscosa cerca de una Cañada profunda, entre los límites de Chihuahua y Durango, un sitio remoto hostil, con caminos que se pierden entre la niebla y la Tierra roja. La operación era sencilla, vigilancia y Patrullaje, no se esperaban enfrentamientos, pero desde el primer día. Algo no estaba bien.

17:45 El aire tenía un olor raro, no a Tierra húmeda ni a pino, sino algo más metálico, como si todo el bosque sangrara por dentro. Algunos compañeros comenzaron a tener sueños extraños. Despertaban empapados en sudor, murmurando nombres que no eran los suyos. Uno de ellos decía haber soñado con un soldado sin rostro que lo observaba desde la entrada de su tienda. Yo no soñaba. Pero veía cosas y eso fue peor. La primera vez lo vi entre los árboles. Estábamos montando una pequeña torre de vigilancia. Cuando giré hacia el oeste, en el borde del claro, estaba parado un hombre con uniforme militar, pero no era uno de los nuestros.

18:32 El uniforme era negro, desteñido, con un corte extraño, sin placas visibles. Ni insignias reconocibles. El casco era redondo, de cuero agrietado como de otro tiempo. Su cuerpo era Delgado, demasiado para un soldado. Lo observé por unos segundos antes de que se desvaneciera en la niebla. Pensé que me estaba volviendo loco, pero al día siguiente 3 compañeros lo vieron. También describieron lo mismo, mismo uniforme, misma postura. Solo que uno de ellos agregó algo más. Dijo que el soldado estaba llorando, pero no eran lágrimas normales, eran hilos negros como aceite quemado que le caían desde los ojos y se evaporaban antes de tocar el suelo.

19:23 Dijo que su expresión no era de tristeza, era de terror absoluto, como si estuviera reviviendo su propia muerte una y otra vez. Las noches siguientes el campamento fue tomado por el insomnio. Nadie dormía bien. Las radios emitían un zumbido grave durante las madrugadas, aunque estaban apagadas. Las brújulas daban giros erráticos y los animales evitaban acercarse. Yo lo vi de nuevo en la madrugada del quinto día. Estaba parado, justo al borde del acantilado, a unos 30 m de donde dormíamos. Me acerqué sin pensar, con la linterna temblando en la mano.

20:07 Cuando estuve a unos 5 M. Giró lentamente el rostro hacia mí. No tenía labios, su piel colgaba en girones, sus dientes estaban descubiertos y negros. En lugar de ojos había 2 cavidades vacías de donde escurría esa misma sustancia negra que todos mencionaban, pero lo peor era su rostro. Era como si estuviera permanentemente congelado en una mueca de espanto, con la mandíbula desencajada y la carne de las mejillas abierta, como si algo lo hubiera rasgado por dentro. El uniforme estaba manchado de Tierra seca y trozos de tela quemada. Tenía el pecho abierto, como si hubiera explotado desde adentro. En el interior de la cavidad torácica no había sangre ni órganos, solo oscuridad.

21:01 Dio un paso hacia mí, me paralicé, no podía moverme ni gritar, lo sentí dentro de mi mente. No hablaba, pero me transmitía imágenes, explosiones, gritos de hombres antiguos, cuerpos cubiertos de lodo, una emboscada, una traición y luego silencio. Caí desmayado, desperte. Varias horas después, el comandante me acusó de abandonar el puesto. Dije la verdad, nadie me creyó. Me pusieron bajo observación médica, pero antes de evacuarme el sargento segundo, un hombre ya mayor, me tomó por el hombro y me llevó a un lado del campamento. Me preguntó cómo era el uniforme. Le di todos los detalles.

21:48 Guardo silencio. Luego me dijo algo que hasta hoy no puedo sacar de la cabeza. Ese uniforme no pertenece al ejército actual. Ni al nuestro ni a ningún otro. Pero hace años, durante la Revolución, hubo un destacamento que desapareció en esas mismas montañas. Lo dirigía un comandante llamado zavala, conocido por hacer pactos con curanderos de la zona para proteger Asus hombres de las balas. Nunca regresaron, sólo encontraron sus cuerpos apilados con los ojos arrancados. Y la boca abierta de horror nunca fueron enterrados.

22:33 El sargento me dijo que la gente del pueblo cree que zavala aún camina por esas sierras, condenado a buscar algo que nunca encontró, pero a veces uno de sus soldados se adelanta buscando ayuda o castigo o venganza. Nunca supe cuál era el motivo, pero los días siguientes varios soldados reportaron verlo. A veces de pie, a veces caminando. Una vez uno dijo haberlo encontrado en cuclillas junto al río, con el rostro sumergido y las manos invertidas, como si se las hubieran colocado. Al revés, a la semana de la primera aparición se ordenó el retiro del campamento. Pero antes de irnos hicimos una formación final. El comandante pasó lista y cuando nombró a uno de los soldados caídos el año anterior, alguien contestó presente desde el fondo de la formación.

23:33 Todos lo escuchamos, nadie se atrevió a voltear. Nunca volvimos a operar en esa zona. El archivo de la misión quedó cerrado, el incidente clasificado como desgaste emocional del personal. Yo dejé el ejército un año después, pero aún tengo el uniforme y a veces, cuando lo saco del armario, siento un olor a Tierra mojada y escucho la marcha de botas en pasillos vacíos. Hay soldados que caen en combate. Hay otros que son olvidados por su país, pero unos pocos, los que murieron sin ser reconocidos, sin nombre, sin tumba.

24:16 Siguen marchando en la niebla, buscando una orden que nunca llegó, una guerra que ya terminó y un enemigo que tal vez sigue dentro de ellos. La madriguera, basado en la anécdota de Aurelio Dorantes, escrito y adaptado por la tenebrosa muy buenas noches Alejandro. Esto que les contaré ya tiene tiempo que sucedió, pero hay recuerdos que aún siguen, como si hubiesen sucedido ayer. Mi nombre es Aurelio Dorantes, tengo 47 años y soy militar.

24:58 Mi trabajo es más en las sierras de este país. El caso que les contaré sucedió en alguna de las sierras del estado de Hidalgo. Por esta zona siempre se ha visto en Brujas. Y nosotros nos topamos con una maldita de esas. Fuimos enviados allí con un propósito claro que decía entre nosotros que eran sólo órdenes vagas para algunos, como siempre, patrullar una franca de la Sierra, mantenerse alerta, informar cualquier anomalía. La zona era espesa. Con una vegetación que parecía multiplicarse con el paso de las horas y mientras más se adentraba uno por el día, la niebla nunca se iba del todo, pero por las tardes, antes de caer la noche cambiaba de forma y espesor. Todo nuestro alrededor tenía un color sucio apagado, como si el monte ocultara algo y nosotros teníamos que averiguar de qué se trataba.

26:06 Éramos alrededor de 35. Al principio, 3 de ellos eran soldados recién egresados de la Academia. Ya teníamos una semana de camino y monte encima, pero apenas llegamos a un paso muy conocido en ese lado de la sierra. Cuando comenzaron las ausencias la primera noche no encontramos a Alan. Creímos que se había rezagado para fumar en secreto, como siempre hacía. Lo buscamos, le llamamos, pero alrededor del campamento y en el sitio donde estaba haciendo la guardia con Plutarco, no había señales de lucha, ni ruidos ni ramas rotas.

