March 29, 2026

8 HISTORIAS de TERROR de IGLESIAS supuestamente RELIGIOSAS (Recopilación) Inframundo relatos

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Inframundo Relatos De Terror
8 HISTORIAS de TERROR de IGLESIAS supuestamente RELIGIOSAS (Recopilación) Inframundo relatos

Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.

🎧 Usa audífonos para una experiencia inmersiva.

Si tienes una historia real y deseas que aparezca en un episodio, envíala a: ⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠inframundorelatos@gmail.com⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠⁠


🔎 Temas de este episodio

  • Historias paranormales reales

  • Relatos de terror en México

  • Relatos de carretera

  • Relatos de traileros

  • Brujas reales en México

  • Terror narrado en primera persona

  • Relatos para no dormir

  • Misterio y sucesos inexplicables

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0:07 Querido espectador, asiduo, amante del horror, lo invito a tomar un sorbo de la taza de café que tiene en mano a acostarse en la penumbra de su habitación y a dejarse llevar por los ecos de lo inexplicable, las iglesias. Esos lugares de fe y recogimiento también han sido escenarios de sucesos que escapan a toda lógica. En esta recopilación escuchará los testimonios más oscuros ocurridos en templos, parroquias y caprichas, porque a veces lo más aterrador no habita en el infierno, sino detrás del altar.

0:49 Bienvenido a inframundos relatos. Hoy no vienes a rezar, vienes a recordar lo que nunca debió ser contado. Vía crucis, basado en la anécdota de José Elizalde, escrito y adaptado por la tenebrosa muy buenas noches Alejandro y a toda la Comunidad. Mi nombre es José de Jesús Elizalde. Soy de un pueblo en el estado de Michoacán, México, en el que crecí aquí. La fe no es solo una costumbre, sino una forma de no perderla. En cada Semana Santa, las calles polvorientas se transformaban en un escenario ceremonial donde los adultos y jóvenes participaban en la representación del viacrucis con fervorque para los hombres más jóvenes. Representar a nuestro señor Jesucristo es un honor. ¿Y por qué no?

1:56 Hasta gozas de cierta fama y respeto. Este año el honor de encarnar a Jesús había recaído en mi primo Juan Pablo. Él siempre había sido el centro de las miradas. Buen hijo, buen estudiante, piadoso, respetado el novio que toda madre desea para sus hijas. En cambio, yo era todo lo contrario. un año antes, la abuela había hablado con el sacerdote para que me dieran la oportunidad. En el viacrucis, con un poco de dinero, el cura le dijo que sí, pues mi abuela era de esas señoras que siempre aportaban a la iglesia.

2:42 No era porque Elena hacía ayudar, sino porque quería hacerse notar. Que dijeran que doña Verónica era un alma de Dios. Quizás al igual que ella, yo tenía el alma podrida. Me comencé a poner en forma para el siguiente año, me iba al monte a cargar leños, caminar por 2 horas diarias, descalzo en pleno sol, para así soportar el viacrucis. Pero cuando anunciaron que mi primo Juan Pablo sería Jesús. Una sensación difícil de describir comenzó a crecer. En mi sentí que la boca se me amargó. No se si era por celoso, porque el párroco se guardo el dinero de la abuela y puso a quien le vino en gana o porque mi tío pagó más para que su hijo se quedara con ese honor. Pero mi necesidad de demostrar que yo también podía brillar. Incluso si debía forzar la puerta en lugar de tocarla. Así que sin que nadie se enterara y sea trampa, aproveché un descuido de su parte y comencé a sembrar dudas sobre su salud.

4:00 Hablé en voz baja con quienes organizaban la procesión, como mi abuela. Yo también convencí con astucia y al final fui yo quien apareció en el programa como el elegido. No fue justo, pero eso me iba a dar la popularidad que necesitaba. Además que le tuve que recordar al sacerdote el regalito que le había dado mi abuela. El viernes Santo llegó un cielo gris cargado de nubes, como todos los días de Semana Santa. Me vestí con la túnica blanca. Ajusté la corona de espinas sobre mi cabeza y cuando me entregaron la cruz de madera sentí un leve escalofrío que atribuía al clima a la emoción de representar a Jesús.

4:54 Ese día las calles estaban repletas por el murmullo habitual, la música y la algarabía. Pero había algo en los rostros de la gente que me ponía nervioso, aunque no lograba identificar que era. Comencé a caminar descalzo, sintiendo cada piedrecilla clavarse en la planta de mis pies. Al principio todo iba como se esperaba. Avanzaba entre estaciones cargando el peso, que no era solo de madera. No había avanzado mucho cuando mis hombros ya me dolían, pero eso era parte de la representación. Los demás participantes también seguían sus papeles, los soldados, los discípulos, los fariseos. Especialmente uno de ellos no lo recordaba de los ensayos. Era un chico alto.

5:54 En junto con una túnica gris que parecía haberse manchado con ceniza. Su mirada era tan penetrante que me obligaba a bajar los ojos. Fue el quien tomó el látigo, pero el primer golpe fue real. Les juro que me dolió todo el cuerpo, tanto que me hizo estremecer nuevamente. Otro el cuero cortó el aire y luego mi piel. Me estremecí, pensé que se había excedido. Miré hacia los organizadores buscando que detuvieran la escena, que cambiaran a mi verdugo o que le llamaran la atención, que no me debía golpearse.

6:39 Se suponía que debía darle a la madera, no a mi piel, pero nadie intervino. Me limité a seguir caminando otro golpe y esta vez grite. Ese chico ya no actuaba. Sentí cómo se abría la carne de mi espalda caliente y un dolor que me hizo arrepentirme por haber hecho trampa. Voltee hacia él para decirle que tuviera cuidado, que me estaba lastimando de verdad. Y lo que vi no puede explicarse sin que me tomen por un loco. Su rostro ya no era el de un joven. Sus facciones se habían estirado, alargado su boca sonreía una sonrisa de burla.

7:30 Sus ojos eran como 2 Carbones. Intenté hablar, decir que estaba herido de verdad, que esto debía detenerse, pero no salió palabra alguna, solo el latido frenético de mi corazón, que parecía que se me iba a salir por la boca. El resto del recorrido fue una condena. El suelo parecían brasas bajo mis Pies Descalzos. La gente parecía no ver a aquel ser que me daba los latigazos. Todos estaban haciendo oraciones, otros desviaban la mirada porque yo de verdad sangraba. Mis manos estaban cubiertas de heridas, la corona me perforaba el cráneo.

8:19 El peso de la cruz ya no era algo simbólico. Cada paso que daba sentía que las fuerzas en mis piernas me abandonaban. No podía dejar de mirar de reojo al hombre con el látigo, que nunca se alejaba demasiado, como si supiera exactamente cuándo tenía que volver a azotarme. La última estación me pareció eterna cuando caí de rodillas. Nadie vino a ayudarme. El cielo antes gris se había vuelto de un color que no sabía cómo describir. Fue en este punto que escuché Risas como si alguien se burlara de mí. Voltee a ver al joven, pero este ya tenía la apariencia del innombrable.

9:12 Comprendí entonces que aquello no era un simple viacrucis. Yo mismo había invocado este castigo. Nadie me obligó a hacer trampa. No era mi turno en ese viacrucis y ahora pagaba el precio. Estos días se respetan y no lo hice y estaba siendo castigado por mi soberbia. Me horroricé, pues estaba por llegar a lo que sería la crucifixión. Literalmente me oriné, pues si el señor de toda oscuridad era quien me golpeaba. Me esperaba lo peor. Caí de rodillas y ya no supe más de mí. Sólo veía siluetas oscuras que me rodeaban. No sabía si eran personas o demonios salidos del mismo infierno para llevarme con ellos. Cuando todo terminó, me dejaron allí tendido cubierto de sangre y Tierra, amarrado a la cruz, mientras los demás terminaban la representación del viacrucis.

