Dec. 1, 2025

8 HISTORIAS de TERROR de CARRETERAS (Recopilación) - RELATOS DE TERROR

8 HISTORIAS de TERROR de CARRETERAS (Recopilación) - RELATOS DE TERROR
8 HISTORIAS de TERROR de CARRETERAS (Recopilación) - RELATOS DE TERROR
Inframundo Relatos De Terror
8 HISTORIAS de TERROR de CARRETERAS (Recopilación) - RELATOS DE TERROR

Esta noche te presento una recopilacion de 8 Relatos ocurridos en la Carretera espero te gustes.. No olvides seguirnos y calificarnos con 5 estrellitas, Gracias...

Descripción
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0:16 Me seguía en la oscuridad, basado en la anécdota de Manuel Tomás. Era una noche sin Luna cuando me encontraba conduciendo por una carretera. La única iluminación provenía de los faros de mi automóvil, que apenas lograba andisipar la densa oscuridad que me rodeaba. Mi corazón atía con fuerza mientras trataba de mantener la concentración en el camino. Estaba un poco nervioso porque en ese momento tenía apenas 21 años y era mi primer viaje de ese tipo. De repente noté algo extraño en el espejo retrovisor. Una sombra amenazante parecía seguirme de cerca, moviéndose rápidamente entre los árboles y arbustos que rodeaban la carretera de camino a Cuernavaca. Aceleré el auto tratando de alejarme de esa presencia inquietante, pero sin importar cuánto aumentará la velocidad, el ente continuaba persiguiéndome, para ese momento ya le había pisado a casi 100 km/h, de manera que no podría ser una persona y mucho menos 1 animal. Lo que me seguía debía ser algo

1:50 del más allá. Del mundo de los vivos. Mi mente se llenó de pánico y desesperación mientras mi corazón latía cada vez más rápido. Intenté convencerme de que era sólo mi imaginación, que no podía ver algo sobrenatural, acechándome en la oscuridad de la noche, pero la sensación de ser observado y perseguido era abrumadora. Las manos me sudaban sobre el volante, haciendo que resbalara peligrosamente. Además de que la radio, que hasta ese momento había estado prendida, emitía canciones alegres.

2:34 Ahora sonaba con mucha estática y en algunas ocasiones, como si algo susurrara a través de ella, quería entender qué decía. Pero era imposible debido a que el sonido era opacado por el latido de mi corazón contra las costillas. Pensé que se me iba a salir. El ente se acercaba cada vez más su figura sombría y distorsionada, proyectando una oscuridad que parecía devorar la luz a su alrededor. Sentí su presencia maligna como una opresión en el pecho, haciéndome difícil respirar. Mis manos aferraban el volante mientras buscaba desesperadamente una salida, pero la carretera se extendía infinitamente, sin ningún punto de escape visible. Cada vez que intentaba perder al lente en las curvas, este emergía nuevamente persiguiéndome sin descanso. Mis pensamientos se nublaron por el miedo y la ansiedad. No podía entender por qué esa cosa me seguía y qué quería de mí.

3:51 Trataba de ni siquiera verlo de cerca, ya que tenía una especie de rostro que se transmutaba a las más diversas formas sin cesar. 1 segundo y en un parpadeo vi que estaba tratando de tomar la forma de mi cara. Seguramente ese ente quería poseerme por completo o algo peor. Había visto en redes sociales historias donde una especie de dobles de las personas los buscaban y los asustaban, esperando que ellos se descuidarán para suplantarlos con sus sonrisas siniestras. Pero nunca pensé que una de esas cosas. Pudiera acercarse a mí en la carretera, en otro pequeño permiso que me di para ver qué tan lejos estaba de mí. Noté que ahora no sólo tenía una cara similar a la mía, sino que estaba imitando mis expresiones de horror, como queriendo perfeccionar la forma en que me comportaba para luego hacerla suya.

5:07 Pronto tenía manos y un torso que sobresalían de la oscuridad de su figura. Ya no podía más con lo que estaba pasando. La realidad y la pesadilla se entremezclaban y el miedo se apoderaba de todo mi ser. Grité desesperadamente en busca de ayuda, pero mis palabras parecían perderse en la vastedad de la oscuridad que me rodeaba. Y por la velocidad del auto eran más una especie de salida de miedo que ayuda real. Finalmente, cuando estaba a punto del colapso, vi un destello de luz a lo lejos.

5:51 Era una gasolinera donde el cálido reflejo de los anuncios me decía que podría encontrar ayuda sin pensarlo 2 veces, acelere hacia ella en busca de refugio. La cosa seguía detrás de mí. Su sonrisa siniestra llenando el aire. Al llegar a la gasolinera me refugié en su interior, esperando a que el lente desapareciera. Los senderos y los mozos de la gasolinera me veían como si estuviera loco, pero no me importaba en lo más mínimo. Solamente quería que esa cosa me dejara en paz. El silencio se apoderó de todo, pero aún sentía su presencia en la oscuridad.

6:41 Pasé toda la noche temblando, esperando el amanecer en mi auto y rezando. Las personas del autoservicio no me dijeron nada. ¿Supongo que no era la primera persona que llegaba en ese Estado, quién sabe? Abandonaron a un perro en la carretera basado en la anécdota de Alberto Sandoval, muy buenas noches, Inframundo. En una ocasión pude ver a una mujer que me hacía señas en la carretera. Iba del lado contrario a un auto solitario que se encontraba pasando por la misma carretera a Durango que yo. La muchacha me hacía señas de forma insistente hasta que entendí que quería que viera el auto con atención. Desde siempre me ha gustado rescatar animales, así que cuando vi que bajaron la velocidad para tirar un costal en la carretera, supe de forma inmediata que era un perrito o un gato que estaban abandonando.