26:53 Sólo su fusil apoyado contra la corteza de los árboles. El segundo fue López. Y esto sucedió en plena luz del día. Nos encontrábamos tomando agua en un claro pequeño. Él fue a orinar entre los arbustos. Se tardó más de la cuenta y cuando fuimos a buscarlo no había nadie, ni pisadas, ni huellas y arrastre. Pero esta vez encontramos solo una de sus botas. Empezamos a hablar de la idea de que. Algo o alguien nos estaba acechando desde lo alto de los enormes árboles, tal vez una persona o un animal. Pero si fuera este último, se escucharían los gritos de los soldados y dejaría rastros de sangre. Analizamos que probablemente los árboles eran su escondite, aunque nunca vimos nada moverse entre las copas aun así. Por las noches todos dormíamos con el cuello tenso, esperando ver caer algo desde las ramas.

28:05 El sargento macías comentó que posiblemente cerca de donde nos encontrábamos podría haber una tala de arboles ilícita. El cabo Mujica fue quién lo dijo sin intención de convencer a ninguno de nosotros, él creía que no venía de arriba. Que lo que nos acechaba se movía debajo, que la Tierra misma lo cubría y lo dejaba moverse sin dejar señal. Nos reímos no por burla, sino por necesidad, por nervios. Quizás yo no quería imaginar eso, que caminando algo te jalara desde abajo. Nos detuvimos a descansar junto a una pendiente cubierta de arbustos bajos y secos.

28:55 Mujica se ofreció a revisar el área mientras preparábamos algo de comida. Lo vimos agacharse cerca de una roca, pero después de unos minutos nadie lo vio levantarse. Tardamos segundos en darnos cuenta, corrimos a buscarlo y no estaba por ningún lado de la misma manera, sin rastro de sangre ni un grito, solo el arbusto que él había tocado, ligeramente agitado. Raspe la Tierra con mis manos y estaba suelta, suelta, como si alguien la hubiese removido desde abajo, como si cubriera algo.

29:37 Nos encontramos con las raíces de los arbustos, algunas rocas. Nada que indicara que en ese sitio hubiese desaparecido Mujica, pero esa tarde. Lo que nos acechaba y se había llevado a los compañeros, se mostró Karim. Divisó a una anciana que cargaba unos leños. Eso se le hizo extraño, pues ya habíamos peinado esa parte de la sierra y no habíamos encontrado casa alguna ni ranchería, le gritó a la anciana y esta volteó a verlo de una manera antinatural. La mujer se movió rápido.

30:18 Y en un parpadeo se le perdió detrás de unos arbustos. Los gritos de Karim nos alertaron y nos desplazamos hasta donde se encontraba. Le dijo al sargento Macías lo que había visto y dio la orden de que los siguiéramos el sargento quito. Los arbustos que Karim señalaba estaban sueltos y debajo de estos una gran madriquera. Rápido dio la orden de que lo siguiéramos 5 de nosotros y los demás se quedaran vigilando. El sargento, antes de sumergirnos por ese hoyo, dio la orden que anciana o no le dispararan a mi se me dificultaba moverme, arrastrarme por ese hueco. No entendí como alguien podía moverse por ese estrecho lugar. No habíamos recorrido ni 3 M cuando. Un tubo a carne en descomposición me entró en mis fosas nasales.

31:18 El hedor era tan apestoso que el estómago sentía que se me estaba revolviendo y que vomitaría sentía que jamás saldría de allí. Llegamos a una parte que ni en mis pesadillas me hubiese imaginado que habría. Cuando se terminó ese pasadizo, llegamos a un sitio iluminado con unas velas. Es imposible describir lo que encontramos, partes de cuerpos destazados cortados con algo muy filoso. Eran los cuerpos de nuestro compañero, bueno, lo que quedaba de ellos. Las cabezas estaban junto a otras tantas brazos, piernas a medio devorar. Estaba en shock, pero repentinamente escuché los gritos de una mujer.

32:09 Javier sujetaba a la vieja. La tenía agarrada de las greñas. Era una bruja. La mujer chillaba como cerdo acorralado. Sus gritos inundaban el lugar. Mientras el sargento le hacía preguntas, la mujer decía no saber nada, que sólo era una pobre anciana. Uno de los soldados iluminó una parte de esa grieta con su lámpara, un bulto de ropa, calzado de civiles. Y entre ellas, los uniformes de los compañeros caídos. La bruja se alimentaba de carne humana. Era caníbal. La señora comenzó a decir palabras que nadie entendía, pero cuando el sargento macías le dio un tiro entre CEJA y Ceja, el sonido me dejó casi sordo. No de no salir, mandó traer gasolina de los vehículos y quemó la madriguera de la bruja.

33:10 Todos evitábamos mirarlo. La verdad es que estando ahí abajo no entendía lo que en verdad ocurrió. Charlie me dijo que esa mujer nos estaba maldiciendo, pero antes de que esto en verdad nos llegará, el sargento terminó con ella. Mujica tuvo razón, el enemigo estaba bajo nosotros, por eso no la vimos ni sentimos. Pero tarde que temprano cometemos errores y ella lo hizo. Tuve pesadillas por un buen tiempo. El olor a carne en descomposición lo sentía. Ver las cabezas de mis compañeros y sus cuerpos a medio devorar es algo que hasta el día de hoy me ha sido difícil de olvidar.

34:05 Una bruja nos persiguió basado en la anécdota de Irán castelum escrito y adoptado por la tenebrosa. Muy buenas noches a todos los presentes. Soy militar y a mis 35 años de edad no era la primera vez que cruzábamos por esos lugares la sierra madre de Chiapas. La conocíamos por otras patrullas, otras búsquedas, otras órdenes de diferentes argentos o tenientes. Estos por alguna razón. En ese 2013, estando en este Estado, teníamos conocimiento que algunos desaparecían o eran enviados a otras unidades. Ese mes de febrero subimos con la idea de que encontraríamos campamentos.

35:02 Armas escondidas, rastros de fuga. Pero lo que encontramos allá arriba esta vez fue distinto. Puedo asegurar que fue algo que ninguno de nosotros esperaba tener ese tipo de experiencia. Habíamos caminado durante horas, no unte arriba cuando la divisamos. Se trataba de una casucha con apariencia solitaria. De paredes torcidas por los carrizos y un techo vencido por el tiempo, estaba encajada entre 2 peñascos, como si el terreno o quien vivía en ella hubiera querido ocultarla de las miradas curiosas como las nuestras. No había camino que llevar hasta ella, ni humo, ni ruido, ni indicios de vida reciente.

35:56 Pero cuando estábamos cerca de ella todo se veía diferente, pues había 1/4 hecho de madera y la Tierra alrededor barrida. La mayoría del grupo se quedó en la pendiente, observando solo 3. Nos acercamos, entramos con precaución, los rifles al frente adentro no había muebles modernos, solo cosas viejas, demasiado viejas. Y olía extraño. En el techo había colgados amuletos de los travesaños. Había huesos sobre platos, frascos con líquidos que se apreciaban turbios en los rincones, montones de Tierra metidos en canastos que se notaban que tenían mucho tiempo, que no los movían. Un recipiente humeaba aún como si alguien acabara de salir por la puerta trasera.

36:55 El ambiente tenía una pesadez. Les aseguro que no por el aire ni por el olor, sino por una sensación de estar dentro de un lugar en el que no deberíamos haber entrado. Cuando salimos, varios compañeros se habían adelantado y estaban limpiando el terreno alrededor. El teniente nos esperó a que bajáramos y apenas. Le dijimos lo que habíamos visto. Decidió que esa casucha le prendiéramos fuego, a pesar de que le comentamos de que estaba habitada, pero sus ocupantes no estaban. Él dijo que no era de nadie.