10:16 Bajé la mirada y ahí estaba ese ser, riéndose de mí, con una sonrisa de satisfacción por haberme castigado desde esa experiencia. Ya ni siquiera asomo la nariz en Semana Santa. Me encierro en mi cuarto envuelto en mi propio miedo, por lo que yo mismo había desatado las heridas me arden de manera horrible. No me sanaron al 100%. De verdad que de repente me duelen. Déjenme decirles que si me recuerdan en el pueblo como el Jesús que tuvieron que cargar para que terminará el viacrucis a alguien no digno de haber representado a nuestro señor Jesucristo.

11:02 Fue un momento efímero, pero para mí. Fue el peor. Tormento de mi vida. El diablo tiene muchas formas de manifestarse y en estos días parece que goza atormentar al más la virgen de los Dolores, basado en la anécdota de Arat Orozco, adaptado por la tenebrosa buenas noches Inframundo, me presento mi nombre es Arat Orozco. En mi pueblo siempre se respira un aire extraño en Semana Santa, ya que desde los años de 1950 ese pueblo se había ganado una reputación algo perturbadora.

11:52 Entre los habitantes se hablaba poco de lo que había sucedido por muchos años. Parecía un pueblo fantasma, con casas viejas y casi vacías. Los pocos que ahí quedaban parecían. Haberse resignado a la soledad, pero ese año una caridad les trajo prosperidad. Mi abuelo decía que lo atractivo del pueblo había sido la iglesia ubicada en la plaza principal. Era el corazón del pueblo. Antigua y desgastada. Parecía resistirse al paso del tiempo su fachada, aunque sencilla y colonial.

12:34 Conservaba una belleza que hoy en día asemeja, como si el tiempo se hubiese detenido cada Semana Santa. El lugar revivía brevemente la tradición singular. Los demonios no crean que eran seres venidos del infierno, no eran 3 personas vestidas con trajes negros y máscaras de demonios recorrían por las calles pidiendo limosna. Nadie sabía quiénes eran, pues mi abuelo decía que era una penitencia impuesta por el sacerdote. Quizás estos hombres eran los más pecadores.

13:17 Era el año de 1963 y en aquel año mi abuelo era un niño de tan sólo 8 años que se adentró en la Iglesia antes de que todo comenzara. Antes de que los demonios salieran de la iglesia para pedir limosnas, como su madre era de las personas encargada de mantener limpio el templo, el jueves Santo se lo llevó con ella mientras preparaba lo que el sacerdote le había indicado. Pero mi abuelo, siendo un niño muy travieso, se la pasaba corriendo en la parroquia, pues para el ver todas esas imágenes cubiertas era algo novedoso.

13:59 Dentro de la Iglesia se encontraba una pequeña capilla, la cual se adecuaba para la Semana Santa, ya que en esa iglesia se veneraba a la Virgen de los Dolores. El templo aún estaba vacío y se dirigió a donde se encontraba la Virgen, pero para su sorpresa la escultura ya no se encontraba donde solía estar. Escuchó como si algo se estuviese arrastrando y fue cuando la vio. Era la imagen de la virgen, que se movía por sí sola arrastrándose por entre las bancas.

14:43 Se escuchaban gemidos de dolor de su boca surgían suplicas se dirigía al altar de la iglesia. Su madre, al escuchar aquello, entró al templo y se quedó quieta por la impresión. El abuelo siempre hacía una pausa y se aclaraba su voz, pero ésto se escuchaba, no con miedo, pero sí con tristeza y emociones que no sabría describir. La virgen de los Dolores le pedía ayuda. Quería que bajará a su hijo de la cruz. Se escuchaba como un eco. Su madre no podía mover sus piernas si se negaba.

15:24 En eso entraron los 3 hombres que se ponían las máscaras de demonios y ellos también vieron lo que el abuelo y su madre estaban presenciando. La madre del abuelo le pidió que bajaran el Cristo de la Cruz. Los hombres lo bajaron con sumo cuidado, como si el Cristo tuviese vida, y lo colocaron sobre el altar. Cuando voltearon a ver a la Virgen, ésta ya no se encontraba entre las bancas. Todos corrieron a la pequeña capilla y ahí estaba la imagen. En su sitio le contaron al sacerdote lo que había sucedido, pero el párroco no les creyó, ya que para él los hombres eran unos borrachos que alucinaban. El abuelo y su mamá no se ganaron una reprimenda. El sacerdote mandó nuevamente a colocar el Cristo en la cruz. A partir de esa noche de la Iglesia se escuchaba el llanto y gemidos de dolor.

16:28 Los pueblerinos se congregaron a las afueras del templo y los hombres contaron lo que la virgen de los Dolores había pedido. Obvio que algunos no creyeron. El sacerdote les dijo que esos hombres estaban locos y que la virgen no había pedido lo que ellos decían. Pero fue ahí cuando la madre del abuelo intervino y les contó lo que ella y su hijo habían presenciado, les pidió que lo bajaran de la cruz nuevamente y los llantos cesarían. El sacerdote se rehusaba, pero los creyentes entraron e hicieron lo que la virgen les pedía.

17:10 Los llantos y los gemidos no se escucharon y fue cuando las personas comenzaron a contar lo que la Virgen de los Dolores había pedido. Ese año muchas personas de los pueblos aledaños comenzaron a llegar a las festividades de Semana Santa a pedir milagros y bendiciones. Cabe aclarar que el sacerdote negaba rotundamente lo que había sucedido. Se les prohibió la entrada a los 3 hombres y a la madre del abuelo, pero el Sábado de Gloria el sacerdote falleció. Justamente donde está la Virgen, el Cristo está sobre una base que le construyeron sin su cruz, sólo la estatua acostada sobre las sábanas blancas.

17:59 Quiero comentar también que. Son más recordados los 3 hombres y la madre del abuelo por el acto que hicieron que aquel sacerdote, ya que ellos cuatro son los únicos que están sepultados dentro del sótano de la pequeña iglesia. Ya no hay penitencia de ponerse las máscaras de demonios en esos días lo hacen, pero con la consigna de que lo recaudado es para darle mantenimiento a la iglesia. Quizás mi historia no sea de terror, pero es algo sobrenatural que sucedió en una Semana Santa. Saludos y gracias por contar la historia de mi abuelo Julián.

18:45 Vacaciones de Semana Santa basado en la anécdota de Beatriz cuevas adaptado por la tenebrosa. Les voy a contar una experiencia que sucedió en Semana Santa. Cabe aclarar que a pesar de lo acontecido, sigo yendo a la iglesia en nada cambió mi fe. Mi nombre es Beatriz cuevas. Tengo 19 años y esto sucedió en el 2023. No hace mucho tiempo mis padres me enviaron a casa de la abuela en vacaciones de Semana Santa. Ya que por el exceso de trabajo no viajarían. Además, que aún estaba palpable lo de la pandemia. Me llevaron a la central de autobuses y me fui con la abuela Emilia.

19:40 Para ella era una tradición asistir a las celebraciones de la Iglesia del Pueblo desde niña. Esos días siempre me parecieron tranquilos, donde nada malo podría suceder. Me gustaba ir a ese recinto, pues el ambiente dentro de él era de paz y tranquilidad. Además que en la entrada de la iglesia se encuentran pilas de agua bendita a los lados de la puerta, también en la pila bautismal, siempre limpia y clara. Yo siempre sumergía mi mano y me la pasaba por la nuca. Esto para mí es un rito. Llegué antes de que oscureciera y pude apreciar que el pueblo ya se estaba preparando para la Semana Santa. La tarde estaba nublada y me alegró ver a mi abuelita. Esos días antes del jueves santo hicimos cruces de palma y esa tarde iríamos a la Iglesia.