8:03 Quise tomar las placas del auto, pero ya era muy tarde, el vehículo se había echado en la carretera. Además lo más importante era que el animalito estuviera en buenas condiciones, así que me bajé rápido de mi camioneta y fui a buscar la bolsa. Tuve que cruzarme como loco esperando que nadie pasara y me atropellara en ese momento de la joven no hubierastro alguno. Parecía haberse esfumado en el aire de la misma forma etérea en que se me apareció. Pensé que quizás sería un espíritu buena onda, que quería ayudar a otros seres vivos, así que le agradecí el silencio de pura suerte. El perrito cayó sobre un montón de hierba que suavizó el golpe, así que cuando abrí la bolsa para verlo, solamente estaba llorando porque.

9:00 Estaba asustado, pero no tenía ningún daño sustancial. Seguramente por obra de la misma mujer, el pobre no había muerto o tenía algún huesito roto por el impacto, como muchos otros que desgraciadamente ya me había tocado ver así. Era un cachorrito hermoso, de color negro con amarillo de apenas unos meses de vida. Cuando me vio se puso tenso. Creo que la persona que lo tenía le gritaba mucho porque agachó las orejas en actitud defensiva. Notó que no le iba a hacer daño, así que empezó a mover la cola con gusto.

9:45 Cuando lo acaricié estaba de rumbo a mi casa. Luego de un día en el campo. Soy biólogo. Así que por lo regular ando en zonas muy rurales para observar a los animales en su hábitat. Quedaba un buen tramo de camino, pero afortunadamente tenía mi paquete de cosas para esos casos. En la camioneta bajé un par de platos, le ofrecí comida y agua para ver si tomaba algo, pero como no parecía tener apetito, guardé todo de nuevo y nos subimos a la cabina. Noté que mi nuevo amigo estaba muy contento. No paraba de curiosear por todos lados, oliendo cada rincón del vehículo.

10:37 Me parece que incluso él sabía que había caído en blandito. Pasó por mi mente quedarme con él, pero luego me dije que ya bastaba de tantas mascotas en casa. Sería mejor darlo en adopción. Y ya si no salía, entonces sí me lo quedaría. Tenía mucha hambre, así que cuando vi un local de alimentos junto a la libre me pare para ver qué vendían. No quería que mi perrito se perdiera, así que lo dejé en el vehículo. Empezó a llorar mucho, pero no era nada que no fuera normal en un ser de su edad. ¿Platiqué con la señora que vendía tortas y guisos, vi que a los lados había varios autos estacionados, reconocí entre ellos al vehículo que habían tirado al perrito, así que enseguida le pregunté a la señora del tema, quería vengarme de esos desgraciados?

11:44 Ella se puso un poco nerviosa, dijo que seguramente era gente que estaba en el restaurante. De colín abajo, miré a la distancia y, efectivamente, había una covacha con humo saliendo de una chimenea improvisada. Le pregunté si podía bajar porque quería discutir unos asuntos con los dueños de ese auto. La señora me dijo que sí, pero que si no gustaba un trago antes para darme valor. Me puso enfrente de un caballito con mezcal bastante seductor. De forma que no podía resistirme mucho. Olía a notas dulces y fragantes, cosa rara para un mezcal. Estaba por darle un trago cuando el perrito saltó por la ventana. Desesperado pese a su tamaño pequeño, hizo acopio a todas sus fuerzas y me empujó de la rodilla. Lo que me hizo derramar el líquido en la Tierra lo regañé un poco.

12:49 Pensé que estaba emocionado por jugar conmigo, pero me sacó de onda, que empezó a Ladrarle al alcohol que había derramado. Lloraba hacia mi y le ladraba con furia infantil al mezcal. Era un comportamiento algo extraño, pero era claro lo que quería decir con sus modos caninos. Vámonos de aquí. Eso es peligroso. No le veía mucha lógica, pero quise confiar en mi nuevo amigo, así que mejor. Le agradecí a la señora por su amabilidad, pero le dije que como mi cachorro estaba muy inquieto, no iba a poder quedarme a disfrutar por ahí.

13:31 La mujer me estaba insistiendo demasiado en que probara la comida, pero si mi perro no confiaba en ella, menos. Yo avanzamos un par de kilómetros cuando me detuve para orinar. Esa era la otra razón por la cual había parado en el puesto para ver si me prestaban algún baño cercano. Total, que como estábamos el perro y yo, pues no había mucha pena. Comencé con mi asunto. El can aprovechó para bajar a estirar las patas. También pasaron unos minutos y comenzó a ladrar frenético. Como ya había terminado, fui a ver qué estaba pasando. Al ver el punto donde estaba haciendo su escándalo, noté que había Tierra removida.

14:23 Me acerqué para notar que había desenterrado me eche para atrás cuando vi que eran dedos de un humano pegados a una muñeca con un reloj muy parecido al que alcancé a ver al que tiró la Bolsa con el perrito kilómetros antes. Noté que veía de forma constante en una dirección como llorando. Era como si a alguien le estuviera hablando. Tomé al animalito, me lo llevé enseguida al auto. Partimos inmediatamente y reporté los hechos a la policía de caminos y nos largamos de ahí.