37:37 Él mismo fue por el recipiente de combustible, pero no todos los seguimos. Algunos miraron al suelo, otros se quedaron quietos sin moverse. Yo me quedé en el Grupo de los. Quietos. Quiero decirles también que sentía que esto no iba a terminar nada bien. Gabriel, quien había estado adentro conmigo, comentó que eso no era un refugio cualquiera. La casa sí se le podía llamar. Así, aseguró que ahí vivía una bruja. Aun así, el teniente la roció sin dudar y le prendió fuego. Las llamas subieron rápido y en segundos la casucha se volvió cenizas. La consumió con un hueco silencioso, lento y termino todo muy pronto.

38:27 Créanme, desde ese momento todo cambió. Esa noche no dormimos, no porque tuviéramos miedo, sino por la incomodidad. Todo estaba en silencio, ni el sonido nocturno de los insectos o animales escuchaban, aparte de que nadie decía una sola palabra. Mire hacia los árboles, que estaban extremadamente quietos. Demasiado, diría yo. Lo siguientes días las cosas fueron de mal. En peor algo nos seguía, lo sabíamos y los sentíamos todos. Es esa sensación que hace mirar a cada momento por encima del hombro, a contar a los compañeros a cada rato. A veces, al despertar, encontrábamos nuestros equipos movidos de lugar, el fusil apoyado donde nadie lo dejó. Pequeñas cosas que en un principio pensamos que alguien del grupo bromeaba.

39:32 Pero esa idea se desvaneció pronto. Una mañana, el teniente apareció con sus ojos enrojecidos. Le dijo al sargento hoyos que no había dormido bien. La verdad es que se veía exhausto, más delgado. Como si llevara semanas sin descanso y sin probar alimento, nos dimos cuenta de que empezó a separarse del grupo. Caminaba solo, se detenía a mirar entre los árboles, su rostro se endureció y comenzó a dar órdenes cerradas. En una ocasión comenzó a disparar a la nada. Preguntaba por la mujer y la verdad es que pensábamos que se había vuelto loco. De hecho.

40:18 No fue el único que la miró. Otro de los compañeros comentó haber visto a una mujer que vestía de negro. Juró por la vida de sus hijos, que se trataba de una bruja. Estábamos siendo perseguidos por una bruja, la dueña de la casulla. La verdad es que cuando el miedo te atrapa, todos comenzamos a ver a la mujer de negro por todos lados. Una mañana el teniente no apareció por ningún lado. Lo buscamos y el sargento nos dio la orden de volver al lugar donde el teniente le había prendido fuego a la Casa de la bruja que nos venía siguiendo.

41:03 Cuando llegamos encontramos un panorama de lo más horrible. En el centro de lo que fuera el hogar de aquella mujer estaba el. Cuerpo del teniente amarrado en un tablón. Ninguno quiso acercarse. El sargento llamó a Silva y a mí que lo acompañáramos. Aquello no se veía nada bien. El olor a combustible estaba impregnado por todo el lugar. El teniente estaba hecho un pedazo de carbón, la maldita vieja se cobró ojo por ojo, lo quemó vivo, su cuerpo lo bañó con combustible, no sé si lo torturó o no. Pues no había nada que hacer por él. Nadie creería que lo había hecho una bruja. Dijeron que fue la maña y así lo dejamos. He regresado a muchos lugares desde entonces, selvas más cerradas, zonas con peores historias donde las Brujas desaparecen a niños.

42:05 La verdad es que en ninguna parte he sentido lo mismo que en esa sierra. La mujer del paso, basado en la anécdota de Martín Cordero, me llamo Martín cordero. Serví durante más de una década en el ejército mexicano. A lo largo de mi vida en servicio me tocó enfrentar situaciones difíciles, enfrentamientos, emboscadas, terrenos hostiles. Pero lo que viví en la Sierra no fue una operación más. Fue algo que hasta el día de hoy me persigue, como una sombra pegada a la nuca.

42:50 Esto sucedió en el año 2013 en una zona alta y boscosa de la Sierra Mazateca, en Oaxaca. Nos habían enviado como parte de una operación de control territorial. Era una zona clave para el paso de grupos armados y el objetivo era asegurar caminos. Y limpiar brechas escondidas. Éramos 2 elementos desplegados en una base temporal. El punto estaba aislado, sin señal de radio ni cobertura, y el clima era inestable. Densas neblinas bajaban por las montañas y se quedaban como una cortina espesa durante horas, a veces días. A ese lugar los locales le llamaban paso nublado. Y cuando les preguntábamos por qué no vivía nadie cerca, sólo bajaban la mirada o hacían una señal de cruz. El primer día transcurrió sin incidentes, revisión del perímetro, ubicación de senderos, punto ciegos. La segunda noche fue cuando todo comenzó. Estábamos en turno de vigilancia nocturna. Me encontraba en el puesto norte con el soldado Silva, uno de los más tranquilos del pelotón.

44:09 Poco hablador, muy disciplinado. Habían pasado ya más de 2 horas de guardia cuando noté que Silva se ponía rígido, miraba fijo a un punto entre la neblina, unos 20 m delante de nosotros. Le pregunté si veía algo, no respondió, se limitó a señalar hacia el bosque, apunté con la linterna, pero solo vi árboles y niebla. Entonces lo escuché. Una canción tenue, una especie de lamento cantado en voz femenina que llegaba desde el fondo del bosque. No eran palabras, sino una melodía repetitiva, antigua, cargada de una tristeza imposible de explicar.

44:55 Silva Murmuró que la había escuchado antes que cuando su hermano desapareció en la Sierra. Esa fue la. Canción que los perros rastreadores no quisieron seguir. Me quedé helado esa noche, no dijimos nada más. A la mañana siguiente, Silva estaba pálido, dijo que no había podido dormir porque desde su tienda escuchó pasos arrastrándose alrededor. Nadie más los escuchó. Pensamos que era la atención. Esa noche se perdió el primer soldado, se llamaba Medina, tenía 23 años, fue a hacer su ronda de rutina. A las 3:00 de la mañana iba con otro compañero, pero en un momento se separaron a solo unos pasos de distancia para revisar un sendero lateral.

45:46 El otro soldado dijo que escuchó como Medina lo llamaba desde dentro de la niebla. Cuando se acercó ya no había nadie. Lo buscamos durante horas, lo llamamos por nombre y clave. Disparamos al aire. Nada. Ni una huella. Solo su lámpara abandonada en medio del lodo encendida, parpadeando el comandante, ordenó suspender los patrullajes nocturnos. El ambiente se volvió denso, nadie dormía bien, las brújulas comenzaron a fallar, las linternas parpadeaban sin motivo. A veces, cuando todo estaba en, se escuchaba esa misma canción tenue, cada vez más cerca. La cuarta noche fue peor.

46:31 Silva desapareció, dejó su tienda, su fusil, todo. Solo quedó una nota escrita con marcador sobre su libreta táctica, una sola frase, ella me llamó, no me ignoren. Yo fui el último en verlo. Caminaba descalzo por el sendero de Tierra directo hacia la niebla, con los brazos colgando y la cabeza hacia abajo. Le grité, no volteo, cuando lo alcancé, ya no estaba. La tensión estalló en paranoia. Algunos comenzaron a hablar de una mujer vestida de blanco, de cabello largo y cara oculta. Decían que se aparecía cuando uno estaba solo, que si la Veías te ibas con ella aunque no quisieras. Los locales tenían un nombre para ella, la del paso nublado. Decían que en el siglo 19, cuando esa sierra era usada para escapar de las autoridades.