20:43 El templo se me hizo diferente, no me lo tomen a mal, pero se veía corrompido. Oscuro, como si algo anduviera dentro de él, pero no bueno, sino malo. Le comenté a la abuela Emilia que todo se veía diferente. Ella solo me contestó que todo estaba igual. El viernes, muy temprano, comenzaron a sonar las campanadas para anunciar la misa. Desde que crucé la puerta del templo sentí algo extraño más que el día anterior, como si el aire estuviera diferente. Pesado, cargado de algo. No había agua en las pilas, estaban secas y la gente se acomodaba en las bancas, algunos con sus escapularios en las manos, otros haciendo la señal de la cruz. La abuela se persignó y yo, siguiendo su ejemplo, lo hice. También me coloqué a su lado intentando no pensar en la incomodidad que me acompañaba desde que habíamos entrado. Volteé a la pila bautismal y le dije a la abuela que en un momento regresaba, pero al acercarme para mojar la punta de los dedos y persignarme, me detuve. El agua estaba turbia, pero no sólo eso, estaba de color ennegrecido, espesa y despedía un olor que me revolvió el estómago, un aroma

22:15 descomposición. A algo que llevaba demasiado tiempo podrido. Al parecer nadie parecía notarlo. El sacerdote tomó el acetre y al Inclinarlo pude ver que el líquido dentro tenía el mismo aspecto repulsivo. El dolor se hizo más fuerte, tanto que algunas personas empezaron a toser y poner sus manos en la nariz discretamente. Con gesto solemne, sumergió el hisopo y comenzó a agitarlo esparciendo gotas entre los presentes. Cuando una de esas gotas cayó sobre mi brazo, sentí frío y el líquido era pegajoso.

22:59 Me limpié de inmediato, pero el olor permaneció impregnado en mi piel. El ambiente cambio. No sé cómo explicarlo, pero algo en el interior del templo se volvió más extraño. Las oraciones que antes se decían en voz alta empezaron a desvanecerse, quedando inconclusas, como si las palabras no pudieran salir bien de la boca. Intenté recitar el padre nuestro, pero me quedé en silencio a mitad de la frase, incapaz de seguir. Como si mis palabras se quedaran atoradas en mi garganta. El Rosario de la abuela se deshizo entre sus dedos. Vi que mi abuela bajaba la mirada y me tomó de la mano con fuerza.

23:52 Aunque no dijo nada. Comprendí que quería irse y la verdad, no me opuse. Nos levantamos y caminamos hacia la salida mientras. Algunos nos miraban como si nuestra prisa fuera una falta de respeto, pero no éramos las únicas. Varias personas empezaron a retirarse inquietas, como si hubieran llegado a la misma conclusión que nosotras y al salir respiré hondo, intentando alejar de mí ese olor fétido que parecía haberse metido en mi nariz y en mi cabeza. Miré hacia atrás y aunque no quería, sentí la necesidad de volver a ver la puerta del templo, que en ese momento pareció más lejana y extraña.

24:45 Mi abuela me llamó y me dijo que regresara. Cuando llegamos. Ninguna de las 2:00 parecía que quisiera hablar abiertamente de lo ocurrido. La abuela Emilia sólo me dijo que eso era una mala señal. Eran alrededor de las 11:00 de la mañana, llegaron 2 vecinas amigas de la abuela. Sus rostros estaban pálidos y comenzaron a contarnos que después de que nos fuimos, el sacerdote intento realizar oraciones para limpiar el lugar. Quiso bendecir el templo de nuevo, pero nada cambió, al contrario, dicen que al hacerlo empeoró todo.

25:27 Como si aquello que estaba y se aferrarara con más fuerza. Esa Semana Santa los feligreses hicieron oraciones, pero fuera de la iglesia nadie quería entrar en ella. El tiempo que estuve allí no lo abrieron. Cerraron las puertas y no hubo misas. Tuvimos que. ¿Bajar a otro pueblo? Yo regresé con mis padres, prometiéndole a la abuela regresar en las vacaciones de verano. Y así lo hice. En esas vacaciones me enteré del supuesto motivo por el cual la Iglesia presentó ese tipo de situación. Se decía que una mujer del pueblo, doña Teresa, solía frecuentar la iglesia más de lo normal, no porque fuera devota, sino porque dejaba cosas entre las imágenes. Amuletos, pequeñas bolsas con contenido desconocido, papeles doblados con signos raros.

26:31 Nadie lo había notado hasta que llegaron varios sacerdotes y a puertas cerradas buscaron el mal que se había presentado en Semana Santa, pues el sacerdote de la Iglesia se había enfermado. Su piel tenía llagas de las cuales supuraban líquidos como pus, agua sucia como aquel día. Decían que Teresa trabajaba para una mujer. Según algunos, pagaba bien para que esas cosas fueran escondidas entre las figuras de Santos y vírgenes. Nadie sabe desde cuándo, pero se aseguraba que llevaba años haciéndolo. La iglesia fue cerrada por un tiempo. El sacerdote jamás volvió a ser el mismo. Otros aseguraban que abandonó el pueblo sin despedirse y nadie quiso tomar su lugar, a pesar de que se viajó a la capital para pedir que les enviaran un sacerdote para oficiar misas y bautizar a los niños que habían nacido. Pero la respuesta fue que mejor se acercaran a los pueblos aledaños.

27:40 Fue hasta finales del año pasado que llegó un nuevo sacerdote. El padre es oriundo de ese pueblo, no le ha sucedido nada, así que espero que este año la Semana Santa sea muy diferente y que no suceda nada fuera de lo común. Y si acaso llega a suceder, se los compartiré. Muchas gracias por escucharme. El Cristo de la iglesia Baja en Semana Santa, basado en la anécdota de Gerardo Ibáñez.

28:22 Buenas noches Alejandro. Me gusta mucho tu canal y quiero compartir una de mis experiencias. Mi nombre es Gerardo Ibáñez. Lo que les voy a contar le sucedió a mi madre cuando ella tenía la edad de 16 años. Esto en el estado de Colima. Ahí se encuentra un pequeño pueblo. Disculpen si no les digo el nombre de este. Cada mes de abril, como dictan la tradición, sus habitantes se entregan con devoción a las celebraciones de Semana Santa. Para ellos son días de recogimiento, de renovación espiritual, en lo que se unra el sacrificio y la esperanza de redención.

29:07 Pero en 1968 algo diferente sucedió. No era algo visible, pero mi abuela decía que la mayoría de sus habitantes de esos años tuvieron la dicha o la desdicha de haberlo visto. Algo extraño sucedía por entre las calles y callejones. El miedo se reflejaba en las conversaciones y en las miradas. Antes de Semana Santa siempre era lo mismo. En tiendas, mercados, hogares y, sobre todo en las iglesias. La gente no hablaba de otra cosa. ¿De quién o quiénes tendrían la fortuna o mala fortuna de verlo? Mi madre y mi abuela vivieron ese año con particular ímpetu. Como siempre, participaron en todas las celebraciones religiosas.

30:02 Procurando cumplir con cada mandamiento. Pero incluso a veces la fe no basta para arrepentirse de los actos malos, los pensamientos pecaminosos de los que tanto hablaba el sacerdote. Verás, mi madre ese año no se portó nada bien desde hacía tiempo. Le ocultaba algo a mi madre y ella, al igual que los demás, deseaba no recibir esa visita que todos temían. Pasaron los días en la Iglesia desde jueves hasta el domingo de resurrección. La misa fue extendida con mayor asistencia de lo habitual. Al volver a casa.

30:45 Ya por la tarde, mi abuela le pidió a mi madre que limpiara y ordenara la casa, pues para ella el tener limpio y ordenado. Esta parte de la casa decía que la casa se sentía in tranquilidad. Mientras recogía los platos del día, mi madre salió a la calle. En ese tiempo había unos cuantos faroles y la Luna apenas y iluminaba el monte y sus alrededores. A unos cuantos pasos, entre la Casa y la calle comenzó a escuchar los ladridos de los perros. Algunos eran como si les doliera algo. A lo lejos se veía una silueta tambaleándose, como si le costara trabajo caminar.