15:05 Después de eso no me detuve por un buen tiempo hasta llegar a casa. Una vez a salvo, decidí quedarme con el negrito. Después de todo, ya le había visto una buena cualidad para encontrar cuerpos y eso resultaría muy útil en mis labores como voluntario de un grupo de rescate canino. Espero que el ser que me ayudó a dar con él se encuentre bien en el más allá, ya que no solo salvó al perro, sino también mi vida. Por extensión, en otro caso, quizás hoy estaría abandonado en la carretera, como esos cuerpos que vimos la mujer sin cabeza, basada en la anécdota de Pablo Linares desde algún lugar de Sinaloa, muy buenas noches a toda la comunidad de Inframundo.

16:09 Trabajar en una gasolinera en las afueras de un pequeño pueblo tiene sus ventajas y desventajas. Las noches suelen ser tranquilas, consuelo, el ocación al cliente que para para cargar combustible o comprar algo en la tienda. Sin embargo, había una historia que circulaba entre los habitantes del pueblo, que yo siempre había considerado una simple leyenda, hasta que una noche todo cambió. Muy buenas noches antes de contarles en mi experiencia, permítanme presentarme. Mi nombre es Pablo Linares. Hace unos años trabajé en una gasolinera que se encuentra a las afueras Del Ejido donde soy originario, en mi estado Natal, Sinaloa.

17:01 La estación de gasolina la inauguraron en el año de 1995. Yo fui uno de los primeros empleados, trabajé durante 27 años hasta que puse una pequeña tienda en mi domicilio y es atendida por un servidor y mi familia. Esa noche se veía y sentía algo rara. Las festividades en El Ejido estaban a todo lo que daban, así que uno no se sentía tan solo esto porque ya serían alrededor de las 2:00 de la madrugada. Cuando las personas comenzaron a pasar en grupos de familias o amigos hacia sus domicilios, algunos nos dejaban desde refrescos, alguna que otra cerveza y comida que habían dado en la fiesta.

17:53 Repentinamente la neblina comenzó a cubrir todo El Ejido, haciendo que la luz de las lámparas se vieran opacas. El aire era frío y húmedo. Y la visibilidad era mínima. Mi compañero Luis y yo estábamos viendo pasar el último grupo de personas, quienes iban caminando apresuradamente. Eran como unas 5 o 6. Solo nos dieron los buenos días y se apresuraron aún más. La atmósfera era tensa, aunque no lo admitíamos. Ambos sentíamos una reciente incomodidad de nervios. Mientras Luis y yo tomábamos un breve descanso, escuché un sonido extraño, como un eco lejano que se mezclaba con el murmullo del viento.

18:47 Inicialmente lo ignoré pensando que sólo era el viento moviendo las hojas de los árboles, pero entonces el sonido se hizo más claro y constante. Observé a Luis y su expresión de nervios. Era igual que la mía. La neblina era tan espesa que apenas podía ver a unos metros de distancia. Mientras caminaba por la gasolinera. Los sonidos se hicieron más nítidos, transformándose en algo que se parecía a un llanto suave y desesperado. El sonido parecía venir de la carretera que llevaba al pueblo o entonces que la vimos.

19:32 Una figura que se movía lentamente a través de la neblina, acercándose a la gasolinera a medida que se aproximaba. Sentí mi corazón, que comenzaba a latir con fuerza y un frío helado recorrió todo mi cuerpo. La figura era de una mujer, pero en ella había algo muy extraño cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca para que pudiéramos verla con claridad. Nos dimos cuenta de que no tenía cabeza. El pánico se apoderó de ambos. Es espectro avanzaba con paso lento.

20:14 Su sola presencia era aterradora. Corrimos de vuelta a la gasolinera y le grité a José que se apurara. Él, tan aterrorizado como yo, corría detrás de mí. Mi error fue voltear. La mujer sin cabeza se acercaba flotando en medio de la neblina. Nos movimos con rapidez, cerrando la puerta tras nosotros y apagando las luces. Nos quedamos en silencio absoluto, tratando de escuchar los sonidos del exterior. Podíamos oír los sollozos de aquella aparición.

20:55 Cada segundo que pasaba sentíamos que nuestro miedo crecía. Los sollozos se detuvieron justo afuera de la puerta principal de la tienda de la gasolinera, contuvimos la respiración, temiendo que pudiera sentir nuestra presencia. Los minutos se hicieron eternos. De repente el sonido de su llanto se reanudó, pero esta vez alejándose de la gasolinera. Parecía que el espectro continuaba su camino hacia el cementerio, como decían las historias, esperando un poco más, asegurándonos de que el peligro había pasado antes de salir.

21:43 Cuando finalmente nos atrevimos, la neblina había comenzado a disiparse y la noche estaba en un inquietante silencio. ¿Nos miramos? Todavía temblando por el miedo, sin decir una sola palabra, ambos sabíamos que habíamos presenciado lo que en El Ejido se contaba desde hacía mucho tiempo, que así soltamos el susto. Cuando escuchamos el grito de aquel espectro a lo lejos, Luis se santiguó y se dejó caer en el suelo. Este comenzó a contarme que uno de sus primos, cuando era niño, la había visto. Dejó de hablar por algún tiempo.

22:32 Adelgazó demasiado, casi moría de no ser por la abuela de don Mario, el dueño de la única tienda en El Ejido de aquellos años. La señora lo curó con el humo del puro, según habían contado su tía. El Niño contó también que había visto la mujer sin cabeza en el patio de su casa y al verla le aventó piedras tratando de darle, pero en vez de que aquella aparición siguiera su camino, esta se volteó hacia El Niño, quien no pudo correr, pues el miedo lo paralizó, así como tampoco fue atacado por aquella entidad. Algunos cuentan que era la esposa de uno de los pioneros Del Ejido, otros cuentan que ese fantasma ya estaba en las tierras Del Ejido cuando llegaron a colonizarlo la verdad, hasta la fecha no se sabe el motivo por el cual se aparece.