47:29 Una mujer fue asesinada por un grupo de soldados en esa misma ladera que su cuerpo nunca fue recuperado y que desde entonces espera a cada patrulla que pasa para cobrarse 1:1. Algunos se reían de esas historias, pero los que estuvimos ahí sabíamos que no era broma. El último día, antes de evacuar, otro soldado se disparó en el pie. Dijo que no quería seguir patrullando. Que si salía otra noche, ella lo iba a elegir. Lo trasladaron en helicóptero, sedado, diciendo cosas sin sentido. Esa misma noche me tocó la última guardia.

48:12 Yo no creía en fantasmas. Había visto demasiado en los años de servicio como para tenerle miedo a cuentos de pueblo, pero a las 3:00 de la mañana la niebla entró más espesa que nunca. Me sentí observado. El silencio era tan intenso que podía escuchar mis propios latidos y entonces la vi a unos 10 m de mí. Entre los árboles estaba una figura blanca. No caminaba, se deslizaba lentamente, tenía el cabello largo, negro que cubría su rostro. Su vestido estaba sucio, rasgado, empapado en lodo y entre el viento o lo que pensé que era el viento, escuché la canción la misma. Casi como un arrullo no moví un músculo. Mi linterna se apagó, el arma se me resbaló de las manos por el sudor.

49:05 Ella no se acercó, solo se detuvo y giró la cabeza lentamente, como si me viera. Aunque no tenía rostro. Desperté al amanecer tirado junto al puesto de vigilancia. Tenía Tierra en las botas, pero no recordaba haber caminado. Mi espalda estaba arañada, como si hubiera cruzado ramas y espinas, nadie supo explicarlo. Esa mañana se ordenó la retirada del operativo. El informe oficial mencionó fallas logísticas y condiciones climatológicas adversas. Nadie mencionó a la mujer desde entonces. Cada vez que escucho música de cuna me detengo cada vez que el viento sopla en medio de la niebla.

49:52 Pienso que puede volver a buscarme porque una vez que ella te ve no se olvida de ti y tarde o temprano volverás a estar solo en medio de la montaña cuando la canción suene de nuevo. La ladera de la Sierra, basado en la anécdota real del ex militar Víctor Arizmendi. Me llamo Víctor Arizmendi, Serví en el ejército mexicano por más de 15 años. Lo que voy a contar sucedió en el año 2007, durante una operación de reconocimiento en la sierra de Zongolica, Veracruz. Aquel despliegue estaba.

50:40 Enfocado en recuperar el control de varias brechas. Utilizadas por grupos armados. Pero no fue un enfrentamiento lo que nos marcó a los que estuvimos ahí fue otra cosa, algo que no se puede explicar con lógica aníbalística. Éramos 9 hombres, todos con experiencia, acostumbrados a trabajar en terreno hostil. Instalamos un campamento temporal en un claro entre los cerros, en una zona alta y húmeda. Donde apenas llegaba la señal de radio, a unos metros, el bosque se cerraba con tal densidad que ni la luz entraba del todo. No había pueblos cercanos, sólo brechas abandonadas, algunas ruinas de casas viejas y la presencia casi invisible de comunidades que preferían mantenerse lejos de cualquier autoridad.

51:36 Durante los primeros días todo fue rutinario, patrullajes. Vigilancia por turnos, exploración de senderos, nada fuera de lo común hasta que uno de los nuestros, el cabo Esteban, empezó a actuar extraño. Era un tipo reservado, disciplinado, de esos que rara vez se salían del protocolo, pero empezó a tener episodios extraños. Lo encontrábamos despierto a medianoche, con la mirada clavada hacia el bosque. Decía que escuchaba a alguien llamarlo desde la maleza. Al principio pensamos que era el estrés o el insomnio, pero su comportamiento se volvió más errático.

52:21 Dejó de comer bien. Se despertaba sobresaltado diciendo que una mujer lo observaba desde los árboles. Decía que tenía los ojos completamente negros y que sonreía sin mover la boca. Nadie lo tomaba en serio. En la sierra hay alimañas, hay sombras y uno puede ver cosas que no están. Pero todo cambió cuando nos tocó hacer patrullaje nocturno por parejas. Esa noche me tocó con Esteban. Salimos con linternas de mano y recorrimos el sendero que bordeaba la ladera al norte del campamento. Estábamos a medio camino.

53:02 Cuando Esteban se detuvo, dijo que escuchaba pasos detrás de nosotros. Me giré con la lámpara encendida, pero no vi nada. Pensé que quería regresar. Le dije que continuáramos que no había nada, pero él se quedó mirando un punto fijo entre los árboles. Me dijo que ella estaba ahí, apunté con la linterna y por un instante vi algo. No sé cómo describirlo, no fue una persona, era una figura erguida, envuelta en lo que parecía un rebozo o una tela raída. No se movía, no hacía ruido, sólo estaba parada a unos 15 m de nosotros. Entre los troncos, Esteban comenzó a rezar en voz Baja, la linterna parpadeó, el viento se detuvo, todo el monte se quedó mudo en 1 segundo, la figura desapareció sin hacer ningún sonido.

53:59 Regresamos al campamento en completo silencio esa noche Esteban no durmió. Al día siguiente pidió ser retirado de la operación. El sargento no acepto, pero ordenó que se quedara en el campamento. A partir de entonces, las cosas empezaron a deteriorarse. Uno de los soldados comenzó a escuchar golpes en la pared de su tienda mientras dormía. Otro amaneció con los pies cubiertos de Tierra, como si hubiera estado caminando descalzo durante la noche. Uno más dijo que escuchó voces que lo llamaban por su nombre desde el fondo del Arroyo.

54:40 Nadie quería admitirlo, pero todos estábamos alterados. La atención era constante, las brújulas fallaban, las radios emitían voces que no pertenecían a ninguno de nosotros, como si alguien hablará en un idioma antiguo a través del canal. La madrugada del séptimo día, Esteban desapareció. Su fusil estaba apoyado contra la lona, su cama intacta, pero él no estaba en ninguna parte. Lo buscamos por toda la zona o ellas. Había muchas, pero ninguna clara, solo una secuencia de pasos que terminaban en la nada.

55:22 Justo en la orilla del monte, frente a una ladera escarpada durante la búsqueda, encontramos un trozo de tela negra atrapado entre 2 ramas. No era parte de su uniforme, era de otro tipo de tejido, parecía más bien una prenda tradicional, pero vieja, casi podrida. La llevamos de regreso al campamento. Nadie quiso tocarla después de eso. Esa noche el silencio se volvió opresivo, el viento desapareció, el bosque se cerró sobre nosotros como un pozo sin fondo. Yo estaba de guardia junto a otro compañero, Cárdenas. Cuando vimos la figura de Esteban a unos metros del campamento, estaba de pie, inmóvil, con los brazos colgando y la cabeza inclinada.

56:14 Corrimos hacia el, pero cuando nos acercamos no había nadie. El pasto estaba aplastado, como si alguien hubiera estado parado ahí por horas. En el aire flotaba un olor a Tierra mojada, carne rancia y humo que nos revolvió el estómago. A la mañana siguiente, cárdenas Amaneció con fiebre. Decía que ella se le había metido en el pecho, que le susurraba, que todos debíamos irnos, que ese lugar no era nuestro. Su temperatura subió hasta los 40°, su piel se llenó de manchas. Lo evacuaron esa misma tarde.