31:31 Se quedó por un buen rato esperando que se acercara para verlo mejor. Quizás aquella persona necesitaba ayuda. A cierta distancia, la figura de un hombre caminaba con pasos muy lentos. Parecía avanzar con mucho esfuerzo, como si cargara algo que le impedía poder avanzar. Con la luz escasa. Podía verlo. Sintió un escalofrío al darse. Cuenta de quien se trataba. El hombre iba sin ropa que le cubriera el frío de esa noche. Sólo una tela cubriéndole un poco su desnudez. Estando más cerca, se dio cuenta de que le impedía avanzar sobre los hombros.

32:16 Cargaba una cruz y en su rostro se reflejaba el sufrimiento. Lo más desconcertante eran sus ojos, que brillaban con una luz a punto de extinguirse. Y sobre su cabeza se distinguía la corona de espinas. Al pasar por un lado de ella se dio cuenta de quién era que en verdad lo que tanto contaban las personas del pueblo no era una leyenda. Era el Cristo de la Iglesia que recorría las calles. Mi madre corrió de regreso a la casa, cerrando con fuerza la puerta tras de si se decía que los que tenían un gran pecado.

32:59 El último domingo de Semana Santa veían al Cristo para que confesaran sus faltas, sus pecados y se arrepintieran de ello. Asustada, regresó al interior de la casa gritando como una loca. Al verla a la abuela esperó tranquila hasta que mi madre se le pasara el susto. Ella le confesó que estaba embarazada. Mi abuela solo la abrazó y le dijo que ya lo sabía y la perdonaba. Para esos tiempos las personas lo veían como una ofensa, una gran falta y, por desgracia, las mujeres eran repudiadas y señaladas.

33:41 El ver al Cristo ese domingo no era algo malo, decía la abuela. Lo que sucede es que es tan grande y vergonzoso lo que hacen las personas que para muchos verlos. Puede llegar a ser que Dios no te perdone, pero mi madre me comentó que hasta en algo tan sagrado, el diablo se vale de ello para engañar a las personas. Hasta el día de hoy se sigue contando que cada domingo de resurrección el Cristo baja del altar de la iglesia para caminar por entre las calles del pueblo. Obviamente nadie va a contar que lo vio. Pues temen ser señalados.

34:31 La brujería del padre Carlos, historia de terror basada en hechos reales compartida por el señor Aytán Valencia escrita. Y adaptada por la tenebrosa. A veces uno tiene la creencia de que a un sacerdote o pastor no lo pueden dañar con la brujería, pero no es así. Nadie es inmune a este tipo de prácticas ni a la maldad de las personas. Buenas noches, comunidad. Mi nombre es Aidán Valencia.

35:14 Yo fui testigo de como un sacerdote fue víctima de la brujería. Actualmente tengo 63 años y uno de mis nietos me hizo el favor de escribir esta historia de mi pueblo en el Estado de Tabasco, México. En el pueblo se decía que se lo había merecido por pecador, otros sólo lamentaban lo que le había sucedido. Yo le pregunté a mi madre por qué le habían hecho eso. Ella solo me contestó que era un ser humano como nosotros y que también tenía pecados como todos. Esto que les contaré ya tiene muchos años que sucedió en un pueblo de mi Estado. Yo tenía la edad de 13 años, la Cía de Monaguillo, cuando había un cura en la pequeña parroquia del pueblo. Mi madre era la catequista en esos años, así que no me podía zafar de la eucaristía los domingos, así como tampoco cuando había eventos como bodas o funerales. En ese tiempo las personas eran muy religiosas. Y aunque una que otra señora era muy fanática, no hacían daño, pues siempre consideré a ese tipo de personas como muy pecadoras o porque de plano le tenían miedo de ir a parar a los retacados infiernos.

36:43 Mi madre daba el catecismo en la casa y mi hermana mayor Mercedes se estaba preparando para ayudar a nuestra madre. Yo deseaba ya no ser monaguillo. Y que otros del pueblo lo fueran, pero nadie quería ese tipo de obligaciones y me tenía que aguantar, pero como el padre ambrosio ya estaba bastante viejo y enfermo. Al pueblo llegó. Otro sacerdote, su nombre era Carlos. Algo tenía ese cura que se notó en los rostros de las personas que no eran de su total agrado. Yo pensé que era porque uno ya estaba acostumbrado al padre Ambrosio, quien ya estaba ahí desde antes de que yo naciera. Le teníamos cariño y lo respetábamos mucho. El día que falleció al pueblo llegaron muchas comunidades de los alrededores para darle su último adiós. Ni siquiera en las fiestas patronales se había concurrido tanta gente.

37:46 A partir de ese momento, las misas en la iglesia no tenían ese entusiasmo que el padre ambrosio transmitía en sus sermones. El nuevo sacerdote no tenía carisma para llegar Asus feligreses. Yo le dije a mi mamá que ya no iría a ayudar al cura, pues este siempre estaba de mal humor. 2 que 3 veces me llamó burro o me daba un jalón de orejas y a veces me acompañaba un coscorrón con un gran anillo que tenía. Ya ni mis padres me trataban de la forma que lo hacía ese cura. De poco en poco mis padres ya no me mandaron a la Iglesia para ayudar al párroco en las misas, pero hubo una ocasión en que se celebraría la boda de una de las jóvenes más respetadas en el pueblo.

38:38 Ella fue a la casa a pedirle a mi madre que me permitiera ayudar al Padre Carlos, pues este le comunicó que yo había dejado de asistir al templo y los demás chiquillos no querían pasar horas en el recinto. A regañadientes fue y la verdad de no haberlo hecho no me hubiese dado cuenta de lo que le estaba sucediendo al sacerdote. Mientras estábamos en la sacristía, noté unas ronchas en el rostro del cura. Pensé que estas eran por picaduras de mosquitos, pero al estar más cerca de él noté que esas ronchas tenían una capa traslúcida de piel. En ellas no eran pústulas.

39:24 Si eso piensan estas se veían de manera muy extraña. El cura se percató que lo observaba y me dijo que le ayudara y dejará de verlo. Yo me acerqué, pero de su cuerpo emanaba un olor muy desagradable. Me tuve que aguantar la peste, pues no quería que me diera un sermón por mi imprudencia, pero yo no fui. El único en notar aquel fue ti dolor. Pues la novia se desmayó cuando el sacerdote duró bastante tiempo junto a los novios, cuando estos estaban haciendo sus votos a partir de esa tarde. Poco se le.

40:06 Vio al padre Carlos fuera de su parroquia, se la pasaba prácticamente enclaustrado en su cuarto doña Blanca, quien se dedicaba a la limpieza del templo a hacer sus comidas al cura. Llegó una mañana muy temprano a casa. En su rostro se le notaba mucha preocupación por la salud del sacerdote. Mercedes y yo escuchábamos todo desde 1/4 para que no se dieran cuenta que nos enteramos de lo que le sucedía al cura. Doña blanca le contó a mi madre que algo extraño le estaba ocurriendo al padre Carlos. Para ella no era algo nuevo, pues desde su llegada. Siempre tuvo un extraño comportamiento el padre ambrosio hizo varios intentos de que le confesara que era lo que lo atormentaba de esa manera, pero siempre se negó a la confesión. Doña blanca le aseguró a mi madre que el padre estaba empachado, pues no encontraba otra explicación para lo que le sucedía su habitación.