23:35 Yo seguí trabajando por varios años en aquella gasolinera. No volví a ver a la mujer sin cabeza, pero si otras apariciones entre ellas. La de mi amigo Luis, que vino a despedirse de mí una noche en que había mucha lluvia. Mi amigo falleció a los 35 años. Creo que como la gasolinera estaba a unos metros del cementerio veíamos aquellas apariciones. Esta fue mi experiencia con la mujer sin cabeza. Aquí en El Ejido, varias personas la han visto a pesar de que ha crecido mucho.

24:16 Esa es una de las apariciones más frecuentes. Los que trabajan en la gasolinera también tiene sus propias anécdotas con este espectro, la muerte misma, basado en la anécdota real de bárbara ibarra desde algún lugar de Querétaro. Muy buenas noches Alejandro. Trabajé en una gasolinera en el año 2016. La experiencia que tuve fue en el turno nocturno.

24:56 No le caía del todo bien al encargado, así que me cambió a ese horario. Ya le había comentado a una de las compañeras que me haría renunciar, pero bueno, este tipo de personas tarde que temprano también le llega su hora. Ya tenía alrededor de 3 semanas y cada noche en la gasolinera de las afueras del pueblo era más o menos la misma, clientes ocasionales, mayormente conductores de camiones que se detenían a cargar combustible o mejor dicho, diesel y tomar un café rápido antes de continuar con su interminable travesía.

25:41 Sin embargo, una noche en particular, algo cambió para siempre mi percepción de lo que creía conocer. Sin duda, esa había sido una noche tranquila, pero todo cambió. En la madrugada, el aire estaba fresco y sólo el zumbido de las lámparas fluorescentes rompía el silencio. De vez en cuando el chirrido de la puerta oxidada del sanitario. O el crujir de las hojas bajo los neumáticos era el único indicio de vida en esa solitaria estación. Pasadas las 2:00 de la madrugada, cuando el flujo de los clientes comenzó a disminuir, una camioneta negra se detuvo abruptamente junto a una de las bombas. A bordo, un grupo de jóvenes reían a carcajadas ajenos a la quietud del lugar.

26:38 Por respeto a las familias de este pueblo, no revelaré sus nombres desde mi puesto. Los observe con cierta indiferencia, pero uno de ellos se bajó del vehículo mientras los otros continuaban riendo de manera escandalosa. El joven parecía diferente, nervioso. Sus ojos reflejaban una mirada que no podía ser ignorada, avanzó hacia mí. Mirando alrededor, como si buscará algo o a alguien dejé lo que estaba haciendo para atenderlo. El joven se acercó y con voz temblorosa me preguntó si veía al señor que estaba bajo la lámpara que alumbraba la entrada a la gasolinera.

27:26 Miré hacia donde él señalaba, pero no vi a nadie. La luz de la lámpara iluminaba el asfalto vacío y los alrededores de la estación, pero no había rastro de ninguna persona. Le dije que no veía a nadie, lo que pareció aumentar su nerviosismo. Me pidió que le permitiera usar el baño. Le señalé la puerta en la parte trasera de la tienda mientras se alejaba Asus amigos. Seguían riendo y no parecía notar la ausencia de su compañero. Cabe aclarar que no se veían que estuvieran bajo algún narcótico o bebida. Todos en el pueblo nos conocíamos y esos chicos eran conocidos por todos.

28:18 El joven desapareció tras la puerta del baño y la camioneta. Don Marcos le dijo que mejor se fueran a dormir, pues mañana tendrían que trabajar. Alegres conversaron con don Marcos y tras unos momentos la camioneta arrancó y se alejó rápidamente, dejando atrás a su amigo. El joven salió del sanitario al darse cuenta que lo dejaron. No le quedaría de otra que irse caminando a su casa. En eso estaba cuando no habían pasado ni 10 minutos, cuando un estruendo en la distancia rompió el silencio.

28:59 Sonó como un accidente, un sonido que resonó en la calma nocturna y puso mis nervios a flor de piel y decidimos salir a investigar. Aproximadamente a unos cuantos metros de la gasolinera encontramos el lugar del accidente. La camioneta negra estaba volcada en una zanja completamente destrozada. Los cuerpos de los jóvenes yacían inertes entre los restos metálicos. El olor a gasolina y a quemado llenaba el aire y la escena era espantosa. Don Marcos me mandó a pedir ayuda y regresé a la gasolinera con el corazón latiendo con fuerza.

29:46 Al llegar vi que el joven seguía sentado junto a una de las bombas y al verlo le conté de lo ocurrido. Su rostro mostraba una expresión de alivio y desconcierto que después pasó al terror porque al escucharme su rostro se tornó pálido y sus ojos se llenaron de lágrimas. No podía creer lo que había pasado a medida que avanzaba la noche. Trate de Confrontarlo, aunque las palabras me faltaban. El joven empezó a contarme sobre lo que había visto antes de que sus amigos se fueran.

30:29 Me confesó que mientras se acercaba a la gasolinera, había visto un hombre la mayor parte de la noche desde que se había reunido con ellos. Lo veía junto a su amigo, que era el dueño de la camioneta. Su figura era difusa y sombría, pero sus ojos brillaban con una intensidad sobrenatural. Sentía una sensación de alejarse de ellos, de correr. No sabía el pobre muchacho cómo expresarse. A medida que hablaba, un escalofrío recorrió mi espalda. La figura que había visto no era un simple hombre.