56:55 Antes de irse, me tomó del brazo y me dijo algo que nunca he olvidado. Dijo que la mujer de ojos negros. No era un fantasma que era algo más antiguo, algo que siempre ha vivido en la montaña esperando que los hombres se acerquen demasiado. A los 10 días de iniciar la operación, el campamento fue cerrado, se ordenó la reubicación del personal y se suspendió el Patrullaje en ese sector por inestabilidad geográfica y riesgo biológico no identificado. Esteban nunca apareció en el informe oficial, se registró como desaparición en zona montañosa.

57:40 A ninguno de los que estuvimos allí se nos permitió declarar públicamente. A mí me reubicaron en otra región. 2 semanas después han pasado más de 15 años, aún sirvo, pero jamás he vuelto a patrullar esa sierra. Hay cosas en este país que no se dicen, cosas que viven entre el musgo. Los troncos huecos y las cuevas cubiertas de silencio. A veces sueño con Esteban parado entre los árboles, mirando hacia mí con esa expresión perdida. Otras veces lo escucho por la radio. Cuando estoy solo de guardia, dice mi nombre, como lo hacía en la madrugada, cuando me despertaba para el cambio de turno. Y yo no respondo porque sé que si le respondo, voy a verlo otra vez.

58:34 La sierra de Oaxaca, basada en una anécdota real, escrita y adaptada por Ramiro Contreras, muy buenas noches, Inframundo, gracias por recibir mi historia y saludos a toda la Comunidad. Allá por 1970 fui elemento militar. Aunque la verdad en ese tiempo no era tan peligroso como lo es ahora, sí me tocó pasar por situaciones difíciles que requerían de mucho valor, así como de adiestramiento. Pero hubo otras de ámbito paranormal que me obligaban a ser fuerte espiritualmente. Es una de ellas.

59:20 La más extraña es la que me hace escribir mi historia. Esto me sucedió en la Sierra de Oaxaca. Formando parte de un grupo especial, hacíamos recorridos nocturnos por toda la orilla de la Sierra, buscando sembradíos de plantas ilegales, a pesar de ser. Parte de nuestro. Día a día siempre íbamos atentos para no caer en alguna emboscada de civiles armados que también se encargaban de patrullar por ese sector. Ya en otras ocasiones me había tocado tener encuentros con esa gente. Que a pesar que el resultado siempre era favorable para nosotros, si nos tocaba sufrir algunas bajas porque esas personas eran muy aguerridas.

1:00:08 Además de eso, sabían poner peligrosas emboscadas. ¿Estaba consciente de eso? Por lo mismo, siempre me encomendaba Dios. Porque uno nunca sabía si iba a regresar con vida después de una misión. A pesar de tantas bajas, sobre todo en el bando de los delincuentes, la siembra de substancias no se detenía, por lo mismo era de patrullar esos lugares solitarios cada 3 o cuatro meses, muchas veces destruíamos plantíos. Otras llegábamos tarde y el veneno ya estaba en las calles.

1:00:51 Recuerdo esa noche como si fuera ayer. Llegamos a un rancho escondido en medio de los plantíos que se encontraban allí. Todo estaba en penumbras. El silencio era tan marcado que nos decía qué lugar se encontraba abandonado. Aún así actuamos con cautela. Porque uno nunca sabe lo que se esconde entre la oscuridad del inmenso monte, protegidos entre las sombras, nos estacionamos de manera estratégica. Después de unos segundos nos bajamos a revisar todo el perímetro. Luego de investigar, entramos al terreno apuntando con nuestras armas. No había señal de vida.

1:01:34 La mitad del grupo llegamos a la casa y nos metimos. El silencio en verdad que era inquietante. Algunos compañeros comenzaron a buscar en el interior. Los demás nos seguimos de largo, salimos para revisar el patio con el dedo en el gatillo, se movía mi arma a donde iba mi vista, caminaba con cuidado para no hacer notar mi presencia. Los primeros metros pronto se volvieron tensos al encontrar algunos cadáveres. Regados por la Tierra con más cuidado, revisamos todo el rancho. En total, 12 personas habían sido privadas de su vida.

1:02:17 Al parecer no tenían más que unas cuantas horas de muertos por orden del sargento. Todos los cuerpos se metieron a la casa y se colocaron en un solo cuarto, pero lo extraño era que ninguno presentaba heridas. Al menos no graves que pudieran ser las causantes de su muerte. Al revisarlos ya con más detenimiento. Los cuerpos, en su gran mayoría, tenían una expresión de terror en su rostro. Por eso no faltó quien asegurara que esos hombres habían muerto de un infarto, tal vez a causa de un tremendo susto, estando conscientes de que eso no era normal.

1:03:02 Se volvió a hacer otra inspección por todo el rancho, pero no se encontró ningún rastro de violencia. No había huellas de hombres ni de animales. Todos tenían armas, pero no las habían accionado. No faltó el elemento que dijo que seguramente habían visto a un fantasma o algo todavía peor, al mismísimo diablo y por eso habían sufrido una muerte súbita. El sargento, algo molesto, nos pidió que no se dijeran tonterías. En un tercer recorrido, que ya se abarcó más terreno, algunos 50 M entre los sembradíos, un soldado encontró un altar bastante extraño.

1:03:49 Estaba bien escondido entre todas aquellas plantas. En este, la figura principal era un horrendo demonio de color negro. Lo terrible de esta figura era que presentaba al diablo comiéndose a una persona. Cuando nos llamaron para que fuéramos a ver, no pude dejar de sentir un extraño escalofrío aún siendo militar y estar acostumbrado a mirar muchas cosas de verdad difíciles. Esto era espeluznante. El demonio era un poco más alto que del tamaño de una persona. Era corpulento y.

1:04:30 Se encontraba sin ropa. La escena era grotesca, tanto fue así que algunos se persignaron, otros mejor se retiraron para no seguir mirando aquello tan siniestro. En ese extraño altar había muchas veladoras ya quemadas, además de cosas que de verdad eran horribles, cueros, cabelludos, orejas, dedos, ojos y muchas otras partes que. Prefiero emitir para no herir la sensibilidad de las personas. Era evidente que ahí se hacían sacrificios dedicados a esa horrenda figura que parecía de piedra sólida, un soldado que dijo conocer algo al respecto. Nos comentó que al parecer a los hombres que encontramos muertos, ese demonio se les había presentado y había sido tan espantoso que ninguno lo pudo soportar. Lo inquietante de todo era que no era cualquier demonio. Era un necrófago, un espantoso ser que se alimenta de cadáveres.

1:05:43 Todos nos observamos incrédulos cuando nos dijo que esas personas, más que ser simples restos humanos, podrían ser la comida del demonio, el cual de un momento a otro podría parecer declamando Asus presas. Para todos. Sonó horrible, pero el sargento sonrió mientras decía que. Esos eran cuentos y sin mencionar otra teoría más lógica, nos ordenó destruir el planteo. El plan era que ahí pasaríamos la noche haciéndolo. Ya por la mañana se haría el reporte para que otra patrulla se encargara de recoger los cuerpos encontrados y destruir dicho altar. Mientras tanto nosotros seguiríamos en nuestra misión, comenzamos con nuestra labor.

1:06:35 A cortar la hierba y hacer grandes montones para después prenderles fuego. Mientras la mayoría se ocupaba de eso, a mí junto a otros 2 soldados nos tocó hacer guardia para evitar ser sorprendidos. Ya nos había sucedido en otras ocasiones, a pesar de que habíamos encontrado que todo transcurría con normalidad. No había pasado ni 1 hora cuando, mientras vigilaba, alcancé a ver que una sombra bastante grande se escondía entre las plantas más altas. No de la. Alarma porque no estaba totalmente seguro de lo que había visto, pero no le quité la vista de encima a ese lugar. Segundos después, mire a una sombra más que pasó deprisa a ocultarse pensando que.