41:16 Apestaba como si un animal muerto estuviera en él. A pesar de que lo ventilaba, el mal aroma persistía. Las sábanas las tenía que cambiar a diario, pues estás estaban manchadas a veces de sangre y en otras ocasiones de manchas amarillas. Pero lo que más le daba miedo era que dentro de la habitación del párroco se sentía un frío que nunca antes había sentido. Y antes de proseguir, la vimos como juntó sus dedos en señal de la cruz, jurando a mi madre que ahí estaba el diablo. Había ocasiones en que el padre Carlos rezaba Hasta el cansancio, platicaba como si hubiese alguien con él, se le veía demacrado y enfermo, le pidió a mi madre que por favor fuera a verlo con cualquier excusa. Pues era necesario avisarle sobre lo que estaba sucediendo al sacerdote mi madre esta tarde. Fue.

42:23 A llevarle alimento al sacerdote y al ver su condición la aterró. Ella dijo que no había visto un daño de esa manera por la manera en la que estaba el padre. Carlos supo de inmediato que se trataba de alguna maldición. Mi madre miró al sacerdote con compasión, el extendió su brazo y se dio cuenta que acompañaba a las pústulas un hedor insoportable que parecía emanar directamente de su piel. El sacerdote le comentó que por mucho que se bañaba, el olor permanecía en todo su cuerpo, ya lo tenía impregnado en sus fosas nasales.

43:07 Que ya ni siquiera sabía qué hacer. La gente del. Pueblo comenzó a evitarlo. El se dio cuenta que al principio disimulaban su incomodidad al estar dando la eucaristía. Con el tiempo se tapaban la nariz y cuchicheaban entre ellos. Cuando pasaba cerca se les veía en sus rostros el lasco, comentó el cura con un poco de tristeza. Mi madre le dijo que eso que le sucedía no era obra de Dios por si lo pensaba de esa manera, pero él, como servidor de este, se negaría la ayuda de algún. Brujo o bruja de la religión.

43:51 Él solo la miró por momentos, pensó que el mismo diablo lo visitaba para martirizarlo, pero. Pronto se dio. Cuenta que no era así, pues despertaba cuando escuchaba las carcajadas. De una mujer que había conocido hacía 3 años en tlaxcala, la cual hizo todo lo posible para que no se fuera y se quedara con ella, el sacerdote guardo silencio y le pidió que lo dejara descansar, ella le prometió que le traería a una persona que le ayudaría a curar esas ámbulas, pero él solo cerró sus ojos sin decir una sola palabra más.

44:34 Antes de salir de aquella habitación, mi madre se dio cuenta que el cura tenía una sombra junto a él. Sintió mucho miedo, pues se recordó las palabras de doña Blanca de que junto al padre Carlos estaba el mismo diablo. Tanto doña blanca como mi madre acudieron con el brujo Esteban al decirle cómo se encontraba el sacerdote. Este no quiso involucrarse en quitarle la maldición, pues no sólo era una bruja la que atacaba al Padre Carlos, sino que eran 3, estaban pactadas y había una conexión con ese párroco, lo vigilaba un demonio no poderoso, pero sí lo bastante para causarle enfermedades en la piel como las que ya tenía.

45:27 El mal olor que de él salía era porque uno de los embrujamientos se encontraba sumergido en una letrina y nadie en su sano juicio se sumergiría en los desechos para intentar recuperar aquellos fetiches. Mi madre le preguntó que si era necesario, que al igual que aquellas brujas tendrían que unirse 3 brujos, él le dijo que era lo más probable, pero que él no lo haría. Ese hombre hizo algo que para esas brujas lo maldijeran. De esa forma. Mi madre sintió aún más miedo, pues sabía que esas brujas sabrían que alguien estaba tratando de ayudar al cura y tal vez mandarían una maldición contra ella y sus brujos.

46:16 Pero también sabía que si moría ese hombre tendría cargo de conciencia. Ella llegó a la casa y me pidió que la acompañara. Fuimos hasta la casa de don el pidio, un brujo que tenía fama de ser de los mejores. Nadie de los brujos o brujas intentaba tumbarle sus brujerías, pues era respetado y también temido. Fue el brujo quien lo recibió, como si esperara la visita de mi madre. El brujo elpidio le dijo a mi madre que no era una simple brujería la que le habían hecho, sin embargo. Este no quiso revelar a mi madre el motivo por el cual el padre estaba así.

47:00 Tonel vídeo le prometió a mi madre que trataría de ayudar al sacerdote, pero sería al día siguiente, pues tenía que hacer un ritual esa noche, el cual le permitía ver con certeza lo que tenía mi madre. ¿Le preguntó por qué hasta el día siguiente? Y el brujo solo dijo que no podía ir a la guerra sin armas. Yo estaba algo asustado, pues no imaginaba que tan mal estaba el sacerdote, pues yo fui testigo del inicio de su mal y como un pueblo se unió en oraciones para que saliera de esa espiral de enfermedades y malas horas que lo tuvieron por alrededor de 3 meses.

47:46 Esa mañana un grupo de mujeres mayores. Llegó a la Iglesia. Sin decir palabra alguna, esperaron a que el brujo elpidio llegara, y cuando éste arribó me di cuenta de que no había necesidad de 3 o varios brujos. Con la fe de un pueblo bastaba. Sabía que no me permitirían estar presente, así que me colé por el campanario para ver lo que le iban a hacer al sacerdote desde la altura en la que me encontraba. Llegaba el mal olor que invadía el espacio de esa pequeña habitación. Sentí pena por el padre. Carlos estaba demasiado Delgado, lo habían consumido muy pronto. Su piel estaba casi pegada a su esqueleto, se le veía poco cabello y tenía como costras de Caspa en su cuero cabelludo. Apenas y lo pudieron sentar.

48:46 Colocaron en su esquelético cuerpo un ungüento oscuro y espeso. Junto a él, unas hierbas secas atadas con hilo rojo rotándolo en la piel con oraciones, mientras el brujo recitaba palabras en idioma yocotán, también conocido como Chontal. Se notaba en los alaridos del padre que el ardor era insoportable, como si las pústulas estuvieran siendo atravesadas por miles de agujas. Él también rezaba mientras el brujo elvidio hacía lo mismo. Inciensos y velas eran puestos en lugares estratégicos, así como una protección que colocaron debajo de la cama y en el cuello del sacerdote. El brujo se quedó en el pueblo esa noche. Yo ya no pude enterarme qué fue lo que le hicieron, pues mi madre se quedó en casa mientras mi padre y varios hombres estuvieron en la parroquia.

49:50 En ningún momento dejaron solo al par de hombres, pero al día siguiente que llegó mi padre, mientras desayunábamos, nos contó que llegó el brujo Esteban y doña Gabriela, la curandera de otra región. Al parecer ya traía pleito con una de esas brujas, pues se decía que una bruja de tlaxcala se había chupado a uno de sus nietos y esa era la ocasión para devolverle el mal. Mi padre le dijo a mi madre que era mejor que se fuera para la iglesia y estuviera pendiente de lo que se iba a necesitar. Yo, en cambio, salí corriendo para nuevamente subirme al lado del campanario.

50:36 Antes de que llegara mi madre, escuché aquellos brujos hablar de manera jeringosa, esto para que el padre Carlos no se enterara de lo que tenía. Pero como yo sí conozco el dialecto, me enteré de todo. Las pústulas habían crecido y ahora supuraban un líquido amarillento. Se notaba pegajoso que intensificaba el fétido olor, pero ninguna de las 2:00 partes parecía dar tregua al pobre sacerdote, pues los días se convirtieron en semanas y la enfermedad no dejó de avanzar. Las mujeres del pueblo regresaban a diario para seguir con el Rosario y los 3 brujos con más remedios, infusiones de hierbas.

51:27 Baños de agua bendita, aceites perfumados, así como ungüentos que cada tercer día era de un color diferente. El padre Carlos estaba cubierto de emplastos, bebiendo líquidos amargos y sometiéndolo a rituales extraños. Parecía que nada funcionaba, al contrario. Que su condición empeoraba con cada nuevo intento que hacían ya su piel se volvió roja inflamada, como si estuviera a punto de estallar. En cualquier momento. El hedor era tan fuerte que apenas si se podía respirar.