31:09 Comenzó a creer que había visto a la misma muerte. Los detalles que me daba sobre la figura eran cada vez más perturbadores. La figura no se movía, pero su presencia era abrumadura, casi como si pudiera absorber la luz alrededor. Mientras el joven me relataba su experiencia, empecé a entender que lo que había visto no era una alucinación, sino a la misma muerte. Pasaron las horas y la policía llegó para investigar el accidente. El joven permaneció a mi lado, temblando y con la mirada perdida.

31:56 Los oficiales hicieron preguntas, tomaron notas y nos mantuvieron allí hasta que terminaron con su trabajo. Les conté lo que había visto, pero la historia del joven sobre la figura bajo la lámpara parecía demasiado fantástica para ser creíble. Así que ni él ni yo se lo contamos a nadie. Finalmente, el joven se marchó acompañado por un familiar que vino a recogerlo. La gasolinera volvió a su calma habitual, pero algo había cambiado para siempre. En mi interior. Las noches ya no serían las mismas.

32:39 Cada vez que pasaba por esa lámpara no podía evitar sentir una presencia. Una sombra invisible que me observaba todo el tiempo desde la oscuridad en el pueblo. La mayoría estuvimos en la misa de cuerpo presente en la Iglesia, pero yo no quise ir al cementerio al muchacho que había sobrevivido del accidente. Todos decían que aún no le tocaba. Con el tiempo intenté relacionar lo ocurrido. Me dije a mí misma que debía haber alguna explicación lógica, pero en el fondo sabía que nunca podría olvidar esa noche lo que el joven había visto y lo que había pasado Asus amigos, me decía.

33:28 Más allá de cualquier explicación racional, la gasolinera siguió siendo un lugar de paso para los viajeros cada vez que un cliente se detenía bajo esa lámpara. Sentía una punzada de inquietud recordando la figura que nunca vi, pero que sentía profundamente. Aquella madrugada cambió mi vida para siempre. A la única que le había contado sobre esa madrugada fue a mi abuela. Ella me dijo que los días eran para los seres vivos. Las noches eran para las almas en pena que salieran a hacer sus recorridos.

34:13 A las 2:00 semanas renuncié porque uno de mis tíos me ofreció trabajo y el encargado de la gasolinera, a ese les llegó el Karma y de fea manera, esa es otra historia que les compartiré después. Incendio en la gasolinera basada en una anécdota verídica, mi nombre no es importante para la historia, pero si el lugar donde me sucedió en esa ocasión trabajando en una gasolinera, ahí me pasó algo tan extraño que duré mucho tiempo sin poder hablar.

35:02 De hecho hoy aquí se los comparto. Fue un sábado. Como a las 7:00 de la mañana, que era la hora de abrir. Mis compañeros y yo estábamos acomodándonos, listos para empezar el día. Recuerdo que el frío era intenso, típico de esa Tierra. La calle estaba desierta, apenas comenzaba a aclarear. Todo parecía normal. Nos acabábamos de servir un café y platicábamos tranquilamente hasta que de una de las bombas. Surgieron llamaradas, corrimos espantados porque sonó la alarma de incendio. Intentábamos apagarlas con los extinguidores, pero era inútil. El fuego crecía y tomaba una forma extraña. Primero eran lenguas de fuego que se elevaban hasta el techo. Después se formó una especie de remolino que se balanceaba de manera brusca en medio de toda esa lumbre. Una figura aterradora emergió, un demonio se materializó lentamente.

36:14 Sus formas eran nítidas en el centro del fuego. Tenía cuernos retorcidos, negros, como la oscuridad. Sus ojos eran tan brillantes que parecían mirarnos directamente al alma. Su piel de un rojo intenso parecía estar hecha de la misma lumbre que lo envolvía. Y su cuerpo era voluminoso. Las llamas parecían danzar a su alrededor como si fuera una extensión de su ser. Su boca se curveaba en una mueca de maldad pura, como si disfrutara del terror que nos estaba causando. Nos quedamos paralizados de terror, sin saber qué hacer en ese momento. Recordé la noche anterior después del cierre. Junto con la secretaria y una amiga de ella, nos habíamos quedado en la oficina jugando a la tabla. Ouija era una tontería para pasar el rato, o al menos eso pensábamos la verdad.

37:16 Yo no creía en eso. Lo hice porque me gustaba una de ellas y cuando me invitaron no podía demostrar mi miedo. Por más de media hora estuvimos intentando contactar un espíritu hasta que alguien se dijo ser un demonio que nos contestó, Yo sabía que todo era mentira, pero preferí seguirles El juego y hasta intenté hacerme el valiente para quedar bien con aquella muchacha reté. A ese demonio le pedí que se hiciera presente y él estuvo de acuerdo. Sólo que terminamos de jugar y nunca apareció. Todavía tuve el descaro de decir que me había tenido miedo.

37:59 Nos retiramos porque el otro día trabajaríamos temprano. Todo en su momento me pareció gracioso, pero esa mañana, viendo esa figura demoníaca, entendí que habíamos desatado algo que no comprendíamos y que no podríamos controlar. El demonio avanzaba hacia nosotros. Las llamas se extendían amenazando con alcanzar todas las instalaciones. Desesperado pensando que podríamos explotar, empecé a rezar. Mis compañeros, aterrados, hicieron lo mismo. Mientras recitábamos las oraciones, las llamas comenzaron a disminuir. Poco a poco la figura del demonio se desvaneció y finalmente el fuego se extinguió por completo. Cuando llegaron los bomberos ya no encontraron nada. Nos quedamos allí deambulando y en silencio. Sabíamos que lo que habíamos visto no era una ilusión. Yo sabía que habíamos invocado algo con la ouija y solo con rezos habíamos logrado detenerlo. Al siguiente día volvió a suceder solo que esta vez. Se encendió la oficina, aunque mis compañeros no lograban verlo.