1:07:25 Algunos hombres intentaban sorprendernos. Les hice una seña a mis compañeros para que me apoyarán. Al revisar todo el lugar de arriba abajo no había nadie, revisamos un buen tramo y nada. Uno de mis compañeros aseguró haber visto a lo lejos que alguien había salido de la casa de prisa. Fuimos a investigar, pero tampoco había nada. Luego nos dimos cuenta de algo por demás extraño. Uno de los cadáveres había desaparecido. Los contamos en más de una ocasión para estar seguros. Algunos nos encontramos nerviosos pensando que ese hombre se había levantado aún sin vida. Le informamos al sargento, quien todavía se mostraba incrédulo. Nos reunió a todos para que buscáramos el cuerpo faltante. Con malas palabras, no escrito que tenía que aparecer. ¿A dónde se podía ir un cadáver?

1:08:27 La verdad era que él no creía en esas posibilidades paranormales. Nos aseguró que ese hombre no estaba muerto, solo inconsciente, y no se había revisado bien. Pero buscamos en todos los alrededores. No había huellas de que hubieran arrastrado el cuerpo. Ni siquiera había pisadas ni nada. El mismo compañero que nos había dicho la clase de demonio que era nos dio la posibilidad de que ese demonio ya se lo había comido. Por eso no había rastro del cuerpo. Nos volvió a decir que ese era un demonio diferente. No se llevaba las almas al infierno, ni siquiera se alimentaba de ellas.

1:09:16 Él solo comía carne humana, preferentemente de víctimas en el mismo Estado. Era un carroñero o un devorador insaciable que nadie lo podía detener. Al escuchar eso, algunos nos persignamos de nueva cuenta. Les dije de las sombras que había visto. Pero esas sombras parecían ser de nadie porque no había huellas. Además, nadie más las había visto. Nos aseguró que ese demonio era engañador. Por lo mismo, tendríamos que tener mucho cuidado. Tal vez las sombras habían sido solo una distracción. Cuando regresamos de nuevo a la casa, como si fuera una broma pesada, faltaba a otro cuerpo.

1:10:11 Entonces el sargento ya se puso serio. Nos ordenó recorrer todo el plantío y disparar a cualquier persona o sombra que viéramos el ambiente. Ahora sí, estaba muy pesado por protección. Nos fuimos de 2 en 2 tratando de mirar o de escuchar algo. Caminábamos en tensión entre la oscuridad, pero todo estaba en calma. Pasó 1 hora porque esos terrenos eran grandes. Antes de regresar a la casa para pasar nuestro reporte negativo, miramos como las plantas se movían. Alguien había pasado corriendo a un costado nuestro. Decidimos ir tras él, pero de pronto todo se quedó quieto. Preguntamos quién era, pero.

1:11:01 No obtuvimos ninguna respuesta. Siguiendo el mismo rumbo, nos llevó hasta el altar del demonio para nuestra sorpresa. Ahí se encontraban tiradas partes de los cuerpos que habían desaparecido. Revisamos el área, pero no encontramos huellas extrañas. Otra cosa extraña era que la figura de ese demonio se encontraba salpicada de sangre, como si él mismo hubiera arrastrado los cuerpos hasta ahí, para luego destazarlos con sus manos. Sigilosamente, nos regresamos a la casa para comunicar lo que habíamos descubierto. Mi compañero quería convencerme de que tal vez. Algunos lugareños trataban de asustarnos moviendo los cuerpos para que nos fuéramos de ahí y dejáramos sus cultivos en paz. Eso tenía algo de lógica, pero había algo siniestro en el ambiente que no dejaba de inquietarme una sensación macabra que nunca antes había sentido. Cuando estuvimos ante el sargento le dijimos que los cuerpos que buscábamos se encontraban en el altar. Sorprendidos por la situación, os ordenó destruir esa extraña figura del diablo para terminar de una vez por todas, con esas absurdas creencias salimos decididos a acatar las ordenes. Aunque no sabíamos qué tan

1:12:35 difícil sería destruirla porque no teníamos idea de qué material era al llegar al altar, que se encontraba a unos 50 M. De ahí todo parecía más oscuro. Con sorpresa nos dimos cuenta de que había pasado otra cosa. Por demás extraña. Aquella figura del demonio ya no estaba. Corrimos a decirle a los demás, pero todavía no regresaban de aquella búsqueda. Los que estaban nos acompañaron para comprobar lo que les decíamos el sargento al ver que el altar se encontraba vacío. Muy molesto, comentó que si era una broma, castigaría al responsable.

1:13:20 Buscamos esa figura por los alrededores, no era posible que se la hubieran llevado tan fácilmente porque si era de piedra seguramente era muy pesada, pero no se encontraban rastros por ninguna parte. Anduvimos de regreso por el camino nos encontramos al resto del Grupo quien nos informaron que en la casa faltaban 2 cadáveres más. Nos esparcimos de nuevo alrededor del rancho buscando alguna pista, pero no se encontró nada. Minutos más tarde nos reunimos todos para que cada quién dijera lo que pensaba del caso. Se dijeron muchas cosas.

1:14:05 Algunos fuera de la realidad. La más inquietante fue escuchar que ese demonio en realidad estaba vivo. Seguramente él era el cruzante de las desapariciones de los cuerpos y al parecer andaba suelto por ahí. Otra cosa que era para causar escalofríos fue escuchar que cuando ese ser acabara de comerse todos los cadáveres, seguramente seguiría con nosotros. De ser así, todos corríamos el riesgo de ser devorados esa misma noche. Lo peor era que de los 12 cuerpos ya solo quedaban 8. Por lo menos.

1:14:45 Yo sentía que se trataba de un caso de sobrevivencia. Cualquier descuido podría significar caer en las garras de ese peligroso demonio, y contra eso nada se podía hacer. Recuerdo que éramos 20 elementos. No nos íbamos a dejar atemorizar por una cosa, así que para algunos parecía sólo un cuento de terror. Se dio la. Orden de que cuatro soldados cuidaran los cuerpos para evitar que se los robaran, 6 se ocultarían en lugares estratégicos, mientras los otros 10 yo entre ellos seguíamos destruyendo el plantío para poder terminar con esa misión. Y retirarnos al amanecer, mientras cortábamos toda aquella planta, volteaba nervioso para todos lados. De pronto me sentí mareado.

1:15:39 Supuse que era por el efecto, por estar en contacto con la hierba de rato. Tal vez comencé a alucinar porque miraba por demás extrañas que salían debajo de la Tierra para meterse dentro de mis compañeros. Lentamente solté el machete que traía y empuñe mi arma, porque aquellos soldados frente a mis narices se comenzaron a transformar en horribles criaturas oscuras que no dejaban de mirarme. Le apunté a una y luego a otra. A las que se encontraban más cerca, con voces distorsionadas, me preguntaban qué me pasaba. Estuve a punto de dispararles porque me di cuenta que me habían rodeado.

1:16:28 Antes de que lo hiciera, me agarraron entre varios. Grité espantado, pensando que había llegado mi fin. Mientras tanto, esas horribles me arrastraban entre las plantas, forceje con todas mis fuerzas. Sentía sus uñas picudas cortando mi piel. La desesperación me estaba ahogando. Recuerdo que grité con todas mis fuerzas hasta que sentí que me golpearon. Después de unos segundos reaccioné. Mis compañeros habían dejado de ser aquellas horribles sombras. Me latía tan fuerte el corazón que parecía que. Estaba a punto de morir de un infarto esperando lo peor. Me puse a rezar cuando me sentí un poco mejor. Me imaginé que una cosa así les había pasado a los hombres que encontramos sin vida.