52:07 A los pocos. Días llegó la noticia que doña Juana, una de las Brujas de Veracruz que tenía reputación de ser una maldita, había muerto. La encontraron sobre un petate y apestaba a 1000 demonios, pues todo su cuerpo estaba lleno de ampollas de las que supuraba pus apestosa. Al saber esto, los brujos se alegraron y el sacerdote comenzaba a mejorar. A la semana de lo acontecido también nos enteramos de la muerte de doña Esther y su hija, quien dejó a una criatura de 2 años. Huérfana y esta se quedó con una de sus hermanas, pero aún faltaba una de las Brujas. Esta, por más esfuerzos que se hicieron, no se dejó ver y por desgracia pasó lo que tenía que pasar. Lamentablemente, el sacerdote falleció envuelto en sus miserias, en sus propios pecados. Su tumba yace en el cementerio del pueblo. Creo que Dios no permitió que los brujos de aquellos años le quitarán toda esa maldición.

53:22 Don Elpidio estuvo en mi casa después del deceso. Tanto mi madre como doña Blanca estaban muy compujidas, pero eso cambió cuando el brujo les hizo una revelación en lo que le había revelado durante los rituales. Para mi mala suerte me sacaron de la casa y no me enteré en esos momentos, pero años después me lo dijo mi madre. El sacerdote había tenido un amorío con una mujer casada en tlaxcala, al parecer estaba por casarse, pero como saben, se tienen que correr las amonestaciones antes del enlace religioso. Fue en ese preciso momento en que se dieron las cosas hasta el punto de que la joven retrasara el enlace. Pero esa aventura tuvo consecuencias. La mujer estaba embarazada y fue cuando el padre Carlos huyó de tlaxcala y vino a parar en nuestro pueblo. Él creía que jamás lo encontrarían, pero la madre e hija se vengaron por la cobardía y la deshonra que había ocasionado.

54:33 El sacerdote tenía entre 26 y 30 años, era muy joven y no era buena persona, así como un buen sacerdote. El terminó con la vida del padre Ambrosio y no era que el diablo se estuviera apareciendo en la iglesia, era el alma en pena del cura. Las 2 mujeres acudieron con una bruja de su comunidad. Para la bruja, el alma corrompida del párroco. Era como un trofeo, pues invocó a un demonio y le entregó su alma. La bruja que ayudó a las 2:00 mujeres era muy fuerte, pero al darse cuenta que le iban a tumbar la maldición, su hermana le ayudó, la cual fue una de las que murió también la madre e hija. La.

55:25 Bruja tuvo que ceder ante los 3 brujos que ayudaban al sacerdote, pero esta les hizo saber que la suerte del cura ya estaba echada. Lo único que podían hacer ellos era que se arrepintieran de lo que se hizo. Eso podría haberlo ayudado, pero no fue así. Mi madre decía que el padre Carlos. Era tan soberbio que no aceptó su pecado, negó a su hijo. Y fue el. Causante de la deshonra de aquella pobre mujer. Fue por eso que falleció de una manera terrible. Ahora lo único que podía nacer era cerrar ese cuarto donde estuvo el cura, pues estaba maldito, y él y los otros brujos hicieron un amarre para que su alma podrida, igual que su cuerpo.

56:18 No salieran de ahí, la cerraron con ladrillos para que nadie intentara abrir la puerta. ¿Se ve la fachada de la Iglesia? Todos creen que está en funcionamiento, como una bodega o algo similar hasta el día de hoy. No se ha. Hecho el intento de derrumbar una sola de sus paredes, el padre Carlos quedó como un mártir, pues ni mi madre ni dueña blanca contaron la verdad, pues nadie se los iba a creer. A los meses de aquel trágico acontecimiento llegó el nuevo sacerdote, pero esta vez en mi familia las cosas fueron distintas. Mi madre y Mercedes siguieron dando catecismo en nuestra casa.

57:02 A mí ya no me permitieron ser monaguillo ni nada que estuviera cerca de un sacerdote. Después de aquellos hechos, a los 15 años falleció el brujo elpidio. Luego a los 5 más lo siguió Esteban. Y después la curandera. Tanto ellos como doña Blanca y mi madre jamás revelaron lo sucedido. A alguien del pueblo de aquellos años, muchos ya han partido de aquellos viejos. Quedamos como 7 personas. A veces me pregunto si al Padre Carlos lo dejaron entrar al cielo. Les agradezco que hayan contado mi historia. Cabe aclarar que mi intención.

57:45 No es hablar mal de la religión que se profesa, si bien se pudieron dar cuenta que también los fieles religiosos iban de vez en cuando con Brujas y brujos. Este es un. Suceso que aconteció en mi pueblo hace ya más de 50 años. La virgen que llora. Buenas noches Alejandro y a toda la Comunidad del Canal. Doña Bernardina fue una mujer muy devota de la Virgen Morena de la Virgencita de Guadalupe. Mi nombre es Trinidad Gómez, soy originaria del estado de Colima, México.

58:32 Tengo 65 años y aún recuerdo las historias que me contaba mi abuela cuando yo era una niña. Sentada cerca del fogón de su vieja cocina de Adobe, iluminada apenas por la llama de este, su voz me ponía los vellos de punta cada vez que contaba una historia sobre fantasmas. Pero una historia en particular quedó grabada en mí. Una historia que mezclaba la fe y el terror, lo divino y lo Macabro. Mi abuela decía que la virgen de Guadalupe y la Llorona. Estaban conectadas de una manera misteriosa que la leyenda de esa mujer que lloraba por sus hijos iba mucho más allá de un simple cuento para asustar. Niños desobedientes según ella, la imagen de la virgen que colgaba en su casa tenía una sensibilidad especial. Su familia vivía cerca de un río cuyo caudal creía apacible la mayor parte del tiempo.

59:35 Pero mi abuela siempre advertía. El río es traicionero, como la propia vida. Decía que cuando la llorona se hacía escuchar en las noches ese grito desgarrador que erizaba la piel, era inevitable mirar hacia la pequeña capilla de madera donde guardaban la imagen de la virgen. Según ella, si la virgen Lloraba, era un presagio de que algo malo iba a suceder, ya fuera en el pueblo o en nuestra familia. Nadie podía explicar por qué ocurría, pero mi abuela lo daba por hecho. Decía que esas lágrimas eran una señal de advertencia, una plegaria en para quienes supieran interpretar su mensaje.

1:00:25 Una de esas noches, cuando la abuela tenía tan sólo 12 años, ya tenía lloviendo alrededor de 2 días, a veces serena. Pero en otras parecía que el cielo se vendría abajo por tanta agua. Llegó la noche y el viento soplaba con tal furia que parecía querer arrancar los tejados de las casas. La lluvia había caído durante días sin tregua, hinchando el río hasta hacerlo parecer un monstruo dormido a punto de despertar. Esa noche, el grito de la llorona Rascó. El silencio se despertó sudando frío.

1:01:06 Con el corazón latiendo tan rápido que sentía que iba a salirse de su pecho, su madre estaba ya despierta, sentada en la sala. Con el rostro tenso. La siguió casi hipnotizada hasta la capilla donde estaba la virgen. No lo olvidaré nunca. Las lágrimas rodaban por sus mejillas pintadas delgadas y transparentes, como si la misma madera hubiera cobrado vida para advertirnos. Contaba la abuela con su voz temblorosa, pero no sé si era de emoción o de miedo. Mi abuela se santiguaba y murmuró una oración en el momento que lo recordaba. Esa misma noche, mi abuela corrió por el pueblo alertando a todos los que vivían cerca del río. Les dijo que debían abandonar sus casas, que el río estaba por desbordarse.