39:27 Allí estaba ese demonio quemando cuando podía con toda su furia, gracias a Dios. Esta vez los bomberos llegaron a tiempo y se logró apagar el fuego por parte de la compañía. Se hizo una investigación porque eso era anormal. Preocupado porque podría volver a suceder, hablé con mi amiga la Secretaria. Le dije que teníamos que volver a jugar con la tabla para tratar de regresar a ese demonio. Estuvo de acuerdo con la única condición que no le comentáramos a nadie lo que estábamos haciendo. Ella se comunicó con la otra muchacha y esa noche volvimos a jugar. Estando conscientes de que aquello era verdad, iniciamos sesión decididos a contactar a ese demonio. Después de 3 intentos fallidos, ese ser contestó, Extrañamente pudimos sentir su presencia.

40:30 El calor dentro de la oficina se intensificó, tal vez era por el incendio anterior, pero todo comenzó a oler a quemado. Era tan fuerte el olor que llegó un momento en que se hizo insoportable. La Secretaria nos dijo que ignoráramos todo porque. El demonio quería que rompiéramos el contacto y eso era muy peligroso. De pronto mis amigas comenzaron a llorar, volteé a verlas y la secretaria me dijo que no volteara hacia atrás. No tenía que explicarme nada. Supe que ese demonio se había hecho presente y ahí lo tenía. De verdad que no hay palabras para describir lo que sentí por medio de la ouija.

41:21 Le pedí que se retirara porque ya había cumplido al aparecerse. Yo sabía que ese ser no estaba ahí para obedecerme. Por eso le pedí perdón por retarlo y de nueva cuenta le pedí que desapareciera. Sentí una presión en mi hombro, como si me hubiera puesto una de sus manos, pesada y caliente por minutos. Todo quedó en silencio. Podía ver a las muchachas que al igual que yo, sufrían de fuertes escalofríos. De pronto se escuchó un sonido ensordecedor. La Secretaria nos dijo que no soltáramos el puntero. Segundos después todo concluyó, estuvimos unos minutos mirándonos a los ojos.

42:11 No podíamos creer que se había ido. Juramos que no volveríamos a jugar con la ouija. De hecho, mi amiga aseguró que se desharía de ella desde ese día. Se sintió una extraña calma. La gasolinera nunca fue la misma. Cada mañana, al abrir un escalofrío, me recorría la espalda, recordándome que hay cosas con las que uno no debe jugar. No todo se compuso de un momento para el otro. Como a los 3 días se incendió un auto frente a la gasolinera, no fue en mi turno, pero los compañeros aseguraron que de las llamas salían figuras espantosas que se resistían a apagarse. Entendían así que ese demonio andaba rondándonos. En otra ocasión se incendió un terreno baldío que se encontraba a un lado de la gas en esa ocasión. Sí me tocó verlo y puedo asegurar que de en medio del incendio salían gritos aterradores de hombres y mujeres.

43:23 No pude evitar pensar que seguramente así era el infierno. Nunca se me olvida cómo inició todo lo que parecía una mañana rutinaria se convirtió en una experiencia aterradora. Todo por jugar con fuerzas ocultas. Las chamaradas y la figura demoníaca fueron reales. Solo los rezos pudieron extinguir el fuego y desvanecer al demonio. ¿A veces pienso, cómo es que una simple tabla ouija pudo desatar algo tan aterrador? Nunca sabremos realmente qué clase de demonio fue lo que invocamos, pero de algo estoy seguro.

44:08 Nunca debemos subestimar lo desconocido. Está demás decir que jamás he vuelto a jugar con la ouija, pero además desde ese día no me gusta mirar el fuego por temor a volver a ver a ese demonio o lo que es peor, que él me vea a mí muy buenas noches a todos. Mi nombre es Antonio del Río. La historia que les contaré nos sucedió a mis amigos llamados Samuel y Martín, los 3 tuvimos la mala idea de averiguar lo que unas personas en un pueblo en Colima nos contaron, aunque nos advirtieron, nosotros hicimos caso omiso a las advertencias cada vez que terminábamos las clases los días viernes en la preparatoria. Siempre nos íbamos a pasar el rato cerca de la playa o las altas.

45:10 Hacíamos un relajo, nos poníamos hasta las chanclas y Terminábamos embriagados. Mi padre tenía que ir por nosotros a la jefatura, pagaba los platos rotos, por así decirlo, sacar la camioneta del corralón y llevar a mis amigos Asus hogares. Él siempre terminaba diciéndome lo mismo, ya está bueno, Antonio, que sea La Última Vez. Cada semana o cada 15 días era lo mismo. Todo dependía de cuánto dinero teníamos o por qué de plano nos valía todo. Al fin y al cabo, mi padre siempre iba por nosotros, pero esas aventuras terminarían muy pronto y de buena manera. Ese año teníamos vacaciones de Semana Santa. Mis padres, muy católicos, me dijeron que no saldríamos de vacaciones.