1:17:28 Poco a poco íbamos formando el rompecabezas de lo que había sucedido en ese lugar. Un soldado me acompañó a la Casa para que me repusiera del todo. Cuando llegamos había un alboroto porque otro cadáver se había desaparecido sin que nadie se diera cuenta. Como los demás, no había rastro de él, aunque ya no teníamos duda de quién era el responsable. ¿Alguien revisó su reloj? Todavía faltaban como 3 horas para el amanecer. Eso parecía un siglo sabiendo que ese demonio. Nos andaba rondando cada vez con más cercanía.

1:18:12 Le sugerimos al sargento que nos retiráramos y regresáramos por la mañana, pero obviamente no acepto. Dio la orden de que todos acabaríamos con el plantío si ese demonio se comía todos los cadáveres. Mientras tanto ni modo. Al fin de cuentas, todavía no se pasaba el reporte al mando superior. Como nunca trabajamos deprisa todos. Hasta el sargento arrancábamos plantas a 2 manos sin preocuparnos de que algún grupo armado nos fuera a caer de sorpresa. No les dábamos mayor importancia, no podían ser más peligrosos que ese diablo hambriento, como a las 4:30 de la madrugada encendimos la lumbre. Con las grandes lumbreras se iluminó todo el lugar. El no estar en medio de la oscuridad nos ayudó para agarrar confianza.

1:19:12 Por eso entre todos fuimos a quemar el último pedazo que nos faltaba. Era ahí donde estaba ese siniestro altar. Nada más. Al aproximarnos se podía sentir una vibra negativa. Por lo menos yo miraba sombras que corrían para todas partes. Como queriendo distraernos, pero como nadie más las veía, llegamos hasta ahí de nueva cuenta. En el altar había restos humanos que antes no estaban. Además, se sentía una presencia, como si muchos hombres nos estuvieran vigilando, ocultos entre la tenebrosa oscuridad.

1:19:55 El sargento nos gritó que nos apuráramos. Comenzamos a cortar las plantas de prisa mientras lo hacíamos. A alguien se le ocurrió ir a la casa solo para descubrir que todos los cuerpos habían desaparecido. Corrió a darnos la noticia creyendo que ahora ese demonio arremetería contra nosotros. Dejamos de arrancar plantas mientras cuatro elementos incendiaban el lugar, todos los demás apuntábamos hacia todas partes. Me acuerdo que sudaba copiosamente, no sólo por la temperatura, que obviamente se había elevado.

1:20:38 También lo hacía de los nervios que me invadían. Al saber que de un momento a otro ese demonio se nos podía aparecer y cualquiera de nosotros podría morir. Cuando por fin lograron encender la lumbre, apareció ese demonio arriba del altar, movía los ojos de prisa para mirarnos a todos. Ya no había dudas de que estaba vivo. Antes de que alguien corriera, se escuchó la orden de dispararle y se escucharon muchas detonaciones. De pronto e inexplicablemente, el fuego se apagó y todo se sumió en una profunda oscuridad. Así, de repente fue como quedarnos ciegos. Hacíamos esfuerzos para pronto acostumbrarnos a la oscuridad. Con miedo y todo se volvió a encender la lumbre. Entonces ese demonio ya no estaba aún siendo militares. Ya teníamos mucho miedo y a la mayoría se nos notaba. Por eso fuimos retrocediendo poco a poco hasta cruzar todo el terreno.

1:21:51 Al llegar a las camionetas nos dimos cuenta que faltaba uno de nuestros compañeros. Seguramente había corrido por el susto. El sargento dio la orden que nadie quería escuchar. Regresaríamos a buscar a ese soldado. Todos estuvimos de acuerdo. Sin pensarlo 2 veces entramos a ese campo humeante. Algunos de los montones de hierba aún seguían encendidos. Además del miedo, teníamos que soportar ese olor que había. La verdad, apestaba horrible. Parecía que lo que estábamos quemando eran cadáveres. Nos dispersamos para cubrir toda el área. El humo ardía horrible en los ojos y obstruía casi toda la visibilidad.

1:22:45 Aún así, camine por el medio del destruido plantío. Le hablaba al soldado faltante, pero no tenía una respuesta. Lentamente se iban pasando los minutos, alguien gritó que lo había encontrado y me encaminé hacia allá. Por desgracia, el compañero ya se encontraba sin vida, al igual que los 12 cadáveres. No tenía signos de violencia ni heridas, pero si una terrorífica expresión en su cara que nos decía que había visto de frente al mismo demonio. A los pocos minutos ya nos encontrábamos todos reunidos alrededor. No podíamos dejarlo.

1:23:29 Ahí levantamos el cuerpo, que por cierto, parecía estar seco. Se encontraba tieso, como si ya llevara horas de haber fallecido. Lo trasladamos hasta el vehículo y salimos de ese maldito lugar a toda prisa. No puedo explicar cómo, pero a pesar de la velocidad en la que se conducía, yo sentía que ese demonio venía detrás de nosotros. Cuando lo comenté, otros soldados también sentían lo mismo. Parecía que venía siguiendo el olor del cadáver de nuestro amigo. Tal vez nos seguiría hasta donde fuéramos. En el vehículo donde yo iba, un soldado comenzó a comportarse de manera extraña, nos desconoció a todos e intentó agredirnos, así como me había sucedido a mí lo inmovilizamos porque intentaba sacar su arma, pero sabíamos que eso sucedía porque el demonio aquel estaba por alcanzarnos la camioneta donde viajaba el sargento.

1:24:38 Era donde iba el cuerpo. De pronto se frenó y todos los demás vehículos también lo hicieron. Supimos que a otro soldado le había pasado igual. También gritaba horriblemente que miraba sombras que querían llevárselo para que ese demonio dejará de acosarnos. El sargento tomó la difícil decisión de bajar los restos del compañero muerto. En ese momento era la única opción que teníamos. Se dejó el cuerpo en la orilla de la brecha que llevábamos y seguimos adelante. Era una presa de ese demonio y la quería.

1:25:21 Cuando por fin amaneció, nos detuvimos para tomar un poco de agua y calmarnos. Los soldados que viajaban en el vehículo al final de la caravana aseguraron haber visto que ese demonio llegó hasta donde se encontraba el cuerpo de nuestro compañero muerto y se lo habían llevado arrastrado. Después de eso, todo se volvió más tranquilo. Luego de recorrer muchos kilómetros, llegamos al cuartel más cercano. Ahí nos atendieron y el sargento entró solo a dar su versión de los hechos. Como en la mayoría de los casos se ocultó la verdad en el reporte, seguramente nuestro compañero se reportó baja como resultado de una emboscada de civiles armados.

1:26:10 A nosotros se nos prohibió hablar de lo que habíamos visto esa noche por muchos años tuve que callarme esta historia. Me imagino que al igual que mis compañeros de esa misión, porque nunca he sabido que alguien más la cuente, la sierra esconde cosas tan atroces como esa, que son consecuencia de la ignorancia de las personas que por tener poder y dinero desatan fuerzas oscuras y perversas que después no se pueden controlar. Muchas gracias por escucharme. Almas en el cuartel basado en la anécdota compartida por el militar yaciel macías, apenas me uní a las filas del ejército, me asignaron a un cuartel militar que se encontraba en un lugar remoto desde el primer día, el ambiente del cuartel. Me resultó extraño todo el sitio. Se sentía como si una presencia invisible no se estuviera observando.