1:02:02 Muchos no le creyeron. Pensaron que eran historias de una niña supersticiosa, pero algunos escucharon y comenzaron a empacar sus pocas pertenencias. Saliendo con prisas hacia las colinas más cercanas había un hombre, don Petronio, que vivió siempre cerca del río. Tenía una casa construida sobre un terreno que se suponía seguro, una elevación que había resistido muchas crecientes en el pasado. Cuando mi abuela llegó a su puerta con el agua comenzando a invadir los campos, le rogó que se fuera, que no tentara al destino y a Dios.

1:02:43 Pero don petronio era terco como una mula. El río nunca ha llegado aquí, le dijo con una certeza que parecía absurda. Esa noche el río se salió de su cauce. Lo que vino después fue un rugido ensordecedor. Como si la Tierra misma se hubiera partido en 2, el agua arrastró todo a su paso, árboles, animales, casas enteras desde las colinas. Los que habían escapado vieron como el agua reclamaba el terreno que alguna vez le perteneciera. La casa de don Petronio no fue la excepción.

1:03:24 A pesar de su altura, el agua la alcanzó. La envolvió y finalmente la redujo a escombros que flotaban en la corriente. A la mañana siguiente, cuando el agua comenzó a bajar, regresaron para evaluar los daños. Lo que encontramos fue devastador, gran parte del pueblo estaba en ruinas y muchos habían perdido todo lo que tenían. Sin embargo, los que la escucharon estaban vivos. Don Petronio no corrió con la misma suerte. Su cuerpo fue encontrado varios días después atrapado entre los restos de su casa y el tronco de un árbol caído. Mi abuela nunca habló de ese episodio, como vanagloriarse de que cuando la virgen de Guadalupe Lloraba era para darle un mensaje en el que ella y su madre tenían que dar a conocer. Más bien lo recordaba con tristeza como una lección amarga sobre como algunos la escucharon. Y otros no.

1:04:29 Y fallecían ante la tragedia que se había advertido con las lágrimas de la virgen. Decía que la virgen había llorado esa noche para salvarlos, pero también para lamentar lo que no podía evitarse. A partir de entonces, cada vez que escuchaban el grito de la llorona en la distancia, todos en su casa miraban hacia la imagen de la virgen de Guadalupe si no había lágrimas. Respirábamos aliviados, pero sí la sabía. Sabían que algo estaba por suceder. La vida junto al río era así. Con los años muchas cosas han cambiado. La casa de mi abuela ya no existe. El río, aunque sigue fluyendo, ha sido contenido con diques y represas, pero la historia que me contaba sigue viva en mí, de cómo se dan los mensajes de la virgencita. Estos llegan de las maneras más extrañas e inexplicables. Yo conservo esa imagen conmigo y ella llora cuando alguien en mi familia va a fallecer.

1:05:40 Los peregrinos de la Virgen, muy. Buenas noches a toda la audiencia, me llamo Iván Espinoza, lo que le contaré no es una experiencia mía. Fue compartida por mi abuela hace ya algunos años. El 12 de diciembre es para muchos una festividad que celebramos aquellos que honramos a nuestra morenita, la virgen de Guadalupe, en días significativos para los católicos como Navidad o festividades religiosas. Se cree que lo paranormal no debería ocurrir. Sin embargo, la vida tiene sus propios designios y para algunos. Su final llega en estas fechas.

1:06:28 Entre las caravanas de peregrinos, tragedias ocurren marcando un desenlace inesperado para quienes buscan fe y esperanza en su camino. Mi abuela vive cerca de la parroquia, a unas 3 calles de esta, en una casa antigua cuya ventana principal ofrece una vista privilegiada de la calle por donde pasaban los peregrinos, camino a la virgen de Guadalupe. Durante el día las calles se llenan de vida. Hombres, mujeres y niños avanzan con fervor, cargando velas encendidas y rezos en nombre a la morenita, algunos descalzos, otros con rodillas ensangrentadas, todos agradeciendo los milagros concedidos o cumpliendo promesas hechas con fe.

1:07:17 La procesión puede llegar a ser un espectáculo conmovedor. Un testimonio de devoción que se repite cada año en esas fechas. Pero las noches del 10 de diciembre son diferentes. Mi abuela, con su voz pausada y mirada perdida en sus recuerdos, solía advertirme que nunca mirará por la ventana. Esa noche decía que lo que se veía no era para los vivos, pese Asus advertencias. Yo siempre sentí curiosidad. Y no comprendí la magnitud de sus palabras. Esa casa quedó abandonada por un tiempo, pues estuvo muy enferma y una de mis tías se la llevó a su casa hasta que mejorara.

1:08:04 Yo solía visitarla de vez en cuando, pero me quedé con ella cuando ya estaba mejor y se regresó a su casa. Ella me comenzó a contar recuerdos de su niñez. Y cuando se casó, el abuelo compró esta casa para cuando nacieran sus hijos, ella se deleitaba a ver a las personas que pasaban para ir a visitar a la virgencita en el templo. Pero unos años después comenzó a tener insomnio y comenzó a tener la costumbre de sentarse en el sofá. Cerca de la ventana se ponía a ver hacia la calle. No es bueno ver lo que la noche puede llegar a mostrarte.

1:08:47 Fue en uno de esos días, el 10 de diciembre, cuando decidió quedarse hasta tarde ordenando algunos de sus viejos libros y revisando cajas llenas de fotografías y cartas. La noche cayó sin que se diera cuenta y el aire comenzó a enfriarse de manera extraña, como si la temperatura descendiera más rápido de lo que era normal. Cerca de la medianoche, unos susurros del viento helado atravesaron la casa y con el el leve sonido de unos murmullos eran casi imperceptibles, como si vinieran de muy lejos, se acercó a la ventana. Una parte le incitaba a no mirar, pero la curiosidad era más fuerte.

1:09:35 Lentamente corrió la cortina, dejando que sus ojos se encontrarán con la calle que se suponía debía estar vacía. Al principio no vio nada fuera de lo común. La calle estaba vacía y en iluminada apenas por las luces amarillentas de los faroles. Estamos hablando de los años 70, pero entonces algo comenzó a cambiar. El ambiente se tornó pesado. Y un leve olor a cera derretida y flores marchitas impregnó el aire. Desde la distancia comenzaron a aparecer personas o eso creía ella. Al principio se veían borrosas, como si una neblina las ocultara, pero poco a poco fueron tomando forma. Eran peregrinos o al menos lo parecían. Caminaban lentamente en filas sosteniendo velas que emitían una luz.

1:10:32 Tenue. Casi fantasmagórica, pero había algo perturbador en ellos. Sus ropas estaban desgarradas y cubiertas de Tierra, como si hubieran salido de sus tumbas. Sus rostros carecían de expresión y sus ojos, si es que podían llamarse así, estaban vacíos, hundidos en cuencas oscuras. Su corazón latía con fuerza mientras los observaba avanzar en. Sus pasos resonando apenas sobre el empedrado. Algunos llevaban estandartes descoloridos, otros sostenían rosarios que se balanceaban entre sus dedos huesudos.

1:11:16 Pero lo más perturbador era el ambiente que los rodeaba. El aire estaba cargado de una energía asfixiante, un peso de tristeza que parecía invisible, que se asentaba sobre cada uno de aquellos peregrinos. Aquellos no eran peregrinos vivos, eran almas, almas que no habían podido cumplir su promesa de visitar a la virgen de Guadalupe en vida y que ahora, incluso en la muerte, continuaban su peregrinación. Era como si su devoción los hubiera condenado a un ciclo interminable, obligándolos a caminar noche tras noche cada 10 de diciembre. Hacia un destino que nunca alcanzarán hasta que sea cumplidas sus promesas.