46:11 Esa semana, aparte que mi madre estaba enferma, mi hermana se quedó a cuidarla y yo ese jueves santo Salí con mis amigos a dar la vuelta. Les dije que regresaría temprano, promesa que no tenía intención de cumplir. Como siempre, nos fuimos a la playa olas altas, pero había muchos visitantes. Así que mis amigos y yo decidimos aventurarnos por una carretera poco rural poco transitada. Ninguno de nosotros sabíamos hasta dónde nos llevaría a ese sendero, pero como traíamos el espíritu de la vagancia, seguí conduciendo.

46:59 No sé en qué momento se nos terminó la cerveza, así que me adentré aún más en el sendero de Terracería, algo molesto, pues lo que yo quería era seguir en el chupe a lo lejos. Vimos a un señor con un burro cargando leña. Le preguntamos entonces si sabía de algún poblado cerca donde vendieran cerveza. Él nos señaló diciendo hacia dónde podríamos dirigirnos, pero también nos señaló hacia dónde no debíamos ir, pues nos advirtió que por ese camino se aparece el diablo y más en esos días de semana mayor llegamos al pueblo nada atrasado en el tiempo, como yo creía.

47:50 En la entrada se encontraba una tienda. Ahí vendían de todo. Compramos las cervezas y mientras mis amigos subían los cartones de estas, los lugareños me preguntaron hacia dónde nos dirigíamos. Yo le contesté que buscábamos algún lugar donde pasar el rato, no muy lejos, pues teníamos que regresar a la ciudad. El dueño de la tienda me aconsejó que era mejor que nos regresáramos, porque donde habíamos llegado ya sería tarde y nos perderíamos. En el laberinto de caminos de terracería que había por esos lugares, Samuel había entrado en esos momentos. Le preguntó por el camino que nos había dicho aquel anciano. Todos guardaron silencio y nos recomendó que no fuéramos hasta allá si no queríamos conocer al mismo diablo en persona. Samuel, al igual que Martín, se comenzaron a reír por lo que habían contado.

48:59 En cambio, yo no me reí como ellos, pero sí pensé que esos del pueblo eran una bola de locos. Mis amigos preguntaron que cómo era el diablo. Si era como dicen que es, con las patas de gallo y una de cabra, si era cierto todo eso, uno de los jóvenes que estaba ahí aseguró que nadie lo había visto, solo los que han salido con suerte por ese camino dicen que este se aparece en una camioneta roja. Se dice que su conductor es el mismísimo diablo. Ansioso por probar la velocidad y la valentía de aquellos que andan por ese camino.

49:46 Tienes que aceptar la carrera con él. Eso no está. A discusión es un sí o sí. Eso obviamente no se lo creía y fue en ese momento que Samuel dijo, Vámonos, ya estuvo bien de tanto cuento. Nos despedimos de esas personas. Y salimos de esa tienda. Como adivinaron, ignoramos las advertencias de los lugareños sobre esas extrañas apariciones de una camioneta roja que merodeaba por ese camino. En un inicio creímos que eran simplemente cuentos para asustar a los niños.

50:31 Entre los retorcidos enteros de terracería parecieran más bien caminos olvidados, los 3 volteábamos a todos lados en busca de aquella camioneta. Como no vimos nada, nos detuvimos a un lado del camino para seguir tomando unas cervezas. Ya teníamos buen rato riéndonos del supuesto encuentro con el diablo y su camioneta cuando. De repente, el sonido atronador de un motor rugiendo que rompe el silencio y la tranquilidad del sitio. Sentí cómo me escurría líquido tibio por entre mis piernas, me había orinado del miedo al ver la camioneta acercándose lentamente. Los 3 nos quedamos impactados al verlo, esa camioneta se miraba tras lucidad.

51:30 Su forma apenas discernible entre el polvo y la vegetación del lugar. Su figura se distorsionaba cuando se acercaba despacio, a donde nos encontrábamos con su sola presencia. Sentí que se me congelaba el alma, el miedo, el salir de ahí me hizo detenerme en el auto, prácticamente sin esperar a que Samuel y Martín entrarán en él. Apenas alcanzó a subir Martín y Samuel, que llevaban la mitad de su cuerpo fuera por la ventanilla del carro. Los 3 gritábamos aterrorizados al ver que la Camioneta roja pronto nos daría alcance. Yo en ese momento le pedí a Dios que nos sacara de ahí, prometiéndole no sé cuántas cosas, desesperado por llegar a una carretera que nos llevara de regreso a la ciudad. Esa camioneta nos rebasaba, pero con el terregal que levantaba y la poca visibilidad no me daba cuenta cuando esta se emparejaba a mi costado.

52:42 Era una cosa de contarte y no creer lo que estaba sucediendo. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Pero a mí se me hicieron eternos los minutos en que esa camioneta no nos daba tregua en ningún momento, repentinamente se quedó atrás y yo aceleré aún más, fuimos y salimos hacia la carretera, estábamos en los límites de Colima y michoacán, nos detuvimos en una gasolinera a unos kilómetros más adelante le tuve que llamar a mi padre. Ya era de noche y era tanto el miedo de lo que nos había sucedido, que no quería manejar ni tampoco a que mis amigos lo hicieran.

53:32 Después de aquella experiencia cambié mi estilo de vida. Dejé las amistades que tenía en esos tiempos. Los excesos, las malas calificaciones en la preparatoria, los días de Semana Santa no son los ideales para tener encuentros. Con el diablo, quizás el miedo por mí, por mis malas acciones o porque no acepté aquella carrera con el dueño de la camioneta roja, pero ni Samuel ni Martín están aquí para contar su experiencia y te diré el por qué. Ellos se vieron arrastrados hacia la locura por la obsesión de vencer aquella camioneta y saber si en verdad era conducida por el mismísimo Innombrable.