1:27:24 Al principio pensé que era solo mi imaginación, pero pronto comencé a darme cuenta de que no estaba solo en mis percepciones. Me presento ante todos ustedes, querida comunidad de Inframundo. Mi nombre es Yaciel Macías. Soy militar. Desde el año 2016 las noches eran particularmente extrañas a Menudo, mientras intentaba conciliar el sueño, escuchaba como que me hablaban. Susurros y pasos que. Resonaban en los pasillos vacíos, me decían que era el viento, que los viejos edificios.

1:28:11 Siempre producían sonidos extraños, pero esos ruidos tenían una matiz perturbadora, algo que ninguno de nosotros podíamos ignorar. No tenía ni el mes cuando empecé a notar que no era el único que percibía estas cosas. Los otros cadetes también mostraban signos de intranquilidad, sus rostros pálidos. Y las ojeras profundas se volvieron comunes. Entre nosotros había algo en ese lugar que nos mantenía en constante estado de alerta, algo que ninguno de nosotros se atrevía a mencionar abiertamente.

1:28:57 Una noche, mientras hacía la Guardia, Vi una figura oscura en el extremo del pasillo. Parecía un hombre. Pero su contorno era borroso y se desvanecía en la penumbra. Su uniforme no era de estos tiempos. Eso lo pude notar. Mi corazón latía con fuerza mientras me acercaba, pero antes de que pudiera llegar. La. Figura desapareció sin dejar astro. Informé a mis superiores sobre lo que había visto, pero sólo recibí miradas de escepticismo. Y una reprimenda por dejar que mi imaginación me jugara malas pasadas. Sin embargo, el espectro no dejó de aparecer. A veces lo veía desde el rabillo del ojo, siempre en los lugares más oscuros y solitarios del cuartel. Cuando sentía su presencia.

1:29:55 El frío era asfixiante cuando estaba cerca. Los otros cadetes también comenzaron a tener experiencias militares. Algunos hablaron de voces que los llamaban por su nombre, otros mencionaron la sensación de ser observados mientras dormían, pero al parecer el que se hacía presente no era el único en el cuartel porque los demás daban distintas descripciones. Hasta los que estaban en la cocina describían a otra alma en pena. Era evidente que algo sobrenatural estaba ocurriendo o el cuartel estaba embrujado, como lo dijo en una ocasión el sargento Ramírez, pero nuestros superiores se negaban a reconocerlo.

1:30:44 Nos dijeron que eran simples alucinaciones, resultado del estrés y la falta de sueño, pero nosotros sabíamos la verdad, aunque nunca la mencionáramos en voz alta. A 2 de los cadetes los castigaron por decir que había fantasmas. Los mandaron a limpiar el cuartel a diario, las habitaciones, caballerizas, etcétera. La situación se volvió insostenible cuando uno de los cadetes, un chico de apellido Martínez, sufrió un ataque de pánico durante una de las guardias nocturnas. Lo encontraron temblando en el suelo. Incapaz de articular una palabra coherente, más tarde en la enfermería, sólo pudo decir que había visto al espectro acercándose a él con los ojos llenos de odio y desesperación. A pesar de este incidente, continuaron negando la existencia de cualquier fenómeno sobrenatural. Nos dijeron que Martínez simplemente había sufrido una crisis nerviosa.

1:31:55 Y que debíamos mantener la calma y continuar con nuestros entrenamientos. ¿Si eso hacíamos siendo cadetes, qué otra cosa se podría esperar de nosotros? Pero esa alma en pena no nos daba tregua. Seguía apareciendo en los lugares más insospechados, siempre al borde de nuestra visión, siempre acompañado de esa sensación de frío y terror. Nos habíamos resignado a convivir con las presencias, aunque eso significara vivir en un Estado constante de temor. Una noche, mientras estaba de guardia, sentí una vez más esa presencia helada a mi alrededor.

1:32:39 Esta vez, sin embargo, no era una sola sensación. Lo vi claramente parado a unos metros de nosotros. Sus ojos vacíos me miraban fijamente. Llenos de un dolor insostenible, sentí que mis piernas se paralizaban y un sudor frío recorría mi espalda. Mi compañero me dijo que se estaba acercando lentamente y pude ver su rostro con más claridad. Era un hombre joven con el uniforme antiguo del ejército, pero su piel tenía un tono grisáceo. Y sus ojos parecían 2 pozos oscuros de desesperación.

1:33:23 Nos quedamos inmóviles, incapaz de movernos o gritar. El espectro extendió una mano hacia nosotros y en ese momento sentí un dolor agudo en el pecho, como si me estuvieran apretando el corazón con una garra que me atravesaba. Creí que iba a morir ahí mismo. Pero de repente escuché a mi compañero rezar y la figura se desvaneció, dejándome solo en la oscuridad. Tras esa noche, mi corazón comenzó a deteriorarse. Los demás cadetes también mostraban signos de desgaste físico y mental.

1:34:07 Algunos comenzaron a hablar de abandonar el cuartel, aunque sabíamos que no era una opción. Nos sentíamos atrapados en ese lugar. Fue hasta que en una de mis salidas fui a la iglesia y pedí agua bendita. Aparte, llevé un crucifijo para colocarlo debajo de mi almohada. Regresando de mi permiso, decidí investigar la historia del cuartel. Descubrí que décadas atrás un grupo de jóvenes soldados habían sido masacrados en ese mismo lugar. Sus cuerpos nunca fueron recuperados. Y sus espíritus habían quedado atrapados en el cuartel, condenados a vagar como almas en pena. El espectro que veíamos era uno de esos soldados, buscando quizás venganza o tal vez liberación. Con esta nueva información les conté a mis compañeros, le conté al sargento esperando que esta vez me escuchara, pero sus respuestas fueron las mismas de siempre. No había fantasmas, no había espectros, sólo éramos un grupo de cadetes.

1:35:22 Sugestionados por historias antiguas y el estrés del entrenamiento, robles se dio cuenta de mi crucifijo y el agua bendita. Me dijo que no nos permitirían tenerlo ahí. Me sentí nervioso y fue cuando me dijo que le permitiera los 2 objetos. Abrió el pequeño garrafón y comenzó a echarlo por todo el dormitorio. Fue cuando comenzaron a rezar y yo me uní con ellos. Colocamos el crucifijo en la entrada de manera que no se viera desde esa noche. Las apariciones en el dormitorio cesaron. Los pasos en el pasillo se iban de largo, ya no intentaban ingresar, desaparecieron. La atmósfera en el cuartel se volvió más liviana, pero aún así las apariciones de las almas en pena aún se sentían rondando. Mis compañeros y yo comenzamos a recuperar la salud y la tranquilidad, aunque el recuerdo de lo vivido realmente lo llevamos con nosotros.

1:36:31 Cuando alguno de mis compañeros tenía el permiso de salir, siempre llegaba con una botella de agua bendita. Otro con alguna hostia bendita, sin que se dieran cuenta y comenzábamos a traer objetos. Benditos. Creo que de no ser por ello, todos nos hubiéramos ido. Nunca volví a hablar del espectro con mis superiores ni los otros cadetes. Era un tema tabú ya para todos nosotros, pues uno de los compañeros comentó que. Hablar demasiado de las almas en pena era como atraerlas a nosotros. Hace ya 3 años que ese cuartel fue clausurado. Ya no preparan a futuros militares allí quizás alguno de los superiores tuvo un encuentro con aquellas almas en pena. Y de ser así, me da gusto, pues que haya tenido y sentido lo que nosotros vivimos en algún tiempo.