1:12:04 Me dijo que no sabe cuánto tiempo estuvo allí paralizada. Observando la macabra procesión, los rostros de las almas se grabaron en su mente, algunos con rastros de tristeza, otros con una paz por pagar la deuda con la virgencita, pero todos avanzaban con la misma determinación. Como si algo mucho más grande que ellos mismos los guiara. Cuando finalmente se atrevió a apartarse de la ventana, sintió mucha tristeza, mezcla de emociones que no sabía si aquellos peregrinos se lo hubiesen transmitido.

1:12:45 Cerró las cortinas con manos temblorosas y se recostó en el sillón tratando de calmarse. El silencio que siguió fue ensordecedor. Roto sólo por el lejano sonido de campanas que anunciaban el amanecer desde esa noche, entendió que no debía estar despierta tan noche y ver apariciones como esas que vio. No era solo por el temor a lo desconocido, sino por respeto. Aquellas almas estaban cumpliendo una promesa, una que había trascendido la vida misma. Su peregrinación no era para los vivos y ser testigo de ella era una transgresión que no debía ser interrumpida por personas curiosas como mi abuela. Cada 10 de diciembre, cuando la noche comenzaba a caer, se aseguraba de estar lejos de esa ventana, cerrar las cortinas y apagar todas las luces para no ver nuevamente la procesión. Nunca mires por la ventana esa noche. Me dijo señalando hacia la ventana. La virgen del Cerro, cada.

1:14:02 Año con la devoción que había heredado de mi madre, me prometí a mí mismo subir las escaleras del cerro de la Virgen de Guadalupe, era una tradición que mantenía viva mi fe y renovaba mi esperanza. Pero en el 2019 algo cambió. Aquel año marcó mi vida de una manera que nunca imaginé. Mi nombre es David Flores, soy del Estado de Sinaloa, México, trabajo como guardia de seguridad y cada 11 de diciembre veo pasar a los peregrinos que van al cerro a elevarle ofrendas a la virgen de Guadalupe, yo terminando mi turno también me encamino para darle las gracias por los favores recibidos.

1:14:48 Ese año para mí fué especial, pues nació mi hija, a quien en su honor le llamamos María Guadalupe. Yo le había prometido que si me nacía bien, mi hija le pondría ese nombre y haría mi caminata sin faltar hasta donde ella se encuentra. Salía alrededor de las 10:00 de la noche, como siempre, con una mochila ligera y una botella de agua. La carretera estaba apenas iluminada por las luces intermitentes de los peregrinos que, como yo, caminaban hacia el cerro. El aire era frío y tranquilo, y las únicas voces eran las oraciones murmuradas que parecían ser llevadas con el viento. Durante la primera hora.

1:15:36 Todo fue, como de costumbre, un ambiente pacífico, pero a medida que avanzaba noté algo peculiar. Había personas que parecían estar siempre cerca de mí. Primero los encontraba caminando a la orilla de la carretera, sus pasos lentos y acompasados, luego, sin explicación, los veía más adelante, a veces a varios metros de distancia, como si me hubieran adelantado. Sin embargo, nunca los vi pasar junto a mí me esforcé por buscar una explicación lógica. Quizás había estado tan concentrado en mis pensamientos que no los noté al rebasarme, pero la intranquilidad comenzó a calar hondo.

1:16:23 Las mismas figuras aparecían una y otra vez, un hombre vestido con ropa humilde y un sombrero amplio, una mujer que llevaba un rebozo que cubría su rostro, un niño descalzo que caminaba en silencio. Intenté fijarme en sus movimientos, pero eran tan silenciosos que me resultaba imposible no darme cuenta que algo extraño me estaba acompañando al Cerrito. Mis pasos se volvieron pesados y una extraña sensación de agotamiento se apoderó de mí. No fui el único que notó estas apariciones, porque eso eran una señora que iba con un joven y una chica embarazada.

1:17:07 También parecían intranquilos. Aunque no intercambiamos palabras, pude percibir que sus miradas estaban llenas de la misma duda y temor que yo sentía. Los 3 avanzaban con prisa, asegurándose de no quedarse rezagados. Había algo en su actitud que me invitaba a mantenerme cerca, a no quedarme solo conforme la oscuridad de la noche daba paso a la luz tenue de que nos acercábamos al cerrito. El ambiente se tornó aún más extraño. El paisaje a nuestro alrededor se volvió difuso, como si una niebla invisible cubriera el costado del camino. Sentía que mis pasos cada vez se iban retrasando, como si no avanzara, y aunque el cansancio comenzaba a hacer estragos, no podía detenerme a mitad del camino. Observe nuevamente al Grupo de figuras. Que me habían rebasado desde el inicio, esta vez estaban detenidas.

1:18:11 Al borde de la carretera. Inmóviles, como si me esperaran. Sentí un escalofrío recorrer mi espina y desvié la mirada acelerando el paso. Fue entonces cuando recordé algo que había escuchado en mi niñez, historias de almas en pena. Que seguían peregrinando al cerro de la virgen incluso después de la muerte, incapaces de abandonar sus promesas. Intenté rezar para tranquilizarme, pero las palabras se me escapaban de los labios torpes y entrecortadas cada vez que levantaba la vista. Allí estaban ellos caminando sin que sus pies tocaran el asfalto finalmente.

1:18:59 Al llegar a las cercanías del cerro y la sensación que sentía de temor alcanzó su punto máximo. Miré a mi alrededor y noté que algunos peregrinos también parecían inquietos. La señora que iba con el joven y la chica embarazada volteó hacia mí fugazmente. Su mirada de advertencia me hizo apresurar mis pasos. Aunque no dijo nada, entendí el mensaje, no debía quedarme atrás. Cuando finalmente alcancé la base del Cerro y vi las escaleras, sentí una mezcla de alivio y temor a mi alrededor. Los peregrinos comenzaban a ascender, algunos de rodillas, otros con veladoras en mano.

1:19:44 Fue en ese momento cuando los vi por última vez. Las figuras que me habían acompañado durante todo el trayecto estaban ahora inmóviles al pie de las escaleras. Mirando hacia la virgen con una expresión que no puedo describir, sus rostros estaban llenos de devoción, pero también de una tristeza. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta de que, aunque parecían tan reales como cualquier otra persona, no proyectaban sombra bajo la luz de las lámparas. Sentí que el tiempo se detenía mientras los observaba. Fue entonces cuando entendí que no había muerte para seguir adorándola y regresar al sitio donde les concedió sus peticiones.

1:20:35 Eran almas que, incluso después de haber dejado este mundo, continuaban cumpliendo su promesa a la virgen, sin atreverme a mirar atrás. Comencé a subir las escaleras. Mis piernas temblaban, pero el amor de mi bebé y darle gracias a mi morenita. Me dieron fuerzas para subir. Al llegar encendí una veladora y recé pidiendo no solo por mí, sino también por aquellas almas que habían compartido conmigo el camino, pues sentía que me habían cuidado. En mi caminata, mientras oraba escuché a una señora que pedía que ayudará a su familia que no permitiera que esa horrible enfermedad que estaba por darse. Se llevara a ninguno de ellos.

1:21:26 En cambio, ella seguiría viniendo a verla cada 12 de diciembre. La verdad es que su petición sonaba algo extraña, pero al año siguiente comprendí aquella petición que hizo la mujer o el alma. Ella se refería a la pandemia que nos golpeó fuertemente. Yo casi colgaba los tenis en el 2020, pero le pedía a la virgencita de Guadalupe. Que me hiciera el milagro de no morir y darnos salud a mi familia y a mí. Sé que ella me escuchó, pues les puedo asegurar que en mis momentos en que sentía que moría, ella estuvo conmigo y no permitió que nada malo nos sucediera.

1:22:12 Fue hasta el 2022 que comencé nuevamente a ir al cerrito y cuando veo a otros peregrinos como aquella vez, ya no siento miedo. Pero por desgracia, algunos que he llegado a ver nada tienen que ver con las peregrinaciones el 12 de diciembre y recuerdo las palabras de aquella señora. De no quedarme atrás.