54:20 Como sabían donde encontrarla, ambos regresaron a la siguiente semana a aquel camino donde nos salió la camioneta roja, pero no iban solos, sino que llevaron a 3 compañeros de las parrandas, ya se imaginarán el final que tuvieron, todos fallecieron de una manera muy horrible los 3 que iban en la cabina de la camioneta. No alcanzaron a salir a tiempo y sus cuerpos quedaron calcinados dentro de esta los 2 que iban en la parte trasera. Sus cuerpos quedaron de manera constorsionada que si trataban de enderezarlos lo único que conseguían era quebrar aún más sus huesos.

55:10 Ninguno de los ataúdes estuvo abierto según me enteré, solo estuve en el sepelio de Samuel y Martín. Pues eran mis camaradas más cercanos y los 2 quedaron calcinados. En un inicio me sentí responsable por sus muertes, pero aquí en el seminario he aprendido que uno sigue su propio destino, pero a pesar de que me estoy preparando para ser sacerdote, no tengo la creencia de que el diablo se los llevó. Aunque se nos haya parecido la primera vez a mí junto a ellos y la segunda es porque ellos se lo buscaron, pienso que los habitantes del pueblo no trataron de advertirnos del encuentro con esa camioneta roja que para ellos las manejaba el mismísimo diablo.

56:06 Sino que cuenten esta historia para que lo busquen y que la gente de su pueblo no sean los que se van al infierno con él. Buenas noches a toda la audiencia de Inframundo. Recuerdo que el camino era muy oscuro. Unas cuantas lámparas iluminaban apenas las calles. Parecía que solo una por cuadra. Lo que le da un aspecto más Macabro, vivo en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde muy joven trabajo en una maquila, así se les llama a lo que comúnmente aquí es el noreste, se le conoce como fábricas, esta es una maquila ensambladora para autos, mi horario es salir del trabajo a plena madrugada, siempre nos bajamos en una esquina alrededor de 12 u 8 personas. Todo dependiendo el día que les toque laborar. Mi compañera Alicia y yo éramos las últimas de ese grupo de personas en llegar Asus domicilios. Ella dejó de trabajar desde hace unos meses en la maquila, pero en ese tiempo Alicia y yo nos turnábamos para quedarnos a ver que la otra entrara a su casa.

57:32 Ella se quedaba a mitad de la calle para verme llegar, después entró un chavo de unos 25 años, su nombre era Agustín, el era originario del estado de Puebla, por motivos que nunca nos contó se tuvo que venir a vivir a Juárez. El vivió a unas 2 calles de donde yo vivía, así que ya no hubo necesidad de que Alicia se quedara a mitad de la calle. Esperando a que yo estuviera a salvo en mi casa, esto porque los que son de México conocen las muertes que hubo aquí, un tema que aún está latente y que muchas tratamos de olvidar, porque en la maquila donde laboraron muchas ya no volvieron a su trabajo en una de las madrugadas que Alicia no fue a trabajar. Como te comenté, teníamos que caminar un buen tramo. Agustín me hizo una pregunta que para mí fue algo extraña, pues los hombres no suelen conversar de esos temas. Apariciones y fantasmas yo le contesté que sí. Creía en las cosas paranormales, pero que era un tema del cual a muchos no les gusta hablar.

58:54 Por miedo, él me preguntó si quería escuchar una historia de su pueblo. A lo que le contesté que sí. Agustín comenzó a disminuir el paso para ir más lento y poder terminar la historia que me contaría en su pueblo. Eran las fiestas patronales. Muchos visitantes llegaban de varios poblados de los alrededores, turistas que llegaban del país del Norte. Esa noche en el ambiente se percibía que pasaría una desgracia. El viento parecía aullar trayendo consigo a la muerte. En la plaza del Poblado las personas avanzaban en un baile típico de la región. Mientras tanto, el resto del pueblo se encontraba casi solo, esto por aquellas familias que ya habían regresado Asus casas. Aún así, las calles estaban desiertas en la cantina local. Un grupo de amigos se reunía para compartir sus historias. Se reían unos con otros.

1:00:05 Algunos se casarían al año siguiente, otros se irían del pueblo, pues asistirían a la Universidad, pero 2 de ellos se quedarían a ayudar Asus familias en labores del campo. Ya entrada la madrugada, el Grupo de amigos tomo cada uno por su rumbo. Excepto 3 de ellos, que aceptaron la invitación de Juan de quedarse un rato más y él los llevaría Asus casas ya que les quedaba de camino. El propietario de la cantina les dijo que mejor se fueran caminando. Ninguno de ellos estaba en condición para manejar Juan, les aseguro que irían despacio, que no tuviera pendiente por ellos. Los 3 se subieron a la camioneta, el viento frío traía el eco de la música del grupo que ambientaba sería ya casi el final de la fiesta y el tumulto de gente caminaba por las calles, le cerrarían el paso de los pocos o muchos vehículos que habían en el poblado, una de las calles que daba hacia las parcelas del sembradío.

1:01:19 Era la adecuada para no encontrarse a las personas que saldrían del baile. La calle apenas alumbraba por las farolas, se apreciaba un carro con su carrocería oscura. Estaba a mitad de la calle y por más que le tocaron el claxon, este ni se inmutaba, así que Juan tuvo que bajar por el camino cuando pasaron por el costado de aquel auto. Los jóvenes, envalentonados, le mentaron a su progenitora. Este bajó la ventanilla y les contestó sus groserías. Juan y sus amigos lo dejaron como una recilla cualquiera.